De Oscar Robertson a LeBron James, Pasando por Gail Goodrich

 

El comisionado David Stern ha mostrado su desacuerdo con las formas que han rodeado la decisión de LeBron James de fichar por los Miami Heat. No es de extrañar, porque subraya de manera dolorosa uno de los pocos puntos débiles de la herramienta estructuradora de la NBA moderna: el convenio colectivo o CBA. El CBA es casi un organismo vivo que en sucesivas ediciones ha ido mutando para adaptarse al medio y para corregir pequeños desequilibrios que surgen al intentar armonizar los diferentes objetivos de la NBA, las franquicias que la componen y el colectivo de jugadores.

Empecemos por el principio. Érase una vez que se era un mundo del deporte profesional que, hasta prácticamente la década de los setenta, se regía según los intereses y apetencias de los clubes que los componían. La “reserve clause” establecía que los derechos sobre un jugador pertenecían a su equipo hasta que éste decidiera traspasarlo o despedirlo. El club ni siquiera tenía que contratarlo para retener esos derechos, sino que podía tenerlo el año entero sin jugar (y sin cobrar) si le apetecía. Tampoco los contratos eran un gran avance: cubrían una temporada, no estaban garantizados y podían ser prorrogados unilateralmente por el equipo. En resumen, los jugadores no poseían casi ningún derecho, podían ser despedidos en cualquier momento y la única alternativa era dejar el deporte para dedicarse a otra actividad.

A finales de los años sesenta, la “reserve clause” había evolucionado hasta interpretarse como un “option year”: al terminar su contrato, si un jugador no deseaba firmar una renovación con su club actual entonces el equipo tenía la capacidad de prorrogar el contrato ya finalizado por una temporada más. Pero eso no era todo. Incluso después de ese último año opcional, una vez que el jugador había finalizado todas sus obligaciones para con su antiguo equipo, dicho equipo aún tenía derecho a recibir una compensación si otro club fichaba al jugador. Esa compensación, que podía consistir en dinero, elecciones del draft y/o jugadores, debía ser acordada entre los clubes, y si no se alcanzaba un acuerdo entonces quedaba a criterio del comisionado. Algunas franquicias sospechaban que en esos casos, el comisionado elegía compensaciones excesivas para castigar a los clubes “pecadores” por su osadía al fichar a un jugador sin contrato.

Fue la ABA la que lo cambió todo. Una de las primeras decisiones de la ABA, fundada en 1967, fue abolir la “reserve clause”. Una vez finalizado su contrato, el jugador era libre de fichar por otros clubes ejerciendo una figura revolucionaria para la época denominada “free agency”. El objetivo de la ABA era facilitar la contratación de jugadores procedentes de la NBA sin tener que esperar un año más, y la posibilidad de que el mercado quedara abierto a la contratación libre sembró el terror en la NBA. Esta liga acudió inmediatamente a los tribunales, exigiendo el cumplimiento de las condiciones incluidas en los contratos normalizados de los jugadores que incluían la “reserve clause”, y en un principio las cortes les dieron la razón al concluir que se debía respetar lo firmado. Sin embargo, eso cambió en 1970 cuando Oscar Robertson presentó su demanda “Robertson v. NBA”, alegando que las prácticas de la liga profesional y sus planes de fusión con la ABA constituían una violación de las leyes antimonopolio, articuladas alrededor de la famosa “Sherman Act”.

Aunque la demanda de Robertson tenía como objetivo principal detener la proyectada fusión de las dos ligas, que privaría a los jugadores de la posibilidad de recibir ofertas distintas y elegir la mejor, un aspecto fundamental era que obligaba a un juez a decidir sobre la legalidad de la estructura contractual de la NBA. Especialmente cuando vino seguida de la demanda presentada por Spencer Haywood que ponía en duda la legalidad del límite de edad para entrar en la NBA. La gran liga puede tener muchos defectos pero no es tonta, y sabía que en los tribunales llevaba las de perder, especialmente después de que le dieran la razón a Joe Caldwell en 1970. En casos anteriores los jueces habían fallado en contra de los jugadores, obligándoles a cumplir el año de la “reserve clause”, pero esta vez la sentencia dio la razón a Caldwell argumentando que la oferta de su equipo, los Hawks, era inferior al 75% de su contrato anterior. Se establecía así que los derechos de las franquicias no eran absolutos, y que las cláusulas de los contratos podían ser canceladas si se usaban de modo abusivo.

En febrero de 1973 el tribunal sentenció que Robertson llevaba razón y que el mecanismo compuesto por el draft, el contrato normalizado y la “reserve clause” violaba la legislación antimonopolio. Aunque de momento la NBA recurrió, al mismo tiempo activó su sistema de control de daños y empezó a negociar soluciones fuera de los juzgados. En junio de 1971 eliminó el requisito de los cuatro años de universidad, sustituyéndolo por una declaración de “hardship case” que apenas maquillaba la realidad, y en marzo de 1973 firmó un acuerdo por tres años con el sindicato de jugadores (NBPA) que suponía la primera negociación laboral en la historia de la liga. En febrero de 1976 se anunció la resolución definitiva de la demanda “Robertson v. NBA” mediante un acuerdo extrajudicial, según el cual se iniciaba un proceso de eliminación de toda la “reserve clause”. A partir de 1980, los jugadores de la NBA que terminaran contrato se convertirían en agentes libres (totales o restringidos).

David Stern pudo conocer de primera mano las limitaciones de esta nueva situación. En 1982, antes de convertirse en comisionado, su primer plan para el establecimiento de un tope salarial fue rechazado por los tribunales con el argumento de que con la fusión entre la NBA y la ABA, cualquier iniciativa unilateral constituiría una violación de las leyes antimonopolio. Para evitarlo era necesario contar con el apoyo del sindicato de jugadores, algo que ha permanecido inalterado desde entonces: todos los intentos individuales por parte de los jugadores de oponerse a la estructura salarial han sido rechazados ya que no puede considerarse un abuso de la NBA cuando el sindicato la ha aceptado. Por supuesto, el apoyo de la NBPA no saldría gratis, y aunque los sucesivos convenios colectivos han reflejado mayoritariamente las demandas de la NBA, también se han incluido concesiones para los jugadores.

El convenio colectivo de la NBA intenta conjugar una serie de deseos y necesidades contrapuestas: la liga desea reducir el gasto salarial para aumentar sus beneficios, pero al mismo tiempo las franquicias quieren mecanismos que les permitan hacer fichajes, sin perder una flexibilidad que choca con el interés de los jugadores por obtener las mayores garantías contractuales. En mi opinión, la historia del CBA es sobre todo la historia de un intento por simultanear el control salarial y la posibilidad de fichar jugadores. Ésa es la razón por la cual el tope salarial es del tipo denominado “blando”, es decir que puede ser superado mediante “excepciones” (cuyo uso es cualquier cosa menos excepcional). Con el paso de los años, el CBA se ha ido haciendo más complejo en un intento por mantener esas excepciones sin que caigan en el abuso.

Porque bien que se ha abusado de ellas. El ejemplo más conocido es la “rookie exception”, que permite a un equipo firmar a su elección de primera ronda del draft aunque la franquicia se encuentre por encima del tope salarial. El caso de Glenn Robinson, un número uno del draft que amenazó con no jugar hasta conseguir un contrato por $68 millones, fue la traca final que llevó a la NBA a imponer la llamada “escala salarial de rookies”. Pero el mayor problema parece haber sido la más antigua y más famosa de las excepciones: los “Bird rights”, que permiten a una franquicia renovar a sus propios agentes libres circunnavegando las restricciones del tope salarial. Uno de los primeros en aprovecharlos fue la estrella de los Boston Celtics, Kevin McHale.

En principio, los “Bird rights” funcionaban de manera simple, y las franquicias podían renovar a sus jugadores por la cantidad que desearan. En teoría, eso debía servir para evitar uno de los grandes miedos que generaba ese primer tope salarial, que era el temor a perder a tus jugadores franquicia por una mala gestión del espacio salarial. La NBA prefería que los jugadores permanecieran la mayor parte de su carrera en un mismo equipo para fidelizar a los aficionados, y a cambio los jugadores veían aumentar exponencialmente sus sueldos. Todos contentos. Sin embargo, pronto se pudo ver lo fácil que se podía abusar de esta situación. A finales de la década de los ochenta, los ingresos televisivos de la NBA se dispararon, y con ellos los beneficios de los clubes y el mismo tope salarial. De repente las franquicias tenían más dinero del previsto, y se lanzaron con alegría a ofrecer jugosos contratos a jugadores en algunos casos para cubrir necesidades muy puntuales. El mejor ejemplo fue Jon Koncak, que se convirtió en uno de los jugadores mejor pagados de la NBA gracias a una temporada no más que correcta como sustituto del lesionado Kevin Willis. Los Detroit Pistons buscaban un pívot para cubrir la marcha de Rick Mahorn en el draft de expansión y tenían dinerito fresco, así que le ofrecieron una morterada de billetes a Koncak que los Atlanta Hawks se apresuraron a igualar. También hubo que exigir un plazo mínimo de tres años para impedir que los clubes abusaran de estos derechos, fichando jugadores por un año y cantidades mínimas para después renovarlos superando el tope.

Con todo, más influencia tuvo el caso de Michael Jordan en 1996, cuando por fin terminó el larguísimo contrato que lo unía a los Chicago Bulls a cambio de unas cantidades que habían quedado muy por debajo del mercado. Jerry Reinsdorf sabía que Jordan no arriesgaría su valiosa imagen pública exigiendo una mejora de contrato, y lo había aprovechado pagándole unos durillos mientras Ewing, Olajuwon o Barkley subían sus sueldos. Con su cuarto título de la NBA y la amenaza de una supuesta oferta de los Knicks, los Bulls terminaron pagando unos $30 millones por cada una de las dos últimas temporadas de Jordan en la franquicia, reventando el mercado y provocando un amago de angina de pecho a David Stern. Un año después, los Minneessoottaa Timberwolves hundieron cualquier esperanza de que se tratara de un caso aislado al firmarle al jovencísimo Kevin Garnett más de $120 millones por seis temporadas.

La NBA tenía que cortar de raíz esa escalada aunque costara un lockout, y así el CBA de 1999 incluía la medida más revolucionaria de la historia de la liga: un tope salarial “duro” para los ingresos individuales de los jugadores. Como curiosidad, puedo decir que la primera vez que se lo oí a David Stern, pensé que jamás lograría imponerlo. “Lo van a poner de comunista para arriba”, me dije. Supongo que esto explica por qué Stern es Stern mientras que yo soy sólo yo. La nueva escala salarial mantenía algunos incentivos para favorecer las renovaciones de los jugadores por sus propios equipos, ya que pueden ofrecerles contratos de seis temporadas de duración con un incremento salarial del 10.5% al año (como agentes libres no pueden firmar contratos de más de cinco temporadas con un incremento del 8.5%). Es decir, que un jugador que aspire a un salario máximo puede conseguir la seguridad adicional de un año más de contrato, además de aproximadamente $1.5 millones más por temporada en dinero contante y sonante. Estas cifras corresponden al CBA de 2005, que aplicaba algunas reducciones a las recogidas en 1999 y que por tanto suponen un pasito más en el camino hacia la estandarización de las condiciones que pueden ofrecer los equipos.

El peligro era que un jugador levantara la cabeza y pensara en voz alta “cobro entre quince y veinte millones, elegir equipo me cuesta uno y medio”. Puede parecer una obviedad, pero un vistazo a la historia de la NBA revela que es casi imposible que un jugador levante la vista de la cantidad que figura en el cheque. En numerosas ocasiones se ha anunciado que tal o cual estrella estaba dispuesta a aceptar una rebaja en su salario a cambio de que el equipo aprovechara ese espacio para reforzarse; sin embargo, en la gran mayoría de los casos tales afirmaciones contenían un porcentaje tan bajo de verdad que bien se las puede llamar “mentira”. Mi ejemplo favorito se produjo en 1990, y lo llamo “cómo Terry Teagle arruinó la carrera de Magic Johnson”. Los envejecidos Lakers necesitaban un refuerzo exterior, y Magic declaró que se rebajaría un millón de su sueldo si con ello su equipo firmaba a Teagle. Lo que no se contó es que a cambio el propietario del equipo se comprometía a prestarle a Magic un millón de dólares al 0% de interés y a devolver en 30 años (a raíz de este caso, la NBA prohibió este tipo de “préstamos”, también llamados “regalos”). El banco que “gestionó” el “préstamo” exigía que el jugador firmara un seguro de vida como garantía, y fue en el reconocimiento médico para ese “préstamo” cuando se descubrió que había algo raro en la sangre de Magic Johnson. Ah, y Terry Teagle jugó para darle de hostias con la mano abierta. Si es que hay días que lo mejor es no levantarse de la cama.

Más recientemente, los Celtics anunciaron que Kevin Garnett había renunciado al “trade kicker” incluido en su contrato para facilitar su traspaso a la franquicia de Boston. En realidad, lo que hizo Garnett fue renegociarlo para cobrar en unos plazos más cómodos para los Celtics. Que está bien, pero perdonar, lo que se dice perdonar, no es. En algunos casos resulta tan difícil de entender que sólo se puede pensar que para los jugadores es algo más que dinero, es prestigio y valoración y determinar el lugar propio frente a los rivales.

La decisión de la NBA de reducir cada vez más la autonomía de sus franquicias a la hora de ofrecer condiciones salariales ha llevado a que las ofertas que puede recibir un jugador sean más iguales que nunca. Irónicamente, la prosperidad de la NBA hace que al menos en ciertos casos la cuestión económica pueda quedar en un segundo plano. La decisión de LeBron James sería incomprensible si no supiéramos que lo que le ofrecen en términos de contrato los Knicks es igual a lo que ofrecen los Bulls que es igual a lo que ofrecen los Nets que es igual a lo que ofrecen los Heat, y que la oferta de los Cavs sólo es marginalmente superior. Las reacciones a la decisión de LeBron James, generalmente negativas y con frecuencia rozando la inmadurez, el insulto y hasta el desbarre, se deben en parte al miedo y la inseguridad que provoca comprobar que entramos en terrenos desconocidos. Desde hace tiempo, el poder de los clubes sobre sus estrellas es relativo, pero hasta hoy no lo habíamos visto expresado en toda su crudeza. Sus herramientas para influir en la decisión de LeBron James se han revelado como mínimas, y puedes estar seguro de que ahora mismo David Stern está en una oficina forjando una cadena leve como la seda pero dura como el acero para sujetar al lobo.

Dará su mano derecha si hace falta.

Comentarios

Me ha gustado mucho el articulo pero diria que Teagle llegó a los Lakers un año antes de que Magic se retirase. De hecho jugó la final del primer titulo de Jordan y el unico contra los Lakers, el del 91.

Corregidme si me equivoco.

Sin caer en la adulación, coincido totalmente con el compañero. Otra lección de historia reciente y "antigua" o "viejuna", qué ya vamos para mayores. Todavía recuerdo el revuelo que se creó cuando Minnesota firmó a KG aquel contrato propio de otra galaxia (y que a la larga no sirvió para nada... bueno para que el público de los Wolves pudiera disfrutar del gran KG durante aquellos maravillosos pero estériles años) y ahora vemos otra vez fenómenos similares con la decisión de King James. Veremos a ver en qué acaba todo esto. Un saludo

Es increíble el dominio que tienes de la NBA, de su Historia reciente y pasada, del presente NBA y de las Letras. Leerte es sin duda un placer y habrá muchas veces que te piten los oídos porque abro el marcador RSS esperando encontrar un artículo nuevo y no aparece y bueno pues me acuerdo de ti jajaja. Eres, sin duda, el comentarista de baloncesto que más me gusta. Enhorabuena.

Terry Teagle llegó el verano de 1990, pero la operación del préstamo a Magic tardó tiempo en completarse y por eso aún estaban finalizando el papeleo un año después.

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