El Charles Barkley Chino

 

La explicación tradicional de por qué China sólo producía jugadores interesantes de más de 2.10 de estatura (desde Mu Tiezhu hasta Ji Yianlian) y no bases ni escoltas tenía que ver con la peculiar estructura del baloncesto del país. Desde finales de los años cincuenta China había sido objeto de la mayor “Operación Altura” de la historia del deporte, durante la cual un ejército de entrenadores a cargo del estado recorrían el país palpando y midiendo los huesos de las muñecas de todos los niños y niñas con alturas superiores a la media con el objetivo de incorporarlos a los equipos de baloncesto y balón-volea. Cuando cumplían los quince años, aquéllos cuyo desarrollo apuntaba a estaturas superiores a los dos metros se incorporaban a las escuelas deportivas, donde entrenarían de cinco a ocho horas diarias seis días a la semana hasta los veintiocho años en el caso de las chicas, treinta en el caso de los varones. El objetivo de esta “operación altura” era conseguir los jugadores más altos que pudieran, y por ello los puestos de base y escolta quedaban reservados para aquéllos que no habían crecido según lo esperado, los “fracasos” que habían decepcionado las esperanzas puestas en ellos. No es de extrañar que en la mayoría de los casos los entrenadores no concibieran otra misión para ellos que subir el balón para entregárselo a los pívots lo antes posible.

A eso había que añadir la peculiar naturaleza del entrenamiento de baloncesto en China, orientado más al desarrollo del espíritu comunista que a la mejora técnica. Los ejercicios repetitivos y mecánicos buscaban ahogar cualquier veleidad creativa o individualista de los jugadores, hasta el punto que no se conservaban estadísticas individuales de los torneos nacionales o internacionales sino que sólo se registraba el marcador final. Dada la política endogámica de las autoridades deportivas, que favorecían los matrimonios entre jugadores de baloncesto para aumentar las posibilidades de tener descendencia bien despachada en el tema centímetros, la presión por reprimir cualquier impulso personal se transmitía de generación en generación. Los jugadores chinos, en particular los exteriores, eran disciplinados, mecánicos, obedientes.

Excepto Ma Jian, claro. Nacido en 1969, Ma Jian creció viendo vídeos piratas de la NBA de los ochenta, y su ídolo era “Magic” Johnson. Decidido a imitarle, no sólo trabajó para conseguir un tiro exterior y un manejo de balón infrecuentes en un jugador chino de su estatura (dos metros), sino que además se dedicó a levantar pesas hasta adquirir un físico musculado que contrastaba con el aspecto escuchimizado de sus compañeros. Ma Jian era un caso único en su país, un jugador de China con físico estadounidense – y su actitud también recordaba más a la de sus homónimos del otro lado del Océano Pacífico. Durante su etapa en la selección nacional, el entrenador decidió hacerlos entrenar de seis a ocho horas los siete días de la semana, incluyendo los domingos que oficialmente eran el día de descanso. Cuando Ma Jian intentó hacerle ver que el equipo estaba agotado y que tanto entrenamiento resultaba contraproducente, la respuesta del seleccionador le dejó estupefacto: “¿Qué crees que pensarán nuestros líderes si vienen un domingo y nos encuentran entrenando? ¡Verán que entrenamos siete días a la semana! Entonces, si perdemos nadie podrá echarnos la culpa a nosotros.” El sistema deportivo maoísta, cuyo objetivo no era la mejora ni la victoria sino evitar la culpabilidad por la derrota, chocaba con las ideas de Ma Jian.

Su gran oportunidad llegó en 1988, en su primera convocatoria con la selección nacional. Un par de entrenadores universitarios americanos acudieron a ver los entrenamientos de la selección, y pidieron que los jugadores hicieran un 1x1. En principio los extranjeros sólo estaban interesados en ver pívots, pero Ma Jian decidió aprovechar la ocasión y demostró una agresividad y unos recursos ofensivos que llamaron la atención de los observadores. Uno de ellos le dirigió una parrafada de la que el jugador sólo entendió una palabra, “América”; Ma no lo sabía, pero se trataba de Jim Harrick, entonces entrenador jefe de la mítica UCLA. Un mes más tarde el jugador recibió un impreso de solicitud de matrícula en esa universidad y una carta ofreciéndole una beca deportiva completa. Ma Jian dio un paso sin precedentes, y redactó una solicitud oficial pidiendo autorización para asistir a la universidad estadounidense, comprometiéndose a volver para cumplir sus compromisos con la selección nacional. Hasta entonces, ningún deportista chino había salido del país antes de cumplir los 28 años, y ni siquiera estaba claro que alguno lo hubiese intentado.

La solicitud fue rechazada, pero el jugador no se dio por vencido. En 1991, durante una gira de exhibición por las Filipinas, Ma Jian se ausentó del primer partido alegando una visita al médico por unas molestias en la espalda. En realidad se había dirigido al consulado estadounidense, donde realizó el examen de acceso a la universidad (el famoso S.A.T.) a pesar de no saber ni una palabra de inglés. Ma Jian aprendió lo que otros muchos estudiantes habían descubierto antes que él: no se puede aprobar el SAT marcando respuestas al tuntún. Además de suspender el examen, Ma tuvo que afrontar la ira de las autoridades chinas cuando se enteraron de su intento de fuga. A partir de ese momento no volvió a participar en ninguna gira del equipo por el extranjero, a pesar de que había sido uno de los abanderados en los Juegos Asiáticos de 1990 (desde 1988, en todos los eventos deportivos multidisciplinares la bandera china es llevada por el jugador más destacado del equipo de baloncesto, con el objetivo de que ondee por encima de las demás banderas). Ma Jian era un jugador único en su selección, un alero que combinaba estatura, fuerza para atacar el rebote, tiro exterior y manejo de balón; pero en Barcelona 92 fue el último jugador de la rotación. No podían dejar de convocar al mejor jugador del país, pero sí podían enterrarlo en el banquillo.

El enfado de los entrenadores de la selección era especialmente intenso porque Ma Jian había conseguido salirse con la suya. Gracias a un pariente que ocupaba un alto cargo del gobierno, el jugador había recibido por fin la autorización de un pasaporte personal. Normalmente los deportistas chinos viajaban con un tipo de pasaporte muy restringido denominado “de negocios”, que no permitía entrar en cualquier país ni desplazarse sin ir acompañados de un funcionario del estado, pero Ma había conseguido uno de los escasísimos pasaportes de pasaportes de toda la vida, que le permitía viajar libremente a los EEUU. Con él pudo obtener un visado de estudiante, y en otoño de 1992 llegó por fin a California. Su desastroso SAT le vedaba el acceso a UCLA o a cualquier otra universidad de primer nivel, así que el entrenador Jim Harrick lo envió al Utah Valley State Junior College para que mejorase su nivel académico.

Ma Jian aprendió el suficiente inglés como para conseguir un notable bajo de nota media, y en la pista promedió 18 puntos por partido. “¡Haz jugada, haz jugada!” pedía el entrenador Duke Reid. Ma respondió con un triple inmediato: “No necesitamos hacer jugada.” Libre de la tiranía del sistema de entrenamiento chino, Ma Jian adoptó el tiro exterior como signo de identidad (según un periodista, tiraba desde tan lejos que parecía creer que la línea de medio campo era la de triple). Sin embargo, seguía siendo de corazón un jugador de equipo, y cuando se enteró de que sus compañeros le consideraban un “chupón” se sintió desolado. No se recuperó hasta pedir disculpas, y después intentó acaparar menos tiros. “Ganar no es importante, entrenador; sólo jugar.”

Su buen rendimiento y su mejora académica atrajeron el interés de las universidades locales, tanto BYU como Utah, que eclipsaron la opción de UCLA. Finalmente Ma Jian se decidió por los University of Utah Utes entrenados por un técnico de prestigio como Rick Majerus. Para ayudar a su aclimatación, la universidad ofreció un puesto en el equipo a Ryan Hunt, un escolta del Salt Lake Community College que destacaba más por su rendimiento académico que por sus perspectivas baloncestísticas: no era ningún secreto que Hunt había sido escogido porque hablaba chino mandarín después de su estancia como misionero en Taiwán. Ma Jian se convirtió en el alero titular del equipo gracias a su versatilidad e intensidad, y promedió casi 8 puntos y 4 rebotes por partido. Su sueño de llegar a la NBA parecía menos imposible, y el jugador llegó a plantearse intentar dar el salto directamente sin completar su último año en la universidad de Utah.

Quizás hubiese sido mejor para él. Ma Jian se encontraba a gusto en un juego más abierto y menos disciplinado que el que prefería el entrenador Rick Majerus, y eso los llevó a chocar a comienzos de la temporada 1994-95. Durante el Maui Invitational Classic los Utes perdían de 6 contra Maryland al final de la primera parte; Rick Majerus ordenó “un tiro”, y Ma Jian lo entendió a su estilo: en cuanto tocó el balón realizó un lanzamiento de cinco metros, Maryland capturó el rebote y salió al contraataque, anotaron la bandeja y forzaron un tiro libre adicional. “Go back to fucking China!” gritó el entrenador. La desventaja pasó de seis puntos a nueve, y Majerus le echó la cruz al jugador: Ma Jian no volvió a contar en los planes del equipo, y prácticamente no volvió a jugar en toda la temporada. Con ese bagaje era imposible que fuese escogido en el draft de 1995, pero se trataba de un jugador con “físico NBA” y eso le abrió algunas puertas. El trotamundos Donnie Nelson, siempre interesado en China, le dio la oportunidad de acudir a la liga de verano con los Phoenix Suns, pero Ma Jian ofreció un rendimiento muy mediocre y no demostró tener nivel para la liga.

Claro que siempre hay un sitio para los jugadores que no tienen nivel NBA: los Clippers. Los Ángeles posee una de las colonias asiáticas más importantes de los EEUU, y Donnie Nelson envió a los Clippers vídeos de los entrenamientos de Ma Jian pensando que les podría resultar útil como reclamo. Los Clippers decidieron incorporarlo a su equipo de pretemporada, y le firmaron un contrato no garantizado por dos temporadas con la intención de cortarlo antes de que empezara la competición oficial. Ma Jian cumplió con su cometido, y los partidos de pretemporada de los Clippers presentaron un notable aumento en el número de espectadores gracias al reclamo del primer jugador chino que estaba a prueba con un equipo de la NBA. Lo que no se esperaban era la buena imagen que dejó Ma Jian en esos partidos; aunque se veía que aún no estaba preparado para la NBA, su agresividad dentro de la pista y su buena disposición fuera de ella impresionaron al entrenador Bill Fitch, que llegó a plantearse ofrecerle un contrato temporal. Los Clippers tenían las cuatro posiciones exteriores de la rotación cubiertas, pero el base “Pooh” Richardson tardaría un par de semanas en estar listo para jugar y eso abría una posibilidad.

Algunos medios llegaron a anunciar su fichaje, pero al final Ma Jian fue el último jugador cortado por los Clippers, apenas 24 horas antes del comienzo de la temporada; algún tiempo después el jugador reconoció que había llorado el final de su sueño. Pasó la temporada en las Filipinas, donde su hermano Ma Ming estaba intentando conseguir plaza en la liga universitaria, y aunque su actitud seguía siendo de jugador de equipo sus números de estrella contribuyeron a que su club, el Hapee Toothpaste, se proclamara campeón de la “Conferencia Reforzada” de la PBL. Volvió a hacer la pretemporada con los Clippers en 1996, pero en esta ocasión el equipo tenía más jugadores con contratos garantizados que el año anterior y fue cortado poco después.

Ma Jian estaba a punto de dejar el baloncesto profesional para dedicarse a su incipiente carrera comentando partidos para canales en chino. Se había casado con una americana de origen japonés con la que tenía dos hijos, y cada vez parecía más difícil que regresara a su país. Ma había intentado desesperadamente volver a la selección primero para el Mundobasket de 1994 y luego para los Juegos Olímpicos de 1996, enviando cartas a las autoridades deportivas de China y recurriendo a todos los contactos de su familia en las altas esferas, pero había sido en vano. No sólo quedó fuera definitivamente de la selección, sino que los medios de comunicación chinos tenían prohibido mencionar su nombre bajo ninguna circunstancia. Algunos jugadores de la nueva generación como Mengke Bateer admiraban a Ma Jian como a un pionero que había demostrado que con trabajo y atrevimiento se podía dar el salto a los EEUU, pero en general estaba quedando al margen del baloncesto chino.

Hasta que recibió la llamada de Winston Lee en 1998. Un par de años antes la liga china se había reorganizado siguiendo el modelo capitalista, con un juego más vistoso y la presencia de extranjeros. Incluso se permitió que uno de sus clubes, el Beijing Aoshen, fuese de titularidad privada. Su propietario era uno de esos nuevos multimillonarios surgidos al calor de las reformas económicas, un promotor inmobiliario que cuando se hizo rico occidentalizó su nombre de Li Su a “Winston Lee”. El equipo acababa de ascender a la primera división, y Winston Lee estaba dispuesto a gastar lo que fuera necesario para alcanzar la élite de la liga china, ocupada entonces por el Bayi Fubang, el equipo del ejército liderado por Wang Zhizhi. El Beijing Aoshen disponía de fondos casi ilimitados, que le permitían fichar americanos de cierto nivel como el ex-azulgrana LeRon Ellis, Kevin Salvadori o Roy Tarpley, contratar al primer entrenador extranjero (Mike McGee, el antiguo Laker) y pagarle a Ma Jian un sueldo de estrella. Pero a cambio tenían que lidiar con las veleidades de Winston Lee, un propietario de los de la vieja escuela. A pesar de mantenerse lejos de la prensa y de la atención de los aficionados, Lee intervenía permanentemente en el día a día del equipo. Eran frecuentes las llamadas telefónicas al entrenador en medio del partido, ordenando estrategias o sustituciones que éste tenía que realizar al momento, y también sus apariciones en el vestuario al terminar el encuentro repartiendo dinero si se había ganado, y amenazando a los jugadores si habían perdido. Durante las rachas de derrotas la plantilla podía pasarse semanas sin cobrar, hasta que al dueño se le pasaba el enfado; y en una ocasión decidió castigarlos ordenando que todos los desplazamientos se realizaran en tren en lugar de por avión, a pesar de las enormes distancias que hay que cubrir en la liga china. Quizás el caso más publicitado fue el escándalo originado cuando Winston Lee se negó a ceder a su gran estrella Sun Yue a la selección nacional. La respuesta de la federación fue sancionar al club impidiéndole jugar durante la temporada 2004-05, y Winston Lee convirtió a su club en un equipo itinerante, que jugaba partidos de exhibición en Taiwán, las Filipinas e incluso Europa antes de incorporarse a ligas menores de EEUU.

Claro que eso fue años después. De vuelta a 1998, Ma Jian aprovechaba su superioridad física para brillar en la CBA (la liga china, no la extinta liga menor estadounidense). En los Clippers había tenido que jugar de escolta pero en China con su estatura podía jugar de ala-pívot, y con él Aoshen alcanzó las semifinales en su debut en la primera división. Los aficionados lo recibieron como una estrella para disgusto de las autoridades deportivas, y Ma Jian disfrutaba de su papel. Lejos de las declaraciones tibias y humildes que eran habituales en los deportistas de su país, Ma no perdía ocasión para manifestar unas opiniones muy poco satisfactorias para los estamentos baloncestísticos de China: atribuía su éxito a su experiencia americana, expresaba la superioridad de las técnicas y entrenamientos estadounidenses sobre los chinos, animaba a sus compatriotas a imitarlos y se proponía a sí mismo como ejemplo a seguir. El jugador sabía que ese camino no era el más adecuado para reintegrarse en la sociedad china, pero no podía evitarlo; como le sucediera en Utah con Rick Majerus, Ma Jian sólo sabía expresar su auténtica opinión, sin maldad pero también sin concesiones.

Su buena temporada no pasó inadvertida, y para su sorpresa la NBA volvió a entrar en su vida con un contrato de diez días para formar parte de los Dallas Mavericks. Es probable que esta oferta tuviera mucho que ver con los intereses del propietario Ross Perot Jr. en China, pero el hecho era que se trataba de la oportunidad legítima y muy real de convertirse en el primer jugador asiático en jugar en la NBA. Pero cuando Ma Jian le pidió a Winston Lee que le liberase de su contrato con Aoshen para ir a Dallas, la respuesta fue negativa. Lee le advirtió en términos expeditivos que si intentaba marcharse, él se encargaría de que no volviese a jugar en China nunca más. Con los contactos de Winston Lee más la enemistad de las autoridades deportivas locales, Ma Jian estaba seguro de que esa amenaza se haría realidad. Aún le quedaban cuatro años de contrato por una muy buena cantidad de dinero, y tenía una familia que mantener. Ma no sería el primer jugador chino en la NBA.

Es posible que el final del sueño de Ma Jian influyera en el deterioro de su rendimiento. Su juego se fue diluyendo, aunque él lo achacaba a los problemas físicos; en especial una lesión de rodilla que prácticamente lo redujo al rol de tirador exterior. Winston Lee estaba cada vez más descontento con las derrotas del equipo, y después de que Ma Jian fallara dos tiros libres en el último segundo contra los Shanghai Sharks de Yao Ming, el propietario lo acusó de perder el partido deliberadamente en connivencia con apostadores profesionales. Lee apartó al jugador del equipo y lo sancionó con una suspensión permanente de empleo y sueldo. Durante año y medio Ma Jian tuvo que estar sin jugar y sin cobrar, porque sus derechos pertenecían a Aoshen y la CBA no le dejaba firmar por otro equipo a pesar de que no le pagaban. Al final, Ma Jian tuvo que recurrir a los tribunales para que le permitieran fichar por los Shanghai Sharks, donde fue compañero de Yao Ming cuando ganó el campeonato justo antes de que éste diera el salto a la NBA que su compatriota había soñado tantas veces.

Ma Jian lleva años retirado y trabaja como comentarista de baloncesto para diversos canales de televisión que emiten en chino. Sigue expresando sus opiniones, que como siempre oscilan entre lo colorista y lo polémico, y eso hace que los medios le busquen cada vez que necesitan una declaración jugosa sobre el baloncesto chino. Por ejemplo, durante la polémica entre Yi Jianlian y los Milwaukee Bucks, Ma afirmó que una de las razones por las que el jugador prefería ir a una ciudad con mayor presencia asiática era para tener más opciones de conseguir una novia china que estuviese buena. Como es evidente, sigue metiéndose en problemas y de hecho su relación con los Shanghai Sharks también terminó en los tribunales, pero supongo que no puede evitarlo.

Ma Jian resume su carrera con un antiguo proverbio que ilustra la secular aversión china a las novedades y los riesgos: “La primera paloma que deja el nido es la que recibe el disparo.”
 

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