El Depredador Vegetariano

 

Cuando Fernando Martín acudió a hacer la pretemporada con los Portland Trail Blazers el verano de 1986, los periodistas le preguntaron por un incidente sucedido en uno de los primeros partidos amistosos. No era nada, vino a responder Martín, sencillamente un jugador de los Sonics le había propinado un codazo, él se lo devolvió y se produjo un breve momento de tensión pugilística. Es probable que Fernando Martín no lo supiera, pero un año antes Georgi Glouchkov había pasado por algo similar en un partido de pretemporada contra los Lakers. Apenas llevaba doce segundos sobre la pista cuando un rival le propinó un codazo, y la única explicación que ofreció fue “tardé 12 segundos porque no lo tuve cerca antes”. Creo que el búlgaro no devolvió el golpe, aunque no estoy seguro.

En ambos casos el rival era el mismo: Maurice Lucas, “the Enforcer”.

Es difícil aceptar que Maurice Lucas, precisamente él, ha muerto con 58 años. Un negro alto y ancho de espaldas, quizás el jugador más fuerte de la liga, capaz de correr a collejas a Chuck Norris. Y también un hombre preocupado por su alimentación en una época en la que la idea de una comida equilibrada era una cheeseburger tamaño familiar, que viajaba siempre con sus suplementos vitamínicos, su queso fresco, su atún, sus zumos naturales y sus frutos secos. Quizás me cuesta porque nunca he entendido la frase ésa de “una dura lucha contra el cáncer”, que no termino de ver qué tiene de lucha soportar el dolor y la desesperación durante meses. Supongo que la lucha es ocultarlo bien para no ofender a los que tenemos pensado seguir vivos. Yo qué sé.

Maurice Lucas tenía una relación de amor-odio con su fama como hombre duro de la liga. Por una parte le parecía que reducir sus habilidades y su juego a un simple reparto de golpes rozaba el desprecio, pero por otra disfrutaba de su capacidad de sembrar el terror en los contrarios. Más que en sus codos devastadores, la clave estaba en ese ceño fruncido que hacía temblar a los rivales. En gran medida se trataba de un personaje creado por Lucas en Marquette a sugerencia de Al McGuire. Éste le había insistido en que tenía que ser más agresivo, y si algo admiraba Lucas de su entrenador era su capacidad para crear y mantener un personaje. Para cuando llegó a la NBA ya era casi imposible dónde terminaba la violencia simulada y dónde empezaba la dureza real.

Es que en realidad ni siquiera había querido ser jugador de baloncesto. El deporte favorito de Maurice Lucas era la natación, y se había proclamado campeón estatal de Pennsylvania cuando estaba en el instituto. Pero las universidades no dan becas a nadadores negros procedentes de las calles de Pittsburgh, ni existen competiciones profesionales de natación en las que ganarse la vida. Para un joven negro de más de dos metros, la salida de “the Pitt” pasa por la canasta. Maurice Lucas se presentó al draft en 1974 como “hardship”, después de su tercer año en la universidad que había terminado con Marquette perdiendo la final de la NCAA frente a la North Carolina State de David Thompson. Lucas pensaba que los Chicago Bulls le iban a ofrecer unos $100000 al año como correspondía a una elección de primera ronda, pero quedó decepcionado y ofendido cuando la franquicia de la NBA intentó aprovechar su posición dominante en el mercado para ofrecerle un contrato por apenas $40000. La ABA le ofrecía casi el doble, y Maurice Lucas firmó por los Spirits of St Louis para formar su temible “rookie frontcourt” con Marvin Barnes y Gus Gerard. Sólo ganaron 32 partidos en su primera temporada, pero en playoffs dieron la sorpresa al derrotar a los New York Nets del Doctor – antes de ser eliminados por los Kentucky Colonels, futuros campeones.

Maurice Lucas se ganó la fama de la que disfrutaría toda su carrera en su misma temporada rookie, para qué esperar más. En un partido de liga regular contra los Colonels debió de soltar el codo más de lo habitual, y provocó un rarísimo estallido de furia en el normalmente tranquilo Artis Gilmore. Según algunos testigos, Gilmore persiguió a Lucas mientras éste retrocedía, hasta que se dio de espaldas contra el soporte de la canasta y comprendió que no le quedaba espacio para huir. Según el propio Gilmore, los testigos exageran y el encontronazo fue más inmediato y con menos persecución. En cualquier caso, todos coinciden en lo que sucedió a continuación: Maurice Lucas enganchó dos puñetazos a la mandíbula de Artis Gilmore, y éste se desplomó por secciones como un mecano. Hasta entonces Gilmore había estado considerado como el hombre más fuerte de la ABA, y dejarlo KO al primer asalto convirtió a Lucas en el jugador más temido de la liga. Poco después Julius Erving intentó hacerle un bloqueo en playoffs, y Maurice Lucas lo arrolló como un tren de mercancías para demostrar que no hacía distingos ni siquiera con la mayor estrella de la ABA. Su reputación quedó así establecida, y los Kentucky Colonels lo ficharon al año siguiente con la idea de que era mejor tenerlo de su parte.

Su breve paso por Kentucky tendría importantes consecuencias sobre la carrera de Maurice Lucas. Para sorpresa de Artis Gilmore, él y Lucas congeniaron perfectamente y no hubo problemas entre ellos, pero no se podía decir lo mismo del entrenador Hubie Brown. En aquel entonces Brown era un entrenador joven y el fuego del baloncesto brillaba intensamente en su interior. A veces salía en forma de gritos e insultos hacia sus jugadores, y Maurice Lucas soportaba muy mal lo que consideraba faltas de respeto hacia él. Finalmente se hartó, y durante un tiempo muerto agarró a Hubie Brown por las solapas y le advirtió que nunca más volviera a dirigirse a él en ese tono. Después de eso apenas se dirigieron la palabra en lo que quedaba de temporada, pero el auténtico problema vino en el verano de 1976. Porque en el verano de 1976 la NBA absorbió los restos de la ABA, y esos restos no incluían a los Kentucky Colonels. Maurice Lucas fue incluido en ese mercado de carne que se llamó “ABA dispersal draft”, donde según todos los analistas ocupaba la segunda posición sólo por detrás de su ex-compañero Artis Gilmore. La segunda elección correspondía a los Atlanta Hawks... que acababan de contratar a Hubie Brown como entrenador. Los Hawks no podían escoger a Lucas debido a su enfrentamiento con Brown, pero tampoco podían decirle a sus aficionados que iban a elegir a un jugador peor por culpa del técnico nuevo.

Ahí entraron los Portland Trail Blazers. Después de que ganaran el campeonato se habló mucho del papel que desempeñaba Bill Walton en el juego diseñado por el Dr Jack Ramsay, pero la verdad era que esa táctica también exigía mucho del jugador que ocupara el puesto de ala-pívot. No sólo era necesario que respaldara a Walton en defensa y rebote, sino que en ataque debía ser capaz tanto de finalizar jugadas cerca del aro como de salir al poste alto y constituirse en la clásica triple amenaza: pase interior, penetración o tiro de media distancia. Maurice Lucas era capaz de todo eso a un magnífico nivel, y en particular su tiro en suspensión era vital para impedir que los dos pívots rivales se cerraran sobre Bill Walton. Lucas era el prototipo de ala-pívot como una nueva posición que se estaba definiendo, y en la que se integrarían jugadores similares como Lonnie Shelton, Kenny Carr o “Truck” Robinson hasta culminar en Karl Malone. Los Blazers necesitaban a Maurice Lucas, aunque no a cualquier precio. Los recursos financieros de la franquicia de Oregón eran sólidos pero limitados, y no podían soportar dos elecciones del draft de dispersión de la ABA (la suya propia y la obtenida de Atlanta) que costaban más de $300000 cada una, además de los salarios de los jugadores en cuestión. Los Trail Blazers no podían quedarse con los dos jugadores, Maurice Lucas y Moses Malone, sino que tendrían que escoger a uno. Malone aún no había madurado, encajaba peor en los sistemas de Ramsay y cobraba mucho más dinero que Lucas, así que fue el descartado.

Maurice Lucas encajó a la perfección en los Blazers. Él y Bill Walton eran muy parecidos tanto en sus intereses como en la forma de seguirlos, y Jack Ramsay era el tipo de entrenador perfecto con el que mantener una relación basada en el respeto mutuo. Luke se convirtió en uno de los favoritos de la grada, y sobre todo en un referente para la diminuta comunidad afroamericana de Portland. Bill Walton terminaría poniendo su nombre a uno de sus hijos, y juntos conquistaron el campeonato de la NBA después de remontar la final con la famosísima pelea entre Lucas y Darryl Dawkins – aunque Maurice Lucas estaba más orgulloso de lo que hizo el siguiente partido, cuando antes de empezar se dirigió al banquillo de los Sixers para estrechar la mano de Dawkins. En su opinión, ese gesto había terminado por desconcertar al pívot rival, y había sido decisivo en la victoria. Fue su momento de gloria, y el inicio de la “Blazermania”: todo un estado convencido de que su equipo había ganado no sólo por sus méritos deportivos, sino por una superioridad moral y una unión entre los jugadores que iba más allá de la pista.

No podía durar y no duró. La temporada siguiente apuntaba aún mejor, pero justo cuando el balance de 50-10 sugería un segundo campeonato Bill Walton se volvió a lesionar. No sólo fueron eliminados en playoffs, sino que la supuesta superioridad moral de los Blazers y los estrechos lazos entre sus miembros se disiparon en una nube de denuncias y acusaciones por mala praxis médica. Walton se marchó a San Diego, y dejó abierta una herida que terminó por desmembrar el equipo.

A pesar de su buena relación personal con Walton, Lucas se había sentido minusvalorado en comparación con él por lo que sospechaba eran motivos raciales. Los dos eran grandes jugadores conocidos por sus posturas políticas, pero la estrella famosa era el jugador blanco. Walton cobraba mucho más que él, recibía toda la atención de la prensa, alternaba con el propietario. Pocos recordaban que Maurice Lucas había sido el máximo anotador el año del campeonato, o que había sido él quien había decidido la eliminatoria contra los Lakers anunciada como “Walton vs Jabbar”. Pero sobre todo, Maurice Lucas albergaba un prolongado resentimiento por su sueldo. Cuando firmó con los Spirits no fue plenamente consciente de que se comprometía por cinco temporadas, y esos $75000 al año eran ridículos para uno de los mejores jugadores de la liga. Ese contrato seguía en vigor cuando llegó a Portland, y el propietario se negaba a renegociarlo por principio. Lucas tuvo que firmar una extensión para conseguir un sueldo apenas decente, $300000, y pronto se encontró con que jugadores correctos pero secundarios como Bobby Gross lo igualaban, mientras que un novato desconocido como Mychal Thompson lo superaba ampliamente. Exigió un traspaso, y después de tres años y medio abandonó Portland. Quizás la última imagen que dejó fue con Jack Ramsay en el vestíbulo del hotel, ambos con las manos en los hombros del otro disculpándose por no haber sido capaces de evitar que se llegara a esa situación.

Maurice Lucas se convirtió en un mercenario que iba de un equipo a otro aportando puntos, rebotes, defensa y dureza. No se consideraba violento, sino un jugador que ponía a prueba la entereza de los rivales. Como descubrió Fernando Martín, Lucas apreciaba al jugador que se sabía defender. Muchos años antes, en la ABA, Willie Wise había recibido un codazo de Maurice Lucas cuando intentaba cortar por la zona. Enfurecido, volvió a pedir la misma jugada. Cuando Lucas volvió a salir a su encuentro, Wise le estaba esperando y fue él quien le propinó el codazo. Willie Wise se preparó para lo peor, esperando verse envuelto en una pelea con el jugador que había noqueado a Gilmore, pero su sorpresa fue mayúscula cuando Lucas se limitó a darle una palmada en el trasero: “Buena jugada, chico.” Maurice Lucas reservaba su desprecio para los jugadores que en su opinión gustaban de dar pero no soportaban recibir, como Lonnie Shelton. Con Shelton tuvo su última gran pelea, pero la NBA había subido el importe de las multas a $1000 y ya no le salía a cuenta. Cuando volvieron a encontrarse un año después, Maurice Lucas se contentó con tirar del elástico de las calzonas de su rival y soltarlo para que restallara sobre el voluminoso culo de Lonnie Shelton.

Supongo que por eso cuesta imaginarse a ese hombretón duro como las tachuelas tumbado en una cama de hospital, gimiendo de dolor cuando le estrechaban la mano a él, cuyo apretón había sido legendario en Portland. Por eso el primer recuerdo que me viene a la mente no tiene nada que ver con enfermedades, sino que es del Maurice Lucas campeón en la cima del mundo, al comienzo de “Idol Time”. En un vestuario por fin vacío se encontraron a solas Lucas y Twardzik, los dos jugadores que habían venido de la liga del balón tricolor para proclamarse campeones de la NBA. Dave Twardzik, ese pequeño base blanco venido de Virginia, se acercó a su compañero con la palma extendida: “Give me some ABA loving.”

 

Comentarios

Los Blazers de Ramsay eran un caso especial. La mayoria de equipos no tenían más jugadores que supieran jugar ni nada de eso, tenían más anotadores y punto. Lo de defender quedaba para el "pívot malo". Véanse esos mismos Blazers con Jim Paxson, Clyde Drexler y Kiki Vandeweghe, jugando al pimpampum mientras Kenny Carr intentaba defender él solo.

Precioso obituario Meej. Un jugador que apenas conocia (solo por sus ultimos coletazos de los 80) pero cuya figura me intereso enormemente al leer Breaks of the Game. Gracias

Estupendo reportaje Meej como siempre. Hace poco encontré en internet tu blog "mis fantasmas favoritos" y no pude parar hasta que terminé de leer todos los artículos. Me permito sugerirte que escribas sobre el escándalo que azotó a los Phoenix suns a mediados de los ochenta por la relación de algunos jugadores con la droga, ya que creo que fue la punta del iceberg de un problema que estuvo a punto de acabar con la NBA. Espero impaciente tu siguiente artículo.

Que diferente era entonces la NBA. Para mi entonces se jugaba en equipo, vale que habia tambien especialistas, pero no era como ahora que un equipo solo tiene 2 o 3 jugadores que sepan realmente jugar a baloncesto.

Era un especialista, pero con mucha más clase y talento que los Reggie Evans, Joel Anthony y cía que pululan en la actual NBA. Su fama de duro ensombreció la figura de un jugador con calidad, que sanía hacer su trabajo y que no era precisamente manco en ataque. Tenía recursos técnicos más allá del puro físico.

Yo recuerdo a un Maurice Lucas en el fin de su carrera como un jugador duro como la roca, un armario empotrando que repartía estopa, pero con cierta "nobleza", como bien señala el autor, de los que da pero saber recibir y dar la cara. Que en paz descanse. Era uno de esos jugadores que relaciono con los primeros años en los que viví con pasión y cierto misticismo el baloncesto NBA. Gracias por el artículo, una vez más, meej.

Sí, era una de las bases de Jack Ramsay, en su libro habla mucho de ella. Pero cuando pasó a no tener jugadores tan buenos en los 80, la verdad es que salía bastante peor. Por cierto, de Maurice Lucas está en youtube entera la final estatal que jugó en el instituto, en el año 71.

Gracias por el artículo, no conocía casi nada de la carrera de Maurice Lucas. Por cierto, espectacular la defensa presionante de saltar y cambiar de Portland a toda pista en los primeros minutos del partido.

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