El Rey del Triple

 

“Necesito toda la sabiduría que pueda conseguir.”
(Su Majestad Jigme Singye Wangchuck, Rey Dragón, ante una estatua de la diosa de la sabiduría)

De todas las historias que componen el libro “Big Game, Small World” de Alexander Wolff, quizás no haya ninguna tan fascinante como la del rey de Bután, el Druk Gyalpo (literalmente, rey dragón) Jigme Singye Wangchuck.

Su entrada en wikipedia proporciona la información básica necesaria para conocerle: educado en colegios privados de la India y el Reino Unido, ascendió al trono de su país en 1972 cuando su padre murió de un infarto durante un safari. Sólo tenía entonces 16 años y acababa de convertirse en el monarca más joven del mundo. “La responsabilidad llegó de pronto. Fue una época muy difícil para mí,” declararía. “Ser rey es como un examen que nunca termina, y que no tienes derecho a suspender.” Desde el trono continuó la política aperturista de su padre, convencido de que sólo el apoyo internacional podía evitar que Bután fuese absorbido por la India o China, como había sucedido con sus vecinos. Al mismo tiempo, su principal objetivo era la protección de la cultura budista tradicional del país: “No somos una potencia militar o económica, lo único que tenemos es nuestra cultura.”

Eso provocó una de las políticas estatales más extrañas que se han visto. Por un lado, el rey ordenó a los funcionarios públicos que usaran el gho, la túnica tradicional de Bután desde el siglo XVII. También se prohibió la caza y la tala de árboles, con el objetivo de mantener no menos del 60% de la superficie del país en su estado natural. La presencia de turistas extranjeros se mantiene al mínimo, y la penetración de la televisión o de internet se controlan cuidadosamente. Pero por otro lado el rey inició una larga serie de reformas tales como construcción de carreteras, la mejora de la sanidad o el impulso de la escolarización entre todas las clases sociales. Se animaba a los ciudadanos a continuar sus estudios en el extranjero, sobre todo en la India, y lo sorprendente era que la inmensa mayoría decidían volver a Bután al terminar su educación. A pesar de su bajo Producto Interior Bruto apenas existe hambre en el país, aunque persisten problemas como la alta mortalidad infantil. Jigme Singye Wangchuck popularizó el concepto de “Felicidad Interior Bruta”, una medida difusa de la calidad de vida y el progreso social que sería el objetivo del país, en oposición al PIB. Conocido por recorrer el país entero a bordo de su Toyota para consultar directamente a los ciudadanos por sus inquietudes y necesidades, se convirtió en una figura tremendamente popular.

La reforma política del país fue también destacable. Jigme Singye Wangchuck creía que una monarquía hereditaria no era la forma ideal de gobierno, pero al mismo tiempo era consciente de que la implantación de democracias parlamentarias en Asia, África y Sudamérica había sido un fracaso. Inició un proceso largo y lento de descentralización y democratización del gobierno, creando consejos y asambleas elegidos por sufragio directo (del que estaban excluidas las mujeres). La Asamblea Nacional recibió el poder de emitir un voto de confianza al monarca, y en su último año en el trono el rey distribuyó por todo el país ejemplares del borrador de la nueva constitución, que recogía un procedimiento de censura a la corona. En 2005 anunció su próxima abdicación en su hijo, y la convocatoria de las primeras elecciones generales (de las que siguen estando excluidas las mujeres) para el 2008.

Sin embargo, su presencia en el libro de Wolff no tiene que ver con nada de todo ello, sino con el partido de baloncesto que el rey y sus guardaespaldas jugaban contra el equipo del ejército cada día a las tres de la tarde, en una plaza delante del palacio.

La causa de todo era el Dasho Paljor Dorji, apodado “Benji”. Benji era primo del rey, y asistió a una escuela privada en Darjeeling donde descubrió el baloncesto. Su afición fue creciendo mientras estudiaba Derecho en el Reino Unido y se graduaba en la academia militar de Sandhurst, hasta el extremo de pedirle a su padre (a la sazón, primer ministro del país) que como recuerdo de su primera visita a los Estados Unidos le trajera un balón firmado por Bob Cousy. Jigme Singye Wangchuck, entonces príncipe heredero, había intentado practicar otros deportes sin éxito. Temía herir a alguien con el arco (en Bután es costumbre que los espectadores se coloquen detrás de la diana para intentar distraer al tirador, algo sobre lo que prefiero no opinar), y sus ensayos como portero de fútbol no habían tenido éxito: el otro equipo se negaba a chutar a la portería defendida por el príncipe, y los partidos carecían de interés. Fue Benji el que le enseñó el baloncesto, un deporte en el que el príncipe podía participar como uno más. El príncipe siguió jugando mientras estudiaba en el Reino Unido, y cuando volvió se había convertido en el mejor jugador del país (mayormente por la falta de competencia). No sé si Getty Images tendrá en muchas fotos más extrañas que la del joven rey en 1974 jugando al baloncesto calzado con sus Pro Keds y con los faldones del gho colgando.

En 1979 Jigme Singye Wangchuck decidió que necesitaba mejorar, y envió un anuncio a los Estados Unidos solicitando un jugador que aceptase venir un año a Bután con los gastos pagados. A ese anuncio respondió Steve Nycum, un pívot de 2.05 que después de un año en Texas Tech había terminado su carrera en el Champan College (Division II de la NCAA). El protocolo impedía que Nycum entrenase directamente al monarca, pero éste se dirigía frecuentemente al americano para pedirle su opinión sobre el juego. Fue entonces cuando se instauró la costumbre del partido diario a las tres de la tarde entre el equipo del rey y sus guardaespaldas contra Steve Nycum y el equipo del ejército, que también contaba con la presencia del veterano Dasho Benji Dorji. En la pista el primo del rey era conocido por el apodo “CJ”, abreviatura de “chief justice” o juez supremo ya que ése era su cargo oficial. Sin embargo, Benji solía decir que en realidad significaba “court jester” o bufón de la corte, debido a su gusto por las bromas con el balón. A pesar de ello, “CJ” era un buen base para lo que se despachaba en Bután, y con la presencia de Nycum el equipo del ejército solía ganar la mayoría de los partidos.

Contra lo que se pudiera pensar, eso no era un problema para Jigme Singye Wangchuck. El rey solía exigir a los rivales que le defendieran con más intensidad, y cuando notaba que era objeto de una excesiva permisividad arbitral no dudaba en parar el partido y reprender al pobre árbitro. Steve Nycum pudo ver las mejoras introducidas por sus consejos de manera inmediata: el rey dejó de cometer pasos constantemente (que nunca le señalaban), y pasó a convertirse en un tirador imparable. Su juego se basaba en amagar meterse al poste para sacar el gancho, y a continuación cortar hacia afuera para recibir el bloqueo de sus inmensos guardaespaldas y lanzar el triple. Pronto su equipo igualó al del ejército, y para cuando Nycum se marchó el rey ya era capaz de ganar casi todos los partidos. Después de eso, el equipo del rey siempre ganaba la liga de la capital a golpe de triple, pero en una ocasión el rival de turno ofreció más resistencia de la esperada y la victoria se produjo por un solo punto. Cuando Jigme Singye Wangchuck recibió el trofeo como mejor jugador del torneo (había sido el máximo anotador), delante de todos se dirigió al mejor jugador del equipo perdedor y le entregó el trofeo. A pesar de ello, era evidente que los rivales apenas hacían por defenderle, y que el árbitro no era capaz de indicar el final del partido hasta que el rey lo indicaba.

A mediados de los noventa el rey tuvo que abandonar su pasatiempo. Los disturbios causados por la presencia de inmigrantes nepalíes aconsejaban que se dedicara a otros deportes donde fuera más fácil garantizar su seguridad, tales como el tenis o el golf. Pero sus hijos continuaron con su afición, y cuando Alexander Wolff visitó el país en 1999 pudo ver un partidillo en la plaza delante del palacio en el que participaban los hijos de Jigme Singye Wangchuck y los de Benji Dorji. Se decía que uno de los hijos del indomable “CJ” era el primer jugador del país capaz de hacer mates, y que cuando el príncipe heredero jugaba la liga local siempre acudía uno de los guardaespaldas de su padre con la misión de irle transmitiendo al rey minuto y resultado del encuentro.

Y es que el monarca había abandonado la práctica del baloncesto, pero no la afición: “Yo antes era de los Boston Celtics, pero los dos últimos años he ido con los Houston Rockets. No porque hayan ganado dos campeonatos de la NBA, sino porque no tenían banquillo. No tenían banquillo, y un quinteto titular que no era tan bueno como el de muchos otros equipos de la liga. Y a pesar de ello derrotaron a equipos más fuertes para ganar el campeonato.”

Qué quieres que te diga, a mí con que no sea de los Celtics ya me vale.
 

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