El Tamaño No Lo Es Todo, Pero Casi: Keith Closs

 

¿Quién no ha sentido alguna vez la tentación de dar limosna a los aficionados de los Clippers? Como dice el verso, no hay en el baloncesto nada como la pena de ser aficionado de los Clippers en Los Angeles. Son muchas las historias entre lo vergonzante y lo inexplicable que tienen su centro en la franquicia más maldita de la NBA, pero pocas tienen como protagonista a un jugador más inexplicable que Keith Closs, la leyenda de los mares de China.

Para los afortunados que no lo recuerden, Keith Closs era un pívot procedente de la Central Connecticut State University, una universidad pública que ocupaba el vagón de cola de la Division I de baloncesto ya que entonces no contaba en su haber con ninguna aparición en el torneo nacional de la NCAA. El único jugador procedente de esa universidad que había sido escogido en el draft de la NBA era Howie Dickenman, una decimoséptima ronda (17, un uno y un siete) de 1969. Cuando llegó Closs, sus Blue Devils nunca habían logrado un balance positivo en Div I, y venían de sumar sólo 4 victorias por 22 derrotas en la temporada anterior. Con el agua al cuello, el entrenador Mark Adams oyó hablar de un jugador de instituto de California que medía siete pies, y que podría estar interesado en acudir a Central Connecticut State ya que había nacido en Hartford y tenía familia en la zona. Por supuesto, había un motivo para que un jugador de esa estatura estuviese al alcance de una universidad de tercera fila: Keith Closs sufría de síndrome de déficit de atención, y durante su penúltimo año un enfrentamiento con el entrenador provocó su expulsión del equipo de baloncesto, por lo que el jugador dejó de acudir a las clases. Parecía poco probable que consiguiera graduarse en el instituto, pero un nuevo entrenador y un régimen especial de clases de apoyo consiguió que Keith Closs aprobara su último curso por los pelos mientras en la pista promediaba 19 puntos, 17 rebotes y 8 tapones por partido.

A pesar de sus problemas varias universidades se habían interesado por él, así que el entrenador Adams recurrió a medidas desesperadas: el padre de Keith Closs cumplía condena en una cárcel de Connecticut, y Mark Adams tiró de sus contactos para conseguir que el jugador pudiera visitar a su padre por primera vez en cuatro años. Al salir de la cárcel, Keith Closs firmó la “letter of intent”. Durante su primera temporada, en 1994-95, Closs fue el máximo taponador de la NCAA y batió el récord de tapones por un freshman, que hasta entonces era propiedad de Shawn Bradley. Sus promedios de 10.2 puntos, 7.4 rebotes y 5.3 tapones por partido no mejoraron demasiado el récord del equipo (pasaron de un 4-22 a un 5-18), pero sí hicieron que fuese escogido en el quinteto ideal de rookies de la Mid-Continent Conference en 1995. La temporada siguiente fue elegido para el quinteto ideal de la conferencia, y sus números aumentaron a 13.5 puntos, 9.3 rebotes y 6.4 tapones por partido, lo que suponía batir el récord de la NCAA en tapones que poseía David Robinson. “Join the Block Party”, anunciaba una enorme pancarta en el Detrick Gymnasium, y la marca final de 13 victorias por 15 derrotas era el mejor balance de los Blue Devils desde su ascenso a Divison I.

A pesar de ello, la universidad decidió “reasignar” a Mark Adams a otro puesto en abril de 1996. En realidad, no se trataba tanto de despedir a Adams como de contratar a Howie Dickenman, la única estrella en la historia del baloncesto en Central Connecticut que por fin había aceptado ocupar el banquillo. Para Keith Closs, el despido del entrenador que lo había reclutado suponía el fin de su conexión con la universidad a pesar de la buena marcha de sus estudios. Solicitó de inmediato la cancelación de su beca con la idea poco definida de pedir el traslado a otra universidad, pero cuando Central intentó oponerse Keith Closs simplemente se marchó.

Mientras esperaba su gran oportunidad en el draft de 1997, Keith Closs pasó la temporada 1996-97 con los Norwich Neptunes, un equipo profesional de Connecticut que formaba parte de la desconocida Atlantic Basketball Association con los que promedió 12 puntos, 6 rebotes y 5 tapones por partido. Sin embargo, su paso por los “tryouts” y campus pre-draft, principalmente de los Boston Celtics, fueron un completo fracaso. Quienes recuerden a Keith Closs seguramente lo hagan por su extraña figura, un cuerpo de casi 2.20 de estatura con poco más de 90 kilos de peso que parecía que se iba a desmontar en cualquier momento. Su falta de músculo provocaba comparaciones con el legendario Manute Bol, y sus problemas de falta de atención despertaban recelos entre los ojeadores. Para su enorme decepción, Keith Closs no fue elegido por ningún equipo de la NBA en el draft del 97. Claro que para algo creó dios a los Clippers.

Los Angeles Clippers habían terminado la temporada 1996-97 en puestos de playoffs, pero no os asustéis porque eso no indicaba ninguna alteración del orden cósmico. Apenas habían alcanzado las 36 victorias, así que no se trataba de que los Clippers hubiesen mejorado como de que los demás habían sido aún peores. Ese triste balance hacía que a pesar de haber entrado en playoff el equipo se planteara la urgente necesidad de refuerzos. Una de las posiciones más débiles era el puesto de pívot, que desde que Brian Williams / Bison Dele se negara a renovar estaba cubierto de manera circunstancial por dos ala-pívots voluntariosos como Loy Vaught y Lorenzen Wright. Con la retirada de Kevin Duckworth, el único “cinco” de la plantilla era Stanley Roberts, que apuraba las últimas temporadas del megacontrato que le firmaran años atrás los Orlando Magic para evitar que fichase por los Dallas Mavericks (el motivo por el que los Magic no querían que Roberts se fuese a Dallas se me escapa, entonces y ahora). A pesar de algunos momentos de brillo fugaz, la carrera de Stanley Roberts en Los Angeles se había visto marcada por los problemas de sobrepeso, lesiones y faltas de disciplina, que ese verano culminaron en un enfrentamiento público con el entrenador Bill Fitch. En un clásico traspaso “yo te doy mi problema a cambio de tu problema”, los Clippers enviaron a Stanley Roberts rumbo a Minneessootta y recibieron a cambio a Stojko Vrankovic, cuyo paso por los Wolves se había saldado con un rotundo fracaso. Los Clippers recibían a un jugador más sano y menos problemático, y los Wolves a uno con un contrato más corto. Con el titular resuelto, los Clippers buscaban a un suplente en el mercado de saldos, gangas y restos de serie con candidatos como Rastko Cvetkovic o Nate Huffman, el larguirucho pelirrojo que ganó una Copa de Europa con el Fuenlabrada (yo lo recuerdo así).

Mientras, los Lakers también andaban buscando un sustituto para el pívot Travis Knight, que acababa de fichar por los Boston Celtics después de una temporada rookie sorprendentemente efectiva. Para hacernos una idea del nivel, uno de los candidatos era el futuro madridista Paul Rogers, y otro era Keith Closs. Ambos formaban parte del equipo inscrito por los Lakers en la FILA Summer Pro League de California en julio de 1997, donde acompañaban a un tal Kobe Bryant. Keith Closs se convirtió en la gran revelación de la liga de verano, promediando 11.6 puntos, 7.3 rebotes y 4.4 tapones por partido. Los Lakers le ofrecieron un contrato, y para un joven criado en California como Closs se trataba de un sueño hecho realidad. Pero esa realidad incluía que los Lakers sólo podían ofrecerle el salario mínimo, y para entonces había otros equipos interesados en el jugador. Los Portland Trail Blazers invitaron a Keith Closs a su equipo para la Rocky Mountain Revue, otra liga de verano, donde formó pareja interior con el jovencísimo Jermaine O’Neal.

La prensa publicaba comentarios elogiosos de entrenadores y ojeadores, que destacaban no sólo su capacidad anotadora sino también su movilidad e incluso una especie de ganchito que se había sacado imitando a su ídolo Kareem Abdul-Jabbar. Lakers, Blazers, Celtics, Nuggets, Sonics, Wizards... Los Clippers tenían que darse prisa si querían asegurarse sus servicios, así que el 8 de agosto de 1997 renunciaron a sus derechos sobre el agente libre Malik Sealy y usaron ese espacio salarial para firmarle un contrato a Keith Closs por cinco temporadas y 8.5$ millones de dólares. Millones, repito. A escala, se trataba de un contrato tan desorbitado como el de Kevin Garnett, y en el vestuario de los Clippers cayó como un jarro de agua fría que se le firmara un contrato de cinco años y más de millón y medio por temporada a un jugador que no era nadie, que había pasado fugazmente por una universidad de tercera fila y cuyo único mérito residía en una buena liga de verano con los Lakers.

El debut de Keith Closs en un amistoso contra los Vancouver Grizzlies sirvió para acallar algunos rumores gracias a su buena actuación con 11 puntos, 13 rebotes y 4 tapones. Durante los primeros meses de liga, el pívot ofreció algunos destellos de auténtico potencial NBA, como su enfrentamiento contra Dikembe Mutombo y los Hawks, o contra los Lakers aprovechando la ausencia de Shaquille O’Neal. Pero su rendimiento global fue deficiente, confirmando la impresión de que en el mejor de los casos se trataba de un jugador muy verde que necesitaría tiempo y trabajo para poder contribuir al equipo con regularidad. Con su aspecto desgarbado, su falta de peso, sus pecas y sus llamativos peinados (alternando las “cornrows” con una afro setentera), Keith Closs se convirtió en objeto de burla para los aficionados, que aplaudían por igual sus ocasionales tapones como los mates estruendosos que le propinaban los rivales (en youtube se pueden encontrar dos clásicos de Antonio Daniels y Chris Webber). Tampoco ayudaban sus faltas de disciplina y sus problemas de actitud, que provocaron enfrentamientos con un entrenador con fama de autoritario como Bill Fitch. Keith Closs faltaba a algunos entrenamientos, y lo arreglaba con declaraciones a la prensa en las que manifestaba una fe en sí mismo que no se había visto en la liga desde los tiempos de Jawann Oldham. Closs especulaba públicamente sobre su sueño de tener una carrera NBA a la altura de Abdul-Jabbar y afirmaba que sus números se dispararían si pudiera gozar de minutos con regularidad, lo cual aumentaba la hilaridad de los aficionados que habían podido contemplar sus movimientos sobre la pista. Años después, Keith Closs declaró a la revista SLAM que había tenido problemas con la bebida desde muy joven, y que el alcoholismo había empeorado su situación en los Clippers.

En cualquier caso, el bajo rendimiento de Vrankovic y la falta de madurez de Closs significaban que el equipo seguía teniendo un serio problema en el puesto de “cinco” a pesar del dinero gastado ese verano. Ambos aportaban tapones, pero nada más; su falta de velocidad los hacía vulnerables en defensa, apenas aportaban en ataque y eran uno de los motivos de que los Clippers se vieran permanentemente superados en rebotes. Con el equipo en caída libre, los Clippers necesitaban a Isaac Austin. Ike Austin era un jugador poco conocido que había pasado fugazmente por la NBA antes de viajar a ligas europeas de segunda fila como Francia o Turquía. Los Miami Heat lo habían repescado como suplente de Alonzo Mourning, y en su segunda etapa en la NBA su rendimiento había sido sorprendente. Mourning se lesionó la rodilla al comienzo de la temporada 1997-98, y Austin se convirtió en la gran sorpresa del año al promediar casi un 20-10 como pívot titular. Pero Ike Austin terminaba contrato y los Heat no disponían de espacio salarial para renovarle, así que cuando Mourning se recuperó intentaron buscar un traspaso que no era fácil ya que los demás equipos temían que el pívot fichara por el mejor postor al finalizar la temporada. En su desesperación, los Clippers no podían permitirse el lujo de ponerse exquisitos, y obtuvieron a Ike Austin a cambio del escolta Brent Barry. Con la llegada de Austin el equipo consiguió por fin un pívot productivo, y Keith Closs se vio relegado al fondo de banquillo junto a Vrankovic.

Cuando se resolvió el locao de 1998, muchas cosas habían cambiado en los Clippers. Chris Ford había reemplazado a Bill Fitch en el banquillo, Ike Austin había fichado por los Magic, y los Clippers habían escogido con el número uno del draft a Michael Olowokandi (mi ejemplo favorito para explicar que cuatro años en la NCAA no hacen milagros). El estilo de juego de Ford casaba mal con pívots altos y lentos como Vrankovic y Closs, y además los Clippers estaban dispuestos a dar minutos a su flamante número uno, así que Keith Closs apenas pisó el parqué en la temporada 98-99. El único aspecto positivo fue que el equipo contrató al legendario Kareem Abdul-Jabbar como entrenador personal para Olowokandi. Para Keith Closs, que usaba el número 33 y que citaba a “Giant Steps” como su libro favorito, fue la oportunidad soñada para trabajar con su ídolo, aunque los resultados no fueran muy evidentes.

Las cosas mejoraron al año siguiente, cuando volvió a la FILA Summer Pro League con mejor actitud y dispuesto a trabajar para levantar su carrera. A pesar de varios desencuentros públicos con el entrenador y un paso por la lista de lesionados para ver si era capaz de ganar algo de músculo, Keith Closs se asentó como suplente de Olowokandi y volvió a jugar minutos con regularidad. Pero era el final para Keith Closs. El nuevo entrenador Alvin Gentry quería reconstruir el equipo sobre la base de jóvenes como Lamar Odom o Darius Miles, y además los Clippers acababan de obtener en un traspaso al veterano pívot Sean Rooks para que diera descanso a Olowokandi. Keith Closs fue desterrado a la lista de lesionados por lo que se llamó “falta de condición física”, y al terminar la temporada fue cortado el verano del 2001 cuando aún le quedaba un año de contrato.

Keith Closs pasó el verano con los Pennsylvania Valley Dawgs de la USBL, y en agosto firmó por un equipo de la A2 italiana, el New Basket Napoli. No convenció a sus responsables, y sin llegar a debutar en competición oficial fue sustituido por Andre Hutson. Keith Closs formó parte de los Harlem Globetrotters en la temporada 2001-02, y durante los años siguientes fue pasando de equipo en equipo por las ligas menores de EEUU, con etapas en la ABA (Detroit Motown Jammers, Orange County Buzz, South California Legends, Buffalo Silverbacks), CBA (Rockford Lightning, Gary Steelheads, Butte Daredevils) e IBL (Detroit Pros). En 2007 su nombre volvió a sonar cuando los Tulsa 66ers lo escogieron en la quinta ronda del draft de la NBDL. No lo hizo mal en la Development League, y consiguió un contrato en China con los Running Bulls de Yunnan Honghe como compañero de Gabe Muoneke. Actualmente compite en ligas locales de California como la JBL Pro Am League, formando parte de equipos llamados “Delta Jammers Play2Win” o “Santa Barbara Breakers” donde el único aliciente es ser compañero de Kareem Abdul-Jabbar Jr, el hijo de su ídolo. Keith Closs afirma que ha controlado su problema con la bebida y que acude regularmente a las reuniones de Alcohólicos Anónimos, aunque su apodo “Tall Can” despierta algunas dudas.

En fin. Hoy pocos lo recuerdan más que por un youtube de su época en la NBA, en el que una masa embravecida lo derriba durante una riña tumultuaria delante de un discopub y lo muelen a palos. Yo prefiero recordarlo como uno de los mejores ejemplos de por qué los Clippers son los Clippers, el jugador de 2.20 y 90 kilos al que pagaron ocho millones y medio de dólares porque jugó bien una liga de verano. Y ni siquiera con el equipo.
 

Comentarios

Reservé leer este artículo para imprimirlo, y leerlo lejos del frenético marco que envuelve una pantalla con todas las puertas que alberga Internet. Una buena terraza, soleada y un buen café fueron los compañeros perfectos para disfrutar de éste gran trabajo. Felicidades, Meej!

Era una broma, por lo que tuvo de sorpresa en su día que un jugador desconocido fichado por el Fuenla terminara de campeón europeo. Uno de los primeros aciertos del Fuenlabrada en el scouting, que no sería el último.

Fallo mio por no pillar la broma, la verdad que ese año que estubo en el fuenla no se si queda primero en tapones o segundo pujando con Sherron Mills cuando estaba en el Manresa.

Fue una pena como acabo este jugador, que fue fichado por los Raptors con un buen contrato y al final acabaron abucheandole e incluso metiendse con el tatuaje que tenia del logotipo de la NBA.

Saludos Foreros.

Grandisimo articulo Meej, la verdad que los recuerdos que tengo de este jugador son jugando al NBA live 98 y por su figura tan desgarbada en la pista.

Si me permites una pequeña correcion, si no recuerdo mal Huffman con el fuenlabrada no gano nada, si no recuerdo mal fue con el Maccabi que lo ficho del Fuenla, hablo de memoria.

Un saludo y gracias por tus articulos.

Keith Closs, un raro especimen NBA: Alto, flacucho, pecoso y con uno de los afros más espectaculares jamás visto. Más conocido por su imagen, que por su juego. Gran artículo, meej.

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