Hermano de los Príncipes y Compañero de los Mendigos: Tito Wes

 

“No puedes despedir a Wes. No trabaja para ti. Es como ese tío de ‘Pulp Fiction’ al que llaman para que arregle situaciones complicadas.” (NBA Player X, un jugador que supuestamente escribe en ESPN de forma anónima)

Se suele decir que las tres figuras más poderosas del baloncesto estadounidense a día de hoy son el comisionado de la NBA David Stern, el propietario de Nike Phil Knight y William Wesley. Es probable que se trate de una exageración y que la posición que ocupa el señor Wesley no sea superior a la que antes perteneció a Sonny Vaccaro o a David Falk, pero no es ése el aspecto más interesante de la cuestión. El aspecto más interesante es ¿de qué vive William Wesley?

Henry Abbott, el creador del blog True Hoop, lleva años fascinado por la figura de “World Wide” Wes, y afirma haber acumulado suficiente material como para escribir un libro sobre él. Sin embargo, reconoce que es imposible escribir ese libro porque hoy es el día en el que no ha logrado averiguar en qué trabaja William Wesley. No se le conoce cargo definido en Nike, y la empresa ni confirma ni desmiente esa relación; su posición en la agencia Creative Artist’s Agency (CAA) ha permanecido sin definirse durante años, hasta que hace unas semanas Wesley se colegió como agente y representante... de entrenadores; sus negocios inmobiliarios con la financiera Greentree Mortgage no parecen ser más que un detalle periférico de sus múltiples actividades.

Según entrenadores, ejecutivos y agentes rivales, “World Wide” Wes es un parásito que vive en los entresijos del sistema, lucrándose a base de convencer a los jugadores para que firmen con su agencia, calcen Nike y jueguen en los equipos en los que tiene intereses ocultos. Y no les falta razón, aclaro. Leon Rose carece de la experiencia y el renombre necesarios para reunir una cartera de clientes como la suya, y no es ningún secreto que casi todos los jugadores a los que representa han llegado de la mano de Wesley. Quizás el aspecto más sombrío sea su relación con John Calipari, un entrenador cuyas dudosas prácticas de reclutamiento lo han convertido en el mayor dolor de cabeza de la NCAA en mucho tiempo. Dajuan Wagner, Tyreke Evans y Derrick Rose, los tres jugadores cuyo reclutamiento está en el centro de la polémica sobre la etapa de Calipari en la Universidad de Memphis, llegaron de la mano de William Wesley. Eddy Curry admitió abiertamente que Wesley estuvo detrás de su cambio de agente, cuando pasó a ser representado por Leon Rose. Sin embargo, esas críticas son minoritarias y en muchos casos interesadas. La gran mayoría de quienes lo conocen hablan maravillas del señor Wesley, y al señor Wesley lo conoce todo el mundo.

A principios de los ochenta, William Wesley era “Fresh Wes” en Pro Shoes, una tienda de calzado deportivo en New Jersey que frecuentaban jugadores desde instituto hasta la NBA. Fue allí donde Wes se hizo amigo de dos jóvenes promesas de Camden, Billy Thompson y Milt Wagner, que terminarían siendo compañeros de equipo primero en Louisville y luego en los Lakers. Otro de esos jugadores de Louisville era Kenny Payne, que en 1989 formaba parte de los Sixers junto con Ricky Mahorn. Mahorn acababa de comprar un club nocturno llamado Cherry Hill y buscaba un portero, así que Payne le recomendó a Wes. Todos los famosos amigos de “Wes” Wesley empezaron a acudir regularmente al local hasta que se puso de moda, y poco después Wesley había ascendido de portero a gerente del club. Fue en esa época cuando amplió su círculo de conocidos para incluir a figuras relevantes de la música y el espectáculo, en especial cantantes de rap. Su gran amigo Milt Wagner le permitió dar el gran salto cuando le presentó a Michael Jordan. William Wesley se trasladó a Chicago, primero para trabajar en el campus de verano de Jordan y luego como socio propietario de un nuevo club, el Riviera. Varios jugadores de los Bulls como Jordan, Pippen, Harper o Rodman se convirtieron en clientes habituales, y eso sirvió para que el local fuera todo un éxito. Fue entonces cuando comenzó la leyenda de “World Wide Wes”.

De repente y sin ninguna razón evidente, William Wesley estaba en todas partes. “Llegué a pensar que trabajaba para el Servicio Secreto o la CIA o el FBI”, recordaba el periodista de Chicago Lacy Banks. “Después pensé que era un chulo, que buscaba chicas para los jugadores, o que era un prestamista, o un guardaespaldas, o el vice comisionado de la liga.” Cuando los Pacers asaltaron las gradas de Auburn Hills en 2002, muchos se preguntaron quién era ese fulano enchaquetado que saltó a la pista para separar a Ron Artest de la policía. Durante los Juegos Olímpicos de Atenas’04 se alojó en el Queen Mary II, el lujoso trasatlántico que sirvió de residencia a la selección estadounidense de baloncesto. Un año después, cuando los Pistons ganaron el campeonato una de las primeras fotos de la celebración era Wes abrazando a Joe Dumars. Y no es que William Wesley se limite al baloncesto, ya que también es fácil encontrarlo enmedio del campo durante la celebración de una Super Bowl o en una final universitaria.

Y nadie sabe exactamente qué es lo que hace. Algunos de los jugadores a los que dedica su tiempo e interés terminan siendo representados por CAA, pero otros muchos no. Algunos terminan en los equipos de sus entrenadores favoritos, pero otros muchos no. La mayoría terminan calzando Nike, pero es que todo el mundo calza Nike.

William Wesley es en una palabra un facilitador. Cuando alguien, sea jugador, entrenador o directivo, necesita algo, llama a “Uncle Wes” para que suceda. Invariablemente Wesley tiene los contactos y la experiencia necesarios para ponerlo en marcha, después de lo cual se retira y deja que las partes alcancen un acuerdo sin intervenir de manera directa. Como escribió “NBA Player X”, Wes no trabaja para nadie, ni siquiera para sí mismo de forma que se perciba. El caso de ese jugador bajo pseudónimo parece típico: poco después de llegar a la NBA recibió una llamada de “Uncle Wes” interesándose por su contrato. El jugador explicó las condiciones que había firmado, y Wesley le respondió que era un buen contrato y que el agente del jugador (con el que no parece tener afiliación) había hecho un buen trabajo. No le incitó a cambiar de representante, ni le ofreció ningún negocio, ni le pidió nada a cambio. Pero cada vez que el jugador se vio en la necesidad de solucionar algún negocio, desde comprar una casa hasta firmar un contrato publicitario, lo primero que hizo fue llamar a “Uncle Wes” para averiguar cómo y con quién debía tratar. Esta posición de Wes Wesley como mediador es seguramente el aspecto más misterioso de toda la historia, el nudo que ni Henry Abbott ha sido capaz de desentrañar.

“Nunca me ha pedido nada”, explicó LeBron James a un periodista. Ésa es sin duda una de las claves del papel que ocupa “Uncle Wes” ante sus “sobrinos”. Los deportistas profesionales tienden a rodearse de familiares y amigos de la infancia porque descubren que apenas pueden confiar en quienes se acercan después de alcanzar la fama y la fortuna. Se pasan la vida rodeados de explotadores y aprovechados en el sentido más amplio del término, desde el entrenador que busca progresar en su carrera al directivo que intenta explotarles. Si el médico del equipo les recomienda jugar con medicación, nunca saben si lo hace por presiones del club. Si un amigo les recomienda acudir a una fiesta, es posible que el dueño del local le haya pagado para que lo traiga. El deportista se siente como una vaca a la que todos quieren ordeñar, sin saber en quién confiar.

Ahí entra William Wesley. Wes no trabaja para nadie y no parece intentar convencer a los jugadores de nada. Su cercanía a LeBron James disparó toda clase de rumores durante los últimos meses: James iría a Chicago con Derrick Rose, otro de los “purasangres” de Wes; James iría a los Nets, donde su ídolo el rapero Jay-Z (otro amigo de Wesley) es propietario minoritario; James iría al equipo que aceptara contratar a John Calipari como entrenador. Al final, a pesar de los desvaríos de Adrian Wojnarowski resulta que Wes casi no ha intervenido en la decisión de LeBron James, que la han tomado los llamados “Four Horsemen” (LeBron, Maverick Carter, Randy Mims y Rich Paul). El punto de vista de Wesley parece ser que a quien le corresponde tomar según qué decisiones es al jugador, y que él sólo está para ayudar a que se lleven a cabo. En cierto sentido, se puede decir que es el ideólogo que está detrás de la filosofía de “player empowerment” que recorre la liga, animando a los jugadores a tomar parte activa en el control de sus carreras y la gestión de sus negocios.

Esto no supone que Wes crea en una especie de patente de corso para deportistas. Antes al contrario, uno de sus rasgos más conocidos es su insistencia en que los jugadores mantengan en todo momento un comportamiento totalmente profesional. El ex-entrenador de los Cavs Mike Brown era uno de los que admitía recurrir a William Wesley cuando tenía problemas con algún jugador, y dicen que una llamada de teléfono le bastó para hacer que Allen Iverson volviera a los entrenamientos (“he’s talking ‘bout practice” etc). NBA Player X explicaba que su misma independencia le permite a Wes dar consejos a los jugadores sin ser sospechoso de parcialidad, y ponía como ejemplo la manera en la que disolvió sumariamente la “posse” de una estrella de la liga. Esos dos pueden quedarse, vino a decir, pero deshazte del resto o te acabarán hundiendo. Después del último allstar, el periodista Bill Simmons contaba asombrado su encuentro con Mr Wesley en una fiesta. A la salida, una joven estrella de la NBA sugirió buscar otro bar para seguir de marcha, y Wes le paró los pies con dos frases: “Nothing good can happen at this point,” dijo. “You can’t chase the night. When the night is over, the night is over.” El jugador cogió el primer taxi y se volvió a su hotel a dormir. Wes había hablado.

Ahí parece residir su auténtico poder. “Uncle Wes” deslumbra a los jugadores jóvenes con el poder de su teléfono móvil, capaz de ponerte en contacto inmediato con Michael Jordan, Beyoncé o Hillary Clinton (para gustos los colores); pero lo que cimenta su posición es la confianza de que cuando habla, no lo hace por su interés o conveniencia sino por el jugador. A diferencia de quienes suelen rodear a las estrellas del deporte, Wesley no parece buscar el dinero, y directamente huye de la fama. El par de entrevistas que se le pueden encontrar resultan casi cómicas, con Wesley contestando una y otra vez “no lo sé” o “no estoy informado de ello”. Quienes han hablado con él coinciden en que quita trascendencia a su papel, y tanto el New York Times como GQ fracasaron en su intento de entrevistarlo. Alex French, el periodista de GQ, lo descubrió en primera persona cuando intentó abordar a Wes: “He oído hablar de ti. Me han dicho que has estado engañando a la gente. Haciendo muchas preguntas sobre mí. Yo no soy noticia. Sólo soy un tipo simpático, no soy poderoso, eso son historias.”

Historias envueltas en rumores, anécdotas y desconocimiento. Como bien dijo William Wesley, “no puedes perseguir la noche.”

Comentarios

9 minutos después llegaba el sr.lobo...jajaja... muy ameno y divulgativo el artículo. sin ponernos empalagosos ,de alta, vieja y sencilla escuela, esa que trata asuntos "periféricos" de un negocio, que realmente explican el negocio. y sobre todo, una historia divertida. gracias tb por mi parte

Por no hablar de su frasecita, una de las frases más famosas de la historia del cine: "No nos chupemos todavía las p****s"... No me imagino a Wesley diciéndole eso a LeBron XD...

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