Jim Pollard, The Kangaroo Husband

 

Recientemente la web de la ESPN presentó un apelcito que permitía elegir qué jugadores de los Lakers formarían parte de un quinteto ideal histórico. Aunque el debate se centró en Gasol, lo que a mí me sorprendió fue no encontrar a Jim Pollard entre los candidatos disponibles. Lo cual indica o bien una notable torpeza por mi parte, o bien una omisión que roza la grosería. Porque Jim Pollard fue grande, muy grande, al nivel del James Worthy que fue mejor jugador universitario del país, y que luego se incorporó a los Lakers como alero aceptando con madurez un papel secundario.

Los dos pilares sobre los que se articulan los comienzos del baloncesto americano, los playgrounds de New York y los graneros del Midwest que combatieron en la Primera Guerra Fundamentalista, han sido explorados adecuadamente por los historiadores. Sin embargo se ha ignorado la aportación de California, de donde surgían periódicamente figuras heterodoxas y polémicas que viajaban al Este para sacudir las conciencias y poner en duda los axiomas sagrados del baloncesto de la época. De allí vinieron los equipos AAU de los estudios de cine para formar parte de la primera selección olímpica estadounidense, con un peliculero llamado Frank Lubin que se convertiría en el padre del baloncesto lituano. Algunos años más tarde , fue de Stanford de donde llegó Hank Luisetti para escandalizar al Madison Square Garden con su tiro a una mano que los entrenadores de la región se negaban a practicar, y aún más tarde vino de San Francisco un mocetón llamado Bill Russell para explicar qué era eso de la defensa. Y luego estaba Oakland.

Jim Pollard era de Oakland, y a pesar de ello no sentía el menor deseo de ser de otro sitio. Fue allí donde se dio a conocer en la Oakland Tech High comoo uno de los jugadores de instituto más deseados del país. Como casi todos los de más de 1.90, Pollard jugaba entonces de pívot, pero eso cambió el verano que terminó el instituto. Jim Pollard se unió a un equipo de la AAU patrocinado por la heladería Golden State Creamery, y descubrió que contra los mayores carecía de la superioridad física para jugar al poste. Lejos de desanimarse, “Jumping Jim” pasó a jugar de cara al aro, mostrando unos recursos de bote y tiro que hicieron aumentar su cotización aún más.

Pollard no tenía la menor intención de alejarse de su ciudad, así que no dudó en responder a la llamada de la universidad de Stanford. Especialmente cuando el encargado de convencerle era su gran ídolo, nada menos que Hank Luisetti, graduado poco antes y que de vez en cuando aún volvía para echar un partidillo contra los Indians. En sólo dos cursos, Jim Pollard dio el salto final a la élite del baloncesto en el torneo de la NCAA que ganó Stanford en 1942. A pesar de que su baja en la gran final debido a una gripe inoportuna, Pollard fue el MVP y el máximo anotador del torneo, y sus contemporáneos lo consideraban el jugador más completo que habían visto jamás. La pareja Jim Pollard – Howie Dallmar parecía casi imbatible, y sólo la movilización general provocada por la Segunda Guerra Mundial pudo disolverla.

Jim Pollard se incorporó a la unidad de Guardacostas de la US Navy Naval Air Station de Alameda, en la Bahía de San Francisco, donde sirvió como instructor de preparación física mientras se convertía en la gran estrella de los Sealions, el equipo de baloncesto de la unidad. Curiosamente, el servicio militar le permitió a Jim Pollard realizar uno de sus sueños de adolescencia: enfrentarse en competición a su ídolo Hank Luisetti, que formaba parte del equipo de baloncesto de St. Mary’s Pre-Flight School en Moraga, California, considerado el más potente de todas las fuerzas armadas. Tanto Pollard como Luisetti fueron elegidos en el equipo ideal de las fuerzas armadas durante los tres años que permanecieron en servicio, y por tanto sus cuatro enfrentamientos entre 1943 y 1944 levantaron gran expectación entre los aficionados. Todos se jugaron en el San Francisco Civic Center, donde sus 7000 localidades se llenaron al completo en cada partido. Hank Luisetti estaba jugando el mejor baloncesto de su carrera, y las cuatro veces superó a su rival en el enfrentamiento individual y colectivo. Sin embargo, el margen de victoria de St Mary’s fue exiguo, y a pesar de verse superado Jim Pollard obtuvo al menos el reconocimiento de ser el único rival que había logrado plantar cara al jugador exterior más determinante de la primera mitad del siglo XX.

El hecho diferencial del baloncesto de la Costa Oeste residía en la importancia de la AAU, que ocupaba el lugar que en otras zonas correspondía a la liga universitaria. Con tantos jugadores movilizados, muchos de los equipos de la AAU se disolvieron y fueron reemplazados por los combinados de las fuerzas armadas. Así, los Sealions de Jim Pollard complementaron su temporada jugando (y ganando) ligas regionales de la AAU como la Northern California Basketball Association, o el prestigioso torneo de la Pacific Association que se celebraba en San Francisco. Los Guardacostas de Alameda terminaron las dos temporadas con un balance de 26-2 y 25-3, y se clasificaron para el torneo nacional de la AAU de 1942 en Denver. Sin embargo, esa primera participación de Jim Pollard en el torneo de la AAU resultó decepcionante, ya que los Sealions fueron eliminados enseguida por un rival inferior. Pollard ofreció una actuación sobresaliente, con 24 puntos y la canasta que forzó la prórroga, pero el equipo de una Naval Air Station de Oklahoma terminó venciendo por un ajustado 38-35. En 1945 Jim Pollard fue destinado a Hawai, con lo que se tuvo que alejar de su amada bahía, pero incluso allí siguió sumando victorias con los Coast Guard Cutters de Honolulu, a los que hizo campeones de la Central Pacific Area.

El final de la guerra liberó a Jim Pollard de sus obligaciones militares, y le faltó tiempo para volver a su tierra. La AAU acababa de organizar una liga llamada ABL para aprovechar todos los equipos que estaban surgiendo, y Jim Pollard se unió a la aventura como gran fichaje de los San Diego Dons. Los Dons eran un equipo pequeño propiedad de un dentista de San Diego muy aficionado al deporte, pero lograron conjuntar una potente plantilla con estrellas universitarias como Jim Pollard o Kenny Sailors, de Wyoming (por no hablar de Jack Ramsay, que no llegó a debutar). Los San Diego Dons jugaron una liga mediocre, pero luego consiguieron llegar a la final del torneo de la AAU de Denver a pesar de la ausencia de Sailors. Jugando de “cinco”, Jim Pollard eliminó a los anfitriones en una semifinal de juego brillante, pero luego en la final no lograron superar la profundidad de banquillo de los poderosos Phillips 66ers. Esa gran actuación atrajo ofertas de equipos profesionales como los Rochester Royals o los Philadelphia Warriors, pero una vez más Pollard prefirió quedarse en casa.

Aunque el encanto de la AAU eran precisamente esos equipitos modestos como los San Diego Dons, a la hora de la verdad carecían de recursos para retener a sus mejores jugadores. Mientras, en Oakland un agente de seguros y asesor fiscal llamado Lou Bittner decidió crear un equipo AAU de primer nivel, y Jim Pollard no dejó pasar la oportunidad de volver a su ciudad natal. Entrenados por Bill Wheatley, antiguo miembro de la selección olímpica de 1936, y reuniendo lo más granado del baloncesto de la zona de San Francisco, los Oakland Bittners se alzaron a la élite de la AAU, compitiendo de tú a tú contra los todopoderosos Phillips 66ers de Bob Kurland. Durante toda la temporada 1946-47 los 66ers y los Bittners mantuvieron rumbo de colisión en todas las competiciones. El partido de la liga ABL entre esos dos equipos fue el mayor acontecimiento baloncestístico vivido en Oakland hasta entonces, con ocho mil espectadores atestando el Oakland Coliseum y otro par de millares en los alrededores del pabellón por haberse quedado sin entradas. Jim Pollard con 19 puntos lideró a los Bittners a la victoria por 59-47, pero los 66ers se vengaron en el partido de vuelta y se llevaron la liga. Luego fue el turno de los Oakland Bittners, que conquistaron el torneo de la ABL, y poco después volvieron a encontrarse en la gran final del torneo nacional de la AAU en Denver, que terminaron ganando los Phillips 66ers. Los Oakland Bittners lograrían conquistar el campeonato de la AAU un par de años después, de la mano de Don Barksdale, pero para entonces Jim Pollard ya había dejado el baloncesto amateur.

En Octubre de 1947, Maurice Podoloff convocó una reunión conjunta de las dos mayores ligas profesionales de la época, la BAA y la NBL, para tratar de una posible fusión (que daría como resultado la actual NBA). Podoloff comenzó su alocución subrayando los problemas que causaba la competencia entre las dos ligas, que provocaba una situación de debilidad que por ejemplo había impedido que ningún equipo consiguiera fichar a Pollard. En ese momento levantó la mano Sid Hartman, un periodista deportivo que actuaba en la práctica como gerente de los Lakers: “Aprovecho para anunciar que Jim Pollard acaba de firmar un contrato con la franquicia de Minneapolis.” Este anuncio cayó como una bomba en la reunión. Después de su gran temporada con los Bittners, el interés por ficharlo había alcanzado su punto máximo, y por ejemplo el propietario de los Baltimore Bullets había viajado personalmente a Denver para intentar convencerlo. Su fichaje por los Lakers fue una sorpresa completa.

Una de las causas de su cambio de opinión era la evidencia de que el baloncesto profesional iba para adelante, y que poco a poco iba alcanzando cierta estabilidad económica; pero lo que hacía más atractiva la oferta de los Lakers era la posibilidad de colaborar en la creación del equipo y que su nombre quedara ligado para siempre. Cuando Sid Hartman se puso en contacto con Pollard, la nueva franquicia aún no tenía ni nombre, y lo que le estaban ofreciendo era crear el equipo a su alrededor. Jim Pollard pudo permitirse presentar unas demandas económicas desorbitadas, unos $12000 por temporada más $3000 como prima, pero sobre todo consiguió que los Lakers aceptaran fichar también a tres de sus compañeros en los Oakland Bittners. Con esas concesiones su estatus como jugador franquicia parecía quedar garantizado.

El único problema era que tendría que volver a jugar de pívot, y su debut sería contra LeRoy “Cowboy” Edwards y los Oshkosh All-Stars. “Siempre lo recordaré. Fue cuando me di cuenta de que yo no era pívot”, diría Jim Pollard. La primera vez que recibió el balón, Pollard hizo una finta y remontó la línea de fondo para anotar la canasta con facilidad. Fue su último error. Cowboy Edwards era una antigua estrella de la universidad de Kentucky y de la NBL, un pívot zurdo que había sido máximo anotador de la liga gracias a sus ganchos. Nunca fue muy alto ni rápido, y se encontraba ya en la recta final de su carrera, pero no iba a consentir que un chiquilicuatre le dejara en evidencia. La segunda vez que recibió el balón, Jim Pollard intentó repetir la misma jugada. Cuando pasaba junto al defensor, Edwards sacó un brazo que tenía la forma y tamaño aproximados de un jamón ibérico, y mandó a Jim Pollard a la grada. “Flacucho, en esta liga no te vamos a consentir según qué cosas”, advirtió Cowboy Edwards. Los Lakers terminaron ganando, pero estaba claro que tendrían que encontrar un pívot.

“Dios mío,” pensó el entrenador John Kundla. “Ya tengo a Jim Pollard. Y ahora tengo a George Mikan.” El fichaje de George Mikan por los Minneapolis Lakers es otra de esas historias de la NBA primigenia que no se conocen en detalle porque nadie ha querido hablar con sinceridad ni siquiera en la actualidad, sesenta años después. Baste decir que los Lakers consiguieron convencerle de que viniera a hablar del tema, y que todo se resolvió después de una serie de numeritos durante los cuales Mikan fingió irse dando un portazo, Sid Hartman fingió perderse camino del aeropuerto y el jugador fingió no darse cuenta de nada. En fin, que los Lakers habían fichado nada más y nada menos que a “Mr Basketball”, el jugador de baloncesto más famoso y determinante hasta entonces. Con él y Jim Pollard, había llegado el momento de sentarse y ver cómo se amontonaban las victorias. En vez de eso, los Lakers perdieron cuatro de los siguientes cinco partidos.

A Jim Pollard se le atravesó George Mikan desde que lo vio aparecer con sus gafas de culo de vaso, su gabardina y su sombrero hongo, que más parecía el señor Hulot que un jugador de baloncesto. No sólo se acababan de juntar dos estrellas acostumbradas a ser el centro de sus equipos, sino que además sus estilos eran antitéticos. Pollard volaba por la pista, aprovechando los espacios y el juego rápido, mientras que Mikan se desplazaba con la velocidad de un glaciar artrítico cargado con la compra de la semana. El alero quería que el pívot se apartara de la zona para dejar espacio a sus penetraciones, mientras que el pívot reclamaba el área cercana al aro para su juego de espaldas a canasta. Ninguno cedía, y el equipo se estaba partiendo en dos. Tuvo que intervenir el veterano base Herm Schaefer y hacerles ver que estaban tirando por la borda la oportunidad de ganar el campeonato. Las dos estrellas tuvieron que sentarse cara a cara y alcanzar un acuerdo: Jim Pollard empezaría la jugada metiendo el balón al poste, y si veía camino al aro haría un gesto con la mano para que le devolviera el pase; en caso contrario, se limitaría a ceder espacio para que George Mikan ensayara el gancho.

Ésa fue la base de lo que John Kundla terminó refinando hasta convertirlo en la jugada “J&G” (Jim y George), un pick’n’roll entre los dos jugadores. La situación no era fácil para Kundla, un entrenador muy joven y poco respetado por sus conocimientos tácticos pero con una notable capacidad para armonizar los egos de ese vestuario. También sentó las bases para una de las tradiciones de los Lakers, las reuniones en el vestuario. Cuando se producía una racha de derrotas o una fase de mal juego, inmediatamente se convocaba una reunión en la que todos los presentes hablaban con libertad para criticar a cualquier miembro del equipo, desde la gran estrella al último suplente. Eso facilitó la adaptación de Jim Pollard, que posteriormente tuvo que volver a cambiar de posición cuando llegó Vern Mikkelsen. Mikkelsen era “cinco”, y debido a la presencia de George Mikan sus posibilidades de saltar a la cancha eran escasas. Sin embargo, a John Kundla le gustaba bastante, y decidió probar a poner juntos a Mikan y Mikkelsen, con Pollard como “tres” completando un “frontcourt” capaz de avasallar a los rivales.

La relación entre George Mikan y Jim Pollard nunca llegó a ser estrecha. De vez en cuando, especialmente después de una derrota, los dos jugadores se dedicaban a mandarse recaditos culpando al otro del resultado: quizás no habríamos perdido si “alguien” pasara el balón, o puede que hubiéramos ganado si “alguien” probara a bajar a defender. En algunas ocasiones la situación fue a más y sus compañeros tuvieron que interponerse para evitar que llegaran a las manos. Pese a ello, Mikan y Pollard mantuvieron un respeto mutuo que facilitó la convivencia. George Mikan era consciente de que el alero había tenido que ceder el estrellato y adaptar su juego, mientras que Jim Pollard admiraba la profesionalidad y esfuerzo del pívot, que salía a jugar ignorando el cansancio y las lesiones. En realidad, ésa era la principal fuente de fricción entre ambos.

Jim Pollard era un jugador único, capaz de capturar el rebote, subir el balón y encestar desde cualquier posición. Podía botar como un base, dominaba el tiro a una mano de Luisetti y se movía cómodamente por la zona. En 1952 una encuesta entre los equipos de la NBA lo eligió como jugador más completo, y en 1954 perdió el MVP del allstar en el último momento: ya había ganado la votación cuando una sorprendente remontada liderada por Bob Cousy forzó la prórroga y finalmente la victoria, por lo que hubo que celebrar una segunda votación para otorgarle el galardón a Cousy por su actuación en los minutos finales. Jim Pollard era además uno de los pocos jugadores capaces de hacer un mate, aunque jamás llegara a efectuarlo en un partido. Hay historias que lo presentan saltando desde la línea de tiros libres para machacar el balón, aunque es probable que sean exageradas. En cualquier caso, el apodo de “the kangaroo kid” era merecido, aunque durante los partidos prefiriera limitarse a dejar el balón a dos manos en el aro.

Todo lo cual sólo servía para hacer aún menos explicable su manía de borrarse de los partidos. Con irritante frecuencia, Pollard parecía perder la concentración y dedicarse a intentar jugadas acrobáticas de escasa efectividad, o directamente desaparecía del encuentro. Algunos de sus compañeros sospechaban que el baloncesto llegaba a resultarle tan fácil que perdía interés, ya que solía sucederle en partidos poco trascendentes de temporada regular, o que se dejaba intimidar por los rivales. Jim Pollard no solía responder ni siquiera a las agresiones directas, alegando que había sido instructor de boxeo durante su servicio militar y sabía esquivar los golpes, pero también es posible que eso ocultara su falta de agresividad. El hecho es que al ultraprofesional George Mikan le volvía loco, y que sólo había una cura conocida: su esposa Arlee.

Arlee Pollard era la clásica esposa de jugador que había visto cienes de partidos, y no se cortaba a la hora de expresar su opinión a un volumen que llegaba perfectamente al banquillo de los Lakers. Nadie estaba a salvo de sus ácidos comentarios: ni el entrenador Kundla, ni la estrella Mikan... ni su marido. Cualquier error o mala actuación de Jim Pollard era objeto de comentarios conyugales desde la grada, y seguramente por eso el alero de los Lakers se guardaba muy mucho de sufrir una de sus “desapariciones” cuando jugaban en Minneapolis. Entre eso y su poca inclinación a las peleas cabe suponer que la reputación de Pollard en el vestuario debió resentirse, y Vern Mikkelsen se permitió sugerirle a John Kundla que el club le pagara los desplazamientos a Arlee a cambio de que acudiera también a los partidos fuera de casa, para ver si así lograban mejorar su rendimiento.

En fin, tanto problema no sería cuando ganaron un campeonato de la NBL, otro de la BAA y tres más de la NBA, con un Jim Pollard que fue cuatro veces All-Star, dos veces miembro del quinteto ideal de la NBA y otras dos miembro del segundo quinteto. Después de retirarse fue de los pocos que no permaneció en Minnesota, sino que fue entrenador de la Universidad de Lasalle. Volvió en una ocasión como entrenador de los Lakers de manera interina, a tiempo de vivir el aterrizaje de emergencia en Iowa el 18 de enero de 1960, y posteriormente con la ABA. Terminó volviendo a California, como no podía ser de otra forma, para convertirse en profesor de instituto.

Su número no ha sido retirado, y la bandera que colgaron los Lakers no incluye el campeonato de la NBL de 1948. Será que la ESPN tiene razón y nada importa nada.
 

 

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