La Soledad del Seleccionador Estadounidense

 

Gunthorpe nearly caught me up. Birds were singing from the briar hedge, and a couple of thrushes flew like lightning into some thorny bushes.

Para los aficionados europeos es difícil concebir un baloncesto no centralizado en la federación nacional. Las federaciones acreditan a jugadores, entrenadores y clubes, gestionan las selecciones nacionales y las categorías de formación, y organizan o intervienen en las ligas profesionales. En EEUU nunca existió un único organismo que se encargara de la promoción y gestión del baloncesto, sino que éste se extendió de forma más o menos orgánica por diferentes ámbitos. Así, cuando se planteó por primera vez una competición internacional de baloncesto digna de tal nombre (en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936), en los Estados Unidos convivía el baloncesto de las YMCA donde había nacido, con la competición universitaria de la NCAA, el baloncesto “industrial” de la AAU, el embrionario baloncesto profesional e incluso los equipos compuestos por miembros de las Fuerzas Armadas. Todas estas organizaciones luchaban por mantener o aumentar su cuota de poder, especialmente la NCAA y la AAU, y el resultado fue una gestión de la selección basada en comités más preocupados por encontrar un equilibrio entre esas fuerzas que en poner sobre la pista el mejor equipo posible. Como efecto secundario, esa situación ha hecho que con rarísimas excepciones, el entrenador del equipo nacional de EEUU haya ocupado una posición sin poder real y lejos de las capacidades normales de un seleccionador en otro país.

Y fue así desde el primer día. Cuando se anunció en 1932 que el baloncesto había sido aceptado como deporte olímpico, el candidato más evidente para hacerse cargo de la selección estadounidense era “Phog” Allen, el pionero de los entrenadores de baloncesto. Allen había aprendido el juego directamente del Dr Naismith y con el tiempo sería el maestro de grandes entrenadores como Adolph Rupp o Dean Smith, además de haber publicado el primer texto técnico del baloncesto (“My Basket Ball Bible”). Pero sobre todo era el gran responsable de que el baloncesto se hubiera convertido en deporte olímpico. La principal objeción del COI era que se trataba de un deporte nacional implantado casi únicamente en EEUU, y Allen había trabajado junto a Naismith para cambiar esa percepción. Su artículo “The International Growth of Basketball” tuvo un impacto notable, y tras varios años de esfuerzos habían alcanzado el éxito de ver al baloncesto en el lugar que le correspondía en los juegos.

Uno habría pensado que eso le aseguraba a Phog Allen el puesto de primer entrenador olímpico de baloncesto de los EEUU, pero no fue así. La gestión del nuevo deporte había quedado en manos del Olympic Basketball Committee, un comité compuesto por seis representantes de la AAU, cuatro de la NCAA, dos de la American Olympic Association y otro elegido por los demás. La principal tarea de este comité era reunir el dineral necesario para mandar al equipo a Berlín, y se les ocurrió que la mejor manera era celebrar un torneo clasificatorio del que saldría la selección estadounidense. La mitad de las plazas de la plantilla y el puesto de entrenador serían para el equipo campeón, mientras que el finalista recibiría la otra mitad de las plazas y el puesto de asistente. Sin embargo, eso significaba que salvo un tremendo golpe de suerte Allen no sería seleccionador nacional. El prestigio e influencia de Phog Allen exigían algún tipo de arreglo, y sus partidarios en el OBC consiguieron que se aprobara la creación del puesto de “director de baloncesto”, encargado de tratar con los representantes de la organización y de otros países. El comité recomendó a Allen para este puesto, y la decisión parecía tomada. Hasta que todo se empezó a complicar.

Para empezar, la AAU dio la sorpresa al dominar a placer el torneo clasificatorio y colocar a sus dos equipos en la gran final, después de eliminar a todos los equipos universitarios. Además, los equipos de la NCAA tampoco tuvieron el tirón esperado para los aficionados, y la recaudación del torneo quedó muy por debajo de lo anticipado. La AAU aprovechó este fracaso de la NCAA dentro y fuera de las pistas para tomar ventaja en la lucha por el control del baloncesto amateur, y eso irritó profundamente a Allen. Aparte de ser miembro destacado de la NCAA, Phog Allen aborrecía a la AAU con todo su ser, y en especial a sus dirigentes a los que consideraba poco menos que unas sanguijuelas que se aprovechaban de los deportistas. Después de un intercambio de comunicados cada vez más subidos de tono, Phog Allen terminó por hacer la de Pérez Reverte y anunció su dimisión como director de baloncesto, a lo que el OBC respondió haciendo notar que ese puesto no había llegado a ofrecérsele de manera oficial.

Phog Allen volvió a hacerse notar en los Juegos Olímpicos de 1952. El Olympic Basketball Committee decidió celebrar otro torneo clasificatorio, pero dando a los entrenadores de los equipos finalistas (Peoria de la AAU y Kansas de la NCAA) el poder de elegir los miembros de la selección a partes iguales: cada uno de ellos elegiría a siete jugadores de una plantilla de catorce. La norma no escrita era que cada entrenador seleccionaría al quinteto titular de su equipo más dos jugadores procedentes de otros conjuntos, y así lo hizo el entrenador del equipo campeón. Warren Womble, el técnico de los Peoria Caterpillars, eligió a sus cinco titulares más dos jugadores procedentes de los Phillips 66ers. Sin embargo, Phog Allen se empeñó en seleccionar a siete jugadores de Kansas, eligiendo así a dos de sus suplentes en lugar de a algún jugador de otro equipo. Esta muestra de digamos nepotismo provocó un escándalo dentro del OBC, y el resultado fue que a partir de entonces nunca más se volvió a otorgar ese poder a los entrenadores. Así, en 1956 el equipo campeón del torneo aportó a la selección su quinteto titular y su entrenador, pero el resto de los jugadores fueron seleccionados por el propio OBC según su criterio.

Ni siquiera cambiaron las cosas en 1960, cuando el comité olímpico estadounidense decidió designar a un entrenador para la selección en lugar de darle el puesto al campeón del torneo clasificatorio. El elegido, nada menos que el mítico Pete Newell, no tuvo arte ni parte en la selección de jugadores para el equipo que tendría que entrenar para competir en Roma 1960. Por suerte para él, el bloque procedía de una de las mejores generaciones de universitarios de la historia, pero aún tuvo tiempo para quejarse amargamente por la presencia de Allen Kelley. En su opinión, Kelley estaba en la cuesta abajo de su carrera y su puesto habría debido ser ocupado por Larry Siegfried o John Havlicek de Ohio State, pero el balance de poder en el comité olímpico exigía que esa plaza fuera para un jugador de la AAU.

Hasta la década de los setenta fueron estos torneos preolímpicos (a los que acudían equipos y combinados de la AAU, de la NCAA y de las fuerzas armadas) los que determinaron la composición de la selección – y me refiero, por supuesto, a la selección olímpica, porque a Mundiales, Panamericanos y demás bolos de segunda fila mandaban a cualquier mindundi. En 1972 la FIBA retiró finalmente la acreditación a la AAU y dejó a la NCAA como único organismo de EEUU con representación internacional en el baloncesto, lo que permitió sustituir los torneos clasificatorios por una especie de campamentos a los que eran invitados los jugadores universitarios más destacados para realizar la selección correspondiente. Salvo que renunciaran, claro.

En esa misma década de los setenta, la aparición de la ABA y el consiguiente incremento salarial en el baloncesto profesional hizo que muchos de los jugadores universitarios más sobresalientes renunciaran a participar en competiciones internacionales para presentarse a los diferentes drafts de una u otra liga. A eso se añadía que las nuevas generaciones de jugadores colegiales hacían gala de un espíritu contestatario e independiente que no encajaba en las anticuadas estructuras de la NCAA. La imagen de la selección que tenían muchos jóvenes venía dada por el anciano Hank Iba, un entrenador que seguía practicando el baloncesto de veinte años atrás en el que no tenía cabida el juego más libre y atlético de los jugadores negros que empezaban a dominar las canchas. Esta nueva generación de jugadores no estaba interesada en acudir a la selección y recibir órdenes de una pandilla de vejestorios sin cobrar ni un dólar a cambio, y así por ejemplo la impresionante dinastía de UCLA con los Abdul-Jabbar, Wilkes, Walton, Wicks, Allen, Rowe y compañía no tuvo apenas presencia en los torneos internacionales.

Por mucho que la selección protestara las confusas circunstancias que resolvieron la final olímpica de 1972, eso no frenó un proceso de autocrítica sobre las causas del desastre que terminó desembocando en que por primera vez el entrenador del equipo nacional estadounidense fuera dotado de cierto poder real. No es casualidad que la elección de Dean Smith como seleccionador olímpico de 1976 produjera un equipo que tal y como bromearon algunos periodistas más parecía un all-stars de la ACC que una selección nacional: cuatro jugadores procedían de North Carolina, la universidad de Smith, y tres más venían de su misma conferencia. Incluso la preparación la hicieron en Chapel Hill, donde por cierto coincidieron con la selección española entrenada por su amigo Antonio Díaz Miguel. La elección de Dean Smith para el equipo nacional supuso una necesaria ruptura con el modelo anterior; Smith era un técnico joven, perteneciente a una generación muy distinta a la de Hank Iba y poseedor de una especial credibilidad entre la comunidad afroamericana. Nadie olvidaba la noche que un espectador llamó “mono” a Charlie Scott y Smith intentó saltar a la grada a defenderlo. Los jugadores negros sabían que podían confiar en él, y su presencia hizo mucho por recuperar el prestigio de la selección entre sus propios miembros. Tampoco vino mal que apalizaran a casi todos sus rivales en Montreal, claro.

Es más que probable que el culmen de ese breve período de control por parte de los seleccionadores lo represente Bobby Knight en 1984. Después del boicot de 1980, la presión por conseguir una victoria convincente en unos juegos que se celebraban en el propio país permitió que el polémico entrenador de Indiana gozara de una libertad casi absoluta para determinar la composición de su plantilla. Pudo así permitirse lujos como descartar a Charles Barkley, Karl Malone o Antoine Carr en favor de jornaleros como Jon Koncak o Jeff Turner.

No podía durar, especialmente con los jugadores de la NBA a la vuelta de la esquina. El desembarco de la liga profesional en el baloncesto de selecciones iba a ser controlado estrechamente por sus máximos responsables, sin hueco para las veleidades de un entrenador. A Chus Daly, con voz pero sin voto en las deliberaciones, tuvo que preparar los informes previos y ni siquiera le concedieron la atención de seleccionar a uno de sus jugadores. Lo hicieron volver al vestuario de los Pistons después de un año entero de desplantes a Isiah Thomas en el que sólo faltó que los de USA Basketball salieran con una pancarta en la que dijera “Aunque Stockton se quede cojito de ambas, tú no vienes”.

La presencia de jugadores NBA en la selección abrió una etapa totalmente diferente, marcada por una especie de turnismo por el cual las estrellas de la liga iban rotándose en su paso por la selección sin demasiado interés por repetir. Entre otras cosas, esto subrayaba la dificultad de otorgar auténtico poder disciplinario al entrenador, que ya no tenía que tratar con estrellas universitarias como en el pasado sino con jugadores profesionales en lo más alto de su deporte. Los primeros seleccionadores (Daly, Wilkens, Tomjanovich) destacaban por su capacidad de ganarse al vestuario y llevarse bien con los jugadores, y quizás por eso el problema no estalló en toda su crudeza hasta el binomino “negro” de 2002-2004. La humillación de terminar el mundial jugado en EEUU con los anfitriones en un puesto mediocre vino seguida por la debacle de ver a la selección fuera de una final olímpica por segunda vez. No se podía ocultar que una de las causas de esos fracasos era la total ausencia de liderazgo y disciplina desde el banquillo, algo que en retrospectiva cabe atribuir al menos en parte a la decisión de apostar por técnicos con cierta fama de polémicos como George Karl y Larry Brown, que por poco llegan a las manos con algunos de sus jugadores. El enfrentamiento entre Karl y Paul Pierce fue un problema, pero quedó lejos del culebrón en el que se convirtió la selección olímpica del 2004, con Larry Brown peleado con el mundo y empeñado en su apuesta personal por Richard Jefferson mientras enterraba en el fondo del banquillo a unos jóvenes llamados LeBron James, Carmelo Anthony y Amare Stoudemire.

Esa serie de malas actuaciones y peores resultados hizo evidente que USA Basketball no podía seguir viviendo de la mano a la boca, sin un plan estratégico, y para solucionarlo llegó el veterano Jerry Colangelo. Aunque como es lógico la atención se ha centrado en el intento de establecer una planificación para los jugadores, un aspecto fundamental ha sido la presencia del entrenador como elemento de continuidad desde unos Juegos Olímpicos a los siguientes. Y no se puede obviar que la elección de Mike Krzyzewski como seleccionador supuso una ruptura con los precedentes, ya que se trataba de colocar a un técnico universitario al frente de un grupo de jugadores profesionales. Es posible que el parecido entre los 3-4 años de “vida útil” de un equipo NCAA y el tiempo entre Olimpiadas haya influido en esta decisión.

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En cualquier caso, eso no significa que Chichesqui goce de una autoridad o capacidad de control superior a la de sus predecesores. La lista de seleccionados sigue dependiendo de las renuncias de los jugadores, y una vez en competición el trabajo del entrenador sigue siendo evitar los choques de egos y repartir los minutos de manera lo más equitativa posible. No hay hueco para la alta estrategia en el baloncesto de selecciones, y mucho menos en el caso de un equipo como el estadounidense que se forma de un día para otro con los jugadores que tengan a bien perder un verano en el empeño. Más que sus capacidades tácticas y su liderazgo, las principales virtudes de Chichesqui como seleccionador es la manera en la que sabe vender su estrategia a los jugadores, con un estilo participativo que es la mayor diferencia con respecto de su mentor Bobby Knight. El entrenador de Duke ha sabido gestionar un vestuario lleno de egos potentes sin ningún problema, y en los JJOO de Pekín facilitó que ciertos jugadores asumieran un liderato en la cancha para beneficio del colectivo.

Lo cual nos lleva al Mundial de Turquía de 2010, saldado hace unos días con una victoria inesperadamente holgada de una selección estadounidense a la que a priori más que Dream Team la habríamos apodado “Who-Is-This-Guy-And-Why-Is-He-Wearing-A-USA-Shirt Team”. La renuncia de las principales figuras de la NBA dio como resultado un equipo de estrellas menores y buenos secundarios en el que sólo destacaba el joven Kevin Durant, un futuro aspirante a MVP que acudía a la selección para irse creando un currículum aparente. Curiosamente, esta misma situación y la ausencia de grandes nombres ha sido lo que ha proporcionado al Coach K una libertad de maniobra como no se recordaba desde 1984 (si olvidamos el paréntesis sin NBAs de 1998). Contar con Kobe, LeBron, Wade y Howard es un sueño para cualquier entrenador, pero también tiene un coste. Esos jugadores han de tener titularidades, minutos y tiros; eso obliga a encajar en el quinteto titular a todos los que puedas, y rotar constantemente para que cada uno tenga su momento de gloria. Uno de los problemas recurrentes de la selección estadounidense es que la misma presencia de esas estrellas impide convocar a jugadores necesarios para tareas secundarias pero importantes, o dar minutos a quintetos equilibrados con la presencia de especialistas.

Por una vez, Chichesqui se ha ahorrado ese dolor de cabeza. No disponía de un Kobe o un LeBron, pero a cambio nadie podía discutirle a Durant su posición como líder ofensivo. No había un Howard o un Bosh, pero eso permitía tener en pista muchos minutos a un veterano como Lamar Odom, con todo lo que aportaba al balance y posicionamiento del equipo. Al fin, el entrenador era libre de establecer una rotación y una jerarquía en la que no era necesario repartir los minutos equitativamente sino de acuerdo a necesidades tácticas o decisiones del banquillo. ¿Qué iba a hacer Kevin Love? ¿Protestar? Pero si juega en Minnessoottaa, hombre.

En fin, como en los casos anteriores es difícil que dure, ya que para los juegos sí que acudirán los patas negras y con ellos habrá poco hueco para bromas. Tampoco sé si es bueno o malo, que algunas veces creo que el baloncesto está siendo secuestrado por los entrenadores. Pero al menos ha sido diferente y ha permitido ver a un equipo distinto en algunos aspectos, lo cual siempre es de agradecer.

Gracias, coach Krzyzewski.

Comentarios

Gran artículo, meej. No sé, al final Chichieski me defraudado en una cosa: el ataque contra zona. No lo puedes fiar todo al tiro exterior de la "Tarántula" Durant especialmente una persona con tanta experiencia en la NCAA. Al igual que Rose no me convence en las estructuras de Chichieski, demasiado individualista lejos de jugadores como Bobby Hurley, Tommy Amaker, Hawkins, etc... pero bueno, digamos que está en el camino de lograr el oro en L2012 siempre y cuando sea capaz de acoplar a los "raperos vagos" con los "currantes natos".

Buen articulo meej. Mucho se está ponderando a esta selección USA pero me hubiera gustado verles en situación de apuro en alguna ocasión ,cosa que unos cruces benevolos no lo propiciaron. Solo cabe recordar cómo, contra España en Madrid y Brasil, atacaron los últimos minutos (sin orden ni concierto y algún lejano atisbo de liderazgo de Rose o Durant). Pienso que la mediocridad general del torneo propicia que no hayan quedado al descubierto las verguenzas de este equipo USA (Durant al margen, sin duda). Es cierto que con estos 12 a "K " no le podían rechistar, de lo que se beneficia una rotación corta (debería ser modus operandi perpetuo por configuración natural de "combinado" y no de "equipo") pero muy justa de calidad y determinación. Y es que USA ha jugado con 3 tios (KD, Iguodala, Odon), ni más ni menos, y eso en condiciones normales no es garantia para ganar como han ganado.

Otro artículo simplemente impresionante. La verdad que son impresionantes tus conocimientos sobre la vida del baloncesto en sus 119 años de historia. Sobre el Team USA y su entrenador de nombre impronunciable, decir que lo que mas me gusto fue su manera de ahcer equipo e involucrar a los jugadores (ya se que eran unos pipiolos y le tenian mas facil pero siempre podian haber adoptado la postura Jeremy Tyler) ya que esa motivacion es dificil para los jugadors americanos en torneos internacionales, si no que se lo digan al reputado George Karl con el Team USA 2002 de indianopolis. Esa motivación e implicación creo que fue la base del éxito junto con el evidente run&gun que practicaron basado en los cimientos de una fortisima defensa

No sé, dejando aparte que ausencias tienen todos, creo que el gran mérito de esta selección es haber seguido un plan claro y definido: atrás a tope, y alante con Durant a muerte. Creo que lo mejor de Chichesqui es que ha sabido organizar un equipo de estrellas hace dos años, y uno de jugadores más grises este año. Si le sabes dar un sentido a un equipo, tienes mucho ganado. Otras selecciones, y no digo nombres, han salido del mundial con la sensación de que no había ni estrategias, ni planes, ni jerarquías definidas.

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