La Sombra de Moses Malone

 

Leyendo unas declaraciones de Charles Barkley sobre la conveniencia o no de cambiar de equipo, me puse a recordar las circunstancias de su polémica salida de Philadelphia. Según relataba el propio jugador en una de sus biografías (“Outrageous”, famosa por ser la única autobiografía cuyo “autor” puso en duda su contenido), la serie de acontecimientos que se produjeron en junio de 1986 fueron determinantes para convencerle de que Howard Katz, entonces dueño de los Sixers, había dejado de buscar el anillo. Traspasar a Moses Malone fue un error, pero ¿traspasar también un número uno del draft que sin duda iba a corresponder a Brad Daugherty? Eso rozaba la negligencia criminal. Ahora que tanto se habla de crear superequipos, estaría bien repasar el razonamiento que llevó a la desmembración final de los 76ers campeones.

Después de su fabulosa victoria en 1983, los Sixers habían entrado en una espiral descendente que no lograban reconducir. Sólo un año después habían sido eliminados en primera ronda por los Nets (¡los Nets!), posteriormente no habían logrado plantar cara a los Celtics y en 1986 habían sufrido una dolorosa derrota a manos de los Bucks en una serie competida al límite. La base de la plantilla campeona (Erving, Malone, Jones) envejecía a ojos vista, y hasta Billy Cunningham había dejado su puesto a otro hombre de la casa como Matty Guokas. Llegaba el momento de ir realizando la transición del Dr J a un equipo más joven y atlético liderado por Charles Barkley.

Moses Malone se estaba convirtiendo en un auténtico problema. Contra los Nets se había visto superado por Darryl Dawkins, la eterna promesa que los Sixers habían traspasado para hacerle hueco, un año después había jugado unos playoffs mediocres y en 1986 ni siquiera viajó con el equipo debido a una fractura de pómulo. Por un motivo u otro parecía que nunca rendía a su nivel, mientras que el entrenador Guokas se quejaba de que su presencia obligaba al equipo a un juego lento y poco efectivo. Además, la actitud de Mo Malone empezaba a molestar en la franquicia. Había llegado como gran fichaje de Katz, y entre eso y su triunfo en 1983 empezaba a tener una opinión demasiado elevada de sí mismo. No gustó que declinara viajar con el equipo en playoffs estando lesionado, y cuando sus intentos por conseguir una extensión de su contrato no alcanzaron éxito inmediato, pidió el traspaso en una entrevista por televisión. Malone era un gran jugador, pero muchos equipos habían descubierto ya que también exigía un alto mantenimiento. Philadelphia resolvió traspasarlo.

Una vez tomada esa decisión, lo fundamental era conseguir a cambio a un pívot que ocupara su puesto. El draft era una posibilidad inmejorable: en 1979 habían traspasado a “Jellybean” Bryant (el padre de Kobe) a los Clippers a cambio de su primera ronda, y como siempre sucede esa ronda había terminado siendo el número uno del próximo draft. Brad Daugherty, el pívot de North Carolina, ocupaba ese primer puesto en todas las quinielas. Sin embargo, Howard Katz tenía sus dudas. Daugherty tenía fama de blando, y en el torneo de la NCAA se había visto superado por Ed Pinckney de Villanova, un jugador de menos recursos pero más agresivo. Muchos ojeadores temían que a pesar de todos sus recursos, el pívot de los Tar Heels nunca llegaría a asentarse en el difícil mundo de la NBA. Eso sólo dejaba el camino del traspaso, que finalmente se realizó enviando a los Bullets a Moses Malone y Terry Catledge, un “cuatro” con cuerpo de “tres” y facilidad para hacer números pero que no terminaba de asentarse. A cambio, los 76ers recibieron al pívot Jeff Ruland (ex del Barcelona) y al alero Cliff Robinson (no confundir con el de los Blazers). También traspasaron el número uno del draft, enviado a Cleveland a cambio de Roy Hinson y una cantidad de dinero.

Ése era uno de los motivos de queja de Charles Barkley, que estaba convencido de que los movimientos de la plantilla tenían como objetivo último el interés económico de Howard Katz. Según su opinión, Katz había cambiado a Malone por un pívot que cobraba mucho menos, y en lugar de obtener el mejor beneficio deportivo a cambio de ese número uno del draft había preferido un taco de billetes.

El plan de los Sixers no era malo, ya que Roy Hinson sustituiría al veterano Bobby Johnson y Jeff Ruland en su mejor momento era un allstar de garantías capaz de pegarse en defensa y promediar un 20-10 en ataque. El problema era que Ruland se encontraba lejos de su mejor momento, ya que venía de dos temporadas marcadas por constantes problemas físicos: primero una lesión en el hombro, luego una mala caída que le produjo una fractura de tobillo, y un intento demasiado prematuro de volver a jugar que se saldó con un ligamento roto en su rodilla izquierda. Los Sixers esperaban que esa misma diversidad de lesiones indicara un simple caso de mala suerte y no un problema físico recurrente. Tenían razón en lo de la mala suerte, recordemos el incidente con el carrito de equipaje, pero el examen médico no detectó que la rodilla de Ruland no se había recuperado. Apenas comenzar la pretemporada se le empezó a hinchar, acumulando fluidos que no permitían flexionarla. En el primer amistoso se tuvo que retirar, y en el partido inaugural de la temporada 86-87 Jeff Ruland recayó de su lesión. Después de jugar sólo cinco encuentros para los Sixers, Ruland tuvo que retirarse.

Philadelphia se quedó sin un pívot digno de ese nombre. Tim McCormick, el suplente, era uno de esos pívots blancos con físico de geyperman que abundaran en la concentración preolímpica de 1984, como Jeff Turner o Jon Koncak. No tenía mala mano y ayudaba en el rebote, pero carecía casi totalmente de presencia defensiva. Apenas ocupaba espacios, y tampoco era lo suficientemente atlético o coordinado como para ser titular en la liga. Tampoco el draft trajo alivio, ya que en 1987 eligieron a un alemanote llamado Chris Welp al que sólo se recuerda por la aparatosa rodillera que llevó durante un tiempo. En su desesperación, los Sixers llegaron a sacar de titular algunos partidos a Mark McNamara, otro pívot con pasado ACB (y Primera) más destacado por sus anécdotas cinematográficas que por su buen juego. No volvieron a tener un pívot digno hasta que consiguieron fichar a Mike Gminski de los Nets en 1988. Gminski también destacaba más por su buena mano que por su presencia física en la zona, pero era un buen titular en la NBA cuyo mayor defecto era su color de piel. Charles Barkley nunca llegó a valorar su juego, y no se sintió cómodo hasta que llegó Rick Mahorn, un tipo duro más de su gusto.

El problema de los Sixers se agravó por el mal rendimiento de Roy Hinson. Hinson venía de ser una de las pocas buenas noticias de los lastimosos Cavs de Ted Stepien, un alapívot rápido y atlético que había promediado 20-8 alternando las tres posiciones interiores. Aunque le faltaba tamaño para “cinco”, su tremenda capacidad de salto y su buen “timing” lo convertían en uno de los mejores taponadores de la liga. Un par de años antes había brillado especialmente a las órdenes de George Karl, cuando los Cavs se atrevieron a plantar cara a los Celtics en primera ronda de playoffs dando muy buena imagen. Los Sixers esperaban que Roy Hinson pudiera repetir esa gran actuación contra Kevin McHale, un jugador al que no sabían cómo defender, y además que sirviera como póliza de seguros en caso de que Ruland tuviera problemas. Sin embargo, su rendimiento en Philadelphia fue pésimo, y es probable que Charles Barkley acertara plenamente en la valoración que hizo de su compañero como un jugador que sólo ofrecía su mejor versión cuando no se sentía presionado. Hinson jugó muy bien en equipos sin aspiraciones como los Cavs o los Nets, pero con los Sixers se mostró extrañamente pasivo hasta desaparecer de la pista durante amplias fases del juego. Después de un año y medio de constantes decepciones fue traspasado a los Nets junto con Tim McCormick a cambio de Mike Gminski, y allí volvió a lucirse hasta que una grave lesión crónica de rodilla puso fin prematuro a su carrera.

Con la lesión de Ruland y el bajo rendimiento de Hinson, los Sixers se convirtieron en un equipo de aleros que llegaban a juntar a cuatro a la vez en pista con Erving en el puesto nominal de escolta (el cuarto era Cliff Robinson, otro alapívot que hacía números con suma facilidad). Mientras, las piezas que quedaban del equipo campeón se iban desgajando: el doctor retirado después de una triste eliminatoria contra los Bucks, Toney lesionado sin remedio, Maurice Cheeks traspasado. Incluso cuando hacían algo bien, como el fichaje de Johnny Dawkins para rejuvenecer el puesto de base, se interponía la mala suerte. Armon Gilliam y Charles Shackleford fueron otros dos fracasos que añadir a la lista, y sólo Hersey Hawkins constituyó un refuerzo de calidad. Mientras, Charles Barkley veía cómo los Chicago Bulls de su amigo Michael Jordan iban en ascenso, y les eliminaban cómodamente en playoffs dos años seguidos. En 1991 la imagen que dieron los Sixers contra los Bulls fue hasta dañina, apuntando a un equipo y una franquicia en descomposición. Barkley no aguantaba más, y exigió el traspaso.

Supongo que algunos dirían que tomó el camino fácil. Yo me limito a pensar que, como decían en Fama, el triunfo cuesta un precio muy alto que a veces se sigue pagando durante años.

Comentarios

Muchas gracias. No sé si será por amabilidad o por qué, pero parece que a quienes han leído el libro les ha gustado, lo cual siempre sube el ánimo.

Me ha encantado lo de "jugadores de alto mantenimiento"... y creo que tienes toda la razón. Tener en un mismo vestuario a Moses Malone y Barkley debía ser por momentos agotador.

Solamente era para felicitarte por "Jordan, el Rey del juego":Lo compré hace una semana y ya estoy a punto de terminarlo.Me está encantando, engancha muchísimo.Además lo que más se aprecia siempre en una biografía es que no se caiga en la adulación, cosa que consigues perfectamente.Felicidades.

Es que la estrategia de los Sixers era muy arriesgada. Traspasar a Malone y a un nº 1 del draft iba a ser muy criticado a menos que recibieras jugadores de primer nivel (recordemos los Celtics con McHale y Parish). Pero Hinson venía de un equipo muy malo así que sus estadísticas debían tener un asterisco, y aunque los médicos dijeran que estaba bien Ruland llegaba de dos años parado. La idea que he visto rumoreada después de Malone x Laimbeer habría sido menos arriesgada.

Meej, me encantan tus artículos. Yo, por edad, recuerdo a Mo Malone en su última campaña en San Antonio metiendo un triple desde aro a aro impresionante. Y eso fue su carrera, impresionante con 3 MVP y un anillo. Lo menos impresionante fue quizá su afán de estadísticas y su poco compromiso con los equipos. Cambió muchísimo de equipo y de número. En fin, Moses Malone, un tipo grande.

Gracias por el artículo. Saludos de Josep Àngel Colomés desde NBAconexion

La verdad es que, además de realizar movimientos de dudosa efectividad, los Sixers tuvieron mucha mala suerte con los jugadores adquiridos; Ruland, Hinson y Dawkins acabaron siendo juguetes rotos que jamás pudieron ofrecer un rendimiento continuado. Además de los que comentas, sobredosis de 3s y 4s, con Hinson, más tarde Guilliam.... Lo de hacerse con Gminski... pues fue de lo mejorcito que pudieron llevarse a la boca los Sixer. Un tipo cumplidor, con buena mano y discreto y poco problemático. Otro de los pocos aciertos en aquella época de los Sixers, y que no se menciona en el artículo fue la adquisición de Ron Anderson, un veterano 2-3 anotador que ofrecería su mejor baloncesto en los Sixers de la época. Felicidades, meej, por otro gran post.

De Malone me encantaba la manera en la que era capaz de saltar cuatro o cinco veces por un rebote, pero al final se le acusaba de hacerlo para engordar estadísticas: tiraba el balón hacia el aro de cualquier manera para atrapar su propio rebote. Como digo, un gran pívot pero también un jugador de "alto mantenimiento" (como el propio Barkley).

Mo Malone, el pivot de las manos pequeñas (dicen que no podía agarrar el balón con la mano sin caerse), llegado directamente del instituto a la ABA siendo el primer jugador de la historia en hacerlo. Pivot capaz de coger hasta 20 rebotes en ataque en sus buenos tiempos. MVP en las finales del 83, famoso por su frase "Fo,Fo,Fo" (osea cuatro, cuatro,cuatro) que eran los partidos que iban a disputar en aquellas finales y en los cuales solo se equivocó por uno. Fue un gran jugador hasta su etapa en los Hawks aunque es cierto que esos años estaba más preocupado de sus estadísticas personales que de los triunfos de sus equipos, aunque jugaran play offs durante aquellos años. Hay que reconocer que los Sixers tuvieron muy mala suerte con todos sus sustitutos. No elegir a Daugherty fue un error clamoroso, pues Pinckney también había superado a Patrick Ewing en la final de la NCAA del 85 y a los Knicks les importó bastante poco. Sobre el papel Ruland y Hinson eran buenos jugadores, pero por diversos motivos (fisicos casi siempre) sus carreras terminaron prematuramente. Hasta lo intentaron con el gigantón mormón Shawn Bradley! El caso es que los Phillies no han vuelto a tener un pivot de garantías desde la marcha de Mo (Mutombo llegó casi en el ocaso de su carrera) y el equipo, salvo la final del 2001, no ha llegado nunca a las cotas que tuvo durante los 70/80. Gran artículo que vuelve a traerme recuerdos de juventud.

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