LOCAL HERO

 

Muchos aficionados recordamos a Mike Peplowski como el leñador inmisericorde fichado por Aíto para medirle las espaldas a Sabonis, y que terminó llevando a hombros a Epi cuando el entonces Barcelona se proclamó campeón de la liga ACB. El detalle más curioso de su biografía es que un par de años antes, durante su temporada de novato en la NBA, el público de Sacramento le dedicaba una ovación cada vez que ponía un pie en la pista. Porque ésta es una historia conocida, pero aún así me gustaría contarla otra vez. Y al revés, aunque quizás resulte ser al derecho.

El 12 de diciembre de 1993 Mike Peplowski era el pívot titular de los Sacramento Kings. No era por méritos propios, desde luego, sino que se debía a las lesiones de Duane Causwell y Randy Breuer además de las limitaciones de Pete Chilcutt. Acosado por los problemas físicos y el bajo rendimiento de sus pívots, el entrenador Garry St. Jean los fue rotando a todos por el quinteto titular hasta que un traspaso meses después trajo al fin un “cinco” decente como era Olden Polynice. Concretamente el experimento de Peplowski como titular terminaría una semana después, cuando el propietario Jim Thomas ordenó al entrenador que no volviera a incluirlo en el quinteto inicial. Pero esa noche, contra los Clippers de Ron Harper y Danny Manning, Mike Peplowski aún era titular. Su actuación justificó las iras del dueño: 4 puntos y 3 rebotes en 14 minutos de juego, con dos tapones como única aportación reseñable a pesar de la ausencia de Stanley Roberts (entonces pívot titular de los Clippers). En las alas, Mitch Richmond, Wayman Tisdale y Lionel Simmons aportaron sus veinte puntitos de cada noche, pero los Kings se hundieron al final del tercer cuarto, cuando pasaron más de dos minutos y medio sin anotar. Mark Aguirre encestó un triple, luego una bandeja y finalmente taponó un lanzamiento de Simmons, y ahí se decidió el resultado. El público de Sacramento tuvo que soportar la humillación de ver cómo los Clippers, nada menos que los Clippers, se llevaban el partido cómodamente por 102-112. Los Kings llevaban casi un mes sin ganar en casa, y habían perdido 13 de sus últimos 15 partidos.

Mike Peplowski tenía prisa por marcharse del Arco Arena. Una derrota ante los Clippers no invita a quedarse en el vestuario a saborearla, y en casa le esperaban unos amigos que habían venido de Michigan a visitarle. Como la mayoría de sus compañeros, Peplowski decidió evitar la autovía, colapsada por los vehículos de los asistentes al partido intentando volver a sus casas, y optó por la Del Paso Road, una de las pequeñas carreteras comarcales que rodeaban al rústico Arco Arena. Con la escasa luz que proporcionaba la farola del cruce con El Centro Road, Mike Peplowski creyó ver un vehículo volcado en la carretera. No era la primera vez en su vida que se encontraba con un accidente, y Peplowski era incapaz de seguir adelante como si nada. Detuvo su coche y se bajó para encontrarse con un Toyota 4x4 volcado a un lado de la carretera, y un vetusto Buick familiar convertido en una bola de metal. El conductor del Buick, Daniel Wieland, había quedado atrapado dentro de su vehículo, y junto a él estaba otro automovilista intentando auxiliarle: “¡Mire a ver si hay alguien más por ese lado!” Peplowski rodeó el Toyota, prácticamente partido en dos, y no vio a nadie. Estaba a punto de volverse cuando le pareció ver algo moverse al fondo de una zanja al lado de la carretera. Estaba lejos, a unos seis metros del coche, pero sin duda se trataba de otra víctima.

Fue entonces cuando vio las zapatillas de baloncesto tiradas en el arcén, y supo de quién se trataba. Era su compañero Bobby Hurley.

Posteriormente la prensa diría que fue Peplowski el que dio la vuelta al desvanecido Bobby Hurley, impidiendo que se ahogara en el agua de la zanja. En realidad fue Mike Bantham, el conductor del vehículo que iba justo delante del de Hurley y que había conseguido esquivar al Buick de Wieland, que venía a unos ochenta kilómetros por hora y sin luces. Mike Peplowski fue a su coche a por su cazadora, y volvió lo más rápido que pudo para envolver con ella a su compañero e intentar mantenerlo caliente. “Pep, ¿qué ha pasado?” A pesar del barro y la sangre, el mal olor del aliento de Bobby Hurley era inconfundible. “Fue entonces cuando supe que algo iba muy mal”, diría luego, “que Bobby probablemente tenía heridas internas”. Mike Peplowski no tenía forma de saberlo, pero las heridas que había sufrido Bobby Hurley son mortales en la inmensa mayoría de los casos. Además de las fracturas en la espalda, rodilla y muñecas, Hurley tenía ambos pulmones colapsados; pero sería en el quirófano cuando los médicos descubrirían que el pulmón izquierdo se había desprendido de la tráquea. En un caso como ése las posibilidades de salvar el pulmón, y con él al paciente, son escasas.

“Pep... ¿me estoy muriendo?” “No seas ridículo.” Peplowski no tenía forma de saber la gravedad de sus heridas, pero no le hacía falta. A Bobby Hurley cada vez le costaba más respirar, y sólo había que mirarle para darse cuenta de que existía una posibilidad muy real de que no aguantara hasta que llegase la ambulancia. “¿Me voy a morir?” “Todo va a salir bien.” Intentó mantenerle consciente, como en las películas: “¿Sabes dónde estás? ¿Te acuerdas del partido? ¿Sabes qué día es hoy?” La prensa diría después que Mike Peplowski era un héroe, pero él no se sintió heroico durante esa noche de diciembre. Hacía frío y estaba empapado, pero no dejaba de sudar y el corazón le latía a mil por hora. Estaba oscuro, no se oía nada y estaban solos. Hurley jadeaba y no dejaba de sangrar. “Pep, ¿me voy a morir?” “Aguanta, Bob, aguanta...”

Aún le seguía cogiendo la mano cuando lo metieron en la ambulancia. “No te preocupes, Bob, yo me encargo de todo.” “Todo” era usar la radio de la policía para avisar al médico de los Kings, y llamar al entrenador para contarle lo que había pasado. Lo peor, llamar a una mujer a la que no conocía y decirle que su novio iba camino del hospital. Y luego volver a su coche, cubierto de sangre y barro, para ir a la casa de su compañero, recoger a su novia y llevarla al University of California-Davis Medical Center.

“No quiero volver a ver algo así nunca más.” A Peplowski no le gustaba recordar el accidente, y no era el único. Hurley se negaba a hablar de lo ocurrido en “esa carretera”, y posteriormente no quiso declarar en el juicio que condenó a Daniel Wieland por conducción temeraria. Incluso entre ellos dos tuvieron que pasar más de tres meses antes de que fueran capaces de hablar de lo sucedido. Pero durante los meses que Mike Peplowski formó parte de los Kings, el público de Sacramento se ponía en pie cada vez que pisaba la pista.
 

Comentarios

Yo creo que no, es más, no tuvo mucha más carrera. Dicen que actualmente no le gusta hablar de su etapa como jugador, está muy metido en temas inmobiliarios y de inversión. Tiene una empresa de rehabilitación de edificios en Michigan con su excompañero Matt Steingenga.

Recuerdo que fue campeón de liga en la T/94-95 con el F.C.Barcelona ganando la final a 5 partidos al Unicaja Málaga. Era aquella temporada en que en el 4º partido falló aquel famoso triple Mike Ansley que pudó darle la liga al Unicaja. Los otros dos americanos eran el mítico Darryl Middleton y Corey Crowder.
Una pregunta. ¿Jugó en algún otro equipo ACB.?

gran historia la de pelowski, tengo un recuerdo de pequeño de verle salir como titular en el barça y no me lo explicaba. me preguntaba cómo alguien tan malo podía ser titular, al final alguien me dijo que salía de titular para cansar al pívot rival, hacer cuatro faltas y marcharse al banquillo, siempre me creó curiosidad este, esó sí era malo tipo betts

No conocía la historia de Peplowski. Si había leido sobre el accidente de Bobby Hurley, pero desconocía el resto. De Peplowski recuerdo que era un jugador bastante valorado en la universidad de Michigan State, donde compartió equipo con Matt Steigenga (Ex del Tau) y llegaron al sweet sixteen del torneo NCAA. Fajador pero limitado en ataque. Me alegro que sea recordado por algo más que llevar a Epi a hombros el año de su despedida...

Efectivamente, sólo jugó en el Barça esta temporada, 19 partidos en total contando los playoffs. Lo ficharon como un anti-Sabonis y, dentro de sus posibilidades y limitaciones, hizo bien su trabajo y ayudó a ganar esa ACB

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