Menos Es Más: Ascetismo y los New York Knicks

 

In travel, as in most of life, less is invariably more. (The Accidental Tourist)

El difunto Pete Axthelm escribió una vez que otros traspasos han tenido consecuencias mayores a largo plazo en la historia de la NBA, pero ninguno tuvo un efecto tan inmediato como el que trajo a Dave DeBusschere a los Knicks para que éstos conquistaran los dos únicos campeonatos que engalanan su historia. No contento con ello, Axthelm fue también capaz de identificar como uno de los factores del éxito de ese traspaso la obligada contracción de la plantilla de los Knicks. Porque los Knicks de finales de los sesenta fueron de esos equipos que, en perspectiva, hacen que uno comprenda cuán cierto es que a menos bulto, más claridad.

La lista de jugadores válidos que formaron parte de los Knicks a finales de los sesenta de manera casi simultánea era inagotable: Dick Van Arsdale (de los Van Arsdale de toda la vida), Em Bryant (futuro campeón de la NBA con los Celtics), Butch Komives (líder de anotación en la universidad), el veterano Dick Barnett, el joven Walt Frazier, Dave Stallworth, Nate Bowman, Mike Riordan, Cazzie Russell, Bill Bradley, Willis Reed, Walt Bellamy y hasta un alero de brazos larguísimos llamado Phil Jackson. Pero esa abundancia de jugadores sólo sirvió para que Red Holzman pudiera permitirse basar su juego en la presión a media cancha durante los 48 minutos cuando se hizo cargo del equipo sustituyendo a Dick McGuire. Lo que faltaban eran líderes, auténticas estrellas, y eso se debía a una combinación de falta de tino y mala suerte en el draft.

Los New York Knicks habían dispuesto de varias elecciones altas, pero por un motivo o por otro no se tradujeron en jugadores dominantes. Incluso cuando escogieron a Cazzie Russell y Bill Bradley, considerados los dos mejores universitarios del país, ninguno de ellos ofreció un rendimiento profesional a la altura de su fama colegial. En Michigan Russell había sido un prodigio físico y técnico de primer nivel, pero cuando llegó a los Knicks se convirtió en un anotador irregular que perdió el trofeo de Rookie del Año a manos de Dave Bing de los Pistons. Bill Bradley no sólo tardó dos años en llegar sino que resultó ser un jugador correcto en todos los aspectos del juego pero que no destacaba en ninguno. Lo más doloroso es que lo habían escogido por delante de un tal Rick Barry, un espectacular alero que estaba loco por jugar en los Knicks y al que Ned Irish había rechazado por flaco. Tampoco fue un éxito inmediato la elección de Walt Frazier, muy criticada por los aficionados locales ya que procedía de una universidad semidesconocida y pocos lo habían visto ganar el NIT. Una temporada rookie decepcionante terminó por estropear su reputación.

El resultado era que los Knicks tenían problemas en casi todas las posiciones y no conseguían definir un quinteto titular establecido. El caso más conocido era el puesto de “cinco”, compartido por Willis Reed y Walt Bellamy. Reed era uno de los escasísimos aciertos de los Knicks en el draft, una segunda ronda convertida en estrella de la liga, pero incluso en profesionales seguía siendo ninguneado porque procedía de una universidad de la NAIA: un año después de ser elegido “rookie” del año se vio desplazado al puesto de “cuatro” para hacer sitio a Bellamy. Walt Bellamy, apodado “Bells”, había llegado a la NBA con fama de ser un Russell en defensa y un Chamberlain en ataque. Sin embargo, a pesar de hacer muy buenos números su impacto en el juego había sido inferior a lo esperado debido a su irregularidad. Deslumbrados por sus estadísticas, los Knicks dieron a tres jugadores y un saco de billetes a cambio de Walt Bellamy, y a punto estuvieron incluso de traspasar a Willis Reed para hacerle un hueco en el titular. En New York Bellamy siguió haciendo buenos números, pero el equipo seguía sin ganar como se esperaba. Unos decían que era por la peculiar irregularidad de “Bells”, que se lucía contra los grandes pívots de la liga pero contra rivales menos historiados se dejaba ir; otros decían que su juego de tiros a media distancia era menos efectivo que el de los pívots que se fajaban al poste; finalmente, muchos apuntaban a una incompatibilidad con Willis Reed. Trasladado al puesto de cuatro el rendimiento de Reed era bueno, pero cuando había tenido que jugar de cinco por lesión de Bellamy el equipo había mostrado un mejor equilibrio.

No ayudaba la falta de un buen base. El experimento de poner a Bill Bradley en el perímetro no había funcionado, y Walt Frazier aportaba defensa y robos de balón pero no control del juego. Frazier, apodado “Clyde” por su espectacular vestuario, alternaba partidos en los que aprovechaba su velocidad para anotar brillantes penetraciones con otros en los que amasaba el balón y se quedaba botando en estático sin mover al equipo. Eso había obligado a recurrir a Howie Komives, un tirador zurdo que había sido un gran anotador en la universidad. “Butch” Komives sabía dar pases pero no dejaba de ser un tirador reconvertido, y además Cazzie Russell sospechaba que sólo pasaba el balón a los compañeros que le caían bien (normalmente los blancos). El escolta era el veterano Dick Barnett, un buen tirador y defensor que también andaba justo de manejo de balón, con lo que no podía suplir las carencias de Komives. Para terminar, ni Cazzie Russell ni Bill Bradley habían logrado establecerse en el puesto de “tres”, sobre todo en defensa.

El resultado era un equipo que año tras año levantaba grandes expectativas por su plantilla, pero a las primeras de cambio decepcionaba a los aficionados con un arranque decepcionante y una temporada mediocre. En 1967, un comienzo con seis derrotas por una sola victoria condenó a Dick McGuire. En la temporada 1968-69, el primer mes de liga terminó con los Knicks en el vagón de cola, con cinco victorias y trece derrotas. Algo debía cambiar.

Lo que cambió fue el traspaso de Howie Komives y Walt Bellamy a Detroit a cambio de Dave DeBusschere. Sin embargo, a pesar del giro dramático que este traspaso supuso para los Knicks, en perspectiva fue la culminación de un proceso de contracción de la plantilla que había empezado meses antes. En marzo de 1967, el alapívot Dave “the Rave” Stallworth sintió unas molestias en el pecho que le hicieron acudir a un hospital. El sorprendente diagnóstico fue que el jugador había sufrido un infarto sordo, es decir un ataque al corazón sin síntomas evidentes. Los médicos le prohibieron terminantemente realizar cualquier tipo de esfuerzo físico, y tuvo que retirarse de manera inmediata (por suerte, un par de años después se recuperó y pudo volver a jugar). En enero de 1960 fue el turno de Phil Jackson, un alero defensivo de largos brazos al que una lesión de espalda provocó que tuviera que pasar todo un año escayolado, con lo cual se perdió dos temporadas enteras. En el verano de 1968 Em Bryant y Dick Van Arsdale fueron elegidos por los Phoenix Suns en el draft de expansión, y en enero de 1969 Cazzie Russell se rompió un tobillo durante un partido. Todo ello sumado a la marcha de Komives y Bellamy significaba que los Knicks se habían quedado con sólo cinco jugadores para lo que quedaba de temporada: Frazier, Barnett, Bradley, DeBusschere y Reed.

La lesión de Cazzie Russell era especialmente desafortunada, ya que el alero estaba haciendo su mejor temporada en la NBA y parecía haber dejado atrás los altibajos y la mala defensa que le impedían dar el salto al estrellato. Para más inri, poca ayuda cabía esperar del fondo de banquillo que ocupaban el olímpico Bill Hosket, el alero Don May y dos suplentes del todo a cien como Bowman y Riordan. La única buena noticia era la llegada de Dave DeBusschere, un grandísimo defensor y reboteador traspasado por celos profesionales: durante tres temporadas había ejercido de entrenador-jugador de los Pistons hasta que lo cesaron como técnico. Sin embargo, el nuevo entrenador no se sentía tranquilo teniendo a su antecesor en el banquillo, y solicitó su salida.

Sin embargo, el equipo mejoró. La incorporación de DeBusschere permitió a Willis Reed volver a su posición natural, y entre ambos formaron por fin una pareja interior capaz de dominar la zona y el rebote. La marcha de Komives obligó a apostar por Walt Frazier como base a tiempo completo, y eso ayudó a que el jugador olvidara los nervios y ofreciera su mejor juego. Con “Dollar Bill” Bradley en el puesto de Russell los Knicks mejoraron su circulación de balón, y consiguieron evitar los atascos que a veces producía Frazier en el pasado. Además, compartiendo quinteto con cuatro grandes defensores, Bradley pasó de ser un agujero en su zona a dedicarse a “buitrear” las líneas de pase de los rivales. Del banquillo sólo salían Nate Bowman, una antigua primera ronda que había fracasado en la NBA, y el irlandés Mike Riordan que haciendo honor a sus raíces era un especialista en dar bofetadas a mano abierta. Bowman era un pívot atlético pero totalmente descoordinado, y Riordan sólo sabía hacer faltas, hacer entradas a lo loco y dejarse la piel en cada jugada. Eso significaba que los cinco titulares tenían que permanecer en pista casi todo el partido, lo que sirvió para que adquirieran la coordinación y compenetración que se convertiría en la gran arma de los Knicks. Nadie se acordaba de los ausentes, y Cazzie Russell declaraba dolido que los aficionados se le acercaban a la entrada del pabellón para decirle “ya no te necesitamos”.

Los Knicks ganaron 54 partidos y derrotaron en primera ronda a los Baltimore Bullets de Earl Monroe (the Black Jesus himself), pero en la final de división Frazier sufrió una lesión en los abductores y los Celtics los eliminaron. Un año después los Knicks con Russell y Stallworth de vuelta en el banquillo establecieron un récord de victorias consecutivas (récord que duró diez minutos, todo sea dicho), ganaron 60 partidos, y se proclamaron campeones de la NBA por primera vez en su historia.

Así está escrito: nosotros pocos, nosotros felices pocos.
 

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