Mike Schuler Revisited

 

Mike Schuler fue un pionero, el primer entrenador de un jugador español en la NBA y por tanto el primero en recibir al mismo tiempo las críticas unánimes de la prensa española y el galardón de mejor entrenador del año por parte de la prensa estadounidense. Schuler fue descrito como un entrenador apocado, poco inclinado a modificar la rotación del equipo y sometido a los veteranos de la plantilla, cuando la realidad era muy diferente. No fue un gran entrenador, sus fracasos en playoffs y la manera en la que perdió el control del vestuario lo demuestran, pero como cualquier otra persona se merece ser juzgado y condenado por sus defectos reales.

A pesar de su aspecto de jefe de negociado del ministerio de fomento, Mike Schuler llegó a Portland el verano de 1986 con una sólida experiencia como entrenador universitario y como asistente de Larry Brown y de Don Nelson en la NBA. Fue Nelson, entonces en Milwaukee, el que lo recomendó a los Blazers como sustituto de un Jack Ramsay que había perdido la confianza de los propietarios. Desde la marcha de Walton el equipo se encontraba atascado en las cuarenta y pico victorias, lastrado por su mala defensa y su dependencia de anotadores unidimensionales como Jim Paxson o Kiki Vandeweghe. La plantilla contaba con jugadores de calidad, pero presentaba carencias preocupantes en puestos clave como el “uno” y el “cinco”: Darnell Valentine no había cuajado como base titular, Mychal Thompson era un buen jugador pero no un pívot físicamente dominante, y Sam Bowie se había perdido la mitad de su segunda temporada por lesión. Schuler contaría con esa plantilla sin apenas cambios, sólo con la elección de Walter Berry en el draft y la incorporación del pívot Steve Johnson traído a cambio de Mychal Thompson.

Mike Schuler llegó con la idea de aplicar una defensa de ayudas que maquillara las carencias de sus anotadores, y sustituir los complejos sistemas de Ramsay por un ataque más simple basado en la velocidad. Ya que no había grandes incorporaciones, Schuler había decidido apostar en dos jugadores jóvenes que ya estaban en plantilla pero que ocupaban un papel secundario: Terry Porter y Jerome Kersey. Porter venía de ser el tercer base del equipo por detrás de Valentine y del exótico Steve Colter, mientras que Kersey era el suplente de Vandeweghe en los pocos minutos que dejaba la estrella del equipo. Con el nuevo entrenador Porter pasó a ser el único base de la rotación, respaldado por un combo-guard anotador como Jim Paxson, y Kersey empezó a jugar muchos minutos de “cuatro” para configurar un equipo más pequeño, rápido y guerrero.

Y menos mal, porque el arranque de la temporada no pudo ser peor. Empezó con la caída del propio Mike Schuler en la conferencia de prensa donde lo iban a presentar, y continuó con los problemas constantes causados por el novato Walter Berry. A Berry no le gustaba haber caído hasta el número 14 del draft por su fama de díscolo y perezoso, tampoco le gustaba haber terminado en Portland en vez de alguna gran ciudad como su Nueva York, y mucho menos le gustaba ese entrenador que insistía en ponerle de “cuatro” porque pensaba que le faltaba manejo de balón para poder jugar de “tres”. Las negociaciones para su contrato se alargaron hasta el infinito, provocando la irritación de la gerencia de Portland y que el jugador se perdiera buena parte de la pretemporada. Al poco de comenzar anunció que estaba lesionado, algo que los médicos del club no pudieron confirmar, y estando de baja consiguió ser multado por no acudir a los partidos en casa aunque fuera vestido de calle. Una perla, vamos. Los Blazers estaban teniendo un comienzo horrendo y habían perdido los cuatro primeros partidos de liga, así que lo último que necesitaba Schuler era un novato causando problemas.

El destino se encargó de ello. En el quinto partido de liga, la primera victoria del equipo, Sam Bowie se lesionó la pierna “buena” con una fractura que significaba su baja definitiva para el resto de la temporada. Los Trail Blazers necesitaban ayuda urgente en el puesto de pívot, y obtuvieron al carnoso Kevin Duckworth de los Spurs a cambio del problemático Berry matando dos pájaros de un tiro. Con el tiempo, Duckworth se convertiría en pívot titular del equipo, jugador más mejorado de 1988 y dos veces all-star de la NBA; pero en 1986 no era más que un jugador muy verde con serios problemas de sobrepeso que tardaría meses en estar listo para ocupar un lugar en la rotación. Por si fuera poco, en enero de 1987 el ala-pívot titular Kenny Carr se lesionó la espalda durante un partido, y después de intentar seguir jugando se comprobó que era una hernia discal y que su carrera había llegado a su fin. Con la baja de Carr los Blazers perdieron al único jugador que aportaba físico y rebote en la zona, un veterano luchador que en ataque dominaba el uso de la línea de fondo.

Mike Schuler respondió a esta catarata de lesiones de la única manera que podía, colocando a Jerome Kersey y Steve Johnson como pareja interior respaldados por el veterano Caldwell Jones (reducido al rol de especialista en tapones a estas alturas de su carrera) y el joven Kevin Duckworth. No, con Fernando Martín no contaba ni tenía pensado contar. Kersey y Johnson formaban un juego interior corto de centímetros pero muy móvil, y el equipo intentó explotar esa velocidad. Se olvidaron de lo de mejorar la defensa, y los Blazers apostaron por intentar anotar más que los rivales. Steve Johnson había demostrado tener muy buena muñeca cerca del aro, pero fue este año cuando realmente se asentó como titular en la NBA, promediando cerca de 17 puntos por partido con muy buenos porcentajes. Liderados en anotación por Kiki Vandeweghe y Clyde Drexler, los Trail Blazers sumaron nueve victorias más que la temporada anterior a pesar de todas las lesiones, y Mike Schuler recibió el premio de “Coach of the Year”.

La derrota en primera ronda de playoffs frente a los Houston Rockets fue un jarro de agua fría. Los Rockets ya no eran el equipo que había llegado a la final de la NBA sólo un año antes: Sampson se había perdido media temporada por lesión, las sanciones a Mitchell Wiggins y Lewis Lloyd por consumo de drogas habían diezmado su juego exterior, y ya se empezaba a hablar de problemas con el entrenador Bill Fitch. Houston se había quedado en 42 victorias, pero en playoffs eliminaron a unos Portland Trail Blazers que se vieron muy superados. Sufrieron mucho para superar la defensa del rival, y Mike Schuler mostró sus carencias en la dirección de partidos. Con todo, la plaga de lesiones seguía sirviendo de excusa, y el balance global de la temporada fue positivo.

Como sucede siempre, las cosas se torcieron al segundo año. Kenny Carr se había retirado y Sam Bowie no estaría recuperado hasta la temporada siguiente, así los Blazers carecían de una rotación interior suficiente. Para remediarlo traspasaron a Jim Paxson (descontento con su rol de base suplente) a los Cavs a cambio del pívot Keith Lee, pero este intercambio fue anulado cuando los médicos del club descubrieron el mal estado de las rodillas de Lee. Eso significaba que los únicos refuerzos serían el veterano Maurice Lucas, un icono de la franquicia al borde de la retirada, y Richard Anderson, nominalmente un ala-pívot pero en realidad un tirador exterior. Por si no era suficiente, Kiki Vandeweghe apenas pudo jugar debido a unos problemas de espalda, y a mitad de temporada Steve Johnson también se lesionó: unas esquirlas de hueso en sus tobillos le impidieron jugar el partido de las estrellas, y tuvo que pasar por el quirófano. El gran beneficiado de todo ello fue Kevin Duckworth, que tuvo que jugar muchos minutos ante la falta de alternativas. Duckworth había mejorado mucho desde su etapa rookie, y resultó ser un magnífico pívot titular que ayudó a que los Blazers ganaran 53 partidos.

Sin embargo, el auténtico problema se estaba generando en el vestuario. Mike Schuler tomó la polémica decisión de mantener a Jerome Kersey como titular cuando se recuperó Kiki Vandeweghe, y eso le granjeó la enemistad de Vandeweghe y también de su amigo Clyde Drexler. Schuler pretendía recompensar la mayor intensidad y el trabajo en los entrenamientos de Kersey, pero Vandeweghe y Drexler lo vieron como un ataque a su estatus como las estrellas del equipo. En el caso de Clyde Drexler el tema ya venía de la temporada anterior, cuando no fue escogido para el All Star: sospechaba que el motivo habían sido unas declaraciones de Schuler afirmando que Drexler no era un auténtico líder. Además, el entrenador cometió el error de intentar convertir a Drexler en una especie de Sidney Moncrieff, con quien había trabajado en los Bucks. A diferencia del ultraprofesional Moncrieff, Clyde Drexler consideraba que su espectacular rendimiento ofensivo justificaba que ahorrase esfuerzos en defensa o que se saltara los enfrentamientos, y eso enfurecía el técnico. Por su parte, Mike Schuler era un auténtico obseso del trabajo, y agobiaba a Drexler con sus constantes exigencias, dando la impresión de no estar nunca satisfecho. Incluso los jugadores que le debían todo en sus carreras, los Porter, Kersey, Johnson o Duckworth, se sentían incómodos bajo la constante presión del entrenador. Posteriormente, después de pasar por la experiencia de entrenar a Benoit Benjamin en los Clippers, Schuler admitió que le había faltado mano izquierda para tratar a sus jugadores.

Esa temporada terminó como había terminado la primera, con un mal sabor de boca por culpa de una pobre actuación en playoffs. Mike Schuler había intentado quitarse el cartel de favorito, señalando que los Jazz habían dominado sus enfrentamientos durante la fase regular, pero sirvió de poco. De nuevo las lesiones eran una justificación al menos parcial para la derrota, pero por segunda vez el equipo había dado mala imagen y Schuler había dado la impresión de verse superado por el entrenador rival.

De todas formas, el auténtico problema seguía siendo el vestuario, especialmente después de que Paul Allen adquiriese la franquicia. Clyde Drexler y Kiki Vandeweghe saltaron por encima del entrenador y del General Manager y acudieron directamente a hablar con el nuevo propietario, un joven millonario venido del mundo de la informática. Allen era un aficionado al baloncesto para quien poseer una franquicia de la NBA era un sueño hecho realidad, así que le atraía mucho pasar tiempo con las estrellas de su equipo. Drexler y Vandeweghe pasaron una tarde jugando al baloncesto con Paul Allen en el patio de su mansión, y se metieron al propietario en el bolsillo. Mike Schuler acababa de perder cualquier autoridad sobre ellos.

Los escasos meses que duró aún como técnico del equipo fueron una lenta agonía que provocaba sentimientos de vergüenza ajena entre quienes fueron testigos de ello. Uno de los ejercicios de Schuler era pedir a cada jugador antes de un partido que escribiera unas líneas sobre el rival al que tendría que marcar, describiendo su estilo de juego y la forma de defenderlo. Clyde Drexler y Kiki Vandeweghe entregaban siempre el mismo texto, un párrafo genérico sobre no dejar que el rival entrase en racha, copiado palabra por palabra cada vez. También se negaban a entrenar alegando molestias o cansancio, y Drexler llegaba al extremo de quedarse sentado leyendo el periódico mientras sus compañeros se ejercitaban, incluso cuando eso impedía jugar un cinco contra cinco porque no había suficientes jugadores disponibles. Bucky Buckwalter intentó desesperadamente traspasar a Kiki Vandeweghe, pero las dudas sobre el estado de su espalda echaban para atrás a muchos equipos. Quizás el último error de Schuler fue obstaculizar el traspaso al no querer incluir al rookie Mark Bryant. Al final, el 18 de febrero de 1989 Mike Schuler fue cesado como entrenador de los Portland Trail Blazers, y cinco días después Vandeweghe fue traspasado a los Knicks de Rick Pitino donde tampoco le fueron mejor las cosas. Años después Schuler pasó brevemente por Los Angeles Clippers, donde volvió a pasar por la experiencia de ver a los jugadores acudir directamente al propietario para que lo despidieran. Luego fue asistente durante varios años de los Timberwolves y otra vez de los Bucks, donde se volvió a reuinir con Terry Porter y Jerome Kersey.

Mike Schuler dio la razón a quienes lo describían como un entrenador de características y naturaleza universitaria, a pesar de su experiencia como asistente en la NBA. Gracias a él los Blazers fueron siempre competitivos a pesar de las lesiones, y sacó del anonimato a un buen número de jugadores poco conocidos que con él se convirtieron en titulares destacados en la NBA. Por otra parte, mostró una alarmante carencia de recursos en playoffs, y su naturaleza exigente y controladora convirtió una simple diferencia de opinión con algunos jugadores en una hoguera que terminó devorando al vestuario entero. Hoy sólo se le recuerda como el antecesor de Rick Adelman, lo cual bien puede ser merecido. No fue un entrenador destacado a pesar de su galardón, pero con esa pinta de interventor de banco fue despedido por plantar cara a sus jugadores. No se rindió sin pelear (excepto en playoffs).

Eso debería contar para algo. Excepto por lo de los playoffs y eso.
 

Comentarios

Bueno, antes de lesionarse Wilkins era bueno, y Bannister era un jugador muy atlético. Ayuda que esos Knicks estaban fatal por dentro. Martín fichó por los Blazers porque eran casi el único equipo dispuesto a arriesgarse, y porque era una organización seria no como los Nets. Martín odiaba el chalaneo de los contratos, perdía la paciencia, y Portland era un equipo serio que no regateaba.

Parece que Vandeweghe se comportó como un mal profesional, y lo mismo se puede decir de Drexler. El primero estaba casi en la cuenta atrás de su carrera pero el segundo no, y llegaría a jugar unas finales contra los Bulls unos años más tarde. ¿Por qué Schuler nunca llegó a contar con Martín para el puesto de "4"?

Con demasiada frecuencia el CoY premia a los equipos que han ganado más partidos de lo que se pensaba. Luego, al año siguiente sí que ganan solamente los partidos que se pensaba, y entrenador a la calle.

Y mientras Eddie Lee Wilkins y Ken Bannister jugando minutos importantes en los Knicks! Siempre creí que Martín se equivocó apostando por los Blazers. En media docena de equipos habría jugado muchísimo más (y probablemente no habría vuelto tan pronto) aunque todo esto son conjeturas, claro.

Bueno, habría que preguntarle a él, porque en principio había sobreabundancia para el puesto (Carr, Johnson, Berry, Kersey), pero ni siquiera cuando las lesiones le dio una oportundad. De sus declaraciones se desprende que lo consideraba un típico jugador nº 12, buen profesional y tal pero útil solamente para mantener la intensidad en los entrenamientos y no para jugar. Supongo que le faltaba altura para jugar cerca del aro y "atleticismo" para jugar más fuera.

Muy buen texto meej, la verdad es que de todos los galardones de la NBA el de "entrenador del año" es el que menos te asegura una carrera posterior. A muchos los cesan al poco de conseguirlo, y a otros como schuler ni siquiera les asegura una carrera en la NBA.

Otra obra maestra, meej. Ese Schuler, como lo describes tú, con "esa pinta de interventor de banco". Imagen de gris ciudadano que si hubiera que hacer un bio-pic sobre su persona lo debería de interpretar Kyle H. Macy. No es del todo justo decirlo, pero en algunas ocasiones, los entrenadores NBA deben destacar más como "gestores de egos" que como estrategas. Se deben de ganar el respeto de sus estrellas sin que el vestuario se les vaya de las manos. Y Schuler no lo consiguió...

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