Summer of Discontent: Los Celtics contra Italia

 

El 23 de julio de 1993 Raul Gardini se levantó temprano, se duchó y leyó los periódicos que aún seguían comentando el suicidio de Giuseppe Garofano tres días antes. En la celda donde esperaba juicio, Garofano había metido la cabeza en una bolsa de plástico y la había atado con sus cordones para asfixiarse. Gardini sabía que su arresto era cuestión de horas, y compartía con su antiguo socio la determinación de no ir a prisión. Volvió a la cama, cogió su pistola y la apoyó contra su cabeza. Los suicidios de Garofano y Gardini fueron la consecuencia más dramática del “Mani Pulite”, el gigantesco proceso judicial contra la extensa red de corrupción conocida como la “tangentopoli”. Wikipedia es un buen comienzo para quien desee informarse de la hecatombe política que sepultó a los corruptos partidos tradicionales italianos, provocó la reforma electoral y abrió la puerta a según qué aventuras populistas.

Raul Gardini, apodado despectivamente “il contadino” (“el campesino”) por su paso por la facultad de agricultura, heredó la empresa de cereales Ferruzzi en 1979 gracias a su matrimonio con la hija mayor del propietario. Gracias a su política atrevida (y como luego se sabría, también gracias a su creatividad contable y a los sobornos políticos), Gardini hizo crecer espectacularmente a la empresa. En 1987 adquirió la farmacéutica Montedison, y con ello Ferruzzi se convirtió en la segunda empresa más grande del país por detrás solamente del grupo FIAT. Una de las propiedades de Montedison desde hacía años era el periódico romano “Il Messaggero”, y ese nombre pronto se haría famoso en el mundo del baloncesto. Gardini se consideraba a sí mismo un deportista, pero su participación en el mundo del deporte parecía más relacionada con su ansia de notoriedad: adquirió un equipo de balón volea en su Rávena natal, y se introdujo en el mundo de las regatas (su velero “Il Moro de Venezia” fue finalista de la Copa América en 1993, pocos meses antes de su fallecimiento), pero lo que a nosotros nos interesa es la compra del Pallacanestro Virtus Roma (también conocido Bancorroma, Phonola o Lottomatica en diferentes etapas) en 1989. Raul Gardini le puso el nombre de su nuevo patrocinador, “Il Messaggero”, y decidió plantar cara a la NBA a golpe de talonario.

Su gran golpe fue sin duda el fichaje de Danny Ferry, flamante número dos del draft del 89 y una de las mayores estrellas universitarias del momento. Los Clippers habían escogido a Ferry, pero ya el mismo día del draft el jugador manifestó sus dudas sobre su posible futuro en ese equipo. Los Clippers no sólo eran la peor franquicia de la NBA con diferencia, sino que además disponían de varios jugadores que ocupaban su misma posición, entre ellos el número uno del draft anterior Danny Manning. La única explicación era que los Clippers tuviesen pensado realizar un traspaso, pero la franquicia no daba ninguna muestra de estar considerando esa opción. Cuando se empezó a hablar de una posible oferta procedente de Italia, los Clippers cometieron el error de creer que se trataba solamente de un intento del jugador por forzar su traspaso. Como disculpa habría que mencionar que no fue un fallo exclusivo de los Clippers, sino que varios equipos cometieron el error de no tomar en serio las ofertas procedentes de Italia, Grecia o España cuando negociaban con jugadores procedentes de la URSS o Yugoslavia, como demostraron los casos de Vrankovic o Sabonis. Danny Ferry terminó comprometiéndose con “Il Messaggero” por una cantidad astronómica que según las fuentes podía acercarse a los diez millones de dólares por cinco temporadas (con una cláusula que le permitiría volver a la NBA al final de cada año), y a pesar del escepticismo de la prensa estadounidense viajó a Roma para quedarse. Durante su ausencia, los Clippers traspasaron sus derechos a los Cleveland Cavaliers a cambio de Ron Harper, y después de sólo un año en Italia Ferry pudo regresar a la NBA donde tuvo una carrera decepcionante muy por debajo de lo esperado.

Sin que la NBA tuviera tiempo de recuperarse de la noticia de la marcha de Ferry, “Il Messaggero” volvió a la carga. El equipo italiano buscaba un base norteamericano, y después de descartar opciones como “Pooh” Richardson o Norm Nixon, el elegido fue Brian Shaw, el “comboguard” de los Boston Celtics. Shaw había sido elegido por los Celtics al final de la primera ronda del draft de 1988, procedente de una pequeña universidad. Había firmado un contrato de un solo año de duración por $150000, poco más que el salario mínimo, pero durante la temporada su rendimiento había superado las expectativas del equipo. De hecho, uno de los motivos por el que los Celtics decidieron traspasar al escolta Danny Ainge a cambio de un par de pívots había sido el buen nivel ofrecido por Brian Shaw, que terminó la temporada ocupando su puesto en el quinteto titular. Al igual que los Clippers, los Celtics prestaron poca atención a los rumores sobre una posible oferta procedente de Roma. “Que vaya practicando el italiano”, declaró el General Manager Jan Volk convencido de que se trataba de una maniobra para negociar un mejor contrato. Pero al igual que sucediera con Ferry, resultó que cuando más estudiaba la oferta, mejor le parecía a Brian Shaw: $800000 por la primera temporada y $900000 por la segunda, con la opción de volver a la NBA al terminar el primer año.

La marcha de Brian Shaw dejó desguarnecido el perímetro de los Celtics, ya que a la edad del base Dennis Johnson (35 años) había que sumar la falta de un escolta de garantías. Los Celtics tuvieron que recurrir a Reggie Lewis, cuya posición natural era la de alero, o a los veteranos Jim Paxson o John Bagley, jugadores que se encontraban en la recta final de sus carreras. La situación tampoco era la esperada en Roma, donde a pesar de la fuerte inversión realizada por “Il Messagero” (que incluía la contratación del veterano Roberto Premier y del entrenador Valerio Bianchini) el equipo carecía de solidez y mostraba una preocupante irregularidad, lo cual provocaba críticas para sus carísimas estrellas estadounidenses. Danny Ferry parecía sobrellevar bien la presión, quizás por la tranquilidad que le proporcionaba haber logrado su traspaso de los Clippers, pero Brian Shaw empezaba a mostrar síntomas de morriña.

Los Celtics no habían perdido el contacto con su ex-jugador, y el 23 de enero de 1990 consiguieron que Shaw se comprometiera a anular la segunda temporada de su acuerdo con “Il Messaggero” para volver con ellos. Brian Shaw firmó un contrato por cuatro temporadas a partir del verano de 1990, por las que recibiría un total de cinco millones de dólares más $450000 como prima. Sin embargo, ése no sería su último cambio de decisión. Influido por su agente Jerome Stanley o inseguro sobre el rumbo que darle a su carrera, Brian Shaw empezó a realizar declaraciones públicas contradictorias sobre sus planes para la temporada siguiente, lo cual le granjeó la enemistad de la prensa y los aficionados de Boston. Al final, Brian Shaw remitió una carta a los Celtics el 6 de junio de 1990 informándoles de su decisión de permanecer en Italia para cumplir la segunda temporada de su contrato con “Il Messaggero” y cancelando así el acuerdo de enero. Los Celtics se prepararon para lo peor, y escogieron en primera ronda del draft de 1990 a otro base, Dee Brown, además de ofrecer un contrato al entonces jugador del Partizan Sasha Djordjevic para el caso de que tuvieran que afrontar una segunda temporada sin Shaw. Y luego se pusieron la ropa interior buena de ir al juzgado.

Porque no era el único tema judicial pendiente entre los Boston Celtics e “Il Messaggero”. Un año antes los Celtics escogieron en segunda ronda del draft de 1989 al pívot Dino Radja, que se presentó al minicampus de pretemporada a finales de julio y firmó un contrato de una temporada de duración por $450000 con la franquicia de Boston el 2 de agosto de 1989. Sin embargo, desde el primer momento se habían alzado voces en Yugoslavia oponiéndose a su marcha en un momento en el que los mejores talentos del país parecían estarlo abandonando en masa. Su entrenador Bozidar Maljkovic afirmó que Radja no recibiría el permiso del club para fichar por los Celtics, y la Jugoplastika anunció su intención de obligarle a cumplir el contrato firmado en 1988 que abarcaba hasta 1992. El 23 de agosto la Federación de Baloncesto Yugoslava determinó que el jugador tenía que cumplir su contrato, y que la única vía para romperlo era mediante una difícil apelación a la propia federación.

El caso era similar al que se planteó cuando los Portland Trail Blazers ficharon a Drazen Petrovic cuando éste tenía contrato en vigor con el Real Madrid, pero existía una diferencia fundamental: la NBA había firmado un acuerdo de reconocimiento mutuo de contratos con la ACB, por lo que se negó a tramitar el contrato de Petrovic; no existía ningún acuerdo similar con Yugoslavia. Acogiéndose a ello, los Boston Celtics afirmaban que el contrato de Dino Radja con la Jugoplastika era “amateur”, y no estaba reconocido por la NBA. La respuesta de la Jugosplastika llegó a finales del mes de agosto en forma de demanda civil contra los Celtics a quienes pedían seis millones de dólares en concepto de daños y perjuicios (curiosamente, una de las pruebas del demandante era un contrato firmado por la Jugoplastika para jugar un amistoso en La Coruña, en el que el promotor redujo la prima para el equipo debido a la ausencia de Radja). El 21 de septiembre se celebró la vista en el tribunal federal de la US District Court del Distrito de Massachusetts, durante la cual la Jugoplastika reclamó una orden judicial que paralizara el fichaje de Radja, y los Celtics alegaron que el contrato con el club yugoslavo no era válido debido a su carácter amateur y a que el jugador lo había firmado sin comprender sus términos. El 26 de septiembre el honorable juez Douglas P. Woodlock emitió una orden judicial que daba la razón a la Jugoplastika y prohibía el fichaje de Radja por los Celtics durante los dos años siguientes. La orden entraría en vigor el 5 de octubre, un día antes de la pretemporada de los Celtics, con el objetivo de que las partes alcanzaran un acuerdo antes de esa fecha.

Así fue. El 3 de octubre de 1989 los Boston Celtics y la Jugoplastika firmaron un acuerdo confidencial según el cual Dino Radja permanecería en Yugoslavia una temporada más y se incorporaría a los Celtics en el verano de 1990; la Jugoplastika retiraba su demanda y a cambio recibía como compensación una cantidad de dinero no revelada (quizás unos $250000), y el jugador firmó una extensión de su contrato con los Celtics por dos temporadas más, la 90-91 y la 91-92. Ambas partes cumplieron lo acordado, y la presencia de Dino Radja en los Celtics se daba por segura para 1990.

¿Qué tiene eso que ver con “Il Messaggero”? Calma, que ya llegamos. En principio, Dino Radja se había opuesto a los intentos de la Jugoplastika por hacerle volver a su país, y siempre manifestó su voluntad de quedarse para jugar en la NBA. Pero durante su última temporada en Yugoslavia Radja se dio cuenta de que la situación financiera del baloncesto europeo había cambiado. La NBA no era la única que se había fijado en las grandes generaciones de jugadores que estaban saliendo de Yugoslavia y la URSS, y muchos clubes europeos decidieron intentar aprovechar el relajamiento de las normas que hasta entonces habían impedido que salieran de sus respectivos países. La inversión en baloncesto se disparó, y las estrellas del este de Europa empezaron a recibir jugosas ofertas procedentes sobre todo de Grecia, Italia y España. Esos $450000 que parecían tan impresionantes un año antes se habían quedado pequeños en comparación con el contrato millonario de Drazen Petrovic en Portland, nuevo baremo económico, y Radja se dio cuenta de que podía duplicar fácilmente esa cifra en Europa. Además, la fallida experiencia de Zarko Paspalj en los Spurs ilustraba bien a las claras los peligros de dar el salto a la NBA sin el respaldo de un contrato sustancioso. La contratación de Maljkovic como nuevo entrenador del entonces Barcelona generó rumores de todo tipo sobre la posible llegada de Kukoc o Radja, y éste último se negaba a confirmar su presencia en Boston la temporada siguiente. A pesar de ello, los Celtics parecían tener la sartén por el mango gracias al contrato firmado el año anterior

A principios de julio de 1990 Radja viajó a Boston para negociar directamente con los Celtics. Según la prensa regresó convencido de que tendría que conformarse que una pequeña subida salarial (se hablaba de $800000 por temporada), pero la situación cambió dramáticamente en cuestión de días. En primer lugar, “Il Messaggero” se puso en contacto con Radja para hacerle una oferta mareante, que según algunas fuentes podría llegar a los quince millones de dólares por cinco temporadas; y en segundo lugar, su agente (Marc Fleisher de IMG) informó al jugador de que existía una vía para cancelar el contrato que había firmado con los Boston Celtics. El 1 de agosto de 1990 Dino Radja firmó con “Il Messaggero”, y los Celtics volvieron a los tribunales.

No tendrían que ir lejos, ya que desde principios del verano andaban de abogados a cuenta de Brian Shaw. Cuando Shaw comunicó a los Celtics su intención de volver a Roma para cumplir la temporada que le quedaba de contrato, la franquicia ya tenía preparada su respuesta. El 11 de junio solicitaron la apertura de un procedimiento de arbitraje acogiéndose al convenio colectivo de la NBA (el famoso “Collective Bargaining Agreement”, o CBA). Los Celtics recurrieron a una variante de ese proceso descrita como “expedite”, lo que cabría traducir como sumaria o urgente. Eso significaba que el “arbitrator”, un profesor de derecho de la universidad de New York llamado Daniel G. Collins, debía iniciar el procedimiento en el plazo de 24 horas, y después de escuchar los argumentos dispondría solamente de otras 24 horas para emitir su decisión. El 14 de junio Collins falló a favor de los Celtics, y ordenó a Brian Shaw que el día 20 de ese mes comunicara al club italiano que no continuaría en el equipo. Shaw anunció que no estaba dispuesto a cumplir la orden del “árbitro”, y cuando el día 20 de junio pasó sin que el jugador obedeciera, los Celtics volvieron a la US District Court del Distrito de Massachusetts acusando a Brian Shaw de desacato.

El 26 de junio, el honorable juez A. David Mazzone dio la razón a los Boston Celtics y ordenó a Brian Shaw que ejecutara las acciones según el fallo del “arbitrator”. La defensa del jugador se había centrado en tres puntos fundamentales: errores de forma, que Shaw había sido manipulado o coaccionado para firmar con los Celtics, y que el árbitro había excedido los límites de su autoridad en su decisión. Los dos primeros fueron rechazados ya que existían pruebas claras en su contra, así que el fallo se centró en un tercer punto que pasaría a formar parte de todos los manuales de derecho deportivo. Según el CBA, el formato contrato estándar de un jugador de la NBA sólo podía ser modificado en lo relativo a los pagos al jugador. Según la defensa de Shaw, la cláusula que le exigía cancelar su contrato con “Il Messaggero” no afectaba a los pagos, y por tanto no era válida ni tampoco el fallo del árbitro que exigía su cumplimiento. Sin embargo, el juez determinó que esa cláusula era válida (y con ella, también la decisión del árbitro) ya que determinaba el momento en el que el jugador se incorporaría a los Celtics, y por tanto cuándo empezaría a recibir sus pagos.

Brian Shaw recurrió al Primer Circuito de la US Court of Appeals, y la vista tuvo lugar el 11 de julio. El día 16 la corte de apelaciones ratificó la sentencia, y eso permitió a los Celtics solicitar la ejecución de la sentencia. El 19 de julio de 1990 finalizó el periplo judicial del caso, con un fallo en el que el juez Mazzone ordenaba a Brian Shaw cancelar su contrato con “Il Messaggero” bajo pena de una multa de $5000 por cada día que se negara a hacerlo. Seis días y $30000 más tarde, Brian Shaw dobló la rodilla.

Justo a tiempo, porque le tocaba el turno a Dino Radja. Los Celtics intentaban obligarle a cumplir el contrato que había firmado con ellos en 1989, y acusaban a “Il Messaggero” de interferencia. Como en el caso anterior, ambas partes tuvieron que someterse al veredicto de un “Special Master”, que no era más que otro título para denominar al mismo “arbitrator”: Daniel Collins. El argumento presentado por el agente Marc Fleisher estaba extraído del propio convenio colectivo de la NBA, que estipulaba que aquellos contratos que sólo tuvieran una duración de una temporada no podían ser prorrogados. El contrato inicial que firmó Radja con los Celtics era por una única temporada, así que la extensión firmada después del acuerdo con la Jugoplastika carecía de validez. Los Celtics alegaron que habían consultado con la NBA y que la liga les había informado de que esa limitación no se aplicaba al caso de Radja, pero el “Special Master” dio la razón al jugador y declaró nulo su contrato con la franquicia estadounidense. Dino Radja volvía a ser jugador de la Jugoplastika, y era libre de negociar su traspaso a “Il Messaggero”. Los Celtics se tuvieron que conformar con retener los derechos de Radja para la NBA, y con una cantidad de dinero que les pagó el club italiano a cambio de que renunciaran a apelar el fallo.

Al final, casi todos salieron trasquilados. Los Boston Celtics sufrieron una seria merma en su prestigio, y se estropearon sus planes de ir renovando la plantilla (especialmente cuando Reggie Lewis se nos murió). “Il Messaggero” ganó una Korac, pero no llegó a justificar su desorbitado presupuesto. Brian Shaw no fue capaz de superar la presión de la grada en Boston, y pasó por varios equipos ocupando roles de secundario. Dino Radja fue quizás el que salió mejor parado, con una medalla de plata olímpica en Barcelona y dos ligas griegas con el Panathinaikos; pero no consiguió igualar sus éxitos de juventud en la Jugoplastika, y cuando al fin llegó a la NBA los Celtics estaban pasando por una profunda crisis y el paso de Radja por el equipo estuvo marcado por la frustración.

En 1992, la crisis política y financiera puso fin a la aventura de “Il Messaggero”. El Grupo Ferruzi Montedison se deshizo del club y el periódico abandonó su patrocinio, sumiendo al equipo en la ruina. Quedó convertido en carne de leyenda, como el “costa a costa” que les endosó Fernando Romay en un amistoso o el desembarco de Jesús Gil en la ACB, una experiencia similar en algunos aspectos aunque a una escala mucho menor.

Al final, fue Raul Gardini el que mejor supo resumir la historia del equipo romano que se atrevió a ascender al olimpo de la NBA y luchar de igual a igual contra los Boston Celtics. Cuando encontraron su cuerpo, junto a él se encontraba una nota en la que había escrito una sola palabra: “Grazie”.

Comentarios

Muy buen articulo Meej. El dia que Gardini se hizo una lobotomia express la pujanza de la Lega se fue al carajo. Sin dinero que poder blanquear Grecia tomo el relevo de los contratos multimillonarios a los NBA, aunque a otro nivel

Gran artículo, Meej. Recuerdo un partido amistoso de pretemporada entre el R. Madrid y el equipo romano, que ya contaba con sus dos estrellas americanas. Fernando Martín salió especialmente motivado. Su temporada americana había sido frustrante y quería demostrar que no tenía nada que envidiarle al número 2 del draft. Se produjo una jugada en ataque bajo la zona madridista que terminó con un soberano tapón de Martín a Ferry, al que se le quedó mirando como diciéndole. "Aquí, en Europa, todavía tienes mucho que aprender". O eso fué lo que yo pensé. Pocos meses más tarde Fernando Martín nos dejaba y tanto Ferry como Shaw (que creo que jugó en el mundobasket del 86 en España) siguieron su mediocre temporada romana. Recuerdos agridulces los que me vienen a la memoria. Gracias.

Sí, falta toda la faceta deportiva, no sólo de ese año sino de los siguientes con Michael Cooper y Ricky Mahorn. Incluso habría que mencionar que llegaron a echar de menos a Nimphius.

Muy buen trabajo, aunque me quedaría con la faceta deportiva, donde curiosamente aquel Messaggero ultramillonario no pasaría de las semis en una Lega en la que no había un poder establecido, con Pesaro un poco más bajo, Milano de capa caída y Varese /Cantú ya lejos de sus días de gloria, de modo que Caserta y Treviso- con la coppia Del Negro-Kukoc- aprovecharon para inaugurar su palmarés de scudetti. Estaba ya cociéndose el dominio Virtusino durante el resto de la década, con 4 títulos.

Deja tu comentario

Inicie sesión o regístrese para comentar