Una vez concluido el Draft de la NBA, nadie duda de que el hombre del momento fue –es- John Wall, el magnífico jugador del equipo de la legendaria Universidad de Kentucky. Su elección no sólo glorifica a la estrella de los Wildcats como el base que llega a la Liga NBA con más fanfarria desde los tiempos de Allen Iverson, sino que da esperanza a una franquicia realmente necesitada de buenas noticias de futuro: los maltrechos Wizards de Washington.
Pero nadie duda tampoco que los grandes triunfadores de esa noche llena de magia, juventud, y promesa de futuro que es el Draft de la NBA fueron los jugadores del Kentucky. Hasta cinco fueron elegidos en la primera ronda de la Selección. Y tres de esos cinco chavales estuvieron en puestos de lotería, o sea dentro del Top 14. Un logro, sin duda alguna, francamente muy meritorio.
Sin embargo, tampoco nadie duda de que el gran protagonista de la noche del Draft fue John Calipari, el celebre técnico de los Wildcats de Kentucky. Muy pocas veces, por no decir nunca, las cámaras de televisión de la cadena que cubre el Draft de la NBA durante estas últimas temporadas, la ESPN, se han detenido tantas veces en la imagen de un entrenador universitario durante la ceremonia de selección. En esta ocasión Mr. Calipari estuvo más tiempo en pantalla que cualquiera de sus jugadores-estrellas: integrantes, al fin y al cabo, de ese sensacional quinteto que consiguió meterse en el Top 30 del Draft: haciendo historia con ello, de paso.
Entonces ocurrió. En un momento seguramente muy exultante de la ceremonia que glorificó a estos Wildcats modernos, el Coach John Calipari respondió así a una pregunta de la reportera de la ESPN Heather Cox: “Me gustaría decir que este es el día más grande en la historia del programa de baloncesto de la Universidad de Kentucky y el día más grande para loa Universidad de Kentucky”.
¿Realmente se creerá eso el Coach?. ¿De verdad piensa que el meter a cinco de sus chicos en la Primera Ronda del Draft de la NBA –con todo el mérito que tiene, por supuestos- supera los logros de un programa histórico que ha ganado 7 títulos de campeón, siete, de la NCAA, que ha sido subcampeón tres veces más, y que ha jugado un total de trece Final Fours?. Yo no lo creo. Más bien creo que esa declaración va de otra cosa.
Es cierto que los chavales del Kentucky –promoción de 2010- fueron un poder considerable durante toda la Temporada Regular; y luego ganaron el título de campeones de su Conferencia, la SEC. Pero, llegado el momento de la verdad, no consiguieron clasificarse para la Final Four y, lógicamente, tampoco ganaron el título.
Así que me parece que, comparado con la historia victoriosa de esta institución, eso de meter cinco jugadores en la primera ronda del Draft no puede ser comparable a todos los logros conseguidos a lo largo del tiempo. Eso no se corresponde ni con la tradición, ni con los estándares del mítico equipo de Kentucky.
Dan Issel, un legendario ex jugador de los Wildcats -que jugó y entrenó después en la NBA durante muchos años- contestó al Coach Calipari de manera bastante directa y contundente en las páginas del prestigioso diario Lexington Herald-Leader: “Esa es la mayor gilipollez que he oído en mi vida”.
El bueno de Dan Issel es un casi un semidios en el campus de Lexington. El hombre, un pivote duro y rocoso donde los haya, se dejó, literalmente, los dientes en la cancha del Kentucky. Cuentan que en una ocasión el hombre corrió el contraataque con varios dientes en la mano: algunos eran propios y otros parece ser que pertenecían a algún rival.
Ni que decir tiene que hablar del equipo de basket del Kentucky es hablar del legendario entrenador Adolph Rupp. Es hablar de aquellos magníficos, y enormes, jugadores de los Wildcats de los años 80, dirigidos por Joe B. Hall, y varios de los cuales acabaron jugando en España: en su mayoría gracias al técnico Manel Comas, que siempre fue un genuino admirador del programa de los Wildcats. Es hablar de la era de Rick Pitino, porqué no. Es hablar de “Los Intocables” del año 96, y de los ganadores del 98.
Por eso, lo que creo que el Entrenador John Calipari está diciendo en realidad no tiene nada que ver ni con la historia, ni con la tradición, ni con el orgullo, ni con los días heroicos del pasado en Kentucky.
El Coach Calipari es un hombre muy pragmático que conoce perfectamente el secreto del baloncesto universitario moderno: reclutar muy buenos jugadores. A él le importa poco si los chicos fichados por el Kentucky están uno, dos, tres o cuatro años en el campus de Lexington. Lo importante par aél, y por supuesto para los dirigentes de su universidad, es tener a todas esas estrellas de la competición escolar en la plantilla y ganar partidos; muchos partidos; cuantos más, mejor.
Así que, en realidad, me parece que lo que dijo el Coach Calipari acerca de la noche histórica se traduce en realidad por esto: “Chaval estrella de instituto que me estás viendo; mi mensaje es este: ganemos o perdamos en la competición de la NCAA, yo puedo hacerte muy rico”.
Cualquier aficionado que piense que esa declaración de Calipari no fue sino una buena, soberbia, estrategia de ventas, o es un romántico empedernido, o lleva tiempo fuera de este mundo.
Con el debido respeto que se merecen John Calipari, y su Némesis, Rick Pitino, ambos son unos vendedores natos. Pitino es un artista de la venta, sin duda. Pero Calipari tiene, además, un encanto innato; ese toque especial que hace que no ya el jugador reclutado sino su propia abuela, y toda la familia unida con la yaya en su fascinación, caigan rendidos ante la capacidad de convicción que posee el Coach Calipari.
Mi colega de SOLOBASKET Álvaro Martínez, valenciano que ejerce de tal, podría explicar esto seguramente mejor que yo. Pero voy a intentarlo de todos modos.
En Orihuela –Oriola en valenciano- se celebra el día de San Antón un concurso muy original: el de charlatanes. Una competición que empezó siendo estrictamente oriolano, que luego se convirtió en nacional, y que ha acabado siendo internacional porque, si no recuerdo mal, hace un par de años lo ganó un uruguayo.
En ese concurso, la capital de la Vega Baja premia a los charlatanes, habitualmente vendedores ambulantes que ofrecen su mercancía con un estilo muy singular. Realmente, el hombre que ideó ese concurso, con el patrocinio de Radio Orihuela de la Cadena SER por cierto, fue un tal Ramonet, ya fallecido, que era famosísimo en el País Valenciano por su increíble capacidad verbal y por su arte para vender lo que fuera. Literalmente.
En una ocasión, el genial Ramonet vendió algo que me resulta muy cercano porque pasé muchas veces por debajo de él durante mis años de infancia: el buen hombre vendió el Acueducto de Segovia, arco por arco, a ocho millones de las antiguas pesetas cada arco; y de regalo, la sombra que dan. No es un invento, lo juro. Así lo recogió en su momento, en noticia de última página, el diario El País.
Pues bien, para poner al Coach Cal en su contexto: John Calipari relegaría a Ramonet, si el buen oriolano estuviera todavía entre nosotros, a la medalla de plata del concurso de los charlatanes. Tal es su arte para vender el producto.
Pero, bromas aparte, en realidad, la frase de Calipari es también un indicativo – ybastante preocupante, por cierto- de por donde van los tiros en el baloncesto universitario estadounidense ahora mismo. Hasta hace unos años, el objetivo principal de la mayoría de las instituciones, y de la mayoría de los entrenadores de la NCAA también, claro, era formar jugadores primero. Luego que los chicos se graduaran en la universidad. Y finalmente, si se daba el caso, ganar; aspirar seriamente al título de campeón.
Ahora, el estilo de John Calipari se impone en la competición colegial. Los equipos universitarios se han convertido en algo así como una seurte de equipos filiales de los clubes de la Liga NBA. Ahora, en estos tiempos, ganar importa cada vez más; formar jugadores importa cada vez menos; y, ya finalmente, que se gradúen, con toga y gorra y diploma de licenciatura, importa muy poco.
De modo que, si el objetivo de este Kentucky del Coach Cal es alimentar a los equipos de la NBA, entonces esta pasada noche del Draft sí fue en verdad el día más grande en la historia del programa de los Wildcats. Pero si el objetivo de los Gatos Monteses es ganar un título de la NCAA, entonces no fue precisamente su noche más hermosa.
Lo que sí es categóricamente cierto, absolutamente incontestable, es que la NBA jamás, nunca, había tenido cinco jugadores de la misma universidad elegidos en la Primera Ronda del Draft. Y también es muy cierto que los Wildcats jamás habían tenido, hasta el pasado día 24, un número 1 en la Elección. Así que, en ese sentido, sí que fue un logro realmente histórico.
En ese contexto es incluso comprensible que Calipari hiciera ese comentario. Al fin y al cabo, Kentucky sabe qué tipo de entrenador fichó y el Coach sabe muy bien lo que quiere Kentucky. Su declaración puede parecer arrogante y ególatra, pero si uno mira objetivamente a esta promoción de 2010 –y por supuesto a la que viene en 2011- no se puede negar que Joh Calipari recluta a los mejores jugadores escolares del país.
Gracias sin duda a esa capacidad, innata, de vender todo lo vendible. Si el difunto campeón de charlatanes, el gran Ramonet, llegó a vender los arcos del Acueducto de Segovia, John Calipari hubiera vendido el Acueducto, el Alcázar y la Catedral, en el mismo paquete, y además las hubiera enviado a portes debidos. En el Arte de las Ventas, el Coach Cal es sencillamente insuperable.
Pero lo que no puede vender –por lo menos a mí- es que conseguir que cinco de sus chicos sean elegidos en la primera ronda del Draft de la NBA, sin haber logrado nada significativo en el campo de la NCAA previamente, sea calificado como el momento más histórico en la leyenda de los Gatos Monteses del Kentucky.
Una universidad que de eso, de momentos históricos, va bastante bien servida.