Aunque al final me decanté por contar la aventura de la NBA y de la BBA británica, ya la semana pasada pensé en escribir sobre la guerra interna que tienen ahora mismo los Warriors de Golden State. Una guerra sin cuartel entre jugadores, técnicos y propietarios que hace que la franquicia californiana, al día de hoy, se parezca más al camarote de los Hermanos Marx que a un club de baloncesto profesional mínimamente digno y respetable.

Y, la verdad, no tenía pensado escribir nada acerca de la anécdota que voy a contar a continuación. Por una razón muy sencilla: porque la anécdota en cuestión es totalmente irrelevante en relación con esa conflagración interna que están sufriendo los Warriors en estos momentos. Pero nunca pensé que mi colega Andrés Montes nos iba a dejar tan pronto.

Sobre Andrés, al que conocía desde hace más de 25 años, ya han escrito elegías –algunas francamente maravillosas- colegas que le conocieron mucho mejor que yo, que estuvieron mucho más cerca de él que yo, y que compartieron muchas más experiencias con él que yo.

Confieso que a mí nunca me ha gustado escribir elegías. Siempre he preferido contar la vida. Y esta anécdota es pura vida: por haber sido vivida y porque siempre estará viva en mi memoria.

A principios de los años 90, el entrenador Don Nelson, que entonces estaba dirigiendo a los Warriors, en su primera etapa en el club, vino, casi recién casado con Joy, una mujer maravillosa, y con su hijo Donnie y la novia de éste, a España. El viaje era mitad viaje de bodas para Don, mitad viaje de trabajo para Donnie que tenía tratos con la Federación Lituana ya en aquel tiempo.

Cuando los Nelson pasaron por Madrid, Donnie me preguntó si se podía ir a visitar el estadio Santiago Bernabeu. Mucho antes de que hubiera un museo en el Bernabeu, sólo existía allí una sala enorme, llena de trofeos, que el Madrid sólo enseñaba a algunas visitas muy distinguidas.

Así que, como no creía que nosotros teníamos ese rango, llamé a Lolo Saínz para ver si se podía concertar una visita para Don Nelson y su gente. Lolo, un gran admirador de Nellie, no solamente nos dijo que podíamos ir cuando quisiéramos al club, sino que él mismo nos haría de cicerone. Recuerdo que nos hicimos decenas de fotos y que Don, impresionado ante tanta copa, sólo se limitó a comentarle a Lolo que él había ganado unos pocos trofeos como jugador. ¿Unos pocos?. Exactamente cinco, 5, títulos de campeón de la NBA con los Celtics de Boston. Pero, como recalcó Nellie, jamás había ganado ninguno como entrenador.

Terminada la visita los Nelson y yo nos fuimos a comer a un restaurante cercano al estadio. Justo cuando estábamos a los postres, me llamó Andrés Montes –entonces teníamos los dos pelo- para preguntarme cómo estaba. Y para decirme que iba a empezar su programa deportivo en Antena 3 Radio. De la manera más natural, le dije que estaba comiendo con Don Nelson y con su familia. Recuerdo vivamente que era un excelente pescado, además.

Entonces, como sacudido por un rayo, el bueno de Andrés me pidió que llevara a Nellie a su programa. Como fuera. Yo colaboraba entonces en la Cadena Cope y, al ser una visita privada de un amigo a otro, no se me ocurrió trasgredir las normas más básicas entre amigos y ni se me había pasado por la cabeza decirle a mis entonces compañeros de la COPE que Don Nelson estaba en mi casa.

De todos modos, llamé a la emisora –que también tenía un programa deportivo a esas horas de la sobremesa- para preguntar si les interesaba contar con Don Nelson, el entrenador de los Golden State Warriors. No interesaba, me dijeron. Así que, éticamente, tenía el camino libre para hacer feliz a Andrés.

Le propuse a Don que fuéramos desde el restaurante a Antena 3 Radio, que estaba a unos quince minutos de distancia en taxi. Que un colega mío, muy estimado, y gran admirador suyo, quería hacerle una entrevista, muy rápida, en directo. Y que volveríamos al restaurante enseguida.

Supongo que Don me dijo que sí porque no sabía cómo decirme que no. Lo cierto es que allí dejamos plantadas a las señoras y a Donnie Junior y fuimos desde la calle Padre Damián hasta la calle Oquendo, donde entonces se ubicaba la sede de Antena 3 Radio. Nellie me preguntó si esa era la emisora en la que yo colaboraba y cuando le dije que no, que lo hacía en otra, me miró muy extrañado. Inmediatamente, entramos al estudio. El programa estaba recién empezado.

Andrés estaba visiblemente emocionado con aquella visita de Don Nelson. Nos sentamos a charlar y yo iba traduciendo las respuestas de Nellie. Al final, lo que iban a ser diez minutos se convirtió en una entrevista que duró más de media hora. Ese día no hubo fútbol, ni tenis, ni información polideportiva, en Antena 3 Radio. Sólo hubo Don Nelson. Y, con Andrés exultante, recuerdo que nos hicimos decenas de fotos durante y después del programa. Yo conservo alguna todavía.

Unos pocos años más tarde, Alfredo Relaño tuvo, una vez más, su habitual toque de inteligencia para descubrir talento periodístico donde quiera que aparezca. Y, escuchando a Andrés narrar un partido del Atlético de Madrid -en su destino posterior a Antena 3, en Radio Voz- con ese estilo tan peculiar que luego se haría inconfundible, decidió que ese era el hombre ideal para narrar los partidos de aquella liga de baloncesto que Canal Plus acababa de comprar: la NBA. Relaño acertó una vez más. El resto es historia.

Al menos una generación de aficionados al baloncesto NBA ha crecido en este país escuchando las narraciones de Andrés y los comentarios de Santi Segurola, primero, y de Antoni Daimiel, después. Antes, otra generación previa, aprendió a amar la NBA con Ramón Trecet y Vicente Salaner. El legado continúa y los compañeros que narran y comentan la NBA ahora en el Plus tienen el listón muy alto, es cierto, pero lo hacen magníficamente, bien.

Así que hoy tenía pensado escribir sobre la guerra de los Warriors. Una guerra en la que Don Nelson participa en primera persona y de la que tengo, lógicamente, información privilegiada. Pero me permitirá el amigo lector que mis dedos hayan obedecido a mis recuerdos y que dejemos esa guerra de los Warriors –bello juego de palabras para una situación tan macabra- para la semana que viene.

Con el paso de los años, Andrés jamás olvidó aquella visita de Nellie a su programa de radio. Y, cuando nos veíamos, casi siempre acabábamos hablando del genio de Don Nelson y de aquella loca entrevista improvisada. Y de cómo aquella tarde hicimos esperar a la flamante esposa del genio de los banquillos, del hombre que se inventó una posición en el campo –point forward- y que ha dado nombre a un estilo de baloncesto: el Nellie Ball. A la pobre Joy Nelson la hicimos esperar durante más de 50 minutos en aquel restaurante.

Pero aquel retraso fue por una causa justa: se debió a una entrevista inolvidable que un personaje genial le hizo a un genio. Ocurrió en Madrid, una tarde de verano. Inolvidable.