Los retos de Agustí

 

Vivimos tiempos oscuros para el baloncesto. Esta misma semana hemos asistido a la enésima confirmación de que la televisión que tiene en propiedad los derechos de la ACB y la Euroliga considera este deporte como un bulto sospechoso al que buscar acomodo en una parrilla anodina, sin apenas atractivos. A los que amamos este deporte nos cuesta aceptarlo, pero la realidad es que las mentes pensantes de Teledeporte sitúan el baloncesto por debajo en un orden jerárquico de emisión de cualquier torneo de tenis del montón o la disputa de un partido de la selección sub’21 de fútbol. No creo que sean estúpidos ni lancen piedras contra su propio tejado. Se manejan por cifras, por audiencias, por términos como share o rating. Y al parecer, los números reflejan un panorama ciertamente negro para el baloncesto de este país. Sólo existen dos opciones: o somos menos de los que pensamos o nos están tomando el pelo. Y como me resisto a creer en conspiraciones y manos negras manejando los hilos en contra de los intereses del baloncesto, voy a enhebrar esta reflexión dando por hecho lo que para algunos parece una realidad: el baloncesto no vende.


En estas coordenadas se ha producido en el seno de la ACB un proceso de cambio, que algunos han calificado de rebelión y otros de saneamiento, que ha dado como resultado el desembarco de una nueva cabeza visible que releva al destituido Josep Senespleda y relega a un segundo plano casi decorativo al eterno Eduardo Portela. Los clubes se han rebelado ante el evidente agotamiento de un modelo que ha conducido al baloncesto español al peligroso punto en el que se encuentra en la actualidad. Afrontan un camino complejo para devolver el interés a un deporte que, por culpa de unos, otros o todos, ha quedado relegado a un papel residual. El primer paso de su hoja de ruta ha pasado por la elección del nuevo director general ejecutivo de la asociación. Albert Agustí, un tipo con dilatada experiencia en el área del marketing y la gestión de empresas y eventos deportivos, asume el encargo de devolver el atractivo a una competición que ha perdido una enorme cuota de protagonismo estos últimos años.

Las consecuencias de una mentalidad cortoplacista


Muchos son los restos que se le presentan a Agustí, un hombre de éxito en sus anteriores proyectos y escogido a través del ambicioso proceso de selección que los clubes encargaron a una prestigiosa consultora especializada. Muchas son asimismo las amenazas a las que se enfrenta el baloncesto en estos momentos de zozobra. Está claro que no todo el peso de la responsabilidad debe recaer sobre la ACB. Hablamos de una crisis global. Y como tal afecta de igual manera a las competiciones continentales y las que dependen de la Federación Española de Baloncesto, por mucho que a menudo dé la impresión de que cada cual hace la guerra por su lado. Hablamos de un mal endémico global, de la oportunidad perdida para enganchar a miles de aficionados a este deporte a pesar de haber asistido a la concatenación de éxitos que verano tras verano ha ido coleccionando la mejor generación de jugadores de la historia del baloncesto español con la selección. Algo se ha hecho mal, de pena, para que justo en el momento en el que los Gasol, Navarro, Reyes y compañía han sumado casi todos los títulos que se pueden conquistar el baloncesto se haya ido desangrando hasta convertirse en lo que hoy parece que es, un producto poco atractivo a los ojos de las cadenas de televisión que podrían disputarse sus derechos, los medios de comunicación y los anunciantes.


Ya digo que ni toda la culpa se le puede achacar a los anteriores gestores de la ACB, que han hecho muchas cosas bien pero quizá se haya agotado su tiempo, ni todas las soluciones deben partir de Agustí y su nuevo equipo. Es el momento de que sumar fuerzas, algo que por desgracia no se ha dado en demasía en los últimos tiempos. Todos los agentes protagonistas de esta película con apariencia de drama pecan de un alarmante cortoplacismo. Todos. Sin excepción alguna. La ACB, dominada en los despachos por los clubes más poderosos pese a su carácter asociativo, ha quedado relegada a un segundo plano y pierde competitividad. La Euroliga, un club bastante exclusivo e inalcanzable para la mayoría, no acaba de encontrar la fórmula y entretanto la FEB da la espalda al baloncesto profesional y explota, apoyada en muchos casos por los medios, con un rumbo propio sin compartir los éxitos de sus jugadores, que en puridad son los jugadores de los clubes, con la competición doméstica.

El reto de recuperar el prestigio


A Albert Agustí le aguarda un futuro inmediato plagado de retos, muchos de ellos complejos. El principal, sin duda, tiene que ver con la capacidad de la ACB para recuperar el prestigio perdido, tanto desde un punto de vista de imagen como sobre todo de ingresos. Ahí el nuevo director general ejecutivo de la Asociación de Clubes de Baloncesto ha demostrado durante su carrera una probada capacidad. Para quien no lo conozca, porque no se ha hablado demasiado de él, este ejecutivo barcelonés de 53 años se encumbró como director de marketing de la organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona y ha sido presidente del Real Club de Tenis Barcelona, que bajo su gestión –tomó las riendas en 2008- ha sufrido un profundo lavado de cara que ha incrementado hasta duplicarlos sus ingresos. Antes, fue el gerente de la empresa que gestionó por vez primera el patrocinio de la Liga de Fútbol Profesional y, desde 2003, ostentó un cargo en el consejo de Havas Sport, una de las principales firmas de gestión de publicidad y asesoramiento en los sectores de deportes, entretenimiento, música y cine. A primera vista, da la impresión de que reúne los requisitos que demandaba el puesto. Pero la empresa no se presenta en absoluto accesible, principalmente porque el producto, el baloncesto, se ha devaluado demasiado.


El basket necesita de un profundo lavado de cara en un país que vive y respira fútbol. La ACB, gracias a un Portela que ofreció su última gran aportación a la causa, logró cubrir antes del relevo en la cúpula una de las etapas de la hoja de ruta que se fijaron los clubes cuando emprendieron el proceso a finales del pasado curso. La entrada de Endesa como patrocinador principal de la competición supone una importante inyección económica. Pero para que tanto la firma energética como el resto de los patrocinadores potencialmente interesados sigan caminando de la mano del baloncesto es necesario que se sientan mimados. Evidentemente, no es el caso que se da ahora mismo. Es cierto que la cadena propietaria de sus derechos hace poco por rescatar este deporte de la oscuridad en la que se está sumiendo, pero no lo es menos que el resto de los medios, sobre todo los de ámbito nacional, tampoco ayudan en exceso. Me gustaría equivocarme, o que el señor Agustí haga que me equivoque con una gestión ejemplar que cambie el rumbo de los acontecimientos, pero las sensaciones que me arroja la situación que vive ahora mismo el baloncesto en este país me retrotraen una década en el tiempo y me reflejan la imagen de lo que le ha sucedido al balonmano, un deporte que ha ido perdiendo presencia de una manera alarmante. Y es que en este país, en esta piel de toro tan panderetera, lo que vende es el fútbol y los programas del corazón. Y si ya se mezclan ambas cosas, como hacen con éxito de audiencia algunos, para qué pedir más.

Baloncesto, ¿un deporte de provincias?


El balonmano se convirtió en un deporte de provincias. Bueno, más concretamente de las provincias en las que había equipos en la élite. Y el baloncesto no sigue una ruta que difiera en exceso. Está claro que en Valencia, Vitoria, Málaga, Alicante u otras ciudades con tradición tiene aseguradas tanto la fidelidad de sus aficionados como la presencia mediática. El problema surge cuando echamos una ojeada a la consideración con la que tratan a este deporte, por ejemplo, las televisiones, las radios o los periódicos de tirada nacional. Se puede criticar a TVE, la televisión de todos, por el poco esmero que ha demostrado para con el baloncesto. Pero, ¿y el resto? ¿Qué hacen por este deporte las televisiones que no son todos, las de algunos? En una época en la que cada canal de televisión trata de hacer ver que lo más importante es el deporte que cada uno de ellos vende (la F1 en LaSexta, las motos o la Champions en TVE, la Europa League en Cuatro), cargar todas las tintas con Teledeporte resultaría tan injusto como ineficaz. Es cierto que la realidad refleja lo poco que cree el ente público en su propio producto. La promoción, de hecho, brilla por su ausencia. ¿Pero qué hace el resto? Basta con preguntarse qué margen dedican a este deporte en sus informativos o espacios deportivos el resto de cadenas, qué cuota de relevancia tiene el baloncesto en las páginas de los diarios de mayor tirada y en las radios de ámbito nacional, cuyos productos especializados en este deporte se difunden como podcasts a través de sus webs.


Es el de los medios uno de los asuntos capitales con los que tendrá que lidiar Agustí desde su nuevo cargo. Pero ya digo que no será el único. Teniendo en cuenta su experiencia previa, seguramente los rectores de los clubes que conforman la competición confían en su capacidad para buscar vías imaginativas con las que obtener unos ingresos que ahora, en este contexto de crisis económica global, resultan todavía más esquivos. Está claro que la atracción de sponsors dependerá en gran medida del reflejo mediático que puedan hallar al asociarse con este deporte. Y en eso la postura poco cómplice de los medios ayuda lo justo. Sin embargo, quizá más importante aun es ofrecer un producto de calidad, una ACB competitiva y atractiva para el gran público, no sólo para el habitual que es sumamente fiel, sino sobre todo para el neutral, para el aficionado ocasional que suele sumarse sin ir más lejos a los grandes acontecimientos (Juegos Olímpicos, Eurobasket, Mundial...). En este punto también deberían centrar sus miras los directivos de los grandes clubes, aquellos que tienen más peso. Los torneos dmésticos han perdido competitividad. Desde septiembre de 2007, salvando la Copa de febrero de 2008 que se apuntó el Joventut en el Buesa Arena, los once títulos que se han disputado han acabado en las vitrinas de dos equipos Barcelona y Baskonia. Y el panorama actual, con un equipo culé aterrador, tampoco parece que vaya a variar en exceso. Si la competición pierde en términos de emoción y apertura de opciones, el producto también se resiente.

Obviamente, no se trata de fijar unas directrices que obliguen al Barça o al Caja Laboral a hacer las cosas mal, a castigar al club catalán por la excelente gestión que Joan Creus está llevando a cabo desde los despachos. Ni tampoco podemos soñar con recursos destinados a equilibrar el nivel de los equipos como sucede en la NBA con el draft o los topes salariales. Pero sí existe un aspecto crucial para intuir que la distancia entre los grandes y el resto se van a mantener, si no a abrir más, en un futuro inmediato: las licencias de la Euroliga, que garantizan unos importantísimos ingresos a un ramillete de equipos que, más allá del rendimiento que ofrezcan en la competición doméstica, tienen asegurada su presencia en el torneo año tras año, mientras que la gran mayoría de clubes que militan en la ACB tienen prácticamente imposible siquiera soñar con acariciar la máxima competición continental y los jugosos dividendos que proporciona a los que la disputan. Tener esas taquillas e ingresos por publicidad asegurados de antemano supone una importante ventaja a la hora de confeccionar las plantillas y ofrecer salarios a los clubes que gozan de esa plaza fija en la Euroliga. Por si fuera poco, uno de los asuntos que tendrá que lidiar el nuevo equipo dirigente de la ACB tiene que ver con el hecho de que la máxima competición europea pretende reducir el número de plazas de equipos españoles de las cinco actuales a cuatro. No hace falta decir que esta medida supondría abrir aún más la brecha entre los poderosos y el resto.

El diagnóstico, en cualquier caso, se antoja mucho más sencillo que el tratamiento que se le debe administrar al enfermo. Agustí tiene sobre la mesa una montaña de asuntos pendientes, un listado de tareas de las que puede llegar a depender la supervivencia del baloncesto español. La renegociación del contrato de derechos televisivos, la explotación de internet como medio de difusión del baloncesto (la iniciativa conjunta con Orange para emitir los partidos ha resultado un éxito) y la búsqueda de fuentes de financiación a través de vías imaginativas, que trasciendan los simples patrocinios, pueden convertirse en balones de oxígeno para un deporte que vive una situación muy delicada. Sea como fuere, los clubes necesitarán cómplices. Requerirán de una FEB que explota a los héroes de la selección como propios y, sobre todo, de los medios de comunicación, cuyo espectro de temas relevantes cuando se refiere al ámbito deportivo va quedando cada vez más reducidos. El baloncesto se dispone a disputar el partido más importante de su historia. En un deporte eminentemente colectivo como éste, el éxito dependerá de la capacidad de todos los agentes implicados para desplegar una eficiente y comprometida labor de equipo.

Comentarios

El tema de que los derechos televisivos esten tan repartidos también contribuye a que la gente no siga el basket, por ejemplo en euroliga los derechos de los partidos en casa los tienen TV3, ETB, Canal Sur y TDP los del Madrid. Luego hay mucha gente que se queja porque TDP sólo pone en directo al Madrid, cuando sólo puede poner 2 partidos en directo de cada equipo por cada fase (esta semana han dado 3 partidos en directo.

Otro tema que la ACB y los propios equipos deberían mejorar y mucho es el del merchandising. Para alguien que vive en Burgos o Santander es mucho más fácil comprar una camiseta de los Kings o del Panathinaikos que de cualquier equipo ACB.

una de las pocas TV que apuesta por el Baloncesto es TV3...aunque ahora lo pasen al canal esports 3 pero creo que es de las pocas que hace un esfuerzo por dar partidos en directo, tanto de ACB como de euroliga, y cuando habia mas de un equipo catalan en liza en europa daban los 2 partidos aunque uno fuera en diferido

Guguseti, es innegable que TV3 promociona el baloncesto, pero más exactamente promociona al Barça. Y ya que lo comentas la ULEBCUP que ganó la Penya al Girona se retransmitió porque el Girona la disputó, porque los derechos de la Penya no los compró, cuando parecía que esta era la favorita. Aún nadie me ha podido explicar eso.

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