Corrían anoche, madrugá del Jueves – a la escritura de estas líneas – por las redes sociales comentarios del siguiente tipo: “Veremos esta noche cuál de los cuatro equipos es el nominado en este Gran Hermano: Cavs, Nets, Bulls o Knicks”. En un escueto portalito en Greenwich (NY), en el gimnasio de un instituto – el Boys & Girls Clublleno de niños (dos gradas supletorias) renacía The King without a ring para proclamar al mundo su ‘Decision’. Pues no acertamos el bingo. Ni por asomo. South Beach. Tranquilo, seguro de sí mismo, vistiendo de casual wear con una camisa a cuadros y vaqueros, como uno más. Nada de lujos ni estridencias, como intentando mantener un perfil bajo en un momento en el que el protagonista sabía que la iba a liar parda. La comadrona, Jim Gray, ligado a los Cavs desde siempre, fueron las manos elegidas por la ESPN para el mesiánico evento. The Chosen parecía hacer honor a su sobrenombre, como intentando imitar el nacimiento del otro ‘Chosen’ de hace 2010 años, como en un cobertizo. Con humildad. South Beach, he said. Al instante aparecieron imágenes del portalito, donde los fieles en espera de la decisión acogieron gozosos y jubilosos cuales peregrinos de O Camiño la buena nueva de su advenimiento. Desde Miami-Belén y del resto de portalitos en espera… Opiniones, análisis, juicios de valor, antiguas estrellas de la NBA ahora bajo palio y metidos a teólogos… ‘He’s not done this for the money. He’s done it for winning’ clamaba el teólogo aspirante Tim Legler desde su púlpito. Lo cual comporta el implícito reconocimiento por parte del Mesías de que él sólo no puede obrar el Milagro del Anillo.
Estaba claro que ‘Bron se iba a marchar de los Cavs, ganase el anillo este año o no. Para él, tras una relación de amor prefecta de siete años con la chica del barrio – y miren que no es casualidad lo de los siete años – aquello no daba más de sí. Tal y como denuncia con duras palabras el padre de la novia, Dan Gilbert, se le notaba en los últimos tiempos cierto desinterés hacia la chica. El hombre se esforzó por adecentar a la prometida, algo enclenque para presentarse en el Gran Baile Anual de Fin de Curso: algo de gimnasio para ganar unos kilos (Shaq), varias bases de maquillaje para camuflar las carencias de la novia (Parker, Jamario Moon) e incluso hasta un intento de despedir a uno de los amigos de la pandilla para recuperarlo después en una de las operaciones legales más vergonzosas rayando lo inmoral que el Talmud del playground permite (Ilgauskas). Pero el novio no estaba contento con el resultado tras el paso de la chica por el salón de belleza. Notaba en su corazón que la suerte estaba echada. Ya ha predicado lo suficiente en el desierto. La friolera de siete años.
Siete años. Y no es casualidad: dicen los sociólogos y psicólogos que el ser humano necesita cada siete años aproximadamente, hacer limpia en su vida y cerrar ciclos, cambiar de círculo de relaciones, de pareja, de trabajo, de lugar de residencia, relativizar y reelaborar su escala de valores. Por puro desgaste, por necesidad ontológica de cambio, por evolución humana de las perspectivas vitales. Al novio le tentaba más el glamour de la Gomorra viciosa de Sonny Crocket con sus restaurantes llenos de langosta (y la de la plaga bíblica), sus mansiones, las visitas a Los Cayos, sus canales y sus playas llenas de macizas, su clima siempre agradable y soleado.
Obrase el Milagro del Anillo o no, la suerte estaba ya echada en la mente del novio, sospechamos que allá desde febrero, desde aquella fiesta a la que los más notorios chicos del playground estaban invitados. Allí debió empezar a labrarse ‘the decision’. Nuevos amigos, nuevo barrio, nueva novia. Y al chico le hacía ilusión. Necesitaba el cambio. Salir de casa sus padres y viajar, ver mundo y adquirir nuevas experiencias junto a nuevas amistades. Una nueva aventura. Si ganaba el anillo, porque ya habría devuelto con creces a sus progenitores el empeño, los esfuerzos, los desvelos, como buen hijo. Y si no, porque efectivamente, era tiempo de madurar e independizarse. Dejar el inland, ir a buscar pescadores. Encontrar esa compañera con la que fundar un linaje, una dinastía, una Iglesia, que perdurase a través de los tiempos, repleta de milagros, de panes y de peces y agua convertida en vino denominación de origen merchandising, que las hostias ya las darán otros en las liturgias venideras. Dicen los teólogos más entendidos que el Mesías es presa del pecado de Hübryss.
El cabreo del padre de la novia ha sido considerable. Mucho. Mayúsculo. De tal guisa que ha quemado sus ropas en señal de desprecio. Lo ha crucificado públicamente. O más aún. De despecho puro y duro. Y como en todo culebrón que se precie, ha sacado a relucir los trapos sucios del chico: ‘desde el último Baile, no ha contestado a una sola llamada, ni a un solo mensaje de texto’ argumenta. ‘Nunca nos habían hecho esto, faltarnos al respeto así. Llegará el tiempo en que habrá de pagarlo. Conseguiré ponerle a la novia el anillo que él no le quiso poner. Y antes de que él lo haga con otra. ’
Fábulas aparte, algunas pistas de la ruptura del noviazgo ha habido a lo largo de estos pasados meses. Por ejemplo, la cacareada Sagrada Cena entre The Chosen y sus discípulos, a saber: Lebron, D-Wade, Bosh y Joe Jonhson. Tampoco era casualidad la presencia de este último: es el tirador que ahora necesitan los chicos del General (Manager) Pat Riley I ‘El Engominado’. Tanto como que ahora están detrás de Mike Miller, ya que el de Atlanta hizo de Judas y traicionó al Maestro vendiéndose por una bolsa 116 millones de monedas. Otra, que ni D-Wade ni Bosh – los santos que han de ser las piedras miliares de su iglesia – anunciaron en qué templo se emplazarían ni las cuantías de sus ofrendas ni duración de su fidelidad, haciéndolo justo el día antes del Advenimiento. Según el teólogo Reggie Miller, es el templo de Wade, por lo que serán los nuevos becerros dorados los que deban adorarle a él y adaptar sus ritos a los del ídolo local. Estará entonces por ver si este concilio –más bien conciliabulum – no resulta en un cisma en las narices del Sumo Sacerdote del Gran Templo de la Cúpula Dorada, David Stern. Sería el culmen de una etapa de crisis de fe de la Iglesia Baloncestística Primitiva de Ultramar.
Porque al Rabino Stern, en su labor evangelizadora, resulta que le han salido últimamente bastantes protestantes en su iglesia. Hace tres ritos anuales, acusaciones de que los monaguillos grises robaban de los cepillos del Templo, que terminaron con los huesos de uno de ellos excomulgado, torturado, crucificado y en grilletes en las catacumbas del mismo tras la acción del Inquisidor del Imperio, apostatando de sus prácticas y denunciando a sus compañeros de cofradía. Compañeros que hace menos de un año, amenazaban con cesar de sus funciones oficiantes (officials) en las representaciones litúrgicas.
Por otro lado, los Donantes del Templo se ha le quejan al Rabino Stern de que las cuantías del diezmo y las ofrendas a los ídolos exigidas por los agentes-mercaderes por ellos representados les suponen una auténtica sangría, y que debería repartir en mayor medida las elemosinas de los fieles en forma de contratos televisivos, a pesar de que son piadosos en las ofrendas a los lares populares. Piadosos sí, pero idiotas no, y una de dos, o el Rabino reforma el corpus de reglas de las ofrendas, o que se plantan. Con el peligro de que muchos de los becerros de oro cambien de templo y de iglesia y atraviesen el Mare Totum.
Y ahora, encima, los Becerros de Oro le organizan una secta para tomar ellos el poder y organizar el Templo a su manera, conscientes de que ellos son los adorados por los fieles y los que generan las ofrendas, y no el Sumo Sacerdote del Sanedrín.
Y eso sin contar con el acoso expansivo de la fe de la Liga Baloncestística Herética del Obispo Bertomeu, alentada por el Pope Baumann, que cada vez más crece en poder y número de fieles, tanto que ya es casi imposible en aquellas tierras de gentiles operar ningún tipo de acción evangelizadora. Es más, no sólo eso, si no que se ha atrevido a realizar últimamente acciones de piratería barbarrojesca desde el Este en el Mare Totum tales como el hecho de robarles a algunos de sus agentes libres conversos y no (Kleiza o Childress) más destacados no hace mucho.
Es de imaginar que ante el calvario que está pasando el Rabino Stern, no haga más que pensar: “Si es que a éstos no hay dios que les entienda…”
Bienaventurados los que son humildes y puros de corazón porque ellos encontrarán el Reino de los Cielos del Play-off. Amén.
El Pirata.