Cuenta un amigo mío en un artículo de lo más interesante acerca del ascenso, auge y caída de una de las estrellas más fulgurantes del firmamento NBA – Dwayne Wade – en su vida privada. El aclamado Padre del Año 2007 en USA se hunde en una etapa de crisis en su matrimonio y su vida familiar. No ha sido, es ni será el último de las estrellas deportivas con problemas familiares ocasionados al parecer por su modo de vida. Procedente de un entorno familiar con problemas (abandono por parte del padre del hogar familiar), criado por su abuela y habiendo alcanzado la fama, la gloria y la riqueza gracias a sus innegables talento, ambición y tesón, Wade encarnaba a los ojos de la sociedad norteamericana el paradigma del self-made-man que alcanza el American Dream con duro trabajo y competitividad. Y como señala este cronista amigo, con el beneplácito del máximo baranda de la NBA, que veía el testigo del modelo Jordan recogido por Wade. Y todo esto tras una etapa en la que de estrellas que representaran el Sueño Americano, basado en los valores tradicionales de la sociedad WASP, la competición estaba huérfana. Durante los últimos quince años la competición ha sufrido las excentricidades y bravuconerías de Shaq, el proceso – legal y por parte de la opinión pública – de Kobe por violación, el supuesto acoso de Karl Malone a la mujer de Kobe, los continuos problemas de Iverson con la justicia – tenencia ilegal de armas, posesión de marihuana e incluso un muerto en un coche a nombre suyo – o los casos de los famosos Portland Jailblazers. David Stern con Wade se frotaba las manos.

Pero ahora todo se ha ido al garete. Siovaughn, la esposa de Wade, ha interpuesto una demanda de divorcio a la mega-estrella debido al supuesto contagio de una enfermedad de transmisión sexual por parte suya, con lo que eso conlleva de acusación implícita de infidelidad – casus divortium. Independientemente de lo que se dilucide en el proceso legal, el asunto es preocupante no sólo para Wade por una cuestión fundamental: el modelo que se vende. Seamos serios. No es que las estrellas de antes fueran santitos, ni mucho menos. Todos conocemos la causa del contagio de Magic Johnson del virus VIH, los problemas de Charles Bigmouth Barkley con la ley debido a sus variados incidentes en locales nocturnos yendo ebrio, los problemas con el alcohol de Chris Mullin, las famosas más de 1000 mujeres con las que se jactaba Darryl Dawkins de haberse acostado – Cassano se queda como un simple aprendiz de Rocco Sifredi – y una larga lista de jugadores relevantes con problemas con la cocaína, que incluyen a notables como John Lucas, Walter Davis o hasta el mismísimo Shawn Kemp. Anthony Mason detenido por la supuesta violación de una menor en su limusina. Casos de estrellas otrora con contratos millonarios en bancarrota por culpa de malas compañías e influencias, etc, etc. Nada nuevo bajo el sol, entonces.

Para contrarrestar esto, la NBA puso en marcha en su momento un programa de lavado de cara – fundamentalmente – de obras benéficas y trabajo comunitario para que ciertos jugadores de cada equipo acudiesen a centros de enseñanza de primaria y secundaria a transmitir los valores en los que la NBA y la sociedad americana están teóricamente basadas. Visitas a centros de mayores, campañas contra el absentismo escolar – el famoso Stay in school, it’s cool de mitad de los 90, por ejemplo, con lo irónico que supone que varias de sus estrellas actuales apenas han terminado su educación académica. La lista de actividades es larga, con el beneficio de acercar a las estrellas al ciudadano de a pie, mostrar que son de carne y hueso, y a la vez limpiar la imagen de un deporte profesional que estaba salpicado de escándalos por la tumultuosa vida privada de algunas de sus estrellas.

Esto se vio acompañado de otra iniciativa posterior. El famoso Rookie Camp. A modo de training obligatorio masivo cual si de una multinacional de cualquier otro sector negocio se tratase – y la NBA lo es, sin duda alguna – los nuevos empleados deben asistir a clases de orientación para evitar que les timen cuando están forrados, les extorsionen, no caigan en situaciones de dudosa índole sexual-afectiva y que no se tiren al camino de las drogas. Es decir, proveer a los chicos de una educación al más puro estilo paternal. Loable iniciativa por parte de Stern. Sabemos que muchas estrellas proceden de clases sociales poco o nada favorecidas, que muchos de ellos han crecido en barrios marginales y en ausencia de entornos familiares adecuados. Pero lo que Natura no dat, Salamantica non praestat, como dice el refrán castizo, y Stern es consciente de eso. El problema es que realmente no lo hace por la vida de los chicos en sí, si no porque ve peligrar la supervivencia del negocio. Evidente, tío Vicente.

No es de extrañar que este verano pasado Rudy Fernández y Marc Gasol alucinasen en el famoso curso. O lo que tuvieron que hacerlo Raül López, el Chacho y Pau Gasol en su momento. O remontándonos más aún en el tiempo, Tony Kukoć. Gente que ya llevaba un tiempo ganándose la vida con esto antes de marchar a la NBA, con la cabeza bien amueblada, y eso que eran estrellas FIBA desde temprana edad. Decía Luis Racionero en unos de sus libros, que la diferencia entre el bárbaro y el civilizado es el sentido de la mesura, y establecía en dicho libro que la sociedad actual norteamericana carece de sentido de la medida. Filosóficamente, no estoy cualificado para rebatir o confirmar su aseveración. Será quizás por que en un país gigantesco, de medidas descomunales, se entiende que todo sobrepasa las dimensiones del género humano. Recuerdo la primera vez que estuve en los USA; la persona que tenía que recogerme en el aeropuerto de Chicago me dijo: “ah, no hay problema, son sólo 7 horas de coche desde casa”. En 7 horas de coche te cruzas por separado la mitad de los países de la UE y casi España. Quizás sean las ingentes cantidades de dinero que ganan algunas de estas estrellas, jóvenes y sin una educación familiar, lo que origina tal situación. Sea lo que sea, no me imagino a JC Navarro metido en una bronca callejera a tiros (y/o botellazos/navajazos, en su defecto), o a Ricky Rubio acusado de una violación, o a Felipe Reyes en un escándalo de tráfico de drogas… y dinero para vivir a cuerpo de rey no les falta. Como decía la canción: Che sarà, sarà… whatever will be, will be. Los peligros de pagar sin medida. ¿Les suena esto de algo, amigos?

El Pirata.