Las navidades se adelantan cada año más. En todos los sitios aparecen lucecitas y adornos que nos hacen parecer que estas fiestas serán de lo más agradable. Todos tenemos en mente que compraremos para regalar a nuestros amigos y seres queridos e incluso pensamos en lo que nos gustaría que nos regalaran. Intentamos estar simpáticos y receptivos a prácticamente todo lo que nos dicen, en fin ser hombres de buena voluntad. Pensamos en la cantidad de comida y bebida que ingeriremos durante estos días, abusando si hace falta solo para estar en reunión con toda la gente que nos aprecia y apreciamos. He dicho todos o casi todos. El entrenador de baloncesto de elite sabe que esta es una fecha que esta marcada en su calendario, una fecha fatídica año tras año que te lleva a un estado de intranquilidad dependiendo de los resultados de tu equipo. A todos nos enseñan a planificar una temporada entera de 10 meses, pero como decía un entrenador en una charla del curso superior sobre planificación, “solo pienso en planificar hasta diciembre para ver si me como los turrones y a partir de ahí ya veremos lo siguiente que hago”. Evidentemente no siempre las variables que rodean a los entrenadores son iguales, sobre todo por las diferencias de presupuestos, jugadores, nivel de confianza que tiene tu club sobre ti, si te apellidas ic o ez y muchas mas cosas que me dejo en el tintero y que todos conocemos. El caso es que todos tienen esa carga extra encima y que llegada estas fechas se te hace mas o menos pesada y que solo desaparece ligeramente cuando pasan los festejos y los resultados medianamente te acompañan, siempre pensando que hasta semana santa no tendrás que volver a llevar la cruz sobre tus espaldas.
Al final de una manera u otra te acabas comiendo los turrones, con más o menos felicidad. Hasta entonces sálvese quien pueda.
Por cierto me olvidaba que también hay otros entrenadores que están en paro y a los cuales en esta época les pueda llegar el regalo entre comillas de volver a sentarse en un banquillo y ser felices momentáneamente.
A todos mucha suerte.