Lo decía Manel Comas: "Con este partido podemos tener un perfil de lo que nos espera". Tras ver el partido ofrecido entre el Real Madrid y el Barcelona en la final de la Supercopa disputado en el Centro Insular de Las Palmas, estaba en lo cierto. El bueno de Manel (a propósito, gran acierto por parte de los responsables de TVE tener a bien renovar a este veterano de los banquillos. Notable comentarista, lleno de dinamismo en sus explicaciones), confirmaba lo que los espectadores hemos degustado: dos equipos de muy alta calidad, ofreciéndonos un baloncesto para anhelar que la temporada inicie.
Da la casualidad que estos dos equipos han dado hoy un gran espectáculo. Son muy buenos, muy bien dirigidos y ese combo casi siempre sale exitoso. Se verán las caras en próximas confrontaciones que puede que no sean tan brillantes. También hay partidos en las finales NBA rudos y les seguimos considerando grandes.
Por tal motivo, los comentarios repetitivos sobre "el público lo está pasando muy bien" casi sobraban. Y esto no es, en absoluto, ua crítica a mi buen amigo Arsenio. Es que era tan evidente...Estos dos equipos engancharán por sí solos. Está muy bien "vender" al público de la calle este producto. Sin embargo, da la casualidad, que este año, con estos dos equipos, se vende solo. Pero hay que venderlo, eso sí. Y me explico: el espectáculo que nos pueden ofrecer en la competición doméstica ya lo intuímos, y quizás esta campaña pueda ser de las más devaluadas respecto al resto de contrincantes de la última década. Ojalá no sea así. Pero la crisis económica de unos, y la pudiente apuesta por sus secciones de baloncesto de otros hacen pensar que los trazos vayan así. La máxima competición continental, la Euroliga, es la apuesta. Atractiva apuesta por ganar por azulgranas o blancos. Me encanta que TVE inicie la temporada 09-10 con el Barcelona frente al entrañable Obradoiro (premio para el caballero que recuerde a Chuck Verderver). Pero está claro que lo que el aficionado quiere ver es a este mismo Barcelona frente al CsKA Moscú (Sixto Miguel Serrano me dijo siempre que la "s" era minúscula). Yo resido en Madrid. ´¿Podré ver esos partidos? ¿Todos? ¿En directo? El desolador silencio ante esta cuestión me apena y me enrabieta. Lo dicho: esto se vende solo, pero hay que venderlo, señores. El perfil que hemos visto hoy es demasiado atractivo para no desearlo.
Lo presenciado hoy es un baloncesto que supera cualquier época anterior. Ha sido una gran suerte que la máxima rivalidad histórica en nuestras fronteras volvieran a verse las caras en pretemporada, calentando el asiento como hace dos décadas lo hacía el torneo de Puerto Real. Y hace 20 años exactamente vimos un gran duelo entre Norris y Martín, la camiseta hecha jirones de José Luis Llorente o el innovador baloncesto que quería implantar George Karl en nuestras fronteras. Aquello me encantaba...pero esto es mejor. Y quiero seguir viendo este "mejor". En todos sus formatos.
“¡¡Venga, que tenemos que jugar a la pochaaa!!” gritaba Felipe Reyes. En la zona mixta, todos los jugadores se abrazaban, saludaban y concedían entrevistas al ejército de periodistas que se amontonaban en tal pasillo. Tenían que mantener el rito de ese divino paripé, simulando el juego de la pocha.
Como el grupo de amigos a la finalización de sus vacaciones, reuniéndose en la playa en su última luna, despidiendo su prolongado verano juntos. Es la última noche, los últimos suspiros, compartir sus últimas cervezas y risas. Mirarse a los ojos, dejarse caer en la arena de la carcajada. La tristeza de una despedida con el anhelo de disfrutar esos últimos coletazos. Así ha jugado la Selección Española su último partido de este Eurobasket. Así es imposible perder. Al menos este equipo.
Porque teníamos los nervios de una nueva final. Eran ya muchas las decepciones vividas. Me dolía tanto aquella en la que Italia nos bajó del cielo en 1983, como la de Madrid de hace dos años. Y era lógico que tuviésemos nervios. Eso que estos chavales no conocen. En la atmósfera de esta última semana, con las exhibiciones mostradas, todo era cuestión que cayeran las cervezas, digo los cuartos, para que aquello fuese cuajando en el baño de confeti que acabó. Que Navarro alzara el trofeo de campeones y todos gritáramos con él.
La Yugoslavia de Roma’91 o la de Belgrado’75. La URSS de Praga’81…y la España de Polonia’09. No ha habido ningún equipo más grande que esta Selección Española. Porque la elevamos junto a las mejores. Las mencionadas…y España. Tal exhibición quedará en las retinas de quienes la vivieron. ¿Quién fue aquel que dijo que Italia comenzó el Mundial de fútbol de España’82 a punto de pedir asilo político, porque no podían volver a su país tras su irrisoria primera fase? ¡Ah, sí! Mi amigo Fran Guillén. Pues eso. Que el deporte es caprichoso y así se escribe. Que el más fuerte sobrevive y triunfa.
Todo, todo, salió como estaba escrito en nuestro guión imaginado. Que desde los primeros minutos, los triples consecutivos de Navarro, Ricky y Garbajosa, con el robo de Raül López ya hacían ver que aquel 24-14 auguraba algo interesante. Que Pau Gasol consigue un estratosférico “alley-oop” y cuando quieren sacar los serbios, consumieron los cinco segundos sin hacerlo debido a nuestra presión, de interesante pasó a excitante.
Que hasta las cheerleaders se percataron de esta fiesta española. Que comenzaron a sacar todo su repertorio más latino, para no desentonar (hijitas, que vosotras no desentonáis nunca. Y menos con los miles de españoles que os coreaban desde las gradas). Y los nuestros que cada vez se divertían más: -“pasa otra cerveza…¿os sabéis el chiste de la vaca?” 40-20 con un taponazo de Gasol, con una canasta de Rudy Fernández a aro pasado magistral, con dos puntos de Felipe Reyes llegando de trailer…que 52-29 al descanso.
En el tercer cuarto echamos un vistazo a la estadística: 32-16 en rebotes. La superioridad era evidente. Acabamos con 67-44 ese cuarto. Con el broche de un gran mate de Víctor Claver se acabó con el 85-63 final.
Rozando perfección, suspirando jugadas, carcajeando sistemas, cerrando los ojos y soñando baloncesto. Este baloncesto. Esta es nuestra Selección Española, señores. Algo mágico que fue puliendo el crudo metal desde el primer día, para con una última bocanada y restregón con la manga, sacó el oro más brillante. El oro de España.
Reconozco que Grecia, antes del partido, no me gusta como rival. Que llevamos varios años ganándoles, pero sigue sin gustarme. Cuentan con muchas bajas y las ausencias provocan un banquillo más débil. Cierto. Pero no me gustan.
Las semifinales te hacen por inercia pensar en el rival. Obviamente hay que hacerlo. Eso que iba contando que en buen estado los nuestros no se deben preocupar del resto, es ya una media verdad. Y no hablo de falta de respeto al rival. Simplemente es una realidad que estando en condiciones óptimas y sin partidos aciagos, España ganará este Eurobasket. Sin embargo, en este momento, Grecia juega algo muy competitivo y esto es deporte. Nadie pensó que jugáramos una final tan funesta como la de hace dos años y así se escribió.
Antes de meterme en harina, decir que contaría algo de esta matinal, con baloncesto incluido, pero ha sido tan insípida, que ni vale la pena. Cambio en la habitación del hotel y al pabellón a ver las dos semifinales del quinto al octavo puesto. ¿Qué he sacado de ellas? Pensar en el sueño que tenía. ¡Qué sopor! Y eso que se juegan plazas para el Mundobasket del año que viene. Dio igual. Y los dirigentes del baloncesto ruso que se lo hagan ver, de verdad, porque a pesar de las bajas, un país tan enorme no puede traer una selección tan débil como ésta.
Recuerdo un “¡Qué será esto, que no me canso de ganar!” y nos fundimos en un abrazo. Era Juanjo Pérez Toledano, el médico de la Selección Española junior y en Julio del 2004. Con Sergio Rodríguez a la cabeza, volvimos a quedar campeones de Europa. Hay que decir que Juanjo vio ganar en esa categoría a los chavales en Mannheim 1998, Europeo de Varna 1998 y Mundial Junior 1999. Tengo la misma sensación ahora. Cada vez lo disfruto más viendo ganar a esta Selección y no me canso de verles hacerlo. Y no me canso de escribir crónicas de este tipo.
España ha vuelto a estar de cine. A aquellos tiempos recientes en los que parecía que nadie les podía aguantar durante 40 minutos. Aquella sensación del Mundial de Japón, que por ser aquella la primera vez, no salíamos de nuestro asombro. Que por ser esta la más bendita resurrección, tampoco salimos de nuestro asombro. Hace una semana decía a los amigos de mi pueblo que se juntaran en grupo, que aquel España-Turquía sonaba muy bien. Tenía, cual Willy Fog el reloj adelantado…una semana.
Nunca pensé que el partido discurriera como lo ha hecho. El orgullo patrio heleno recogido con palas en el suelo tras un gran pase de apertura de Felipe Reyes y posterior mate de Sergio Llull en contragolpe. Restaban ocho minutos.
España está en la final. España ha bordado el baloncesto en los tres últimos partidos, con el título ya sólo a un paso. Y el recuerdo de Madrid demasiado reciente para ser olvidado. Por dos frentes: por la cautela que debemos tener mañana, que en aquel momento decisivo nos salió un partido horroroso; y por la frustración que supone perder algo cuando parecía todo a favor, que puede servir de motivación extra.
Encaramos esta tarde un partido en el que la megafonía nos pone como motos en la presentación: con Grecia los acordes son atronadores. Con España…¿y la música? ¿dónde está la música? No nos amedrentarán.
España ha sabido minimizar las posibles carencias a fin de sacar el máximo rendimiento. Un equipo tan bajo como el que sitúa Scariolo en el quinteto titular, con dos escoltas, saca el máximo resultado ofensivo al quinteto. Y se pudiera tachar de un tanto suicida antes de iniciado este campeonato. Parecería la vuelta a los Ramos-Emiliano-Buscató. Y ha salido excepcionalmente bien, porque su comportamiento defensivo ha sido ejemplar. Los ajustes defensivos son de tiralíneas (enhorabuena Sergio; enhorabuena chavales). Y en ataque, tras la primera infausta semana, han estado como lo que son: descarados, intuitivos, asesinos. Con su intensidad en ambos lados de la pista les han hecho dominar a hombres altos y atléticos como Printezis en la tarde de hoy.
El gustazo de ver que todo encajaba. Esta defensa agresiva y arriesgada de los dos angelitos, junto a la de Ricky tenía el soporte en la capacidad intimidatoria de Pau Gasol. Con alguien así, sí se puede arriesgar. El gustazo de ver que las rotaciones funcionan. Resulta fascinante pensar que ahora somos el equipo con más físico de los que aspiran al título, con la cantidad de problemas que hemos tenido. La intensidad que se pone es demasiado alta para el resto. Nadie lo aguanta. Porque a Ricky hoy lo ha suplido un Cabezas notable en defensa y con ese triple conciliador con el aro y su propia confianza, para sentirse uno más en el ataque.
Y aunque todo ha salido a pedir de boca, hay que ser justos y reconocer que los griegos han jugado muy bien, mostrando una circulación de balón como no la he visto en este campeonato. El único problema es que su porcentaje era de un 40%, que comparado con nuestro 60%, eran como perdigonazos en una guerra de carros de combate.
Pau Gasol marcó diferencias desde los primeros minutos, con sus 9 puntos en el primer cuarto. Y si faltaba rebote, puesto que nos cogieron algunos en ataque, Felipe Reyes lo arregló, muy a pesar de la voluntad de Sofoklis Schortsianitis. El pívot de origen camerunés aportó 20 minutos de calidad. Tampoco fue suficiente. La excelente canasta de Rudy Fernández sobre la bocina del descanso, que dejaba el 49-40 nos hizo ponernos a todos los medios de pie y aplaudir.
Al tercer cuarto lo doy mucho valor, puesto que siendo farragoso, atascado, con muchas faltas, España sabe jugar y acrecienta la ventaja hasta los 13 puntos en su final (64-51), con Bourousis desesperado, llevándose una técnica por un codazo. Y ahí se dio el estacazo definitivo en el primer minuto del último período. El citado pase de Reyes para el mate de Llull, el triple de Carlos Cabezas, acompañado con otro robo y canasta de Sergio Llull, abrió la brecha hasta la veintena y los griegos mirando al suelo, dándose por derrotados, a pesar de la casta de Spanoulis, que realizó un trabajo muy notable. En la fiesta, el triple de Mumbrú situó el electrónico en 79-56, nuestra máxima diferencia, para llegar al 82-64 final.
Pau Gasol no jugó el último cuarto y nadie lo echó de menos. España estaba lanzada y cuando eso sucede, en Europa al menos, nadie puede pararles. La complicidad y el júbilo de estos chavales nos la están restregando por la cara ahora. ¿Y mañana? Pues estoy convencido que llegarán al pabellón cantando en el autobús y no restregarán nada. Si hay título, lo celebraremos todos. Pero eso es otro cuento que me gustaría vivir mañana. Queda un pasito y estoy muy optimista. Esto no es Madrid, ni Estocolmo, ni París, ni Nantes. La imagen mostrada por estos jugadores da pie a pensar que en esta ocasión, sí se podrá conseguir el título. ¿Frente a quien? Lo que son las cosas, frente al equipo con el que de manera tan triste debutamos: Serbia.
No quiero adentrarme mucho en lo que fue el Serbia-Eslovenia. Sin embargo, es de rigor decir que quizás haya sido el mejor encuentro del campeonato, con la agónica victoria serbia en la prórroga por 96-92, en uno de esos enfrentamientos épicos donde el deseo puede con todo. Donde Milos Teodosic ha sido el dios de los serbios en los últimos minutos. Donde un agotado Lakovic anotaba triples cuando no podía ni moverse. Donde Eslovenia estuvo a punto de conseguir la proeza aún sin contar con uno de los mejores jugadores del torneo, Erazem Lorbek, que anotó 25 puntos y debió sentarse por cinco faltas cuando restaban más de seis minutos. Donde un veterano como Goran Jagodnik pudo ser el héroe de la noche, y donde Dusan Ivkovic ha realizado un trabajo maravilloso con una generación de estrellas en ciernes.
Todo el colorido para la Final. La gran Final. Mañana. El día en el que podemos proclamarnos campeones de Europa y cerrar al fin un círculo de muchos años ya.
Día de descanso, de espera para saber el rival en semifinales y de excursiones. Aprovechando que tan sólo hay dos partidos en la jornada, parecía hoy el día idóneo para realizar la excursión que más inquietud despertaba entre varios de nosotros. Concretamente con siete compañeros más, nos desplazamos una treintena de kilómetros para visitar el campo de exterminio de Auschwitz, muy próximo a Katowice.
Hablar sobre él sería caer en mil tópicos. Sería como intentar contar a los que no han estado en New York cómo es. Lo hemos visto en tantas películas, fotografías y artículos, que ni vale la pena, que todos tenemos una idea bastante clara de lo que es y fue aquello. Es cierto que una vez allí, las espectrales manos de desesperación parecen agarrarte por los brazos, dejándote inerte, petrificado y palpas sensaciones muy reales de lo que sucedió entre aquellos barracones.
De vuelta a Katowice y con la seguridad que podía hospedarme un día más en el hotel, preparar bártulos y camino al pabellón, para ver completar los rivales de los dos semifinalistas que esperan. A mi hotel y a mi habitación, les voy a coger cariño muy a pesar de todo. No lo recomiendo a nadie, claro. Sin embargo, estando en una parte céntrica de la ciudad, rodeado de enormes moles de hormigón que albergan diminutas viviendas a juzgar por la presencia de innumerables ventanas, bastante separados entre sí (el orden es: edificio, aparcamiento, pequeño parque. Y así sucesivamente), con enormes avenidas entre ellos, en una clara atmósfera de pasadas épocas de “Telón de Acero”, y con mi vieja habitación, con su viejo mobiliario y escasas comodidades, fantaseo y me puedo hacer una ligera idea de lo que era la vida aquí hace 30 años. Si cuando amanecí a las seis y cuarto de la madrugada (partimos para Auschwitz a las siete), lo único que circulaba por las calles eran viejos tranvías, rodeados de pequeños y vetustos Lada y algún que otro Moskowitz (el otro vehículo famoso en la época), pues estas pinceladas “setenteras” te recrean bastante bien el cuadro.
Eso sí: a la Selección Española, lo de vetustos hoteles no les hace mucha gracia. Son totalmente indignos para albergar un campeonato de este tipo (y mira que fue lo mejor de la organización en las dos sedes anteriores), y si me cuentan que José Luis Sáez montó en cólera viendo las minúsculas camas que tenían algunos jugadores, poco adecuadas a su tamaño (rumor aún por confirmar), lo que sí es cierto, de boca del propio Sergio Llull, que los colchones son penosos. Que en esas camas los jugadores se hunden y tuvieron que comprar unas tablas para ponerlas debajo y que el descanso del jugador fuera el correcto. Penoso.
Me topo con Blanca Ares, antigua colega de trabajo y esposa de Sergio Scariolo, y estamos un rato charlando. Recién llegada de Moscú, con los mismos quebraderos de todas las madres por estas fechas (“es que los niños ya han empezado el colegio”), su simpatía se agradece. Venía junto a la familia de dar una vuelta por la ciudad, confirmando eso que dice todo el mundo de –“tampoco hay mucho que ver, la verdad”.
Y una vez en el pabellón, la locura griega y la locura eslovena. Los helenos, que tuvieron que ganar tras prórroga a Turquía (76-74), tras un partido igualadísimo, parecían no querer ganarlo. Era asombroso ver a jugadores de esta experiencia cómo perdían balones estúpidos en los últimos minutos. Y Turkoglu, que en el último cuarto había calentado motores, parecía el estandarte turco de la victoria, amenazando con varias canastas consecutivas. Pero fue el pequeño Arslan en una penetración sobre la bocina final, forzando la prórroga, el que dio vida cinco minutos más. Ahí, Spanoulis sentenció, aunque Zisis mantenía la emoción fallando tiros libres decisivos. Hasta que Turkoglu, con el marcador igualado, se jugó un tiro forzadísimo, que por supuesto no entró, y los griegos aprovecharon para rematar, ante el tremendo enfado de Bogdan Tanjevic en la banda, que quería matar a su estrella.
Grecia, nuestro próximo rival. Veo que les falta poderío interior para frenar nuestros “tanques” y que del acierto exterior que tengan, tendrán opciones para ganar. Spanoulis y Zisis no tienen sustitutos de mucha garantía, y si Fotsis no tiene un día acertado en tiro exterior, tendremos mucho trabajo hecho. Pero eso dependerá de nuestra defensa. Scariolo en unas declaraciones esta mañana, aseguró que el equipo estaba preparado para lo que venga. Sergio está impresionado con la capacidad de asimilación de lo trabajado cuando prepararon el partido frente a Francia, visto cómo se plasmó en el parquet. También Pau Gasol hablaba del buen estado de sus compañeros a este punto de torneo. Comparándolo con Madrid, “estamos mucho mejor que hace dos años. El Europeo del 2007 fue bastante agotador en muchos niveles”. Más claro, agua. Y sí me gustaría que se aprendieran de los errores y aunque el Mundial del 2014 está muy lejano aún, bien estaría que se aprendieran de los errores, para no volver a repetir aquello.
Aún más emocionante fue el otro partido de cuartos. Por 15 puntos ganaba Croacia en el segundo cuarto, en lo que parecía que iba a ser el exterminio de los dos primeros clasificados del grupo en cada sede en cuartos de final. Roko Leni Ukic estaba de fantasía, lo seguía Zoran Planinic, y los interiores trabajan muy duro. Eslovenia no tenía recursos ni acierto, hasta que una técnica de Marko Popovic tras una canasta, cambió el signo. Porque sumando a la canasta los tiros libres de la técnica, más un triple en la siguiente jugada, ya eran ocho tan solo, y los eslovenos (cuyos aficionados siguen viniendo en tropel), dentro del partido.
Y llegó el tercer cuarto. Aquel en el que Eslovenia sumó 14 puntos, más bien pocos, pero Croacia batió un récord negativo con ¡3 míseros puntos! En esos 10 minutos, Croacia enterró cualquier opción ya de victoria, al menos mental. Eslovenia se vino arriba, y liderados por los 27 puntos de Erazem Lorbek, y la canasta de Bostjan Nachbar a falta de cinco segundos que sentenciaba el partido, los eslovenos, locos de contentos, pasaban a semifinales (67-65). Eso sí, Jaka Lakovic jugó los 40 minutos y con Erazen Lorbek lo rotaron un poco más: 39 minutos y 20 segundos. Deben estar agotados para el partido de mañana frente a Serbia. ¿Serbia? ¿Os imagináis a este puñado de chavales en la final del Eurobasket? Tal idea comienza a cuajar en mi cabeza.
Cambio de fase y cambio de sede. Lodz era feo, pero lo teníamos pilotado. Lo encontramos encanto y además –y esto sí que nos parece increíble- nos hemos dejado cosas por ver. Que la ciudad tampoco tenía tanto como para dejarte en el tintero cosas. En fin, viaje a Katowice en tren, que según unos policías nos comentaron anoche , no es nada del otro mundo tampoco. De Málaga a Malagón (que digo yo este dicho…¿a quién no le gusta Málaga?).
A propósito, he de pararme en la anécdota de los policías. Salimos del pabellón al cierre de la emisión y en búsqueda de un taxi, en dirección contraria a todo lo conocido con la ilusa esperanza que por esas calles pasan más taxis, intento cruzar una avenida a la torrijeña y Alvaro Paricio, el redactor ACB.com que venía conmigo, me avisa que no lo haga, que hay una pareja de policías adivinando mis intenciones. Como disimulo les decimos que no encontramos taxi. Y si en las pelis está el poli bueno y el poli malo, aquí era el poli bueno y el poli santo. Interesados en nuestra preocupación y ante los resoplidos nuestros a su respuesta de “hay que llamarles”, porque hablar inglés en esas centralitas, como que nadie, uno de dice a otro que coja su teléfono ¡personal!, y que llame para pedirnos uno. Heladitos nos quedamos. Y más asombrados estábamos cuando nos dieron palique durante los 15 minutos que tardó el taxi en llegar. Luego se marcharon con la satisfacción del deber cumplido. Increíble.
Llegamos a Katowice –y sin hotel-. En mi afán de hacer turismo inicial hasta unirme al resto de la expedición, me topo con la zona urbana que alberga gran parte de los hoteles. Esos tan cotizados, repletos desde dos meses atrás. Pregunto en la recepción del más cercano al pabellón, y ¡eureka!, hay habitación aunque solamente sea para esta noche. Adjudicada, que ya veremos mañana. A propósito, vista mi habitación, en hotel puesto por la organización, entiendo las quejas de algún que otro periodista sobre las comodidades de los mismos.
El pabellón es cuco, para baloncesto. El resto eran de hockey hielo y se notaba en el espacio que había entre la pista y las gradas de fondo. Ver el Serbia-Rusia, o mejor dicho a los rusos, ha sido tal sufrimiento (79-68) que en el último cuarto con la veintena de diferencia, estuve con Ricardo Barranco charlando de vivencias varias.
Y llegamos al partido de España, y hacemos examen de conciencia, si con lo conseguido lograremos ganar. Si con lo que somos, lograremos ganar. Si con nuestro juego, lograremos ganar. ¿Veis que de Francia no hablo? Hasta que no me demuestren lo contrario, me preocupa más como juguemos nosotros. Me dice un pajarito que los jugadores de nuestra Selección venían camino del pabellón, cantando en el autobús. Son lo que son y eso nadie lo va a cambiar. No deberíamos olvidarlo y posiblemente, yo el primero.
Con el quinteto inicial típico de este campeonato (Ricky, Rudy, Navarro, Garbajosa y Pau Gasol), afrontamos una primera mitad de cine. Casi perfectos. Los cantos pasaron a concentración máxima en la pista. Francia intenta sorprender con tretas en los emparejamientos: Pietrus con Navarro y Batum con Garbajosa. Está bien pensado si esta Selección dependiera mucho más de Navarro. Falla un triple, falla dos, en el arrebato de retar a Pietrus y a su técnico. Pero Vincent Collet desde el banquillo francés ve anonadado cómo su castillo, es de naipes. Y se derrumba. Por esas cosas de la casualidad, Garbajosa comete muy pronto las dos faltas y se va al banquillo. Entre Felipe Reyes. Batum no puede con este. Grieta. A eso añadimos que Navarro anota el tercer triple intentado. Le siguieron más. Su estrategia defensiva se deshace.
¿Y la nuestra? De fábula, oiga. Pero de escuadra y cartabón. Ricky es Ricky. No solamente el que intenta interceptar balones, sino el que aguanta a Tony Parker las envestidas y tiene que soportar los bloqueos que sufre (todos en movimiento, todos falta). No tira, pero da un ritmo frenético al partido. Scariolo lo sienta aprovechando el tiempo muerto de Collet (18-10). Antes de tal cambio, dejó un destello con un triple tras pedir bloqueo directo a un compañero a modo de señuelo.
Esas canastas de confianza en momentos importantes fueron valiosísimas. Rudy Fernández, el primero que se enchufó (con dos triples suyos inauguramos el marcador) sigue robando balones y haciendo que corramos. Y en rebote, les superamos. Ante el potencial físico francés y su teórico dominio en los rechaces, el imperialismo de Pau Gasol, que disputa los mejores minutos del campeonato. De hecho, hace a jugar a los suyos los mejores 20 minutos de la Selección y de todo el campeonato, sea quien sea el equipo. Intenso como nunca, sus últimos minutos del segundo cuarto fueron para enmarcar: con Pietrus dándole cera por todas partes, luego Diaw, antes de protestar, rebotea, pide el balón y consigue el mate. Se clava en el suelo, mira abajo…donde están los rivales, cual Coloso de Rodas y desafía contrarios. Sublime.
Navarro sigue enchufadísimo, como ayer; y Marc Gasol anota sus dos primeras acciones ofensivas. Parker, sin sentarse ni un segundo se desespera. Antes era Ricky, ahora es Raül quien lo martiriza. A todo esto, 11 faltas en toda la primera mitad. De lujo, que se redondea con un palmeo de Felipe Reyes se llegó a un 47-32 al descanso. Si había algún temor, quizás, era que tal esfuerzo físico pasase factura.
Pues no. Porque el umbral defensivo aumenta. Hay una jugada preciosa en la que Nicolas Batum intenta lanzar bajo el aro español, rodeado por ¡los cinco jugadores españoles en pista! Tras su error, se les acabó la posesión de balón. DEFENSA. Mucha, mucha motivación había en la clave del match, que fue esta. Sergio Scariolo sienta a Pau Gasol a falta de 2 minutos para la finalización del tercer cuarto: llevaba 24 puntos. A lo mejor ésta fue otra de las claves. Sin embargo, hablemos del equipo en conjunto sin individualizar, porque todo salió bordado gracias a la tarea del equipo. Porque era maravilloso ver cómo con 52-73 en el epílogo del tercer cuarto, Raül no consigue recuperar un balón y grita y aplaude de rabia.
Hoy no hicieron falta perfeccionar los sistemas en estático ni las continuaciones ni… Con este ritmo vivo tras buenas defensas, volvemos a recuperar la alegría de las mejores noches y la creatividad corriendo. Porque esta de hoy, es de las buenas, buenas. De las de enmarcar. De las de recordar para pasado mañana y tenerla en mente, porque querremos algo así. Y ahora recuerdo que decían que ante la canasta de Nando de Colo hace dos días, Tony Parker dio una patada a una silla. El chico sabe leer el futuro. Y probablemente barruntó los saludos de los jugadores españoles y los abrazos de todo el equipo técnico al final de éste envite. Como en las mejores galas. Precioso.
86-66. Y a partir de ahora, a seguir con estos chicos hasta el final. Pero ¡fijaos en ellos! ¡Están exultantes! ¡Si es que Pau Gasol acaba de saludar al árbitro español Daniel Hierrezuelo con un júbilo impropio de ganar tan sólo un partido de cuartos! Es un día de gloria que puede durar 72 horas más. ¿También Tony Parker visualiza un pódium el Domingo con…? No digamos nada, que puede dar mal fario. Mañana descanso y a esperar rival. Seguiremos hablando de los nuestros, que son los que nos interesan. Desde los dedos de un jubiloso aficionado español, un saludo a todos.
Hace unos días, desayunando en el hotel junto a Luis Fernando López, periodista de “El Mundo”, le comentaba que este torneo y esta sede en particular, Lodz, se me estaban haciendo largos. Los parones tras jornada de partidos me parecían excesivos. Exceptuando unos Juegos Olímpicos, que eso es otra historia, no recordaba un campeonato con tantos descansos. Y él me contestó que en absoluto, que estos días libres se habían “amenizado” con toda la polvareda montada por las derrotas o las declaraciones de Marc Gasol.
El, veterano ya de estas lides, sabía lo que se decía. El oro de Japón tuvo que ser algo maravilloso, pero también aburrido el transcurso del torneo. No ya el hecho que no se creó ninguna polémica. Sino la simple acción de escribir una crónica, ensalzando las virtudes de los nuestros, contar cómo apalizaban a los rivales una y otra vez, una y otra vez, pudo llegar a ser tedioso.
Y os aseguro que algo parecido me sucede hoy. Y no es que llevemos una racha de palizas precisamente, ni que quite mérito a la victoria de España (90-68 ante los anfitriones polacos), ni que prefiera lo otro en absoluto. Es que no tengo muy claro que debo escribir hoy.
Y hablar de una notable actuación de la Selección Española es algo novedoso en este campeonato. Pero suena a añejo. Ya se ha oído. Por fin se ha oído, como en multitud de ocasiones precedentes. España ha martilleado las aspiraciones de Polonia (las mismas que las nuestras) y les ha dejado en paños menores ante sus aficionados, que de forma correctísima han vuelto a llenar el pabellón y animar a los suyos.
Viendo el entrenamiento ayer de los españoles, las risas, bromas y todo tipo de gamberradas infantiles, hacía que los jugadores mostraban la sensación que la marea había amainado. El lenguaje corporal de los chicos hoy en pista era otro. Había disculpas ante los errores, pero también cantidad de felicitaciones por acciones positivas, sobre todo a los jugadores que toca integrar. Uno de ellos es Ricky Rubio. Sigue jugando mejor, pero continúa sin estar suelto. Siente el cojín mullido en las tareas defensivas y se acopla bien. Ya no es la molestia de tocarte un pico del sofá, como el resto del campeonato. Pero le falta anotar. Se siente romo y desconfiado. Entra a canasta con soltura y cuando lo más fácil es anotar, la sigue soltando para un compañero. De ahí que el gesto de alegría de Pau Gasol cuando le ha dado un pase bajo el aro, que se ha encargado de convertir era descaradamente paternal.
Alex Mumbrú ha anotado dos triples cuando Pau Gasol estaba sentado y eran momentos de inestabilidad. Mumbrú es otro que se ha reactivado y bien que se necesita para futuras empresas. Marc Gasol es alguien al que le falta una vuelta más de tuerca. Goza de minutos, pero sigue tomando erróneas decisiones en tiro, con lo importante que debe ser en ataque. Se ha venido arriba con un gancho con la izquierda delante de Gortat y una posterior suspensión. Pero le falta algo de seguridad todavía.
Los que ya están en el punto son Jorge Garbajosa, que si bien hoy no ha anotado mucho, se mueve con otra gracia y sobre todo, sobre todo, Juan Carlos Navarro. ¡Lo que le ha costado meterse en el papel de Juan Carlos Navarro! Por actuaciones como la de hoy no me importaba que fallase tiros frente a Lituania. El punto lo cogería tarde o temprano. Lo de hoy ha sido una sucesión de “ooh” admirativos del pabellón al completo. Lograr 7/9 en triples es de una sensación tan aplastante para el rival, que ante eso en verdad, uno se plantea la utilidad de su esfuerzo y rendimiento. Los tres consecutivos que anotó en el tercer cuarto, respondiendo a la mejor racha polaca desde más a allá de tal línea, sobre todo por parte de David Logan, fueron tan determinantes que vieron los locales que ya no era una cuestión de ganar, algo impensable, sino de intentar rebajar el marcador, como una situación casi tan quimérica como la primera.
Considero dos claves muy importantes en la gran actuación de la Selección Española el día de hoy: por un lado, la buena defensa a su estrella, Marcin Gortat, que en ningún momento ha dado la sensación de referente ofensivo (12 puntos), con multitud de ayudas y todos muy pendientes, aunque puede ser ya producto del cansancio que lleva encima, y fue David Logan su casi único baluarte ofensivo con 20 puntos; y por otro, el éxito defensivo que se está teniendo en la línea exterior, a sabiendas que se está jugando con tres bajos todo el tiempo (base y dos escoltas o dos bases y escolta), que ha dado un plus de agresividad al quinteto en el parquet. Claro, se consigue a base de una estimulación extra y que los jugadores físicamente se encuentran bastante mejor.
Hay que echarle mucho arrojo y mucha voluntad de sacrificio para defender así, destacando fuertemente Rudy Fernández, y que tácticamente el equipo no salga herido en otras posiciones. Aquí también los interiores se han aplicado el cuento e intentan tapar penetraciones de los pequeños, porque nuestra línea de fuera arriesga mucho más. Y he de reconocer que ese es el principal defecto defensivo que debemos mejorar: entradas a canastas de hombres bajos. En ciertos minutos se ha parado, pero hay que pensar los virtuosos en tal faceta que tiene nuestro próximo rival, Francia. En la actualidad, jugar con base y dos escoltas que superan con poco el 1.90 es una tarea francamente difícil, que con tesón, mucho empeño y buena orientación táctica emanada del cuerpo técnico, está saliendo a pedir de boca. Muchísimo mejor de lo que hubiésemos imaginado sin nos dicen, que por imposiciones en forma de lesiones, tendríamos que jugar así. Pero me da miedo un Boris Diaw, por ejemplo.
En fin, que los jugadores hoy han viajado a las nueve de la noche hacia Katowice, ese sitio donde es imposible encontrar un hotel. Juegan a las 21:00 y espero y deseo que con tan poco tiempo, se mantengan estas sensaciones tan positivas y sobre todo, la cohesión ya adquirida entre ellos. Que no es una cuestión que la atmósfera sea más agradable a causa de las victorias, sino que el bloque está mucho más fuerte y compacto. Que siga cristalizando en victoria. Ya estamos en Katowice y parece que pasamos lo peor. No. Ahora viene lo que requiere máxima concentración sin errores.
Ultimo día de reposo y descanso del campeonato. La sucesión partidos-viaje-partidos-partidos-partidos-vuelta a casa comienza mañana. Y sin hotel en Katowice, que se supone que es una ciudad muy fea, muy fea, con un pabellón muy grande, muy grande, al lado de otra ciudad muy bonita, muy bonita (Cracovia) que espero ver. Auswitch espera también. Y espero ver buen baloncesto y algo de logros de nuestra selección (rectifico: Selección Nacional. Siempre en mayúsculas, amig@. Incluso tras el bochorno británico o la derrota turca, siempre en mayúsculas).
Regreso de una cena con ensaladas y sopas, envuelta en maravillosas historias de abuelo cebolleta. Albert Arranz se erigió en el protagonista. Y todos los allí sentados, Alvaro Paricio, Carlos Sánchez Blas, el propio Arranz y un servidor, reconociendo que vivir un campeonato así, siempre fue el deseo de la infancia y el sueño de la adolescencia. Las sopas nocturnas de hoy vienen precedidas por un enorme costillar de almuerzo y son el preludio de un severo régimen a mi llegada a España. Da igual. Repito, esto fue deseo y sueño solapados en el tiempo. Y evaluar campeonatos así, es valorar momentos de conversación como los de esta noche. Gran Albert. Grandes ratos, grande el baloncesto que nos hace tener tertulias en bonitos restaurantes en ciudades recónditas.
Hablando de grandes, aquí va otro: Mel Otero. Recordando tiempos ochenteros de baloncesto gallego, del Breogán, felicitado por ser nuevo director adjunto en deportes de “La Sexta” y como guía del hotel donde se hospedan ellos y las selecciones participantes, disfruté también otro gran rato.
“Tío, ayer en zona mixta, tras acabar el partido frente a Lituania, quiero coger a Garbajosa para entrevistarlo, que iba junto a Marc Gasol. Y cuando lo señalo y Marc se siente aludido, me responde: “¡A mí no! ¡No jodas, otra vez no!”.
En el hall del hotel hay movimiento. Rudy Fernández, Alex Mumbrú y Sergio Scariolo atienden a los medios. Tranquilidad y no hablar mucho del partido de mañana entre los periodistas, muestra un ambiente cordial, con más confianza, que hace pensar con optimismo en el decisivo de mañana, ante Polonia.
Llegamos al pabellón a primera hora de la tarde para ver el decisivo Francia-Grecia por los monitores de la zona de prensa, duelo que desvelaba el primer clasificado del otro grupo. La cordura dice que España será cuarta de grupo, puesto que si Serbia gana mañana (lo lógico) a Lituania, esa será la clasificación en nuestro grupo. Pudiéramos quedar segundos, pero para ello junto a este resultado, debiera darse la derrota de Eslovenia ante Turquía.
Las risas en los últimos minutos al ver que nadie quería ganar en tal enfrentamiento, eran elocudentes. Si Tony Parker puede decantar la balanza, lo siento casi todo el último cuarto. Si Sofoklis Schortsianitis hacía mucho daño, al banquillo, no vaya a ser que me gane el partido. Era un juego de ‘gallinita ciega’ tan esperpéntico y curioso, que no podíamos ocultar la risotada ni la mofa. El ‘premio’ por ganar el envite es casi con toda probabilidad, enfrentarse a España en cuartos. Y eso no lo quiere nadie. Un canastón de Nando de Colo en los últimos segundos dio la victoria francesa, y el pobre chaval con cara de idiota, porque nadie lo felicita, mientras que el griego Bourousis no puede ocultar su risa. Una pantomima.
Como habréis podido comprobar casi todos, hoy ha salido a los kioscos la revista “Gigantes”. Y en ella se muestra lo que la televisión no pudo ver: la clarísima falta de Erden sobre el intento de mate de Llull. Una imagen vale más que mil palabras. Y la foto, os aseguro, es digna de verse. A partir de aquí, se pueden cerrar o abrir nuevamente todo tipo de especulaciones.
Antes de despedirme, no puedo obviar un pequeño comentario de los fenómenos a los que dan el micro en el pabellón. Los ‘speaker’ les llaman también a estos. Ya nos resultó paradójico el ‘puñal’ al base serbio Bojan Popovic, cuando en la tercera jornada del Eurobasket anota dos puntos, y el fenómeno del micro comenta “Canasta de Bojan Popovic: su primera canasta del campeonato”. Sino que ayer fue lamentable previo a la prórroga, cuando los turcos consiguieron la canasta de la victoria en un palmeo de Turkoglu -¡qué grande, 1/15 en tiros de campo!-, claramente fuera de tiempo, con el marcador empatado. Los árbitros se van a la mesa a ver la repetición de la jugada. Y el ‘speaker’, que se podía callar, la verdad (nunca he visto un tipo de estos tan charlatán como este), constantemente diciendo que la televisión mostrará al público la repetición por el marcador electrónico, algo imposible, puesto que ese privilegio es únicamente y expresamente para los árbitros. Cuando se dan cuenta que está fuera de tiempo, que la canasta de Turquía no vale, que los serbios se alegran porque tienen la opción de la prórroga, el fenómeno se marca un –“…y victoria de Turquía, señores!”, dejando a todo el pabellón confundido, a no ser que vieses las muestras de júbilo de los balcánicos. A los segundos, el mozo se disculpó. Lamentable.
Y poco más. Nos ataremos los machos mañana, que la atracción es fuerte y nos puede dar la posibilidad de permanecer en este país cuatro días más. Una vez en Katowice, suceda lo que suceda, todos al lado de la Selección. Físicamente, digo.
Llego con dos horas de adelanto al pabellón respecto al inicio del partido de España. Supongo que serán la inercia y ansiedad por la llegada del match lo que me hacen partir hacia él sin pensarlo mucho. Hoy es día soleado, a diferencia del Domingo de mesa camilla de ayer. Que hubo un momento que quisimos desintoxicarnos algunos, de tanto hall de hotel, dando una vuelta por las afueras de esta ciudad, hasta acabar en un bar donde nadie hablaba inglés y donde la gente tranquila, toma sus cervezas entre aromas a comida casera. Digamos que era como visitar un bar en un pueblo perdido de la provincia de Avila.
Desde mi puesto de prensa, ya dentro del pabellón, veo (y son las 14:18) a Jorge Garbajosa entrenando triples solo, con la ayuda de Nacho Coque. Otro aspecto de esta Selección del que nadie habla: Nacho Coque, Chus Mateo, Kiko…los componentes más anónimos del Equipo Nacional, sean médicos, fisios, delegados o asistentes. Gran trabajo, siendo gente amable y extraordinaria. Saludo a Coque, y la mejor de sus caras. Con Chus Mateo jamás había mediado palabra hasta hoy. A pesar de la situación, sonrisa abierta. Buena gente. Con lo cual es más inexplicable la situación de la Selección. Que no el ambiente, que como bien dijo Ricky anoche, no es tan grave como se quiere pintar desde fuera. Garbajosa comienza a calentar y empieza a meter todas. Será que tiene “compañía” al lado, que luego detallaré.
Pequeño drama: se me ha olvidado cambiar los euros que me quedan por “pichurros”, o como los llaman aquí, zlots. ¿Cómo se puede llamar a una moneda como al personaje de los “Goonies”? En fin, que habrá que buscar el catering del pabellón para prensa, aunque solamente sea para un simple café.
Esta mañana he visto que soy uno de los protagonistas de la portada de acb.com, gracias a Alvaro Paricio, su redactor. Una foto con el entrañable Albert Arranz en el hall del hotel, que en su ordenata muestra sus mejores tesoros: series setenteras, su música favorita y fotos de la familia. Amigo, fue un gran placer conocerte para mí también.
Nueva noche, la de ayer, de copiosa cena por muy poco dinero. Fuimos al restaurante más caro de la zona y nos costó 13 euros “la broma”, contando entrante, plato, postres algunos y café. Nunca 300 euros me dieron tanto de sí. Contando que una copa en un pub cuesta casi 8 euros…lo de los licores aquí no se lleva mucho, supongo.
Estoy viendo a las cheerleaders del CsKA calentar. Son las “Red Foxes” las que amenizan los tiempos muertos. Sus ensayos también son magistrales. Nos cuenta Javier, el fotógrafo de “Gigantes”, que sus coreografías son perfectas. Haciendo fotos al colectivo, todas tienen el mismo gesto en la instantánea. No es como en Varsovia (cheerleaders del Lech Poznan), donde una saltaba, otra estaba a punto y la otra miraba de reojo por si la tocaba saltar o no. Aquí utilizan cintas, balones de baloncesto, capa de toreros…artilugios varios que los mueven con la coordinación de gimnastas rítmicas, sean balones al aire o pases unas a otras. El otro día nos topamos con ellas en un acto promocional y al margen de sus ya sabidas piernas interminables, tienen rostros esculpidos por manos celestiales. No sé por qué, pero Garbajosa está enchufando ya todos los triples que intenta.
Angel Palmi, director deportivo de la Federación Española, se pasea cabizbajo por el pabellón. No ha cambiado su rito desde que llegó a Polonia. Y no es que sea la alegría de la huerta precisamente, pero a veces parece un alma en pena el hombre. Espero que nos den a todos una alegría hoy.
Parón. Encontré el catering para periodistas. Con diferentes refrescos y zumos de naranja (muy de agradecer), un guiso de carne de ternera acompañado de arroz. No son bocadillos rancios ni tentempiés engañabobos. Comparado con los chicles que repartían en el Eurobasket España 97, única referencia de torneo senior que tengo, está muy bien.
El partido está a punto de empezar. Debo ponerme la chaqueta porque aquí, con el aire acondicionado, se han pasado. Los lituanos comienzan a inundar las gradas, para que en poco lleguen al hermanamiento con los polacos que llegarán en breve.
Salto inicial. Pinta mal el asunto. Estos nos buscan las cosquillas por el físico. Maciulis es un tanque al lado de Rudy al que toca defender, Mantas Kalnietis hace correr y anota con facilidad y Petravicius se está empleando muy duro con Pau Gasol. Vuelven a sacarnos los colores y con 10-19, Scariolo solicita tiempo muerto. Cambia el cinco al completo: Marc Gasol, Felipe, Mumbrú, Llull y Raül. Acabamos el primer cuarto con 15-24 y nervios. Todos los del mundo, resultado de volver a jugar en contra en el marcador. El segundo cuarto se inició con más de lo mismo, pero con imprecisiones tales, que el electrónico no se movía.
Y aquí llega el detonante ¿del partido? ¿del campeonato? Salimos fácil de la presión y Pau Gasol consigue un mate estratosférico. En la siguiente jugada, el propio Pau consigue canasta con adicional: 22-24 y ellos solicitan tiempo muerto. Dos acciones que en circunstancias normales no debían tener mayor importancia, a ellos les asusta y paran el partido, en muestra clara de la fragilidad mental en la que ellos se manejan (no sólo nosotros, ya veis).
Presionamos a toda pista. Suben las líneas, la intensidad y el ánimo. Navarro y Rudy como los listos de la clase, robo de balón, pase interceptado, ellos que enloquecen y pierden los papeles. Con un triple de Navarro nos vamos 29-24 desde aquel 15-24 y el espectáculo continúa. Pau Gasol rebotea como un poseso, con verdadero deseo. Un tapón, dos tapones consecutivos y forzamos el balón para nosotros. ¡Aquí no pasa nadie! Resoplo una y otra vez. El posible embarazo es una falsa alarma y un error del “Predictor”. ¡Qué alivio!
Y seguimos resoplando en la grada y seguimos con la racha y la borrachera de puntos en la pista, hasta llegar a un parcial de 23-0. La alegría volvió entre los jugadores. Hasta que no restaron 2:50 para el final, ellos no consiguieron hacer un punto en el segundo cuarto. Nosotros seguimos a lo nuestro y hasta Jorge Garbajosa consigue anotar triples. Al descanso 40-32 y buenas sensaciones. ¡Pero si hasta hoy me paro a ver las actuaciones de las cheerleaders!
Segunda parte. La defensa sigue muy fuerte, con toda la voluntad y cada vez mejor conexión. “Alley-oop” de Gasol unido a errores en el tiro de Garbajosa o Navarro. Da igual, si de lo que se trata es de conseguir la comodidad y las sensaciones de siempre, que sigan tirando hasta que las recuperen. Lo que no entiendo es la locura lituana de circulación de balón y decisiones erróneas. Tienen un base, Kalnietis. Nadie más. Sin embargo lo hizo bien en la primera parte y debe ser el único que pudiera frenar esta paranoia. Allá ellos.
Me gusta una acción en la que, con el juego parado, Navarro se encamina hasta la canasta contraria, para hacer un mate. Jugueteando en la canasta del parque, la alegría que da jugar a esto cuando estás contento. Y eso se hizo extensible a casi todos. Tras las buenas acciones defensivas, Ricky Rubio pudo correr y repartir el balón sin perderlo, como ha hecho hasta llegar aquí. Pau Gasol quiso ser el dominador en los aros y lo consiguió. Se anotaban triples y tirando de cinematografía bizarra, los lituanos se convirtieron en cenizas ante nuestros ojos como en “Kung Fu y los siete vampiros de oro”. No fueron de oro, pero se desintegraron ante nuestra presencia. Con razón Kurtinaitis no quiso hablar ayer.
El partido finalizó con 84-70. ¿Sensaciones? Hubiesen sido mucho mejores si lo logramos frente a Polonia, por ejemplo. Lituania estaba tan tocado como nosotros. Por eso debemos ser cautos. Sin embargo se consiguió creer que es posible hacerlo bien. Es posible DIVERTIRSE jugando. Hoy había sistemas a ejecutar y calidad a demostrar al margen de guiones. Y ambos han salido por momentos. Se apretaron los dientes por nosotros mismos, por combatir contra el lado oscuro de estos jugadores, no por un rival. Se mantuvo la concentración y jugadores con lastres importantes, sintieron el acierto rodando por las yemas de sus dedos. Esta debe ser la base para que en los momentos que no haya tino, no vuelvan los fantasmas, sino que se piense que incluso ahí, la diversión está adherida a este juego; no hay que crearla cuando se corren contragolpes tan solo.
Descanso del Polonia-Eslovenia: 29-31 para Polonia, que sin anotar ni un tiro exterior exceptuando los primeros minutos (3/13 en triples) a base de garra y pundonor, están en partido. El público está entregado. ¡Qué bonito es este deporte en ambientes así!
Pues pasado mañana nos lo encontraremos. Que la victoria que nos de el billete a cuartos es Polonia, no la de hoy. Que las sensaciones positivas se multipliquen y a partir de ahí, que los chavales jueguen. A partir de ahí, lo que venga, será bien avenido.
Jornada de guardia y reflexión. Muchos periodistas no se han movido del atractivo hall del hotel esperando declaraciones. Desde la rueda de prensa que dieron esta mañana de forma conjunta José Luis Saez, Sergio Scariolo y Juan Carlos Navarro, los medios quedaron enclavados intentando conseguir declaraciones y citas con los protagonistas. Duro trabajo, en verdad, de estos enviados especiales.
Lo que parecía un gabinete de crisis, con la citación de esta rueda de prensa, consistió en una reunión apaciguadora. Que todo sigue por derroteros de cordialidad. Que si Llull hubiese conseguido el mate hubiese sido hoy un héroe, Scariolo un mago de los banquillos y según Navarro, esta rueda de prensa no se hubiese producido.
El entrenamiento previsto por la organización a las ocho de la mañana por la Selección, se lo han saltado. Lituania lo tenía a las 9 y también. Turquía a las 10 hizo lo mismo. Tenían otro de hora y cuarto a partir de las 2 del mediodía, precisamente de los nuestros. ¿Quién ha sido el genio que ha ideado este tipo de entrenamientos? ¿No sería mejor hacerlos de hora y media o dos horas, todo del tirón, a partir de las doce de la mañana, una hora más correcta? Era una penita ver la pizarra con el planning de entrenamientos programados, y a la derecha “cancelled”, en bastantes de la mañana.
Hoy me entero que Sergio Llull y Marc Gasol son compañeros de habitación. Esta noche bajaron a cenar juntos y bromeando. Las mismas bromas y sonrisas que hubo en la sesión preparatoria. Y créanme que Lituania no está para sonrisas. Que Kurtinaitis se ha negado a hacer declaraciones a Carlos Sánchez Blas, de Onda Madrid, posiblemente porque no tenga nada bueno que decir. Su equipo naufraga y él, testigo de las mayores glorias, está dolido.
José Manuel Calderón ha estado junto a su padre, repartiendo sonrisas, entrevistas y cordialidad a todo quien se lo pedía. Un auténtico fenómeno. Quizás esa calma es la que se echa de menos en el equipo nacional. Pero creedme que no son los jugadores ni el cuerpo técnico los más nerviosos. Me cuentan que a los directivos de la FEB no les llegaba la camisa al cuello anoche.
Es día de reflexión en algunos para coger confianza y fe en nuestra Selección. Uf, reconozco que lo intento pero me cuesta. Sí, pienso que los franceses o griegos, que serán casi con toda seguridad los primeros del otro grupo, estarán con la congoja de tener que encarar a España en cuartos de final. Que al fin y al cabo, somos los Estados Unidos de Atenas 2004. A quien le toque en cuartos puede ser su fin de viaje. Seguimos siendo los cocos. Sin embargo, asumo que me cuesta. Son muchos los problemas que tiene esta Selección en el juego, que cuando realizan momentos brillantes vienen seguidos por fallos que nos impiden coger una renta cómoda en cualquier partido. No se tiene la alegría que hace recuperar malos tragos.
Quizás a quien se le ha acabado la alegría para recuperarse es a mí. De hecho, sigo a vueltas con el partido frente a Turquía y pienso ¿Quién nos asegura que Gasol hubiese forzado falta en la última jugada? Estaría bien repasar el vídeo de la primera mitad y ver la cantidad de ocasiones que forzó jugadas sin sacar nada de provecho. Pienso en la última entrada de Rudy Fernández que casi nos cuesta el partido si no fuese porque tocó en un rival antes de salir fuera, y en la horrible racha de tiro de Navarro. Todos eran armas y alternativas para el final. Y es perfectamente entendible aquellos con la postura que galones son galones. Sin embargo, no se puede asegurar tal o cual resultado final en una jugada que no se produjo. Este resultado vino dado por gran cantidad de errores.
Existe un post muy acertado en la que habla del peligro de Gortat en la continuación a los bloqueos, esa jugada tan indescifrablemente complicada para defender por nosotros. Aunque me ratifico en la idea que Polonia, cuando llegue el día de enfrentarse a nuestra Selección, estarán muertos y caerán en el minuto 30.
De momento y mañana, Lituania. Si corren, son peligrosos. En estático son una sombra de lo que fueron. Sus bajas son muchas y se notan. No es de los rivales de los que me apetece hablar. Bastante tenemos ya nosotros por solventar y por lo dicho en anteriores crónicas, el problema es que no es una cuestión de recuperar el ánimo y el “buen rollismo” de los chavales. Eso se puede conseguir, pero las carencias en el juego traducido en errores, les devuelve a la frustración que hace pensar que hay guerra de egos y disputas entre ellos. No se puede adivinar. Os lo digo en serio. Sí pienson en las declaraciones de Carlos Jiménez, en la que aconseja que más vale todos asuman el rol que tienen en el equipo, y más visto lo visto antes y durante del campeonato.
Al menos, mañana hay competición. Reconozco que estos días parados me matan. Y pasado con las mismas. Buscaremos el museo y la escuela de cine creada por un nativo de Lodz, Roman Polanski. Otro día en el hall va a acabar con la salud mental de los que tienen que aguantar horas y horas en él. Claro que ganando, tendrán mucha más libertad de maniobra fuera de las fronteras del hotel. Veremos. España-Lituania: 1 fijo en la quiniela.
No sé si después de los enfados y cuando uno se calma, las ideas se ven más claras. Por mi parte, no es el caso. Ahora no tengo ni idea cómo comenzar este post. Preguntando estaba en el chat si fue o no falta la entrada de Llull vista con las facilidades que da una retransmisión televisiva…y nadie me aclara nada. Que no se ve. Bueno, pues empiezo por aquí, que no tengo nada mejor.
Me comentan las declaraciones en caliente de Marc Gasol tras el partido. Sin tener la oportunidad de ver la repetición de la jugada, me parece importantísima la decisión arbitral si es acertada o equivocada, y no ya por el hecho que iba la victoria en esa jugada. Lo digo porque quisiera evitar escuchar a quien tenga el arrebato de criticar a Sergio Llull el que se jugase ese último lanzamiento, puesto que viendo el desastre de los últimos minutos en nuestros ataques, me parecía la mejor opción. El chico tiene los arrestos y la valentía de ver una opción clara y se arriesgó.
Luego me cuentan que en rueda de prensa, que para Scariolo era una de sus primeras opciones, que con cuatro altos en pista por parte de los turcos, era una jugada para anotar los dos puntos. Totalmente de acuerdo. El chico es un toro y arrancándose como lo hizo, podía decidir. Si consigue el mate, hubiese dado la vuelta al mundo durante dos días. Y sabiendo eso, el enfado de Marc no iba, por tanto, con “el chico nuevo”…Da igual.
El caso es que la derrota por 60-63 nos deja al filo del abismo. O peor todavía, en el punto en el que hace días se intuía y nadie quería verlo. No puedo creer que esta selección tenga el techo tan bajo. Pero es así.
Reconozco que al descanso no quise escribir nada por el terrible enfado que tenía. El nubarrón fue extensible hasta la segunda mitad. Y tan claramente como se vio frente a Gran Bretaña, hoy se han visto las terribles deficiencias de nuestra Selección Nacional.
Y comenzamos. Al quinteto de Gasol (Pau), Rudy, Navarro, Reyes y Ricky, Tanjevic contesta con Onan, Tunceri, Turkoglu, Ilyasova y Asik. El principio me preocupa muchísimo. Las mejorías frente a Eslovenia no se han mantenido: se siguen cometiendo los mismos errores. La defensa al dos contra dos siendo calamitosa y un jugador avispado como Tunceri saca partido anotando suspensiones fáciles porque nadie lo marcaba de forma correcta. Sin embargo, el resto de sus compañeros, Turkoglu e Ilyasova, queriendo hacer la guerra por su cuenta, ralentizan el acierto de los suyos y Tanjevic solicita tiempo muerto con 14-8 a favor de España.
Dominábamos tan solo en el marcador, puesto que los errores eran de bulto. Las imprecisiones de Ricky Rubio clamaban al cielo (¿qué le pasa? Y que no digan la chorrada de la presión que soporta, que es absurdo. Que el chico dirigió una final olímpica), los jugadores están tensos, hay errores tontos y la falta de ‘timing’ tanto en defensa como en ataque es alarmante. Son pequeñas cosas como que alguien está un metro desplazado del sitio correcto en su defensa y permitimos una suspensión fácil, o que se da un pase a Pau Gasol en ataque, que se supone que llega, sin percatarse que ha sido agarrado previamente y había que esperar algún segundo para darlo…pequeños errores que hacen no irnos nunca en el marcador.
Omer Asik consigue un mate superando a Pau y levanta a los suyos; a la siguiente Gasol decide devolvérsela con prisas y mal, con lo que no se saca ningún beneficio. Scariolo lo ve y solicita tiempo muerto al estar por debajo en el marcador. No todo es negro, y tras el 22-20 a favor en el primer cuarto, pienso que hoy puede ser el partido de Raül López, pues penetra con bastante facilidad y no hay respuestas de nadie. Al menos leemos defectos en los turcos.
Continúo viendo que la defensa del “pick and roll” llega a ser penosa, con Erden y Asik martirizándonos sin piedad de forma repetida. Y si no, es el pequeño Arslan, ahora en pista, quien saca tajada cuando los altos no culminan las acciones. Salta Marc Gasol a cancha y al menos, la sangría interior se va apaciguando. Navarro está teniendo un día horrible en tiro. Se le da protagonismo a ver si resucita. No hay forma: falla los tres lanzamientos que intenta, y vuelve eso que dijo Carlos Jiménez hace dos días en Onda Madrid: “Me sorprenden las caras de los jugadores, tristes y cabizbajos”.
El desorden ofensivo de los nuestros comienza a ser evidente. Vuelvo a pensar que falta ‘timing’ y bastante paciencia. Si las jugadas no salen, lo que sí lo hacen son las prisas y el forzar situaciones.
¿Cómo es posible que estos grandes jugadores lo hagan tan rematadamente mal? Y comienzo a pensar nuevamente que la preparación no fue la adecuada. Y no hablo de jugar los partidos en nuestro país, con rivales intrascendentes en ocasiones. Hablo del sentimiento que intuyo en Scariolo. Impotencia. A este equipo le faltan entrenamientos, tiempo para ensamblar los movimientos de todos los jugadores en los sistemas. Y se ve tan claramente, que me asusta pensar que así no vamos a ninguna parte. A este equipo le falta una semanita entrenando ¡sin partidos! Y ahora maldigo, cual Charlton Heston ante la estatua de la Libertad, a quienes planifican el rosario ininterrumpido de encuentros de preparación, que dictan unas obligaciones económicas muy, pero muy por encima de intereses deportivos, que es lo que debiera contar con esta Selección, la mejor de nuestra historia, y que debiéramos mimar en vez de castigar. Sí, son muy buenos. Pero porque han trabajado mucho y necesitan hacerlo.
Tras un 34-36 al descanso, se reanuda el partido, con peores sensaciones aún. Ricky no es ni de lejos el base de la “Penya”, hasta el punto que era complicado verle dar un pase en condiciones sobre todo en los últimos segundos. Se intenta jugar al interior, pero los balones son una lotería por ver si llegan a nuestras manos. Hombres de esta experiencia están perdidos. Jorge Garbajosa, al margen de un triple anotado, se le ve con una confianza nula. Rudy intenta decidir por su cuenta –demasiados tiros forzados y con la idea que su última entrada llena de corazón y poca razón pudo ser trágica-.
Veo que ya se falla desde el banquillo. Con la actuación ofensiva de los hombres altos, no creo que fuese lo apropiado tener a Felipe Reyes y Garbajosa juntos en cancha. Felipe consigue puntos, pero no caigamos en el error de pensar que es un referente ofensivo. Los hermanos Gasol lo son, no ellos. El desastre llega a proporciones que nunca imaginé. Con los pívots mencionados que se mantienen en cancha también en el último cuarto, cada rebote es un sorteo que cae al cualquiera tras haberlo tocado tres o cuatro jugadores. Raül se oscurece y no ve claridad. Pero más desacertada fue, en mi opinión, su salida de la pista a favor de Ricky Rubio, cuando restaban 7 minutos.
Se vuelve a la locura de pases erráticos, forzados, perdidos muchos de ellos y a la nula circulación, incluso con Pau Gasol en la pista. A los cambios de asignación, no nos enteramos y vemos a Erden e Ilyasova defendidos por pequeños bajo el aro. A Rubio lo dejan tirar claramente, pero su 1/7 en triples pesa demasiado y no se atreve. Penetra y dobla. Balón perdido. A Dios gracias un robo de Navarro a un mal pase turco, que nos pone un punto por debajo. Y de ahí al final, la decisión de la entrada de Llull, repito, para mí correcta.
Hasta ese momento se vio un espectáculo indigno de estos jugadores. Dije que con estos problemas debíamos afrontar los siguientes partidos al bochornoso papel frente a Gran Bretaña. Aún así, podíamos hacer cosas. Esto era Turquía, y el siguiente será Lituania y el siguiente Polonia. Son rivales serios. Las cosas no cambian de la noche a la mañana y con el gran talento de nuestra plantilla deberemos morir, porque poco más nos queda. Por eso repito: el techo es demasiado bajo.
Veo la enorme entrega de los polacos frente a Serbia. Los anfitriones son 7 jugadores nada más y caen con todo el honor. Me llega un mensaje que Marc Gasol se personará a los medios de comunicación esta tarde, para disculparse –supongo- de las declaraciones televisivas. Rectificar es de sabios.
Ya entrar en cuartos se complica. No podemos fallar más. Da igual el rival que nos toque, el caso es llegar. Rezaremos por ello.
Lleva 10 años en Canal + y 8 comentando partidos de baloncesto. Su actual silencio en las pantallas no es secundado por otros "frentes", como "Gigantes del Basket" o este mismo blog. Dice que le metieron el gusanillo sus amigos cuando con 7 años se encontraron un profesor con más pasión que conocimientos sobre este deporte. A partir de ahí, y como simple aficionado vivió la "Belle Epoque" del baloncesto, esos 80 a los que casi siempre se remite. Coleccionista de vocación, confiesa que no tiene alma de periodista. "Yo, tan sólo disfruto de este deporte". Cuando llegaron los clásicos de la NBA a Canal+, aseguraba que "era como si viniesen los Reyes Magos a diario". Antonio Rodríguez es un apasionado de este deporte, por encima de todo.
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