Moncho Monsalve me había comentado la posibilidad de convocarme por parte de la Selección española ‘B’, pero como no había nada concreto, me marché a la Liga de Verano de las Vegas, donde iba a participar con Cleveland, después de desestimar la opción de Toronto.
Una vez en Estados Unidos, me informaron que la denominada ‘Selección Promesas’ iba a participar en el prestigioso Torneo Súper 4 en Argentina y… ¡que contaban conmigo! No lo pensé ni un instante. Abandoné mi segunda experiencia en Norteamérica tras ocho días intensos y regresé a Europa para tomarme un respiro antes de dicha convocatoria. Todo lo contrario que mi compañero Sergio Sánchez (MMT Estudiantes), que prácticamente enlazó ambas cosas jugando con los Celtics.
En mi caso, aproveché esos días para visitar en Inglaterra a la familia de mi novia, Sophie. Tras este periodo de desconexión, me incorporé a la concentración en la localidad madrileña de Pinto.
Desde el principio hubo ‘buen rollo’ en el grupo, y es que la mayoría ya nos conocíamos de haber coincidido en la sub20 o de habernos enfrentado alguna vez. Por ejemplo, me reuní con Sergio Pérez Anagnostou -con el que jugué el año que el Polaris World Murcia ascendió a la Liga ACB-, el cual tuvo que acortar su luna de miel (se casó con Auris el 7 de julio) para poder participar en esta cita.
A Pinto llegamos catorce jugadores, ya que José Amador y Alberto Corbacho acudieron en calidad de invitados, aunque finalmente tuvieron su oportunidad por las lesiones de David Doblas y Fernando San Emeterio. El descarte de Doblas se produjo a los dos días, cuando se resintió de las molestias que durante la temporada había arrastrado en un gemelo. Lo de San Emeterio, en cambio, fue ‘in extremis’. De hecho, Corbacho tenía preparadas las maletas.
Lo peor de la experiencia, como siempre, el largo viaje. En esta ocasión, no sólo soportamos las innumerables horas de avión hasta aterrizar en Buenos Aires, sino las cinco horas de autobús que tardamos en llegar a Mar de Plata. Allí jugamos un amistoso contra Argentina, que -dicho sea de paso- perdimos. En este choque me enfrenté a mi nuevo compañero en el Polaris World, Federico Kammerichs, y la verdad es que los dos, que sabíamos la coincidencia, nos saludamos sin conocernos personalmente y charlamos un rato.
Después nos trasladamos a Santa Fe, lugar de celebración del Torneo Súper 4. Primero vencimos a Canadá y después caímos ante la anfitriona, pero puedo decir que esta vivencia fue increíble. Además, suponía el adiós del Monsalve entrenador y eso tenía su componente emotivo, como emotivas también fueron las palabras que nos dedicó al finalizar esta competición.
En definitiva, una cosa más que tengo para contar y muchos nombres propios en el camino. Por eso, no quiero olvidarme de la visita de Pepu Hernández cuando estuvimos en Pinto y del doctor Chano Méndez, que no se perdió el último partido de su inseparable amigo Moncho. Eso sí, último como técnico, porque Moncho Monsalve hay para rato…
Tras nuestro agónico ascenso en la prórroga del quinto partido en Zaragoza (así fue más bonito, por cierto), mis representantes me plantearon la posibilidad de acudir a una Liga de Verano de alguna franquicia de la NBA. Yo acepté encantado y finalmente ingresé en la de los Orlando Magic.
Todavía recuerdo los nervios que pasé en aquel largo viaje, pero tenía claro –y así fue- que una vez allí iba a encontrarme como pez en el agua. Mi padre me llevó desde Gandia (donde vive mi familia) al Aeropuerto del Altet (Alicante) y allí casualmente me encontré con gente de mi club que iba para Barcelona a la reunión de bienvenida de la ACB. Con ellos estuve hasta que me llegó la hora. De Alicante a Barcelona, de Barcelona a Filadelfia y de Filadelfia a Orlando… en total 14 horas!!!
Cuando pisé suelo americano, he de decir que mi primera anécdota no fue agradable. Perdí la documentación, el dinero y mi mochila… por lo que tuve que pagar 50 dólares para que el taxista regresara a mi destino a devolverme mis pertenencias. Al final, todo quedó en un susto.
En Orlando me hospedé en ‘Residence Inn’ (un sitio impresionante!) y ya al día siguiente, comencé a entrenar. Lo primero que comprobé fue el alto nivel físico que hay; de hecho, ésta es la primera gran diferencia que resaltaría con respecto a España. Yo, además, me pasé dos días ‘con la lengua fuera’ y arrastrándome por la pista. Después, ya coges el ritmo, pero cuesta… también por el cambio de horario, porque alguna vez tuve que jugar un partido a las 4 de la madrugada de España!!!
Otra circunstancia que me llamó la atención fue cómo se plantean ellos el deporte. Allí te dejan a tu bola, es decir, sólo te imponen los entrenamientos, porque el resto del tiempo lo dedicas a lo que tú quieras. En España, en cambio, se lleva el modelo ‘concentración’. Yo tengo claro que me quedo con lo que había visto antes, porque al fin y al cabo la convivencia es la mejor experiencia.
Por otro lado, lo que es jugar, la verdad es que no me utilizaron mucho y pienso, que algo más me podían haber sacado (y eso que reconozco que ellos tenían jugadores muy buenos). Es más, creo que en mi estadística sólo aparece una asistencia. No obstante, a nivel personal me llevé un recuerdo bastante grato; por ejemplo, conocí a Larry Bird!!!
Otro aspecto que destacaría es que la Liga ACB en Estados Unidos es conocida y goza de buena reputación. Cuando te preguntaban, te dabas cuenta que muchos jugadores, incluso, habían hablado con americanos que habían militado en España y por supuesto, contaban maravillas de la segunda mejor competición del mundo.
Mi valoración es muy positiva. Conocí otra cultura, otro baloncesto y… gente nueva e interesante. El juego es intenso, había jugadores de 1’80 que podían pasar por encima de ti… En definitiva, mis expectativas se cumplieron con creces, aunque me faltó disfrutar de más minutos. En fin, otra vez será!!!
Cuando empiezas a jugar al baloncesto, siempre sueñas con llegar algún día a la Liga ACB. Yo alcancé esa meta el 1 de octubre de 2006, cuando debuté –junto a mis compañeros Gavel, Dragic y Brown- en Gran Canaria.
Recuerdo que aquel día estaba muy ilusionado, pero a la vez nervioso porque faltaba Marcus (Fizer), que estaba lesionado. Yo sabía que esta circunstancia iba a provocar que yo tuviera más responsabilidad y consecuentemente, más minutos. También estaba inquieto porque era algo nuevo, que nunca antes lo había probado; aunque una vez en el partido, me olvidé de donde estaba jugando y, pese a la derrota de mi equipo, salí contento con mi actuación en mi primer encuentro en la élite.
La verdad es que con el Polaris World Murcia me han pasado muchas cosas buenas. Ésta es mi segunda temporada en este club, que –y tengo que decirlo- desde el principio me apoyó bastante. Si bien es cierto que al llegar no era importante, poco a poco me hice un hueco que fue reconocido posteriormente con los dos MVP que conseguí en la LEB: el de la Copa Príncipe –el primero en mi carrera- y el de la final de la liga.
Ahora echo la vista atrás y me doy cuenta de las cosas que he conseguido, tanto a nivel individual como colectivo. Además, me llama la atención que muchas veces soy consciente de éstas después de hacerlas. Por ejemplo, tras el partido contra el Barça, muchos aficionados me felicitaban por el tapón que le había puesto a Fran Vázquez o, cuando después de vencer al TAU en el Palacio de Deportes, me enteré que con el mate que realicé al final del encuentro, había redondeado la cifra de 25.000 puntos del Polaris en la ACB.
El reconocimiento de la gente que va a verte a los partidos, la que te aplaude cuando lo haces bien y la que te anima cuando más lo necesitas, es lo que más me llena. Porque tengo que decir que los aficionados en Murcia se portan muy bien conmigo. Todavía recuerdo que fue en el choque contra Huelva en la LEB cuando comenzó mi conexión con ellos. Desde ese encuentro los seguidores me tienen mucho aprecio y es por esto que cada vez que hago una jugada espectacular, me gusta dedicárselas para devolverles un poco el cariño que me transmiten.
Mi contrato inicial con el Polaris World C.B. Murcia era por dos años. Eso fue algo que valoré mucho, porque hasta el momento no había permanecido varias temporadas en un mismo club y en ese sentido, estaba buscando estabilidad. Además, Murcia está a dos horas de mi casa y eso es algo que también agradezco enormemente, ya que tengo cerca a mi familia, lo que les facilita a ellos venir a verme y a mi visitarlos cuando mis obligaciones me lo permiten.
Actualmente afronto un nuevo reto. Acabo de renovar por otras dos temporadas y mi pensamiento es el de ayudar en todo lo que pueda a mi equipo y seguir creciendo yo con él paralelamente. Veo un proyecto en Murcia a largo plazo y con expectativas, algo que también concuerda con la ambición que tengo en estos momentos. Sería muy bonito jugar en un futuro competición europea con el Polaris, pero por ahora, sólo pienso en salvarnos y seguir disfrutando de minutos, partidos, de la ciudad, la afición y de la gente con la que me he topado en Murcia y a la que puedo considerar mis amigos.
Sus 2.12 se han convertido en una realidad y ya es uno de los 5 más importantes de la ACB. A sus 24 años ya apuntan a un juego espectacular con gran capacidad para taponar y rectificar tiros así como para hundir el balón pongo quién se pongo delante. Además posee una gran capacidad para el rebote. El futuro se llama Triguero, o Triguerín como le dicen en el Polarios World Murcia
2008 (1)
2007 (3)