La pasada semana, aún inmersos en la primera fase, uno de los invitados al "Sport Center" de "La Sexta" fue Alfredo Julbe, con el que posteriormente tuvimos el privilegio de escuchar sus comentarios durante el partido Turquía-Brasil. Hablando de todos los aspectos positivos y negativos que había dado el baloncesto en su evolución en estos últimos años, precisamente hablaba del título de este artículo, aunque realmente sus palabras textuales fueron "la deshonestidad en el juego cuando alguien se interpone delante", que para el caso es lo mismo. "Con el enorme scouting de hoy día, se consigue destruir, pero creando a su vez otras aportaciones positivas. Pero en esta jugada se destruye sin crear nada a cambio". Creo que metió el dedo en la llaga en uno de los claros más evidentes del reglamento del baloncesto: la personal en ataque.
Recuerdo como hace 25 años, la personal en ataque era toda una lacra del juego, en el que los malos defensores se refugiaban en ella, para sacar partido y beneficio. El arbitraje incluso consentía que un hombre se pusiese debajo de alguien que ya estaba en el aire, y que con el único requisito de estar quieto en el momento del contacto, aunque el atacante hubiese soltado el balón momentos antes, y su salto estaba en trayectoria descendente. Claro, que lo que casi siempre sucedía es que se concediera la canasta. Pero no era suficiente. Con las escasas rotaciones de banquillo que había por aquellos años, era un motivo más para los titulares de cargarse de faltas, y no acabar los partidos por estar eliminados. Y eso, se ponía siempre sobre el tapete, sobre todo en los campeonatos internacionales. Recuerdo en el Europeo de Praga, que lo de la falta de ataque era toda una invasión, un virus en nuestro deporte al que había que buscarle remedio.
Y creo que el remedio, como bien decía Alfredo Julbe, se encuentra en la honestidad de los jugadores a la hora de realizar ese tipo de acciones. Y me preocupa que tras unos años en que parecía que no era tanto el problema (sí lo apreciaba más en el baloncesto universitario estadounidense), con la cantidad de estas faltas que han sido señaladas en este Mundobasket, el problema vuelve a ser de actualidad.
Yo no digo que se suprima esta falta, porque es imposible y sin mucho sentido, la verdad. Pero hay mucha diferencia entre el atacante que arrasa con todo lo que haya por su camino, o el señor que tras una estupenda acción individual para poder irse de su hombre, se eleva en el aire, y ahí está el avispado de turno, que se sitúa en la trayectoria final de su recorrido, para que caiga sobre él, y le castiguen con una falta personal. Es ilógico.
Se probó ese semicírculo bajo el aro, en cuya zona estaba penalizado el forzar falta en ataque. Y no me parecía mala idea, pero su diámetro me parecía escaso, y tampoco solucionaba mucho el problema. Eso al margen de las presiones, en las que se fuerzan faltas en ataque a media pista, o incluso más adelantado, si pillas desprevenido al rival, o que venga a trompicones tras dribling y se sitúe uno en su camino. Forzar una falta de este tipo, a 20 metros del aro, me parece francamente ridículo.
La solución la desconozco. Aquí lo fácil es decir que doctores tiene la iglesia. Pero sí que no estaría de más buscar algún tipo de sanción, o no sanción, cuando se provocan estas faltas, que por regla general, evitan entradas a canasta con majestuosos vuelos o principios de contragolpes, que suelen ser dos de las acciones más espectaculares de nuestro deporte. Difiero con Jack Ramsay, que decía que prefería una falta en ataque que un tapón. Efectivamente, es mucho más provechoso. Pero la falta en ataque debería ser un accidente, algo que el defensor no planea, que le salva de llevárselo por delante cuando un "animalito" inicia su camino hacia canasta, y no una estrategia del juego. Con el juego tan físico que hay hoy día, donde se busca el dinamismo por encima de otras cosas, la falta en ataque es algo que suena a trasnochado, y de cara al reglamento, debiera ser así.
Y aquí, dada mi condición, les advierto que les hago confesiones desde mi más estricto prisma de aficionado televisivo. Tal cual. Pero tras gran parte del torneo transcurrido, se puede hacer un balance de la tan "cacareada" cobertura de este Mundobasket por parte de "La Sexta". Y han tenido de todo, pero creo que la balanza se decanta claramente hacia un lado. Allá va:
EL PLATO: Extraordinario. Precioso, un auténtico lujazo. Tanto por su enorme espacio como por su fina decoración. En verdad, esa primera imagen del previo a este Mundobasket, con esa majestuosa y atrayente mesa, con el logo FIBA (el logo más bonito que hoy día existe en el mundo del deporte. Así de claro), engalanando todo ese decorado, hace que sea un marco idóneo para el seguimiento de este campeonato.
Y este plató, está perfectamente decorado con una presentadora, que se merece que Iturriaga se despida todos los días de ella, de forma personalizada. Y todos los demás le secundemos. Que de forma elegante conduce las tertulias y los diferentes contenidos. Esta presentadora, que no sé si como becaria, pero que debutó ante las cámaras precisamente con la disputa de un Mundial de baloncesto, en Atenas'98, con la cobertura de TeleDeporte, por aquel entonces, parece volver a su "redil", con toda su gracia. ¿Que no es una experta en baloncesto? Bueno, para eso siempre está bien acompañada por 3 invitados.
Tres invitados, que salvo raras excepciones, han aportado muchísimo a las tertulias. Gente de primer nivel, que si bien algunos eran más anónimos que otros, pero con sus conocimientos, se han encargado de dar una gran etiqueta a sus comentarios.
LOS ENVIADOS ESPECIALES: O sea, ya que estamos en fases finales, el triunvirato Montes-Iturriaga-De La Cruz. Lo mejor de esta cobertura. Su comunión ha creado una chispa, que francamente, no esperaba. Los conocemos de forma individual. Pero juntos... ¿Humor Amarillo? Pues sí. Y si les ponen en "El Rondo", pues también. O en "Música Sí", o en los comentarios de los partidos del Mundial de baloncesto. La gracia que tienen les ha hecho tener un espacio para la historia de las retransmisiones deportivas. Y ¿qué quieren que les diga? Me parecen muy por encima del fútbol. No quiero decir, en relación a Montes, que "zapatero, a tus zapatos", puesto que siempre ha tocado todos los palos. Pero la comodidad que tiene con este deporte cestero y la compañía que está disfrutando, es otra cosa.
Willy, que ya debía haber sido descubierto en este país hace años, pues parece una novedad impactante en el mundo del deporte. Digamos que es su "revival". Sus reportajes hablan por sí solos. Quien no los haya visto, que los descubra, por favor. De antología. Un trabajo extraordinariamente difícil, con protagonistas muy cerrados a cualquier cosa que sea un micro, consigue sacar partido. Y si no, el espectáculo será él. Como cuando en Sapporo, se unía al puesto de comentaristas a "avivar" el coloquio. Su "colegueo" con la selección española demuestra que es una figura en las retransmisiones televisivas, sobre todo deportivas, que no debiera perderse.
De Mel Otero y Susana Guasch, mucha, mucha profesionalidad. Es lo que se pide en estos casos. Mel, un apasionado de este deporte, apoya mucho en las retransmisiones. Y "sonido Guasch", aunque a veces no hay mucha "chicha" en los pabellones, sí que ha sido muy bien encauzada en hacer los reportajes de las peculiaridades del país nipón.
Respecto a la pareja desplazada a Sapporo, intentando diferenciar al De La Cruz Sapporo, con el de Saitama, hay que decir que en la primera sede, los comentarios sobre baloncesto, había que sacarlos con "sacacorchos". Que se animaba más cuando había un invitado improvisado. Otro gran acierto, por cierto, de "La Sexta": tener otro puesto más de comentarista, para que se uniese Willy, o el agente de jugadores portorriqueño, o todo aquel que pensasen oportuno.
Antonio Esteva, indiscutiblemente es un hombre de fútbol, en cuyo deporte creo que lo hace bastante bien. En baloncesto, el que a él le guste y conozca el mundillo NBA, está bien, pero a veces no es suficiente. De hecho, creo que mitifica bastante esta liga y las acciones de sus jugadores en este torneo. Y a veces, ensalzar estas acciones, era a base de dar los típicos gritos de marcar un gol en futbol. Y eso, chirriaba bastante. Demasiado grito, para acciones que al fin y al cabo, son muy habituales en nuestro deporte. Pero en líneas generales, aceptable (mi sorpresa vino cuando le ví en el partido de futbol. Muy buen narrador en ese deporte).
LOS COMENTARISTAS DESDE ESPAÑA: Aquí ya, ha habido un poco de todo, como en botica. Primeramente, quien haya pensado en auténticos profesionales del baloncesto en temas de comunicación, para ponerles como comentaristas técnicos de los partidos, bravo por él. Gente como Javier Gancedo, Pablo Malo de Molina o Quique Peinado, que consiguen informar incluso al que se dedica a esto de forma profesional, me parece un gran acierto. Claramente no son gente de televisión. Eso lo sabemos todos. Pero que precisamente el comentarista técnico es el hombre que no tiene por qué ser de televisión. Si tuviese que sacar un "pero", y personalizar, digamos que a Peinado, su lenguaje me resultaba demasiado "coloquial". Aunque todo sea distendido, al fin y al cabo, esto es televisión. Quique, siento admiración por muchos de tus artículos, pero lo siento, lo veo así.
Y añadir a estos comentaristas, ya fijos, los invitados que iban desfilando por el plató, también me pareció buena idea, aunque el problema es que a algunos se les escuchaba no más de 15 minutos, debido a los carruseles, y los pobres no tenían opción de ver tranquilamente el partido estelar de la jornada, si coincidía con el partido que debían comentar. Buenísimos me parecieron los comentarios de Scariolo en el Estados Unidos-Italia. Lo primero, porque se mantuvo el partido íntegro, y lo segundo que Sergio sintiendo los colores de su selección, mostraba a todos los aficionados lo que Italia evidenció muy a las claras: la manera de ganar a Estados Unidos. Que no son imbatibles.
Respecto a los narradores. Yo pregunto: ¿es tan difícil encontrar narradores que sepan un poco -no pido especialistas- de baloncesto? Los encargados de narrar desde Barcelona, a los que no les culpo por narrar, porque al fin y al cabo les mandaron -supongo-, no sabían absolutamente nada de baloncesto. Y lo que es peor: daban la sensación que esto les daba exactamente lo mismo. En ningún momento, se integraban con los comentarios de su compañero. Ellos a lo suyo. Si sabían alguna cosa, la decían. Pero nada más. Se admiten errores, que todos somos humanos, pero que Pepe Sánchez asista a Scola para anotar, sea que Ginobili pase a Oberto, me parece excesivo. Y esa falta de integración narrador-comentarista, queda muy mal en televisión. Y lo peor es que a veces se ponían a opinar. En un deporte donde son auténticos neófitos. Esto, sin contar que debían recordarnos que "estamos en La Sexta" cada tres minutos. Que ya lo sé, ya me enterado. No es necesario que nos martilleen con eso todo el tiempo.
LA PROGRAMACION: Aquí sí que a nivel personal, soy mas crítico que muchos otros. Y me explico: el carrusel de todos los partidos, no me parece la manera más apropiada de emitir este tipo de torneos. Se puede dar en momentos puntuales, pero no es la manera. Vamos a ver: el carrusel televisivo más famoso del mundo es el de la NCAA en baloncesto, en Marzo. Bien, pues este carrusel consta de unas 4 horas de emisión, conectando con montones de pabellones, pero dando siempre un partido íntegro. De las 4 horas, 2 están reservadas para el partido que interese en cada región. Y el resto, carrusel. En esta cobertura de "La Sexta", me parece increíble que en 12 horas diarias de emisión, tan sólo se cubra un solo partido íntegro, que era el de España (hablo de los días con mayor número de partidos, en la fase previa). Si querían copiar a los estadounidenses, no me parece mal el promedio de cada 4 horas un partido íntegro. Hubiésemos visto 3 al día. Uno en diferido, pero íntegro al fin y al cabo.
Comprendo que esto del carrusel puede ser atractivo para cierta gente, por eso, aunque no lo comparto, puedo respetarlo como idea inicial de los dirigentes de esta cadena televisiva. Lo que no concibo es la programación cuando no había partidos. Vamos a ver, ¿por qué estos resúmenes extensos? ¿Por qué el partido de las 14:30, en diferido, no iba íntegro? No lo entiendo. Y la auténtica salvajada venía a las 00:30 horas, tras el "Sayonara Baby". ¿Qué sentido tiene volver a emitir en resúmenes de 45 minutos el partido de España, visto por todos, y el que ya vimos a las 14:30? Ninguno. Pero partiendo de la base de ¿qué sentido tiene hacer un resumen de 45 minutos de un partido? Seguir eso es para cortarse las venas. Tantos saltos, sin tener oportunidad en muchas ocasiones de ver las jugadas, es para volverse loco. ¿No es mejor emitir en esas 2 horas un partido íntegro de los que apenas vimos minutos (los del grupo de la "muerte", con Australia, Brasil, etc, etc, por ejemplo)? Da la sensación de tener casi 4 horas, totalmente malgastadas.
Y esto es todo más o menos lo que hemos podido ver. La verdad es que como final, no hay nada mejor que uno de los musicales de los que exige con acierto Andrés Montes. Porque en definitiva, y a nivel global, la nota que hay que dar a "La Sexta" por esta cobertura es de notable. A quien le pueda concernir, gracias.
Y lo dice uno que lo está viendo desde casa. Pero por lo oído a los enviados especiales, tampoco les va tan mal. El brutal cambio cultural, sobre todo si hablamos de gastronomía, se irá corrigiendo poco a poco según vayan descubriendo los pequeños secretos que Tokio encierra. Que si son exhaustivos, hoy día, con el acongoje general, lo hubiesen sido en cualquier país del mundo. Mírenlo por el lado positivo, y piensen en la frase de Willy, el dicharachero reportero de "La Sexta": "¿No son los mejores?".
La mayor diferencia, notable y agradable que podemos ver, sobre todo si uno lo sigue desde el salón de su casa, es el aspecto de los graderíos: casi llenos todos los partidos. Sí, que su cultura les hace ser silenciosos (siempre sonrientes, pero silenciosos), que muchos de ellos aprovechan para echarse sus buenas siestas (¡vaya filón para reporteros y fotógrafos avispados. Algo alucinante. ¿No tendrán cines para sus siestas, como en el resto del mundo?), que incluso la policía "flipa" cuando ve a los argentinos animando con más vehemencia de lo normal, tras su paso a semifinales, y hacen ademanes de llamarles la atención (para que luego alguno se lleve un "toallazo"). Pero reitero: ¡los pabellones llenos! Y eso es muy grande. Hagan ejercicio de memoria y recuerden los dos últimos mundiales: Atenas. El Palacio de la Paz y la Amistad, ese de los sillazos y monedazos, ¿con 100 personas? Penoso. ¿Y qué me dicen de ese Conseco Fieldhouse en Indianapolis hace 4 años? Bueno, que más frustrante era ver el enorme Hoosier Dome, o como lo llaman ahora, el RCA Dome, con un puñado de cientos de "despistados", entre más de 36.000 asientos. Deprorable. Por eso, en verdad que yo bendigo este Mundobasket y este país. Porque sí, serán rígidos en los controles de seguridad. Pero luego en los puestos de comentaristas bien que lucen las barquetas de jamón y lomo ibérico, las figuras de "Dama de Elche" y la caja de una plancha-maravilla que descubrieron en Singapur. O sea, que tan malo, tan malo, no será.
Y no me digan que no es enternecedor ver a todos los "ojillos rasgados" de allí, siempre con la sonrisa permanente, siempre con afán de ayudar (claro, solamente se quedan en el afán. Porque sin saber ni "papa" de inglés, ya me dirán), siempre serviciales. ¡Y pensar que esta entrañable gente han tenido arrebatos conquistadores a lo largo de su historia! El espíritu humano siempre será un enigma.
Y cuando digo todos, básicamente me refiero a todos los que componen el equipo nacional. Y desde aquí, mi más sincera enhorabuena a ese cuerpo técnico, que han mostrado tener las ideas muy claras, y se lo han hecho ver a los grandes jugadores que tenemos, aún mucho más claro.
Y eso que empezamos con problemas con Nueva Zelanda, que visto lo visto posteriormente, vaya decepción y qué baloncesto más malo han hecho, sobre todo comparándoles con lo mostrado hace 4 años (que tampoco fue maravilloso. Que su éxito fue derrotar al primero de nuestro grupo, Puerto Rico, para entrar en las semifinales, en los cruces más cruentos que jamás hayamos visto. Pero la frescura de su juego nos hizo elogiarles). Pero tuvimos problemas, hasta que su sello de garra, marcado por Cameron y Penney, se ensombreció en el banquillo por problemas de faltas. Era el segundo cuarto, y aunque aguantaron algo más, ahí se les acabó su fuelle y sus aspiraciones... de ese partido y de todo el campeonato.
De la "Panama Street Band", ¿qué vamos a contar? Pues lo mejor, ese apelativo, bautizados por López Iturriaga, grandioso. El apelativo y él.
Alemania era, o al menos decían, el primer día "D". Nunca nos debieron ganar esos dos envites. Si no hubiésemos hecho tan desastrosos partidos frente a ellos, esos choques hubiesen sido muy distintos. Pero la historia se escribe así. El caso es que en Hiroshima, de lo que se trataba era de ir acumulando victorias, y si era de manera apabullante, mejor. Y aquí, todo el crédito y mis felicitaciones a Creus, a Vecina, y sobre todo, esos estudios tan exhaustivos de Jenaro Díaz. Vieron que los alemanes en el dos contra dos flojeaban mucho, que el base suyo se quedaba en terreno de nadie y que los pivots se retraían siempre, y nunca salían: "Calderón, hoy será tu día". Y en esa jugada, José Manuel se hartó a anotar suspensiones en aquel espacio muerto, tras aprovechar el bloqueo, que el "laboratorio" se encargó de descubrir. Todavía teníamos problemas con la zona, pero la velocidad imprimida y el ritmo fue tan fuerte, que nadie nos hubiese seguido. Y Alemania no era una excepción. El primer día "D", superado.
Por estas historias que nos ofrecen este tipo de campeonatos y que no dejan de sorprendernos, resulta que el primer puesto del grupo nos lo jugamos con ¡Angola! Válgame Dios, quien les ha visto y quien les ve. Antonio Guimaraes, como asistente del seleccionador angoleño en la actualidad, no dejará de alucinar con el equipo formado. El, que con su 1,94 era casi un pivot en aquella selección que vino al Mundial de España'86, que tenía que soportar a veces los triples desde más de 7 metros de su compañero Ademar Sousa, que a veces les daban la vida, y junto a su "pareja" en la lucha reboteadora, Jean Jacques Conceiçao, tenían que bregar bajo los tableros ante muchos "Goliat". Y que una golfada arbitral frente a Uruguay (las circos que montaba Echamendi y los suyos), les privó de clasificarse para la segunda fase. Ver en la actualidad a los atléticos compatriotas hacer ese baloncesto tan atractivo a veces, es para no creerlo.
Y España con Angola tuvo el día tonto. Porque malo no es la palabra. Es este día que "ni fu ni fa", que la motivación no es la máxima... que al final, cumplimos con el expediente. Y primeros de grupo, para poder pasearnos ante Japón. El problema que Felipe no se "nos" recupera. Paciencia.
¿Alguien dudaba que íbamos a ganar holgadamente a Serbia? Miren, lo de la nueva generación que todo el mundo "vendía" antes del partido, vale. Es cierto. No hay ni uno de los antiguos. Y me huele que Avdalovic y Rakocevic han ido por "vergüenza torera". Pero que esta generación está cargada de talento, como he leído y oído por ahí, es otra historia muy distinta. Aquí, los señores convocados, que se merecen todos mis respetos ante el éxodo masivo de sus compatriotas, de talento, talento, lo justito, mire usted. Que estos no han sido más que gregarios en los clubs en los que juegan. Y quizás los líderes de un imberbe Partizán, Perovic y Tripkovic, llegarán a un nivel de "antigua Yugoslavia". Que ya vimos de lo que es capaz de hacer Milicic: algunas canastas que arrancaban "ooohs", pero que conocimiento del "negocio" y competitividad, la justa, justita. Y claro, de un equipo temido que plantó cara a Argentina (¿?) el último partido, a ser un "sparring". Y otra vez, haciendo daño donde más duele. Y aquí a Calderón o a los pequeños, les eché un poco en falta que atacaran el aro con más contundencia, que cuando lo hacían siempre fue con éxito (y no se olviden de esto ante USA en la presunta final, porque recuerden como Italia les entraba hasta "la cocina" en sus mejores minutos). Pero que fueron un rival durante muy pocos minutos.
Y el cruce. El famoso cruce de cuartos. Y ya lo vieron todos: salió todo perfecto. Y aquí sí que la zona apenas tuvo fisuras, y aquí el defender a jugadores altos tan polivalentes y "puñeteros" como estos lituanos, que la montan desde cualquier distancia (qué miedo me daba Kleiza inicialmente, y con razón. Luego fue el único que dio la cara), se superó con nota. Todo estudiado al detalle. Porque sí, lo del marcaje a Macijauskas fue sublime. Pero las anticipaciones de Garbajosa ante pivots mucho más grandes que él, tenía mucho mérito. Y bueno, si hablamos de anticipaciones, de todo el perímetro. Una joya, oiga. Quizás en los 2 partidos que nos restan, no podremos tener esos minutos sin apenas anotar como en el segundo cuarto, con mucho desacierto y poca cabeza. Pero como todos los pequeños problemas que había con este equipo en su juego (que a pesar de los halagos antes del torneo, los había, y eran unos cuantos) se han ido solucionando con el devenir del campeonato. Y eso hace ser más optimista incluso. Lo bueno es que mantengamos siempre el tono defensivo, que con este esfuerzo, lo de los errores de Garbajosa en el tiro, muy probablemente serán mera anécdota al final de los partidos.
Pues ahora, a por Argentina. Y de reojo ver la otra semifinal. Que miren que, si hablábamos de "bestia negra" a Alemania, que a mí no me lo parecía (lo dicho, que jugamos dos horribles partidos frente a ellos en momentos clave, pero nada más), el que sí me parece equipo-a-evitar, es Grecia. Que no quiero a Grecia ni en pintura, que estos tíos se nos dan "fatal". Que a esta generación nuestra, desde sus tiempos "juniors de oro", se les han atragantado siempre. Y que no lo vean tan locura si les digo que prefiero a USA en la final, más acorde a nuestro "rollo", que los helenos. Eso sí, para eso, Estados Unidos debe ganar al equipo de Yannakis en la "semi". Que eso, aún está por ver.
De Juan Manuel Gozalo, a Javier Ares, Herreros y Daimiel. De Héctor Quiroga a el trío maravilla Montes-Iturriaga-De La Cruz. De San Epi a San Navarro. De escucharlo en un camping por la radio y luego incorporarnos en las madrugadas para verlo en televisión (con las hazañas ya consumadas), a grabar un carrusel en sofisticados DVD's con disco duro que permiten editar. La diferencia de todo esto son 24 años. Nada más y nada menos. Los 24 años que han debido pasar para que la Selección vuelva a estar entre las 4 primeras plazas de un Mundial.
Fue en Colombia, Brabender decía adiós a la Selección, Andrés Jiménez era convocado por primera vez, y un chaval de 20 años llamado Fernando Martin armó tal "polvareda", que todos preguntaban quien era aquel tipo. Ahora no se retira nadie (por suerte), más que hablar de incursiones destacadas, hablamos de confirmación de nuestros jóvenes, y los 12 se encargan de armar "polvareda". Porque los 12 seleccionados que componen nuestro equipo nacional y todo su "staff" técnico, son los que se están llevando al unísono todos los halagos. Que ya están siendo unos cuantos.
A propósito, y antes de continuar, el que diga que hace 24 años que no llegados a las semifinales de un Mundial, le sonará la "chicharra" o la sirena, como en el "Un, dos tres", y las "tacañonas" se pondrán felices. En Colombia, en 1982, no hubo semifinales. Desde aquí corrijo a Iturriaga y De La Cruz (de los que ya hablaré más adelante), como dijeron en el partido ante Lituania: allí fue liguilla, tras una fase previa, donde se clasificaron los 6 mejores, los dos primeros de cada grupo inicial, más la "golfada" de incluir en esta fase final al anfitrión Colombia, como séptimo equipo del grupo. Y tras apalizar a los anfitriones, como hizo todo el mundo, fuimos apalizados por Yugoslavia, para derrotar a continuación a Australia, Canadá, y caer derrotados ante la URSS en la última jornada de esa fase final. Pero no fueron semifinales. De hecho, llegar a la final lo tuvimos crudo, puesto que tras la gran desventaja acumulada frente a los "plavi", habría que ganar, y de bastantes a los soviéticos, para poder aspirar a la final. Por eso, al quedar cuartos, nos enfrentamos a Yugoslavia, como terceros de aquel grupo. El resto, entre una malísima primera parte y el árbitro estadounidense Reynoso, pueden documentarse, y sabrán de nuestro cuarto puesto.
Aquel Mundial de España, que como en esta ocasión, aspirábamos al oro, y nos quedamos en una decepcionante quinta posición (que no fracaso, oiga). Y luego aquellas pesadillas, terribles, sombrías, tenebrosas, destructoras y lamentables, acaecidas en Argentina y Canadá. El destierro a Salta, la permanencia en ese Copps Coliseum de Hamilton, tan coqueto, pero tan desesperantemente vacío, jugando aquella "liga del hoyo". No más, por favor. Y todo cambió en Atenas, y se culminó, con los primeros atisbos de esta generación, en Indianapolis.
Ver jugar a estos chicos ahora, con lo que uno lleva a cuestas, es una bendición. Es sacar pecho, con el orgullo del que se levanta tras ser apaleado. Es ese plano a contraluz del héroe de la película, que magullado hasta los dientes, con el arma en ristre, contempla todos los enemigos abatidos a sus pies, para luego mirar al cielo. Lo más bonito de todo, es que esta nuestra Selección nos ha hecho olvidar nuestras magulladuras.
No me da ningún vértigo la sucesión de victorias consecutivas que llevamos. Los que tengan miedo que el saco se puede romper, que se olviden. Que miren a los 12 saltando de alegría en el centro de la cancha, tras derrotar a Lituania. Hilos especiales para un saco muy especial. El saco que "albergará" a Argentina dentro de dos días.
Todos ya esperamos lo mejor. Los que hemos "sufrido", disfrutamos este cuarto puesto conseguido. Los que se han unido al carro en estos días de "vino y rosas", les parecerá natural lo conseguido (realmente ha dado esa impresión) y aspiran a mucho más. Claro, que a mucho más ya aspiramos todos. Pero eso sí, por favor, déjenme disfrutar estos momentos, que me saben a gloria. Que desde aquel camping escuchando el España-USA, de cómo asfixiamos a nuestros rivales corriendo, que ni el propio "Doc" Rivers, ni Sunvold, ni Wiggins nos podían seguir, de la voz de un mítico Gozalo, han pasado muchas desdichas para que ahora no tenga la frialdad de saborear estos momentos. Ale, que continúen.
Faltan horas para el inicio del Mundobasket de Japón. El Mundial de las ilusiones. Las que nos ha vendido la Selección Española. Nuestra selección. Gracias a los partidos que les hemos podido ver de preparación, sabemos que esta sensación tan esperanzadora está bien ganada. Nuestros chicos son buenos, muy buenos. Pero tampoco creamos falsas expectativas, porque como dijo "Pepu" Hernández tras la victoria del último partido de preparación, esto son tan sólo resultados, y que aún queda trabajo por hacer.
Ese es el problema: el trabajo por hacer. O mejor dicho, el poco tiempo que se tiene para realizar ese "trabajo por hacer". Porque bien es cierto que la defensa iba dando un paso más a cada partido que transcurría. Que nuestra velocidad iba subiendo y su veneno cada vez era más letal. Pero hay que seguir trabajando nuestro ataque estático (me da bastante respeto el enfrentarme a Grecia, que apenas deja correr a nadie. A propósito, ¿por qué nadie habla de Grecia como claro candidato?), y el centro, que eso sí, lo concedemos cada vez menos, rompe todos nuestros esquemas defensivos (sobre todo cuando defendemos en zona, que asfixiamos el lado-balón). El caso es que, con tan poco tiempo para trabajar, la cohesión o el conocimiento de los jugadores de las plantillas, que puedan disfrutar del mismo bloque durante años atrás, se torna fundamental. Y por eso, tras Estados Unidos y Argentina, España es la otra gran candidata a conseguir el título. Y eso lo dicen en USA, donde las apuestas allí son muy serias. Tendrán razón.
Pues ya ven, a Estados Unidos la sitúan como favorita para llevarse la medalla de oro. El aficionado medio, como es mi caso, tan sólo sabe de esta nueva y renovada selección USA, por crónicas y resultados de lo que han realizado hasta ahora. El equipo es fantástico, parece que se lo han tomado en serio, y si a decir verdad no creo que siendo los protagonistas Wade, Anthony y James, tenga eso un final feliz, sí creo en su entrenador, "coach K". Las únicas imágenes que he visto de este combinado fueron de los primeros entrenamientos, y en verdad, creaban hilaridad esas clases de cómo debían los jugadores situarse en defensa de zonas, desplazándose de forma torpe lateralmente, con la posición básica, o cómo debía posicionarse uno en tres cuartos, para negar la línea de pase. Todo muy básico y elemental. Pero Krzyzewski lo prefiere así.
Esta sorna por el combinado "yankee" nos viene de hace unos años. Desde que por su actitud en la pista y los pocos logros en el juego, consiguieran que dejaran de enamorarnos. De aplaudir a rabiar en el Olímpico de Badalona, a intentar apoyar entre todos el "no-triple" de Jasikevicius. Desde entonces, nos lo han puesto bastante fácil, e inconscientemente, nos ha divertido el estudiar sus flaquezas y el cómo combatirles en una cruzada particular, para que no queden campeones. Casi nos alegra más el derrotarles que el pensar que puede ser un equipo de ensueño que nos maraville a todos. La pregunta es: ¿está este equipo preparado para el oro?
Como siempre ha sucedido en las selecciones que han ido confeccionando, físicamente son muy superiores a cualquier otra. Con el tiempo, esa ventaja va disminuyendo, pero sigue siendo notoria. Y si sacan partido de esa superioridad, tendrán mucho ganado. Porque no me refiero al hecho que salten más y que logren más mates que nadie. Me refiero a un sentido individual y a otro colectivo. Miren, individualmente tienen un señor llamado Dwyane Wade, que puede robar balones que nadie puede hacer puesto que agacha el "culo" más que cualquier mortal y con sus brazos interminables, puede "birlar" balones a bases, por muy lejanos que estén de su posición. Y colectivamente, piensen que con este Wade y sus brazos abiertos, como primera línea de una zona, parece que tal zona 2-3, se puede convertir en una 3-3 (gracioso comentario que oí una vez a Aíto García Reneses cuando contaba en sus filas con Kenny Simpson). Pero al margen de comentarios con gracia, pensad que en la defensa individual, serán muy peligrosos por la sencillez del cambio de asignación automático. Los problemáticos "match-up", o sea, la desventaja de quedarse un hombre bajo defendiendo a un alto tras cambio, en ellos no les es traumático en absoluto. ¿No creen que su escolta, Lebron James, no puede aguantar en poste bajo a un pivot como Scola, Oberto o Felipe Reyes? Esto les simplifica mucho la complejidad defensiva que el temido baloncesto "FIBA" les encierra. Cuando esto mismo lo leí de Ettore Messina, realmente me pareció una reflexión muy acertada.
En este equipo se han colado jugadores que por ser especialistas en defensa o por tener conocimiento del baloncesto internacional, les ha servido para formar parte de los 12 finales. Shane Battier no tiene cualidades de super estrella. Está aquí por su gran disciplina e intensidad. ¿No es esa una actitud y aptitud de cualquier jugador de cualquier equipo competitivo en este torneo? No tengo muy claro su papel, la verdad. Y, ¿es realmente Brad Miller un pivot que marque diferencias? Es duro y pasa bien, pero no es nada del otro "Jueves". Tendrá su papel, no lo discuto, pero me crea muchas dudas, sobre todo para ser pivot. Porque aquí está "la madre del cordero": los pivots.
Desde que llevo viendo selecciones USA (y ya voy para 24 años), todas las que han tenido éxito, siempre partían con un denominador común: la superioridad de sus pivots. A veces, con muy buenos equipos, con gran disciplina y grandes fundamentos, no han logrado la cima porque enfrente tenían pivots que en potencia y calidad se les pudiera equiparar, como eran las antiguas URSS y Yugoslavia. Pero siempre fue su clave. Los Pat Ewing, David Robinson o Shaquille O'Neal eran el eje de su juego y el elemento desequilibrante. Ellos han sabido, a lo largo de su historia, jugar mejor que nadie con sus pivots, tanto en ataque, siendo la referencia, como en defensa, auténtica argamasa que aunaba todo un colectivo defensivo. Muchos errores se pueden corregir y disculpar con un auténtico intimidador en la zona.
Dwight Howard y Elton Brand son una pareja que sí tienen la categoría de pivots dominantes como para alzar a su selección al oro. Son duros como rocas, grandísimos reboteadores, intimidadores, y polivalentes. Ambos juegan muy bien en poste bajo, sabiendo resolver, y tienen buena mano en suspensión. Además, el primero, domina la tabla como los ángeles y el segundo es grande en el poste alto. Su problema puede venir con las faltas personales. En la medida en la que sepan adaptarse a esas "faltas FIBA" que desesperaron a Duncan hace dos veranos en Atenas, dependerá en gran medida de las posibilidades de su selección.
La pareja de pivots, en mi opinión reserva, Chris Bosh y Brad Miller, perdónenme en mi atrevimiento, pero no me inspira nada. El primero es un gran atleta, con los conocimientos justitos de este deporte, que si no le das espacio para arrancarse, lo tendrá muy duro. Y el segundo, pues ya les digo: con mano y cierta facilidad de pase, pudiera hasta pasar por un pivot de estos lituanos que no recordamos su nombre. Solventar la papeleta en momentos decisivos, pues no les veo en tales lides, la verdad. A Krzyzewski más vale que utilice a Antawn Jamison como hombre interior, que este sí que sabe desiquilibrar por su sapiencia a casi cualquier defensor.
Y para terminar, le doy especial importancia al rebote. Si este equipo no es capaz de conseguir más posesiones a raiz de rechaces, no le doy más crédito que a otros. Siempre fueron superiores en esa faceta, y deberán seguir siéndolo. Pero a igualdad de posesiones, deberán ser los porcentajes de tiro los que decidan (francamente, no les veo forzando muchas más pérdidas que los rivales). Y ahí no les sumo nada.
Pues esta es, en mi opinión, el equipo USA versión 2006. Ya les dije, como un aficionado más, hice la mía. Ahora que cada uno haga su quiniela particular, a ver si pudiera acertar sus "14". Pero con la mano en el corazón: ¿a que parece más divertido que los "14 aciertos" pasen por que Estados Unidos no se lleve el oro?
Se terminó Mannheim. Se terminó el "Mundial oficioso" más famoso que conozca de cualquier deporte. Con los asombrosos franceses -los asombrados éramos los que ocupábamos las gradas- todos sonrientes, en medio de una ceremonia final interminable -¿serán capaces la FIBA y los organismos competentes de acortar tales tostones? Oiga, que con los Oscars lo han conseguido- se terminó un torneo fascinante.
Los "listillos" esta vez acertaron: Francia, campeona -oficiosa- del mundo. Y además a lo grande. Remontando 11 puntos de desventaja, con los que se fueron a los vestuarios, en menos de 5 minutos, para ganar fácilmente por una veintena de diferencia. Eso es ir "sobrao", sí señor. Echando una manita al arbitraje -el principal fue el español Pérez Niz- para que no haya polémicas en finales apretados. Claro, que la polémica era complicada. Jugando tan arriba, tan por encima del aro, solamente llegaba un equipo: Francia. La capacidad atlética imponiéndose.
Aunque sería más correcto decir el baloncesto más organizado unido a lo que llaman en U-S-A el "atleticismo". ¡Qué manera de correr, oiga! ¡Qué manera de definir 3 calles! ¿Bandeja o mate? A la carta. Elijan.
Eso del INSEP (Centro de Alto Rendimiento afincado en París) es una cosa maravillosa (8 de los 12 jugadores franceses, son de allí). Pudiera ser que el mejor partido que se pueda ver sobre el globo terráqueo sub-18 no sea esta final, sino alguna pachanga en los gimnasios de este INSEP. Dicen que los mejores partidos jamás jugados, han sido los 5 contra 5 entre los componentes del "Dream Team" en su estancia en Mónaco. Porque ahí había mucho orgullo. Y si había "pique"... ¡qué pena que tuvieran tan poca concurrencia! Total, Mónaco y París, geográficamente, casi se dan la mano. Van a tener aquellas tierras un "no se qué" especial.
Allí parece que aprenden a asimilar el juego de los diez mil millones de matices, que es el baloncesto. Me dice alguien en Mannheim que tiene pinta de saber mucho de esto, que la mayoría no saben jugar. Que saben entrenar, que son dos cosas muy distintas. Y cuando ves un equipo JUGAR, ves la diferencia, y es para deleitarse. En el INSEP enseñan. Vaya que sí. Que como escribí en el anterior artículo, uno no ha viajado miles de kilómetros para estar en un pabellón tan "canijo", sino para disfrutar lo que sucede dentro del rectángulo.
En definitiva, que se apriete el personal los "machos", que viene Francia. Que no llegaron a la final del pasado Eurobasket serbio, por tiernos y pardillos. Que no llegaron a la final del pasado Eurobasket junior en Zaragoza, por tiernos y pardillos. Pero si las aguas de la isla de Guadalupe siguen produciendo estos atletas y les damos tiempo, que empiece a asumirlo el personal: los oros irán cayendo de su parte.
"El Cantar del Mío Cid", la "Chanson de Roland", o "Los Nibelungos". Iconos de nuestra literatura. Mitología llevada a la literatura. Historias que se cuentan, que no se las lleva el paso de los a~nos, porque su paso y su camino son distintos: de boca en boca. Alguien lo escucha, se fascina, lo imagina y lo escribe. A posteriori, en todos los libros de texto de todos los colegios, se destaca, como la exposición en la que es obligatorio detenerse, estos llamados "Los Cantares de Gesta". Tienen una mística especial.
En baloncesto, uno siempre tuvo en el torneo "Albert Schweitzer" de Mannheim, sus propios "Cantares de Gesta". No se escribe en las revistas, no se publica en los periódicos, no se ve en fotos, ni se escucha en radio o se ve por televisión. En este Siglo XXI de las comunicaciones, Mannheim sólo lo cuentan los que lo jugaron y los que fueron a verlo "in situ". Como el inicio de los cantares: de boca en boca. "Allí, donde los americanos, donde los americanos" me decían algunos que habían estado hace a~nos, y recordaban las respuestas de los nativos de Mannheim cuando les preguntaban por el pabellón. En una base militar estadounidense, en un viejo gimnasio que bien pudiera ser el viejo pabellón del barrio (eso sí, con un parquet que tratan entre algodones), se congregan la mayoría de los mejores jugadores del mundo que no hayan superado las 18 primaveras. No es el marco más adecuado. Pero este lugar tiene una mística especial.
En el mencionado viejo gimnasio, dentro de un área rodeado de "America way of life", pasó Vince Carter y Tim Duncan. Por aquí, nuestros "juniors de oro", la generación de Gasol, Navarro o Calderón, sellaron su registro en el libro de los campeones. Aquí, Jerome Moiso apabulló a Jermaine O'Neal, y aquí, en palabras del más veterano componente de la organización del torneo, se disputó en 1978, "el mejor partido que yo jamás haya visto" en una final Espa~na-Estados Unidos, donde nuestra quinta del 59 (Romay, Epi, Iturriaga, Llorente, Alocén, Nicolau...) perdió ante unos "yankees" liderados por un tal "Magic" Johnson. "El partido no fue igualado. Pero daba igual. El mejor que jamás he visto". Una historia que tiene una mística especial.
Y esto es Mannheim. Olor a barbacoa por todas partes, americanos apoyando a los suyos, agentes y ojeadores a cada paso, y un escaparate maravilloso de jugadores dentro de la cancha. Porque como decía Gene Hackman en "Hoosiers", las dimensiones son las mismas, aquí que en cualquier sitio. En su viejo gimnasio, como en el Madison. Lo que interesa es el baloncesto. Pura y simplemente.
Después del gran partido mostrado por el Tau en Atenas, que le valió su clasificación para la Final Four de Praga, no podemos menos que dedicarle unas líneas de agradecimiento de parte de todos los aficionados españoles. Primeramente, porque siempre es gratificante ver a un equipo que cumple de forma tan notable en el momento decisivo. Porque si algunos han calentado el Barcelona-Real Madrid (qué poco me gustan los ramalazos "futboleros" de algunos periodistas, inflando y crispando el ambiente sin tener la más remota idea de lo que hablan, algunos de ellos), el que sí lo tenía difícil para clasificarse, era el Tau Cerámica. Pero lo hicieron perfecto hasta en la canasta decisiva final, con suspensión de Prigioni, conscientes que intentar anotar bajo el aro iba a suponer una clara falta, lo suficiente para no poder anotar, no señalizada, y el posterior enfado y la sensación de robo, que tanto hemos conocido.
Realmente el Tau estuvo sublime. Supo aguantar los primeros envites de Tsartsaris en ataque en los minutos iniciales, como cambio de guión establecido, con 2 faltas enlos primeros minutos. Con Tomasevic la cosa cambiaba. Ante la alarmante falta de agresividad que mostró el serbio (permitió dos bandejas clarísimas a Prigioni en la primera mitad, ganándose una bronca tremenda de Obradovic), que demuestra muy a las claras que nunca, ni tan siquiera en el Tau, fue un verdadero ganador, y con unas blanduras defensivas que más de una úlcera habrán producido a sus entrenadores, todo empezó a desmoronarse. Y se coronó en el desacierto en el tiro exterior de los atenienses. Eso es cuestión de suerte y no más. Ahí poco que reprochar. Por más que Vassilis Spanoulis lo intentó, no fue suficiente.
Todo lo contrario que el acierto que demostró Serkan Erdogan, que sí mostró carácter para justificar su contrato en un partido como éste. Magnífico. Como el resto, aunque no anotaran lo que debieran. David con sus suspensiones, Jacobsen con su concentración, Scola con su experiencia... y Pablo Prigioni. Siempre Pablo Prigioni. Extraordinario. El tramo más difícil de los vitorianos fue rehacerse ante los primeros minutos de descanso del argentino. Se logró, aunque costó. Roko Leni Ukic dará tardes de gloria, pero aún es demasiado "pipiolo". Pero con él en pista, todo funciona.
Y destacar también el carácter de Velimir Perasovic, que aunque sea de lo más laureado, no deja de ser aún un novel entrenador. Emocional como nunca le vimos, pero que dejó lo del "petardazo" en el tiempo muerto a la altura de la anécdota. Y eso es muy bonito contarlo al día siguiente. El OAKA enmudeció, aunque tampoco fue el pabellón que conocíamos hace 10 años, la verdad, a pesar de su gran ambiente.
Lo dicho, enhorabuena, y que nos asegura, y de forma sorprendente, un segundo equipo en "Final Four", esa cosa tan habitual en otros años maravillosos, pero ya "rara avis" en cualquier país hoy día.
No es nada fácil bucear en el mercado a estas alturas de temporada. Mejor dicho, lo que no es fácil es encontrar. Muchos se conforman con algo que les ayude. Simple y llanamente. Pero Ben Handlogten hará algo más que ayudar. Que nadie se engañe; tampoco será el salvador de nada. Pero su profesionalidad le hará dar un salto de calidad importante al Winterthur Barcelona.
Ultimamente lo veía por Utah, y a pesar de disponer de pocos minutos en cancha, los Jazz le mantenían, y eso siempre es indicativo que el jugador interesa. Pero al margen de su periplo en la NBA, yo tengo buen recuerdo de Hanlogten en tierras turcas. Y ese recuerdo se retrae a las finales de liga del 2001, cuando en la nómina del Ulker Estambul, era el único hombre grande del equipo con claridad. El otro pivot titular era su compatriota Quadre Lollis, que debía optimizar su capacidad atlética a sus escasos 2 metros de estatura. Handlogten tuvo que lidiar "toros" que tenía el Efes Pilsen, nada menos que Pedrag Drobnjak, Huseyin Besok y Mehmet Okur, que por "pipiolo", todavía salía desde el banquillo.
Y Handlogten cumplió con creces. Y en 7 partidos se proclamaron campeones de liga. Era un tipo listo, que a pesar de su relativa lentitud, se movía bien, y sacaba mucho partido de su cuerpo. Como partido sacaba el realizador a su esposa, plano fijo en muchas retransmisiones televisivas, como ejemplo de la penitencia que supone padecer encuentros de tal calibre desde la grada.
En fin, que tras la decepción copera, los blaugranas han sabido elegir un tipo duro, cumplidor, de los que nunca defraudan. Nada que ver con experimentos tipo Andrea Camata. Veremos los resultados.
Lleva 10 años en Canal + y 8 comentando partidos de baloncesto. Su actual silencio en las pantallas no es secundado por otros "frentes", como "Gigantes del Basket" o este mismo blog. Dice que le metieron el gusanillo sus amigos cuando con 7 años se encontraron un profesor con más pasión que conocimientos sobre este deporte. A partir de ahí, y como simple aficionado vivió la "Belle Epoque" del baloncesto, esos 80 a los que casi siempre se remite. Coleccionista de vocación, confiesa que no tiene alma de periodista. "Yo, tan sólo disfruto de este deporte". Cuando llegaron los clásicos de la NBA a Canal+, aseguraba que "era como si viniesen los Reyes Magos a diario". Antonio Rodríguez es un apasionado de este deporte, por encima de todo.
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