Remembranzas

ARE WE HUMAN? OR ARE WE DANCERS?


 

Cut the chord
Are we human?
Or are we dancers?
My sign is vital
My hands are cold
And I'm on my knees
Looking for the answer
Are we human?
Or are we dancers?

 

Desde fuera, la experiencia del basket colegial parece la misma: jugadores que juegan a basket, concitan mucha expectación y luchan por el triunfo, con pasión y compromiso.

Sin embargo, a veces incurrimos en una injusticia de palmaria obviedad: tratar a chicos de 18 a 21 años como si fueran adultos profesionales, convirtiendo lo que es una virtud del juego colegial, la armoniosa imperfección de su genuina intensidad, en un arma arrojadiza contra aquellos que nos procuran el divertimento.

¿Exigiríamos a un estudiante de medicina de 20 años que ejecutara a la perfección un transplante de corazón?, ¿o incluso a un recién licenciado en arquitectura que erigiera sin tacha el rascacielos más arriesgado en líneas y diseño?

Pues el mismo trato ha de dispensarse a estos chavales, recién salidos de la adolescencia, que por ese milagro de competición que parieron los americanos, durante cuatro meses y medio devienen en Héroes de una Nación que cree encontrar en ellos el camino perdido al Sueño Americano, proyectando en su peripecia atlética todos sus anhelos, complejos e íntimas frustraciones.

Y toda esta efímera pasarela al estrellato fina en Marzo, en The Big Dance, cuando el nivel de exigencia es inaguantable y solo los elegidos pueden besar las redes recién cortadas de los aros.

One shining moment, al que precede un camino trufado de espinosas trampas.

A pesar de que alguien dijo que la juventud no es un tiempo de la vida, sino un estado del espíritu, lo cierto es que es un estado inexperto, propenso a los errores.
 

Sería injusto predicar la inimputabilidad de estos atletas imperfectos cuando libremente deciden penetrar, siquiera brevemente, en la cotidianidad de nuestras vidas, pero no menos inicuo es el juicio sumario que a veces se vierte sobre ellos cuando hacen aquello que les es propio, como humanos e inexpertos: cometer errores.

Algunos se preguntan por qué Louisville hizo 103 puntos ante Arizona y, dos días después, apenas superó la mitad ante Michigan State, o por qué el alero Tony Crocker (Oklahoma) parecía seguro e infalible el viernes desde la línea de tres puntos ante Syracuse (6 de 11) y errático ante North Carolina (0 de 5) en apenas 48 horas.

Son esos mismos que olvidan quienes son los protagonistas del espectáculo, y cuales son sus edades.

 Mirando a la Historia, las carreras de jugadores como Fred Brown (Georgetown) o Chris Webber (Michigan) quedaron marcadas por sendos errores cometidos en los momentos finales de dos de las finales más recordadas en la competición universitaria, las de 1982 y 1993, curiosamente ambas ganadas por North Carolina.

Hace tres años, en la final Regional del Oeste, un balón regalado en saque de banda a Luc Richard M,bah a Moute por el pívot brasileño J.P Batista, cercenó las esperanzas de Gonzaga para alcanzar por primera vez la Final Four, tras un partido perfecto ante UCLA durante los primeros 36 minutos y 34 segundos de juego. La imagen de los Zags, con su líder Adam Morrison derrengado, gimiendo, sobre el parquet del Oakland Arena, es de las que nunca se olvidan. Son ellos los primeros que se exigen y padecen sus errores.

Incluso en la final del pasado año, Memphis tras una Final Four impecable, echó por la borda todo el trabajo en dos minutos finales en los que algunos fallos desde la línea del tiro libre, cometidos por sus dos indiscutibles estrellas, Derrick Rose y Chris Douglas Roberts, dieron el oxígeno necesario a una moribunda Kansas.

Es la esencia de la competición, amplificada por un sistema donde no hay camino de retorno y los errores se pagan, a veces durante toda una vida.

Porque tendemos a no recordar que estos chicos  no son solo dancers, sino también, y ante todo, human.
 

1 Comentario
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1 - Muy oportuno. Es lo que tiene un sistema de competición a vida o muerte frente al modelo playoffs, que todavía se cuestiona en Europa y que presenta otro tipo de crueldad más difícil de advertir. Pero sí, quedan para la historia fallos de jovenzuelos echados a los leones en un circo al que muchos nunca volverán para arreglarlo. Y casi ni eso, que a Webber le recordaron siempre el tiempo muerto a falta de cosas mejores que decir. Muy bonita la mención a JP Batista. Quizás el caso más salvaje, con unos últimos minutos terribles en los que se le juntaron varios fallos garrafales. Me alegra que las cosas le vayan bien en Francia.

01/04/2009 - 17:43 - JC Serrano

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