Remembranzas

La Belleza.


La Copa es especial, eso ya lo sabemos todos.

Pero esta Copa en Gasteiz ha sido algo más que especial, al menos para quien suscribe.

Si en lo deportivo vivimos cuatro grandes jornadas de baloncesto, rematadas con dos semis y una final taquicárdicas y a cara de perro, fue lo humano lo que hará inolvidable la cita en la capital alavesa.

En primer lugar quiero agradecer a la afición del Pamesa el trato recibido, exquisito y cálido, he podido constatar que la fama que tiene la directiva taronja de desvivirse por sus peñas es cierta, y se queda corta.

La cercanía de sus directivos con los aficionados resulta insólita en un mundo superprofesionalizado, donde cotiza más la soberbia y la falsa importancia que la disponibilidad y las atenciones.

A pesar del mal papel del equipo de Fotis Katsikaris, sus aficionados los despidieron como ganadores, y resistieron la tentación de vender sus abonos para disfrutar del buen baloncesto.

Una lección de deportividad la suya, y yo con ellos me sentí como en casa, a pesar de las diferencias deportivas.

En segundo lugar esta Copa sirvió para que varios amigos, todos ellos locos por este bendito deporte, nos viéramos las caras y compartiéramos estudio, mesa y mantel en lo que fueron unas jornadas de convivencia inolvidables.

Ese proyecto imposible y anacrónico que es Basketaldia, acaso el último desván de juegos que permanece en el panorama mediático del basket nacional, tan dado a la fatua vanidad y la espuria autopromoción incluso en programas de ámbito local, se hizo realidad durante estas cuatro jornadas, y lo que hasta ahora era una familia desperdigada y errabunda, por mor de nuestras distintas procedencias, devino en núcleo de amigos- para siempre- en torno a nuestra común pasión.

Fue el viernes por la mañana cuando grabamos el programa en los acogedores estudios de Segura Irratia, sitos en la pequeña población de Segura, una metáfora del propio programa radiofónico que nos concitaba en aquel lugar donde el tiempo parecía haberse detenido, con calzadas de piedra, sonidos del silencio y aromas de la tierra vieja.

Allá, en el corazón de Euskadi, en el Goierri, a la vera del Oria y rodeados de las magníficas vistas que proporcionan los majestuosos Aitzgorri y Txindoki, Josean Saiz cedió el mando por un día a un humilde servidor (a quien quiero engañar nunca fui ni seré humilde) y sacamos adelante un programa de 100 minutos, algo no excesivamente difícil cuando se cuenta con auténticos sabios de la cosa como Salva Navarro, de los Navarro Bros. de toda la vida, uno de los fundadores de la plataforma Sedena y ahora con cargo técnico en el Aguas de Valencia, Agustín Hernández Paniagua, auténtica enciclopedia humana de los deportes americanos, Edgar Paz, quien se hace perdonar sus malas influencias “evolucionistas” cuando se le escucha diseccionar, con quirúrgica precisión, el mundo de la NBA e Iñigo Goñi, de Grupo Vocento, profundo conocedor del deporte en general y del basket europeo en particular, Sabonista hasta la muerte.

Echamos de menos a grandes amigos como Jose Manuel García, Josegr para los amigos, el mejor reclutador que he conocido tras Dean Smith y Coach K, o a Gonzalo Vázquez, siempre una inspiración para las gentes que quieren al basket, o a los propios Sergio Azurmendi, Nacho Mendaza o Alfredo de la Fuente, a quienes sin embargo conocimos en otro momento.

La jornada tuvo su broche de oro con un festín gastronómico, algo obvio tratándose del lugar que se trataba, y la segunda jornada de la Copa, que vio a la Penya y el Madrid meterse en semis.

Las tertulias gastronómicas se reprodujeron el sábado y domingo, ya en la propia Gasteiz, con presencias ilustres como la de Jordi Román, el último mohicano de Nuevo Basket ¡Como me arrepiento no haber podido estar el sábado!, siempre unidos al conjuro de la canasta, y con buenos condumios para excitar la Palabra.

Fue una gran Copa, con victoria de la Penya de Aito que encumbró a Rudy Fernandez como próxima estrella española que viajará a la NBA, pero de eso seguro que ya habéis oído hablar a voces más autorizadas.

Yo solamente pretendía contar una de esas historias bonitas, de entre miles de ellas,  algunas de las que seguramente os habrán ocurrido a vosotros mismos, que la pasión por el basket suele alumbrar.

Si la Vida consiste en buscar y acumular experiencias de Belleza, no tengo duda que de Vitoria vinimos con las alforjas llenas.

2 Comentarios
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2 - Grande Rem, gran copa y grandes vivencias aporta siempre este fenomenal evento cuya mayor dimensión es la que se vive fuera de las pistas, al menos para un servidor. La mayor aglomeración de gente de baloncesto que se vive cada temporada.
Un abrazo

14/02/2008 - 12:22 - srodriguez

1 - Que gran tierra la vasca, con buen basket, bonitos paisajes y excelente gastronomía, dentro de dos años en Bilbo, hay que estar, juassss

14/02/2008 - 08:45 - Chibilio

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