Durante muchos años todos hemos conocido al excepcional jugador de los Wizards de Washington Gilbert Arenas como el “Agente Cero”. Un tipo genial en el campo y singular fuera de él.
Pero, ahora, tras protagonizar uno de los episodios más extraños ocurridos jamás en una liga deportiva, Gilbert Arenas ha ido más allá de toda lógica de pensamiento racional al poner en evidencia, por este orden, a sus compañeros, a su club, a la Liga a la que pertenece su club y, sobre todo, al ponerse en evidencia él mismo.
Arenas ha sido el protagonista estelar de un episodio bizarro y a la vez muy peligroso: almacenar y mostrar sus armas de fuego en el vestuario de los Wizards. Un acto tan sumamente fuera de lugar que hasta el Comisionado David Stern, que habitualmente se atiene al principio de no prejuzgar en su jurisdicción lo que está pendiente de ser juzgado en el mundo civil, ha dado un paso al frente y ha suspendido indefinidamente al jugador de empleo y sueldo por violar flagrantemente las normas internas de la Liga NBA.
Por definición, no me gusta que se tomen ese tipo de medidas con nadie, y menos en un asunto de esta enjundia, hasta que el susodicho haya sido encontrado culpable –más allá de toda duda razonable- por un tribunal de justicia. Pero esta vez no. Esta vez creo que Mr. Stern lo ha bordado. Y, en una de las declaraciones más preclaras que ha tenido el Comisionado en los últimos tiempos, ha resumido su decisión de manera impecable: “[Gilbert] Arenas no está en condiciones de salir a una cancha de juego”. Amén.
Los aficionados, los periodistas, todos los que siguen cualquier liga deportiva estadounidense están acostumbrados a tolerar unas ciertas dosis de rarezas por parte de algunos deportistas profesionales: sobre todo de aquellos que ecualizan su talento en la cancha de juego con sus actos bochornosos fuera de ella.
La lista de tropelías, y el grado de idiocia, de algunos es enorme. En béisbol, el deporte que habita en el alma de los americanos, Pete Rose, el que quizás sea el mejor jugador de toda su centenaria historia, está expulsado –ad eternum- del deporte que le hizo grande y que él ayudó a hacer todavía más grande. La causa: apostar ilegalmente en los partidos. Por no hablar de los numerosos casos de peloteros que han tomado esteroides: el ilustre bateador Mark McGwire está otra vez en el candelero contando sus aventuras y desventuras con las drogas por unas cuantas teles del país. Todos estos peloteros son jugadores que han podido dinamitar la integridad de un deporte sagrado en Estados Unidos.
La Liga de Fútbol, la NFL, tampoco se queda atrás en el apartado de actos bizarros. El gusto por las armas de fuego que tienen muchos futbolistas es inversamente proporcional a su buen juicio. La NFL ha visto jugadores que se han disparado accidentalmente ellos solos. Otros que han sido detenidos por tenencia ilícita de armas. Y otros tantos que han hecho el “doblete”: han sido acusados de tenencia ilícita de armas y de posesión de sustancias prohibidas a la vez. Un notorio futbolista, Michael Vick, ha estado recientemente en el trullo por organizar peleas clandestinas de perros.
Por supuesto, la Liga de Mr. David Stern tiene sus cruces también. La NBA ha visto jugadores que han saltado a las gradas para zurrar a los aficionados rivales; ha tenido un jugador que agarró a su entrenador por el pescuezo y casi lo mata; ha sufrido a un árbitro corrupto en su cocina: un tipo desgraciado que, además, alega que gran parte de sus colegas también están en el ajo. Y, por supuesto, la NBA tiene a Gilbert Arenas.
Arenas es el jugador de la NBA moderna que, a mi juicio, más lejos ha cruzado la frontera hacia el lado de lo bizarro. Sí, porque almacenar armas de fuego en su armario del vestuario y, lo que es peor, mostrarlas con intención probable de usarlas, va más allá de cualquier límite tolerable de comportamiento. Así que, a pesar de que no suelo estar muy de acuerdo con las decisiones de la patronal, la suspensión de Arenas me parece ejemplar.
Hay otra cosa que me preocupa mucho también. La raíz de toda esta historia no son esas armas de fuego expuestas en el vestuario de los Wizards: como si esa zona siempre sagrada para los profesionales se tratara de una convención de la NRA, el lobby que defiende el derecho casi sacro de los estadounidenses a poseer –y a portar- armas de fuego. No. La raíz del asunto está en las apuestas.
Parece ser que Arenas tenía un débito de 25.000 dólares con un compañero de equipo, el base Javaris Crittenton, como resultado de una mala mano en una de esas timbas que suelen montar los chicos de la NBA en los aviones de sus equipos o en los hoteles. Muchos analistas ya dan por hecho –erróneamente creo yo- que las armas de fuego forman parte de la cultura de la NBA. Y ahora han lanzado sus dardos contra la práctica, cada vez más habitual, de apostar frenéticamente al jugar a las cartas.
Ni que decir tiene que las apuestas que hacen muchos jugadores son económicamente estratosféricas desde el punto de vista del bolsillo del común de los mortales. Eso es rotundamente cierto. Y no es menos cierto que ya hay equipos de la Liga NBA -los Nets han sido los primeros- que están decididos a prohibir los juegos de cartas y las apuestas que se celebran en ellos: para evitar males mayores, supongo. No descarto, tampoco, que Mr. Stern y sus hombres de negro, tan dados a emitir directivas de todo tipo en lo referente al orden interno de sus profesionales, emitan pronto una suerte de fatua contra los juegos de naipes en la NBA.
Sin embargo, desde nuestra perspectiva europea, todo esto suena muy raro. No en vano, tanto el entorno como los propios jugadores de la Selección Española de baloncesto campeona mundial en Japón-2006, apeló a un juego de cartas –a la pocha concretamente- como a un elemento claramente unificador para el grupo. Esas timbas –toleradas por el mando federativo, claro- ayudaron sobremanera a mejorar las relaciones entre los jugadores. Al menos así lo contaron en su momento todos los que estuvieron por allá.
Pero en la NBA el problema, a mi juicio, no son las apuestas en sí. El problema es que las apuestas son muy altas. En consecuencia, las pérdidas también lo son, y no es infrecuente que las relaciones internas de un equipo tiendan a deteriorarse por ello. El asunto no es baladí: un entrenador en activo de la NBA me aseguró no hace mucho tiempo que había notado que algunos jugadores llegaban incluso a no pasarse el balón durante los partidos porque tenían deudas de juego pendientes entre ellos.
Así que, como quiera que todo lo que signifique “apuestas” es un anatema ahora mismo en la Liga NBA, mucho me temo que el Comisionado pueda llegar a prohibir los juegos de naipes en los desplazamientos de los equipos.
Lo cual sería un gran error, por cierto. Porque sería hacer que pagaran todos por el pecado de unos pocos. Y eso es muy calvinista, sí, pero es esencialmente injusto.
El pavor que produce todo lo relativo a las apuestas en la NBA viene dado por el Affaire Donaghy, el árbitro corrupto y tramposo. Un asunto que, como sabe el lector, ha generado un tumulto grandioso en la NBA. Pero sería bueno poner semejante tempestad en perspectiva. Si, como todos queremos creer, Tim Donaghy es el único implicado en este caso de corrupción arbitral, no sería justo, ni equitativo, que a todos los árbitros de la NBA se les tildara de ladrones y de corruptos.
Lo mismo sucede con el Asunto Arenas. Que la causa principal del lamentable incidente de las pistolas haya sido una notable deuda de juego no quiere decir que jugar a las cartas, o apostar sana y legalmente a lo que los jugadores quieran apostar, deba invalidar una práctica que –al menos para el combinado nacional español- ha demostrado ser muy saludable: jugar unas cuantas manos a las cartas para hacer equipo.
El Affaire Arenas tiene un único culpable: Gilbert Arenas. Habrá gentes que aseguren que el culpable no es sólo él. Que las armas de fuego han penetrado en la cultura de la NBA porque la Liga ha admitido la cultura del hip hop en sus vestuarios al permitir entrar a ciertos tipos en su fraternidad. [Y alguien volverá a hablar, más tarde o más temprano, del jugador de los Sixers de Filadelfia Allen Iverson como del póster boy de todos lo males, seguro].
Habrá otras gentes que afirmen que la posesión de armas está amparada por la Constitución de los Estados Unidos –concretamente en su Segunda Enmienda- y que Arenas tiene por tanto derecho a poseer esas armas de fuego. Lo cual es rotundamente cierto; sin duda. Pero la Segunda Enmienda no le exime de registrar sus armas, como es requisito legal, en Washington D. C.
Y, desde luego, la Segunda Enmienda no le ampara en absoluto cuando el hombre decide llevar ese mini arsenal al vestuario del equipo y, ni mucho menos, a almacenarlas en una instalación de la NBA: las normas de la Liga a ese respecto son tajantes, por cierto.
Gilbert Arenas, que tiene un contrato en la caja fuerte de su habitación que vale 111 millones de dólares, podría perder ahora algo más que esa mano que palmó contra su compañero Crittenton. Los Wizards estudian aprovechar la coyuntura, ahora que el jugador se ha declarado culpable de tenencia ilícita de armas para minimizar su condena futura, y van a intentar invalidar ese mega contrato.
No será fácil. Aquel jugador que agarró a su coach por el pescuezo, Latrell Sprewell, estuvo suspendido casi una temporada entera, pero su club de entonces, los Warriors, no pudieron invalidar su contrato: un juez árbitro amparó al jugador, inequívocamente, en su disputa legal contra el club californiano.
Pero, por encima de todo, Gilbert Arenas es culpable de algo que tiene difícil arreglo: de falta de sentido común. Si el hombre se siente amenazado, o si cree que su familia está en peligro, lo mejor que podría haber hecho –entre otras razones porque su estratosférico salario le da de sobra para ello- es haber contratado personal de seguridad, debidamente adiestrado y cualificado, para protegerle a él y a su familia.
Pero, al jugar a ser el Agente “Dirty Harry” Callahan en vez de a seguir siendo el Agente Cero, Arenas ha demostrado que el talento en el campo no siempre va acorde con el talento fuera de él.
Por eso, para mí, desde ahora, Gilbert Arenas pasa a ser “CI 0”. “Cociente Intelectual Cero”. Creo que se lo merece.
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16 - Sólo escribir que al terminar de leer el artículo me ha dado la risa de la razón que llevas Paniagua.
19/01/2010 - 20:16 - nbaplayer
15 - Muchas veces cometemos el error de pensar que por el simple hecho de que una persona haga una cosa muy bien, en este caso jugar a balonceso, va hacer lo mismo con el resto de su vida. Y no siempre es así. La culpa es nuestra. Hay que valorar al profesional por lo que hace en la cancha y a la persona por lo que hace fuera de ella y no mezclar. Y antes que juzgar a este tipo de personas hay que educarles: las leyes, las normas de régimen interno también son para ellos y las deben cumplir como el resto de ciudadanos y/o el resto de trabajadores que trabajan para una empresa, en este caso privada como es la NBA. Hay demasiado palmero fino alrededor de este tipo de personas, que sólo les dicen lo que ellos quieren escuchar y no verdaderos asesores, consejeros, amigos que le adviertan que no todo vale, que no le vamos a reir la gracia, que hay unas reglas de juego que todos debemos respetar, que no hay nadie por encima del bien y del mal, se llame Gilbert Arenas, Allen Iverson, Bobby Knight, John Callipari o el mismísimo Michael Jordan.
19/01/2010 - 18:46 - geiperman
14 - Se esperaba un artículo sobre Arenas. El asunto lo pedía. Y Pani no defrauda. Para mí Arenas es un cero desde aquellas declaraciones con las que se cubrió de gloria ninguneando a Jose "El Calderón", como lo había llamado. Escribí una entrada en mi blog entonces en el que lo rebautizaba como Zero-minded Agent. Ahora Pani ha sacado otro muy buen mote. El artículo, como siempre, genial. Pero un apunte, Pani: la palabra bizarro en castellano no significa lo mismo que "bizarre" en inglés, y parece que está usada con el significado "importado" del inglés.
19/01/2010 - 16:00 - Auriense
13 - Se esperaba un artículo sobre Arenas. El asunto lo pedía. Y Pani no defrauda. Para mí Arenas es un cero desde aquellas declaraciones con las que se cubrió de gloria ninguneando a Jose "El Calderón", como lo había llamado. Escribí una entrada en mi blog entonces en el que lo rebautizaba como Zero-minded Agent. Ahora Pani ha sacado otro muy buen mote. El artículo, como siempre, genial. Pero un apunte, Pani: la palabra bizarro en castellano no significa lo mismo que "bizarre" en inglés, y parece que está usada con el significado "importado" del inglés.
19/01/2010 - 15:51 - Auriense
12 - Arenas ha demostrado ser el típico jugador que se cree por encima del bien y del mal. Un patán trágico. Ahora bien que pasa con Crittenton? porqué no se le sanciona?. Me temo que Arenas va a ser el chivo expiatorio... Gran artículo. Saludos.
19/01/2010 - 10:37 - mikidumb
11 - Completamente de acuerdo con scaloni; se adora a "becerros de oro" (borregos de oro, diría yo) porque nos emboban con su talento deportivo, aunque luego nos demuestran su ineptitud intelectual con hechos como el aquí descrito. Quiero creer que no sea la norma, que sean hechos aislados pero, por desgracia, cada vez aparecen más "hechos aislados". Saludos. JOSEMI
19/01/2010 - 09:10 - 4-josemi
10 - Se lo merece.
19/01/2010 - 08:26 - JRR957
9 - Que razón tienes, la NBA, la mejor liga del mundo, cada vez es mas sonada por escandalos que por jugadas. Personalmente si le suspenden no tendria que ser por una temporada tendria que ser por 3,4 o de por vida, algo que siente un precedente, para evitar este tipo de coas. Ademas de prohibir las apuestas, timbas, de cualquier equipo, porque primero puede ser una pistola, pero tambien un cuchillo o las propias manos
19/01/2010 - 07:23 - cafero7
8 - Gran artículo. Enorme detalle el de ''Cociente Intelectual'' (que no coeficiente) Así da gusto, de verdad.
19/01/2010 - 07:20 - shifty
7 - Siempre he mantenido que hay personas que su unico don es saber jugar a determinado deporte en el pais adecuado, que se le considere una estrella por eso, y que empiece a hacer cosas raras en plan excentrico... y claro cuando todos aquellos C.I Cero que abundan por el mundo del deporte se van quedando sin excentricidades que hacer, para llamar la atencion, pues pueden suceder cosas como esta. Y la culpa es nuestrar por venerar a verdaderos merluzos como esos y no ha gente esforzado y con poco talento que salen adelante por su sacrificio, inteligencia y dedicacion.
18/01/2010 - 22:44 - scaloni
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Es uno de los periodistas españoles con más reputación cuando se habla del baloncesto de los Estados Unidos. En radio, ha trabajado para la Cadena COPE desde 1986 hasta la temporada 1991 1992, y desde la 1992-1993 lo hace para la Cadena SER, participando en espacios tan populares como el Carrusel Deportivo. En prensa, le hemos leído en medios de tanto prestigio como el diario EL PAÍS o la Revista Gigantes.
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