Remembranzas

CALLE MELANCOLIA IX


 
La primera- y única- vez que visité la ciudad del pecado, hará unos cinco años, le dije al chofer que me había recogido en el McCarron, si pasaríamos por el Thomas & Mack Center. El tipo me miró atónito, como diciendo ¿como sabe usted eso? y, con el Strip al fondo, a solo cuatro manzanas, dio un rodeo que me hizo cumplir uno de mis sueños, vislumbrar, siquiera un instante, uno de los Templos del college basketball .
 
La Universidad de Nevada Las Vegas esconde una extraña historia, incluso su nickname, REBELS, nace de la lucha, a inicios de los 50, contra el rival del Norte del Estado, la Universidad de Nevada- Reno, entonces más poderosa, de la que eran una mera dependencia, y frente a la que se alzaron, rebeldes, los de la ciudad soñada por Bugsy Siegel.
 
De cómo este centro pasó de ser una pequeña rama de una Universidad media, al equipo más dominador de los últimos 25 años de NCAA, es una historia que se escribe con el material del que están hechos los sueños.
 
No puede entenderse el fenómeno UNLV sin un personaje oscuro pero entrañable, una especie de Padre Flanagan con una cara oculta, el archiconocido Jerry Tarkanian, o Tark the Shark.
 
Este moderno Jasón, de origen armenio, consiguió rescatar el vellocino de oro de la Cólquida del Este basketbolero, contando para ello con unos Argonautas peculiares, chicos de la calle que no estudiaban mucho, pero que en la cancha impartían lecciones constantes e inolvidables.
 
Llega Tarkanian a Sin City en 1973, y pronto adopta un estilo de juego basado en la defensa asfixiante y un celérico juego de transición, rapidez que emparenta con el sobrenombre que solamente lleva la sección masculina de baloncesto de la Universidad, Runnin, un capricho del Director Deportivo, como signo de distinción.
 
El éxito que le había acompañado en junior college y en Long Beach continúa en UNLV, y ya en su segundo año mete al equipo en el Torneo Final, cayendo en segunda ronda, como ocurrirá al año siguiente.
 
En la temporada 1976-77, los Rebels alcanzan la Final Four, algo impensable, pero que será la tónica a partir de ese momento, de hecho al abandonar el banquillo en 1992, serían cuatro final four (1977, 87, 90 y 91), 17 de 18 temporadas con 20 victorias, 4 de ellas alcanzando la treintena.
 
Una historial que no permite otro calificativo que brillante.
 
Fueron días de vino y rosas, con los Wynn, la Royal Family de Las Vegas, asistiendo a los partidos al despampanante Pabellón de los Rebels, inaugurado en 1983 y popularmente conocido como Shark Tank , junto con celebridades como Whoopi Goldberg, Wayne Newton o Mike Tyson, y días de furia, con los comités de la NCAA, en perpetuo litigio con el tiburón desde 1977, pisando los talones a los Rebeldes, mandando gente continuamente a investigar hasta el más nimio indicio, como el regalo de un par de T shirts, desde sus cuarteles generales en Misión, Kansas.
 
Hubo luces, como el rendimiento deportivo, la riqueza táctica desplegada, el rescate de las calles de gente como Johnson, Augmon o Scurry.
 
 Pero también sombras, como el saqueo del apartamento del periodista John Henderson, uno de lo más críticos con Tarkanian, quien llegó a describir la invitación al campus de Lloyd sweet pea” Daniels, un talento neoyorkino, absolutamente analfabeto y con un pasado escandaloso, como un acto de prostitución universitaria; O las peligrosas relaciones de jugadores como Anderson Hunt, David Butler o el propio Moses Scurry con personajes siniestros como Richard “the fixer” Perry, dos veces condenado en NY por amañar partidos y carreras, individuo proscrito y miembro destacado de la lista negra de la Comisión del Juego del Estado de Nevada, de quien se dice que aparece con nombre ficticio en la novela “Wise Guy” de Nicholas Pileggi, en la que se basa el celebrado film Goodfellas, de Marty Scorsese.
 
De hecho, fue la publicación de unas fotos de sus jugadores con el hampón, jugando una pachanguita y tomando un baño en un jacuzzi en el jardín de su mansión, la espoleta que desencadenaría el cese de un Tarkanian, harto de la caza a que había sido sometido durante los últimos quince años.
 
Desde un plano estrictamente deportivo, la ejecutoria de Tark y sus muchachos fue impecable, culminada con una dominación absoluta de la competición, como no se ha conocido desde los tiempos de UCLA, un glorioso ocaso del imperio de dos años, que reviste un mérito superior a la luz del marco de presión, sospecha y pesquisa con que este equipo invencible tuvo que convivir desde que empezara a asomar la cabeza en la élite del College Basketball.
 
Las virtudes del juego del técnico de la toalla, una presión defensiva sin cuartel a toda la cancha, orientando el flujo de la posesión contraria hacia posiciones de ventaja mediante traps en las esquinas, la célebre defensa llamada ameba por su naturaleza mutante y letal, y un celérico ataque de transición, en oleadas, normalmente tras robo de bola, sin dejar que la defensa contraria se posicionara, estaban presentes en aquella rotación de 10 jugadores.
 
 
Todo aquel endiablado mecanismo de relojería, explotó en la Final Nacional de 1989, cuando los Rebels despedazaron a una Duke valiente, que plantó cara hasta el minuto 25, cuando el MVP Anderson Hunt cogió su fusil, y anotó 14 puntos en un parcial de 18-0 que dejó el partido decidido.
 
Nunca antes se había visto una exhibición de tal talento e intensidad en una cancha universitaria, por momentos aquello pareció un duelo de hombres contra niños, y eso que hablamos de los Blue Devils de Kryzewsky
 
 
Además, aquel equipo hacía honor a tal concepto, era un grupo de gente variopinta a la que su entrenador consiguió dar forma y cohesión. Desde ratas de gimnasio, como Steve Rice o Stacey Cvitanovich, hijos de entrenadores, a elementos patibularios, inner city players como David Butler, de Washington, Moses Scurry, de Brooklyn o Anderson Hunt de Detroit; o los dos líderes del equipo: Larry Johnson y Stacey Augmon, grandes atletas, criados en entornos fatídicos y víctimas de la Proposition 48.
 
 
 
Johnson, una especie de Charles Barkley mezclado con Buck Williams, comprimido en unos generosos dos metros y 120 kilos de acero muscular, fué uno de los escasos 6 McDonalds All American de los que Tark pudo disfrutar en sus 19 años en el banquillo, un producto del barrio más peligroso de South Dallas, uno de esos clockers nacido para traficar con crack y morir adolescente, como la mayoría de sus amigos de la infancia, rescatado de las tinieblas por su excelencia atlética.
 
Considerado el mejor jugador de High School en 1987, tras ser rechazado por Southern Methodist, por sospechas de amaño en sus test de acceso a la Universidad, dominó en la Junior College de San Jacinto y, cuando parecía que se iría con su amigo Larry Brown a Kansas, este marchó a la NBA, a los Spurs, por lo que acabó, con honores de superestrella, siendo reclutado por UNLV.
 
Augmon, uno de los más impresionantes atletas que este deporte ha disfrutado, conocido como The Plastic Man, salió de los projects de Pasadena gracias a su amistad con un Arquitecto, que devino en tutor de facto del chaval. Tras dominar en la High School de California, pasó un año en blanco antes de ingresar en UNLV, donde llegó a jugar en las cinco posibles posiciones en pista.
 
Su inmarcesible instinto atlético, y un físico sobrenatural, en resistencia y flexibilidad, le hizo convertirse en un especialista defensivo, un torbellino de desplazamientos y ayudas, el alma de la famosa ameba de Tarkanian, que también sobresalía en la marca individual, parando a gente como Mark Macon, Sean Elliot, considerados los mejores aleros colegiales de su generación. Al mismo tiempo, su capacidad de trabajo hizo que llegara a poseer un tiro decente, algo imposible de pensar cuando llegó a la Universidad con una muñeca de madera.
 
La fidelidad de estas dos megaestrellas universitarias era tal, que tras ganar el título en 1989, y aun siendo seguros lottery pick, en el caso de Jonhson candidato al nº 1, decidieron volver a cumplir su año senior, todo ello a pesar de que UNLV a inicios de temporada estaba sancionada para disputar el Torneo Final, algo que solo puede encontrar razón en una lealtad a prueba de bomba a un hombre con un carisma cuasi mesiánico.
 
UNLV ganaría la apelación, y podría defender su título, pero no sin pagar un alto precio, el propio Tark advirtió a los dos recruits estrellas de ese año, el alero Shon Tarver y el pívot Ed O,Bannon, nº 1 nacional, contra su decisión, y los dos chicos acabaron firmando con UCLA.
 
El futuro de los Runnin´Rebels quedaba hipotecado.
 
 
Y llegó el día del Juicio Final, la América Decente esperaba el milagro, ansiaba que aquellos níveos heraldos, dirigidos por un hombre virtuoso y honrado, con ilustre pasado militar, infligiera el merecido castigo a aquella banda de negratas irreverentes, engreídos, con sus burlonas sonrisas, sus dientes de oro, coches de lujo y modales de matón; que borrara del mapa colegial aquella plaga de langosta y expulsara del reino del Deporte Universitario, sano y cabal, al líder de tanta infamia, ese señor calvo, ojeroso y nervioso, que se pasaba el partido mordiendo toallas.
 
Más que un partido, era una cuestión moral, que interesaba a toda la Nación.
 
Para mayor aliciente, UNLV llegaba imbatida y aspiraba a ser el primer equipo desde Indiana en 1977, en acabar una temporada sin derrotas, y desde UCLA en los años del Walton,s Gang, en repetir título.
 
Indianápolis y el Hoosier Dome, corazón de la América rural y blanca, símbolo de la eugenia americana, asistieron a un partido memorable, uno de esos cuatro o cinco que marcan la historia.
 
La misión parecía imposible, pero Coach K había aprendido la lección, tras la pública humillación que supuso el 103- 73 de la final del año anterior, y comprendía que superar la presión defensiva de los Rebels era la clave para aspirar a estar en el partido, y una vez allí, en los momentos decisivos, solo Dios sabía lo que pasaría.
 
Al mismo tiempo Kryzewsky administró a su rival una dosis de su propia medicina, fortaleciendo su zona con la presencia en el centro del novato Grant Hill, un atleta de primer orden que, emulando a Augmon, forzó muchas perdidas a lo largo del partido
 
Bobby Hurley, hijo de un prestigioso entrenador colegial, y Christian Laettner, vástago de una maestra de Angola, NY, apasionada de Marlon Brando, dirigieron a los Diablos Azules hacia una victoria fraguada en los tres últimos minutos, cuando, tras una canasta incomprensiblemente anulada a Gregg Anthony, que hubiera puesto a los suyos a +5, el base blanco tomó las riendas y encestó un triple que forma parte ya de la Historia Sagrada de esta religión pagana que es el baloncesto universitario.
 
Cuando el triple desesperado de Hunt salía despedido del aro, la Justicia estaba servida y aquel hijo de inmigrantes armenios, que habían salido de su país en los años 30, huyendo del genocidio turco, aquel entrenador modesto que había dominado allá por donde había pasado, que había osado enfrentarse al Poder de la NCAA, que había hecho de la necesidad virtud, reclutando gente del Juco y jugadores con perfiles problemáticos, aquel innovador táctico de defensas infranqueables y rotaciones profundas, del transition game que rompió la monotonía impuesta por la dictadura del control del reloj, aquel tramposo que ofendía a la moral pública, finalmente debía recoger la concha del destierro.
 
 O se iba por su propio pie, o la Universidad pagaba las consecuencias.
 
 
En aquel grupo salvaje peckimpahniano, la ruleta de la vida, a lo largo de estos años, ha hecho su implacable apuesta, dictando destinos opuestos.
 
 Algunos hicieron una buena carrera profesional y ganaron mucho dinero con el baloncesto, como Augmon, Johnson o Anthony; otros, como Scurry o Hunt, no aguantaron el ritmo y tuvieron frecuentes problemas con la justicia. Los más, han tenido una existencia ordinaria.
 
Pero todos ellos asistieron emocionados el 26 de noviembre de 2005, pasados más de trece desde su cese, al acto de conmemoración de la carrera de su entrenador, maestro y padre, cuando el legendario Thomas & Mack pasó a llamarse Tarkanian Center.
 
Su vida no fue un ejemplo, sus actos no siempre un espejo en el que mirarse, pero el deporte universitario, con sus virtudes y defectos, no puede evitar reconocer que aquel equipo que concibió y dirigió, fuese cual fuese su origen, formación y desarrollo, marcó una época y ayudó al crecimiento de la afición e interés en la difícil transición de los ochenta a los noventa.
 
El deporte, y su lógica maniquea, precisa de buenos y malos, y los chicos de Las Vegas representaron el papel de villanos como nadie antes hizo y creo que jamás hará.
 
Fueron forajidos, pero de leyenda.

4 Comentarios
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4 - Impagable esos trocitos de historia que de vez en cuando nos cuenta Remember como sólo el sabe. Te felicito.

15/02/2006 - 09:14 - djfruco

3 - Baller!!! Ahora voy entiendo lo Anderson Hunt, tengo entendido su única incursión profesional en Europa fue unos meses en Francia. Además creo que hacia unos mates terroríficos a lo Darrell Amstrong!!! no? Saludos!!!

14/02/2006 - 18:41 - cjimenez

2 - Simplemente una delicia. Gracias Rem.

14/02/2006 - 18:28 - srodriguez

1 - Te cagas... Enorme Rem, enorme.

14/02/2006 - 11:21 - Big_Dawg

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