Remembranzas

CALLE MELANCOLIA XII



GRACIAS NUEVO BASKET



Corría el mes de enero de 1984, y mi vida de estudiante de primero de Bachiller, recién proyectado del cascarón del barrio protector a los abismos de la gran ciudad, sufrió una sacudida.

Había presenciado en televisión la Copa del Rey jugada en Zaragoza, y una nueva dimensión del deporte de la canasta, que ya tanto amaba, se apoderó de mi criterio

La oscura y sudorosa estética de la lucha, de la trinchera conquistada alcanzó a suplir el concepto de belleza que en tal deporte encontraba, más basado, hasta aquel entonces, en la armonía técnica que acompaña al individuo talentoso, que en el despliegue conjunto de preclara fisicidad que había contemplado en aquellos partidos, jugados a cara de perro en el atestado y vaporoso pabellón municipal maño.

MIKE DAVIS & MARCELLUS STARKS, BRIAN JACKSON & WAYNE ROBINSON, DAVID RUSSELL & GREGG STEWART, JIM ALLEN & KEVIN MAGEE,

¿Alguna vez se reunió tanto talento americano en una sola ciudad?

La convulsión, que había penetrado en mi ser por vía catódica, precisaba de un correlato tangible, literario y gráfico, y así fue como NUEVO BASKET vino entrar en mi vida.


Aun recuerdo, con ávida y dolorosa precisión, el momento en que acudí, en un día lluvioso, al quiosco del Paseo de los Melancólicos, al lado del instituto, donde adquirí el primer número de la revista, con las 250 pesetas, toda una fortuna a la sazón, bien custodiadas en el bolsillo de mis vaqueros.

Parecerá increíble, pero en Madrid eran contados los quioscos que vendían la revista y los pocos que tal hacían, apenas tenían un ejemplar, por lo que había que estar presto a la hora de cobrar la pieza.

El hallazgo del tesoro estaba revestido, pues, de cierta dosis de emoción y dificultad.

Aparecía en portada un cuerpo a cuerpo entre Fernandito Romay y Andrés Jiménez, en una instantánea tomada en el partido para el tercer y cuarto puesto de aquella Copa, y en el interior, profusamente ilustrado, todo parecía gravitar en torno a esa ya mítico Torneo del Cambio.

Aires de revolución, de búsqueda de nuevas fronteras, soplaban directamente desde sus lujosas páginas, primorosamente encuadernadas, que traían un intenso perfume a progreso, ilusión y compromiso.

A partir de ese momento gente como Franco Pinotti, Joan Cerdá, Jordi Román o Miguel Angel Forniés pasaron a ser parte de mi familia, y aquella revista iba conmigo allá donde fuera, escrutando hasta su último rincón, todavía impresionado por la calidad de sus fotografías, de su maquetación y la profundidad de sus contenidos.

Dicen que la modernidad literaria consiste en que las preguntas están destinadas a permanecer sin respuesta, y NUEVO BASKET trepidaba de incertidumbres, de pluralismo, de amor por nuestro querido deporte y por eso creo que, por encima de todo, el interés de la revista no residía tanto en la realidad que reflejaba como en la visión singular que de ella expresaba.

Junto al basket espectáculo, tenía cabida el formativo, el femenino y tertulias de grandes desconocidos, que abordaban los problemas de su mundillo, eran reproducidas en cada número.

Y, como no, eran frecuentes las colaboraciones de los grandes técnicos de nuestro país, como Diaz-Miguel, Aito, Manel Comas, Mario Pesquera, Chus Codina, quienes por aquel entonces solían viajar a menudo a la Meca americana, en aquel tiempo remota cual planeta solar, para comprobar in situ los sistemas de trabajo de las grandes universidades, ojeando al tiempo a los que pudieran ser futuros americanos.

Ya digo, un mundo nuevo de sensaciones, una Summa de esencias baloncestísticas al alcance del lector.


Número tras número, mi capacidad de asombro recibía nuevos estímulos, pues aquella estética agresiva que simbolizara Magee en la Copa iniciática, se trasfirió a las páginas con inusitada vividez, señaladamente en las intituladas “Aquí América

Con una foto del Tio Sam  como emblema de la sección, su contenido era un pozo de sueños, un encadenado de imágenes y conceptos prístinos, que remitían a otros aun más sorprendentes, permeando, con la suavidad de una pleamar nocturna y plateada, en la apacible playa de una adolescencia curiosa.

Acuden a mi mente hologramas de melancolía, como una fotografía a toda página y color de Mel Turpin contra Charles Barkley en un Kentucky-Auburn en la cumbre de la SouthEastern Conference, o unas planillas estadísticas de los 16 mejores equipos de la NCAA de ese año.

Por primera vez, en aquellas ventanas hacía la fantasía, creí ver al Nuevo Profeta del basket mundial, he can do it all, decía Julius Corella del escultural escolta de los Tar Heels.

Igualmente me fue formalmente presentado un freak intimidador, un coloso negro de músculos de acero y cabeza yunque, que empezaba a ser conocido como el Hoya Distroya.

Asistí, desde la intimidad del dormitorio, allá recogido en el mullido sillón, al duelo de unos jugadores de póquer, que iban de verde, contra unos ilusionistas de azul y púrpura que transitaban, celéricos y coléricos, por imaginarios carriles que ineluctablemente desembocaban en el aro contrario.

Un Mago, un Pájaro y un Doctor dominaban en la fábula de sagacidad y belleza que era la NBA, en la que los personajes secundarios eran un Hombre de Hielo y un Poeta de la Canasta.

Nombres de ciudades remotas, de lejanos Estados, complejas estadísticas, extraños apellidos y seductores nicknames resonaban en mi cabeza, como una turmix de datos, que se iban acumulando a golpe de lectura apasionada.

Un mundo perfecto, en fin, que solo existió en aquel preciso tiempo y lugar, irrecuperable, fugaz, que solo puede ser recordado. 


La Revista tuvo sus momentos para la polémica, señaladamente con ocasión de la primera final ACB, ganada por el Real Madrid por incomparecencia del Futbol Club Barcelona al tercer partido, tras los incidentes acaecidos en el segundo, disputado en el Pabellón de la Ciudad Deportiva, que acabaron con desiguales sanciones para los tres protagonistas de la trifulca: Mike Davis, Fernando Martín y el instigador del incidente: Juan Manuel Lopez Iturriaga.

A pesar del resultado, Nuevo Basket sale a la calle con una impactante portada en la que Mike Davis machaca el aro del Palau ante un impotente Fernando Martín, dos cabezas más abajo. Toda una provocación que dió lugar a multitud de comentarios, cartas al Director y encendidas discusiones.

El lapso temporal entre las Olimpiadas de Los Angeles y el Mundobasket de España, representa el cénit de la revista, jalonado por dos números especiales a la altura de la ocasión. La editora echó la carne en el asador, y los resultados pueden degustarse en sendos compactos ejemplares, llenos de datos y comentarios jugosísimos.

Con el paso del tiempo, he podido contrastar gran parte de lo publicado en la prensa internacional, y puedo afirmar que tales números carecen de parangón y ni Sports Illustrated puede presentar algo que se le acerque.

Ya por entonces sorprendía la calidad de la revista por contraste con el resto del panorama editorial deportivo, que hacía de cada número un verdadero trofeo, con valor independiente, un libro en sí mismo.

La buena marcha parece consolidarse con la vuelta a los orígenes, a la periodicidad semanal largamente reclamada por los lectores, ahora en forma de periódico, mientras que la revista pasa a ser quincenal.

A pesar de la aparente salud del proyecto, ahora sabemos que en realidad escondía una penuria financiera estructural, y un concepto familiar del negocio, basado en el sacrificio, la amistad y el patrocinio, que hicieron posible el milagro de su existencia, pero que acabaría por fagocitar aquel producto imposible, a merced de las implacables Leyes del Mercado.

Dicen, con razón, que todo lo bueno se acaba, y este mágico reino en torno a una pelota gorda no fue una excepción.

Las dificultades económicas, una vez retirado el cálido y noble mecenazgo, ahogaban a la revista, que empezó a ser un Guadiana de incertidumbres en medio de un mercado en ebullición.

Cambios de formato, de periodicidad, descenso alarmante de la calidad y de los contenidos son indicios evidentes de una defunción inminente.

Conservo un último número, triste y demacrado, en el que ya no aparece Pinotti, con un Román luchando, cual moderno Quijote contra las Estrellas y los Gigantes, que acabarían por lanzar la última palada de arena sobre tan ilustre cadáver.

Cada quien se buscó la vida, y la ACB, que tanto les debe a estos pioneros, fue refugio de muchos, y jaula dorada de otros.

A veces la ira me domina y la pago con ellos, me duele tanto talento malbaratado y domesticado, pero ese es otro tema, que aquí solo quiero buenos recuerdos, y tributar un sentido homenaje a las gentes del periodismo de basket que me acompañaron en años decisivos en mi formación como persona, que contribuyeron a cincelar una parte importante del aficionado al basket, nostálgico, errabundo y antifutbolero, que me enorgullezco en ser.

Muchas gracias, amigos, y que el paso del tiempo nunca borre vuestra gran obra.

1 Comentario
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1 - Que grandes nombres citaste, un día me gustaría sondear quién se coló en la retina por primera vez para dar paso a la basketmanía de varios personajes. En mi caso Rickie Winslow, recién llegado de Estu. Yo no sabía nada de baloncesto, poco menos k ahora jejeje, pero aquel tío hacía que le siguiera el recorrido hasta en los tiempos muertos. Regards, buddy!

13/06/2006 - 09:45 - cjimenez

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