Remembranzas

Contra el Basket-Ficción.


 Lo clásico sigue triunfando.

 

Desde posiciones extremistas se ha venido proclamando la superioridad del juego actual sobre el clásico ( pongamos los happy eighties),  la eclosión de nuevas máquinas universales de producir basket ( pongamos los Garnetts, Odoms, McGradies, Gasoles y Nowitzkis), como si un diluvio sanador hubiera barrido de la faz de las canchas a los jugadores antiguos, renovando las aguas pantanosas del basket tal y como siempre se jugó.

 

 La elección de otro politalentoso atleta como nº 1 de este draft, por encima de un más intemporal y encasillable LaMarcus Aldridge, parece confirmar esa querencia en los círculos de poder del basket mundial por lo prodigioso, a despecho de la razón empírica.

 A mi aviso, estas soflamas evolucionistas carecen de rigor, pues hacen de la anécdota categoría, como nos demuestra el riguroso examen histórico.

 

 Es cierto que el deporte ha evolucionado físicamente, al compás de la especie que lo protagoniza, pero no lo es menos que la esencia del juego, esa extraña y perpetuamente mutante fórmula de inteligencia + táctica + talento atlético, no ha variado ni un ápice.

 

 Ninguno de estos cyborgs, que se anunciaban devastadores, ha conseguido dominar la NBA , como sí han hecho, y creo seguirán haciendo, jugadores de corte clásico, de posición definida. acusado liderazgo y capacidad de “leer” el juego en un estrato superior al de sus compañeros.

 A nivel doméstico, acabamos de asistir al espectáculo de una Mente Prodigiosa que ha hecho suya una Liga, al imperio de un atleta medio, cuyo eclecticismo es más táctico que atlético, que nace de un hálito utilitarista, de un disfrute exhaustivo de sus cualidades y de un conocimiento profundo de sus limitaciones.

 

 Jorge Garbajosa, la contraimagen de los Mazingers que venían a cambiar esto del basket, ha dominado una serie en ataque y en defensa, decidiéndola en belleza cuando supo llegado el Momento.

 

 Enfrente había egregios mensajeros de esa nueva raza de atletas universales, mas su inalcanzable polivalencia, su brillante linaje, se han revelado insuficientes ante la sencillez del método, ante los genuinos efluvios directamente emanados de la Esencia del basket.

 Y en ese espejo de todo que es la NBA , no hay mejores noticias para los esforzados amantes del basket-ficción, ese reino de Oz que se ha creado al amparo de una mala digestión del atracón de datos que facilitan las nuevas tecnologías.

 

 Tratando que los falaces brillos de una pantalla no cieguen el criterio, veamos como ha discurrido la última década en la Mejor Liga del Mundo:

 

 El equipo dominador, los Spurs de San Antonio ( tres anillos), tiene como líder a un “old classic “ de toda la vida, un tipo que no tiene nada de especial, solo saber interpretar el juego, sus ritmos, sus balances,  descifrar sus precarios  equilibrios en la mejor manera para los intereses de su equipo.

 Ciertamente no parece que Tim Duncan sea un prototipo de la última generación del basket robotizado, más bien un compendio de virtudes tradicionales, atesoradas en un largo camino de aprendizaje, pasando por cuatro años de Universidad.

 

 El segundo equipo serían los Lakers (otros tres anillos) con el liderazgo de otro pívot clásico, no solo un coloso, sino un hombre guía,  capaz de asumir diferentes roles cuando el equipo lo necesitaba, ora hombre sacrificado, ora referente ofensivo.

 Si físicamente cabría incardinar a Shaq (tres años en LSU) en el elenco de la Nueva Raza , su juego cercano al aro y su capacidad de liberar espacios forman parte del núcleo de este deporte casi desde su nacimiento. Nada nuevo bajo el sol.

 

Tercer protagonista, con dos títulos, son los Bulls del último Jordan, escuadra prototípica con los Paxson, Cartwright, Grant y cía, que giraba en torno al inmarcesible genio del ex Tar Heel ( tres añitos), y al excelente pragmatismo de Phil Jackson y su equipo técnico, que hizo del talante inobstrusivo un karma triunfante.

 

 Cierto es que Pippen y Kukoc eran jugadores modernos, pero para nada hombres –máquina.

 Pasemos a los Pistons (un anillo) donde acaso tenga mayor virtualidad el discurso evolucionista, por la presencia de un fenómeno genético como Tayshaun Prince, capaz de ocupar hasta cuatro posiciones en la cancha.

 

 No es menos cierto, sin embargo, que el largilucho ex Kentucky no era sino la cuarta o quinta opción ofensiva del equipo, y que si algo destacaba en los de la Motown , no eran los egos individuales, sino el espíritu de equipo, en el que el puesto de líder, si lo hubiere, habría de caer en manos de Chauncey Billups (dos añitos en college), un base-escolta bastante tradicional, tanto en físico como en juego.

 Férrea defensa y movimientos ofensivos de manual tampoco parecen ser heraldos de la Nueva Era.

 

 Vamos con los Heat, reciente campeón, donde el mentado Shaq cumple una labor de escudero del nuevo gurú, Dwayne Wade, un escolta explosivo de Marquette ( dos años), de físico poderoso y  muñeca caliente a 5-6 metros, como tantos hubo en la historia de la NBA , aunque éste dotado de un plus de frialdad en los momentos cruciales, que lo emparenta con la dinastía de los Grandes de este juego.

 Nuevamente, ni rastro de esa eugénica estirpe que habría de deslumbrarnos.

 

 De este apresurado y nada exhaustivo compendio empírico, nace una conclusión de difícil contradicción: los equipos ganadores son los que juegan al basket como siempre ha sido, los líderes suelen ser jugadores formados, con amplia experiencia universitaria, y bastante clásicos en su forma de jugar, con posiciones definidas y una vis lideradora, que los hace brillar en el tiempo del Clutch.

 Los nuevos arcángeles de la Modernidad , productos de una presunta supremacía de lo físico,  los Garnett, Odom, McGrady, Nowitzky, Gasol y cía aun no han logrado sino una colección de fútiles elecciones para el All Star (criterio éste mantenido por algún especialmente torpe teórico contra el valor formativo del  juego universitario). Los anillos lucen en otros dedos.

 

 El oropel reluce, pero oro no es.

 Como nunca en este juego se podrá sustituir la cabeza y el corazón, la Inteligencia del Hombre que lo juega y que lo observa,  por la fría excelencia gimnástica-cibernética de seres ( jugadores y espectadores) con  Almas de Metal.

0 Comentarios
Déjanos tu opinión

Déjanos tu opinión

Si tengo usuario

REMEMBER




2008 (8)
    septiembre (1)
        DEJA VU "CAISTA".
    julio (1)
    abril (2)
    marzo (2)
    febrero (1)
    enero (1)
2007 (16)
2006 (21)
2005 (11)

 
 

 
Colaborar con Solobasket.com - Publicidad - Blog - Solobasket © 2007