Desde la ciudad de los Dioses y los Mitos , imbuído de la épica helénica -no quiero ni pensar si aquello acaba en tragedia- me apresto a subir a la Colina de Filopappos, donde dicen que Sócrates bebió su cicuta, y observar, con la distancia de 48 horas, lo que aconteció en el OAKA.
Fueron 72 horas para recordar, y ahora trataremos de desentrañar algunas de las claves de una nueva Copa del Rey Midas del basket europeo, mientras los fanáticos verdes entonan el porompompero en su homenaje.
Oda a Scariolo.
No se gana un scudetto con 28 años, ni se derriba al "aitismo" en su cuartel general, siendo un hombre ordinario, y la leyenda del bresciano sigue alimentándose, su llama casa vez más intensa, tras la Final Four de Atenas.
Ya el estar fué un milagro, pero el aguantar al CSSKA hasta el minuto 37 y dejar la sensación de que si un par de triples más hubieran besado las redes contrarias, Málaga hubiera jugado la final, es para quitarse el sombrero.
Scariolo ganó la batalla táctica al egregio Ettore, ese guerrero de la neurona, mas no fué bastante para subvertir el orden establecido por los recursos de cada quien.
A pie de pista la defensa de Unicaja me pareció grandiosa, se podía ver en el taimado y tenso rostro de los jugadores las sesiones de scouting que guiaban sus movimientos precisos en cancha, invitando a sus marcas a tomar el lado malo, excitando la decisión incorrecta de los rivales, cortocircuitando, en fin, la maquinaria ofensiva de los rusos.
En ataque, Carlos Cabezas estuvo en un tris de emular gestas pretéritas, pero el fatum no estaba de su parte y le mandó un rayo directo al lagrimal, mientras que el vulnerado MarcoTusek no pudo clavar sus dagas en el corazón de Moscú.
Un aplauso para Sergio, Málaga tiene una mina de oro que espero acabe dando aún más frutos.
Boza en la picota.
Conste que sus declaraciones post partido me perecen hasta razonables, las estrellas fallaron, pero lo que no tiene perdón es la cachaza táctica, el sopor intelectual, la impotencia que la abúlica actuación de los gazteitarras produjo en el aficionado.
A la salida, las hordas azulgrana clamaban contra el atildado serbio, y es que en ningún momento dieron la sensación los baskonistas de tener opciones, a pesar de que a 4 minutos se pusieron a 6 puntos y debieron recuperar posesión de no ser por una inexistente falta a Scola.
Precisamente Luis, siempre batallador, fue la gran decepción del partido, perdido en el espacio, sin alma, ni buscó el protagonismo que su jerarquía le confiere, ni pareció entender que los trenes al paraiso no pasan por tu puerta todos los años.
El año pasado Maccabi y su afición los borraron del mapa desde la presentación de los equipos- ¡ menudo monólogo amarillo!-, a base de talento e intensidad, pero lo de este año es distinto: se fueron ellos solitos.
Desde luego, Boza no supo motivar a los suyos, no aportó ese elemento de compostura en las grandes citas que supuestamente debía traer consigo cuando le ficharon.
Y de ello la única responsabilidad es la suya.
Papaloukas y la afición griega.
Durante la gran final, hubo un momento donde se mascó la tragedia, donde el villano amenazaba con secuestrar la gloria reservada a los héroes locales.
El villano de esta representación es Theodoros Papaloukas, un ciudadano ateniense vendido al oro bárbaro, que vestía de rojo, como su sangre de guerrero, y azul, como su nobleza de líder.
Anotando dos tiros libres, tras una técnica al Pao, el CSSKA se ponía uno arriba, ya entrado el tercer cuarto, y el partido tomaba una deriva rusa de consecuencias imprevisibles.
Theodoros, marchó a la linea del tiro libre mientras arreciaban los insultos- presumo- y los brazos amenazantes, como aspas de molino, segaban las inmediaciones de nuestras cabezas.
Se quedó solo durante un momento, con 15.000 almas, con sus respectivas gargantas, manifestándole su repulsa.
Theodoros, sin inmutarse un ápice, metió los dos libres y siguió jugando.
Acabaría con 9/10 en tiros de campo y 28 de valoración , pero unas tristes cifras no sirven para glosar la grandeza de un jugador que lo da todo, y lo da con gusto, elegancia y sagacidad.
Al final, Obradovic y su peculiar Deus ex Machina, Dimitris Diamantidis, preservaron la Copa, que no salió del Attica, pero tras recoger su medalla en medio de un tenue abucheo, algo cantaba la sección más animosa de la fanaticada local al derrotado villano.
Theodoros miró de frente a la masa verde, tranquilamente levantó sus brazos y aplaudió.
El pueblo hubo de rendirse, ovación de gala y de Villano a Héroe ( sin corona) en unos instantes.
Cosas de griegos.
Continuará.....