Los Lakers vuelven a ganar. Era más o menos lo esperado. Ya son 15 campeonatos en la historia de la franquicia: 5 en Minneapolis, 10 en Los Ángeles, si la memoria no me falla. Kobe concluye una temporada que le definirá para siempre: como un grande entre los grandes. Phil Jackson consigue su décimo anillo como entrenador: 6 con los Bulls, 4 con los Lakers. Supera al mítico Red Auerbach en anillos: 10-9. Pero, sin quitarle a nadie mérito alguno: el gran Red consiguió sus 9 con el mismo equipo; 8 de ellos seguidos; 9 títulos en 10 temporadas. Es otro record; distinto: imbatible seguramente en estos tiempos modernos.
Gasol, Ariza, Odom, sobre todo el primero, se convierten en las co-estrellas –que no en los gregarios- de un genio como Kobe. Para sublimar todavía más la grandeza de un deporte colectivo que nos demuestra tozudamente, día tras día, que el poder de uno jamás podrá contra el poder del grupo mientras este juego maravilloso siga jugándose por esos campos de Dios. Habrá más títulos por conquistar para el gran LeBron James: pero este, el de 2009, no era el suyo. Todavía no.
Los aficionados de los Lakers danzan ahora eufóricos por las calles de Los Ángeles. Habrá desfile de celebración: seguro. Será financiado de manera privada –un millón es al fin y al cabo dinero de bolsillo para el dueño Mr. Jerry Buss. O será financiado de manera pública: aunque el Estado de California, que gobierna Herr Arnold Schwarzenegger, está en bancarrota total: debe más de 700 millones de dólares. La presencia de Pau Gasol en estos Lakers campeones desata, una vez más, la euforia en el mundo del baloncesto español: muy merecido. Escucho en el audio a mi colega Ramón Trecet llorar de emoción: muy comprensible. Todos parecen hoy más felices.
Permítame el lector contar otra historia entre tanta euforia. La historia de un hombre al que los dioses no le repartieron buenas cartas. O tal vez sí. Esas cosas nunca se saben.
Relativamente cerca de Orlando, en una ciudad llamada Naples, también en el Estado Soberano de Florida, un venerable jubilado habrá pensado en este domingo maravilloso algo que seguramente ya pensó antes: cada vez que ve a los Lakers levantar un trofeo dorado de campeones de la NBA. Qué habría pasado si… “If…”
Los expertos lo denominan “suerte circunstancial”: factores que no pueden ser controlados porque se producen aleatoriamente. Todos hemos pensado en ello: si en vez de estudiar en Arizona hubiera estudiado en Nueva York como estaba previsto… si aquel día no hubiera cambiado de aula, ella no habría estado allí… si no hubiera perdido aquel avión, no habría tenido que alquilar un coche y no habría tenido aquel accidente del que me (nos) salvamos de milagro…
El 8 de Noviembre de 1979 hubo unos cuantos “ifs” que marcaron en gran medida el devenir de estos Lakers de la era moderna. Si el entrenador jefe del equipo, Jack McKinney no hubiera dado el día libre a su equipo; si Paul Westhead, su ayudante, no le hubiera retado a un partido de tenis; si la señora McKinney no hubiera cogido el coche; si el Coach McKinney no hubiera cogido la bicicleta de su hijo; si hubiera llevado puesto un casco; si los frenos de aquella bici no hubieran fallado; if…
Muchas circunstancias se juntaron para definir un momento trágico en la vida del Entrenador McKinney. Un instante que cambió su vida, la de su familia, la de Paul Westhead, la de Pat Riley, la de los Lakers de Los Ángeles y, por supuesto, la de la NBA. “Suerte circunstancial”. O el destino.
Pat Riley sabe muy bien que su legendaria carrera como entrenador –con los Lakers, con los Knicks y con los Heat- jamás hubiera existido sin aquel accidente de bicicleta. Hace 30 años, Riley era el comentarista habitual de los Lakers y trabajaba junto a una leyenda de los micrófonos, el mítico Chick Hearn. Tras el accidente, Westhead, que sustituyó a McKinney, le pidió a Pat Riley que fuera su asistente. Poco tiempo después, Westhead fue cesado –siempre se ha atribuido a Magic Johnson el liderazgo de aquel complot- y Riley se convirtió en el Entrenador Jefe de los Lakers. El resto es historia. Una de las más extraordinarias de la Liga NBA, por cierto.
Los Lakers del Showtime utilizaron todo el ensamblaje y los sistemas de juego de Jack McKinney durante cuatro años. El propio Riley reconoció en una ocasión que el Coach McKinney podría perfectamente haber ganado cinco o seis títulos con aquellos Lakers de los años 80. Pero no fue así. Y Jack McKinney (1935-) sufrió heridas casi mortales como consecuencia de aquella caída fatal con la bicicleta.
En su año del debut como entrenador jefe de los Lakers, McKinney llevaba 13, justamente 13, partidos en el banquillo del equipo californiano. Habían ganado 9 partidos y habían perdido 4, pero los síntomas de mejoría del equipo en relación a la temporada precedente eran muy evidentes. El Entrenador había diseñado un sistema de juego que aprovechaba el poderío de Abdul-Jabbar en la pintura, y un ataque en el que se buscaba el contraataque y la rapidez, conducido todo ello por un novato genial llamado Magic Johnson. Los jugadores de los Lakers creían firmemente en ese sistema que, inequívocamente, tenía todos los ingredientes de lo que luego sería conocido, y reconocido, como el Showtime.
Aquella temporada no hubo partido 14 para McKinney. A la mañana siguiente, aquella bicicleta le llevó a dar con sus huesos –con los huesos del cráneo más concretamente- en el suelo. Cuando llegó la ambulancia, los paramédicos dudaban de que aquel hombre pudiera vivir. Una vez ingresado en el hospital, el diagnóstico fue espeluznante: fuerte traumatismo craneoencefálico, pérdida de memoria, fractura doble de mandíbula, estado de shock. Pronóstico: gravísimo. McKinney estuvo casi 20 días en coma. Y estuvo varios meses en recuperación y rehabilitación.
Mientras tanto, Paul Westhead fue nombrado entrenador interino de los Lakers y pidió a Pat Riley que le echara una mano. Riley dudó. Tras nueve años como jugador, le gustaba el oficio de comentarista y siempre pensó que la ausencia del Coach sería relativamente breve. Chick Hearn le aseguró que el puesto en la emisora sería suyo una vez concluida la temporada. En realidad, en aquellos años, no había más que un entrenador ayudante en las plantillas de la NBA: y Riley, unos 260 millones de dólares menos rico que ahora, necesitaba de verdad aquel sueldo de comentarista.
Pasados unos meses, casi al final de aquella temporada regular, McKinney fue a ver su primer partido de los Lakers después del accidente. Cuando Jerry Buss le preguntó cómo estaba, McKinney no reconoció a su jefe. Y mientras McKinney recuperaba sus facultades, el equipo que él ensambló jugó un gran baloncesto y conquistó el título bajo la batuta de su amigo y sustituto Paul Westhead.
Entre la euforia del título y la incertidumbre del estado de salud de McKinney, Mr. Buss ofreció el puesto de entrenador a Paul Westhead: “tanto si lo aceptas como si no, McKinney no va a ser el entrenador de los Lakers el año que viene”, le dijo Mr. Buss a Westhead. [Puede parecer un acto despiadado; y realmente lo fue. Pero si algo me han enseñado muchos años de tratos con gentes que han hecho mucho dinero a lo largo de sus vidas, es que son casi siempre implacables en las decisiones de negocios. No excuso a Mr. Buss, pero entiendo a los tipos como él.]
Paul Westhed aceptó la oferta. McKinney rompió relaciones con su antiguo amigo y ayudante, maldijo a Mr. Buss, y no tuvo consuelo. Realmente era una historia terrible: una bicicleta le había llevado de dirigir a un verdaero dream team a vivir una existencia en forma de pesadilla.
Poco tiempo después, Jack McKinney encontró trabajo en los Pacers de Indiana. De hecho, y como era (es) un muy buen entrenador, consiguió el título de Entrenador del Año. Pero, aunque nadie jamás lo reconocerá, las secuelas de aquel accidente crearon un mito en la Liga. Y ya se sabe cómo funcionan estas cosas en los microcosmos: “Jack McKinney no está bien”. Fin del camino. Luego vino una última parada en Kansas City y la aceptación de lo evidente: que las gentes de la Liga NBA le percibían como a un hombre con daños mentales seguramente irreversibles.
Finalmente, el hombre abandonó el mundo del baloncesto y se hizo representante de artículos deportivos. Su mujer, Claire, se hizo también agente inmobiliaria para ayudar en casa. Hoy, llevan 52 años casados -si no me equivoco- tienen cuatro hijos y ocho nietos.
Jack McKinney tuvo su anillo, sin embargo. Los Lakers le regalaron una réplica de aquel anillo de campeón del curso de 1980. Fue en 1981, durante el partido entre los Pacers y los Lakers. No hubo ceremonia alguna; simplemente un empleado del club angelino se acercó al banquillo y le dio una cajita que contenía una reproducción del anillo.
Pero eso era lo de menos. En realidad, el anillo de campeón verdaderamente importante fue el que conquistó con los Blazers de Portland, en 1977, como ayudante de Jack Ramsay.
Los anillos no son más que metal al fin y al cabo. Hay cosas mucho más importantes para un profesional. Cuando le preguntaron una vez al gran Kareem Abdul Jabbar que citara el nombre de su entrenador favorito no dio un nombre, sino dos: John Wooden y Jack McKinney. Teniendo en cuenta que el Coach Wooden definió durante cuatro años, en la UCLA, la carrera futura de aquel chaval neoyorquino que primero se llamó Lew Alcindor y luego Kareem Abdul Jabbar, y que Jack McKinney le entrenó algo menos de tres meses y le dirigió en tan sólo 13 partidos, semejante deferencia por parte de Kareem dice mucho de la calidad profesional y humana del Coach McKinney.
En cierto modo, y esto es algo reconocido por todos, Jack McKinney fue para los Lakers algo parecido a lo que Johan Cruyff fue para el Barça de fútbol de la era moderna: el hombre que creó un estilo de juego que acabó por definir a un club. En el caso de McKinney fue un modo de entender el baloncesto que llevó a los Lakers a ocho finales de la NBA y a cinco títulos en una década. Y que todavía impregna hoy cada rincón de la Casa Lakers.
Si Jack McKinney no hubiera tenido aquel accidente de bicicleta, tal vez hoy sería una leyenda viva y quizás su nombre formaría parte del ideario de los Lakers. Pero “la suerte circunstancial”, el destino, o tal vez la vida misma le tenían reservado otros roles. Por suerte, llenos de dignidad y de honra todos ellos. Y es que ser un hombre decente es mucho más importante que la gloria efímera de un anillo de campeón.
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11 - 25 - AL MARGEN DE TODOS ESTAS OPINIONES TECNICAS.... QUE PENSAIS DE TVE, CON SUS INTERRUPCIONES DE PARTIDO PARA EMITIR EL SORTEOO DE LA PRIMITIVA. QUE VERGUENZA Y FALTA DE RESPETO A ESTE DEPORTE.
19/06/2009 - 12:38 - chebasket
10 - en su línea, señor Paniagua. Magistral.
17/06/2009 - 20:58 - xavibomber
9 - Cada semana leo tus articulos en Solobasket y soy un fiel oyente de la primera hora del Carrussel Deportivo de los sabados. Estos recuerdos de cuando el basket de la NBA nos parecia mitologico, a traves de las cronicas que leiamos en Nuevo Basket ( mitica revista ) y algunos videos que podiamos ver en el mitico bar Rebote en Madrid, me hacen rejuvenecer. Ay, que viejito estoy !!, je,je
16/06/2009 - 21:21 - redfko
8 - Es una alegría indescriptible poder leerte cada comienzo de semana. Si no existieras habría que invertarte. Gracias :-)
16/06/2009 - 20:08 - Beni
7 - Gran artículo como siempre. gracias Miguel por darnos tanta luz.
16/06/2009 - 18:53 - mikidumb
6 - Entre un mar de euforia desbordante, un golpe de serenidad, para contextualizar la victoria, el título, la gloria. Esto que cuenta Paniagua no es ficción, pero se agradece un retrato diáfano en "clave de Samaniego" para narrar el eterno y delicado deambular entre la victoria y la derrota. P.D: ¿Estimado M.A. para cuando una crónica sobre Diaz Miguel y su primeros viajes USA. ?
16/06/2009 - 14:44 - CB_DIMAR
5 - gracias por enseñarnos "la historia sagrada del basket" como diria peton
16/06/2009 - 11:55 - joaki88
4 - Hay una frase que dice "algunos hombres deben su éxito a su primera mujer y su segunda mujer a su éxito". Quizás Jack y Claire McKinney deban sus 52 años de feliz matrimonio,4 hijos y 8 nietos a aquel accidente de bici. ;); algo mucho más importante que unos anillos hecho de metal.
16/06/2009 - 10:20 - Orzowei
3 - Impresionante artículo. Conmovedor.
16/06/2009 - 09:23 - JML
2 - Primero la vida,luego el baloncesto, no como dijo jay williams.Gracias por estas lecturas miguel ángel.
16/06/2009 - 02:00 - GR11
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Es uno de los periodistas españoles con más reputación cuando se habla del baloncesto de los Estados Unidos. En radio, ha trabajado para la Cadena COPE desde 1986 hasta la temporada 1991 1992, y desde la 1992-1993 lo hace para la Cadena SER, participando en espacios tan populares como el Carrusel Deportivo. En prensa, le hemos leído en medios de tanto prestigio como el diario EL PAÍS o la Revista Gigantes.
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