INOLVIDABLE DUELO OLVIDADO.
La NBA ha vivido casi siempre de duelos individuales que sintetizaban épocas, que permitían al potencial público entrar al juego del contrastes de estilos, personalidades y maneras de vivir que ofrecían sus protagonistas.
De tales duelos, dos sobresalen por encima de los demás:
Chamberlain contra Russell, el gigante anotador contra el oscuro stopper, el seductor contra el ganador, el talento contra el carisma.
Bird contra Magic, duelo racial, la solidez contra la brillantez, el chico del mundo rural contra el inner city player, la remilgada Boston contra la frívola L.A, en fin, un litigio eterno y perfecto, soñado por cualquier guionista cinematográfico.
Junto a estos periodos bipolares, ha habido otros donde el reinado estaba más equilibrado, o era de un solo monarca indiscutible, como ocurrió con Air Jordan y antes con Kareem Abdul Jabbar.
Pero hete aquí que, como embrión del tardojordanismo, ha crecido una rivalidad silenciosa, un duelo de titanes que, extrañamente, no ha sido objeto del uso y abuso publicitario que históricamente explotaron tanto la NBA como las marcas comerciales.
Efectivamente, Shaquille O,Neal y Tim Duncan lo tienen todo para servir un feud inolvidable:
Época. O, Neal llega a los pros en el año 1992, Duncan en el 97, 5 años de diferencia, pero 9 compartiendo escenario
Anillos. El ex LSU tiene 4, con dos equipos, y el ex Wake Forest 3, pero va camino de ampliar.
Liderazgo. Nadie pone en duda que dichos anillos fueron obtenidos por equipos guiados por estos dos grandísimos jugadores, acaso el último anillo de O,Neal lo haya sido como escudero de lujo de un líder distinto: el fantástico Dwayne Wade.
Posición. Ambos son jugadores de pintura clásicos, con físicos poderosos que mueven con oficio en espacios cercanos a la canasta, sin apenas lanzar de distancias superiores a 5 metros del aro
Contraste de estilos. Ambos jugadores comparten un factor base, la inteligencia. A partir de ahí, todo es diferencia: Mientras O,Neal basa su dominio en el físico, en un surtido de movimientos bastante mecánicos en los que saca provecho a su inmarcesible combinación de agilidad y fortaleza, Duncan es el paradigma de finesse player, con un juego de pies excelso, dominio del cuerpo impresionante y registro de recursos inacabable, del bank shot a la penetración con bandeja, del trailer al medio gancho.
Contraste de personalidades. En este caso frente a la exhuberancia de O,Neal, que no solo juega al basket, sino participa en films, graba discos de rap y sueña con ser sheriff, encontramos la sobriedad de Duncan, jugador que separa con ahínco su faceta pública de la privada, envuelta en una cómoda opacidad.
Dominación. Si Duncan gana su cuarto anillo ante el aspirante King James, serán 8 los que aúnen, equitativamente repartidos, cuatro por mano. Toda una década, contando además con el embrujo y complicidad de lo remoto, lo diferente, desde la posición históricamente más admirada, la de center, esos hombres gigantescos que empequeñecen al espectador, separándolo del jugador como acaso ningún otro deporte consiga.
Sin embargo, concurriendo todos los elementos para provocar la fascinación del público, nunca ésta se ha planteado en términos absolutos.
De entre todas las razones que pudieran esgrimirse para justificar esta paradoja, una parece erigirse en la más poderosa: nunca se enfrentaron en unas NBA Finals.
Primero, porque compartían Conferencia, Duncan en San Antonio y O,Neal en Lakers. Se enfrentaron en cinco series de playoffs, con balance 3-2 para los angelinos, pero solo en una Final de Conferencia, con sweep púrpura.
Más tarde, cuando Shaq marchó a Miami, y ya nada impedía el gran duelo final, el azar de la competición impuso que no se encontraran en el trance definitivo.
Pudo ser el año pasado, pero el “panzer” Nowitzky impidió el ansiado evento.
Y así como Bird y Magic se jugaron tres títulos, frente a frente y hasta el límite; así como Wilt y Bill se vieron las caras en dos NBA finals, amén de en multitud de finales de conferencia con sabor a World Championships, la rivalidad Duncan - O,Neal parece condenada a expresarse en paralelo, emitiendo dos líneas que avanzan, pero nunca se encuentran.
No existen momentos definitivos, instantes límite, de la historia de este deporte en que ambos compartieran protagonismo, no hay espacio para la épica, para el litigio, para la leyenda.
Son como DeNiro y Pacino, pero no les queda ni siquiera la escena de la cafetería.
El albur no jugó esta vez a favor de los aficionados, condenando a estos dos grandes a una suerte de extrañamiento competitivo, en el que se observaban de lejos, estudiándose, presintiéndose, como en la escena de Heat en que Pacino y su equipo observan desde la distancia, con cámaras infrarrojos, como De Niro y el suyo preparan un golpe. En un momento determinado De Niro se da la vuelta, su instinto le susurra que le observan, pero la fría oscuridad le devuelve un silencio indescifrable.
Cuando ambos se retiren, las discusiones acerca de quien fue mejor serán inacabables, cada quien apostará por un estilo de juego, o de vida, cada cual intentará arrimar el ascua a su sardina, con pasión de aficionado.
Quizás no tengan ocasión nunca de enfrentarse mano a mano por el máximo trofeo, pero es seguro que compartirán mesa, barra o sofá con los millones de locos del basket que gustan de compartir charlas y discusiones tan cíclicas como inevitables.
O,Neal & Duncan, el inolvidable duelo olvidado, pertenecerán siempre a la categoría de mitos que residen eternamente en el paraíso del aficionado: la memoria.
2 - Pues efectivamente, son 4-3, 4-4 si gana Spurs esta final. Gracias por la aclaración.
12/06/2007 - 10:05 - RemembeR
1 - Pero O\'neal tiene 4 anillos solamente, la dinastía con Lakers y el de Miami, no?
12/06/2007 - 01:36 - mongat