Remembranzas

Me sobran los motivos.


Con el paso del tiempo, el viejo sueño europeo de la unión se ha venido materializando en distintos ámbitos, y de ellos, el que aquí importa reseñar es el del baloncesto.

Fue en las páginas de NUEVO BASKET, ¡como no!, que leí por primera vez acerca de una idea embrionaria, basada en el concepto NBA, de una liga que abrazara todo el territorio europeo, un ambicioso concepto que a la sazón sonaba demasiado improbable.

Aún recuerdo que una de las bases de ese proyecto era implicar con el basket a aquellas ciudades emblemáticas de Europa en las que nuestro deporte no había prendido lo suficiente, concretamente París, Londres, Amsterdam, Berlín o Munich.

Se daba por hecho el éxito de este proyecto en las grandes ciudades históricamente asociadas al deporte de la canasta en el Viejo Continente como Madrid, Barcelona, Milán, Roma, Belgrado, Zagreb, Split, Sarajevo, Tel- Aviv, Moscú, Estambul, Salónica y Atenas.

Y se planteaban serias dudas sobre ciudades señeras, pero sin estructura para competir con las megápolis antes citadas, me refiero a pequeños emporios de baloncesto como Badalona, Zaragoza, Varese, Cantú, Caserta, Kaunas, Limoges, Pau, etc.

De eso hace 20 años, y el tiempo ha venido a disipar aquellas brumas, mostrando en todo su esplendor una Euroliga que es una competición viva, presente en todo el territorio europeo, capaz de atraer a grandes masas de audiencia, con fuertes patrocinios e intensa cobertura mediática, y con unos criterios organizativos cada vez más profesionales.

Es cierto que el modelo competitivo adolece de cierta indefinición, que hay muchos partidos que parecen intrascendentes, como ocurre en su referente profesional americano, pero no lo es menos que conforme se avanza en la competición, el interés aumenta y llega a su eclosión en la Final Four, que es un acontecimiento de primer nivel en el calendario deportivo mundial.

 También es cierto que, excepción hecha de la Euroliga Honoraria del Sant Jordi, el tufillo casero y manipulador que desprendían los llamados “arbitrajes FIBA” ha ido desapareciendo, más allá de hechos puntuales perfectamente comprensibles en el concepto de error humano.

 A día de hoy, tras la NCAA, esta es la competición que como espectador más me motiva, la que mayores alicientes muestra, la que a mi juicio tiene una propuesta global, y no solo hablo de lo meramente deportivo, más atractiva.

Me atrevería a sentenciar, aún a riesgo de que ello sea tachado como una boutade europeísta, que tres o cuatro equipos de la Euroliga serían equipos NBA bastante apañados, de los de luchar por alcanzar posiciones de playoffs, y alguno incluso podría pasar alguna ronda.

Fijémosnos en la competición actual, y veamos que los 24 equipos que compiten tienen algo en lo que posar nuestro interés, algún reclamo que se haga acreedor a nuestra atención:

En el histórico Aris, me interesa seguir la progresión de Reyshawn Terry, ver como cuatro años de college aún siguen valiendo para tener nivel en Europa.

En el no menos acrisolado Olimpia Milano, targato Armani, seguiré de cerca a una de las perlas de la cantera europea, Danilo Gallinari, hijo más que del arte de la lucha, pues su padre fue uno de los defensores más temidos de la pallacanestro clásica, un especialista en aquella Billy de Peterson & D,Antoni.

En el Axa Barça, todos estaremos atentos al final de las relaciones peligrosas, si es que se produce finalmente, valga la redundacia.

El Brose Basket presenta varios desperados NCAA, pero de todos ellos el que tengo ganas de ver es al australiano Luke Schenscher, reina por un Tournament hace tres años con los Yellow Jackets.

Roanne, preciosa ciudad by the way, será la nueva casa de uno de mis cadáveres exquisitos, Norman Nolan, de infausto recuerdo fuenlabreño, y en quien quiero seguir confiando.

En la Cibona hay un base pequeñito que hizo las delicias en las mejores canchas de la temible S.E.C., su nombre es Tre Kelley, y creo que hay que seguirle la pista.

En el Cska, no hay ojos para tanto bueno, pero me interesa sobremanera la escalada, lenta pero segura, de Ramunas Siskauskas a la más exclusiva élite de jugadores del basket europeo.

Loren Woods, el heredero fallido de Duncan en Wake Forest, es el referente del Efes Pilsen, un jugador muy esperado en Europa y que si encuentra motivación, puede dominar.

 En el Ulker, uno de los hype más desquiciantes de la historia, James White, quintaesencia de un basket que deploro, tendrá ocasión de redimirse de sus atléticos pecados.

Todo el mundo hablará de Nicholas Batum en Le Mans, pero a mi quien de verdad me gusta es Antoine Diot, uno de esos directores de juego totales, una computadora, promesa de regeneración.

En el Rytas, otro cadáver exquisito, el ex Gonzaga JP. Batista, jugador que ha representado una pequeña decepción personal, pues esperaba que hiciera grandes cosas en Europa, y poco hemos visto de él.

En Roma, el morbazo del probable desquite de una atestada refusal room de la ACB: con Lorbek, Drejer y Ukic a la cabeza.

Tel-Aviv, la primera sucursal NBA en Europa, llama ahora la atención por sus productos nacionales, y así al consolidado, aunque poco reconocido Burnstein se une una pareja atractivísima: Yotam Halperin y Lior Elihayu.

En la bella Siena me atrae la bestia Eze, Benjamin, un nigeriano de Lagos que no baila, pero percute.

El Pireo y Philly nada tienen que ver, pero de la conexión Temple, Lynn Greer y Marc Jackson, dependen muchas opciones de Olympiakos.

Panatinaikos, o el camarote de los hermanos Marx, un nuevo puzzle que habrá de armar el consagrado Zeljko Obradovic.

En Partizan no me dejan otra opción, siento ser poco original pero este Nicola Pekovic parece que va en serio.

Si alguien me dice hace diez años que Travis Best jugaría en Polonia, me hubiera quedado asombrado, si me afirman que formaría backcourt con Juanny Wagner, el wonderboy neoyorkino, me hubiera dado un jamacuco.

En Madrid se juega la Final Four, y la pregunta es si los blancos tendrán Plaza, difícil, pero no imposible.

Baskonia, tras penar ante las jaurías soviéticas, macabeas y helénicas, por fin regresaba al calor de su tierra, pero perdieron demasiados marineros. Pablo, siempre Pablo, es mi última esperanza de verles Top of the World.

En Unicaja, la sombra de Garbo es alargada, y la mala sombra con Sergio empieza a alargarse. Panorama sombrío, pues.

Goran Dragic, con un ojo puesto en Vitoria, será la atracción máxima en Ljubljana, semillero inigualable, donde la juventud tiene que volver al poder, en un ciclo eterno.

Las legendarias Uvenere, tras pasar un calvario financiero, de nuevo asoman su tímido rostro a la Gran Europa y de su plantilla me llama la atención la presencia de un Spartan de pura cepa, el talentoso Alan Anderson.

Y llegamos al Zalguiris, donde juega Tanoka, de quien siempre pensé era el mejor físico que he visto en canchas europeas, lástima que la cabeza nunca le acompañara.

Como se ve, una competición apasionante.

 

2 Comentarios
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2 - De lo poco que llevamos me sorprende el nivel y la igualdad. Por ejemplo, lo del Olimpia- CSKA y el Partizan- Pana fué espectácular. La explosión de Pekovic es otra nota sobresaliente. Dragic me gustó en el Europeo y en Olimpia sigue creciendo.....Tiempo habrá de hace análisis más sesudos. Ah, y en Roma si ponemos todos los ex- ACB, no acabamos, no te olvides de Fucka y Gabini, pero los tres que cito son tres "decepciones" ACB con mucho que demostrar

12/11/2007 - 10:03 - RemembeR

1 - Rem... ¿algun apunte de estas 3 primeras jornadas? ¿algo que te llame la atención? De momento Tanoka parece más fuera que dentro, a Wagner no le mola la música de Polonia, Diot y Batum empiezan a conseguir experiencia real y válida para sus progresiones, Dragic apunta... por cierto, en la salsa de los ACB repudiados a Roma tuviste que mencionar a Stefansson...

10/11/2007 - 15:35 - alvarom

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