Miguel Ángel Paniagua

Bracket


Entramos ya de lleno en la Locura de Marzo. Para alguien como yo que se formó en Estados Unidos, y que pudo contemplar toda esta Madness en su mágico esplendor, este es el momento. Siempre se me ha hecho muy difícil de explicar: Marzo es un mes en el que los sueños de los estudiantes convergen con los sueños de los replicantes. Éstos sueñan con unicornios. Aquéllos con que su equipo gane partidos en una cancha de baloncesto. Ambos parecen, en principio, sueños imposibles.

Dicho lo cual, el domingo pasado, un año más, se configuró el Bracket de la NCAA. Hubo pocas sorpresas en la selección de equipos. El celebérrimo “Bracket” últimamente no da para muchas alegrías oníricas, la verdad. Cada vez más, tengo la sensación de que están quienes ellos (ese “ellos” oculto que siempre lo domina todo) quieren que estén. Y que, desde luego, no están algunos de los equipos que los aficionados –perdón por la petulancia- más puristas a este baloncesto NCAA quisiéramos que estuvieran.

El Bracket. En los demás deportes –golf, tenis, que sé yo hasta en el pádel,- todo el mundo llama a los emparejamientos de un torneo “el Cuadro”, “the Draw” en inglés. Pero en la NCAA lo llaman “Bracket”. Y tengo que admitir que no sé muy bien por qué. Lo cierto es que alrededor del Bracket hay toda una liturgia ciertamente muy americana. Por haber, hay incluso “bracketólogos”; tipos que siempre me han sonado un poco a “egiptólogos”, o a “paleontólogos”. Y si los primeros descubren tumbas de faraones y resuelven jeroglíficos de la época del Imperio Medio, y los segundos averiguan por qué senderos de Dios anduvieron el triceratops y los brontosauros, los bracketólogos son expertos en adivinar qué equipos van a ser seleccionados por el comité de la NCAA, a dónde van a ir a parar esos equipos en el cuadro, e incluso pueden llegar a intuir lo que puede ser de esos equipos en el Torneo. Algunas veces, estos bracketólogos, incluso aciertan.

La March Madness comenzó siendo el torneo deportivo más incrustado en el alma de los norteamericanos. Después de todo, es una competición que se divide en regiones y eso le otorga un sabor rotundamente local. Durante muchos años, en la NCAA, estaba la Región Este, la Oeste, la del Midwest (el Medio Oeste) y la del Mideast (el Medio Este). Por cierto, nunca, nadie, jamás, en toda la historia de la Unión había oído la expresión “Mideast” referida a una región de los Estados Unidos; hasta que se la inventó la NCAA. Y, de repente, todos decíamos “Mideast”. Bien es cierto que al americano de a pie, “Mid East” le suena más a Jordania, a Siria o a Israel, que a la región de un cuadro deportivo en el que se podían encuadrar equipos tan variopintos como la Politécnica de Texas, el Boston College o la Universidad Estatal de Dakota del Norte, la verdad.

No hace mucho, los jefes de la NCAA cambiaron lo del viejo “Mideast” por South, el Sur. Pero una vez que la NCAA se convirtió en un –en otro- maravilloso espectáculo deportivo dominado por la televisión, y la propia NCAA empezó a mandar a equipos procedentes de cualquier parte a cualquier lugar, la geografía importa francamente muy poco. Antes, una escuela ubicada en el Este de los Estados Unidos jugaba siempre en la Región Este. Suena lógico, verdad. Sin embargo, esta misma temporada, el equipo de Connecticut es cabeza de serie en el Oeste. Y la UCLA, la legendaria escuela californiana, es cabeza de serie número 6 en el Este. De modo que la NCAA no sólo inventa nuevos términos geográficos, como Mideast, sino que reinventa la propia geografía también.

De todos modos, siempre he pensado que el Torneo de baloncesto de la NCAA tiene un atractivo muy especial para el pueblo llano. Sí, porque, de todos los grandes campeonatos, es, sin duda, el más americano. Y el que más deja en evidencia las contradicciones de esta singular República. Un país único que tiene como objetivo fundacional, entre otros muchos muy loables, que el hombre alcance la felicidad. De modo que este Torneo de la NCAA es, en ese sentido, muy, muy americano: mezcla la ilusión y la realidad; la democracia y la aristocracia. Y todo se concentra en un Bracket; en una hoja que, hoy en día, cualquiera puede imprimir en un documento tamaño A4.

La NCAA comienza cada año vendiendo el Sueño Americano en su versión deportiva: absolutamente todas las escuelas del país tienen la oportunidad de clasificarse para el Torneo Final que conforman 64 equipos muy selectos. Y si el béisbol tiene sus Series Mundiales, la NBA tiene sus Finales, y el Fútbol de la NFL tiene su Superbowl, el baloncesto universitario posee una etiqueta chocante: La Locura de Marzo. Es una expresión casi poética. Además, el Bracket de la NCAA recoge también otro concepto muy americano: el eufemismo. Eufemismos que se utilizan sabiamente para rebajar determinados fracasos deportivos. Ejemplos: “este año llegamos a los Sweet Sixteen”, en vez de decir “nos eliminaron en los octavos de final. O: “conseguimos entrar en los Elite Eight”, que suena mucho mejor que decir “nos mandaron a casa en cuartos”.

Muchos equipos se clasifican para el Torneo ganando su Conferencia. Muchos otros, a los que se denomina equipos “at large” -que es, por cierto, la misma expresión que utilizan las fuerzas del orden cuando un delincuente está en fuga- son seleccionados por un comité de sabios: por “ellos”. El proceso de selección me parece cada vez más similar al de admisión de un nuevo socio en uno de esos clubes de golf para ricos. Yo al menos lo veo así.

Se supone que los equipos deberían entrar en la fase final del Torneo en base a sus méritos y a sus registros de victorias. Pero cuanto más célebres son las escuelas en cuestión –o cuanto más notorias son sus Conferencias- siempre parecen tener más opciones. Muchas más, sin duda, que los colegios más pequeños: incluso si éstos han tenido mucho mejor record de triunfos durante la temporada. El poder establecido, los expertos que configuran el Bracket, “ellos”, prefieren últimamente no considerar a las universidades más pequeñas en favor de las viejas, gloriosas, y tradicionales universidades. Sobre todo las estatales; más conocidas porque todas se apellidan igual: State.

En los Estados Unidos no existe la realeza: los Padres Fundadores de la Patria determinaron que en este país no habría nadie con sangre azul. Pues hoy en día, en el baloncesto de la NCAA, esa idea igualitaria es más palpable que nunca: todo el mundo está englobado en una suerte de gran clase media. Las escuelas pequeñas, e incluso las muy pequeñas, se incluyen ahora en un término ciertamente muy eufemístico: las “mid-majors”; las grandes-medianas. Y así, de ese modo, la República igualitaria que idearon en su día Jefferson, Washington y Adams, entre otros próceres de la Patria, respira un poco más contenta: los pobres se llaman ahora mid-majors.

Pero, por supuesto, al final, y tal como sucede en la vida real, después de toda esa historia de las Cenicientas, después de que las Chattanoogas, las Radfords, las Robert Morris, o las Binghamton de este año, hayan tenido su momento bajo el sol, sus –en este caso- 40 minutos de gloria televisiva, las grandes escuelas, las que conceden sus becas deportivas a los jugadores de instituto más importantes, son (salvo excepciones recientes como el George Mason de mi buen amigo Jim Larrañaga) las que siempre ganan.

Escribió una vez el gran poeta T. S. Eliot que “Abril es un mes cruel”. Es muy cierto. Entre otras cosas, porque se acaba la March Madness. Pero Abril es también un mes que a los aficionados al baloncesto universitario siempre nos devuelve a la realidad. Un mes que nos demuestra que la Locura de Marzo es tan sólo un sueño. El culmen de esa Locura, la Final Four, es la Realeza de Abril. Para desasosiego de los Padres Fundadores. En Abril, el mes cruel, el sueño se desvanece otra vez. Justo hasta el mes de Marzo del año que viene.

5 Comentarios
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5 - Sólo quería añadir que la locura en Estados Unidos por el bracket es tal que hasta el Presidente Obama estuvo un buen rato con los chicos de la ESPN rellenando su bracket. www.youtube.com/watch?v=3WDuQe89kJM A lo cual, el entrenador de Duke, Mike Mike Krzyzewski, le contestó con cierto cabreo (es un ferviente republicano, por cierto) http://www.faniq.com/videos/ Totalmente de acuerdo contigo joaki88. Una prueba más de todo lo expuesto en el escrito. Mikidumb, St. Mary merecía estar en el bracket antes que por lo menos diez universidades que sí están. Gracias a todos por los comentarios.

20/03/2009 - 10:39 - mapaniagua

4 - Relacionado, los 10 mejores momentos de NCAA para Dick Vitale: http://www.time.com/time/photoessays/2009/ncaa_10_vitale/

18/03/2009 - 08:49 - Orzowei

3 - Entre seleccionar una universidad pequeña y otra de más nombre, la tele y la NCAA prefieren seguro a la de más nombre. Coincido con joaki en lo de Davidson. ¿Y que me dices de St. Mary?. Un saludito.

17/03/2009 - 22:32 - mikidumb

2 - Entre seleccionar una universidad pequeña y otra de más nombre, la tele y la NCAA prefieren seguro a la de más nombre. Coincido con joaki en lo de Davidson. ¿Y que me dices de St. Mary?. Un saludito.

17/03/2009 - 22:32 - mikidumb

1 - que tongo lo de davidson, se comio a chattanooga en la temporada regular, perdio la final de conferencia por poco y se queda fuera a pesar de ser el mismo equipo que casi llega a la final four el año pasado... Otro lastre para curry n el draft me temo

17/03/2009 - 17:11 - joaki88

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MIGUEL ÁNGEL PANIAGUA


Es uno de los periodistas españoles con más reputación cuando se habla del baloncesto de los Estados Unidos. En radio, ha trabajado para la Cadena COPE desde 1986 hasta la temporada 1991 1992, y desde la 1992-1993 lo hace para la Cadena SER, participando en espacios tan populares como el Carrusel Deportivo. En prensa, le hemos leído en medios de tanto prestigio como el diario EL PAÍS o la Revista Gigantes.

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