Sameness
Quienes hemos tenido la suerte de vivir en Nueva York, sabemos lo que significan los Yankees, el legendario equipo de béisbol de la Gran Manzana. Un equipo cuya historia ganadora, cuya tradición de equipo legendario, le sitúa en el Olimpo de los clubes deportivos estadounidenses, tal vez compartiendo la cima sólo con los Celtics de Boston. En Nueva York pude comprobar cómo todavía muchos neoyorquinos, particularmente los brooklinitas, los habitantes de ese microcosmos, con acento y vida propia, que se ubica en el populoso barrio neoyorquino de Brooklyn, siguen recordando a sus Dodgers, un verdadero equipo de barrio, que tras quedar campeón de las Grandes Ligas, fue vendido –en todos los sentidos- a un millonario de Los Ángeles para no regresar nunca más al barrio.
Y aunque durante mi estancia en La Gran Manzana, debo reconocer que simpaticé mucho más con los Mets que con los Yankees, mi respeto por éstos y por su tradición victoriosa es enorme. Tuve ocasión de visitar su, ya antiguo, estadio –casi un santuario para los aficionados al béisbol de todo el mundo- y puedo asegurar que era de esos campos en los que notabas que se respiraba mística por los cuatro costados. Pues bien, el pasado domingo cerró esa leyenda del Bronx, tras 85 años de servicio, para ser sustituido por otro moderno estadio adyacente. Lógicamente, el Nuevo Estadio Yankee será infinitamente más innovador que el Viejo Yankee Stadiurm.
Son los nuevos tiempos. Y entiendo que no puede ser de otro modo. Pero no es menos cierto que vivimos en una era de modernas Arenas, todas llenas de esos búnkeres modernos que se llaman palcos de lujo. Y no es menos cierto que todas esas Arenas se parecen mucho entre ellas y también que todas parecen llamarse igual: entre otras cosas, porque casi siempre, o bien las patrocina una aerolínea, o bien las esponsoriza un banco.
Sí; porque hoy en día están el United Center y el Delta Center, y nunca sabes si te hablan de un estadio deportivo o de los horarios de vuelos de llegada de un aeropuerto. Luego están los estadios cuyo nombre es un acrónimo: están el MCI Center y el SBC Center y, claro, también el TD Center, y nunca acabas de saber dónde están ubicados exactamente cada uno de ellos. Por Dios, si hasta existen una American Airlines Arena y un American Airlines Center. Hay una palabra en inglés que define todo esto: “sameness”: igualdad plana.
Por cierto, en Europa también empezamos a saber lo que es esa “sameness”. La NBA (los arquitectos que trabajan con la NBA, mejor dicho) han indicado a las autoridades londinenses y berlinesas, respectivamente, cuáles son los estándares según los cuales debían construir sus nuevas canchas: y así adecuarlas al “procedimiento estándar” que dicta la NBA en materia de arquitectura deportiva del Siglo XXI. Y, quien sabe, tal vez para que en un futuro más o menos cercano Londres y Berlín pasen a formar parte de la fraternidad de esa Gran Liga Universal que quiere seguir siendo la NBA. De modo que la O2 Arena de Londres y la O2 Arena de Berlín son ya una realidad. La de Londres, es preciosa; doy fe. La de Berlín no la conozco todavía -espero conocerla durante la Final Four de la Euroliga 2009- pero me parece que será igual. Igual de bella que su hermana de Londres. E igual. Porque Londres y Berlín ya forman parte de la “sameness” de la NBA en materia de arquitectura.
Las dos ciudades, Berlín y Londres, han seguido el mismo “procedimiento” en la construcción de sus nuevas canchas. En la cultura corporativa estadounidense, “procedimiento” quiere decir que la casa central y las sucursales se rigen siempre por los mismos parámetros. Y no sólo de trabajo, sino estéticos también: la casa matriz y las sucursales han de tener la misma arquitectura interior, los mismos colores de moqueta, los mismos tipos de mesas; y el mismo color corporativo predominante, por supuesto. De modo que si alguna vez, como me pasaba a mi, visitabas la sucursal de Singapur y luego la de Sydney, luego venías a la de Madrid, y luego volvías a Nueva York, todas las oficinas, al final, acababan pareciéndote la misma.
Con todos mis respetos a las maravillas de la arquitectura moderna y a la marcha imparable de la NBA –y también de los demás deportes- hacia el Siglo 22, echo mucho de menos los días en los que una cancha de la NBA era tan única y singular como su propio logotipo. Tal vez no había parqués tan maravillosos como ahora; de hecho en no pocas canchas había agujeros en la madera, puntos negros, poca luz, o todas esas cosas juntas a la vez. Aquellas canchas antiguas no tenían tampoco una gran abundancia de palcos de lujo; de hecho, no había ni siquiera palcos. Ni tampoco había servicio de catering proveído por chefs franceses en los asientos VIP como sucede ahora; te tomabas un perrito caliente y una soda, como mucho.
Pero aquellas estructuras arquitectónicas eran clásicas. Claro, porque, si tenemos en cuenta que los Estados Unidos existen como nación desde hace 232 años, un edificio construido en 1923, como el Yankee Stadium, o en 1928, como el viejo Boston Garden de los Celtics, eran por lógica, edificios clásicos norteamericanos. Y sí, es cierto: en aquellos pabellones había mucho polvo, no olía nada bien, había asientos poco o nada confortables y, a través de una sucesión de túneles oscuros, se llegaba a unos vestuarios que provocaban, como mínimo, claustrofobia. No pocos de esos vestuarios tenían unas duchas dignas (o indignas) de un presidio. Y, en algunas otras canchas, las duchas daban más miedo que la ducha de la película “Psicosis” de Alfred Hitchcock. Pero aquellos viejos pabellones tenían personalidad propia; eran autenticas joyas singulares.
Y para mí, de todas aquellas canchas especialmente carismáticas, la más especial que he conocido fue, sin duda, el Boston Garden, la casa de los Celtics entre 1928 y 1997. El viejo Garden (“Gah-den”, según el acento de Massachusetts) fue, seguramente, la cancha más intimidatoria de toda la historia de la NBA. Los Celtics ganaron allí -se podría decir que ganaron atrincherados allí- 16 títulos de Campeón de la NBA y 19 de Campeón de Conferencia. Y cuando hablamos de ventaja de campo, el Garden era el paradigma de esa superioridad: en la temporada 1985-1986, los Celtics, liderados por Larry Bird, concluyeron la Temporada Regular casera con el bonito record de 50 victorias y 1 derrota. Eso sí que es factor campo y lo demás son tonterías.
Una seña de identidad del Boston Garden era que el parqué de la cancha no estaba nivelado. Los Celtics disfrutaban de esa ventaja, injusta claro, y lo bueno fue que nunca lo negaron. Sabían dónde estaban exactamente los puntos muertos en el parqué y eso les daba una singular ventaja. Pero, sobre todo, estaban acostumbrados a la falta de aire acondicionado. Durante el mes de las Finales, en pleno mes de Junio, el aire, no ya acondicionado, sino el aire propiamente dicho, se tornaba vital: porque el calor y la humedad eran terroríficos; horribles. Para los rivales todo aquello era una tortura: recuerdo vivamente a Kareem Abdul Jabbar, con serios síntomas de disnea, aspirando aire de una botella de oxigeno, durante un partido de aquellas legendarias series finales entre los Lakers y los Celtics de los años 80. La cosa llegó a ser tan seria, que los Lakers pidieron a la Liga NBA, y consiguieron, que hubiera al menos aire acondicionado en el vestuario visitante del Garden. La Liga dio la orden oportuna a los Celtics y éstos la cumplieron a rajatabla, faltaría más: para el partido siguiente, los Lakers se encontraron con las cajas que contenían las máquinas del aire acondicionado en el suelo de su vestuario y sin desembalar.
Bienvenidos sean los tiempos modernos. Yo nunca he creído eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Estoy por la innovación, por el I+D y por las nuevas tendencias. Pero entre la igualdad plana de todas esas Arenas modernas, incluido el nuevo TD BankNorth Center de Boston, por cierto, y las ratas del viejo Boston Garden –efectivamente, había roedores en el Garden- yo me quedo con el glamour del Viejo Garden.
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P. S: Gracias por vuestros comentarios mayoritariamente positivos hacia mi presencia en este blog. Espero estar a la altura. Y para los que hayáis podido vivir esa experiencia, me gustaría mucho que me comentarais vuestras vivencias en alguna de esas viejas canchas de la NBA. Si es que tenéis edad para ello.
10 - Primero darte la enhorabuena por tu pluma facil, ojala de mis encierros nocturnos en atico salieran opiniones tan brillantes como salen d los tuyos.
Yo entre otros estuve en el Forum de Inglewood, tuve la suerte de hacerlo en primera fila, tenia una novieta y sus padres frecuentaban circulos en los cuales nos pudimos hacer con dos pases de temporada para un partido.
La pena es que fue el partido Lakers-Warriors, lo positivo es que pude ver en directo varios detalles dignos de resaltar.
Primero, ver a Denis Rodman, Shaq Y Kobe todos en un mismo bote y ademas movido por el coctelero Kurt Rambis (sabeis que su suegro es marroqui y buen amigo de Corbalan, segun el?)
Y segundo y como no podia ser de otra forma la derrota de estos a manos de Terry Cummings en una demostracion mas de su profesionalidad, venido a menos pero aun fajandose en la pintura y siendo importante a sus 30 y muchos años.
La verdad es que el estadio era impresionante desde que entras en su inmenso aparcamiento y lo ves alli al fondo con sus enormes columnas.
Fue el ultimo año del Forum y aunque luego he estado en el Staples, la sensacion que me pridujo el primero no fue igualada por este por mas adelantos, palcos y anillos que pueda tener.
Un saludo
Julian
29/09/2008 - 01:09 - calebdejef
9 - Pues yo he estado en el Madison Square Garden varias veces, ya que viví allí unos años y me parece impresionante. Siempre me compraba las entradas más baratas (10$!!) e iba al auténtico gallinero. Y curiosamente se veía bastante bien, de hecho creo que se ven mejor los partidos ahí que en la última fila del palacio de los deportes de Madrid (el antiguo) que tenía la mitad de capacidad de espectadores (22000 por 11000 aproximadamente si no recuerdo mal) ¿El secreto? El diseño, mucho más horizontal, con pisos que se superponen unos a otros y una sensación mucho más cercana que en el palacio. A lo mejor era sólo una impresión pero a mí me lo pareció.
Y hablando de beisbol, yo llegué a vivir allí justo cuando la remontada de los redsocks de 3-0 a 4-3 en el 2004 y en mi universidad me hicieron descuento en la tienda si decía go redsocks! así que imaginad el peso que tienen los yankees allí. Lo que pasa es que a mí siempre me recordaron al Real Madrid y yo soy del Estu y del Atleti y por supuesto me hice de los Mets, que por otro lado siguen siendo un poco el equipo de barrio
26/09/2008 - 12:20 - chuchas
8 - Perdón pero se mezcla la mitología de los partidos con la cutrez de los antíguos estadios.Creo que las nuevas instalaciones que ahora se usan y que las que están por construir, son más cómodas, hay mejor visibilidad y son más seguras. Que le pregunten a Larry Bird si le hubiera gustado que los pabellones donde jugó hubieran sido como los de ahora. El juego lo ponían ellos, pero las condiciones la aportaban los clubes y los contructores.
Que sí, que qué partidazos aquellos, pero que porquería de estadios, también.
25/09/2008 - 12:59 - ferkas
7 - Hola gente de solobasket.com. Nunca he ido a Estados Unidos y por tanto no he visto un partido en directo en sus estadios. Pero tengo una pregunta para quienes si lo habeis hecho: ¿se ve algo desde el gallinero? A mi me parece que esas construcciones tan enormes, alejan el juego de los espectadores, y no es lo mismo ver el partido en "directo" que a través del videomarcador. Supongo que el ambiente es la pera, pero no será mejor ver el partido por la tele...
www.ba-lon-ces-to.blogspot.com
23/09/2008 - 12:34 - Jorge33
6 - Si que es una gran historia, srodriguez. Pero tampoco la divulgues mucho, que te vetan en el MSG por gafe!!
23/09/2008 - 00:40 - Tikot
5 - Cierto, estaba pensando Hornets y escribí Bobcats ... Gracias Alvariño
22/09/2008 - 21:10 - srodriguez
4 - Eran los Charlotte Hornets, los Bobcats no existían por entonces. La historia es buena, de todas formas.
22/09/2008 - 21:00 - alvarom
3 - Mi historia puede ser poco curiosa en cuanto al emplazamiento, pues ya muchos de nosotros hemos estado en el gran Madison. Yo hice mi visita a New York en enero de 2002. Sólo cuatro meses después del fatídico 11-S. Fue mi primera vez y de momento la única y supongo que por ello me pareció brutal. El partido que vi no fue para nada bueno pero si puedo decir que fue histórico. Al día siguiente el N.Y. Times titulaba la crónica del partido como "Knicks Suffer Worst Home Loss in Team History". Los Knicks perdieron 111-68 ante unos Charlotte Bobcats con Baron Davis, David Wesley o Elden Campbell. El partido como podéis suponer fue algo más que malo pero para mi fue un día maravilloso y el mero hecho de verme allí hizo que continuara con la boca abierta que ya traía desde que llegué a la ciudad. Los perritos calientes, las coca-colas gigantes, la tienda de los Knicks, esa sudadera que me compré, el logo de los Knicks en el centro del campo y como dices esos palcos gigantes que aunque sólo parezcan posibles en las películas ... existen. Un recuerdo imborrable que espero poder repetir.
22/09/2008 - 18:00 - srodriguez
2 - Esta historia se la he contado a casi todo el que me conoce, así que tú no vas a ser menos, querido Pani, aunque no tenga tal honor. La primera vez que fui a New York yo ya era un aficionado bastante fuerte al baseball, y a pesar de que los Damm Yankees no me caían muy bien, yo era de los Braves de Tom Glavine, John Smoltz y Steve Avery, en seguida fui a comprar entradas. Casualmente esos días los Braves visitaban NY, pero en la tienda de los Yankees sita en el Seaport, haciendo esquina casi con el famoso puerto, en frente del gigantesco branch de la librería Strand, no quedaban billetes para el partido de Glavine, así que tuve que conformarme con comprar para el siguiente partido. Era un 18 de julio de 1998, era mi cumpleaños y fue un perfect game de David Cone contra los Expos. Inolvidable experiencia, que cualquiera que siga el national pastime sabe lo que significa en términos de probabilidades.
22/09/2008 - 17:10 - RemembeR
1 - No he tenido el placer de pisar nunca Estados Unidos, pero sí que puedo hablar de lo que conozco. He tenido la suerte de comparar los pabellones antiguos de Badalona y Barcelona, y mi impresión es, quizás por edad, poco romántica. Recuerdo de niño haber ido un par de veces al vetusto Pabelló Ausias Marc de Badalona, y prefiero el espectacular Olímpic, por comodidad, por vistas, por confort. Y lo mismo comparando el Palau Blaugrana con el Sant Jordi, aunque ahí entraran otros factores para continuar en el primero. Por supuesto que la historia de un pabellón marca mucho, pero lo que realmente hace histórico una cancha de juego no son las ratas que pululan por ahí, sino los jugadores que la pisan. Y por lo que a mi respecta, haber visto a Rudy Fernández y a Ricky Rubio, que serán dos de los mejores jugadores europeos de todos los tiempos, en el Olímpic, ya hace de él una cancha histórica. Y seguro que los aficionados del nuevo Garden ya recordarán para siempre el anillo del Big Three para toda la vida, como los Lakers recordarán el Three-peat en el Staples Center.
22/09/2008 - 15:04 - Tikot