Miguel Ángel Paniagua

WHISTLE BLOWER (Y II)


“Our boys are the best officials in the world” (“Nuestros chicos son los mejores árbitros del mundo”). Esta frase, muy reciente, es del Comisionado de la NBA, Mr. David Stern. Y los chicos a los que se refiere son los árbitros de la NBA, sus árbitros.

Aunque la frase es obviamente laudatoria hacia los colegiados, es políticamente incorrecta. Por dos razones principales; una, porque en una sociedad tan sensibilizada con ciertas cuestiones muy delicadas, la palabra “boy”, dicha en ese contexto, tiene connotaciones que en los Estados Unidos es mejor no tocar: “boy” es el término que usaban los amos para dirigirse a sus esclavos negros en los tiempos anteriores a la abolición. Y otra, porque entre los “boys” de Mr. Stern se encuentra la árbitro Violet Palmer quien, obviamente, no responde al perfil de un muchacho.

Pero hay también algo que chirría bastante cuando Mr. Stern se refiere a sus boys: me parece que la frase confiere al señor Stern un sentido de propiedad de sus muchachos que, francamente, resulta excesivo. Me recuerda un poco a una escena que vi una vez en la tele, no hace muchos años, en la que la persona responsable de las designaciones de los árbitros de fútbol –el señor Sánchez Arminio, me parece recordar- les decía a los periodistas que cubrían un stage arbitral, supongo que al hilo de las preguntas que los reporteros iban a hacer a los árbitros, lo siguiente: “tratármelos (sic) bien, eh”. No sé, aquello daba un poco la sensación del señorito de la finca hablando de sus gañanes. Recuerdo que varios de mis compañeros de la Cadena Ser señalaron aquella escena en sus crónicas también.

Es sabido que los árbitros de la NBA han tenido una pretemporada muy caliente. Las negociaciones por un nuevo convenio colectivo han sido muy duras, pero Mr. Stern, al final, no sólo les ha ganado la batalla negociadora sino que les ha utilizado como ejemplo palmario: señalando lo que les puede pasar a los jugadores si éstos no son dúctiles a la hora de negociar el nuevo convenio colectivo que ambas partes están en vías de negociar.

La NBA amenazó con mandar a sus árbitros al paro si no entraban en razón. Y la mejor arma disuasoria para conseguir el efecto pavor fueron los árbitros sustitutos que contrató Mr. Stern para pitar los partidos de pretemporada. Con resultados nada alentadores, por cierto. La diferencia de nivel entre los árbitros titulares y los más bisoños, los de reemplazo, resultó al final abismal. Era de esperar.

Sólo la Providencia ha impedido que alguno de esos partidos de pretemporada acabara mal. Con los árbitros sustitutos al mando de las operaciones, el número de faltas señaladas en los encuentros creció exponencialmente y hubo mucha más tensión de la habitual entre los jugadores durante esos choques de exhibición. Por supuesto, cualquier tángana que hubiera ocurrido en un partido, con los árbitros sustitutos en pista, hubiera sido un desastre para la imagen de la Liga NBA: justo el tipo de incidente que Mr. Stern siempre quiere evitar.

Así que el Comisionado decidió aplicar aquello de que “lo malo conocido es mejor que lo bueno por conocer” y decidió convocar a sus chicos horas antes del inicio de la Liga Regular. La NBA aceptó entonces sugerencias marginales de los árbitros, es cierto. Pero las cuestiones mayores –rebaja en el plan de pensiones y otras reducciones en ingresos no salariales- fueron innegociables. Y, así, los chicos de Mr. Stern han vuelto a pitar los partidos de la Liga NBA como ha venido sucediendo casi siempre.

Pero, ¿percibe realmente la afición a los árbitros de la NBA como a los mejores del mundo?. Pues la verdad es que no. Los árbitros de la NBA sí eran considerados los mejores del mundo hace veinticinco años. Más o menos por las mismas fechas en las que la Liga decidió someter a sus árbitros a un proceso de centrifugado a la soviética que acabó generando unos colegiados robotizados, uniformes, y sin ningún matiz. Y, lo que es peor, sin ninguna posibilidad de que florezca en el futuro cualquier atisbo de singularidad.

Ahora, la idea general entre los aficionados es que los árbitros de la NBA son los peores de la profesión: o son incompetentes, o son corruptos, o son las dos cosas a la vez. Y no dejo de pensar que la Liga NBA tiene mucha culpa de que la gente tenga esa percepción.

Mr. Stern, sin duda el Comisionado más brillante del deporte profesional, cometió un error importante con sus árbitros hace ya un cuarto de siglo. Y lo cometió, probablemente, en aras a plasmar una idea que ya fue tratada filosóficamente por Aristóteles en la Antigua Grecia: cómo controlar a los controladores.

De modo que, con ese objetivo controlador, el Comisionado Stern se puso a recomponer algo que nunca estuvo roto. Empezó a hacer incursiones continuas en el campo arbitral, casi siempre con efectos devastadores. Y, con cada nueva intrusión, la percepción del público –el usuario final del producto, no lo olvidemos nunca- acerca de la calidad y de la imparcialidad de los árbitros NBA iba disminuyendo en proporciones épicas.

Con Mr. Stern al mando de las operaciones, el proceso de uniformidad y de robotización de los árbitros de la Liga NBA ha sido imparable. Primero se les negó la posibilidad de interaccionar con jugadores y entrenadores; luego se les encerró en una especie de burbuja aislada para que permanecieran incontaminados; más tarde se les dieron ciertas recomendaciones sobre usos y costumbres en la cancha. Todo pivotando siempre alrededor de ese concepto de control.

De repente, los árbitros de la NBA parecieron ser como coreanos del norte: iguales, uniformes, estáticos, masa. La NBA decidió también, por real decreto, que sus árbitros eran una casta de intocables. Y, a partir de ese momento, todo lo que ocurría en el mundo arbitral parecía suceder en una suerte de Matrix virtual totalmente alejada de la realidad.

Pero, sobre todo, en ese proceso de “coreanización” de sus colegiados, la NBA perdió algo que siempre había sido una de sus grandes ventajas: disponer de unos árbitros, excelentemente preparados, capaces de ayudar a la mejora del juego –del espectáculo final- en lugar de ayudar a empeorarlo.

Así que, ahora, por mucho que el Comisionado Stern repita esa frase-mantra de que sus chicos son “los mejores del mundo”, lo cierto es que ya nadie se lo cree.

Tim Donaghy es el árbitro, convicto y confeso de corrupción, que ahora, ya fuera de chirona, ha vuelto a revelar en su libro, “Denunciando: La Cultura de Fraude en la NBA”, un sinfín de irregularidades presuntamente cometidas por sus ex compañeros de oficio.

Hace ya casi dos años, cuando estalló en toda su potencia el affaire Donaghy, la Liga decidió levantar un poco el pie del acelerador: sobre todo en los temas relativos al aislamiento de los colegiados del mundo exterior. Sin resultados positivos de momento.

A resultas del asunto Donaghy, la NBA fichó también a un alto oficial del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, el General de Brigada Ronald Johnson, para que pusiera orden en el estamento arbitral. Ha habido alguna mejora, es cierto. Pero, hoy en día, en lo único en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en señalar que el milagro fue –es- que Tim Donaghy sea el único árbitro de la Liga NBA que decidió pasarse al lado oscuro.

Al final, la conclusión es que la Liga NBA tiene en su mano la solución a su problema arbitral. Y, claro, al solucionarlo tiene también la posibilidad de recuperar la credibilidad perdida ante el usuario final del producto; ante el público soberano.

No hay recetas simples, por supuesto. Pero la esencia de todo este affaire arbitral en la NBA es que la Liga debe darse cuenta de que necesita a sus colegiados. Y que ha de darles el suficiente apoyo y la suficiente flexibilidad para que hagan mejor su trabajo.

En definitiva, sería preciso recuperar los viejos tiempos: esos que yo creo que nunca son necesariamente mejores que los actuales -en contra de lo que dice el dicho- pero que en este caso de los árbitros NBA sí que lo fueron. La Liga necesita recuperar aquel tiempo en el que consideraba a los árbitros parte del proceso de creación del espectáculo, no un impedimento como sucede ahora.

Pero, sinceramente, dudo mucho que la Liga NBA aborde ese proceso de refundación arbitral de manera muy firme. Los árbitros son un botín demasiado valioso como para dejarlo escapar tan fácilmente. Desde que el deporte es deporte, los colegiados vienen sirviendo, a unos y a otros, como chivo expiatorio cuando las cosas no les salen bien.

Pero cuanto más tiempo tarde la NBA en acometer esa tarea de resetear su estamento arbitral será mucho peor para todos: porque la percepción negativa hacia los árbitros de la Liga seguirá yendo a más entre los fans.

En la cultura anglosajona -educada desde hace siglos en la indiscutible imparcialidad de los jueces y en no cuestionar jamás las decisiones que ellos dictan- la sensación de falta de pulcritud entre los que imparten justicia puede acabar con cualquier estructura. Y puede hacerlo, además, mucho más rápido, y de manera mucho más devastadora, que siete Ron Artests saltando a las gradas de cualquier cancha a darse de mamporros con los aficionados.
 

8 Comentarios
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8 - Tema interesante, interesante. Me gustaria saber mas del libro

12/11/2009 - 16:05 - R1Molano

7 - Dice "esos que yo creo que nunca son necesariamente mejores que los actuales -en contra de lo que dice el dicho- pero que en este caso de los árbitros NBA sí que lo fueron" y tengo la sensación leyéndole habitualmente, como a otros precursores de la NBA en España que siempre están con que tiempos pasados fueron mejores... no digo que este mayor, sólo que si revisa lo que escribe tal vez puede ver que siempre hace, hacen referencia a que cualquier tiempo pasado fue mejor... aunque lo enmascare con esa frase. Saludos, muy buenos artículos.

10/11/2009 - 18:22 - univerzee

6 - Dice "esos que yo creo que nunca son necesariamente mejores que los actuales -en contra de lo que dice el dicho- pero que en este caso de los árbitros NBA sí que lo fueron" y tengo la sensación leyéndole habitualmente, como a otros precursores de la NBA en España que siempre están con que tiempos pasados fueron mejores... no digo que este mayor, sólo que si revisa lo que escribe tal vez puede ver que siempre hace, hacen referencia a que cualquier tiempo pasado fue mejor... aunque lo enmascare con esa frase. Saludos, muy buenos artículos.

10/11/2009 - 17:55 - univerzee

5 - Siento envidia, y la envidia dudo que alguna vez sea sana, del estamento arbitral de fútbol inglés. Hace años un árbitro se reconoció aficionado de uno de los dos equipos a los que iba dirigir en la final de Copa. Dirigió el partido y no paso nada. Impensable que eso pueda ocurrir en España y supongo que también en EEUU.

10/11/2009 - 12:09 - Orzowei

4 - Coincido con Eretxa: magnifico planteamineto en los dos articulos. Mientras leía este pensaba que si cambias NBA por ACB los temas seguirían siendo igual de válidos y de verdaderos...

09/11/2009 - 23:43 - mikidumb

3 - Estoy seguro que en las apuestas se pagaría más una final Estudiantes-Cajasol (o entre equipos similares )que una Real Madrid-Barça. Así que no descartemos algo así algún día.Las apuestas en Internet están empezando a ser un negocio muy lucrativo, y como ya hemos visto en los USA, con el caso Donaghy, y aqui en Europa con algunos escandalos similares en fútbol,algunos arbitros se pueden dejar corromper. Si es cierto que una final Madrid-Barça es más mediatica, pero tambíen la otra dejaría grandres beneficios a los apostantes.Y "poderoso caballero es Don Dinero".

09/11/2009 - 22:03 - redfko

2 - Una final entre Cajasol y Estudiantes estaría muy bien. Sobre todo porque, probablemente, ganaría Estudiantes. Y muchos nos llevariamos una alegría.

09/11/2009 - 21:02 - JRR957

1 - Excelente plateamiento en los dos artículos, dicho esto, creo que el tema arbitral tiene un origen que en mi opinión es claro. en la N.B.A. al igual que en otras ligas de baloncesto e incluso en el fútbol se ha priorizado el negocio antes que el deporte y pongo algún ejemplo, se imagina alguien una final de la N.B.A. entre Sacramento y Milwauke el tiron "popular" bajaría bastante y por ende los sponsor de T.V. con la merma ecónomica que ello conlleva, si lo trasladamos a la A.C.B. una final entre El Cajasol y el Estudiantes prácticamente no tendría repercusión nacional, en fúltbol una liga igualada por el Villarreal y el Sevilla no tiene nada que ver con una liga igualada por el R.Madrid y el Barça, en fin, a buen entendedor pocas palabras . . . . .

09/11/2009 - 19:49 - Eretxa

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MIGUEL ÁNGEL PANIAGUA


Es uno de los periodistas españoles con más reputación cuando se habla del baloncesto de los Estados Unidos. En radio, ha trabajado para la Cadena COPE desde 1986 hasta la temporada 1991 1992, y desde la 1992-1993 lo hace para la Cadena SER, participando en espacios tan populares como el Carrusel Deportivo. En prensa, le hemos leído en medios de tanto prestigio como el diario EL PAÍS o la Revista Gigantes.

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