Remembranzas

LUNES, 12 DE JUNIO DE 2006

CALLE MELANCOLIA XII


GRACIAS NUEVO BASKET



Corría el mes de enero de 1984, y mi vida de estudiante de primero de Bachiller, recién proyectado del cascarón del barrio protector a los abismos de la gran ciudad, sufrió una sacudida.

Había presenciado en televisión la Copa del Rey jugada en Zaragoza, y una nueva dimensión del deporte de la canasta, que ya tanto amaba, se apoderó de mi criterio

La oscura y sudorosa estética de la lucha, de la trinchera conquistada alcanzó a suplir el concepto de belleza que en tal deporte encontraba, más basado, hasta aquel entonces, en la armonía técnica que acompaña al individuo talentoso, que en el despliegue conjunto de preclara fisicidad que había contemplado en aquellos partidos, jugados a cara de perro en el atestado y vaporoso pabellón municipal maño.

MIKE DAVIS & MARCELLUS STARKS, BRIAN JACKSON & WAYNE ROBINSON, DAVID RUSSELL & GREGG STEWART, JIM ALLEN & KEVIN MAGEE,

¿Alguna vez se reunió tanto talento americano en una sola ciudad?

La convulsión, que había penetrado en mi ser por vía catódica, precisaba de un correlato tangible, literario y gráfico, y así fue como NUEVO BASKET vino entrar en mi vida.


Aun recuerdo, con ávida y dolorosa precisión, el momento en que acudí, en un día lluvioso, al quiosco del Paseo de los Melancólicos, al lado del instituto, donde adquirí el primer número de la revista, con las 250 pesetas, toda una fortuna a la sazón, bien custodiadas en el bolsillo de mis vaqueros.

Parecerá increíble, pero en Madrid eran contados los quioscos que vendían la revista y los pocos que tal hacían, apenas tenían un ejemplar, por lo que había que estar presto a la hora de cobrar la pieza.

El hallazgo del tesoro estaba revestido, pues, de cierta dosis de emoción y dificultad.

Aparecía en portada un cuerpo a cuerpo entre Fernandito Romay y Andrés Jiménez, en una instantánea tomada en el partido para el tercer y cuarto puesto de aquella Copa, y en el interior, profusamente ilustrado, todo parecía gravitar en torno a esa ya mítico Torneo del Cambio.

Aires de revolución, de búsqueda de nuevas fronteras, soplaban directamente desde sus lujosas páginas, primorosamente encuadernadas, que traían un intenso perfume a progreso, ilusión y compromiso.

A partir de ese momento gente como Franco Pinotti, Joan Cerdá, Jordi Román o Miguel Angel Forniés pasaron a ser parte de mi familia, y aquella revista iba conmigo allá donde fuera, escrutando hasta su último rincón, todavía impresionado por la calidad de sus fotografías, de su maquetación y la profundidad de sus contenidos.

Dicen que la modernidad literaria consiste en que las preguntas están destinadas a permanecer sin respuesta, y NUEVO BASKET trepidaba de incertidumbres, de pluralismo, de amor por nuestro querido deporte y por eso creo que, por encima de todo, el interés de la revista no residía tanto en la realidad que reflejaba como en la visión singular que de ella expresaba.

Junto al basket espectáculo, tenía cabida el formativo, el femenino y tertulias de grandes desconocidos, que abordaban los problemas de su mundillo, eran reproducidas en cada número.

Y, como no, eran frecuentes las colaboraciones de los grandes técnicos de nuestro país, como Diaz-Miguel, Aito, Manel Comas, Mario Pesquera, Chus Codina, quienes por aquel entonces solían viajar a menudo a la Meca americana, en aquel tiempo remota cual planeta solar, para comprobar in situ los sistemas de trabajo de las grandes universidades, ojeando al tiempo a los que pudieran ser futuros americanos.

Ya digo, un mundo nuevo de sensaciones, una Summa de esencias baloncestísticas al alcance del lector.


Número tras número, mi capacidad de asombro recibía nuevos estímulos, pues aquella estética agresiva que simbolizara Magee en la Copa iniciática, se trasfirió a las páginas con inusitada vividez, señaladamente en las intituladas “Aquí América

Con una foto del Tio Sam  como emblema de la sección, su contenido era un pozo de sueños, un encadenado de imágenes y conceptos prístinos, que remitían a otros aun más sorprendentes, permeando, con la suavidad de una pleamar nocturna y plateada, en la apacible playa de una adolescencia curiosa.

Acuden a mi mente hologramas de melancolía, como una fotografía a toda página y color de Mel Turpin contra Charles Barkley en un Kentucky-Auburn en la cumbre de la SouthEastern Conference, o unas planillas estadísticas de los 16 mejores equipos de la NCAA de ese año.

Por primera vez, en aquellas ventanas hacía la fantasía, creí ver al Nuevo Profeta del basket mundial, he can do it all, decía Julius Corella del escultural escolta de los Tar Heels.

Igualmente me fue formalmente presentado un freak intimidador, un coloso negro de músculos de acero y cabeza yunque, que empezaba a ser conocido como el Hoya Distroya.

Asistí, desde la intimidad del dormitorio, allá recogido en el mullido sillón, al duelo de unos jugadores de póquer, que iban de verde, contra unos ilusionistas de azul y púrpura que transitaban, celéricos y coléricos, por imaginarios carriles que ineluctablemente desembocaban en el aro contrario.

Un Mago, un Pájaro y un Doctor dominaban en la fábula de sagacidad y belleza que era la NBA, en la que los personajes secundarios eran un Hombre de Hielo y un Poeta de la Canasta.

Nombres de ciudades remotas, de lejanos Estados, complejas estadísticas, extraños apellidos y seductores nicknames resonaban en mi cabeza, como una turmix de datos, que se iban acumulando a golpe de lectura apasionada.

Un mundo perfecto, en fin, que solo existió en aquel preciso tiempo y lugar, irrecuperable, fugaz, que solo puede ser recordado. 


La Revista tuvo sus momentos para la polémica, señaladamente con ocasión de la primera final ACB, ganada por el Real Madrid por incomparecencia del Futbol Club Barcelona al tercer partido, tras los incidentes acaecidos en el segundo, disputado en el Pabellón de la Ciudad Deportiva, que acabaron con desiguales sanciones para los tres protagonistas de la trifulca: Mike Davis, Fernando Martín y el instigador del incidente: Juan Manuel Lopez Iturriaga.

A pesar del resultado, Nuevo Basket sale a la calle con una impactante portada en la que Mike Davis machaca el aro del Palau ante un impotente Fernando Martín, dos cabezas más abajo. Toda una provocación que dió lugar a multitud de comentarios, cartas al Director y encendidas discusiones.

El lapso temporal entre las Olimpiadas de Los Angeles y el Mundobasket de España, representa el cénit de la revista, jalonado por dos números especiales a la altura de la ocasión. La editora echó la carne en el asador, y los resultados pueden degustarse en sendos compactos ejemplares, llenos de datos y comentarios jugosísimos.

Con el paso del tiempo, he podido contrastar gran parte de lo publicado en la prensa internacional, y puedo afirmar que tales números carecen de parangón y ni Sports Illustrated puede presentar algo que se le acerque.

Ya por entonces sorprendía la calidad de la revista por contraste con el resto del panorama editorial deportivo, que hacía de cada número un verdadero trofeo, con valor independiente, un libro en sí mismo.

La buena marcha parece consolidarse con la vuelta a los orígenes, a la periodicidad semanal largamente reclamada por los lectores, ahora en forma de periódico, mientras que la revista pasa a ser quincenal.

A pesar de la aparente salud del proyecto, ahora sabemos que en realidad escondía una penuria financiera estructural, y un concepto familiar del negocio, basado en el sacrificio, la amistad y el patrocinio, que hicieron posible el milagro de su existencia, pero que acabaría por fagocitar aquel producto imposible, a merced de las implacables Leyes del Mercado.

Dicen, con razón, que todo lo bueno se acaba, y este mágico reino en torno a una pelota gorda no fue una excepción.

Las dificultades económicas, una vez retirado el cálido y noble mecenazgo, ahogaban a la revista, que empezó a ser un Guadiana de incertidumbres en medio de un mercado en ebullición.

Cambios de formato, de periodicidad, descenso alarmante de la calidad y de los contenidos son indicios evidentes de una defunción inminente.

Conservo un último número, triste y demacrado, en el que ya no aparece Pinotti, con un Román luchando, cual moderno Quijote contra las Estrellas y los Gigantes, que acabarían por lanzar la última palada de arena sobre tan ilustre cadáver.

Cada quien se buscó la vida, y la ACB, que tanto les debe a estos pioneros, fue refugio de muchos, y jaula dorada de otros.

A veces la ira me domina y la pago con ellos, me duele tanto talento malbaratado y domesticado, pero ese es otro tema, que aquí solo quiero buenos recuerdos, y tributar un sentido homenaje a las gentes del periodismo de basket que me acompañaron en años decisivos en mi formación como persona, que contribuyeron a cincelar una parte importante del aficionado al basket, nostálgico, errabundo y antifutbolero, que me enorgullezco en ser.

Muchas gracias, amigos, y que el paso del tiempo nunca borre vuestra gran obra.
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MARTES, 30 DE MAYO DE 2006

Cuatro Equipos, Cuatro Problemas.

Y aquí llegan las semifinales ACB en las que , por una vez, veremos a los cuatro equipos que más lo han merecido durante el campeonato, sin sorpresas ni incidentes que hayan alterado el orden establecido.

 

Además, los 4 semifinalistas se presentan frescos, pues dos solventaron la primera ronda con barrida y tendrán más de una semana de asueto, y los otros dos en el cuarto partido, de manera que el jueves Tau y Barça contarán con más de 4 días de descanso, un lujo a estas alturas de temporada.

 

Dada la igualdad que se presume en ambos duelos, quisiera detenerme en el análisis de lo que considero elementos desequilibrantes de cada equipo, aquellos cuya inhibición puede asegurar en alto porcentaje el éxito del equipo contrario.

 

UNICAJA presenta una plantilla muy completa, mezcla de veteranía, liderazgo y sangre joven local, lo que a priori dificulta en grado sumo vislumbrar un punto debil.

 

No obstante, si hay algo que necesita funcionar para que los malagueños dominen un partido ese es DANIEL SANTIAGO, jugador poco agraciado, aparentemente torpe, pero de gran importancia en el basket europeo, como ya demostrara en el scudetto conseguido en Varese.

 

Su amenaza interior, un uno contra uno con el portorriqueño es garantía de canasta o tiros libres, libera el juego malagueño, le confiere fluidez, permitiendo tiros cómodos y penetraciones a los exteriores y dando cobertura a los intangibles emanados del juego total de Jorge Garbajosa.

 

Los aproximadamente 25 minutos que el pivot está en pista, suelen coincidir con la mayor anotación de su equipo, mientras que sus momentos de descanso y/o protección se compensan con una mayor intensidad en la defensa.

 

La PENYA , felizmente resucitada a la élite nacional de la mano de Aíto, se me antoja como un equipo talentoso, que disfruta en el juego libre y de transiciones rápidas,  pero blando en el duelo de fondo, en partidos duros, algo propenso a venirse abajo sin el aliento de un líder.

Y en eso, ELMER BENNETT, el entrañable Benito, es un maestro, el hombre-chicle, el que mantiene unidos a los compañeros, el que mete el triple sanador o roba una bola decisiva.

 

En el nivel de exigencia física a que sea sometido el veterano base norteamericano pueden radicar gran parte de las esperanzas de los verdinegros, y es previsible que Sanchez, Cabezas e incluso Berni se alternarán en la labor de desgaste.

 

En definitiva Sergio Scariolo,  el nuevo Evangelista, aplicará al Sr. Garcia Reneses la medicina que el madrileño tantas veces administró a sus rivales en su etapa blaugrana, desgaste a largo plazo con la complicidad arbitral.

 

 En la otra eliminatoria, el TAU no parece llegar en su mejor momento, sin duda dañado por esa maldición que parece perseguir a los vitorianos cuando soplan vientos de playoff.

 Esta vez el damnificado por el negro conjuro es ni más ni menos que PABLO PRIGIONI, el líder del equipo, el corazón, el reloj, la cabeza, quien marca el ritmo del partido, el que determina el destino de la bola en el ataque y ajusta la defensa cuando la cosa está que arde.

 

No es difícil, pues, averiguar qué le hace daño a los baskonistas, tanto más si el segundo base del equipo, el talentoso pero bisoño Roko Leni Ukic, está a años luz del argentino en carisma e intensidad.

 

El ominoso recuerdo de Praga está aun presente.

 

Tanto es así, que a Perasovic no le queda otra que utilizar a Sergi Vidal o Travis Hansen en labores directoras, cuando Pablito no rula, lo que no está mal, pero no es lo mejor que este equipo puede ofrecer.

 

Tampoco levanta olas de pasión el juego del FUTBOL CLUB BARCELONA, acaso el equipo más irregular de los cuatro semifinalistas.

Con un juego interior sospechoso, que ha de padecer ante la batería baskonista, y una plantilla desarticulada, sin apenas jugadores dúctiles ni enigmas tácticos, Kakiousis y poco más, la baza culé se centra en varios soldados de fortuna cuyas armas de fuego son letales, en la salud y en la enfermedad, para lo bueno y para lo malo.

 El Barça vivirá o morirá con su JUEGO EXTERIOR, más específicamente con su tiro, y todavía más con el triple, y si los Williams, Basile y Navarro las enchufan sobre el 50% estarán en el partido y con amplias posibilidades de pasar a la final, mas si la presión rival reduce la efectividad de la mencionada tripleta, decidirá la bombilla, donde, a pesar de la mejoría de Fucka, sigue habiendo un déficit importante.

 

Atentos a Grimau y De la Fuente, dos tapados con amplia experiencia que pueden desequilibrar la eliminatoria si meten los tiros a que, sin duda, les retarán.

 

 Y ahora, tras estas lucubraciones destinadas a ser burladas por la plana tozudez de los hechos, solo queda disfrutar del basket en estado puro que nos espera de aquí hasta el final.

Ah, y si me piden pronóstico, veo una final Unicaja- Barça.

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JUEVES, 04 DE MAYO DE 2006

Reflexiones sobre Praga

Tras la gran final vivida en el impresionante Sazka Arena, se impone un reposado análisis sobre lo acaecido en la bellísima ciudad de las Mil Agujas.

Y éste no puede ser otro que aludir a la férrea disciplina que el sistema de competición ha impuesto en la manera que los partidos fueron preparados por los equipos participantes.

De esta manera, según mi criterio, el hecho que en apenas 48 horas un equipo se tenga que enfrentar a otros dos, todos ellos del máximo nivel, como fue el caso, marcó indefectiblemente el devenir de la competición.

Y así, a mi parecer, una importantísima y decisiva clave fue que los técnicos prepararon un partido con total intensidad y el otro, imagino, con menor atención.

Siguiendo este hilo argumental, yo diría que Pini Gershon tenía perfectamente analizado al TAU, y supo que cortocircuitar a Pablo Prigioni, considerado por muchos mejor base del basket europeo, era imprescindible para aspirar a ganar. De hecho pocos dos para dos vimos en la primera semi, y las ayudas interiores para colapsar  a Luis Scola eran automáticas. Si a ello unimos que, anulado el base argentino por el infravalorado Will Solomon, la circulación de bola de los baskonistas no era tan fluída como es habitual, se puede empezar a entender la aniquilación que, durante los tres primeros cuartos, sufrió el juego de los de Vitoria.

Y también me atrevería a afirmar que Ettore Messina tenía analiizado hasta el último detalle de los sistemas de los macabeos, y que el torpe pero poderoso Savrasenko tenía que intimidar a los pivots rivales desde el primer momento, haciendo bascular el foco ofensivo hacia fuera, donde un complejo sistema de ajustes y ayudas se encargaría de rematar la faena.

En ataque, el ya mítico técnico italiano sabía que el cuerpo a cuerpo bajo el aro era un suicidio, tanto más sin Andersen, por lo que abrir a Matjasz Smodis para expulsar a la "piovra" Baston de su trono de intimidación, era indispensable en orden a presentar un ataque efectivo a la vez que cortar las celéricas transiciones de los Parker y cía, tras robo o tapón.

Es indudable que el CESKA somnoliento que parecía entregar la vitoria al Barça en semis, poco tenía que ver con la maquinaria perfectamente engrasada y en tensión que  devoró el sueño de los 10.000 apasionados y ruidosos israelitas en la final: enlazar tres títulos consecutivos y ser recordados como Dinastía.

En cualquier caso, la final fué de las mejores que recuerdo, uno de esos partidos tensos e intensos, de canastas laboriosas y memorables, que desdicen las fementidas teorías que asocian aritmética y belleza, vinculando la calidad del juego a la exuberancia del marcador.

El basket, afortunadamente, es otra cosa, mucho más compleja y rica.

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LUNES, 03 DE ABRIL DE 2006

Calle Melancolia XI.

STANLEY ROBERTS, ¡¡¡QUE SOLO ESTAS !!! ( y II)

Wayne Brabender, tras tentativas fallidas con Dino Radja y Gregg Cadillac Anderson, asumió los fichajes de Carl Herrera y Roberts, una pareja extraña de JASP, demasiado jóvenes pero con mucho talento, y a inicios de septiembre, en operación relámpago para enervar la competencia italiana, el center sureño llegaba a Madrid.

Ese año en España, este chico de apenas 20 años demostró su potencial, también sus carencias, pero pocos de lo que lo vimos en directo podemos negar que llevaba la palabra “estrella” escrita en la frente.

Era un hombre físicamente casi hecho y técnicamente muy desarrollado, un atleta natural, que botaba bien, salía por ambos lados y tenía un toque dulce y fino a cuatro metros.

La toma de decisiones en cancha y la propensión a las faltas eran aspectos por mejorar, algo lógico a tan tierna edad.

Físicamente, Roberts llegó con más de 130 kgs, que llegó a bajar a los 115, pero esta reducción no siguió una vía correcta, ya que el equipo, con Brabender, no tenía preparador físico y la pérdida de peso no vino acompañada de una adecuada musculación, por lo que el jugador perdía fuerza, lo que unido a sus malos hábitos alimenticios, perjudicó su rendimiento.

Fue un año de duro aprendizaje para nuestro hombre, hablamos de una ACB que empezaba a perfilarse como mejor liga mundial tras la NBA, de un baloncesto europeo lleno de gente experta, taimada, y de un Madrid que seguía en la élite continental, justo lo que necesitaba Roberts en términos de adquisición de experiencia.

Curioso que viejos zorros como Norris (28 puntos), Magee ( 40 puntos), y hasta Lagarto de la Cruz, éste en el playoff de cuartos, hicieran grandes partidos ante este proyecto de estrella, algo perdido y huérfano del consejo de un veterano.

La mala suerte parecía perseguir al sureño, y Brabender, una especie de padre deportivo para el chaval, es destituido a mitad de temporada, tras el fracaso en la Copa del Rey de Zaragoza, donde se cae ante el Barça en el último segundo con una canasta imposible de Steve Trumbo, y el Madrid va camino de terminar un año sin títulos y siniestramente jalonado con varios acontecimientos luctuosos (infarto letal de Ignacio Pinedo en la cancha incluido).

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Si pudiera recordar qué estoy buscando pararía a descansar,
si supiera en realidad que estoy pensando ya podría respirar.
Si mirara más hacia el espejo y menos a la ciudad,
si alguien me llevara aún más lejos quizás pudiera olvidar.

Qué sólo estás. Qué sólo estás.
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Roosevelt Bouie, otro veterano de vuelta de todo, oficia de sepulturero en la carrera merengue de Roberts, dándole una lección de experiencia y movimientos al pivot en la final de la Korac, que viaja a Cantú, tras una prórroga en el Pianella.

De manera extraña, las críticas empiezan a cebarse en Roberts, que, conforme a su perfil introvertido, y ya sin el abrigo de Brabender, se aleja más si cabe del resto de la plantilla, y empieza a faltar a entrenamientos.

La eliminación en cuartos de final de la ACB, ante el Taugrés, abre la Caja de Pandora, o en este caso, de Mendoza, y el Presidente blanco impone al pívot sureño una multa record de 15 millones de pesetas, rescindiendo su contrato. Un gesto teatral con el que desviar la atención.

Roberts sale de Madrid en medio de sanciones y disputas, que borran el buen recuerdo que para muchos aficionados dejó, y unas cifras de 13 puntos 7 rebotes y 2 tapones por partido, nada desdeñables para un proyecto de jugador, como era en aquel momento.

De hecho, nada mas salir del Madrid, se rumoreó insistentemente que Aíto Garcia Reneses, a la sazón general manager del Barça, estaba muy interesado en ficharle tras la increíble desprotección con que el club blanco le había premiado, dejándolo a disposición de su más directo rival.

También hubo ofertas de los clubes de la élite italiana, con Cantú a la cabeza, pero la mente de Stanley estaba en volver a casa, y triunfar en la NBA.

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Si escuchara atentamente tus consejos
cuando intentas explicar,
entonces es cuando ya estoy tan lejos
y sólo escucho soledad.
Cuando paso cerca de un colegio
y me pongo a recordar
siento que hoy estoy mucho más viejo
y mi mente empieza a hablar

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La imagen de Roberts en los USA no había mejorado tras un año en Europa y en el draft del 1990 acabó en las profundidades de primera ronda, en Orlando, curiosamente el mismo equipo al que iría más tarde su buddy universitario.

Para entonces, en la vida de Stanley habían aparecido unos personajes que lo acompañaban donde iba, gente experta en darle coba, meterle en problemas y sacarle dinero.

A su adicción a la marihuana de sus años universitarios, que paseó con descaro por la capital madrileña, se une ahora la dependencia de la coca, éxtasis, anfetaminas, en fin, todo lo que se ponga a tiro

El chaval era fácil presa de las rapaces y se calcula que hasta 35 millones de dólares se evaporaron de sus manos durante sus 9 años de carrera en la NBA. Coches de lujo y mujeres de ocasión se suceden en su vida, mientras negocios ruinosos, estafas, y extrañas sociedades horadan su pecunio.

Roberts no sabe decir que no y acaba pagándolo.

Deportivamente, el descuido físico conlleva una indebida ganancia de kilos que se traducirá en lesiones graves, como la rotura del tendón de Aquiles en su pie derecho en diciembre de 1993, seguida de la del pie izquierdo ocho meses más tarde.

Llega 1995 y, cuando parece que recupera la forma en los CLIPPERS, sufre doble rotura de disco.

El gasto se hace insoportable y las dependencias se cobran su precio: Roberts, ya en los SIXERS, es sancionado en 1999 a dos años por consumo de sustancias prohibidas.

Comienza una espiral decadente, y deviene en inquilino permanente de las páginas de sucesos, a medida que empieza a meterse en negocios peligrosos.

Y así, sufre dos detenciones, una en julio de 2.000 por amenazar a la madre de uno de sus cuatro hijos, y otra, cuatro meses después, en Houston, por posesión de cocaína.

Poco después empiezan a llegar las primeras demandas por impago de alimentos de dos de las cuatro madres, que se conozcan, de hijos suyos

La ruta hacia la felicidad parece definitivamente vedada.

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Qué solo estás. Qué solo estás.
Contigo no cuenta nadie ya.
Nadie ya

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Hoy en día, el que fuera considerado por muchos técnicos uno de los más prometedores hombres altos de la NBA, se gana la vida de guardaespaldas de oscuros personajes de
la noche tejana, y de vez en cuando se deja caer por alguna cancha, donde le es difícil pasar desapercibido.

Entonces se acuerda de sus años más felices, cuando sus sueños eran dulces y promisorios, y se conjura, ante sí mismo, para regresar a las canchas, convenciéndose que se va a poner en forma, que va a ganar la pasta necesaria para acabar la casa que ofreció a su madre, delirios de justicia de un natural born loser.

Hasta que el espejo de la vida le devuelve a la cruda realidad.

Hay una casa en South Carolina, a las afueras de Columbia, a un lado de la interestatal, pasando la High School de Lower Richland.

Es, en palabras de un gran periodista, un monumento a la incomplitud, una metáfora de una carrera deportiva malbaratada, el síntoma inequívoco de la debilidad, el exceso y la imprudencia.

Y esto es todo cuanto os puedo contar de Stanley Roberts: el chico dulce del Sur que nunca supo decir que no.

 

Cotestación a RIDIELA: Muy posiblemente fuera así, y yo lo recordara equívocamente como que a Trumbo le hicieran falta y anotara los dos Libres. Tantos partidos a mis espaldas que tiendo a mezclarlos. Si alguien más se acuerda, lo confirmamos y lo editamos.

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LUNES, 27 DE MARZO DE 2006

CALLE MELANCOLIA X

 

STANLEY ROBERTS, ¡ QUE SOLO ESTÁS !

Hay una casa en South Carolina, a las afueras de Columbia, a un lado de la interestatal, pasando la High School de Lower Richland.

Es una casa majestuosa, de diseño moderno, con dos plantas y garaje, fachada de piedra, ventanas francesas y pizarra en el techo, con seis baños.

Es una casa a medio construir y vacía, nunca se ocupó, alrededor de ella solo hay rastrojos y malas hierbas, una obra inacabada.

Frente a ella, al otro lado de la interestatal, hay una vieja caravana.

Desde su puerta, al caer el día, una señora, ya mayor, observa con pesar lo que pudo ser la carrera de su hijo.


STANLEY ROBERTS era un chico tímido y retraído, físicamente no especialmente agraciado, que jugaba con los amigos a football y apenas sabía lo que era un balón de basket.

No fue hasta noveno grado que dio el estirón y en un año pasó a ser un mocetón de dos metros, que en el año siguiente crecieron hasta esos siete pies con los que se asocia a los centers de leyenda.

Para entonces su hermano mayor Wayne, una especie de padre subrogado, ya lo había llevado a entrenar con su equipo de High School, y el entrenador local había apreciado el margen de mejora que este talento natural escondía.

Como todos los que dan el estirón tardíamente, Roberts era un atleta coordinado, y ocurría, además, que el chico tenía buena mano, por lo que no es de extrañar que al acabar el instituto los servicios de reclutaje lo situaran como nº 3 nacional en sus rankings, solamente por detrás de Alonzo Mourning y Billy Owens.

Tras ganar dos años seguidos el campeonato estatal, y barrer de la pista a Mourning en el McDonalds All American y en el Roundball Classic, media nación lo pretendía, aunque solamente tres equipos lo tenían cerca: Georgia Tech, LSU y el equipo local, los Gamecocks de South Carolina.


Fue uno de los recruitings más salvajes que se recuerdan, ya que por un lado, su madre trabajaba como custodia en la Universidad local por las noches, y por otro una espada de Damocles pendía sobre la familia.

Wayne Roberts, había disparado a un chico de 18 que intentaba atracarle, y afrontaba un difícil caso por homicidio en legítima defensa. Se dice que el Juez encargado del caso llegó a llamar a la familia, aconsejándola que Stanley ingresara en los Gamecocks, y ni que decir tiene que la seguridad laboral de la madre podía estar en juego.

Podría decirse que todo el Estado presionaba al joven pívot para quedarse en casa y dar gloria a su Universidad, incluso su madre, temiendo represalias, imploraba una decisión a favor de South Carolina.


Finalmente Roberts eligió Baton Rouge y su hermano resultó absuelto, pero dos agentes del FBI lo acompañaban contínuamente por el instituto, en previsión de represalias, por lo que apenas pudo disfrutar, como cualquier otro estudiante, la ceremonia de su graduación, pues no bien recogió el diploma, un helicóptero lo trasladó directamente al campus de los Tigers.


Al final Dale Brown, y su excelente equipo reclutador, se salieron con la suya, y se lo llevaron para Louisiana, tierra de pelícanos y magnolias.


Una nueva vida, plena de promesas de bienestar, se abría ante Roberts, en aquel lejano verano sureño de 1988, mas no fue un camino de rosas para el chaval, que hubo de sentarse el año freshman, al no superar los requisitos de la Proposición 48, una polémica regla que exigía determinado rendimiento escolar a los atletas para obtener la beca.

Sin embargo, la espera mereció la pena, pues ese año LSU dio un nuevo golpe reclutando al jugador más deseado sobre la tierra, un coloso de 2,15 y 140 kilogramos de puro músculo, proveniente de la High School de San Antonio.

Nadie en el cuerpo técnico de los Tigers olvidará el primer enfrentamiento entre ambos atletas en un entrenamiento, al fin y al cabo son pocas las veces que una Universidad consigue reunir a dos gigantes, dos probables Hall of Famers, en su plantilla y en años consecutivos.

Todo comenzó con un mate de Shaquille, llevando a Stanley bajo aro, a lo que respondió éste exactamente con la misma jugada, y así hasta cinco mates más. Físicamente se trataba de dos colosos, que podían jugar de igual a igual.

Las canastas resonaban como truenos y finalmente Stanley, en su cuarto turno, decidió dar por terminada la contienda, planteando un escenario distinto.

Se alejó a cuatro metros del aro, amagó una penetración y encestó una suave y limpia suspensión sobre un atónito O,Neal, que intento copiar la fórmula, pero ni su mano ni su juego de pies eran comparables a los de Roberts.

Cuestión zanjada, sí, porque así era de bueno Roberts en aquella época.

Todos coincidían en señalar que Stanley era un mejor prospect que Shaquille, que no pierde ocasión de afirmar que es lo que es gracias a la competencia de Roberts, pues aquellos entrenos y el reto de enfrentarse a la superioridad técnica manifiesta de un rival a su mismo nivel físico, le llevaron a dar el máximo, a exprimir su don natural hasta la última gota.

Incluso años después, cuando se le pregunta sobre el tema, The Diesel continúa reconociendo a Roberts como el único jugador con el que ha coincido en un parquet NBA, capaz de enfrentarse a él en el cuerpo a cuerpo.

Roberts solamente disputó un año en LSU, año que fue bastante duro, pues LSU era favorita para ganarlo todo, incluso Blue Ribbon sacaba en portada al trío maravilla, los dos pívots y un Chris Jackson que había levantado, en su año freshman, unas expectativas enormes, con legítimas comparaciones con Pete Pistol Maravich, un tótem en el estado de Louisiana.

El año fue bueno a nivel de equipo ( ) e individual, donde promedió 14 puntos y 9 rebotes por partido, aunque Dale Brown siempre achacó al pívot su falta de intensidad defensiva y a veces lo sentaba en el banquillo, para poder poner, a toda cilindrada, su famosa defensa individual.

Sin embargo, en el Torneo Final, los Yellow Jackets de Anderson, Scott y Oliver , la famosa LETHAL WEAPON III, acabaron en segunda ronda con los sueños de los Tigers, que habrían de esperar a la temporada siguiente si querían levantar el trofeo.

Pero ni el rendimiento académico ni la situación familiar de Roberts entendían de retos deportivos, y en el mes de Agosto, tras saber que no había obtenido la nota mínima para su elegibilidad, y con el Draft ya celebrado, buscó la fórmula para evitar quedarse todo un año parado.

Finalmente ese año, no fue en blanco, sino de blanco, y el Real Madrid se cruzó en su vida


¿Cómo pudo, pues, un hombre predestinado a la gloria acabar en Europa y vegetar en la NBA con una carrera mediocre en el mejor de los casos?

¿Que tenía O,NEAL que nunca tuvo ROBERTS y que hizo de sus carreras mundos opuestos?

Son preguntas a las que trataremos de responder en el segundo capítulo de esta historia

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SáBADO, 04 DE MARZO DE 2006

Duelo al Sol

Hace más de 30 años , la NCAA asistió a un duelo anotador con muchas similitudes con el que actualmente disputan JJ REDICK (Duke) y ADAM MORRISON (Gonzaga), para obtener un galardón normalmente reservado a jugadores de Universidades menores, con mayor protagonismo ofensivo y, en consecuencia,  muchas más oportunidades de tiro.

Fue aquel un concurso entre dos atletas muy diferentes:

. - De un lado AUSTIN CARR, moreno de Washington D.C., una leyenda de los FIGHTIN, IRISH, jugador versatil, capaz de encontrar la canasta desde fuera o por dentro, ambidextro, una máquina de anotar canastas nombrado Jugador del Año en 1971, y número 1 del draft de ese mismo año.

 El alero, que ya había sido segundo máximo anotador la temporada anterior tras Pete Maravich, logró una media asombrosa, 38 puntos por partido, sobre el papel un registro inalcanzable.

. - De otro, JOHNNY NEUMANN, un chico blanco de Mississippi, con cara de angel, alma oscura y muñeca portentosa, unánimemente catalogado como el nuevo Maravich.

Capaz de anotar 63 puntos en la cancha de LSU, amenazaba incluso el record de anotación de un jugador de primer año, en poder del propio Pistola, con 43.8 puntos de media en 1968, pero un descenso en su ritmo durante los últimos cinco  partidos - "solo" alcanzó los 29.4 puntos de media en ellos- dejó su marca en 40.1, suficientes para alzarse con el título al máximo cañonero universitario en aquel lejano 1971.

Fue un año loco, un auténtico festín ofensivo, donde varios jugadores alcanzaron marcas excelentes, como el escolta John Roche que le endosó 56 puntos a Furman. o el pivot Cliff Meely, 47 a Oklahoma. Hasta el mismísimo Charlie Yelverton, el entrañable Charlie Sax varesino, consiguió alcanzar los 46 ante Rochester.

Carr, como se dijo, sería una estrella NBA, jugando 11 temporadas con los Cavs fundamentalmente en los que promediaría casi 16 puntos por noche, y aún hoy en día conserva el registro anotador en el NCAA Tournament con 41.3 puntos.

Neumann solo jugaría un año en Oxford, Miss, declarándose elegible para el draft de la ABA,  donde jugó unos cuantos años con desigual fortuna en Memphis Tams,  vagando por varias franquicias como Indiana, Los Angeles y Utah, donde se ganó reputación de jugador egoísta y conflictivo, dando con sus huesos, a los 27 años, en Italia, ni más ni menos que en Cantú, donde aún recuerdan su clase, pero también sus excentricidades.

En el momento de escribir estas líneas, el alero de Spokane, diabético y fan del Che Guevara, lidera la disputa con 28.8 puntos, por 28.1 del escolta de Duke, de manera que el suspense se mantendrá hasta el pitido final.

Son otros tiempos, pero la NCAA nunca cesa de producir sueños, de acariciar nuestra curiosidad, de parir historias con sabor a leyenda, a basket puro y fantasía.

Y que así sea por mucho tiempo. 

Por REMEMBER a las 20:06 0 Comentarios
 
LUNES, 13 DE FEBRERO DE 2006

CALLE MELANCOLIA IX

 
La primera- y única- vez que visité la ciudad del pecado, hará unos cinco años, le dije al chofer que me había recogido en el McCarron, si pasaríamos por el Thomas & Mack Center. El tipo me miró atónito, como diciendo ¿como sabe usted eso? y, con el Strip al fondo, a solo cuatro manzanas, dio un rodeo que me hizo cumplir uno de mis sueños, vislumbrar, siquiera un instante, uno de los Templos del college basketball .
 
La Universidad de Nevada Las Vegas esconde una extraña historia, incluso su nickname, REBELS, nace de la lucha, a inicios de los 50, contra el rival del Norte del Estado, la Universidad de Nevada- Reno, entonces más poderosa, de la que eran una mera dependencia, y frente a la que se alzaron, rebeldes, los de la ciudad soñada por Bugsy Siegel.
 
De cómo este centro pasó de ser una pequeña rama de una Universidad media, al equipo más dominador de los últimos 25 años de NCAA, es una historia que se escribe con el material del que están hechos los sueños.
 
No puede entenderse el fenómeno UNLV sin un personaje oscuro pero entrañable, una especie de Padre Flanagan con una cara oculta, el archiconocido Jerry Tarkanian, o Tark the Shark.
 
Este moderno Jasón, de origen armenio, consiguió rescatar el vellocino de oro de la Cólquida del Este basketbolero, contando para ello con unos Argonautas peculiares, chicos de la calle que no estudiaban mucho, pero que en la cancha impartían lecciones constantes e inolvidables.
 
Llega Tarkanian a Sin City en 1973, y pronto adopta un estilo de juego basado en la defensa asfixiante y un celérico juego de transición, rapidez que emparenta con el sobrenombre que solamente lleva la sección masculina de baloncesto de la Universidad, Runnin, un capricho del Director Deportivo, como signo de distinción.
 
El éxito que le había acompañado en junior college y en Long Beach continúa en UNLV, y ya en su segundo año mete al equipo en el Torneo Final, cayendo en segunda ronda, como ocurrirá al año siguiente.
 
En la temporada 1976-77, los Rebels alcanzan la Final Four, algo impensable, pero que será la tónica a partir de ese momento, de hecho al abandonar el banquillo en 1992, serían cuatro final four (1977, 87, 90 y 91), 17 de 18 temporadas con 20 victorias, 4 de ellas alcanzando la treintena.
 
Una historial que no permite otro calificativo que brillante.
 
Fueron días de vino y rosas, con los Wynn, la Royal Family de Las Vegas, asistiendo a los partidos al despampanante Pabellón de los Rebels, inaugurado en 1983 y popularmente conocido como Shark Tank , junto con celebridades como Whoopi Goldberg, Wayne Newton o Mike Tyson, y días de furia, con los comités de la NCAA, en perpetuo litigio con el tiburón desde 1977, pisando los talones a los Rebeldes, mandando gente continuamente a investigar hasta el más nimio indicio, como el regalo de un par de T shirts, desde sus cuarteles generales en Misión, Kansas.
 
Hubo luces, como el rendimiento deportivo, la riqueza táctica desplegada, el rescate de las calles de gente como Johnson, Augmon o Scurry.
 
 Pero también sombras, como el saqueo del apartamento del periodista John Henderson, uno de lo más críticos con Tarkanian, quien llegó a describir la invitación al campus de Lloyd sweet pea” Daniels, un talento neoyorkino, absolutamente analfabeto y con un pasado escandaloso, como un acto de prostitución universitaria; O las peligrosas relaciones de jugadores como Anderson Hunt, David Butler o el propio Moses Scurry con personajes siniestros como Richard “the fixer” Perry, dos veces condenado en NY por amañar partidos y carreras, individuo proscrito y miembro destacado de la lista negra de la Comisión del Juego del Estado de Nevada, de quien se dice que aparece con nombre ficticio en la novela “Wise Guy” de Nicholas Pileggi, en la que se basa el celebrado film Goodfellas, de Marty Scorsese.
 
De hecho, fue la publicación de unas fotos de sus jugadores con el hampón, jugando una pachanguita y tomando un baño en un jacuzzi en el jardín de su mansión, la espoleta que desencadenaría el cese de un Tarkanian, harto de la caza a que había sido sometido durante los últimos quince años.
 
Desde un plano estrictamente deportivo, la ejecutoria de Tark y sus muchachos fue impecable, culminada con una dominación absoluta de la competición, como no se ha conocido desde los tiempos de UCLA, un glorioso ocaso del imperio de dos años, que reviste un mérito superior a la luz del marco de presión, sospecha y pesquisa con que este equipo invencible tuvo que convivir desde que empezara a asomar la cabeza en la élite del College Basketball.
 
Las virtudes del juego del técnico de la toalla, una presión defensiva sin cuartel a toda la cancha, orientando el flujo de la posesión contraria hacia posiciones de ventaja mediante traps en las esquinas, la célebre defensa llamada ameba por su naturaleza mutante y letal, y un celérico ataque de transición, en oleadas, normalmente tras robo de bola, sin dejar que la defensa contraria se posicionara, estaban presentes en aquella rotación de 10 jugadores.
 
 
Todo aquel endiablado mecanismo de relojería, explotó en la Final Nacional de 1989, cuando los Rebels despedazaron a una Duke valiente, que plantó cara hasta el minuto 25, cuando el MVP Anderson Hunt cogió su fusil, y anotó 14 puntos en un parcial de 18-0 que dejó el partido decidido.
 
Nunca antes se había visto una exhibición de tal talento e intensidad en una cancha universitaria, por momentos aquello pareció un duelo de hombres contra niños, y eso que hablamos de los Blue Devils de Kryzewsky
 
 
Además, aquel equipo hacía honor a tal concepto, era un grupo de gente variopinta a la que su entrenador consiguió dar forma y cohesión. Desde ratas de gimnasio, como Steve Rice o Stacey Cvitanovich, hijos de entrenadores, a elementos patibularios, inner city players como David Butler, de Washington, Moses Scurry, de Brooklyn o Anderson Hunt de Detroit; o los dos líderes del equipo: Larry Johnson y Stacey Augmon, grandes atletas, criados en entornos fatídicos y víctimas de la Proposition 48.
 
 
 
Johnson, una especie de Charles Barkley mezclado con Buck Williams, comprimido en unos generosos dos metros y 120 kilos de acero muscular, fué uno de los escasos 6 McDonalds All American de los que Tark pudo disfrutar en sus 19 años en el banquillo, un producto del barrio más peligroso de South Dallas, uno de esos clockers nacido para traficar con crack y morir adolescente, como la mayoría de sus amigos de la infancia, rescatado de las tinieblas por su excelencia atlética.
 
Considerado el mejor jugador de High School en 1987, tras ser rechazado por Southern Methodist, por sospechas de amaño en sus test de acceso a la Universidad, dominó en la Junior College de San Jacinto y, cuando parecía que se iría con su amigo Larry Brown a Kansas, este marchó a la NBA, a los Spurs, por lo que acabó, con honores de superestrella, siendo reclutado por UNLV.
 
Augmon, uno de los más impresionantes atletas que este deporte ha disfrutado, conocido como The Plastic Man, salió de los projects de Pasadena gracias a su amistad con un Arquitecto, que devino en tutor de facto del chaval. Tras dominar en la High School de California, pasó un año en blanco antes de ingresar en UNLV, donde llegó a jugar en las cinco posibles posiciones en pista.
 
Su inmarcesible instinto atlético, y un físico sobrenatural, en resistencia y flexibilidad, le hizo convertirse en un especialista defensivo, un torbellino de desplazamientos y ayudas, el alma de la famosa ameba de Tarkanian, que también sobresalía en la marca individual, parando a gente como Mark Macon, Sean Elliot, considerados los mejores aleros colegiales de su generación. Al mismo tiempo, su capacidad de trabajo hizo que llegara a poseer un tiro decente, algo imposible de pensar cuando llegó a la Universidad con una muñeca de madera.
 
La fidelidad de estas dos megaestrellas universitarias era tal, que tras ganar el título en 1989, y aun siendo seguros lottery pick, en el caso de Jonhson candidato al nº 1, decidieron volver a cumplir su año senior, todo ello a pesar de que UNLV a inicios de temporada estaba sancionada para disputar el Torneo Final, algo que solo puede encontrar razón en una lealtad a prueba de bomba a un hombre con un carisma cuasi mesiánico.
 
UNLV ganaría la apelación, y podría defender su título, pero no sin pagar un alto precio, el propio Tark advirtió a los dos recruits estrellas de ese año, el alero Shon Tarver y el pívot Ed O,Bannon, nº 1 nacional, contra su decisión, y los dos chicos acabaron firmando con UCLA.
 
El futuro de los Runnin´Rebels quedaba hipotecado.
 
 
Y llegó el día del Juicio Final, la América Decente esperaba el milagro, ansiaba que aquellos níveos heraldos, dirigidos por un hombre virtuoso y honrado, con ilustre pasado militar, infligiera el merecido castigo a aquella banda de negratas irreverentes, engreídos, con sus burlonas sonrisas, sus dientes de oro, coches de lujo y modales de matón; que borrara del mapa colegial aquella plaga de langosta y expulsara del reino del Deporte Universitario, sano y cabal, al líder de tanta infamia, ese señor calvo, ojeroso y nervioso, que se pasaba el partido mordiendo toallas.
 
Más que un partido, era una cuestión moral, que interesaba a toda la Nación.
 
Para mayor aliciente, UNLV llegaba imbatida y aspiraba a ser el primer equipo desde Indiana en 1977, en acabar una temporada sin derrotas, y desde UCLA en los años del Walton,s Gang, en repetir título.
 
Indianápolis y el Hoosier Dome, corazón de la América rural y blanca, símbolo de la eugenia americana, asistieron a un partido memorable, uno de esos cuatro o cinco que marcan la historia.
 
La misión parecía imposible, pero Coach K había aprendido la lección, tras la pública humillación que supuso el 103- 73 de la final del año anterior, y comprendía que superar la presión defensiva de los Rebels era la clave para aspirar a estar en el partido, y una vez allí, en los momentos decisivos, solo Dios sabía lo que pasaría.
 
Al mismo tiempo Kryzewsky administró a su rival una dosis de su propia medicina, fortaleciendo su zona con la presencia en el centro del novato Grant Hill, un atleta de primer orden que, emulando a Augmon, forzó muchas perdidas a lo largo del partido
 
Bobby Hurley, hijo de un prestigioso entrenador colegial, y Christian Laettner, vástago de una maestra de Angola, NY, apasionada de Marlon Brando, dirigieron a los Diablos Azules hacia una victoria fraguada en los tres últimos minutos, cuando, tras una canasta incomprensiblemente anulada a Gregg Anthony, que hubiera puesto a los suyos a +5, el base blanco tomó las riendas y encestó un triple que forma parte ya de la Historia Sagrada de esta religión pagana que es el baloncesto universitario.
 
Cuando el triple desesperado de Hunt salía despedido del aro, la Justicia estaba servida y aquel hijo de inmigrantes armenios, que habían salido de su país en los años 30, huyendo del genocidio turco, aquel entrenador modesto que había dominado allá por donde había pasado, que había osado enfrentarse al Poder de la NCAA, que había hecho de la necesidad virtud, reclutando gente del Juco y jugadores con perfiles problemáticos, aquel innovador táctico de defensas infranqueables y rotaciones profundas, del transition game que rompió la monotonía impuesta por la dictadura del control del reloj, aquel tramposo que ofendía a la moral pública, finalmente debía recoger la concha del destierro.
 
 O se iba por su propio pie, o la Universidad pagaba las consecuencias.
 
 
En aquel grupo salvaje peckimpahniano, la ruleta de la vida, a lo largo de estos años, ha hecho su implacable apuesta, dictando destinos opuestos.
 
 Algunos hicieron una buena carrera profesional y ganaron mucho dinero con el baloncesto, como Augmon, Johnson o Anthony; otros, como Scurry o Hunt, no aguantaron el ritmo y tuvieron frecuentes problemas con la justicia. Los más, han tenido una existencia ordinaria.
 
Pero todos ellos asistieron emocionados el 26 de noviembre de 2005, pasados más de trece desde su cese, al acto de conmemoración de la carrera de su entrenador, maestro y padre, cuando el legendario Thomas & Mack pasó a llamarse Tarkanian Center.
 
Su vida no fue un ejemplo, sus actos no siempre un espejo en el que mirarse, pero el deporte universitario, con sus virtudes y defectos, no puede evitar reconocer que aquel equipo que concibió y dirigió, fuese cual fuese su origen, formación y desarrollo, marcó una época y ayudó al crecimiento de la afición e interés en la difícil transición de los ochenta a los noventa.
 
El deporte, y su lógica maniquea, precisa de buenos y malos, y los chicos de Las Vegas representaron el papel de villanos como nadie antes hizo y creo que jamás hará.
 
Fueron forajidos, pero de leyenda.
Por REMEMBER a las 18:59 4 Comentarios
 

REMEMBER




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