"Uno tiene que educar sus emociones hasta que estén al nivel de la razón. La mayoría de la gente cree que la razón puede educarse, pero de alguna manera desatiende a sus emociones.
Creo que existe la tremenda posibilidad de que los jóvenes desechen el paradigma y la basura emocional de la generación anterior, pero eso requiere que trabajen en ello; requiere que se vuelvan más concientes de sí mismos, que no repitan las porquerías de la previa generación. Por tanto, la cuestión de educar sus emociones hasta el grado de confiar ciegamente en ellas, de que siempre harán lo que es bello, y que definan como una meta de su identidad convertirse en un alma bella, lo cual, tal como dije, equivale a un genio, es extremadamente importante."
Caía la tarde japonesa en Saitama cuando la historia de amagos y decepciones del basket español tocaba a su fin.
Era buena mañana en esta España de nuestros recelos y, una vez más, Fortuna parecía negarnos su favor al acercarse el momento de la lucha final.
Mas, como si se tratara de un rayo, colérico y luminoso, hizo falta poco tiempo para saber que el Timón de la Diosa nos guiaría y proveería con su esplendorosa Cornucopia de placeres y emociones.
La Historia tenía señalada la fecha del 3 de septiembre de 2006 como el día de la liberación, aquel en que unas almas bellas, inasequibles al conformismo , rebeldes al Fatum, habrían de mostrarnos el camino del talento, la lucha y la tenacidad.
Por más penalidades que ofreciera el camino, para esta selección española no existía calamidad suficiente para apartarla de su segura cita con la Victoria.
Y en un alarde de pujanza derribaron, de entre esos obstáculos, el más alto y poderoso, aquel grupo de guerreros helenos, dominadores de la estrategia, guiados por un viejo maestro que en tiempos controlara las canchas europeas con su mirada amplia y tenebrosa.
Venían de pugnar estos locos griegos con el Dragón más temible, aquel cuyo fuego desalentaba a los más recios guerreros, el que cuya cola, teñida de la sangre de los derrotados, era sinónimo de muerte.
Y venían de someterlo, de mostrarle que los tiempos están cambiando, para que todo quede como siempre, es decir, que nunca el físico vencerá a la inteligencia, ni la individualidad egoísta del atleta domeñará al esplendor armónico de la táctica bien tramada y mejor ejecutada.
Pero nada podía abatir nuestro encono, era nuestra hora, la de reinventar el pasado y señalar sin miedo al dulce porvenir.
Por el camino quedaron cadáveres exquisitos que nunca gozarán esta dicha, portentosos gladiadores que jamás alcanzaron lo más alto del podio, pero que hicieron posible avistar el camino ahora gozosamente ya recorrido.
Hablo de Fernando Martín, San Epifanio, Juanito Corbalán, y muchos más, todos ellos astros de la pelota gorda, triunfadores en sus clubes pero que nunca sintieron la inefable gloria de ser los mejores.
Y quedaron generaciones de aficionados seducidos por el inasequible misterio de este juego, por su mágica cadencia, aquellos que salíamos flechados del colegio, despreciando pan y chocolate, en Nantes, quienes madrugamos en L.A. y devoramos cada instante en el Mundobasket de 1986.
Eran tiempos de sueños, de ilusión, sin otro horizonte que nuestra imaginación, la vida nos ofrecía todo lo bueno que la juventud trae consigo.
Más tarde lloraríamos ante China y Angola, o cuando aquellos malditos tiros libres se salían o recibíamos canastas imposibles sin posibilidad de respuesta.
Era tiempo de aciagas jornadas, siempre damas nunca novias.
Los que resistimos el desprecio de los modernos cronistas, la chanza de los falsos bufones, el lugar común del demagogo, sí, os hablo de quienes nunca dejamos de ver la proteica luz que, a nuestros ojos, hacía tan bello, tan alto y tan digno este deporte, aún en sus más oscuros momentos.
Para todos ellos, y para nosotros, ahora esta bendita juventud desafiante, esas almas bellas, nos trae el sueño de la perfección, 40 minutos de basket inteligente y apasionado, determinados por no se qué extraño poder, seguramente aquel que abrazara a la Ignis sin Dino, a los Knicks de Holzman o a los Lakers de Magic, y a tantos y tantos grupos de hombres que, en la historia, depusieron al miedo cuando quedaron huérfanos en el trance decisivo.
Nuestra defensa era un mecanismo diabólico de cambios y ayudas, de individual a zona press, en el que caían los rivales sin asomo de posible revancha. Uno podía casi oir el metálico clic de lo perfecto admirando tal espectáculo de precisión.
El ataque, aunque vulnerado, supo encontrar los puntos débiles del rival, sacando el máximo fruto del genio de Navarro y de esa intemporal sagacidad del rey de los eclécticos, el sublime Jorge Garbajosa.
Felipe Reyes y Marc Gasol dejaron una profunda huella en sus efímeras apariciones, Carlos Cabezas disimuló la penúltima calamidad, la lesión del ciclópeo Calderón, Berni le dió vita dura al genial Papaloukas y Carlos Jiménez ofició de Hidra de los Mil Rebotes, tendiendo sus interminables tentáculos sobre la zona defendida por nuestros héroes.
Estos chicos desecharon el pasado, mostrando un irreverente desprecio por saber nuestras lástimas, por lamerse las heridas. Para ellos solo existía el futuro, ese camino luminoso que no acaba más que comenzar y que nos trae esperanza de días de belleza y opulencia.
Queda por desentrañar una celestial paradoja, un bucle temporal que interesa al cerebro de este equipo, al hombre que hizo conjunto de un grupo de hábiles luchadores, quién les dio el aplomo, la inspiración para superar tanta desdicha.
Este Pepu, el hombre común que hizo un descomunal trabajo, viene de la misma casa que otro hombre a quien el paso del tiempo ha tratado con injusticia, pues fue él, con sus muchos aciertos y algún que otro error, el que nos puso en el mapa, el pionero que llegó a ver los que los demás ni imaginaron.
Seguro que Antonio habría sonreído, incluso habría saltado de alegría, como solía hacer en su banda, viendo este espectáculo, disfrutando una victoria desde la defensa, como a él le gustaba.
Seguro que hubiera querido hablarnos de cada movimiento, destripar cada estrategia, abrumarnos de datos con su proverbial entusiasmo, pero, infelizmente, no podrá ser.
Ya las estrellas lentas declinan, invitando al sueño, por fín aquello que merece ser recordado, lo que nos acompañará hasta que nuestras vidas se extingan, se hizo realidad a nuestros ojos
ESPAÑA CAMPEONA.
He rercibido el encargo de un amigo periodista, cuyo nombre no puedo revelar, de servirle de nuntius respecto de unos sentimientos que hace tiempo le conturban y que necesitaba expeler, lo cual ha hecho mediante una carta que paso a consignar:
Hola muchachos :
Tras largo tiempo de reflexión, me he decidido a hacer público el cúmulo de sensaciones que desde hace casi cuatro años me viene produciendo la crítica constructiva y respetuosa que recibo en este foro.
Vaya por delante que me consta que en este foro escriben grandes profesionales del periodismo deportivo, a la par que personas educadas y de bien, cuya crítica no viene animada por un despreciable anhelo de ocupar mi puesto, o por sentimientos tan honorables como la envidia y el rencor, sino por el benemérito impulso de que la juventud atolondrada y los malos aficionados- esos que me adoran- sea bien informada, aunque ellos no lo sepan.
Asimismo, estoy al tanto que las futuras generaciones de periodistas, que ahora se están formando, dan muestra de su respeto a la deontología profesional a la hora de dirigirme epítetos como acabado, , caradura, zapato, patético, cuando no moreno, enano, calvorota, caraculo y tal y tal.
No quiero dejar de lado a los foreros profesionales, a los titulares de la razón universal y paletos presuntuosos.
Pues bien, tras este largo preámbulo – no quería dejar fuera a nadie- he de deciros, mis queridos críticos, que vuestra sana censura me viene causando graves quebrantos de salud y anomalías en el sueño, así como profundísimos cargos de conciencia.
Que no como ni duermo, y ya la vida no me parece maravillosa.
Aunque algunos escépticos no lo creáis, tras una dura jornada de trabajo, leo con arrebatado interés todo lo que escribís, de hecho prefiero estar ante un ordenador, degustando vuestras perlas cultivadas de sabiduría y experiencia, que en el Village Vanguard oyendo una sesión de buen jazz o en el Four Seasons disfrutando de un jugoso New York Steak.
A lo largo de mis más de 25 años de experiencia profesional, de Kaunas a Baires de Cleveland a Tokyo, de París a San Antonio, de Collado Villalba a New York o de Caserta a Detroit, todos ellos en contacto con los directos protagonistas de este maravilloso deporte llamado basket, al que- ahora sé- denigro con mi presencia día a día, nada he aprendido y he visto pasar ante mi acontecimientos, personas, en fin La Historia, sin aprehender nada.
Soy un usurpador y sufro por ello.
Os pido perdón desde lo más profundo de mi ser.
Mis desvelos me han llevado a pensar que los 250.000 € aprox. que pueda llegar a recibir como estipendios anualmente, por el ilegítimo ejercicio de mi profesión, serán donados a la FFF, Fundación de Fieles Foreros, un grupo de centinelas de la moral colectiva y la recta praxis profesional , de renombre internacional, gesto que, aun siendo insuficiente, ayudará a que buena gente como vosotros veléis, aun sin representación ni beneficio, por una sociedad madura y bien informada.
Aunque a la lectura de esta líneas desesperadas me seguiréis oyendo en la tele, no creáis que me burlo de vosotros, o que esto es un engaño, pensad que estoy contrito y que cuanto digo es cierto, pero antes está la obligación que la devoción, el deber que la molicie o el dolce far niente ( Esto no es una indirecta).
Ah, y si queréis que os dedique un saludo a través de la pantalla, por favor sed tan amables de enviarme un mensaje al siguiente e mail:
www.tontopollas.com
Vuestro deseo se hará realidad.
Esta carta ha sido censurada en el foro ACB.COM.
Se hace difícil hablar de basket de “mi generación” cuando aun se encuentra uno a medio camino de los cuarenta y se refiere a un periodo iniciado apenas dos décadas atrás, pero lo cierto es que en el ambiente parece pesar la existencia de una suerte de invisible lindero que separa a los viejos aficionados- digamos la generación L.A. 84- y los modernos- digamos la generación Internet.
Asumiendo ese engañoso juego semántico, con la morosa complicidad de los vaporosos reflejos de este interminable estío, uno ha de referirse a la figura del pívot como algo, quizás ya solo una idea, un concepto, que parece hallarse en vías de extinción en estos tiempos de eclecticismo y confusión, al socaire del esplendor atlético de las nuevas generaciones.
Viendo el otro día como un equipo universitario, que no anotó su primera canasta de 2 sino cuando faltaban apenas 10 segundos para llegar al descanso, era capaz de poner en aprietos a otro que presentaba uno de los pocos pivots puros que han superado la voraz criba del earlyentrismo, uno no puede sino admitir que los tiempos están cambiando, y que el college basketball, durante años semillero táctico del basket profesional, y más acusadamente del europeo , no es más que fiel Notario de ese proceso.
El advenimiento de la linea de 3 puntos, con sus hipertróficas consecuencias tácticas, determina que sean muchos los equipos que prescinden del mítico center, haciendo de la zona puerto franco en el que puedan arribar desde el más impresionante portaaviones hasta la más precaria balsa.
Acaso sea la desnuda verdad que encierran los asertos populares, y en este caso la de aquel que dice que no apreciamos las cosas hasta que no las perdemos, pero uno, incluso en estos malos tiempos para la épica de los cíclopes, no puede dejar de observar que los viejos dinosaurios no solo siguen siendo fuente de belleza y placer, sino que buenos réditos procuran para aquellos que los poseen y saben apreciarlos en lo que valen.
No muy lejos están los tiempos en que Roberto Dueñas, a mi juicio un probable candidato a MVP de los primeros 20 años de ACB, decantaba la balanza de las finales hacia el plato culé, con una extraordinaria inteligencia táctica que llegaba a sofocar sus indiscutibles limitaciones físicas y técnicas.
Reciente en la memoria tenemos la exhibición del gigante tejano Daniel Santiago, que ha llevado para Málaga el sueño que un chico de Alabama estuvo a punto de dibujar, en un equipo que durante los últimos cinco años llegó a ser la más triste expresión de vacuidad e inermidad interior mal disimulada a base del uso y abuso del recurso al tiro de 6,25.
Y como olvidar la magia del duo Oberto & Tomasevic, dos artistas nada alérgicos a la pintura, que alcanzaron cotas de belleza raramente transitadas en nuestro baloncesto.
En fin, que a pesar de los efímeros brillos de algún que otro atolondrado saltimbanqui, uno sigue en la creencia que el dominio de las zonas, a la larga, es lo que da y quita entorchados.
Y por esa razón el otro día, asisitiendo a un conmovedor baile de gigantes entre Andrew Bogut y Lazaros Papadopoulos, algo se revolvió en lo más profundo de mi ser, recordando aquellas luchas por el espacio con las que crecí, volviendo a apreciar el genuino sentido de la palabra “trabajo sucio”, el abnegado misterio que hay tras un buen bloqueo o la magia intemporal que emana de un gancho bien ejecutado.
Del australiano los sabemos casi todo, tras su estruendosa irrupción en los Mundiales junior de 2003 disputados en Grecia, con 26 puntos y 17 rebotes de media, y su excepcional carrera universitaria que le valieron el nº 1 del penúltimo draft de
El griego, algo desaparecido en los últimos años, no olvidemos que fue el principal responsable, en una inolvidable noche de inicios de mayo de 2002, de una de las mayores gestas del basket europeo de clubes que se recuerdan, la victoria del Panathinaikos ante la todopoderosa Virtus de Messina y Ginobili en el inexpugnable PalaMaguti .
Observando aquel espectáculo de precisión y aparente sencillez, que ahora se hace tan escaso de ver, tuve la certeza de que nadie ni nada podrá nunca con los pivots, que la eterna llama que antes portaron Kurland y Mikan, Wilt y Bill, Dino y Luyk o Martín y Norris, seguirá ardiendo, pues una ley física incontestable rige nuestro deporte y ésta es que así como el camino más corto entre dos puntos es la línea recta, la canasta más sencilla es la más cercana.
Y no olvidemos que el basket es un deporte de y para inteligentes.
Lo clásico sigue triunfando.
Desde posiciones extremistas se ha venido proclamando la superioridad del juego actual sobre el clásico ( pongamos los happy eighties), la eclosión de nuevas máquinas universales de producir basket ( pongamos los Garnetts, Odoms, McGradies, Gasoles y Nowitzkis), como si un diluvio sanador hubiera barrido de la faz de las canchas a los jugadores antiguos, renovando las aguas pantanosas del basket tal y como siempre se jugó.
La elección de otro politalentoso atleta como nº 1 de este draft, por encima de un más intemporal y encasillable LaMarcus Aldridge, parece confirmar esa querencia en los círculos de poder del basket mundial por lo prodigioso, a despecho de la razón empírica.
A mi aviso, estas soflamas evolucionistas carecen de rigor, pues hacen de la anécdota categoría, como nos demuestra el riguroso examen histórico.
Es cierto que el deporte ha evolucionado físicamente, al compás de la especie que lo protagoniza, pero no lo es menos que la esencia del juego, esa extraña y perpetuamente mutante fórmula de inteligencia + táctica + talento atlético, no ha variado ni un ápice.
Ninguno de estos cyborgs, que se anunciaban devastadores, ha conseguido dominar
A nivel doméstico, acabamos de asistir al espectáculo de una Mente Prodigiosa que ha hecho suya una Liga, al imperio de un atleta medio, cuyo eclecticismo es más táctico que atlético, que nace de un hálito utilitarista, de un disfrute exhaustivo de sus cualidades y de un conocimiento profundo de sus limitaciones.
Jorge Garbajosa, la contraimagen de los Mazingers que venían a cambiar esto del basket, ha dominado una serie en ataque y en defensa, decidiéndola en belleza cuando supo llegado el Momento.
Enfrente había egregios mensajeros de esa nueva raza de atletas universales, mas su inalcanzable polivalencia, su brillante linaje, se han revelado insuficientes ante la sencillez del método, ante los genuinos efluvios directamente emanados de
Y en ese espejo de todo que es
Tratando que los falaces brillos de una pantalla no cieguen el criterio, veamos como ha discurrido la última década en
El equipo dominador, los Spurs de San Antonio ( tres anillos), tiene como líder a un “old classic “ de toda la vida, un tipo que no tiene nada de especial, solo saber interpretar el juego, sus ritmos, sus balances, descifrar sus precarios equilibrios en la mejor manera para los intereses de su equipo.
Ciertamente no parece que Tim Duncan sea un prototipo de la última generación del basket robotizado, más bien un compendio de virtudes tradicionales, atesoradas en un largo camino de aprendizaje, pasando por cuatro años de Universidad.
El segundo equipo serían los Lakers (otros tres anillos) con el liderazgo de otro pívot clásico, no solo un coloso, sino un hombre guía, capaz de asumir diferentes roles cuando el equipo lo necesitaba, ora hombre sacrificado, ora referente ofensivo.
Si físicamente cabría incardinar a Shaq (tres años en LSU) en el elenco de
Tercer protagonista, con dos títulos, son los Bulls del último Jordan, escuadra prototípica con los Paxson, Cartwright, Grant y cía, que giraba en torno al inmarcesible genio del ex Tar Heel ( tres añitos), y al excelente pragmatismo de Phil Jackson y su equipo técnico, que hizo del talante inobstrusivo un karma triunfante.
Cierto es que Pippen y Kukoc eran jugadores modernos, pero para nada hombres –máquina.
Pasemos a los Pistons (un anillo) donde acaso tenga mayor virtualidad el discurso evolucionista, por la presencia de un fenómeno genético como Tayshaun Prince, capaz de ocupar hasta cuatro posiciones en la cancha.
No es menos cierto, sin embargo, que el largilucho ex Kentucky no era sino la cuarta o quinta opción ofensiva del equipo, y que si algo destacaba en los de
Férrea defensa y movimientos ofensivos de manual tampoco parecen ser heraldos de
Vamos con los Heat, reciente campeón, donde el mentado Shaq cumple una labor de escudero del nuevo gurú, Dwayne Wade, un escolta explosivo de Marquette ( dos años), de físico poderoso y muñeca caliente a 5-6 metros, como tantos hubo en la historia de
Nuevamente, ni rastro de esa eugénica estirpe que habría de deslumbrarnos.
De este apresurado y nada exhaustivo compendio empírico, nace una conclusión de difícil contradicción: los equipos ganadores son los que juegan al basket como siempre ha sido, los líderes suelen ser jugadores formados, con amplia experiencia universitaria, y bastante clásicos en su forma de jugar, con posiciones definidas y una vis lideradora, que los hace brillar en el tiempo del Clutch.
Los nuevos arcángeles de
El oropel reluce, pero oro no es.
Como nunca en este juego se podrá sustituir la cabeza y el corazón,
Aíto García Reneses es, sin duda, un personaje especial.
Gran estudioso del basket, innovador, tozudo, con mucha personalidad para defender sus ideas, y maquiavélico en el manejo de entornos y grupos de presión.
La ética nunca fue lo suyo, luego no deja a nadie indiferente, a la manera de los grandes entrenadores de la escuela yugoslava e italiana, famosos no solo por su sabiduría técnica , sino por su preclaridad a la hora de buscar ventajas extradeportivas y presionar a los poderes fácticos, siempre “pro domo sua”.
Sabida es la polémica arbitral que acompañó a sus títulos- conforme al motto “ Haz 20 y te pitarán 20, haz 50 y te pitarán 20”, traducido en malagueño como “ A hostias”-, mucho se ha hablado de sus maniobras de manipulación para descartar rivales superiores en juego e ilusión - “
Sin embargo entre la prensa especializada, rara es la crítica a su persona, al punto que difícilmente se oirá o leerá a nadie hacerle una enmienda o buscarle un defecto, por muy evidente que sea lo incorrecto de su comportamiento o planteamiento.
No olvidemos sus maniobras fraudulentas con Quimet Costa – su segundo, pero oficialmente primero- para no acudir a las ruedas de prensa o su injustificada y recalcitrante negativa a que los micrófonos de TVE fueran testigo de sus prédicas en los tiempos muertos, conductas que con cualquier otro personaje hubieran indignado a la canalla mediática, y acarreado fuertes sanciones, a la vez que alimentado las sospechas de que en aquellos oscuros conciliábulos se impartían instrucciones de dudosa deportividad.
Y así, pocos fueron los que afearon la conducta al técnico de
Pero cuando parecía que los fuegos de la derrota no asimilada se habían apagado, dos hechos, aparentemente inconexos, vienen a reavivar la llama del resquemor y la retorsión contra el técnico bresciano:
Prueba A) La revista Gigantes, por medio de su redactor Quique Peinado, desvela la siguiente conversación habida entre Eduardo Portela, Presidente de
Portela (muy encendido): "¡Siempre igual, vas provocando a todas partes!"
Inexplicable calentón de quien también presidió
Prueba B) Página web de Eurosport, artículo de Pepe Laso:
La brillantez técnica de Scariolo se hizo notar y manejó con tino absoluto sus efectivos; lástima que en tiempos de play-off pierda el señorío que debe tener cualquier superdotado en todas las actividades de la vida. Su tiempo muerto en los últimos segundos no es técnicamente criticable, el reglamento se lo permite; lo que está fuera de lugar es aprovechar la oportunidad para tirar una pulla a Ivanovic por no haberlo pedido el pasado año. De Sergio hemos podido oir en estos play-off: “siento miedo por la integridad física de los míos”y alguna lindeza más que cabreó al paciente Aito hasta el punto de no felicitarle por su victoria; denigró a Perasovic asegurando que “es como yo cuando era joven”. Pero ahí no acabó la cosa, una vez conseguido el titulo al recibir la felicitación de Eduardo Portela le replicó “no siempre ganan los que tú quieres….”; no creo que el fundador de la liga en la que él consigue los éxitos merezca este tratamiento.
Definitivamente Scariolo tiene sangre de los Borgia, no contento con el titulo de él salen todos los rumores que le colocan en el Tau, quizás, la perdida de Garbajosa y el listón tan alto que se le presenta para el año que viene, pongan nerviosa a su activa mente. Estudiando la larga trayectoria y los éxitos del gran Scariolo, se aprecia claramente que su problema es la vanidad y, consecuentemente, las victorias por si solas no le son suficientes.
Versión “mutilada” de la historia, que bien acredita un mendaz deseo de desprestigiar el éxito de Scariolo, aludiendo a cuestiones “ad hominem”, todo ello desde entornos próximos al técnico madrileño.
Parece que la sombra de Don Alejandro, sin duda el hombre con más poder del baloncesto patrio, es alargada y sus oscuros reflejos se proyectan, amenazantes, contra aquellos que supieron ganarle en la cancha, en buena lid, dándole lecciones de estrategia que no ha sabido interiorizar para sacar aprendizajes de ellas.
Ya pasó con Maljkovic, ahora con Scariolo.
¿Quién será el próximo?
La mejor final imaginable será la que se dispute. Enhorabuena a todos los aficionados al basket español.
Contra las voces de los nostálgicos de la futbolerada, con su uso apocalíptico de las audiencias, para un aficionado al basket no puede haber mejor espectáculo que éste.
Vitorianos y malagueños, dos equipos que viven del, por y para el baloncesto, sin pútridas resonancias electoralistas ni subvenciones del deporte rey, llevan más de una década instalados en la élite del basket nacional, ya disputaron una final ACB, con sweep de los baskonistas, y vuelven a verse las caras de manera muy distinta.
En Málaga entrena uno de los técnicos más carismáticos del basket europeo, campeón en Italia con
Llega a su cuarta final ACB, con tres equipos diferentes, casi emulando a su maestro, Il Vate Bianchini, que hizo campeón a Cantú, Roma y Pesaro, los outsiders de la pallacanestro, históricamente dominada por Milano, Bologna Virtus y Varese.
En frente un técnico totalmente distinto, ex jugador de prestigio, con poco bagaje en los banquillos, nada lustroso además, pero en trance de conseguir un histórico triplete nacional para el arcón sin fondo del Querejeta,s World.
La presunta ventaja malagueña se ve compensada por el innegable valor autogestionario de la plantilla baskonista, con líderes perfectamente delimitados, ya curtidos en mil batallas, con feas cicatrices en su piel y ominosas muescas en sus revólveres.
Por si faltara poco, el guiso tiene un condimento especial: la baja de Pablo Prigioni, uno de esos jugadores que marcan el compás de una escuadra, aparentemente infungibles.
Pero hete aquí que el prodigio se hizo equipo, y a las gestas cotidianas que este inmenso club ha protagonizado en los últimos años, hay que unir el improbable barrido a costa del Futbol Club Barcelona del atolondrado Dusko, perpetrado en semifinales.
Roko Leni- Ukic, un talento que había hibernado durante la temporada, en la gélida y umbrosa región proyectada por la devastadora y exhaustiva presencia del base argentino, ha tomado las riendas, con aplomo asombroso, y el cuarteto integardo por Erdogan, Hansen, Vidal y Jacobsen le ha arropado en los momentos difíciles.
Al imberbe croata le espera otra prueba de fuego, Pepe Sanchez y Cabezas le aplicarán alternativamente un tratamiento de hielo y fuego, buscando a toda costa hacerse con el control, con el tempo del partido.
En la pintura, punto fuerte de los blaugrana, Daniel Santiago, cinco pares de gafas más tarde, encontrará a un Arcángel brasileiro de extraordinaria coordinación e interminables tentáculos, en grado de silenciarle de tú a tú, jugando a basket, sin invocaciones a la marrullería.
Y será allí, o solo Dios sabe dónde, el bendito lugar desde el que asistiremos, posiblemente por última vez en suelo europeo, al duelo que epitomiza, de manera sumaria, el Misterio de
Inteligencia y Atleticismo, músculo y neurona, alma , corazon y vida, se verán las caras en un enfrentamiento que puede marcar una época, pues pocas veces se apresta
Jorge Garbajosa y su compendio de misiles neuronales, apuntan hacia Luis Scola, el mejor hombre interior del baloncesto europeo, punto y aparte.
El argentino buscará el uno contra uno bajo el aro, y el madrileño la defensa de anticipación, negándole el trono de la bola, forzándole a recibir cuanto más lejos mejor.
Seguro que el recuerdo mediato de la defensa de Felipe Reyes, un año ha, estará presente en las mentes de ambos contendientes.
En la otra zona, mal haría Perasovic en prolongar el emparejamiento, pues su estrella pierde fulgor conforme se aleja de la canasta, y es obvio que Garbajosa se posicionará en torno a los 6,25 para iniciar sus ejercicios balísticos, salpicados con alguna incursión en zona enemiga, preferentemente sobre el lado derecho de su defensor.
Seguro que el recuerdo inmediato de la defensa de Aíto sobre el astro malagueño, estará presente en la mente del técnico croata.
Quien salga victorioso de esta danza misteriosa, acaso habrá sintetizado el veredicto del choque, pero en todo caso seremos nosotros, aficionados al basket, los que saldremos enriquecidos por un enfrentamiento entre dos agentes letales, cada uno con sus resortes, que a buen seguro nos dejarán momentos para recordar.
Y la audiencia me importa un bledo.