Los viejos seguidores de la Penya acaso hayan tenido un deja vu con el emparejamiento que los playoffs han deparado en esta temporada.
Quizás su memoria les haya llevado a la primavera de 1985, a una noche histórica que no acabó en celebración, en el viejo Pabellón Ausías March, aquella Scala tenebrosa del basket europeo, con sus elegantes gradas circulares, atestadas de aficionados sabios y con solera, con mucho basket vivido.
En aquella velada, la Penya se jugaba la segunda liga ACB ante el Real Madrid, tras una semana de éxitos que amenazaba con embriagar a toda Badalona.
Primero, en semifinales, cayó el Barcelona de Andoni Serra, con un palmeo en el último segundo del pivot canadienese Gerald Kazanowski en el Palau que, dió el pase a los verdinegros a la gran final.
Y ya en esa cita de tronío, la Penya expugnó el sancta sanctorum merengue, el Pabellón de la Ciudad Deportiva, con un baloncesto de otra época: moderno, atlético, intenso, una suerte de basket total o de naranja mecánica basketbolera.
Al final de aquel memorable encuentro, el viejo marcador del no menos venerable pabellón, que tanto buen basket había presenciado, reflejaba un 86-111 que muy pocos recordaban en citas de ese calado. La ovación de despedida a los Villacampa, Jiménez, Margall, Schultz, Montero y compañía es de las que nunca se olvidan.
Nada ví igual en la historia de la ACB, hasta los dos primeros partidos del Unicaja de Javier Imbroda en la gran final con el Barça diez años después.
Aito ofició de San Juan Bautista en la Anunciación de ese nuevo Concepto, y la Penya arrasó al Madrid del impertérrito Lolo Sainz, inerme ante tal aluvión de ideas y talento.
Con 0-1 en el parcial, los locales levantarían la Copa con una victoria en su cancha, pero para entonces el viejo zorro madridista ya tenía respuesta al laberíntico planteamiento de Aito, y aquel quinteto mágico, Corbalán- Iturriaga. Jackson- Fernando Martín y Robinson, con Romay de sexto hombre, tiró de veteranía y casta para devolver la moneda en Badalona y cerrar la serie en la "bella" de Madrid.
Fue un fogonazo de clase que a nadie pasó desapercibido, pero el oro futbolero impidió que se reprodujera en el Bressol y diera sus frutos, y en dos años consecutivos Aito García Reneses y Andres Jiménez, dos de los artífices de aquel metabasket total, acabaron en el Palau, para liderar un proyecto, preñado de éxitos nacionales, que cambió el decurso de nuestra competición.
Y ahora, pasados veintidós años, los creyentes en la naturaleza cíclica de la historia, tal vez avisten un signo, un anuncio de algo grande que está por venir.
Llegan los playoffs y lo hacen con una incertidumbre cuasi absoluta, pues los dos grandes futboleros no aparecen como favoritos indubitados, y el Baskonia, tras su fracaso en Atenas que dejó a Boza Maljkovic muy tocado, siembra dudas a pesar de contar con el factor cancha durante todo el playoff.
El actual campeón, parece descartado, fruto de un año de lesiones y malos fichajes.
Mientras tanto, si un equipo ha mantenido una línea de regularidad, con unos picos esplendentes, éste ha sido el Joventut..
No tiene la mejor plantilla, pero sí el mejor equipo. El mejor basket de este año lo han dado ellos, un basket de conceptos claros, de defensas multiformes, de transiciones frenéticas, alegre, intenso, por momentos inalcanzable.
Con muchos descartes de lujo ( Bennett, Archibald, Betts ), algunos veteranos que aportan (Vazquez, Laviña, Gaines, Barton) y un par de estrellas nacionales, Rudy & Ricky, la Penya es capaz de poner en juego dos rotaciones, aptas para mantener su endiablado ritmo de juego casi los 40 minutos de partido.
En casa , en la mejor tradición de su entrenador, crean un infierno de ritmo y defensa que nadie parece en grado de superar, pero resulta que los verdinegros acabaron terceros y para ganar esta Liga necesitarán voltear dos veces el factor cancha, en semis probablemente ante el propio Madrid y en una hipotética final, presumiblemente ante Barça o Baskonia.
La Penya ha de superar el test de madurez de ganar en cancha de un grande, pues. En liga regular cayeron en Málaga (por 18), Madrid ( 5), Vitoria ( 23) y Barcelona ( 5), y si esto se reitera en playoffs, no tendrán opciones de ser campeones.
Pero con una sola victoria a domicilio en cada serie , el fortín del Olimpìc puede llevar a Badalona la quinta liga.
Realmente, pienso que la Penya está frente a una gran ocasión de ganar esta edición de la ACB, tras planificar una temporada con vistas a pasar primera ronda de euroliga, donde deslumbraron, y al gran objetivo de la Copa de Málaga, donde dejaron una mala impresión, venciendo de chiripa al Akasvayu y siendo vapuleados por el Barça en semis, cayeron en una minicrisis en la segunda ronda de la Euroliga.
Pero, a día de hoy, les veo recuperados, con el tono físico adecuado, sin bajas definitivas, con la plantilla casi al completo y con su líder Rudy Fernández más fino en el tiro que nunca. Posiblemente no vuelvan a alcanzar el punto álgido de enero y febrero, pero a lo mejor no hace falta que lo alcancen.
Solo necesitan motivarse fuera de su cancha, ser capaces de generar la misma intensidad, de meter los partidos y arrastrar a los contrarios a esa guerra sin cuartel, ese sálvese quien pueda donde se mueven tan a gusto y que los árbitros, en ambiente desfavorable también, entren al juego maquiavélico propuesto por Aíto.
Si lo consiguen, puede haber fiesta en el Bressol, y una fiesta allí, es una fiesta de todo el basket español.
Desde la ciudad de los Dioses y los Mitos , imbuído de la épica helénica -no quiero ni pensar si aquello acaba en tragedia- me apresto a subir a la Colina de Filopappos, donde dicen que Sócrates bebió su cicuta, y observar, con la distancia de 48 horas, lo que aconteció en el OAKA.
Fueron 72 horas para recordar, y ahora trataremos de desentrañar algunas de las claves de una nueva Copa del Rey Midas del basket europeo, mientras los fanáticos verdes entonan el porompompero en su homenaje.
Oda a Scariolo.
No se gana un scudetto con 28 años, ni se derriba al "aitismo" en su cuartel general, siendo un hombre ordinario, y la leyenda del bresciano sigue alimentándose, su llama casa vez más intensa, tras la Final Four de Atenas.
Ya el estar fué un milagro, pero el aguantar al CSSKA hasta el minuto 37 y dejar la sensación de que si un par de triples más hubieran besado las redes contrarias, Málaga hubiera jugado la final, es para quitarse el sombrero.
Scariolo ganó la batalla táctica al egregio Ettore, ese guerrero de la neurona, mas no fué bastante para subvertir el orden establecido por los recursos de cada quien.
A pie de pista la defensa de Unicaja me pareció grandiosa, se podía ver en el taimado y tenso rostro de los jugadores las sesiones de scouting que guiaban sus movimientos precisos en cancha, invitando a sus marcas a tomar el lado malo, excitando la decisión incorrecta de los rivales, cortocircuitando, en fin, la maquinaria ofensiva de los rusos.
En ataque, Carlos Cabezas estuvo en un tris de emular gestas pretéritas, pero el fatum no estaba de su parte y le mandó un rayo directo al lagrimal, mientras que el vulnerado MarcoTusek no pudo clavar sus dagas en el corazón de Moscú.
Un aplauso para Sergio, Málaga tiene una mina de oro que espero acabe dando aún más frutos.
Boza en la picota.
Conste que sus declaraciones post partido me perecen hasta razonables, las estrellas fallaron, pero lo que no tiene perdón es la cachaza táctica, el sopor intelectual, la impotencia que la abúlica actuación de los gazteitarras produjo en el aficionado.
A la salida, las hordas azulgrana clamaban contra el atildado serbio, y es que en ningún momento dieron la sensación los baskonistas de tener opciones, a pesar de que a 4 minutos se pusieron a 6 puntos y debieron recuperar posesión de no ser por una inexistente falta a Scola.
Precisamente Luis, siempre batallador, fue la gran decepción del partido, perdido en el espacio, sin alma, ni buscó el protagonismo que su jerarquía le confiere, ni pareció entender que los trenes al paraiso no pasan por tu puerta todos los años.
El año pasado Maccabi y su afición los borraron del mapa desde la presentación de los equipos- ¡ menudo monólogo amarillo!-, a base de talento e intensidad, pero lo de este año es distinto: se fueron ellos solitos.
Desde luego, Boza no supo motivar a los suyos, no aportó ese elemento de compostura en las grandes citas que supuestamente debía traer consigo cuando le ficharon.
Y de ello la única responsabilidad es la suya.
Papaloukas y la afición griega.
Durante la gran final, hubo un momento donde se mascó la tragedia, donde el villano amenazaba con secuestrar la gloria reservada a los héroes locales.
El villano de esta representación es Theodoros Papaloukas, un ciudadano ateniense vendido al oro bárbaro, que vestía de rojo, como su sangre de guerrero, y azul, como su nobleza de líder.
Anotando dos tiros libres, tras una técnica al Pao, el CSSKA se ponía uno arriba, ya entrado el tercer cuarto, y el partido tomaba una deriva rusa de consecuencias imprevisibles.
Theodoros, marchó a la linea del tiro libre mientras arreciaban los insultos- presumo- y los brazos amenazantes, como aspas de molino, segaban las inmediaciones de nuestras cabezas.
Se quedó solo durante un momento, con 15.000 almas, con sus respectivas gargantas, manifestándole su repulsa.
Theodoros, sin inmutarse un ápice, metió los dos libres y siguió jugando.
Acabaría con 9/10 en tiros de campo y 28 de valoración , pero unas tristes cifras no sirven para glosar la grandeza de un jugador que lo da todo, y lo da con gusto, elegancia y sagacidad.
Al final, Obradovic y su peculiar Deus ex Machina, Dimitris Diamantidis, preservaron la Copa, que no salió del Attica, pero tras recoger su medalla en medio de un tenue abucheo, algo cantaba la sección más animosa de la fanaticada local al derrotado villano.
Theodoros miró de frente a la masa verde, tranquilamente levantó sus brazos y aplaudió.
El pueblo hubo de rendirse, ovación de gala y de Villano a Héroe ( sin corona) en unos instantes.
Cosas de griegos.
Continuará.....
( publicado originalmente en ACB.COM)
1. Fiasco ACC. La NCAA ( o N-ACC para el caso) se resbaló eligiendo siete equipos de la Atlantic Coast Conference, confundiendo emoción con calidad, y dejando fuera a equipos con mayores méritos como Oklahoma State, Syracuse y alguna prominente mid-major .
A los Sweet Sixteen solo han accedido los Tar Heels de NORTH CAROLINA, no sin antes padecer ante una peleona pero limitada Michigan State.
Virginia, Virginia Tech, Maryland y Boston College cayeron en segunda ronda, Duke y Georgia Tech ya lo hicieron en primera. Por ahora el parcial es de 6-6, nada que se corresponda con el hype que habitualmente acompaña a esta Conferencia.
2. La veteranía es un grado. Los dos finalistas del año pasado, FLORIDA y UCLA, solventaron sendos enfrentamientos de segunda ronda no exentos de complicación.
Los Gators se deshicieron en los últimos cinco minutos de una Purdue roqueña,- donde el prometedor Matt Painter parece haber recogido el legado de Gene Keady, como manufacturero de overachievers- tirando de la veteranía de Corey Brewer, Al Horford y Joachim Noah, quienes se mostraron infalibles cuando más caliente estaba la bola.
Lo del hijo de Tito este año esta siendo de escándalo, digno de Player of the Year.
UCLA se dejó sorprender por Indiana en los últimos 5 minutos, los Hoosiers llegaron a empatar en el último minuto tras ir por detrás todo el encuentro, pero Arron Afflalo, otro upperclassmen con callo, sacó las castañas del fuego desde la línea de tiros libres
3. La veteranía es un grado II. Se habla de OHIO STATE como de un equipo inexperto, pero se olvida que del campeón de la Big Ten del año anterior aun quedan en plantilla 3 seniors titulares, y uno de ellos, el escolta Ron Lewis, sacó el fusil cuando la cosa estaba perdida ( -9 a 3 minutos) para mandar el partido a la prorroga con un triple in extremis. En tiempo suplementario, con Greg Oden descalificado, 7 puntos consecutivos de su coleguita Mike Conley Jr remataron a los Mosqueteros de Xavier.
4. Retorno Rebelde. La legendaria UNLV, de la mano del binomio Kruger, padre entrenador e hijo director, regresa al palcoscénico del basket universitario haciendo presa de una alicaída Wisconsin, a quien la baja de Brian Butch parece haber dejado herida de gravedad.
Wendell White y Michael Umeh no son Larry Johnson y Stacey Augmon, pero en Sin City no están para remilgos de vieja gloria. Carpe Diem.
5. Tennessee rules¡¡¡. Un estado en depresión profesional, esos Grizzlies que andan de capa caída, ha encontrado la ilusión en sus equipos de basket universitario:
TENNESSEE con su bombardero Chris Lofton y dos freshmen pata negra, Wayne Chism y Duke Crews, VANDERBILT con tres triplistas irredentos, Derrick Byars, Shan Foster y Dan Cage, y MEMPHIS con un ejército de las tinieblas liderados por el maquiavélico John Calipari, se han metido en los dulces dieciséis.
Los Tigres tienen pinta de que pueden sorprender a su nº 1 regional, Ohio State, y empacar para el Georgia Dome.
6. Mid Majors al poder. El panorama universitario ha cambiado tanto esta última década que equipos como BUTLER y SOUTHERN ILLINOIS ya no son una sorpresa.
Las universidades medias, las Miramax del college basketball, se han rebelado a los grandes estudios (véanse Arizona, Indiana, Duke y Kentucky ya fuera de juego) y con modestos presupuestos están consiguiendo películas altamente meritorias y moderadamente taquilleras.
En las manos del potente rastafari Jamaal Tatum y el impávido redneck A.J Graves, dos secundarios de lujo, está emular el milagro de George Mason en la pasada edición.
7. En busca de la dignidad perdida. La Pacific Ten había quedado desdibujada dentro del grupo de las majors durante los últimos años, pero esta temporada ya en liga regular fue un tiovivo de sorpresas y emoción.
La presencia de OREGON y USC, dos segundonas habituales, junto a la eterna UCLA viene a ratificar una sensación de regeneración deportiva en el Oeste Americano.
Los Ducks han logrado cristalizar sus esfuerzos reclutadores (Malik Hairston, Bryce Taylor, Aaron Brooks) tras varios años de decepciones y su entrenador Ernie Kent ha conseguido salvar el pescuezo. Atención a la pareja formada por Brooks y el freshman Tajuan Porter, cuando se ponen a enchufar de tres es un espectáculo pirotécnico
Los Trojans van camino de emular a sus primos futboleros, y presentan un equipo muy atlético que se siente más a gusto cuanto más rápido es el juego, liderados por el espectacular swingman Nick Young y el veterano base Gabe Pruitt.
8. En busca de la dignidad perdida II. La otra gran conferencia de este año, con sus apasionantes duelos durante la temporada regular y la presencia del extraterrestre Kevin Durant, ha sido la Big Twelve.
KANSAS y TEXAS A & M certifican la recobrada grandeza de esta conferencia histórica.
Los Jayhawks siguen siendo los favoritos para quien esto suscribe, aunque aun están por pasar ese trago amargo que todo campeón ha de probar antes de levantar la última copa. Los Bruins de UCLA, en una presumible final del West en San José seguro que no lo pondrán fácil, pero este equipo tiene demasiadas armas que inutilizar.
Los Aggies, de la mano de Billy Gillespie, han escalado desde las profundidades de la conferencia, y el dúo de veteranos integrado por el base Acie Law IV y el pívot Joseph Jones mantienen el control, incluso en los momentos más exigentes, como se demostró ante Louisville en un ambiente contrario como el de Lexington.
9. Siempre la Big East. Es una de las conferencias más jóvenes, pero casi nunca falla. En liza quedan las dos grandes dominadoras de este año, GEORGETOWN y PITTSBURGH.
Los Hoyas parecen lanzados, habiendo hallado dos inopinados líderes en el gigante afable Roy Hibbert, y el base comedido, pero letal, Jonathan Wallace. North Carolina en la final regional del Este parece la última frontera para el retorno a la élite colegial.
Los Panthers amenazan con batir el record de menor anotación de la era moderna en su choque ante UCLA, el maestro contra el alumno, pero algún año han de dar la campanada. El siete pìes Aaron Gray parece demasiado cansado al llegar el final de la temporada como para tanto.
10. Apuestas. Decir college basketball, es decir apostar, así que, aún a riesgo de no dar ni una, hay van nuestras cuatro para la Final Four: FLORIDA, KANSAS, GEORGETOWN, MEMPHIS.
Existe en el deporte profesional una polémica que cíclicamente se reproduce, atinente a su propia esencia, pero muchas veces planteada al socaire de acontecimientos puntuales, antes como reacción impetuosa que como reflexión reposada.
Y trata sobre cual debe ser el valor prevalente en el deporte en cuestión, si obtener un resultado- ganar- o intentar conseguirlo conforme a un modelo estético- convencer.
En el mundo del fútbol dicha polémica sirvió de arma arrojadiza para los viscerales críticos de Javier Clemente, técnico al que difícilmente podría recusarse de seguir un criterio resultadista, por lo que había que acudir a la coartada “espiritual” en aras de socavar su imagen y credibilidad.
Curiosamente los principales suscriptores de esa línea argumental- lo vistoso, atildado y lìrico por encima de lo pragmático y material- presentaban como evangelistas de esa alternativa decorosa a ilustres y verbosos fracasados, como el argentino Jorge Alberto Valdano, su escudero Angel Cappa o el corresponsal ibérico Juan Manuel Lillo.
El paso del tiempo, caprichoso y retorcido, ha dejado al descubierto lo fútil e interesado de aquellas críticas, al punto que aquellos feroces censores guardan hoy silencio ante el fárrago sin resultados de nuestro actual seleccionador nacional, uno de los nuestros, o mejor, los suyos.
En nuestro deporte, el litigio empieza a cobrar carta de naturaleza a raíz del triunfo del CSP Limoges en la Copa de Europa de 1993, a cuenta de dos equipos más poderosos en lo económico y en apariencia más talentosos, casualmente liderados por los dos jugadores más estrosos de la historia del baloncesto continental: el pívot lituano Arvydas Romas Sabonis y el alero croata Toni Kukoc.
De aquellos sorpresivos acontecimientos, permanece, como divisa sincrética del rechazo al mal gusto deportivo, un término utilizado ad nauseam: el basket tostón.
Echando la vista atrás, se hace difícil encontrar antecedentes en este excluyente criterio estético, es más, señaladamente en el deporte del baloncesto, con su impronta de juego de férrea e intrincada táctica, duelo de inteligencias, de perfecto campo de batalla para taimados estrategas, por oposición al caótico y azaroso fútbol, una buena urdimbre de tramas y trampas y un técnico/mariscal con capacidad de dirigir las operaciones nunca fueron mal vistos.
Aun más, diríase que ese era, es y será precisamente The name of the game.
Al fin y al cabo ¿Quienes fueron los señores de la cosa hasta mitad de los 80? ¿Quiénes alimentaron su propia leyenda como dominadores de los partidos a su voluntad, decidiéndolos en los últimos cinco minutos? ¿Quiénes hicieron del in crescendo táctico, de la intensidad progresiva los más temidos enemigos de sus víctimas?
Los italianos, perpetuos oligarcas de las competiciones continentales en los setenta y ochenta (22 títulos), fueron acusados de muchas cosas, pero pocas, y casi siempre desde la frustración, de jugar feo o aburrir al personal.
Se habla de la escuela yugoslava (15 títulos en los 70 y 80) como paradigma de lo sublime, pero su indiscutido maestro Asa Nikolic, y algunos de sus más aprovechados miembros (Mirko Novosel, Dusan Ivkovic, Boza MaljKovic, Zeljko Obradovic....) fueron reconocidos principalmente por sus espartanos métodos de entrenamiento físico y sus draconianos planteamientos defensivos.
Y sin embargo, como un meteorito que cae en la espesura de un bosque, de repente en aquella infausta primavera de 1993 se acuña el concepto oportunista y falsario del basket tostón.
Oportunista porque trata de explicar una historia de frustración de dos colosos económicos plagados de estrellas a manos de anónimos proletarios como Marc M,Bahia, Franck Butter, Jimmy Verove o Willie Redden.
Y digo falsario porque, a mi aviso, un deporte, y más si es profesional, es una actividad que tiene un solo objetivo justificable en sí mismo: el resultado; gana el que obtiene más tantos, recorre una distancia en menos tiempo, lanza más lejos o recaba una mayor puntuación de un jurado.
Pero en todos estos casos, hay un elemento común, un criterio mensurable que decide al ganador.
Otros objetivos de índole más subjetiva (divertirse, tonificarse, hacer vida social, entretener al público, etc) sin ser desdeñables, no pueden erigirse en protagonistas de la actividad deportiva, so pena de desvirtuarla.
Sentado esto, la pregunta es obvia:
En el deporte ¿Qué importa el cómo se obtiene el resultado a efectos de ponderar su mérito?
En baloncesto, además, se ha creado otro espejismo argumental, según el cual, el ataque es más importante y vistoso que la defensa, que tiene como fementidas derivaciones asertos tales como que un partido de pocos puntos es de menos calidad que otro con altos tanteos, o que el basket control asesinó este deporte.
En mi opinión, ataque y defensa son indisociables, pues son las dos caras de la misma cosa: el baloncesto. Ganarás cuando tu defensa anule el ataque contrario o cuando tu ataque supere la defensa del otro. En el delicado equilibrio y contraste entre ambas facetas del juego reside gran parte de la belleza de este juego, tanto más bello cuanto más se acercan los polos opuestos.
Pero hablar de defensa y ataque como dos entidades autónomas me parece una gran mentira.
Puede que sea un criterio muy personal, pero en mi recuerdo los partidos que más vívidos permanecen son aquellos tensos e intensos, de canastas laboriosas y memorables, precisamente los que desdicen las teorías que asocian aritmética y belleza, vinculando la calidad del juego a la exuberancia del marcador.
Quien esto suscribe pocas veces disfrutó más que con el Caja de Ronda de Mario Pesquera o con el basket italiano de los 80, cuya apoteosis fue la final de la Copa de Europa disputada entre la Ford Cantú de GianCarlo Primo y la Billy Milano de Dan Peterson.
Viene también a cuento aquí, el referente del basket universitario, cuya etapa de esplendor coincide con un maremagnum de reglas aparentemente antiestéticas, como la posesión de tiempo ilimitado.
Aquel instrumento que, sobre el papel, debiera haber socavado la belleza ínsita al college basketball, no solo tal no hizo, sino que deparó algunos de los partidos tácticamente más inolvidables de la historia, fruto de la sublimación de las estrategias y contraestrategias pergeñadas para disfrutarlo o anularlo.
Quiere decirse con esto que nunca en aras de una defensa de un concepto de lo estético puede desnaturalizarse la esencia de toda actividad deportiva: la lucha por ganar, por superar al contrincante.
Precisamente la íntima naturaleza de cada deporte, y en esto el basket es de los más ricos y prolijos, se encargará de generar los contrapesos a cada amenaza, procurando los recursos para que sin renunciar a la esencia competitiva, el deporte en cuestión siga captando el interés del espectador.
Según mi personal criterio, no es mala una fricción entre esencia competitiva y criterio estético, lo que es pernicioso es subordinar la búsqueda del resultado al divertimento de terceros, en este caso los espectadores.
Me recuerda tal posición a quienes, casi siempre en época de crisis de las secciones de fútbol, preferentemente la merengue, proyectan las malas audiencias televisivas para poner en solfa la calidad de una competición, la ACB, que nunca estuvo mejor organizada, fue más competida y seguida en directo que en la actualidad.
Tanto los que quieren el “xogo bonito” como los que anhelan las siglas futboleras, incurren en una falta de respeto hacia la competición al querer programar su azaroso decurso.
Pretender hacerlo, es jugar a demiurgos, es hacer trampas, es en fin, iniciar un peligroso recorrido por la senda donde acaba el deporte y empieza el mero espectáculo.
Y muy triste sería que el basket, a golpe de cortejo a la masa, deviniera en un Pressing Catch cualquiera, con desarrollo y resultado a la carte .
El basket no tiene que ser ni justo ni democrático, es sólo un cóctel de estrategia, atleticismo, intensidad, aletoriedad y verdad.
O, dicho en una palabra, es deporte.
Terminábamos el primer capítulo, haciéndonos dos preguntas:
Con el bagaje acumulado por Jura durante sus primeros siete años en el spaghetti Circuit, y si tan bueno era,
¿Cómo es que no llego a debutar en la NBA?
Y sobre todo,
¿Por qué no fichó nunca por alguno de los grandes de Italia, mismamente por el tradicional rival local, la Olimpia Milano?
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Al cielo una mirada larga
buscando un poco de mi vida.
Mis estrellas no responden
para alumbrarme hacia tu risa.
Olas que esfuman de mis ojos
a una legión de tus recuerdos.
Me roban formas de tu rostro
dejando arena en el silencio.
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Es cierto que Jura nunca jugó en la NBA, los Chicago Bulls lo eligieron en 3ª ronda. pero no tenía grandes perspectivas allí, no en vano, a pesar de su gran carrera en Nebraska, se le veía como un jugador algo tosco y no suficientemente pesado, de hecho el mismo reconoce que fue en Italia donde aprendió a jugar cara al aro, a sacar partido de su atleticismo y que en la universidad solo lo utilizaban para lanzar ganchos aprovechando su altura.
Por aquel tiempo, Chicago vagaba por zonas templadas de la mano de gente como Chet Walker y Bob Love, y no había hueco para un pívot blanquito que no intimidaba con su aspecto ni era garantía de espectáculo.
No fue esta la única intentona de Jura con los pros, años más tarde, siendo ya leyenda en Milán viajo a los USA y probó con los Cavs de Cleveland, pero parece que el poder negro de los Austin Carr, Campy Russell y cía, viéndolo como una amenaza para un posible puesto de uno de los “hermanos”, boicoteó su candidatura y tuvo que regresar al Spaghetti Circuit, entre la algarabía de sus admiradores.
En todo caso, quienes le vieron jugar aseveran que era un tipo de baloncestista más de ABA que de NBA, su ductilidad, su espectacularidad y su proclividad por el big play parecían casar más con el juego de excesos de la liga de las bolas tricolores que con el basket más táctico y prolijo de los primos ricos.
Al final, por una u otra razón, Jura parecía estar abocado a terminar siempre en lado débil, en la cara oculta de la luna, ya fuera en High School, en NCAA, en Milán o en el basket profesional.
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Te busco perdida entre sueños
el ruido de la gente me envuelven en un velo.
Te busco volando en el cielo
el viento te ha llevado como un pañuelo viejo.
Y no hago mas que rebuscar
paisajes conocidos
en lugares tan extraños
que no puedo dar contigo.
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Queda por resolver una segunda incógnita, atinente a su no fichaje por una gran escuadra italiana.
Recordemos que cuando Jura llega a Italia, ficha por el equipo débil de Milán, la Pallacanestro Milano, donde vive siete años de esplendor, Tras un excurso suizo de dos años, en Lugano, vuelve a Italia, donde jugará sus últimos años en la Superga Mestre y en Bérgamo.
En cualquier caso son varias las posibles razones que puedan ayudarnos a comprender por qué el pívot no acabó recalando en cualquiera de los grandes equipos de Italia.:
- Si tomamos como grandes a Varese, Cantú, Olimpia y Virtus, vemos como el posible puesto de Jura, como segundo americano, era ocupado por gente más oscura que acompañara al estrellón de turno (los Raga, Morse, Roche, McMillian, Neumann, Boswell, Flowers y cía), en esto creo que las asombrosas cifras del de Nebraska pudieran jugar en su contra al percibírsele como cabeza de ratón, inhábil para ser cola de león, es decir incapaz de ser uno más junto a otras estrellas de su misma jerarquía.
- Por otra parte, en el caso de su no fichaje por la Olimpia, además de por la rivalidad generada en tantos enfrentamientos, acaso Jura no fuera un nombre sonoro, el típico americano con historial de campanillas, que se trajeran de los USA, directamente de la NBA o la ABA, y despertara gran expectación entre prensa y público, al estilo de los Skip Thoren, Austin “Red” Robbins, Antoine Carr, Earl Cureton o Joe Barry Carroll. No olvidemos que a partir de la temporada 76-77 el americano Mike D,Antoni es un fijo y se buscaba siempre un pívot dominador para acompañarlo.
Stefano Micolitti, uno de los mayores admiradores del jugador, sostiene la tésis que si la Olimpia hubiera fichado a Jura en lugar de americanos como John Gianelli, o CJ Kupec, la era de dominación de las modernas scarpette rosse, con Meneghin, Mcadoo , Premier...., hubiera iniciado unos años antes. Es una idea, como cualquier otra, que nunca sabremos si se hubiera relevado como cierta o no.
Al mismo tiempo, es cierto que a pesar de sus grandes cifras y de la sensación que dejaba presenciar su juego variado y moderno, no le faltaron detractores, que alegaban que era un jugador egoísta, dedicado más a inflar sus registros estadísticos que a pensar en el equipo.
Nada más lejos de la realidad, pues los tres equipos italianos que tuvieron en sus filas al de Nebraska mejoraron espectacularmente sus clasificaciones año tras año con él en cancha.
Ya dijimos que la Xerox Milano alcanzó su tope, el 5º puesto, el último año de Jura, pero es que la Superga Mestre consiguió llegar a los cuartos de final en playoffs de la mano del pivot americano, y la Bérgamo alcanzar la deseada A1.
En definitiva, no se dieron las circunstancias para que este hombre pudiera jugar en un equipo a su nivel, lo que sin duda le hubiera propulsado al estrellato más allá del país trasalpino, expulsándolo del dulce anonimato en el que permanece actualmente.
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En cualquier huella te persigo
en una sombra te dibujo
huellas y sombras que se pierden (en la soledad)
la suerte no vino conmigo.
Te busco perdida entre sueños
el ruido de la gente me envuelven en un velo.
Te busco volando en el cielo
el viento te ha llevado como un pañuelo viejo.
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Curiosamente, tras su época milanesa Jura emigró, como tantas otras estrellas de la pallacanestro, entre ellas el inolvidable Charlie “Sax” Yelverton, a la liga Suiza. Se alude a cuestiones económicas para justificar su salida de Milán, aunque el propio Jura reconocía que tras siete años al máximo nivel en Italia, necesitaba un poco de relax, así como un calendario menos apretado que le permitiera controlar mejor sus inversiones en su Columbus natal.
Allí en Suiza, en la Federale de Lugano, Chuck formó pareja con otro mito de la pallacanestro, el mejicano saltarín Manolito Raga. Queda la duda si en la liga del pais vecino permitían jugar con dos balones.
Sin embargo antes de su retirada, Jura regresaría a su hogar baloncestístico, dando muy buen rendimiento dos años en la Superga Mestre- formando pareja con el pivot ex pro John Brown- y en Bérgamo.
Para los que se lo pregunten, hoy en día, Jura vive retirado en Columbus, Nebraska, tras deshacerse de varios negocios de restauración, pizzerías y moteles, en los que estuvo ocupado los últimos años.
Deportivamente, sigue la carrera de su hijo, aunque mata el gusanillo jugando en competiciones internacionales para veteranos con un equipo de Chicago, de hecho hace cinco años participaron en el mundial para mayores de 50 en Melbourne y este año en el de 55 de Canadá.
¿Adivinan quien ganó? Genio y figura…….
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Y no hago mas que rebuscar
paisajes conocidos
en lugares tan extraños
que no puedo dar contigo.
Te busco
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Y esto es todo cuanto se puede contar sobre este gigante desconocido del basket italiano y europeo, tan grande fue que, cuando en 1978 se marchó a jugar a la cercana Lugano, sus seguidores organizaron comitivas que hacían el trayecto para verle actuar en la modesta liga del país vecino.
Ellos no iban a Lugano para ver basket, sin duda iban a dar homenaje al ídolo de su juventud, al espejo de sus ilusiones, al sheriff del Palalido, a quien les hizo vislumbrar las luces de su ciudad, otrora exclusivas del gran rival deportivo, quien arrojó luz sobre una historia de sombras; ellos querían rendir tributo al incomparable Chuck Jura.
Algunos americanos encontraron en Europa su verdadera dimensión, aquella en que sus talentos latentes pudieron manifestarse en toda su intensidad.
Jura fue uno de ellos, seguramente de haberse quedado en América hubiera quedado confundido en una categoría tan gris como bien repetida, la del hombre alto blanco sin talento, la del jugador de cuota, carne de banquillo, punching ball de la estrella negra en los entrenamientos.
Gracias a su paso por Italia, se hizo un nombre, se convirtió en leyenda, forma parte del exclusivo panteón de grandes americanos de la historia de la pallacanestro.
En fín, espero al menos que estas líneas hayan servido para darles a conocer a este gran jugador, para reivindicarle para nuestra memoria, y quien sabe si para excitar la curiosidad de algún aficionado que pueda alumbrar aun más lo que fue una carrera irrepetible, aunque mayormente ignorada.
Se lo agradeceremos.