El pasado viernes se emitió un programa especial de Basketaldia, el peculiar espacio dedicado al basket que dirige Josean Sáiz en la emisora Segura Irratio.
Se quiso hacer algo nuevo, casi dos horas de tertulia nostálgica acerca de los americanos que han ido pasando por la historia de la ACB.
Un trasvase de medio de aquel hilo que entre muchos foreros creáramos en el foro oficial de la ACB, y que nos tuvo ocupados entre tres y cuatro años.
Para la ocasión, contamos con dos protagonistas de lujo, si de americanos hablamos:
- Mario Pesquera, ex entrenador de Valladolid, Zaragoza, Málaga y Seleccion Española, y hombre que trajo a España a gente como Steve Trumbo,George Singleton, Granger Hall, Wendell Alexis, Michael Young, Floyd Allen, Joe Arlauckas, Ricky Brown, Dennis Hopson...... o entrenó a mitos como Nate Davis o Mike Phillips.
- Jordi Román, periodista con más de 25 años siguiendo el basket nacional e internacional, de las páginas de Nuevo Basket a las de El Mundo Deportivo, donde ahora trabaja, y que es una de las máximas autoridades en la materia.
Ya digo que fueron casi 120 minutos plagados de recuerdos, anécdotas e interesantes reflexiones, un lujo en estos tiempos acelerados y livianos.
Me permito colgarlo aquí porque se emitió en una emisora local, a la que muchos no tenemos acceso en directo, y me consta que por esta página pasan muchos veteranos, voluntarios esclavos del recuerdo, que disfrutarán oyéndolo, más en estas fechas que hay tiempo libre.
Aquí os dejo el enlace, y que lo disfrutéis.
http://www.allstarnba.net/basketaldia/BasketAldia306.mp3
Solo me queda desearos lo mejor para el 2008 que viene, que se cumplan al menos algunos de vuestros deseos, y que lo viváis con salud, paz y libertad.
De vez en cuando es grato, y conviene, reflexionar sobre la evolución del basket continental, más concretamente en punto a los cambios acaecidos en la élite de equipos europeos desde que nace la Euroliga, y la influencia que esos cambios haya podido producir en un hipotético ranking histórico.
La elaboración de estos rankings resulta un ejercicio tan injusto como irresistible, a todos nos gusta cuantificar el éxito, y si bien los resultados no tienen por qué ser científicos, sí consiguen darnos una idea aproximada del estado de la cuestión, y animar debates al respecto.
Entrelazando el hoy y el ayer, se pueden establecer varias premisas para enjuiciar los merecimientos de unos y otros, determinando los siguientes parámetros:
- Títulos conseguidos, éste ha de ser el criterio cardinal, dando preferencia a las Copas de Europa. Aquí se plantea la paradoja de que los títulos secundarios, Recopas y Koracs/Ulebs, son en muchas ocasiones síntomas de “debilidad”, en la medida que los trofeos menores son el destino de los equipos que no han alcanzado, en sus competiciones internas, el nivel necesario para pelear por el máximo galardón, aunque no dejan de ser títulos que dan lustre a los historiales de los equipos que los consiguen.
. - Continuidad en la élite europea, a lo largo del tiempo, es un factor que contribuye a dotar de prestigio a un equipo, el estar siempre en lo más alto, aunque esta presencia no se haya manifestado en títulos, confiere solera a las diferentes escuadras.
. - Impacto concentrado sobre una determinada época, precisamente para mensurar un intangible que hace que un equipo permanezca en la memoria de los aficionados aunque no haya gozado de la continuidad de otros.
. - Miscelánea subjetiva, son todas esas cosas que nos hacen preferir a un equipo sobre otro, y que no tienen una justificación objetiva: su nombre, nacionalidad, su cancha, su vestimenta, los patrocinadores, y lo más importante: los jugadores y técnicos que pasaron por sus filas.
Ciñéndonos al máximo titulo continental, la Copa de Europa, ahora conocida como Euroliga, hasta mediados de los 80, Madrid y Varese habían sido comúnmente considerados los dos grandes de la historia del basket europeo, los ecos de su legendaria rivalidad de los 70 impregnaban el recuerdo entre los estudiosos de la cuestión.
7 a 5 era el parcial histórico a favor de los blancos, dejando muy lejos al resto de aspirantes, tanteo que solo ha sufrido una variación, la octava Copa del Madrid, conseguida en 1.995 en Zaragoza ante Olympiakos.
Cantú, Cibona, Milán y Split, acapararían galardones en la década de los 80 e inicios de los 90, tras la cual se ha entrado en una época convulsa, marcada por el cisma de la FIBA y la Euroliga, que sucintamente ha supuesto, en la última década, la vuelta al primer plano continental de los históricos CSKA y Maccabi, así como la irrupción del Panathinaikos y la Virtus, que les ha permitido asentarse en ese exclusivo club de los más grandes de la historia.
Partiendo de estas premisas básicas, podemos elaborar el siguiente TOP TEN HISTÓRICO EUROPEO:
1 Real Madrid, (8 Copas de Europa*, 4 Recopas, 1 Korac y 1 ULEB). Es el dominador conjunto en los 60 y 70, compartiendo galones con CSKA y Varese respectivamente. En la primera parte de los 80 a duras penas se mantiene, para desaparecer, desplazado por el FC Barcelona a nivel nacional, volviendo en los 90 de manera esporádica, pues permanece inédito en la primera década del siglo XXI. Por el momento, nadie amenaza su privilegiada posición a corto plazo.
2 Maccabi Tel Aviv, (5 Copas de Europa) posiblemente sea el equipo en el que el factor continuidad sea más acusado, favorecido por su tiranía deportiva en la competición local. Desde que irrumpe en escena, a mediados de los 70, hasta nuestros días, ha sido una presencia en mayor o menor medida, como atestiguan sus 12 finales disputadas.
3 Pallacanestro Varese, (5 Copas de Europa, 2 Recopas) desaparecido de la élite desde los inicios de los 80, cuando cae el imperio Borghi-Ignis, su record histórico de diez finales consecutivas de Copa de Europa hace que la llama de su leyenda siga ardiendo, 25 años más tarde.
4 CSKA Moscú, (5 Copas de Europa). Dominador en los 60, se mantiene en segundo plano en los 70 y parte de los 80, para pasar un largo periodo de hibernación, al socaire de los fenómenos socio-políticos que afectaron a la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La llegada del nuevo siglo, devenidos en imperio económico, los devuelve al máximo nivel de los grandes de Europa.
5 Olimpia Milano, (3 Copas de Europa. 3 Recopas, 2 Korac). Su hegemonía en la que fue mejor liga del continente, hasta inicios de los 90, no se tradujo en términos europeos, aun así, por títulos y presencia, merece estar alto, y podemos olvidar su última década ominosa.
6 Pallacanestro Cantú, (2 Copas de Europa, 4 Recopas, 4 Korac). La cuasi infalibilidad, durante dos décadas, en las grandes finales de todas las competiciones europeas es el factor determinante en la valoración de otra escuadra trasalpina inmersa en un periodo de decadencia sin horizonte, pero con un lustroso pasado cuyos fulgores aún perduran.
7 KK Split, (3 Copas de Europa y 1 Korac). Un club croata que destacó en los primeros 70, finalista en 1.972, se convierte en el tránsito de los 80 a los 90 en un caso de dominación absoluta y concentrada, solo citar la palabra Jugoplastika exime de ulteriores explicaciones.
8 Panathinaikos Atenas, (4 Copas de Europa). Tras una fugaz aparición en semis de Copa de Europa en 1972, no asoman la cabeza hasta mediados de los 90, de hecho, de 1.984 a 1.998 ni siquiera ganan su Liga. En estos momentos, representa el máximo poder europeo.
9 Virtus Bologna, (2 Copas de Europa, 1 Recopa). Otra escuadra cuya leyenda va más allá de sus títulos, los años 70, 80 y 90 han presenciado la evolución de las uvenere, que a raíz de una crisis económica han quedado tocadas del ala.
10 Cibona Zagreb, (2 Copas de Europa 2 Recopas). Los 80 fueron su etapa de reinado, pero antes y después han seguido siendo parte de la historia de nuestro deporte.
Como vemos, todos los equipos que integran el elenco de grandes tienen, como mínimo, 2 máximos cetros continentales, y algunos poco más, la razón de ello es que, siendo dominadores en sus ligas internas, casi siempre disputaron la Copa de Europa, como es el caso de CSKA y Maccabi.
El movimiento más llamativo, a mi juicio, en los últimos años ha sido el sorpasso protagonizado por el equipo macabeo a expensas de Varese, que se justifica porque a igualdad de títulos, hay que ponderar la continuidad.
Ciertamente el CSKA también parece en trance de desplazar a la mítica escuadra lombarda en el top 3.
A algunos les puede chocar que Panathinaikos, el club más fuerte de Europa actualmente, solo sea octavo, cuando por títulos máximos debiera ser quinto. Ello se justifica por el factor continuidad, ya que no es hasta mediados de los 90 que aparecen los helenos en la élite del basket continental, y una década de fructífera dominación, con 4 Euroligas, no puede solapar las presencias históricas de Milán, Cantú, y , en menor medida, Split.
En todo caso, los verdes al acabar esta década podrían ingresar en el selecto club de los 5 e incluso 3 primeros, de seguir su extraordinaria racha de títulos.
Precisamente el caso Split merece una consideración especial, pues lo que más se toma en cuenta es su impacto sobre una época, al punto que si se estableciera un ranking de mejores equipos por temporadas, alguna de las formaciones de la Jugoplastika debiera encabezar el listado.
El ganador de las tres primeras ediciones de la Copa de Europa, el ASK Riga, tampoco aparece en el ranking, fundamentalmente porque su jerarquía no ha tenido continuidad y por la lejanía de sus logros, que los arroja a las oscuras aguas del anonimato.
Quedan fuera, igualmente, grandes equipos que han tenido presencia continua en Europa no acompañada de éxitos, como el Zalguiris, Limoges, Barça, Joventut, Olympiakos, Bosna, etc, etc, que a buen seguro sí aparecerían en las listas de otros aficionados.
De hecho, habrá tantas listas como aficionados dispuestos a elaborarlas.
* El término Copa de Europa engloba tanto al viejo título como a los más modernos de Liga Europea, Euroliga y Suproliga.
Con el paso del tiempo, el viejo sueño europeo de la unión se ha venido materializando en distintos ámbitos, y de ellos, el que aquí importa reseñar es el del baloncesto.
Fue en las páginas de NUEVO BASKET, ¡como no!, que leí por primera vez acerca de una idea embrionaria, basada en el concepto NBA, de una liga que abrazara todo el territorio europeo, un ambicioso concepto que a la sazón sonaba demasiado improbable.
Aún recuerdo que una de las bases de ese proyecto era implicar con el basket a aquellas ciudades emblemáticas de Europa en las que nuestro deporte no había prendido lo suficiente, concretamente París, Londres, Amsterdam, Berlín o Munich.
Se daba por hecho el éxito de este proyecto en las grandes ciudades históricamente asociadas al deporte de la canasta en el Viejo Continente como Madrid, Barcelona, Milán, Roma, Belgrado, Zagreb, Split, Sarajevo, Tel- Aviv, Moscú, Estambul, Salónica y Atenas.
Y se planteaban serias dudas sobre ciudades señeras, pero sin estructura para competir con las megápolis antes citadas, me refiero a pequeños emporios de baloncesto como Badalona, Zaragoza, Varese, Cantú, Caserta, Kaunas, Limoges, Pau, etc.
De eso hace 20 años, y el tiempo ha venido a disipar aquellas brumas, mostrando en todo su esplendor una Euroliga que es una competición viva, presente en todo el territorio europeo, capaz de atraer a grandes masas de audiencia, con fuertes patrocinios e intensa cobertura mediática, y con unos criterios organizativos cada vez más profesionales.
Es cierto que el modelo competitivo adolece de cierta indefinición, que hay muchos partidos que parecen intrascendentes, como ocurre en su referente profesional americano, pero no lo es menos que conforme se avanza en la competición, el interés aumenta y llega a su eclosión en la Final Four, que es un acontecimiento de primer nivel en el calendario deportivo mundial.
También es cierto que, excepción hecha de la Euroliga Honoraria del Sant Jordi, el tufillo casero y manipulador que desprendían los llamados “arbitrajes FIBA” ha ido desapareciendo, más allá de hechos puntuales perfectamente comprensibles en el concepto de error humano.
A día de hoy, tras la NCAA, esta es la competición que como espectador más me motiva, la que mayores alicientes muestra, la que a mi juicio tiene una propuesta global, y no solo hablo de lo meramente deportivo, más atractiva.
Me atrevería a sentenciar, aún a riesgo de que ello sea tachado como una boutade europeísta, que tres o cuatro equipos de la Euroliga serían equipos NBA bastante apañados, de los de luchar por alcanzar posiciones de playoffs, y alguno incluso podría pasar alguna ronda.
Fijémosnos en la competición actual, y veamos que los 24 equipos que compiten tienen algo en lo que posar nuestro interés, algún reclamo que se haga acreedor a nuestra atención:
En el histórico Aris, me interesa seguir la progresión de Reyshawn Terry, ver como cuatro años de college aún siguen valiendo para tener nivel en Europa.
En el no menos acrisolado Olimpia Milano, targato Armani, seguiré de cerca a una de las perlas de la cantera europea, Danilo Gallinari, hijo más que del arte de la lucha, pues su padre fue uno de los defensores más temidos de la pallacanestro clásica, un especialista en aquella Billy de Peterson & D,Antoni.
En el Axa Barça, todos estaremos atentos al final de las relaciones peligrosas, si es que se produce finalmente, valga la redundacia.
El Brose Basket presenta varios desperados NCAA, pero de todos ellos el que tengo ganas de ver es al australiano Luke Schenscher, reina por un Tournament hace tres años con los Yellow Jackets.
Roanne, preciosa ciudad by the way, será la nueva casa de uno de mis cadáveres exquisitos, Norman Nolan, de infausto recuerdo fuenlabreño, y en quien quiero seguir confiando.
En la Cibona hay un base pequeñito que hizo las delicias en las mejores canchas de la temible S.E.C., su nombre es Tre Kelley, y creo que hay que seguirle la pista.
En el Cska, no hay ojos para tanto bueno, pero me interesa sobremanera la escalada, lenta pero segura, de Ramunas Siskauskas a la más exclusiva élite de jugadores del basket europeo.
Loren Woods, el heredero fallido de Duncan en Wake Forest, es el referente del Efes Pilsen, un jugador muy esperado en Europa y que si encuentra motivación, puede dominar.
En el Ulker, uno de los hype más desquiciantes de la historia, James White, quintaesencia de un basket que deploro, tendrá ocasión de redimirse de sus atléticos pecados.
Todo el mundo hablará de Nicholas Batum en Le Mans, pero a mi quien de verdad me gusta es Antoine Diot, uno de esos directores de juego totales, una computadora, promesa de regeneración.
En el Rytas, otro cadáver exquisito, el ex Gonzaga JP. Batista, jugador que ha representado una pequeña decepción personal, pues esperaba que hiciera grandes cosas en Europa, y poco hemos visto de él.
En Roma, el morbazo del probable desquite de una atestada refusal room de la ACB: con Lorbek, Drejer y Ukic a la cabeza.
Tel-Aviv, la primera sucursal NBA en Europa, llama ahora la atención por sus productos nacionales, y así al consolidado, aunque poco reconocido Burnstein se une una pareja atractivísima: Yotam Halperin y Lior Elihayu.
En la bella Siena me atrae la bestia Eze, Benjamin, un nigeriano de Lagos que no baila, pero percute.
El Pireo y Philly nada tienen que ver, pero de la conexión Temple, Lynn Greer y Marc Jackson, dependen muchas opciones de Olympiakos.
Panatinaikos, o el camarote de los hermanos Marx, un nuevo puzzle que habrá de armar el consagrado Zeljko Obradovic.
En Partizan no me dejan otra opción, siento ser poco original pero este Nicola Pekovic parece que va en serio.
Si alguien me dice hace diez años que Travis Best jugaría en Polonia, me hubiera quedado asombrado, si me afirman que formaría backcourt con Juanny Wagner, el wonderboy neoyorkino, me hubiera dado un jamacuco.
En Madrid se juega la Final Four, y la pregunta es si los blancos tendrán Plaza, difícil, pero no imposible.
Baskonia, tras penar ante las jaurías soviéticas, macabeas y helénicas, por fin regresaba al calor de su tierra, pero perdieron demasiados marineros. Pablo, siempre Pablo, es mi última esperanza de verles Top of the World.
En Unicaja, la sombra de Garbo es alargada, y la mala sombra con Sergio empieza a alargarse. Panorama sombrío, pues.
Goran Dragic, con un ojo puesto en Vitoria, será la atracción máxima en Ljubljana, semillero inigualable, donde la juventud tiene que volver al poder, en un ciclo eterno.
Las legendarias Uvenere, tras pasar un calvario financiero, de nuevo asoman su tímido rostro a la Gran Europa y de su plantilla me llama la atención la presencia de un Spartan de pura cepa, el talentoso Alan Anderson.
Y llegamos al Zalguiris, donde juega Tanoka, de quien siempre pensé era el mejor físico que he visto en canchas europeas, lástima que la cabeza nunca le acompañara.
Como se ve, una competición apasionante.
Una de las peores consecuencias de la crisis de las libertades civiles, y entre ellas la de pensamiento, que nos aqueja, es el temor de opinar contra la corriente, intente usted oponerse a la línea de pensamiento, no ya oficial sino unánime, y de inmediato será tachado de hereje, bufón o renegado.
Ose poner en duda los axiomas ecuménicos y no terminará de hacerlo cuando se le venga encima la histeria colectiva.
Atrévase a disentir, y el anatema se cernirá sobre su cabeza.
Viene esto a cuento de la unánime “entronización” de Pau Gasol como mejor jugador español de la historia, iuris et de iure, sin asomo de duda ni posibilidad de réplica.
Vaya por delante mi admiración por el Pau persona y también por el jugador, y que admito como posibilidad bastante fundada el que pueda serlo, ahora bien, por lo que no paso es por la conclusión apodíctica, por el trágala litúrgico con que algunos talibanes, virtuales y non, pretenden imponer su criterio.
Siendo comprensivo con la candidatura más que solvente del catalán, su faceta indiscutible me parece tan disparatada como las afirmaciones que sitúan a Dirk Nowitzky como mejor jugador europeo de la historia o a Tony Parker como mejor base.
Y mucho tienen que ver estas abigarradas conclusiones con una suerte de cegación del progreso, que lleva a quienes la padecen a desechar el pasado, tachando de nostálgicos seniles a quienes tienen por costumbre respetar y conocer la historia, todo ello en aras de mirar a su presente, y su futuro, como algo mejor porque sí, como si la belleza tuviera una evolución lineal, programada, en precisa coreografía con sus íntimos anhelos.
A mi juicio, estos egotistas de su tiempo, siempre el mejor, acarrean una serie de taras que prejuzgan su criterio, y que podemos resumir en 5:
a) Rendimiento NBA como prueba definitiva. Los adoradores de Pau, como los de Dirk y Tony, se basan en los números y galardones que estos han conseguido en la NBA actual para soportar sus indiscutibles conclusiones. El argumento es tan simple como falsario, ¿Como va a compararse Fernando Martín con Pau, si aquel agitaba toallas en Portland y este es la estrella de Memphis?
¿Cómo atreverse siquiera a pensar que Sabonis, o el mismo Petrovic, es inalcanzable para Dirk, si el lituano nunca fue MVP de
¿Marzorati o Corbalán en la misma liga que Parker? Juasss, si ni siquiera debutaron en
Huelga decir que son muchos los indicios que se acumulan en decirnos que esta NBA no tiene nada que ver con “aquella”, que jugadores que allí eran el númeo 11, 12 o ni tenían hueco (Ricky Brown, Corny, Norris, Magee, Caldwell, Jackson, Russell, Arlauckas……….) aquí eran estrellas. Ahora vienen primeras rondas altas de draft que no es que no dominen, incluso algunos se arrastran por nuestros pabellones ( Tskitisvhli, Jacobsen, Moiso, Nolan, Humphrey, Troy Bell....)
Claro que el basket europeo en 20 años ha evolucionado a mejor, y mucho, pero ¿tanto como para que se haya producido esa revolución?
¿No será que
Es que ahora jugadores titulares en
Es que jugadores que aquí eran buenos gregarios (Varejao) o estrellas en ciernes ( Kirilenko, Herrmann, Nocioni) allí parten el bacalao nada más aterrizar.
Es que combinados de estrellas USA- plagados de All Stars- ya no solo es que no parezcan infinitamente superiores- como hace apenas 20 años lo parecieron los chicos universitarios de LA 84- es que hasta parecen impotentes ante las mejores selecciones FIBA en Olimpiadas y Mundiales.
¿Alguien seriamente piensa que los Jordan, Olajuwon, Ewing, Thomas, Barkley, por no citar a Bird, Magic, Erving, Malone, Jabbar y cía, sufrirían AHORA ante equipos de jugadores formados en Europa?.
No han pasado 15 años desde la demostración de Barcelona 92, pero los infatuados se niegan a ver.
Oiga, que las audiencias de
Oiga, que han tenido que fijar un límite de edad para el draft ante la puerilización del juego.
Nada, esta NBA es mucho mejor, todo evoluciona, cualquier tiempo futuro será el mejor, y eso no se discute.
Por tales razones me parece que la expresión “mejor de la historia” a la que son tan dados estos iluminados, debería ser sustituida por “mejor rendimiento en
b) Preeminencia de lo físico sobre lo intelectual. No existe una ecuación perfecta que nos diga en qué medida estos dos aspectos influyen en el juego conocido como baloncesto, pero creo tener claro que sin inteligencia no se va a ninguna parte.
A mi siempre me pareció que la cabeza es un elemento indispensable, fundacional, para poder ser un gran jugador, y la presencia de gente como Russell, Cosic, Walton, Meneghin, Bird, Epi, Creus, Bodiroga , o los actuales Papaloukas, Diamantidis, Garbajosa o Duncan, ejemplos de jugadores inteligentes, grandes exégetas del juego, en los planteles ganadores de títulos no hace sino ratificarlo.
Algo me dice que si gente de gran físico como Jordan u O,Neal no hubieran tenido bien amueblada la cabeza, habrían acabado como los Terence Stansbury o Baby Gorilla Dawkins de turno, freaks de recuerdo tan fugaz como liviano.
Sin embargo, los egotistas de su tiempo poco tardan en sacar a relucir la eugenesia musculosa de sus nuevos héroes como prueba de la indiscutible superioridad del juego actual.
Y en esa clave, un 2,14 con la movilidad de Pau, es un cyborg inalcanzable para gañanes como Fernando Martín o Andrés Jiménez.
En primer lugar, no es seguro que Gasol sea un mejor atleta que Martín, por ejemplo, sobre eso habría mucho que discutir, y en segundo lugar esa interpretación meramente física del juego, olvidando factores como la capacidad de leer el juego, el liderazgo, la intensidad, la garra y el orgullo, solo puede llevar a conclusiones perversas.
Por no olvidar la capacidad defensiva, algo en que estos adoradores de la antropometría no suelen fijarse.
La discusión, planteada en el reducido ámbito de las cachas y las medidas, está acabada para ellos.
Para mí, acaba de empezar, pues es precisamente en esos parámetros, que algunos llaman intangibles, donde creo que Gasol es más vulnerable, como lo demuestra el fiasco del equipo al que presuntemente lidera en la NBA, de mal en peor, aunque seguro que la culpa la tiene los otros.
Eso sí, será otro día………
Les contaré la historia tal como acaeció, sin cortes ni exageraciones, pues a veces los hechos no precisan más refuerzo que el ser narrados.
Leti Pappet me habló cierta vez de un amigo suyo- Josef Ortiga- que estaba en trance de muerte, aunque él no lo sabía.
La Unidad de Salud Preventiva, en los chequeos mensuales a los trabajadores, había detectado una forma incurable de cáncer de médula y la prognosis era de 30-33 días de supervivencia, con un porcentaje de éxito del 99, 54879 %.
Rápidamente, siguiendo el protocolo eutanásico, remitieron su expediente a
Dicho programa facilitaba al candidato la posibilidad de programar su muerte, otorgándole un último día en aquel escenario histórico que deseara, a fin de que sus últimos instantes en esta Vida fueran lo más placenteros posibles.
Una compleja técnica en la que se aplicaban, sucesivamente, hipnosis inducida y estimulación de ondas delta mediante gamas de infrasonidos y luces estroboscópicas, conducían al psiconauta a un estado de trance en el que pudiera recrear en su mente, como si lo estuviera realmente viviendo, ese escenario deseado.
Ortiga aceptó someterse al programa ERI inmediatamente que supo de su enfermedad Terminal, y era el candidato ideal, según le dijo a Pappet su Jefe en
Hombre introvertido, solitario, melancólico, aún joven, si el programa era efectivo no podían haber encontrado mejor cobaya que Ortiga.
El Protocolo de Actuación exigía que el psiconauta eligiera, con 5 días de antelación, la fecha y el lugar a donde debía ser inducido, así como el personaje, a fín de preparar la técnica hipnótica.
Ortiga eligió Long Island, el 13 de mayo del año 1976, sería un periodista del Newssday siguiendo al equipo de basket de los Nets, en una competición llamada ABA, que desaparecería ese mismo año.
Ese día Julius Erving y David Thompson, acaso los dos jugadores más salvajes y espectaculares de la historia del baloncesto, se veían las caras en el que sería el último partido de la historia de
El futuro psiconauta se despidió de sus escasos amigos, y a las 11:00 horas del 25 de enero de 2056 se encontraba en el diván del equipo neurólogico, presto a someterse a la técnica.
A las 12: 25 inició el periodo inducido de Josef Ortiga, el cual debía ya encontrarse en el inmenso Nassau Colliseum, atestado en sus casi 20.000 localidades, en algún lugar de la zona de prensa, quien sabe si a pie de pista.
Un día después, se producía la muerte cerebral, y sus restos eran trasladados al Depósito Estratosférico, para su cremación y eyección. ------------------------------------------------------------------------
Leti Pappet me contó esta historia hace unos días, cuando vino a comunicarme la mala noticia.
En ocho años, el programa ERI se había desarrollado y se aplicaba con regular éxito, y como sabía que yo también era un gran aficionado al baloncesto, lo uno llevó a lo otro.
Tras escuchar aquella historia, imaginando lo mucho que Ortiga debió disfrutar viendo aquellos momentos finales de
Había pasado varias noches en vela, no por el impacto de la noticia de mi inminente muerte, sino por la excitación de elegir el momento al que deseaba ser regresado.
Por mi imaginación transcurrieron
Finalmente, mi pasión por la pallacanestro me llevó a elegir el partido de desempate entre
Fue una batalla épica, decidida en el tercer partido a favor de los canturinos tras dos prórrogas, después de que ambos equipos hubieran obtenido sendas victorias a domicilio, en partidos también tensos e igualados.
Llegado el día, ansioso por asistir a esa joya del mejor baloncesto que nunca hubo en Europa, me presenté en el Centro de Bienestar Social y, antes de iniciar la hipnosis, Leti Pappet, ante mi curiosidad, me mostró una foto del expediente de Ortiga, que ya era para mí casi como un amigo.
Con la imagen del primer Psiconauta del ERI en mi mente, comencé el que sería mi último día sobre esta Vida. ----------------------------------------------------------------------------- El ambiente estaba caldeado en las ajadas y oscuras gradas del Palazzone, Tom Boswell celebraba estentóreamente la victoria con sus compañeros en el centro de la cancha, los tiffosi locales le imprecaban, amagando con invadir la pista, mientras Dan Petterson y Valerio Bianchini se saludaban fríamente. Cantú era finalista, eliminado a la gran favorita en su propia cancha, tras un partido memorable, y Mike D,Antoni marchaba con cara de pocos amigos a la bocana de vestuarios. Observaba al gran base italoamericano, allá sentado en la tribuna de prensa, aún excitado por lo que había vivido, cuando sentí como una mano se posaba en mi espalda. Al darme la vuelta, experimenté una sacudida brutal, al reconocer a la persona que me quería saludar. Contemplándole, en un momento pude comprender cuán arrogante era la ciencia de los hombres, pretendiendo expedir billete de ida y vuelta al pasado a quien ya vivía para siempre en él. Mirándole a los ojos, vi en ellos la felicidad del pasado eterno, y me dejé llevar, sabiendo que mi dicha no podía ser mayor: morir imaginando cuantos días de gozo habría disfrutado aquel Hombre que vivía en el Pasado, y cuantos me estaban por venir.
Milano, 25 de enero de 2056.