( publicado originalmente en ACB.COM)
1. Fiasco ACC. La NCAA ( o N-ACC para el caso) se resbaló eligiendo siete equipos de la Atlantic Coast Conference, confundiendo emoción con calidad, y dejando fuera a equipos con mayores méritos como Oklahoma State, Syracuse y alguna prominente mid-major .
A los Sweet Sixteen solo han accedido los Tar Heels de NORTH CAROLINA, no sin antes padecer ante una peleona pero limitada Michigan State.
Virginia, Virginia Tech, Maryland y Boston College cayeron en segunda ronda, Duke y Georgia Tech ya lo hicieron en primera. Por ahora el parcial es de 6-6, nada que se corresponda con el hype que habitualmente acompaña a esta Conferencia.
2. La veteranía es un grado. Los dos finalistas del año pasado, FLORIDA y UCLA, solventaron sendos enfrentamientos de segunda ronda no exentos de complicación.
Los Gators se deshicieron en los últimos cinco minutos de una Purdue roqueña,- donde el prometedor Matt Painter parece haber recogido el legado de Gene Keady, como manufacturero de overachievers- tirando de la veteranía de Corey Brewer, Al Horford y Joachim Noah, quienes se mostraron infalibles cuando más caliente estaba la bola.
Lo del hijo de Tito este año esta siendo de escándalo, digno de Player of the Year.
UCLA se dejó sorprender por Indiana en los últimos 5 minutos, los Hoosiers llegaron a empatar en el último minuto tras ir por detrás todo el encuentro, pero Arron Afflalo, otro upperclassmen con callo, sacó las castañas del fuego desde la línea de tiros libres
3. La veteranía es un grado II. Se habla de OHIO STATE como de un equipo inexperto, pero se olvida que del campeón de la Big Ten del año anterior aun quedan en plantilla 3 seniors titulares, y uno de ellos, el escolta Ron Lewis, sacó el fusil cuando la cosa estaba perdida ( -9 a 3 minutos) para mandar el partido a la prorroga con un triple in extremis. En tiempo suplementario, con Greg Oden descalificado, 7 puntos consecutivos de su coleguita Mike Conley Jr remataron a los Mosqueteros de Xavier.
4. Retorno Rebelde. La legendaria UNLV, de la mano del binomio Kruger, padre entrenador e hijo director, regresa al palcoscénico del basket universitario haciendo presa de una alicaída Wisconsin, a quien la baja de Brian Butch parece haber dejado herida de gravedad.
Wendell White y Michael Umeh no son Larry Johnson y Stacey Augmon, pero en Sin City no están para remilgos de vieja gloria. Carpe Diem.
5. Tennessee rules¡¡¡. Un estado en depresión profesional, esos Grizzlies que andan de capa caída, ha encontrado la ilusión en sus equipos de basket universitario:
TENNESSEE con su bombardero Chris Lofton y dos freshmen pata negra, Wayne Chism y Duke Crews, VANDERBILT con tres triplistas irredentos, Derrick Byars, Shan Foster y Dan Cage, y MEMPHIS con un ejército de las tinieblas liderados por el maquiavélico John Calipari, se han metido en los dulces dieciséis.
Los Tigres tienen pinta de que pueden sorprender a su nº 1 regional, Ohio State, y empacar para el Georgia Dome.
6. Mid Majors al poder. El panorama universitario ha cambiado tanto esta última década que equipos como BUTLER y SOUTHERN ILLINOIS ya no son una sorpresa.
Las universidades medias, las Miramax del college basketball, se han rebelado a los grandes estudios (véanse Arizona, Indiana, Duke y Kentucky ya fuera de juego) y con modestos presupuestos están consiguiendo películas altamente meritorias y moderadamente taquilleras.
En las manos del potente rastafari Jamaal Tatum y el impávido redneck A.J Graves, dos secundarios de lujo, está emular el milagro de George Mason en la pasada edición.
7. En busca de la dignidad perdida. La Pacific Ten había quedado desdibujada dentro del grupo de las majors durante los últimos años, pero esta temporada ya en liga regular fue un tiovivo de sorpresas y emoción.
La presencia de OREGON y USC, dos segundonas habituales, junto a la eterna UCLA viene a ratificar una sensación de regeneración deportiva en el Oeste Americano.
Los Ducks han logrado cristalizar sus esfuerzos reclutadores (Malik Hairston, Bryce Taylor, Aaron Brooks) tras varios años de decepciones y su entrenador Ernie Kent ha conseguido salvar el pescuezo. Atención a la pareja formada por Brooks y el freshman Tajuan Porter, cuando se ponen a enchufar de tres es un espectáculo pirotécnico
Los Trojans van camino de emular a sus primos futboleros, y presentan un equipo muy atlético que se siente más a gusto cuanto más rápido es el juego, liderados por el espectacular swingman Nick Young y el veterano base Gabe Pruitt.
8. En busca de la dignidad perdida II. La otra gran conferencia de este año, con sus apasionantes duelos durante la temporada regular y la presencia del extraterrestre Kevin Durant, ha sido la Big Twelve.
KANSAS y TEXAS A & M certifican la recobrada grandeza de esta conferencia histórica.
Los Jayhawks siguen siendo los favoritos para quien esto suscribe, aunque aun están por pasar ese trago amargo que todo campeón ha de probar antes de levantar la última copa. Los Bruins de UCLA, en una presumible final del West en San José seguro que no lo pondrán fácil, pero este equipo tiene demasiadas armas que inutilizar.
Los Aggies, de la mano de Billy Gillespie, han escalado desde las profundidades de la conferencia, y el dúo de veteranos integrado por el base Acie Law IV y el pívot Joseph Jones mantienen el control, incluso en los momentos más exigentes, como se demostró ante Louisville en un ambiente contrario como el de Lexington.
9. Siempre la Big East. Es una de las conferencias más jóvenes, pero casi nunca falla. En liza quedan las dos grandes dominadoras de este año, GEORGETOWN y PITTSBURGH.
Los Hoyas parecen lanzados, habiendo hallado dos inopinados líderes en el gigante afable Roy Hibbert, y el base comedido, pero letal, Jonathan Wallace. North Carolina en la final regional del Este parece la última frontera para el retorno a la élite colegial.
Los Panthers amenazan con batir el record de menor anotación de la era moderna en su choque ante UCLA, el maestro contra el alumno, pero algún año han de dar la campanada. El siete pìes Aaron Gray parece demasiado cansado al llegar el final de la temporada como para tanto.
10. Apuestas. Decir college basketball, es decir apostar, así que, aún a riesgo de no dar ni una, hay van nuestras cuatro para la Final Four: FLORIDA, KANSAS, GEORGETOWN, MEMPHIS.
Existe en el deporte profesional una polémica que cíclicamente se reproduce, atinente a su propia esencia, pero muchas veces planteada al socaire de acontecimientos puntuales, antes como reacción impetuosa que como reflexión reposada.
Y trata sobre cual debe ser el valor prevalente en el deporte en cuestión, si obtener un resultado- ganar- o intentar conseguirlo conforme a un modelo estético- convencer.
En el mundo del fútbol dicha polémica sirvió de arma arrojadiza para los viscerales críticos de Javier Clemente, técnico al que difícilmente podría recusarse de seguir un criterio resultadista, por lo que había que acudir a la coartada “espiritual” en aras de socavar su imagen y credibilidad.
Curiosamente los principales suscriptores de esa línea argumental- lo vistoso, atildado y lìrico por encima de lo pragmático y material- presentaban como evangelistas de esa alternativa decorosa a ilustres y verbosos fracasados, como el argentino Jorge Alberto Valdano, su escudero Angel Cappa o el corresponsal ibérico Juan Manuel Lillo.
El paso del tiempo, caprichoso y retorcido, ha dejado al descubierto lo fútil e interesado de aquellas críticas, al punto que aquellos feroces censores guardan hoy silencio ante el fárrago sin resultados de nuestro actual seleccionador nacional, uno de los nuestros, o mejor, los suyos.
En nuestro deporte, el litigio empieza a cobrar carta de naturaleza a raíz del triunfo del CSP Limoges en la Copa de Europa de 1993, a cuenta de dos equipos más poderosos en lo económico y en apariencia más talentosos, casualmente liderados por los dos jugadores más estrosos de la historia del baloncesto continental: el pívot lituano Arvydas Romas Sabonis y el alero croata Toni Kukoc.
De aquellos sorpresivos acontecimientos, permanece, como divisa sincrética del rechazo al mal gusto deportivo, un término utilizado ad nauseam: el basket tostón.
Echando la vista atrás, se hace difícil encontrar antecedentes en este excluyente criterio estético, es más, señaladamente en el deporte del baloncesto, con su impronta de juego de férrea e intrincada táctica, duelo de inteligencias, de perfecto campo de batalla para taimados estrategas, por oposición al caótico y azaroso fútbol, una buena urdimbre de tramas y trampas y un técnico/mariscal con capacidad de dirigir las operaciones nunca fueron mal vistos.
Aun más, diríase que ese era, es y será precisamente The name of the game.
Al fin y al cabo ¿Quienes fueron los señores de la cosa hasta mitad de los 80? ¿Quiénes alimentaron su propia leyenda como dominadores de los partidos a su voluntad, decidiéndolos en los últimos cinco minutos? ¿Quiénes hicieron del in crescendo táctico, de la intensidad progresiva los más temidos enemigos de sus víctimas?
Los italianos, perpetuos oligarcas de las competiciones continentales en los setenta y ochenta (22 títulos), fueron acusados de muchas cosas, pero pocas, y casi siempre desde la frustración, de jugar feo o aburrir al personal.
Se habla de la escuela yugoslava (15 títulos en los 70 y 80) como paradigma de lo sublime, pero su indiscutido maestro Asa Nikolic, y algunos de sus más aprovechados miembros (Mirko Novosel, Dusan Ivkovic, Boza MaljKovic, Zeljko Obradovic....) fueron reconocidos principalmente por sus espartanos métodos de entrenamiento físico y sus draconianos planteamientos defensivos.
Y sin embargo, como un meteorito que cae en la espesura de un bosque, de repente en aquella infausta primavera de 1993 se acuña el concepto oportunista y falsario del basket tostón.
Oportunista porque trata de explicar una historia de frustración de dos colosos económicos plagados de estrellas a manos de anónimos proletarios como Marc M,Bahia, Franck Butter, Jimmy Verove o Willie Redden.
Y digo falsario porque, a mi aviso, un deporte, y más si es profesional, es una actividad que tiene un solo objetivo justificable en sí mismo: el resultado; gana el que obtiene más tantos, recorre una distancia en menos tiempo, lanza más lejos o recaba una mayor puntuación de un jurado.
Pero en todos estos casos, hay un elemento común, un criterio mensurable que decide al ganador.
Otros objetivos de índole más subjetiva (divertirse, tonificarse, hacer vida social, entretener al público, etc) sin ser desdeñables, no pueden erigirse en protagonistas de la actividad deportiva, so pena de desvirtuarla.
Sentado esto, la pregunta es obvia:
En el deporte ¿Qué importa el cómo se obtiene el resultado a efectos de ponderar su mérito?
En baloncesto, además, se ha creado otro espejismo argumental, según el cual, el ataque es más importante y vistoso que la defensa, que tiene como fementidas derivaciones asertos tales como que un partido de pocos puntos es de menos calidad que otro con altos tanteos, o que el basket control asesinó este deporte.
En mi opinión, ataque y defensa son indisociables, pues son las dos caras de la misma cosa: el baloncesto. Ganarás cuando tu defensa anule el ataque contrario o cuando tu ataque supere la defensa del otro. En el delicado equilibrio y contraste entre ambas facetas del juego reside gran parte de la belleza de este juego, tanto más bello cuanto más se acercan los polos opuestos.
Pero hablar de defensa y ataque como dos entidades autónomas me parece una gran mentira.
Puede que sea un criterio muy personal, pero en mi recuerdo los partidos que más vívidos permanecen son aquellos tensos e intensos, de canastas laboriosas y memorables, precisamente los que desdicen las teorías que asocian aritmética y belleza, vinculando la calidad del juego a la exuberancia del marcador.
Quien esto suscribe pocas veces disfrutó más que con el Caja de Ronda de Mario Pesquera o con el basket italiano de los 80, cuya apoteosis fue la final de la Copa de Europa disputada entre la Ford Cantú de GianCarlo Primo y la Billy Milano de Dan Peterson.
Viene también a cuento aquí, el referente del basket universitario, cuya etapa de esplendor coincide con un maremagnum de reglas aparentemente antiestéticas, como la posesión de tiempo ilimitado.
Aquel instrumento que, sobre el papel, debiera haber socavado la belleza ínsita al college basketball, no solo tal no hizo, sino que deparó algunos de los partidos tácticamente más inolvidables de la historia, fruto de la sublimación de las estrategias y contraestrategias pergeñadas para disfrutarlo o anularlo.
Quiere decirse con esto que nunca en aras de una defensa de un concepto de lo estético puede desnaturalizarse la esencia de toda actividad deportiva: la lucha por ganar, por superar al contrincante.
Precisamente la íntima naturaleza de cada deporte, y en esto el basket es de los más ricos y prolijos, se encargará de generar los contrapesos a cada amenaza, procurando los recursos para que sin renunciar a la esencia competitiva, el deporte en cuestión siga captando el interés del espectador.
Según mi personal criterio, no es mala una fricción entre esencia competitiva y criterio estético, lo que es pernicioso es subordinar la búsqueda del resultado al divertimento de terceros, en este caso los espectadores.
Me recuerda tal posición a quienes, casi siempre en época de crisis de las secciones de fútbol, preferentemente la merengue, proyectan las malas audiencias televisivas para poner en solfa la calidad de una competición, la ACB, que nunca estuvo mejor organizada, fue más competida y seguida en directo que en la actualidad.
Tanto los que quieren el “xogo bonito” como los que anhelan las siglas futboleras, incurren en una falta de respeto hacia la competición al querer programar su azaroso decurso.
Pretender hacerlo, es jugar a demiurgos, es hacer trampas, es en fin, iniciar un peligroso recorrido por la senda donde acaba el deporte y empieza el mero espectáculo.
Y muy triste sería que el basket, a golpe de cortejo a la masa, deviniera en un Pressing Catch cualquiera, con desarrollo y resultado a la carte .
El basket no tiene que ser ni justo ni democrático, es sólo un cóctel de estrategia, atleticismo, intensidad, aletoriedad y verdad.
O, dicho en una palabra, es deporte.
Terminábamos el primer capítulo, haciéndonos dos preguntas:
Con el bagaje acumulado por Jura durante sus primeros siete años en el spaghetti Circuit, y si tan bueno era,
¿Cómo es que no llego a debutar en la NBA?
Y sobre todo,
¿Por qué no fichó nunca por alguno de los grandes de Italia, mismamente por el tradicional rival local, la Olimpia Milano?
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Al cielo una mirada larga
buscando un poco de mi vida.
Mis estrellas no responden
para alumbrarme hacia tu risa.
Olas que esfuman de mis ojos
a una legión de tus recuerdos.
Me roban formas de tu rostro
dejando arena en el silencio.
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Es cierto que Jura nunca jugó en la NBA, los Chicago Bulls lo eligieron en 3ª ronda. pero no tenía grandes perspectivas allí, no en vano, a pesar de su gran carrera en Nebraska, se le veía como un jugador algo tosco y no suficientemente pesado, de hecho el mismo reconoce que fue en Italia donde aprendió a jugar cara al aro, a sacar partido de su atleticismo y que en la universidad solo lo utilizaban para lanzar ganchos aprovechando su altura.
Por aquel tiempo, Chicago vagaba por zonas templadas de la mano de gente como Chet Walker y Bob Love, y no había hueco para un pívot blanquito que no intimidaba con su aspecto ni era garantía de espectáculo.
No fue esta la única intentona de Jura con los pros, años más tarde, siendo ya leyenda en Milán viajo a los USA y probó con los Cavs de Cleveland, pero parece que el poder negro de los Austin Carr, Campy Russell y cía, viéndolo como una amenaza para un posible puesto de uno de los “hermanos”, boicoteó su candidatura y tuvo que regresar al Spaghetti Circuit, entre la algarabía de sus admiradores.
En todo caso, quienes le vieron jugar aseveran que era un tipo de baloncestista más de ABA que de NBA, su ductilidad, su espectacularidad y su proclividad por el big play parecían casar más con el juego de excesos de la liga de las bolas tricolores que con el basket más táctico y prolijo de los primos ricos.
Al final, por una u otra razón, Jura parecía estar abocado a terminar siempre en lado débil, en la cara oculta de la luna, ya fuera en High School, en NCAA, en Milán o en el basket profesional.
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Te busco perdida entre sueños
el ruido de la gente me envuelven en un velo.
Te busco volando en el cielo
el viento te ha llevado como un pañuelo viejo.
Y no hago mas que rebuscar
paisajes conocidos
en lugares tan extraños
que no puedo dar contigo.
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Queda por resolver una segunda incógnita, atinente a su no fichaje por una gran escuadra italiana.
Recordemos que cuando Jura llega a Italia, ficha por el equipo débil de Milán, la Pallacanestro Milano, donde vive siete años de esplendor, Tras un excurso suizo de dos años, en Lugano, vuelve a Italia, donde jugará sus últimos años en la Superga Mestre y en Bérgamo.
En cualquier caso son varias las posibles razones que puedan ayudarnos a comprender por qué el pívot no acabó recalando en cualquiera de los grandes equipos de Italia.:
- Si tomamos como grandes a Varese, Cantú, Olimpia y Virtus, vemos como el posible puesto de Jura, como segundo americano, era ocupado por gente más oscura que acompañara al estrellón de turno (los Raga, Morse, Roche, McMillian, Neumann, Boswell, Flowers y cía), en esto creo que las asombrosas cifras del de Nebraska pudieran jugar en su contra al percibírsele como cabeza de ratón, inhábil para ser cola de león, es decir incapaz de ser uno más junto a otras estrellas de su misma jerarquía.
- Por otra parte, en el caso de su no fichaje por la Olimpia, además de por la rivalidad generada en tantos enfrentamientos, acaso Jura no fuera un nombre sonoro, el típico americano con historial de campanillas, que se trajeran de los USA, directamente de la NBA o la ABA, y despertara gran expectación entre prensa y público, al estilo de los Skip Thoren, Austin “Red” Robbins, Antoine Carr, Earl Cureton o Joe Barry Carroll. No olvidemos que a partir de la temporada 76-77 el americano Mike D,Antoni es un fijo y se buscaba siempre un pívot dominador para acompañarlo.
Stefano Micolitti, uno de los mayores admiradores del jugador, sostiene la tésis que si la Olimpia hubiera fichado a Jura en lugar de americanos como John Gianelli, o CJ Kupec, la era de dominación de las modernas scarpette rosse, con Meneghin, Mcadoo , Premier...., hubiera iniciado unos años antes. Es una idea, como cualquier otra, que nunca sabremos si se hubiera relevado como cierta o no.
Al mismo tiempo, es cierto que a pesar de sus grandes cifras y de la sensación que dejaba presenciar su juego variado y moderno, no le faltaron detractores, que alegaban que era un jugador egoísta, dedicado más a inflar sus registros estadísticos que a pensar en el equipo.
Nada más lejos de la realidad, pues los tres equipos italianos que tuvieron en sus filas al de Nebraska mejoraron espectacularmente sus clasificaciones año tras año con él en cancha.
Ya dijimos que la Xerox Milano alcanzó su tope, el 5º puesto, el último año de Jura, pero es que la Superga Mestre consiguió llegar a los cuartos de final en playoffs de la mano del pivot americano, y la Bérgamo alcanzar la deseada A1.
En definitiva, no se dieron las circunstancias para que este hombre pudiera jugar en un equipo a su nivel, lo que sin duda le hubiera propulsado al estrellato más allá del país trasalpino, expulsándolo del dulce anonimato en el que permanece actualmente.
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En cualquier huella te persigo
en una sombra te dibujo
huellas y sombras que se pierden (en la soledad)
la suerte no vino conmigo.
Te busco perdida entre sueños
el ruido de la gente me envuelven en un velo.
Te busco volando en el cielo
el viento te ha llevado como un pañuelo viejo.
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Curiosamente, tras su época milanesa Jura emigró, como tantas otras estrellas de la pallacanestro, entre ellas el inolvidable Charlie “Sax” Yelverton, a la liga Suiza. Se alude a cuestiones económicas para justificar su salida de Milán, aunque el propio Jura reconocía que tras siete años al máximo nivel en Italia, necesitaba un poco de relax, así como un calendario menos apretado que le permitiera controlar mejor sus inversiones en su Columbus natal.
Allí en Suiza, en la Federale de Lugano, Chuck formó pareja con otro mito de la pallacanestro, el mejicano saltarín Manolito Raga. Queda la duda si en la liga del pais vecino permitían jugar con dos balones.
Sin embargo antes de su retirada, Jura regresaría a su hogar baloncestístico, dando muy buen rendimiento dos años en la Superga Mestre- formando pareja con el pivot ex pro John Brown- y en Bérgamo.
Para los que se lo pregunten, hoy en día, Jura vive retirado en Columbus, Nebraska, tras deshacerse de varios negocios de restauración, pizzerías y moteles, en los que estuvo ocupado los últimos años.
Deportivamente, sigue la carrera de su hijo, aunque mata el gusanillo jugando en competiciones internacionales para veteranos con un equipo de Chicago, de hecho hace cinco años participaron en el mundial para mayores de 50 en Melbourne y este año en el de 55 de Canadá.
¿Adivinan quien ganó? Genio y figura…….
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Y no hago mas que rebuscar
paisajes conocidos
en lugares tan extraños
que no puedo dar contigo.
Te busco
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Y esto es todo cuanto se puede contar sobre este gigante desconocido del basket italiano y europeo, tan grande fue que, cuando en 1978 se marchó a jugar a la cercana Lugano, sus seguidores organizaron comitivas que hacían el trayecto para verle actuar en la modesta liga del país vecino.
Ellos no iban a Lugano para ver basket, sin duda iban a dar homenaje al ídolo de su juventud, al espejo de sus ilusiones, al sheriff del Palalido, a quien les hizo vislumbrar las luces de su ciudad, otrora exclusivas del gran rival deportivo, quien arrojó luz sobre una historia de sombras; ellos querían rendir tributo al incomparable Chuck Jura.
Algunos americanos encontraron en Europa su verdadera dimensión, aquella en que sus talentos latentes pudieron manifestarse en toda su intensidad.
Jura fue uno de ellos, seguramente de haberse quedado en América hubiera quedado confundido en una categoría tan gris como bien repetida, la del hombre alto blanco sin talento, la del jugador de cuota, carne de banquillo, punching ball de la estrella negra en los entrenamientos.
Gracias a su paso por Italia, se hizo un nombre, se convirtió en leyenda, forma parte del exclusivo panteón de grandes americanos de la historia de la pallacanestro.
En fín, espero al menos que estas líneas hayan servido para darles a conocer a este gran jugador, para reivindicarle para nuestra memoria, y quien sabe si para excitar la curiosidad de algún aficionado que pueda alumbrar aun más lo que fue una carrera irrepetible, aunque mayormente ignorada.
Se lo agradeceremos.
La fuerza de la imaginación es muchas veces superior a la de la propia realidad. Cuando tratamos de hallar en nuestra mente lo que nunca vimos, mientras procuramos fijar en ideas e imágenes, aquello de lo que tanto oímos hablar, acaso es en esos momentos cuando mayor placer obtenemos.
En el goce de la indagación, la voluptuosa curiosidad nos lleva a lugares inesperados, con una intensidad raramente repetible, como cuando siendo niños nos atrevimos a entrar en esa angosta cueva en la que nos iba la vida.
La historia que hoy propongo trata de un jugador al que nunca vi actuar, ni en directo ni a través de imágenes registradas, de un hombre cuyas gestas y cuyas cifras, áun hoy en día, pasados más de 20 años desde que dejara los parquets, siguen produciendo escalofríos en quienes tuvieron la fortuna de vivirlas in situ.
Cuando uno revisa el listado de anotadores históricos del campeonato italiano de básquet, surgen nombres conocidos: Antonello Riva, el Nembo Kid de Cantú, Renato Villalta, el elegante ala pívot virtusino, Oscar Schmidt, la ametralladora de Caserta, Walter Magnífico, el hombre que modernizó el juego interior trasalpino o Carlton Myers, el llamado Jordan italiano.Incluso aparece algún coetáneo de nuestro protagonista, como el legendario Bob Morse, el líder de aquella escuadra de Varese que dominara el basket continental durante la década de los 70, al que sí hemos podido ver en algún partido.
Sin embargo, de nuestro hombre nada se sabe que no nos haya sido confiado por vía de tradición oral o escrita; salvo por ello, su peripecia permanece en el más perfecto anonimato.
-----------------------------------------------------------------------------------------Charles “Chuck” Jura vino al mundo en el estado de Nebraska, concretamente en la pequeña localidad de Columbus, donde su padre era sheriff, precisamente el mote que le acompañaría de por vida para aludir a su forma de liderar a su equipo y dominar los partidos.
Ya en la High School de Schuyler se mostró imparable, conservando actualmente, 40 años más tarde, varios records como el de tiros de campo en un partido con 20, y llevando a su equipo, conocido como los felices gigantes verdes, a varios títulos estatales. Su rendimiento le hizo acreedor al Hall of Fame del Estado.
Dada su altura, 6-10, ocupaba la posición de center y a pesar de haber actuado en la categoría B de High School, fueron varios los programas importantes interesados en reclutarlo, entre ellos Missouri, LSU, Washington y Seattle .
Finalmente, la magnífica relación que el pivot entabló con el coach Joe Cipriano, más conocido como Slippery Joe por su carácter imprevisible, decantó la balanza hacia los Cornhuskers de Nebraska, aunque el jugador reconoce que habría preferido trasladarse a la zona del Pacífico. Tras cuatro años tremendos en la fortísima Big Eight, entró en el draft en 3ª ronda, siendo elegido por los Bulls, pero al no conseguir un contrato garantizado cruzó el charco para empezar en la pallacanestro una de las aventuras más gloriosas que se recuerdan. El destino elegido fue Milano, pero no para jugar en la mítica Olimpia de Cesare Rubini, sino para engrosar las filas del pariente pobre de la rica ciudad piamontesa: la Pallacanestro Milano , a la sazón patrocinada por la firma Mobilquattro. Por poner un ejemplo, este modesto club venía a ser como el Estudiantes de Milán, el equipo que vivía a la sombra del gran ogro local, y cuya mayor aspiración era amargarle algún partido.Cuando el gigante zurdo llegó al Palalido milanés, el equipo naufragaba en la parte baja de la tabla; siete años después, cuando partió al destierro suizo entre las lágrimas de los que fueron sus seguidores, los pocos pero animosos sostenitori, habíanse acostumbrado a ver a los suyos luchando en las Poule Scudetto con los grandes bastiones de la pallacanestro, los Varese, Cantú, Olimpia y Virtus.
En ese tiempo, Jura desplegó un juego al poste nunca antes visto, un desempeño de tal variedad de registro que le permitió dominar las clasificaciones estadísticas en disciplinas tan variadas como anotación, rebotes, tapones, porcentaje de tiros de campo, asistencias y robos de pelota.
El chico del Midwest nunca faltaba a la cita,en la salud o en la enfermedad, y noche tras noche se hacía con una inmaculada reputación y con el título oficioso de mejor americano de la década, en dura competencia con el varesino Bob Morse.
-----------------------------------------------------------------------------------------Como se dijo más arriba, Chuck era zurdo, lo que le hacía partir en ventaja frente a sus rivales, y además de esta cualidad, tenía una rapidez inusitada para su altura en aquella época, lo que le permitía realizar sus jugadas favoritas:
- el fade away, iniciando de espaldas a la canasta, amagando ora un tiro, ora un pase al jugador que cortaba.- la entrada, esta vez encarando a su marcador, al que superaba por velocidad por la línea de fondo, dejando la bola ya fuera directamente o a aro pasado, tirando de envergadura con una de sus magníficas extensiones.
La variedad de su repertorio le permitía reaccionar frente a aquellos defensores más rápidos o avispados, que le cerraran con antelación esa vía, en cuyo caso recurría a un efectivo gancho, que sacaba muy alto, o a un más que fiable tiro de 4-5 metros, que él mismo reconoce desarrolló exclusivamente en sus años italianos.
Famosos eran sus fakes con la bola a una mano, una finta en la que el jugador movía la cabeza como si fuera a pasar mientras iniciaba la entrada, o justo lo contrario, amagaba una entrada para dar una precisa asistencia, algo que en aquel entonces parecía estar reservado exclusivamente a los bases.
En suma, ofensivamente nadie en Italia, y me atrevo a decir en toda Europa podía pararlo en uno contra uno.Para rematar el dechado de virtudes, Jura fue un evangelista de la modernidad en la pintura, uno de los primeros pivots pasadores del basket europeo, preludiando en ello al mismísimo Kreso Cosic, que años más tarde perfeccionaría este arte en la Virtus Bologna , a la que haría ganadora del scudetto.
Su especialidad era el primer pase para contraataque, algo poco desarrollado en Europa y en todo caso reservado a jugadores de menor tamaño.
Defensivamente, su inteligencia y reactividad le acreditaron como maestro en el robo de balón y en los tapones, como veremos a continuación, lo que servía para ocultar su talón de Aquiles: la falta de interés y cualidades para la defensa contínua, sorda, la del cuerpo a cuerpo. Podría decirse que en defensa se reservaba físicamente para así poder descollar en el ataque
Sin esa pequeña tacha, estaríamos sobre el papel ante el jugador perfecto. Pongamos cifras sobre la mesa y comprenderán el asombro y admiración que el tipo despertaba a su paso: En dos años consecutivos Jura fue máximo anotador y reboteador del basket italiano, concretamente :- en la temporada 75-76 alcanza unas medias estratosféricas de 35.8 puntos y 17.4 rebotes por partido, con un 57, 7 en porcentajes de tiros de campo, mientras que su equipo se clasifica para la Poule Scudetto de los 8 mejores, y acaba en el 7º puesto.
- el año siguiente repite doble entorchado con 33 puntos y 17.3 rebotes, sumando el liderazgo en robos con 3.1 y anotando con un 55, 3 %.. La Xerox no solo repite la hazaña de meterse en la Poule , sino que avanza un puesto, terminando 6ª.
Nuevamente repetirá galardón anotador en la temporada 77-78, con 29.4 puntos, quedando segundo en rebotes y robos con 13.6 y 3.5 respectivamente, siempre lanzando a un 55.4 %. La progresión de su equipo continúa, y la Xerox alcanza el tope del 5ª puesto en la Poule Scudetto , superando a la mismísima Olimpia, acontecimiento tan insólito como inolvidable.
Todo esto, recordemos, logrado ante la dura competencia de estrellas gigantescas venidas de América a golpe de lira y dólar, como Jim McDaniels, Randy Denton, Otto Moore, Steve Hawes, Red Robbins, Tom Mcmillen, etc, etc.
No acaba aquí la sorpresa, pues en un año el pivot llego a dominar la clasificación de asistencias y en varios otros fue segundo en robos tras un viejo conocido, el mismísimo Mike D,Antoni, Arsenio para los amigos.
Y lo mejor de todo, como se ha visto, este absoluto protagonismo estadístico no iba en detrimento de los resultados de su equipo, antes al contrario, la Mobilquattro , después Xerox, bajo su égida fue ascendiendo posiciones en la tabla, hasta alcanzar el tope del quinto puesto en el año 1978.
Jura no era, pues, un tirano egocéntrico, sino un líder magnánimo y diligente. -----------------------------------------------------------------------------------------¿Por qué no fichó nunca por alguno de los grandes de Italia, Virtus, Cantú, Varese o mismamente por el tradicional rival local, la Olimpia Milano ?
En la segunda parte de esta historia trataremos de dar nuestra versión de los hechos…Hace demasiado tiempo, desembarcaba en
Desde sus 6-11 pudo ver que su juego necesitaba un baño de experiencia antes de confrontar a los más grandes, y ya por aquel entonces la liga italiana se representaba para algunos jóvenes jugadores como el campo de pruebas donde bruñir sus dorados sueños de una larga carrera en los pros.
Steve Hawes jugó dos temporadas en
Llegó para sustituir al legendario pivot brasileño Ubiratán Pereira, y acabó siendo un ídolo local, compitiendo con estrellas del calibre de Chuck Jura y Bob Morse por el título de máximo anotador del campeonato.
De hecho tras su último año, en el que la Canon Venezia quedó 4ª , después de los grandes poderes del basket trasalpino, Cantú, Milano y Varese, el equipo bajó hasta la decimocuarta posición
De Venecia, el chico marchó a a la añorada NBA , donde hizo discreta carrera, fundamentalmente en los Hawks, antes de regresar a la ciudad de los canales, ya a inicios de los 80.
Casi 35 años más tarde de aquella aventura italiana, un nipote del gran Steve, hijo de su hermano Jeff, también profesional, empieza a despertar el interés del mundo del baloncesto.......
Spencer Hawes decidió seguir los pasos de sus mayores y fichar por la universidad local, los Huskies de Washington, a pesar de contar con ofertas de prácticamente todos los mejores programas universitarios de la nación, entre ellos la que parecía gran favorita para hacerse con sus servicios: la universidad de North Carolina.
El equipo entrenado por Lorenzo Romar, un ex escolta también con un pasado en
La llegada de este gigante, atlético, coordinado e intenso, ha supuesto un alivio para sus ruidosos fans, pues contra todo pronóstico se ha convertido en el líder instantáneo del equipo, que ahora gira en torno a una dupla de interiores blancos cuyos nombres más parecen de una firma de Letrados: Brockman & Hawes.
Desde el primer partido universitario, éste jóven pívot de 6-11 y Pero la primera gran prueba de fuego del chaval en
Nadie se esperaba lo que presenciamos en los primeros 25 minutos de ese choque, y es que no hubo color, pero en este caso, las blancas ganaron.
Hawes, exhibiendo un inventario de jugadas de hombre interior que uno no recuerda haber visto desde el monumental último cuarto de Tim Duncan ante los Pistons en el partido 7º de las finales NBA del 2005, machacó a los Tigers y humilló a The Big Baby, que asistió, atónito, a una imparable ráfaga de buen hacer en la pintura, una lección de movimientos al poste que tardaremos en olvidar. Todo empezó con un preciso tiro semilateral, de 5 metros a tabla, elevándose por el lado izquierdo del defensor y cuadrándose en el aire, a lo que siguió un gancho con la izquierda; un lateral desde la derecha de 5 metros, saliendo del bloqueo bajo aro y a la media vuelta, como si fuera un escolta; un gancho con la derecha tras delicioso juego de pies, pivotando sobre el cuerpo de su defensor; una suspensión de 4 metros en rectificado hacia la izquierda; un medio gancho con la derecha; dos frontales desde casi seis metros, ya con el más atlético y espigado Magnum Rolle en su marca.
En fin, una locura de fundamentos, coordinación y acierto, en la que había esencias del mejor Kevin McHale, el juego de pies y ese medio gancho algo tirante; de Jack Sikma, la seguridad en el tiro de 5 metros, y del propio Tim siglo XXI, el control de los misterios de la tabla y, sobre todo, el glorioso rectificado, impropio de un tipo frisando los siete pies.
Fueron 30 minutos que estadísticamente se resumen en 23 puntos, con 10-12 en tiros de campo y 3-4 en los libres, y 12 rebotes.
Davis se quedó en 8 y 9.
Sencillamente, un espectáculo para la vista, un placer para todos los sentidos, ver a un chico tan jóven con ese repertorio de recursos ofensivos, con esa paciencia para buscar la mejor opción, con ese aplomo para afontar un reto como el de Davis con esa superioridad manifiesta.
Hawes es un chico técnicamente superdotado y físicamente bastante avanzado, es alto pero coordinado, muy rápido, como un gato, con una reactividad sobresaliente y a pesar de andar por las 225 libras (unos 105 kilos) tiene un leverage más que aceptable, y en ningún momento se le vió recular en el cuerpo a cuerpo con Davis o Rolle, antes al contrario, él y Brockman sacaron del partido a sus rivales a base de empuje y garra. Creo que deberá coger otras 25 o 30 libras para aguantar el ritmo pro, pero no más.
Claramente le veo como un cuatro profesional.
En el plano psicológico, se trata de un líder, que juega concentrado e intenso, incluso se le vió en algunas acciones tratando de descentrar al timorato Magnum Rolle, que ponía cara de sorpresa siendo víctima de trash talking por aquel ciclón de rostro pálido, cuando el partido estaba decidido y todo lo que intentaba le entraba.
Seguramente será un one and done, en este caso con razón, y de no mediar lesiones, le auguro una carrera pro mucho más brillante que la de su tío Steve.
Desde las tribunas del venerable Hec Edmundson Pavillion, entre los 10.000 aficionados que atestaban su vieja grada, el propio Steve y su hermano Jeff, presenciaron la hazaña, y quizás al primero le vinieron recuerdos de otra época, a orillas del Adriático, cuando esos aplausos tronaban en su honor.
Desde que en 2003, tras su impactante paso por el Nike Hoop Jamboree, apareciera en el escaparate nacional, la vida de Greg Oden se ha convertido en asunto público para los aficionados al basket de medio mundo, me refiero a la vida deportiva, claro está.
Y en esa vida deportiva hay una decisión que afecta y sintetiza las dos posiciones que grosso modo existen en torno al problema del earlyentrismo de las jóvenes estrellas del baloncesto americano.
¿Debería Oden aprovechar su oportunidad y dar el salto a
El chico siempre declaró que su intención era agotar al máximo su eligibilidad, dejando una espita abierta a la posibilidad de declararse elegible para el draft como muy pronto tras su año junior. Para ello esgrimía razones lógicas, su juego estaba por pulir y en la universidad tendría tiempo y medios materiales y personales para ello, y filosóficas, quería adquirir una cultura, vivir la vida universitaria.
Dichas declaraciones, realizadas con anterioridad a la implantación de la norma que, en suma, obliga a permanecer al menos un año en
Sin embargo, manifestaban los tribuletes americanos, había en ellas algo distinto, una compostura, una firmeza que hacían que, a pesar de los antecedentes, creyeran a Oden cuando afirmaba que no quería precipitar su paso a los pros vía nº 1 del draft.
El debut de Oden en
El chaval está fisicamente hecho para los pros, su progresión y fortalecimiento en este sentido serán los naturales que dicte su trabajo en relación con su constitución y edad, pero estamos ante uno de esos true centers llamados a marcar época.
Ya listado en 7-1, lo que, en función del tallaje americano, significa que es un siete pies legítimo, Oden demuestra una coordinación y movilidad que, unidas a su envergadura, bastante por encima de su altura, le permiten patrullar la zona entera, ad lateris y ad caelis, a lo ancho y a lo alto, con solo dar un paso. Defensivamente es un muro.
Psicológicamente, demuestra un alto grado de concentración e implicación en el partido, rara vez se entrega a gestos gratuitos o comete errores manifiestos de concepto. Sobriedad es la palabra que acompaña a su conducta. En este sentido, su hieratismo remite a la figura del jefe Robert Parish.
Ahora bien, es en ataque donde el de Buffalo plantea dudas, ya que, por lo que he podido ver, su juego se basa exclusivamente en el uso de la fuerza para recibir cerca, meter el cuerpo y acabar en mate.
Claramente al chico le faltan recursos técnicos para dominar ofensivamente en la zona contraria, me refiero a movimientos de pies de espaldas al aro, a un gancho o medio gancho, a un tiro fiable en suspensión con rango 3-5 metros, rudimentos todos ellos que en estos niveles acaso no precise para imponerse, pero que en
Es cierto que la lesión de muñeca está afectando a su juego, que ha tenido que aprender a lanzar los libres con la zurda, pero no lo es menos que ya en su High School de Lawrence North, su repertorio ofensivo era bastante limitado.
Su estatuto actual en poco difiere del que hace más de veinte años tenían sus homólogos. Señaladamente un Patrick Ewing al que con frecuencia se parangona, o el mismo Shaquille O,Neal, quizás el último gigante que disfrutó la competición universitaria.
Incluso Tim Duncan, otro jugador que podía ser espejo de Oden, no era un superclase cuando llegó al campus de Winston- Salem. Muchos no recuerdan que en su debut universitario el de
Hablamos de jugadores que, desoyendo las tentaciones venales, permanecieron en la universidad los años necesarios para llegar a los pros en grado de competir ab initio al máximo nivel, que aspiraron a algo más que engordar su cuenta corriente, que quisieron trascender.
Oden, por otra parte, podría engrosar la exclusiva nómina de gigantes que ganaron el anillo colegial, pues los Buckeyes ya son este año candidatos al título, y si permanece en la universidad, el núcleo de los Thad,s Five lo hará con él, sin olvidar los magníficos reclutajes que el equipo de Matta está consiguiendo para años venideros.
Ganar el campeonato universitario es un reto deportivo que un competidor nato como él sabrá apreciar en su justa medida.
Personalmente, confío en que Greg Oden recupere aquella ética de retribución a largo plazo, hace tiempo perdida, y llegue a la mejor liga del mundo cuando esté preparado.
La primera vez que llegó a mis oidos el eufónico nombre, debió de ser hace cuatro o cinco años, cuando el hombre era aún niño.
Leyendo las siempre nutritivas páginas de HoopScoop, una noticia atrajo poderosamente mi atención. Hablaba de un niño de 13 añitos que había dominado en un torneo veraniego, de esos que se organizan por conocidísimas marcas de calzado deportivo en verano para futuras estrellas del baloncesto.
El cronista aludía a un prodigio físico , un "manchild" de 6-8 y en los aledaños de las 300 libras, que había mostrado un toque dulce y finos instintos para el deporte de la canasta. El nombre de Shaquille O,Neal empezaba a manejarse con ánimo de parametrizar la ilusión que el chico despertaba.
Desde entonces, como no podía se de otra manera, seguí la pista al angelito, y lo cierto es que su carrera en las instancias previas a la Universidad, sin ser mala, en modo alguno se ha compadecido con las expectativas excitadas entre los expertos en la cosa.
Año a año, Derrick Caracter iba bajando en los rankings de los jugadores de su generación, mientras su peso iba subiendo. Problemas de caracter, sublime paradoja, eran frecuentemente citados a la hora de tratar de explicar como un físico portentoso y un talento simpar no acababa de dominar la escena colegial.
Gente como Greg Oden, a unas cuantas millas de talento respecto a nuestro protagonista pero con una excepciona ética de trabajo, y Kevin Durant le sobrepasaban en los rankings, y en la última confección previa al comienzo del periodo oficial de reclutamiento, el masivo power forward había caído hasta el puesto nº 14, en el mejor de los casos, incluso en su posición era rankeado el 7º. algo impensable hace cinco años, cuando se especulaba que alcanzaría los siete pies y dominaría el mundo.
Ayer debutó en la NCAA, en el Jimmy V. Classic ante Arizona, vistiendo la camiseta histórica de los Cardinals de Louisville, a las órdenes del no menos histórico Rick Pitino. El italo-americano, famoso por su dureza, le había exigido bajar de las 320 libras con las que llegó al campus, a 260, si quería tener una oportunidad en su equipo.
Por lo que se vió, el chico se ha esforzado, y en la cancha del Madison se presentó un jugador de físico temible, ancho, pero ágil y coordinado. El tipo ama el choque y los rivales se lo piensan antes de cruzarse en su camino.
En los apenas 15 minutos que a causa de las faltas estuvo en pista, anotó 6 puntos y atrapó 7 rebotes. Su presencia en la cancha se notó, algo inhabitual en un freshman, el chaval tiene un especial talento para atrapar la bola, amen de unas grandes manos, y su cuerpo, que utiliza con innata presciencia, hizo el resto.
Sus canastas vinieron en dos rebotes ofensivos, que transformó dejando la bola suave arriba, con esa mano mórbida que distingue a los verdaderos jugones, y un reverso sellando a su defensor, a una velocidad inefable, sobre todo con esa masa corporal.
Pitino dice que le recuerda a Charles Barkley, yo por el momento, simplemente espero que no acabe como Dinner Bell Turpin.
Al final, algo me dice que será una cuestión de Caracter.