Remembranzas

VIERNES, 20 DE JULIO DE 2007

Cuentos de Verano

DUNK KILLS BANK SHOT STAR.


Sobresaltado, me incorporé en el lecho, sudoroso, entumecido.

Traté de intuir en las sombras ese aro reluciente que recién acababa de ser mancillado por aquella irreverente figura.

La habitación empezó a perfilarse en mis retinas, mas no había rastro de aquel instrumento de mi tormento.

Intenté recobrar, en mi mente, el momento soñado – pues ya sabía que de tal se trataba-, pero lo más que pude fue recuperar el ahogado grito con que la canasta acogió la inesperada agresión.

Fue una cacofonía del horror, un profundo lamento que partía de un tiempo remoto, acaso inexistente.

Pareciera proceder de una tierra neutra, donde todo se hubiere detenido.

Aún nervioso, me levanté y miré por la ventana entreabierta.



Que lástima que se pase el tiempo ¿verdad?


Apenas fue un susurro, cavernoso e inspirado, pero llegó a mis oídos inconfundible, con firmeza y claridad.

Ni siquiera me molesté en indagar sobre su procedencia, aquella voz no podía ser de este mundo.

Debí haberme quedado dormido de pie, frente a la ventana, estaba aterido y confuso.

Más calmado, bebí un vaso de agua, me puse las chanclas y bajé al patio trasero.

Era tarde, apenas se veían luces en la urbanización, pero no podía resistirme. Algo me empujaba a lanzar a canasta.

Era una noche cerrada, negras nubes crepusculares le ganaban la batalla a una pálida luna, y soplaba un gélido viento que alborotaba mis cabellos, acariciando mi cara, llenándome de vida.

Respirando a pleno pulmón, en aquel preciso momento me sentía omnipotente, capaz de hacer lo que me propusiera.



Que lástima que nos muramos…………


Nuevamente aquel susurro desgarrador, pero esta vez tan nítido, sobreponiéndose al ulular de aquel viento helador, que me hizo darme la vuelta, tratando de hallar su origen.

Nada, a escasos metros, la espesura del seto me devolvió su indiferente y amorfa mirada, oscuridad y más oscuridad, escasamente matizada por los rayos de luz que, procedentes de una farola, lograban filtrarse a duras penas.

Cogí la bola, que yacía morosa junto a la pared y empecé una serie de lanzamientos desde cinco metros, a 45 grados del aro.

Lancé diez tiros, todos a tabla, todos dentro.

Juraría que los diez describieron la misma parábola.

Aún bajo el asombro de aquel prodigio de azar y tino, nunca fui buen tirador, lancé otros diez.

Otro tanto de lo mismo.

Y luego otros diez. Y otros diez más, no podía parar.

Así hasta 100, siempre desde la misma posición.

Todos corrieron igual suerte.

Algún extraño poder debía poseerme, ya dije que nunca fui buen tirador, pero es que, además, jamás lanzaba a tabla, era algo de viejos, que en un partido nunca probabas.

Era una de esa leyes no escritas que todos respetamos, tirar a tabla es de pringaos, de nenazas, la gente no te respeta si lo haces.

Pero en aquella agradable y oscura soledad, con los cabellos desmadejados, como cortinas sobre mis ojos, tirar así me pareció un ejercicio de sublime belleza.

El efecto que imprimía a la bola, el preciso contacto con el cuadro del tablero, como luego salía despedida, en salvaje retroceso, y se acunaba, dulce y voluptuosa, en las fauces del cesto, como si fuera devorada.


…………y que nos hagamos viejos


Ahora era una voz clara y serena, que inspiraba autoridad, que sonaba sabia, rancia y reveladora.

Aun así, algún recuerdo debió removerse en mi conciencia, aquel sonido me era familiar.

De repente, sin saber por qué, me alejé del aro lo más que pude, emprendí una veloz carrera y me dispuse a realizar un mate, como tantas veces antes había hecho.

Pero esta vez, ya en el aire, cuando avistaba el aro, casi a su misma altura, al iniciar la batida de brazos, esperando sentir el triunfo en las yemas de mis dedos, percibí una fuerza torrencial que impidió que hundiera la pelota.

Fue tal mi asombro que apenas pude contener el golpe con la pared frontal, y sentí como mi cabeza  chocaba con ella  a plena velocidad y un estremecimiento sacudía mi cuerpo entero.



Y que las cosas buenas se vayan alejando de nosotros al galope.
 

En el suelo, bajo el aro, mientras un fino hilo de sangre recorría mi rostro, escuche éstas, las que debieron ser mis últimas palabras.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Por REMEMBER a las 23:59 1 Comentario
 
VIERNES, 13 DE JULIO DE 2007

NCAA BASKETBALL. Top Ten 2007-2008.

Comenzamos una serie de artículos en los que iremos desgranando pequeños comentarios sobre los diez mejores equipos de la próxima temporada de baloncesto universitario, que comenzará a mediados de noviembre.
Una vez cerradas las plantillas, concluído el periodo de reclutaje y celebrado el draft, se puede empezar a valorar lo que se anuncia como otra apasionante temporada de un baloncesto que cada vez concita un mayor interés entre los aficionados al baloncestro de este país.
Empezando en orden descendente, nos encontramos en el puesto DÉCIMO a :
10.  Kansas JAYHAWKS
 
La gran favorita de la temporada anterior tendrá que luchar contra sus demonios particulares para poder entrar en consideración cara a la lucha por el título. El descalabro ante los Bruins en Final Regional, dando una imagen de equipo blando y propenso a venirse abajo en el clutch time, no hace sino ahondar en la etiqueta de underachiever que pesa sobre este equipo desde los tiempos de Danny Manning y Larry Brown, ya hace casi 20 años.
 
En Lawrence siempre hay buenos jugadores, y este año, a pesar de la marcha anticipada de Julian Wright, la plantilla sigue siendo de grandísimo potencial.
 
Brandon Rush regresa para su año junior, algo impensable hace tres temporadas, cuando se daba por seguro su salto directo a la NBA, y ha de seguir creciendo como jugador, a la vez que asumiendo el puesto de líder que en momentos críticos ha faltado a los Jayhawks.
 
Por dentro, los veteranos Darnell Jackson y  Sasha Kaun, que serían jugadores de primer nivel en cualquier otro equipo,  y el freshman Cole Aldrich pondrán centrímetros y kilos, aunque no se puede delegar en ellos el peso atacante, algo para lo que sí está dotado Darrell Arthur, uno de los mejores atletas que circularán este año en NCAA, del que se espera que abandone la universidad tras su año sophomore.
 
En el backcourt, la vuelta de Mario Chalmers, uno de los responsables de la debacle ente UCLA, le dará chance de buscar la redención, aunque la presumible emergencia del talento Sherron Collins, del que se anuncia año de consagración, podría restarle tiempo, toda vez que Russell Robinson es acaso el base más puro que tiene el equipo.
 
Bill Self se encuentra ante un año clave, pues otro añito sin alcanzar la Final Four puede agotar la paciencia de los directivos de la Universidad, Kansas es uno de los grandes y no puede permitirse continuar en la actual deriva perdedora.
 
9. Gonzaga ZAGS.
 
Dentro del fenómeno de eclosión de mid majors al que ha asistido el college basketball en el último decenio, la Universidad de Spokane ha sido la más constante, si bien nunca alcanzó el escenario más deseado: la Final Four.
 
Un balón perdido ante UCLA hace dos años por el pivot brasileño JP Batista, a escasos segundos de la bocina, corolario cruel de unos dos minutos finales nefastos, sepultó las ilusiones de un programa que acariciaba la gloria.
 
Este año, los Zags, a pesar de haber perdido a su último base maravilla, el menudo y certero Derek Raivio, vuelve a contar en los pronósticos, toda vez que cuentan con una plantilla veterana en la que el talento y la altura predominan.
 
La fortaleza del equipo radicará en las posiciones de aleros y pivots, donde contarán con baterías de  jugadores con experiencia y algun novato de ilustre dinastía.
 
Matt Bouldin, Jeremy Pargo y el McDonald,s All America Micah Downs ( temible tirador, ex recruit de Kansas que se transfirió el año pasado, debutando a mitad de temporada) representan un poder anotador bastante inquietante en las alas, mientras que el hijo pródigo Josh Heytvelt, un ágil 6-11 de buena mano que algunos consideran el mejor proyecto que ha tenido nunca el programa, y el freshman  Austin Daye, un ala pivot de 6-10 y muñeca de seda, hijo de uno de los mayores mitos de la pallacanestro, el biancorosso  Darren Daye, pondrán centrímetros y calidad en la pintura, con la ayuda de los más toscos Abdullahi Kuso y Theo Davis.
 
La duda es quien dirigirá semejante orquesta, pues el único base puro, el local Andrew Sorenson no parece a la altura, por lo que entre el irregular  Pargo y Downs, un 6-8 ligero y habilidoso, habrán de salir adelente.
 
8. Kentucky WILDCATS
 
Aires de renovación soplan en el programa más historiado de la NCAA, sorprendentemente Tubby Smith hace las maletas y llega Billy Gillispie, tras sus dos éxitos en el estado de la estrella solitaria, concretamente en  UTEP y Texas A&M.
 
Dos son las características del joven técnico: la capacidad de trabajo, al límite de la obsesión, y su fuerza reclutadora, algo en lo que los Wildcats habían perdido algo de pie en relación con sus pares en la élite del College Basketball.
 
Si en el caso de Gonzaga hablábamos de exceso interior y problemas de dirección, los Wildcats son el caso contrario, ya que el senior Ramel Bradley garantiza experiencia y afan de superación en la posición de base, y el juego exterior está más que surtido con Joe Crawford, Jodie Meeks, Derrick Jasper y el novato Alex Legion.
 
De estos tres Meeks, un buen recruit que ha superado sus expectativas en un gran año freshman, parece llamado a liderar al equipo con su excelente técnica y versatilidad mientras que Crawford, otrora superestrella de la H.S y actualmente uno de esos seniors por castigo, se halla ante el último tren a la NBA, el que parecía su seguro destino tres años ha.
 
Por dentro destaca la incógnita, cada vez menos, de un freshman de excelencia, el celebrado Patrick Patterson que finalmenté se decantó por los de Lexington, y que muchos pronostican como un one and done a poco que cobre protagonismo, mientras que Perry Stevenson, un jugador explosivo y taponador de 6-9, pondrá músculo y trabajo bajo aros, aunque deberá acercarse a las dobles figuras en anotación para compensar las amenazas del equipo.
 
Kentucky presenta una  de sus escuadras más jóvenes de los últimos 20 años, un técnico nuevo y muchas interrogantes, pero el peso de la tradición bluegrass descansa sobre uno de esos técnicos jóvenes llamados a marcar una época.
 
7. Michigan State SPARTANS
 .
Hay ciertos entrenadores que, habiéndose criado en una cultura de optimización de recursos, funcionan mejor con plantillas de hombres que con las de nombres. Algo así puede haber pasado en Lansing con Tom Izzo y los Paul Davis, Shannon Brown y cía, bluechipers que no han alcanzado el trono que sí lograron los menos publicitados, Mateen Cleaves, Andre Hutson y cía.
 
Este año los Spartans cuentan porque van a estar liderados por dos de esos guerreros que tanto gustan a su técnico, el base senior Drew Neitzel, un jugador que llegó con fama de tirador alocado y ha acabado siendo un líder completo, que suple con corazón sus deficiencias técnicas, y el alero Reymar Morgan, un top 40 de High School que desde su debut en el Madison mostró versatilidad y calidad más que suficientes para anotar en dobles figuras.
 
Pero la gran diferencia de este equipo la ha de marcar un tapado, un jugador sin referencias, no entraba entre los 100 primeros de su promoción,  que el año pasado se manejó a gran nivel en la pintura, me refiero al pivot Goran Suton, un bosnio 6-10, con cuerpo, movimientos,  muñeca y actitud para mantener el tipo ante los mejores interiores del basket universitario.
 
Las buenas noticias no acaban ahí, pues los 5 mejores anotadores del equipo regresan, y un quinteto con dos seniors, dos juniors y un sophomore, en estos tiempos de cambio, no es poca cosa.
 
Y para los curiosos, Los Flintstones siguen estando presentes en el roster verde, Marquise Gray y Tom Herzog, un center novato de siete pies, serán los depositarios de esta honorable tradición.
 
En resumen, experiencia e intensidad, a falta de calidad deslumbrante, serán los ingredientes con los que este programa asalte la Big Ten y trate de colarse e  la Final Four.
 
6. UCLA BRUINS.
 
 
Desde la llegada a Westwood de Ben Howland, los Bruins cuentan siempre para ganarlo todo, como han demos trado en las dos últimas ediciones, sólo la presencia de un equipo histórico como los Florida Gators ha impedido que en las colinas de Los Angeles se celebren dos títulos que añadir a la historia de excelencia de este programa.
 
El leit motiv de los equipos del ex Pitt es claro: destrozar psicológicamente a los rivales a base de frustración, con una gran defensa. cambiante y atosigante, y un ataque muy controlado, buscando siempre la mejor opción.
 
Lo hicieron hace dos años con Gonzaga y Memphis, que se perfilaba como favorita, y lo repitieron el año pasado con Kansas, el equipo con más talento, pero con crisis de liderazgo y confianza que los angelinos supieron explotar.
 
La pérdida de Arron Afflalo no debería notarse en exceso si Josh Shipp y el gran base Darren Collison toman las riendas en el backcourt,  y sin embargo este año cuentan con algo que otros años no tenían: un jugador interior decisivo.
 
Kevin Love, ni más ni menos que el atleta colegial masculino del año, un pivot blanco de 6-9, inteligente, con buena mano y exquisita técnica , despreció la oferta de Duke- su destino natural- y se incorpora a los Bruins, creando hermosas expectativas.
 
Si el freshman de oro es tan bueno como se apunta, los gladiadores de lujo Lorenzo Mata, Luc Mbah a Moute y Alfred Aboya, wide bodies capaces de sofocar a casi cualquier juego interior rival, podrán concentrase en tareas de intendencia, lo que los hace aún más temibles.
 
Cualquier rival sabe que será un día duro ante los angelinos, que todos sus resortes nerviosos serán puestos a prueba, lo más cercano a aquellos 40 minutos de infierno que hiciera famosos Nolan Richardson en la gran Arkansas de los 90..
 
Con tales ingredientes, no sería de extrañar una nueva presencia de UCLA en la Final Four, y esta vez, sin su némesis sureña en frente, todo puede ocurrir.
 
5. Georgetown HOYAS.
 
 
Casi todo el mundo daba a los capitalinos nº 1 nacional si Jeff Green hubiera decidido agotar eligibilidad, pero tal evento no ocurrió, luego hay que reconfigurar el planteamiento.
 
Y lo cierto es que los de John Thompson III, bien pudieran ser el mejor equipo de la nación o salir del top ten, todo en función de la resolución de dos incógnitas:
 
- ¿Como responderán Patrick Ewing Jr. y, sobre todo, Vernon Macklin, a la llamada de la oportunidad?.El primero parece un jugador limitado, valiosísimo como hombre de rotación, pero algo corto para ser titular de un powerhouse colegial. El segundo parece perdido, con grandes talentos latentes, pero con un desempeño en pista errático y decepcionante, algo que se venía anunciando los dos últimos años en High School, cuando fue descendiendo alarmantemente puestos en los rankings ( llegó a ser considerado un prospect mejor que Kevin Durant).
 
Por el momento, este aspecto del juego interior parece bastante oscuro.
 
- ¿Que aportarán los dos recruit estrella del backcourt?. Hasta ahora los Hoyas se habían mantenido arriba con exteriores sin pedigrí, pero este año llegan dos McDonalds All American : Austin Freeman, un escolta poderoso físicamente, producto de la prestigiosísima DeMatha H.S. y  Chris Wright, excelso tirador que fue considerado  jugador del año en las durísimas ligas colegiales de Washington.
 
El hecho que estos dos novatos de lujo no necesiten tirar del carro desde un inicio, pues en ela plantilla ya hay veteranos para ello,  puede ser un factor de estabilidad que favorezca su integración en el equipo, aunque habrá que ver como llevan el no ser protagonistas.
 
Al margen de estas cuestiones, G,Town cuenta con el mejor center universitario, Roy Hibbert, ejemplo de trabajo y superación, uno de los mejores bases en Jonathan Wallace, y un alero fuerte con potencial ilimitado como DaJuan Summers, amen de un conjunto bastante unido, en trayectoria ascendente y que tras el regreso a la Final Four el año pasado solo tiene un objetivo: llevarse el anillo de campeones.
4. Tennessee VOLS.
 
 
En Knoxville están acostumbrados a los éxitos en baloncesto, pero siempre de otro género. Desde los tiempos de Ernie & Bernie, no se respiraba un clima de expectación tan intenso como la que inspiran los chicos dirigidos por Bruce Pearl.
 
Y tal euforia no es baladí, si tenemos en cuenta que regresan los mejores jugadores de la temporada anterior, a los que se unen un par de transfer de primer nível.
 
En efecto, los sureños cuentan con una estrella legítima, el escolta Chris Lofton, un caso de sleeper colegial, jugador sin grandes antecedentes que se desarrolla en la Universidad, y que es a día de hoy, el mejor tirador de la Liga y un candidato más que serio a POY. Su afición por jugarse las bolas calientes es una de sus principales bazas.
 
Por dentro, también van servidos, con una pareja talentosa y jóven formada por Wayne Chism y Duke Crews, dos top 30 en High School hace dos años, que confirmnaron su potencial en su primer año en Tennessee. Si acaso se les puede acusar de alejarse demasiado del aro, de no pegarse, pero su versatilidad y buena mano está fuera de duda.
 
Lo dicho no es poco, pero como diría el cartoon, aún hay más. Y ese más tiene el mismo apellido: Smith, pues son ni más ni menos que 3 los jugadores con tal apellido que pueden ser decisivos para las aspiraciones de este programa.
 
Jajuan Smith es un escolta senior que ha  pasado de ser un suplente sin apenas brillo en su primer año, a anotar quince puntos por partido como junior; Ramar Smith es el mejor base puro de la plantilla, un soph que en su año de novato ya anotaba en dobles figuras; y finalmente, la joya de la corona, Tyler Smith, un transfer de postín, ni más ni menos que un jugador de gran prestigio en el Instituto que abandona Iowa siendo uno de sus mejores jugadores (catorce puntos de media), y que aportará ductilidad y fuerza al puesto de 3-4 en este equipo. Si rinde como se espera, los Vols son candidatos a todo.
 
No es de extrañar que en Knoxville anden locos por incordiar.
 
3. North Carolina TAR HEELS.
 
En principio, el retorno de una tripleta de la jerarquía de Tyler Hansbrough, Wayne Ellington y Ty Lawson debería segurar a los de Chapel Hill la condición de favoritos, pero hay algo que no acaba de convencer, que estuvo presente a lo largo de la temporada anterior y pudo percibirse con inusitada fuerza en la debacle de los últimos 15 minutos ante G,Town.
 
El equipo parece que no tiene química, que no ha encontrado a un lider sólido, una distribución armoniosa de roles, e incluso el otrora idolatrado Hansbrough- su año freshman fue impactante- se nos representa como un jugador vulnerable, como alguien con limitaciones.
 
En todo caso, los azules cuentan con una plantilla de ensueño, en el que un talentazo como Deon Thompson- acaso el mejor juego de pies del basket universitario-  puede llegar a pasar por jugador de rol, y en la que gente como Bobby Frasor, Danny Green , Marcus Ginyard o Alex Stepheson, que en la mayoría de programas serían estrellas, pueden dedicarse a tareas más oscuras.
 
Roy Williams tiene ante sí un reto que ya satisfaciera con los May, Felton, Mcants y cía, hacer que sus hombres, a pesar de su clase natural,  se pongan a laborar duro en defensa, que asuman que solo desde el trabajo y la intensidad se puede alcanzar el éxito en el basket colegial.
 
Al final nos encontramos ante otro equipo indescrifable, capaz de lo mejor o lo peor.
 
2. Memphis TIGERS.
Llega la hora de la verdad para John Calipari y sus chicos, tras dos años de partir como darkhorse oficioso, los de la Ciudad de la Música pasan a ser serios favoritos al título, y todo lo que no sea estar en la FF se reputará fracaso.
 
Curiosa evolución la de este equipo, que hace tres años, cuando se produjo la desbandada de los mejores programas de su conferencia hacia las majors- especialmente la Big East- se dijo quedaría reducido a la mediocridad.
 
No contaban dichos análisis con la proverbial energía del técnico italo americano, capaz de motivar a sus chicos por encima de tales vicisitudes.
 
El exigente calendario de los Tigers fuera de conferencia ( Coaches vs Cancer, Jimmy V Classic, G,Town, Arizona, Gonzaga, Tennessee.....) pondrá a prueba su capacidad de respuesta ante situaciones de presión, preparándoles para los momentos más calientes de The Big Dance.
El gran reto este año es conservar el "espíritu Laurinsburgh" recibiendo a uno de los 5 mejores jugadores de la camada del instítuto, un base de Chicago, con todo lo que ello comporta, que responde al nombre de Derrick Rose. Si en el presumiblemente único año que el chico pase en Memphis, sabe adaptarse a las necesidades del conjunto, sacrificando su exposición individual, todas las piezas pueden encajar.
 
Por lo demás , la plantilla está cerrada, con un núcleo de jugadores con tres años de experiencia juntos en el que el habilidoso Chris Douglas Roberts por fuera  y el tan poderoso como lenguaraz Joey Dorsey, en la pintura, se plantean como líderes, con gente de solvencia como Robert Dozier, Alan Anderson, Willie Kemp o André Allen, en labores de intendencia.
 
Solo el peso de ser favoritos puede romper sus sueños de grandeza.
 
 
1. Louisville CARDINALS.
 
Si alguien hubiera anunciado hace 20 años que un mismo técnico reflotaría los dos grandes programas del estado bluegrass, todos hubiéramos pensado que desvariaba, pero así y tanto ha cambiado el College Basketball, que Rick Pitino puede completar semejante hazaña.
 
Desde luego sería hermoso que lograra integrar tanto talento como tiene, y que consiguiera que la suma del mismo se expresara en forma de juego de conjunto.
 
A esos efectos, tres son los retos del técnico cardenal:
 
Empecemos con el sophomore Edgar Sosa, un neoyorkino sabrosón que el año pasado, en el último partido de Louisville, se comió a Acie Law, ni más ni menos. Más centrado de lo que se esperaba, el base te puede destrozar tanto en la penetración como desde la línea de 3. Debe mejorar sus decisiones, aunque ni mucho menos es ese jugador alocado que algunos anunciaban..
 
Continuemos con el pivot  Derrick Caracter, de quien ya hablamos en estas páginas, un tipo con clase para regalar pero con una mala cabeza que le lleva a meterse en faltas en muy poco tiempo. De la raza de ilustres gordos interiores con feeling for the game y mano de seda, seguimos esperando que explote como jugador.
 
Y terminamos con Earl Clark, uno de esos jugadores filiformes que parecen haberse quedado a medio camino de cualquiera parte, a lo Tayshaun Prince en sus inicios en Kentucky, pero que si se centran te dan una ductilidad en ataque, a la par que unas ventajas en defensa, de las que suelen valer títulos.
 
Tello Palacios y David Padgett, dos jugadores sobrevalorados aunque bastante aprovechables, serán los referentes en la pintura, mientras que Terrance Williams, un swingman que ha ido ganado en regularidad y liderazgo, y Jerry Smith, sophomore que el año pasado tuvo bastantes minutos, y que es el mejor tirador de la plantilla, completan una rotación que nada tiene que envidiar a las mejores de este año.
 
Serán intensos y ambiciosos, solo falta por comprobar si serán astutos y si sabrán jugar los unos con y para los otros.
 
Creo que Pitino los va a armar, (y la va a armar).
 
 
 
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LUNES, 11 DE JUNIO DE 2007

INOLVIDABLE DUELO OLVIDADO.


La NBA ha vivido casi siempre de duelos individuales que sintetizaban épocas, que permitían al potencial público entrar al juego del contrastes de estilos, personalidades y maneras de vivir que ofrecían sus protagonistas.

De tales duelos, dos sobresalen por encima de los demás:

Chamberlain contra Russell, el gigante anotador contra el oscuro stopper, el seductor contra el ganador, el talento contra el carisma.

Bird contra Magic, duelo racial, la solidez contra la brillantez, el chico del mundo rural contra el inner city player, la remilgada Boston contra la frívola L.A, en fin, un litigio eterno y perfecto, soñado por cualquier guionista cinematográfico.

Junto a estos periodos bipolares, ha habido otros donde el reinado estaba más equilibrado, o era de un solo monarca indiscutible, como ocurrió con  Air Jordan y antes con Kareem Abdul Jabbar.

Pero hete aquí que, como embrión del tardojordanismo, ha crecido una rivalidad silenciosa, un duelo de titanes que, extrañamente, no ha sido objeto del uso y abuso publicitario que históricamente explotaron tanto la NBA como las marcas comerciales.

Efectivamente, Shaquille O,Neal y Tim Duncan lo tienen todo para servir un feud inolvidable:

Época. O, Neal llega a los pros en el año 1992, Duncan en el 97, 5 años de diferencia, pero 9 compartiendo escenario

Anillos. El ex LSU tiene 4, con dos equipos, y el ex Wake Forest 3, pero va camino de ampliar.

Liderazgo. Nadie pone en duda que dichos anillos fueron obtenidos por equipos guiados por estos dos grandísimos jugadores, acaso el último anillo de O,Neal lo haya sido como escudero de lujo de un líder distinto: el fantástico Dwayne Wade.

Posición. Ambos son jugadores de pintura clásicos, con físicos poderosos que mueven con oficio en espacios cercanos a la canasta, sin apenas lanzar de distancias superiores a 5 metros del aro

Contraste de estilos. Ambos jugadores comparten un factor base, la inteligencia. A partir de ahí, todo es diferencia: Mientras O,Neal basa su dominio en el físico, en un surtido de movimientos bastante mecánicos en los que saca provecho a su inmarcesible combinación de agilidad y fortaleza, Duncan es el paradigma de finesse player, con un juego de pies excelso, dominio del cuerpo impresionante y registro de recursos inacabable, del bank shot a la penetración con bandeja, del trailer al medio gancho.

Contraste de personalidades. En este caso frente a la exhuberancia de O,Neal, que no solo juega al basket, sino participa en films, graba discos de rap y sueña con ser sheriff, encontramos la sobriedad de Duncan, jugador que separa con ahínco su faceta pública de la privada, envuelta en una cómoda opacidad.

Dominación. Si Duncan gana su cuarto anillo ante el aspirante King James, serán 8 los que aúnen, equitativamente repartidos, cuatro por mano. Toda una década, contando además con el embrujo y complicidad de lo remoto, lo diferente, desde la posición históricamente más admirada, la de center, esos hombres gigantescos que empequeñecen al espectador, separándolo del jugador como acaso ningún otro deporte consiga.

Sin embargo, concurriendo todos los elementos para provocar la fascinación del público, nunca ésta se ha planteado en términos absolutos.

De entre todas las razones que pudieran esgrimirse para justificar esta paradoja, una parece erigirse en la más poderosa: nunca se enfrentaron en unas NBA Finals.

Primero, porque compartían Conferencia, Duncan en San Antonio y O,Neal en Lakers. Se enfrentaron en cinco series de playoffs, con balance 3-2 para los angelinos, pero solo en una Final de Conferencia, con sweep púrpura.

Más tarde, cuando Shaq marchó a Miami, y ya nada impedía el gran duelo final, el azar de la competición impuso que no se encontraran en el trance definitivo.

Pudo ser el año pasado, pero el “panzerNowitzky impidió el ansiado evento.

Y así como Bird y Magic se jugaron tres títulos, frente a frente y hasta el límite; así como Wilt y Bill se vieron las caras en dos NBA finals, amén de en multitud de finales de conferencia con sabor a World Championships, la rivalidad Duncan - O,Neal parece condenada a expresarse en paralelo, emitiendo dos líneas que avanzan, pero nunca se encuentran.

No existen momentos definitivos, instantes límite, de la historia de este deporte en que ambos compartieran protagonismo, no hay espacio para la épica, para el litigio, para la leyenda.

Son como DeNiro y Pacino, pero no les queda ni siquiera la escena de la cafetería.

El albur no jugó esta vez a favor de los aficionados, condenando a estos dos grandes a una suerte de extrañamiento competitivo, en el que se observaban de lejos, estudiándose, presintiéndose, como en la escena de Heat en que Pacino y su equipo observan desde la distancia, con cámaras infrarrojos, como De Niro y el suyo preparan un golpe. En un momento determinado De Niro se da la vuelta, su instinto le susurra que le observan, pero la fría oscuridad le devuelve un silencio indescifrable.

Cuando ambos se retiren, las discusiones acerca de quien fue mejor serán inacabables, cada quien apostará por un estilo de juego, o de vida, cada cual intentará arrimar el ascua a su sardina, con pasión de aficionado.

Quizás no tengan ocasión nunca de enfrentarse mano a mano por el máximo trofeo, pero es seguro que compartirán mesa, barra o sofá con los millones de locos del basket que gustan de compartir charlas y discusiones tan cíclicas como inevitables.

O,Neal & Duncan, el inolvidable duelo olvidado, pertenecerán siempre a la categoría de mitos que residen eternamente en el paraíso del aficionado: la memoria.
Por REMEMBER a las 12:31 2 Comentarios
 
LUNES, 14 DE MAYO DE 2007

¿Llegó la hora verd i negre?

Los viejos seguidores de la Penya acaso hayan tenido un deja vu con el emparejamiento que los playoffs han deparado en esta temporada.


Quizás su memoria les haya llevado a la primavera de 1985, a una noche histórica que no acabó en celebración, en el viejo Pabellón Ausías March, aquella Scala tenebrosa del basket europeo, con sus elegantes gradas circulares, atestadas de aficionados sabios y con solera, con mucho basket vivido.


En aquella velada, la Penya se jugaba la segunda liga ACB ante el Real Madrid, tras una semana de éxitos que amenazaba con embriagar a toda Badalona.


Primero, en semifinales, cayó el Barcelona de Andoni Serra, con un palmeo en el último segundo del pivot canadienese Gerald Kazanowski en el Palau que, dió el pase a los verdinegros a la gran final.


Y ya en esa cita de tronío, la Penya expugnó el sancta sanctorum merengue, el Pabellón de la Ciudad Deportiva, con un baloncesto de otra época: moderno, atlético, intenso, una suerte de basket total o de naranja mecánica basketbolera.


Al final de aquel memorable encuentro, el viejo marcador del no menos venerable pabellón, que tanto buen basket había presenciado, reflejaba un 86-111 que muy pocos recordaban en citas de ese calado. La ovación de despedida a los Villacampa, Jiménez, Margall, Schultz, Montero y compañía es de las que nunca se olvidan.


Nada ví igual en la historia de la ACB, hasta los dos primeros partidos del Unicaja de Javier Imbroda en la gran final con el Barça diez años después.


Aito ofició de San Juan Bautista en la Anunciación de ese nuevo Concepto, y la Penya arrasó al Madrid del impertérrito Lolo Sainz, inerme ante tal aluvión de ideas y talento.


Con 0-1 en el parcial, los locales levantarían la Copa con una victoria en su cancha, pero para entonces el viejo zorro madridista ya tenía respuesta al laberíntico planteamiento de Aito, y aquel quinteto mágico, Corbalán- Iturriaga. Jackson- Fernando Martín y Robinson, con Romay de sexto hombre, tiró de veteranía y casta para devolver la moneda en Badalona y cerrar la serie en la "bella" de Madrid.


Fue un fogonazo de clase que a nadie pasó desapercibido, pero el oro futbolero impidió que se reprodujera en el Bressol y diera sus frutos, y en dos años consecutivos Aito García Reneses y Andres Jiménez, dos de los artífices de aquel metabasket total, acabaron en el Palau, para liderar un proyecto, preñado de éxitos nacionales, que cambió el decurso de nuestra competición.


Y ahora, pasados veintidós años, los creyentes en la naturaleza cíclica de la historia, tal vez avisten un signo, un anuncio de algo grande que está por venir.


Llegan los playoffs y lo hacen con una incertidumbre cuasi absoluta, pues los dos grandes futboleros no aparecen como favoritos indubitados, y el Baskonia, tras su fracaso en Atenas que dejó a Boza Maljkovic muy tocado, siembra dudas a pesar de contar con el factor cancha durante todo el playoff.


El actual campeón, parece descartado, fruto de un año de lesiones y malos fichajes.


Mientras tanto, si un equipo ha mantenido una línea de regularidad, con unos picos esplendentes, éste ha sido el Joventut..


No tiene la mejor plantilla, pero sí el mejor equipo. El mejor basket de este año lo han dado ellos, un basket de conceptos claros, de defensas multiformes, de transiciones frenéticas, alegre, intenso, por momentos inalcanzable.


Con muchos descartes de lujo ( Bennett, Archibald, Betts ), algunos veteranos que aportan (Vazquez, Laviña, Gaines, Barton) y un par de estrellas nacionales, Rudy & Ricky, la Penya es capaz de poner en juego dos rotaciones, aptas para mantener su endiablado ritmo de juego casi los 40 minutos de partido.


En casa , en la mejor tradición de su entrenador, crean un infierno de ritmo y defensa que nadie parece en grado de superar, pero resulta que los verdinegros acabaron terceros y para ganar esta Liga necesitarán voltear dos veces el factor cancha, en semis probablemente ante el propio Madrid y en una hipotética final, presumiblemente ante Barça o Baskonia.


La Penya ha de superar el test de madurez de ganar en cancha de un grande, pues. En liga regular cayeron en Málaga (por 18), Madrid ( 5), Vitoria ( 23) y Barcelona ( 5), y si esto se reitera en playoffs, no tendrán opciones de ser campeones.


Pero con una sola victoria a domicilio en cada serie , el fortín del Olimpìc puede llevar a Badalona la quinta liga.


Realmente, pienso que la Penya está frente a  una gran ocasión de ganar esta edición de la ACB, tras planificar una temporada con vistas a pasar primera ronda de euroliga, donde deslumbraron, y al gran objetivo de la Copa de Málaga, donde dejaron una mala impresión, venciendo de chiripa al Akasvayu y siendo vapuleados por el Barça en semis, cayeron en una minicrisis en la segunda ronda de la Euroliga.


Pero, a día de hoy, les veo recuperados, con el tono físico adecuado, sin bajas definitivas, con la plantilla casi al completo y con su líder Rudy Fernández más fino en el tiro que nunca. Posiblemente no vuelvan a alcanzar el punto álgido de enero y febrero, pero a lo mejor no hace falta que lo alcancen.


Solo necesitan motivarse fuera de su cancha, ser capaces de generar la misma intensidad, de meter los partidos y arrastrar a los contrarios a esa guerra sin cuartel,  ese sálvese quien pueda donde se mueven tan a gusto y que los árbitros, en ambiente desfavorable también, entren al juego maquiavélico propuesto por Aíto.


Si lo consiguen, puede haber fiesta en el Bressol, y una fiesta allí, es una fiesta de todo el basket español.

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MARTES, 08 DE MAYO DE 2007

Desde Filopappos.

Desde la ciudad de los Dioses y los Mitos , imbuído de la épica helénica -no quiero ni pensar si aquello acaba en tragedia-  me apresto a subir a la Colina de Filopappos, donde dicen que Sócrates bebió su cicuta, y observar, con la distancia de 48 horas, lo que aconteció en el OAKA.


Fueron 72 horas para recordar, y ahora trataremos de desentrañar algunas de las claves de una nueva Copa del Rey Midas del basket europeo, mientras los fanáticos verdes entonan el porompompero en su homenaje.


Oda a Scariolo.


No se gana un scudetto con 28 años, ni se derriba al "aitismo" en su cuartel general, siendo un hombre ordinario, y la leyenda del bresciano sigue alimentándose, su llama casa vez más intensa, tras la Final Four de Atenas.

Ya el estar fué un milagro, pero el aguantar al CSSKA hasta el minuto 37 y dejar la sensación de que si un par de triples más hubieran besado las redes contrarias, Málaga hubiera jugado la final, es para quitarse el sombrero.


Scariolo ganó la batalla táctica al egregio Ettore, ese guerrero de la neurona, mas no fué bastante para subvertir el orden establecido por los recursos de cada quien.


A pie de pista la defensa de Unicaja me pareció grandiosa, se podía ver en el taimado  y tenso rostro de los jugadores las sesiones de scouting que guiaban sus movimientos precisos en cancha, invitando a sus marcas a tomar el lado malo, excitando la decisión incorrecta de los rivales, cortocircuitando, en fin, la maquinaria ofensiva de los rusos.


En ataque, Carlos Cabezas estuvo en un tris de emular gestas pretéritas, pero el fatum no estaba de su parte y le mandó un rayo directo al lagrimal, mientras que el vulnerado MarcoTusek no pudo clavar sus dagas en el corazón de Moscú.


Un aplauso para Sergio, Málaga tiene una mina de oro que espero acabe dando aún más frutos.

Boza en la picota.


Conste que sus declaraciones post partido me perecen hasta razonables, las estrellas fallaron, pero lo que no tiene perdón es la cachaza táctica, el sopor intelectual, la impotencia que la abúlica actuación de los gazteitarras produjo en el aficionado.


A la salida, las hordas azulgrana clamaban contra el atildado serbio, y es que en ningún momento dieron la sensación los baskonistas de tener opciones, a pesar de que a 4 minutos se pusieron a 6 puntos y debieron recuperar posesión de no ser por una inexistente falta a Scola.


Precisamente Luis, siempre batallador, fue la gran decepción del partido, perdido en el espacio, sin alma, ni buscó el protagonismo que su jerarquía le confiere, ni pareció entender que los trenes al paraiso no pasan por tu puerta todos los años.


El año pasado Maccabi y su afición los borraron del mapa desde la presentación de los equipos- ¡ menudo monólogo amarillo!-, a base de talento e intensidad, pero lo de este año es distinto: se fueron ellos solitos.


Desde luego, Boza no supo motivar a los suyos, no aportó ese elemento de compostura en las grandes citas que supuestamente debía traer consigo cuando le ficharon.

Y de ello la única responsabilidad es la suya.


Papaloukas y la afición griega.


Durante la gran final, hubo un momento donde se mascó la tragedia, donde el villano amenazaba con secuestrar la gloria reservada a los héroes locales.


El villano de esta representación es Theodoros Papaloukas, un ciudadano ateniense vendido al oro bárbaro, que vestía de rojo, como su sangre de guerrero, y azul, como su nobleza de líder.


Anotando dos tiros libres, tras una técnica al Pao, el CSSKA se ponía uno arriba, ya entrado el tercer cuarto, y el partido tomaba una deriva rusa de consecuencias imprevisibles.


Theodoros, marchó a la linea del tiro libre mientras arreciaban los insultos- presumo- y los brazos amenazantes, como aspas de molino, segaban las inmediaciones de nuestras cabezas.


Se quedó solo durante un momento, con 15.000 almas, con sus respectivas gargantas, manifestándole su repulsa.


Theodoros, sin inmutarse un ápice, metió los dos libres y siguió jugando.


Acabaría con 9/10 en tiros de campo y 28 de valoración , pero unas tristes cifras no sirven para glosar la grandeza de un jugador que lo da todo, y lo da con gusto, elegancia y sagacidad.


Al final, Obradovic y su peculiar Deus ex Machina, Dimitris Diamantidis, preservaron la Copa, que no salió del Attica, pero tras recoger su medalla en medio de un tenue abucheo, algo cantaba la sección más animosa de la fanaticada local al derrotado villano.


Theodoros miró de frente a la masa verde, tranquilamente levantó sus brazos y aplaudió. 


El pueblo hubo de rendirse, ovación de gala y de Villano a Héroe ( sin corona) en unos instantes.


Cosas de griegos.

 

Continuará.....

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MIéRCOLES, 21 DE MARZO DE 2007

10 conclusiones, dulces 16.


( publicado originalmente en ACB.COM)


1. Fiasco ACC. La NCAA ( o N-ACC para el caso) se resbaló eligiendo siete equipos de la Atlantic Coast Conference, confundiendo emoción con calidad, y dejando fuera a equipos con mayores méritos como Oklahoma State, Syracuse y alguna prominente mid-major .
A los Sweet Sixteen solo han accedido los Tar Heels de NORTH CAROLINA, no sin antes padecer ante una peleona pero limitada Michigan State.
Virginia, Virginia Tech, Maryland y Boston College cayeron en segunda ronda, Duke y Georgia Tech ya lo hicieron en primera. Por ahora el parcial es de 6-6, nada que se corresponda con el hype que habitualmente acompaña a esta Conferencia.


2. La veteranía es un grado. Los dos finalistas del año pasado, FLORIDA y UCLA, solventaron sendos enfrentamientos de segunda ronda no exentos de complicación.
Los Gators se deshicieron en los últimos cinco minutos de una Purdue roqueña,- donde el prometedor Matt Painter parece haber recogido el legado de Gene Keady, como manufacturero de overachievers- tirando de la veteranía de Corey Brewer, Al Horford y Joachim Noah, quienes se mostraron infalibles cuando más caliente estaba la bola.
Lo del hijo de Tito este año esta siendo de escándalo, digno de Player of the Year.
UCLA se dejó sorprender por Indiana en los últimos 5 minutos, los Hoosiers llegaron a empatar en el último minuto tras ir por detrás todo el encuentro, pero Arron Afflalo, otro upperclassmen con callo, sacó las castañas del fuego desde la línea de tiros libres


3. La veteranía es un grado II. Se habla de OHIO STATE como de un equipo inexperto, pero se olvida que del campeón de la Big Ten del año anterior aun quedan en plantilla 3 seniors titulares, y uno de ellos, el escolta Ron Lewis, sacó el fusil cuando la cosa estaba perdida ( -9 a 3 minutos) para mandar el partido a la prorroga con un triple in extremis. En tiempo suplementario, con Greg Oden descalificado, 7 puntos consecutivos de su coleguita Mike Conley Jr remataron a los Mosqueteros de Xavier.


4. Retorno Rebelde. La legendaria UNLV, de la mano del binomio Kruger, padre entrenador e hijo director, regresa al palcoscénico del basket universitario haciendo presa de una alicaída Wisconsin, a quien la baja de Brian Butch parece haber dejado herida de gravedad.
Wendell White y Michael Umeh no son Larry Johnson y Stacey Augmon, pero en Sin City no están para remilgos de vieja gloria. Carpe Diem.


5. Tennessee rules¡¡¡. Un estado en depresión profesional, esos Grizzlies que andan de capa caída, ha encontrado la ilusión en sus equipos de basket universitario:
TENNESSEE con su bombardero Chris Lofton y dos freshmen pata negra, Wayne Chism y Duke Crews, VANDERBILT con tres triplistas irredentos, Derrick Byars, Shan Foster y Dan Cage, y MEMPHIS con un ejército de las tinieblas liderados por el maquiavélico John Calipari, se han metido en los dulces dieciséis.
Los Tigres tienen pinta de que pueden sorprender a su nº 1 regional, Ohio State, y empacar para el Georgia Dome.


6. Mid Majors al poder. El panorama universitario ha cambiado tanto esta última década que equipos como BUTLER y SOUTHERN ILLINOIS ya no son una sorpresa.
Las universidades medias, las Miramax del college basketball, se han rebelado a los grandes estudios (véanse Arizona, Indiana, Duke y Kentucky ya fuera de juego) y con modestos presupuestos están consiguiendo películas altamente meritorias y moderadamente taquilleras.
En las manos del potente rastafari Jamaal Tatum y el impávido redneck A.J Graves, dos secundarios de lujo, está emular el milagro de George Mason en la pasada edición.


7. En busca de la dignidad perdida. La Pacific Ten había quedado desdibujada dentro del grupo de las majors durante los últimos años, pero esta temporada ya en liga regular fue un tiovivo de sorpresas y emoción.
La presencia de OREGON y USC, dos segundonas habituales, junto a la eterna UCLA viene a ratificar una sensación de regeneración deportiva en el Oeste Americano.
Los Ducks han logrado cristalizar sus esfuerzos reclutadores (Malik Hairston, Bryce Taylor, Aaron Brooks) tras varios años de decepciones y su entrenador Ernie Kent ha conseguido salvar el pescuezo. Atención a la pareja formada por Brooks y el freshman Tajuan Porter, cuando se ponen a enchufar de tres es un espectáculo pirotécnico
Los Trojans van camino de emular a sus primos futboleros, y presentan un equipo muy atlético que se siente más a gusto cuanto más rápido es el juego, liderados por el espectacular swingman Nick Young y el veterano base Gabe Pruitt.


8. En busca de la dignidad perdida II. La otra gran conferencia de este año, con sus apasionantes duelos durante la temporada regular y la presencia del extraterrestre Kevin Durant, ha sido la Big Twelve.
KANSAS y TEXAS A & M certifican la recobrada grandeza de esta conferencia histórica.
Los Jayhawks siguen siendo los favoritos para quien esto suscribe, aunque aun están por pasar ese trago amargo que todo campeón ha de probar antes de levantar la última copa. Los Bruins de UCLA, en una presumible final del West en San José seguro que no lo pondrán fácil, pero este equipo tiene demasiadas armas que inutilizar.
Los Aggies, de la mano de Billy Gillespie, han escalado desde las profundidades de la conferencia, y el dúo de veteranos integrado por el base Acie Law IV y el pívot Joseph Jones mantienen el control, incluso en los momentos más exigentes, como se demostró ante Louisville en un ambiente contrario como el de Lexington.



9. Siempre la Big East. Es una de las conferencias más jóvenes, pero casi nunca falla. En liza quedan las dos grandes dominadoras de este año, GEORGETOWN y PITTSBURGH.
Los Hoyas parecen lanzados, habiendo hallado dos inopinados líderes en el gigante afable Roy Hibbert, y el base comedido, pero letal, Jonathan Wallace. North Carolina en la final regional del Este parece la última frontera para el retorno a la élite colegial.
Los Panthers amenazan con batir el record de menor anotación de la era moderna en su choque ante UCLA, el maestro contra el alumno, pero algún año han de dar la campanada. El siete pìes Aaron Gray parece demasiado cansado al llegar el final de la temporada como para tanto.


10. Apuestas. Decir college basketball, es decir apostar, así que, aún a riesgo de no dar ni una, hay van nuestras cuatro para la Final Four: FLORIDA, KANSAS, GEORGETOWN, MEMPHIS.






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MARTES, 20 DE FEBRERO DE 2007

¿Ganar a cualquier precio?

Existe en el deporte profesional una polémica que cíclicamente se reproduce, atinente a su propia esencia, pero muchas veces planteada al socaire de acontecimientos puntuales, antes como reacción impetuosa que como reflexión reposada.

Y trata sobre cual debe ser el valor prevalente en el deporte en cuestión, si obtener un resultado- ganar- o intentar conseguirlo conforme a un modelo estético- convencer.

En el mundo del fútbol dicha polémica sirvió de arma arrojadiza para los viscerales críticos de Javier Clemente, técnico al que difícilmente podría recusarse de seguir un criterio resultadista, por lo que había que acudir a la coartada “espiritual” en aras de socavar su imagen y credibilidad.

Curiosamente los principales suscriptores de esa línea argumental- lo vistoso, atildado y lìrico por encima de lo pragmático y material- presentaban como evangelistas de esa alternativa decorosa a ilustres y verbosos fracasados, como el argentino Jorge Alberto Valdano, su escudero Angel Cappa o el corresponsal ibérico Juan Manuel Lillo.

El paso del tiempo, caprichoso y retorcido, ha dejado al descubierto lo fútil e interesado de aquellas críticas, al punto que aquellos feroces censores guardan hoy silencio ante el fárrago sin resultados de nuestro actual seleccionador nacional, uno de los nuestros, o mejor, los suyos.

En nuestro deporte, el litigio empieza a cobrar carta de naturaleza a raíz del triunfo del CSP Limoges en la Copa de Europa de 1993, a cuenta de dos equipos más poderosos en lo económico y en apariencia más talentosos, casualmente liderados por los dos jugadores más estrosos de la historia del baloncesto continental: el pívot lituano Arvydas Romas Sabonis y el alero croata Toni Kukoc.

De aquellos sorpresivos acontecimientos, permanece, como divisa sincrética del rechazo al mal gusto deportivo, un término utilizado ad nauseam: el basket tostón.

Echando la vista atrás, se hace difícil encontrar antecedentes en este excluyente criterio estético, es más, señaladamente en el deporte del baloncesto, con su impronta de juego de férrea e intrincada táctica, duelo de inteligencias, de perfecto campo de batalla para taimados estrategas, por oposición al caótico y azaroso fútbol, una buena urdimbre de tramas y trampas y un técnico/mariscal con capacidad de dirigir las operaciones nunca fueron mal vistos.

Aun más, diríase que ese era, es y será precisamente The name of the game.

Al fin y al cabo ¿Quienes fueron los señores de la cosa hasta mitad de los 80? ¿Quiénes alimentaron su propia leyenda como dominadores de los partidos a su voluntad, decidiéndolos en los últimos cinco minutos? ¿Quiénes hicieron del in crescendo táctico, de la intensidad progresiva los más temidos enemigos de sus víctimas?

Los italianos, perpetuos oligarcas de las competiciones continentales en los setenta y ochenta (22 títulos), fueron acusados de muchas cosas, pero pocas, y casi siempre desde la frustración, de jugar feo o aburrir al personal.

Se habla de la escuela yugoslava (15 títulos en los 70 y 80) como paradigma de lo sublime, pero su indiscutido maestro Asa Nikolic, y algunos de sus más aprovechados miembros (Mirko Novosel, Dusan Ivkovic, Boza MaljKovic, Zeljko Obradovic....) fueron reconocidos principalmente por sus espartanos métodos de entrenamiento físico y sus draconianos planteamientos defensivos.

Y sin embargo, como un meteorito que cae en la espesura de un bosque, de repente en aquella infausta primavera de 1993 se acuña el concepto oportunista y falsario del basket tostón.

Oportunista porque trata de explicar una historia de frustración de dos colosos económicos plagados de estrellas a manos de anónimos proletarios como Marc M,Bahia, Franck Butter, Jimmy Verove o Willie Redden.

Y digo falsario porque, a mi aviso, un deporte, y más si es profesional, es una actividad que tiene un solo objetivo justificable en sí mismo: el resultado; gana el que obtiene más tantos, recorre una distancia en menos tiempo, lanza más lejos o recaba una mayor puntuación de un jurado.

Pero en todos estos casos, hay un elemento común, un criterio mensurable que decide al ganador.

Otros objetivos de índole más subjetiva (divertirse, tonificarse, hacer vida social, entretener al público, etc) sin ser desdeñables, no pueden erigirse en protagonistas de la actividad deportiva, so pena de desvirtuarla.

Sentado esto, la pregunta es obvia:

En el deporte ¿Qué importa el cómo se obtiene el resultado a efectos de ponderar su mérito?

En baloncesto, además, se ha creado otro espejismo argumental, según el cual, el ataque es más importante y vistoso que la defensa, que tiene como fementidas derivaciones asertos tales como que un partido de pocos puntos es de menos calidad que otro con altos tanteos, o que el basket control asesinó este deporte.

En mi opinión, ataque y defensa son indisociables, pues son las dos caras de la misma cosa: el baloncesto. Ganarás cuando tu defensa anule el ataque contrario o cuando tu ataque supere la defensa del otro. En el delicado equilibrio y contraste entre ambas facetas del juego reside gran parte de la belleza de este juego, tanto más bello cuanto más se acercan los polos opuestos.

Pero hablar de defensa y ataque como dos entidades autónomas me parece una gran mentira.

Puede que sea un criterio muy personal, pero en mi recuerdo los partidos que más vívidos permanecen son aquellos tensos e intensos, de canastas laboriosas y memorables, precisamente los que desdicen las teorías que asocian aritmética y belleza, vinculando la calidad del juego a la exuberancia del marcador.


Quien esto suscribe pocas veces disfrutó más que con el Caja de Ronda de Mario Pesquera o con el basket italiano de los 80, cuya apoteosis fue la final de la Copa de Europa disputada entre la Ford Cantú de GianCarlo Primo y la Billy Milano de Dan Peterson.

Viene también a cuento aquí, el referente del basket universitario, cuya etapa de esplendor coincide con un maremagnum de reglas aparentemente antiestéticas, como la posesión de tiempo ilimitado.

Aquel instrumento que, sobre el papel, debiera haber socavado la belleza ínsita al college basketball, no solo tal no hizo, sino que deparó algunos de los partidos tácticamente más inolvidables de la historia, fruto de la sublimación de las estrategias y contraestrategias pergeñadas para disfrutarlo o anularlo.

Quiere decirse con esto que nunca en aras de una defensa de un concepto de lo estético puede desnaturalizarse la esencia de toda actividad deportiva: la lucha por ganar, por superar al contrincante.

Precisamente la íntima naturaleza de cada deporte, y en esto el basket es de los más ricos y prolijos, se encargará de generar los contrapesos a cada amenaza, procurando los recursos para que sin renunciar a la esencia competitiva, el deporte en cuestión siga captando el interés del espectador.

Según mi personal criterio, no es mala una fricción entre esencia competitiva y criterio estético, lo que es pernicioso es subordinar la búsqueda del resultado al divertimento de terceros, en este caso los espectadores.

Me recuerda tal posición a quienes, casi siempre en época de crisis de las secciones de fútbol, preferentemente la merengue, proyectan las malas audiencias televisivas para poner en solfa la calidad de una competición, la ACB, que nunca estuvo mejor organizada, fue más competida y seguida en directo que en la actualidad.

Tanto los que quieren el “xogo bonito” como los que anhelan las siglas futboleras, incurren en una falta de respeto hacia la competición al querer programar su azaroso decurso.

Pretender hacerlo, es jugar a demiurgos, es hacer trampas, es en fin, iniciar un peligroso recorrido por la senda donde acaba el deporte y empieza el mero espectáculo.

Y muy triste sería que el basket, a golpe de cortejo a la masa, deviniera en un Pressing Catch cualquiera, con desarrollo y resultado a la carte .

El basket no tiene que ser ni justo ni democrático, es sólo un cóctel de estrategia, atleticismo, intensidad, aletoriedad y verdad.

O, dicho en una palabra, es deporte.

Por REMEMBER a las 16:58 6 Comentarios
 

 

 
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