Remembranzas

JUEVES, 06 DE SEPTIEMBRE DE 2007

Contra la unanimidad. (1ª Parte)

Una de las peores consecuencias de la crisis de las libertades civiles, y entre ellas la de pensamiento, que nos aqueja,  es el temor de opinar contra la corriente, intente usted oponerse a la línea de pensamiento, no ya oficial sino unánime,  y de inmediato será tachado de hereje, bufón o renegado.

Ose poner en duda los axiomas ecuménicos y no terminará de hacerlo cuando se le venga encima la histeria colectiva.

Atrévase a disentir, y el anatema se cernirá sobre su cabeza.

Viene esto a cuento de la unánime “entronización” de Pau Gasol como mejor jugador español de la historia, iuris et de iure, sin asomo de duda ni posibilidad de réplica.

Vaya por delante mi admiración por el Pau persona y también por el jugador, y que admito como posibilidad bastante fundada el que pueda serlo, ahora bien, por lo que no paso es por la conclusión apodíctica, por el trágala litúrgico con que algunos talibanes, virtuales y non, pretenden imponer su criterio.

Siendo comprensivo con la candidatura más que solvente del catalán, su faceta indiscutible me parece tan disparatada como las afirmaciones que sitúan a Dirk Nowitzky  como mejor jugador europeo de la historia o a Tony Parker como mejor base.

Y mucho tienen que ver estas abigarradas conclusiones con una suerte de cegación del progreso, que lleva a quienes la padecen a desechar el pasado, tachando de nostálgicos seniles a quienes tienen por costumbre respetar y conocer la historia, todo ello en aras de mirar a su presente, y su futuro,  como algo mejor porque sí, como si la belleza tuviera una evolución lineal, programada, en precisa coreografía con sus íntimos anhelos.

 A mi juicio, estos egotistas de su tiempo, siempre el mejor,  acarrean una serie de taras que prejuzgan su criterio, y que podemos resumir en 5:

 a)     Rendimiento NBA como prueba definitiva. Los adoradores de Pau,  como los de Dirk y Tony, se basan en los números y galardones que estos han conseguido en la NBA actual para soportar sus indiscutibles conclusiones.

El argumento es tan simple como falsario, ¿Como va a compararse Fernando Martín  con Pau, si aquel agitaba toallas en Portland y este es la estrella de Memphis?

 

¿Cómo atreverse siquiera a pensar que Sabonis, o el mismo  Petrovic, es inalcanzable para Dirk, si el lituano nunca fue MVP de la NBA y el croata pasó un par de años de aguador?

¿Marzorati o Corbalán en la misma liga que Parker? Juasss, si ni siquiera debutaron en la NBA y el francés ha sido MVP de las Finals.

Huelga decir que son muchos los indicios que se acumulan en decirnos que esta NBA no tiene nada que ver con “aquella”, que jugadores que allí eran el númeo 11, 12 o ni tenían hueco (Ricky Brown,  Corny, Norris, Magee, Caldwell, Jackson, Russell, Arlauckas……….)  aquí eran estrellas. Ahora vienen primeras rondas altas de draft que no es que no dominen, incluso algunos  se arrastran por nuestros pabellones ( Tskitisvhli, Jacobsen, Moiso, Nolan, Humphrey, Troy Bell....)

Claro que el basket europeo en 20 años ha evolucionado a mejor, y mucho,  pero ¿tanto como para que se haya producido esa revolución?

¿No será que la NBA y el basket americano están estancados, cuando no involucionando?

Es que ahora jugadores titulares en la NBA vienen a Europa y pasan desapercibidos ( Seikaly, Cardinal, Abdul Rauf ….) e incluso europeos que allá son objeto de disputa ( Milicic, Bargnani) o brillan ( Okur), aquí con sus selecciones tampoco es que nos epaten, cuando no pasan de discretos ( Planinic, Welsch).

Es que jugadores que aquí eran buenos gregarios (Varejao) o estrellas en ciernes ( Kirilenko, Herrmann, Nocioni) allí parten el bacalao nada más aterrizar.

Es que combinados de estrellas USA- plagados de All Stars- ya no solo es que no parezcan infinitamente superiores- como hace apenas 20 años lo parecieron los chicos universitarios de LA 84- es que hasta parecen impotentes ante las mejores selecciones FIBA en Olimpiadas y Mundiales.

¿Alguien seriamente piensa que los Jordan, Olajuwon, Ewing,  Thomas, Barkley, por no citar a Bird, Magic, Erving, Malone, Jabbar y cía, sufrirían AHORA ante equipos de jugadores formados en Europa?.

No han pasado 15 años desde la demostración de Barcelona 92, pero los infatuados se niegan a ver.

Oiga, que las audiencias de la NBA han bajado considerablemente, que al público no le interesa, que el propio Stern ha reconocido de soslayo la bajada en la calidad del juego, proponiendo reformas.

Oiga, que han tenido que fijar un límite de edad para el draft ante la puerilización del juego.

Nada, esta NBA es mucho mejor, todo evoluciona, cualquier tiempo futuro será el mejor, y eso no se discute.

 Por tales razones me parece que la expresión “mejor de la historia” a la que son tan dados estos iluminados, debería ser sustituida por “mejor rendimiento en la NBA de la historia ”, formula que relativiza la afirmación a su verdadero entorno espacial y temporal.

 

 

 

 b) Preeminencia de lo físico sobre lo intelectual. No existe una ecuación perfecta que nos diga en qué medida estos dos aspectos influyen en el juego conocido como baloncesto, pero creo tener claro que sin inteligencia no se va a ninguna parte.

A mi siempre me pareció que la cabeza es un elemento indispensable, fundacional,  para poder ser un gran  jugador, y la presencia de gente como Russell, Cosic, Walton, Meneghin, Bird, Epi, Creus, Bodiroga , o los actuales Papaloukas, Diamantidis, Garbajosa o Duncan, ejemplos de jugadores inteligentes, grandes exégetas del juego, en los planteles ganadores de títulos no hace sino ratificarlo.

 

Algo me dice que si gente de gran físico como Jordan u O,Neal no hubieran tenido bien amueblada la cabeza, habrían acabado como los Terence  Stansbury o Baby Gorilla Dawkins de turno, freaks de recuerdo tan fugaz como liviano.

Sin embargo, los egotistas de su tiempo poco tardan en sacar a relucir la eugenesia musculosa de sus nuevos héroes como prueba de la indiscutible superioridad del juego actual.

Y en esa clave, un 2,14 con la movilidad de Pau, es un cyborg inalcanzable para gañanes como Fernando Martín o Andrés Jiménez.

En primer lugar, no es seguro que Gasol sea un mejor atleta que Martín, por ejemplo, sobre eso habría mucho que discutir, y en segundo lugar esa interpretación meramente física del juego, olvidando factores como la capacidad de leer el juego, el liderazgo, la intensidad, la garra y el orgullo, solo puede llevar a conclusiones perversas.

Por no olvidar la capacidad defensiva, algo en que estos adoradores de la antropometría no suelen fijarse.

La discusión, planteada en el reducido ámbito de las cachas y las medidas, está acabada para ellos.

Para mí, acaba de empezar, pues es precisamente en esos parámetros, que algunos llaman intangibles, donde creo que Gasol es más vulnerable, como lo demuestra el fiasco del equipo al que presuntemente lidera en la NBA, de mal en peor, aunque seguro que la culpa la tiene  los otros.

 Eso sí, será otro día………

 

 

 

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VIERNES, 24 DE AGOSTO DE 2007

Cuentos de Verano (y II).

PARA SIEMPRE.

 

Les contaré la historia tal como acaeció, sin cortes ni exageraciones, pues a veces los hechos no precisan más refuerzo que el ser narrados.

Leti Pappet me habló cierta vez de un amigo suyo- Josef Ortiga- que estaba en trance de muerte, aunque él no lo sabía.

La Unidad de Salud Preventiva, en los chequeos mensuales a los trabajadores, había detectado una forma incurable de cáncer de médula y la prognosis era de 30-33 días de supervivencia, con un porcentaje de éxito del 99, 54879 %.

Rápidamente, siguiendo el protocolo eutanásico, remitieron su expediente a la Central de Bienestar Social, donde trabajaba mi amiga Pappet, que estaba desarrollando un programa conocido como ERI (Eutanasia Regresiva por Inducción.)

Dicho programa facilitaba al candidato la posibilidad de programar su muerte, otorgándole un último día en aquel escenario histórico que deseara, a fin de que sus últimos instantes en esta Vida fueran lo más placenteros posibles.

Una compleja técnica en la que se aplicaban, sucesivamente,   hipnosis inducida  y estimulación de ondas delta mediante gamas de infrasonidos y luces estroboscópicas, conducían al psiconauta  a un estado de trance en el que  pudiera recrear en su mente, como si lo estuviera realmente viviendo, ese escenario deseado.

Ortiga aceptó someterse al programa ERI inmediatamente que supo de su enfermedad Terminal, y era el candidato ideal, según le dijo a Pappet su Jefe en la Central de Bienestar Social.

Hombre introvertido, solitario, melancólico, aún joven, si el programa era efectivo no podían haber encontrado mejor cobaya que Ortiga.

El Protocolo de Actuación exigía que el psiconauta eligiera, con 5 días de antelación, la fecha y el lugar a donde debía ser inducido, así como el personaje, a fín de preparar la técnica hipnótica.

Ortiga eligió Long Island, el 13 de mayo del año 1976, sería un periodista del Newssday siguiendo al equipo de basket de los Nets, en una competición llamada ABA, que desaparecería ese mismo año.

Ese día Julius Erving y David Thompson, acaso los dos jugadores más salvajes y espectaculares de la historia del baloncesto, se veían las caras en el que sería   el último partido de la historia de la ABA , el 6º de aquella final.

El futuro psiconauta se despidió de sus escasos amigos, y a las 11:00 horas del 25 de enero de 2056  se encontraba en el diván del equipo neurólogico,  presto a someterse a la técnica.

A las 12: 25  inició el periodo inducido de Josef Ortiga, el cual debía ya encontrarse en el inmenso Nassau Colliseum, atestado en sus casi 20.000 localidades,  en algún lugar de la zona de prensa, quien sabe si a pie de pista.

Un día después, se producía la muerte cerebral, y sus restos eran trasladados al Depósito Estratosférico, para su cremación y eyección.

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Leti Pappet me contó esta historia hace unos días, cuando vino a comunicarme la mala noticia.

En ocho años, el programa ERI se había desarrollado y se aplicaba con regular éxito, y como sabía que yo también era un gran aficionado al baloncesto, lo uno llevó a lo otro.

Tras escuchar aquella historia, imaginando lo mucho que Ortiga debió disfrutar viendo aquellos momentos finales de la ABA , presenciando como los Nets remontaban una desventaja de 22 puntos en el tercer cuarto, para coronarse campeones ante unos Nuggets liderados por un colosal Thompson, no dudé un momento en someterme al ERI.

 Había pasado varias noches en vela, no por el impacto de la noticia de mi inminente muerte, sino por la excitación de elegir el momento al que deseaba ser regresado.

Por mi imaginación transcurrieron la Final Olímpica de Munich, los 100 puntos de Chamberlain, la victoria de Texas Western sobre Kentucky, el duelo Bird – Magic en la final de la NCAA ……….

Finalmente, mi pasión por la pallacanestro me llevó a elegir el partido de desempate entre la Billy Milano y la Squibb Cantú , disputado en el Palacio San Siro, en las semifinales del Scudetto de 1981.

 Fue una batalla épica, decidida en el tercer partido a favor de los canturinos tras dos prórrogas, después de que ambos equipos hubieran obtenido sendas victorias a domicilio, en partidos también tensos e igualados.

Llegado el día, ansioso por asistir a esa joya del mejor baloncesto que nunca hubo en Europa, me presenté en el Centro de Bienestar Social y, antes de iniciar la hipnosis, Leti Pappet, ante mi curiosidad, me mostró una foto del expediente de Ortiga, que ya  era para mí casi como un amigo.

Con la imagen del primer Psiconauta del ERI en mi mente, comencé el que sería mi último día sobre esta Vida. 

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El ambiente estaba caldeado en las ajadas y oscuras gradas del Palazzone, Tom Boswell celebraba estentóreamente la victoria con sus compañeros en el centro de la cancha, los tiffosi locales le imprecaban, amagando con invadir la pista, mientras Dan Petterson y Valerio Bianchini se  saludaban fríamente.

Cantú era finalista, eliminado a la gran favorita en su propia cancha,  tras un partido memorable, y Mike D,Antoni marchaba con cara de pocos amigos a la bocana de vestuarios.

Observaba al gran base italoamericano, allá sentado en la tribuna de prensa, aún excitado por lo que había vivido, cuando sentí como una mano se posaba en mi espalda.

Al darme la vuelta, experimenté una sacudida brutal, al reconocer a la persona que me quería saludar.

Contemplándole, en un momento pude comprender cuán arrogante era la ciencia de los hombres, pretendiendo expedir billete de ida y vuelta al pasado  a quien ya vivía para siempre en él.

Mirándole a los ojos, vi en ellos la felicidad del pasado eterno, y me dejé llevar, sabiendo que mi dicha no podía ser mayor: morir imaginando cuantos días de gozo habría disfrutado aquel Hombre que vivía en el Pasado, y cuantos me estaban por venir.  

Milano, 25 de enero de 2056.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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VIERNES, 20 DE JULIO DE 2007

Cuentos de Verano

DUNK KILLS BANK SHOT STAR.


Sobresaltado, me incorporé en el lecho, sudoroso, entumecido.

Traté de intuir en las sombras ese aro reluciente que recién acababa de ser mancillado por aquella irreverente figura.

La habitación empezó a perfilarse en mis retinas, mas no había rastro de aquel instrumento de mi tormento.

Intenté recobrar, en mi mente, el momento soñado – pues ya sabía que de tal se trataba-, pero lo más que pude fue recuperar el ahogado grito con que la canasta acogió la inesperada agresión.

Fue una cacofonía del horror, un profundo lamento que partía de un tiempo remoto, acaso inexistente.

Pareciera proceder de una tierra neutra, donde todo se hubiere detenido.

Aún nervioso, me levanté y miré por la ventana entreabierta.



Que lástima que se pase el tiempo ¿verdad?


Apenas fue un susurro, cavernoso e inspirado, pero llegó a mis oídos inconfundible, con firmeza y claridad.

Ni siquiera me molesté en indagar sobre su procedencia, aquella voz no podía ser de este mundo.

Debí haberme quedado dormido de pie, frente a la ventana, estaba aterido y confuso.

Más calmado, bebí un vaso de agua, me puse las chanclas y bajé al patio trasero.

Era tarde, apenas se veían luces en la urbanización, pero no podía resistirme. Algo me empujaba a lanzar a canasta.

Era una noche cerrada, negras nubes crepusculares le ganaban la batalla a una pálida luna, y soplaba un gélido viento que alborotaba mis cabellos, acariciando mi cara, llenándome de vida.

Respirando a pleno pulmón, en aquel preciso momento me sentía omnipotente, capaz de hacer lo que me propusiera.



Que lástima que nos muramos…………


Nuevamente aquel susurro desgarrador, pero esta vez tan nítido, sobreponiéndose al ulular de aquel viento helador, que me hizo darme la vuelta, tratando de hallar su origen.

Nada, a escasos metros, la espesura del seto me devolvió su indiferente y amorfa mirada, oscuridad y más oscuridad, escasamente matizada por los rayos de luz que, procedentes de una farola, lograban filtrarse a duras penas.

Cogí la bola, que yacía morosa junto a la pared y empecé una serie de lanzamientos desde cinco metros, a 45 grados del aro.

Lancé diez tiros, todos a tabla, todos dentro.

Juraría que los diez describieron la misma parábola.

Aún bajo el asombro de aquel prodigio de azar y tino, nunca fui buen tirador, lancé otros diez.

Otro tanto de lo mismo.

Y luego otros diez. Y otros diez más, no podía parar.

Así hasta 100, siempre desde la misma posición.

Todos corrieron igual suerte.

Algún extraño poder debía poseerme, ya dije que nunca fui buen tirador, pero es que, además, jamás lanzaba a tabla, era algo de viejos, que en un partido nunca probabas.

Era una de esa leyes no escritas que todos respetamos, tirar a tabla es de pringaos, de nenazas, la gente no te respeta si lo haces.

Pero en aquella agradable y oscura soledad, con los cabellos desmadejados, como cortinas sobre mis ojos, tirar así me pareció un ejercicio de sublime belleza.

El efecto que imprimía a la bola, el preciso contacto con el cuadro del tablero, como luego salía despedida, en salvaje retroceso, y se acunaba, dulce y voluptuosa, en las fauces del cesto, como si fuera devorada.


…………y que nos hagamos viejos


Ahora era una voz clara y serena, que inspiraba autoridad, que sonaba sabia, rancia y reveladora.

Aun así, algún recuerdo debió removerse en mi conciencia, aquel sonido me era familiar.

De repente, sin saber por qué, me alejé del aro lo más que pude, emprendí una veloz carrera y me dispuse a realizar un mate, como tantas veces antes había hecho.

Pero esta vez, ya en el aire, cuando avistaba el aro, casi a su misma altura, al iniciar la batida de brazos, esperando sentir el triunfo en las yemas de mis dedos, percibí una fuerza torrencial que impidió que hundiera la pelota.

Fue tal mi asombro que apenas pude contener el golpe con la pared frontal, y sentí como mi cabeza  chocaba con ella  a plena velocidad y un estremecimiento sacudía mi cuerpo entero.



Y que las cosas buenas se vayan alejando de nosotros al galope.
 

En el suelo, bajo el aro, mientras un fino hilo de sangre recorría mi rostro, escuche éstas, las que debieron ser mis últimas palabras.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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VIERNES, 13 DE JULIO DE 2007

NCAA BASKETBALL. Top Ten 2007-2008.

Comenzamos una serie de artículos en los que iremos desgranando pequeños comentarios sobre los diez mejores equipos de la próxima temporada de baloncesto universitario, que comenzará a mediados de noviembre.
Una vez cerradas las plantillas, concluído el periodo de reclutaje y celebrado el draft, se puede empezar a valorar lo que se anuncia como otra apasionante temporada de un baloncesto que cada vez concita un mayor interés entre los aficionados al baloncestro de este país.
Empezando en orden descendente, nos encontramos en el puesto DÉCIMO a :
10.  Kansas JAYHAWKS
 
La gran favorita de la temporada anterior tendrá que luchar contra sus demonios particulares para poder entrar en consideración cara a la lucha por el título. El descalabro ante los Bruins en Final Regional, dando una imagen de equipo blando y propenso a venirse abajo en el clutch time, no hace sino ahondar en la etiqueta de underachiever que pesa sobre este equipo desde los tiempos de Danny Manning y Larry Brown, ya hace casi 20 años.
 
En Lawrence siempre hay buenos jugadores, y este año, a pesar de la marcha anticipada de Julian Wright, la plantilla sigue siendo de grandísimo potencial.
 
Brandon Rush regresa para su año junior, algo impensable hace tres temporadas, cuando se daba por seguro su salto directo a la NBA, y ha de seguir creciendo como jugador, a la vez que asumiendo el puesto de líder que en momentos críticos ha faltado a los Jayhawks.
 
Por dentro, los veteranos Darnell Jackson y  Sasha Kaun, que serían jugadores de primer nivel en cualquier otro equipo,  y el freshman Cole Aldrich pondrán centrímetros y kilos, aunque no se puede delegar en ellos el peso atacante, algo para lo que sí está dotado Darrell Arthur, uno de los mejores atletas que circularán este año en NCAA, del que se espera que abandone la universidad tras su año sophomore.
 
En el backcourt, la vuelta de Mario Chalmers, uno de los responsables de la debacle ente UCLA, le dará chance de buscar la redención, aunque la presumible emergencia del talento Sherron Collins, del que se anuncia año de consagración, podría restarle tiempo, toda vez que Russell Robinson es acaso el base más puro que tiene el equipo.
 
Bill Self se encuentra ante un año clave, pues otro añito sin alcanzar la Final Four puede agotar la paciencia de los directivos de la Universidad, Kansas es uno de los grandes y no puede permitirse continuar en la actual deriva perdedora.
 
9. Gonzaga ZAGS.
 
Dentro del fenómeno de eclosión de mid majors al que ha asistido el college basketball en el último decenio, la Universidad de Spokane ha sido la más constante, si bien nunca alcanzó el escenario más deseado: la Final Four.
 
Un balón perdido ante UCLA hace dos años por el pivot brasileño JP Batista, a escasos segundos de la bocina, corolario cruel de unos dos minutos finales nefastos, sepultó las ilusiones de un programa que acariciaba la gloria.
 
Este año, los Zags, a pesar de haber perdido a su último base maravilla, el menudo y certero Derek Raivio, vuelve a contar en los pronósticos, toda vez que cuentan con una plantilla veterana en la que el talento y la altura predominan.
 
La fortaleza del equipo radicará en las posiciones de aleros y pivots, donde contarán con baterías de  jugadores con experiencia y algun novato de ilustre dinastía.
 
Matt Bouldin, Jeremy Pargo y el McDonald,s All America Micah Downs ( temible tirador, ex recruit de Kansas que se transfirió el año pasado, debutando a mitad de temporada) representan un poder anotador bastante inquietante en las alas, mientras que el hijo pródigo Josh Heytvelt, un ágil 6-11 de buena mano que algunos consideran el mejor proyecto que ha tenido nunca el programa, y el freshman  Austin Daye, un ala pivot de 6-10 y muñeca de seda, hijo de uno de los mayores mitos de la pallacanestro, el biancorosso  Darren Daye, pondrán centrímetros y calidad en la pintura, con la ayuda de los más toscos Abdullahi Kuso y Theo Davis.
 
La duda es quien dirigirá semejante orquesta, pues el único base puro, el local Andrew Sorenson no parece a la altura, por lo que entre el irregular  Pargo y Downs, un 6-8 ligero y habilidoso, habrán de salir adelente.
 
8. Kentucky WILDCATS
 
Aires de renovación soplan en el programa más historiado de la NCAA, sorprendentemente Tubby Smith hace las maletas y llega Billy Gillispie, tras sus dos éxitos en el estado de la estrella solitaria, concretamente en  UTEP y Texas A&M.
 
Dos son las características del joven técnico: la capacidad de trabajo, al límite de la obsesión, y su fuerza reclutadora, algo en lo que los Wildcats habían perdido algo de pie en relación con sus pares en la élite del College Basketball.
 
Si en el caso de Gonzaga hablábamos de exceso interior y problemas de dirección, los Wildcats son el caso contrario, ya que el senior Ramel Bradley garantiza experiencia y afan de superación en la posición de base, y el juego exterior está más que surtido con Joe Crawford, Jodie Meeks, Derrick Jasper y el novato Alex Legion.
 
De estos tres Meeks, un buen recruit que ha superado sus expectativas en un gran año freshman, parece llamado a liderar al equipo con su excelente técnica y versatilidad mientras que Crawford, otrora superestrella de la H.S y actualmente uno de esos seniors por castigo, se halla ante el último tren a la NBA, el que parecía su seguro destino tres años ha.
 
Por dentro destaca la incógnita, cada vez menos, de un freshman de excelencia, el celebrado Patrick Patterson que finalmenté se decantó por los de Lexington, y que muchos pronostican como un one and done a poco que cobre protagonismo, mientras que Perry Stevenson, un jugador explosivo y taponador de 6-9, pondrá músculo y trabajo bajo aros, aunque deberá acercarse a las dobles figuras en anotación para compensar las amenazas del equipo.
 
Kentucky presenta una  de sus escuadras más jóvenes de los últimos 20 años, un técnico nuevo y muchas interrogantes, pero el peso de la tradición bluegrass descansa sobre uno de esos técnicos jóvenes llamados a marcar una época.
 
7. Michigan State SPARTANS
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Hay ciertos entrenadores que, habiéndose criado en una cultura de optimización de recursos, funcionan mejor con plantillas de hombres que con las de nombres. Algo así puede haber pasado en Lansing con Tom Izzo y los Paul Davis, Shannon Brown y cía, bluechipers que no han alcanzado el trono que sí lograron los menos publicitados, Mateen Cleaves, Andre Hutson y cía.
 
Este año los Spartans cuentan porque van a estar liderados por dos de esos guerreros que tanto gustan a su técnico, el base senior Drew Neitzel, un jugador que llegó con fama de tirador alocado y ha acabado siendo un líder completo, que suple con corazón sus deficiencias técnicas, y el alero Reymar Morgan, un top 40 de High School que desde su debut en el Madison mostró versatilidad y calidad más que suficientes para anotar en dobles figuras.
 
Pero la gran diferencia de este equipo la ha de marcar un tapado, un jugador sin referencias, no entraba entre los 100 primeros de su promoción,  que el año pasado se manejó a gran nivel en la pintura, me refiero al pivot Goran Suton, un bosnio 6-10, con cuerpo, movimientos,  muñeca y actitud para mantener el tipo ante los mejores interiores del basket universitario.
 
Las buenas noticias no acaban ahí, pues los 5 mejores anotadores del equipo regresan, y un quinteto con dos seniors, dos juniors y un sophomore, en estos tiempos de cambio, no es poca cosa.
 
Y para los curiosos, Los Flintstones siguen estando presentes en el roster verde, Marquise Gray y Tom Herzog, un center novato de siete pies, serán los depositarios de esta honorable tradición.
 
En resumen, experiencia e intensidad, a falta de calidad deslumbrante, serán los ingredientes con los que este programa asalte la Big Ten y trate de colarse e  la Final Four.
 
6. UCLA BRUINS.
 
 
Desde la llegada a Westwood de Ben Howland, los Bruins cuentan siempre para ganarlo todo, como han demos trado en las dos últimas ediciones, sólo la presencia de un equipo histórico como los Florida Gators ha impedido que en las colinas de Los Angeles se celebren dos títulos que añadir a la historia de excelencia de este programa.
 
El leit motiv de los equipos del ex Pitt es claro: destrozar psicológicamente a los rivales a base de frustración, con una gran defensa. cambiante y atosigante, y un ataque muy controlado, buscando siempre la mejor opción.
 
Lo hicieron hace dos años con Gonzaga y Memphis, que se perfilaba como favorita, y lo repitieron el año pasado con Kansas, el equipo con más talento, pero con crisis de liderazgo y confianza que los angelinos supieron explotar.
 
La pérdida de Arron Afflalo no debería notarse en exceso si Josh Shipp y el gran base Darren Collison toman las riendas en el backcourt,  y sin embargo este año cuentan con algo que otros años no tenían: un jugador interior decisivo.
 
Kevin Love, ni más ni menos que el atleta colegial masculino del año, un pivot blanco de 6-9, inteligente, con buena mano y exquisita técnica , despreció la oferta de Duke- su destino natural- y se incorpora a los Bruins, creando hermosas expectativas.
 
Si el freshman de oro es tan bueno como se apunta, los gladiadores de lujo Lorenzo Mata, Luc Mbah a Moute y Alfred Aboya, wide bodies capaces de sofocar a casi cualquier juego interior rival, podrán concentrase en tareas de intendencia, lo que los hace aún más temibles.
 
Cualquier rival sabe que será un día duro ante los angelinos, que todos sus resortes nerviosos serán puestos a prueba, lo más cercano a aquellos 40 minutos de infierno que hiciera famosos Nolan Richardson en la gran Arkansas de los 90..
 
Con tales ingredientes, no sería de extrañar una nueva presencia de UCLA en la Final Four, y esta vez, sin su némesis sureña en frente, todo puede ocurrir.
 
5. Georgetown HOYAS.
 
 
Casi todo el mundo daba a los capitalinos nº 1 nacional si Jeff Green hubiera decidido agotar eligibilidad, pero tal evento no ocurrió, luego hay que reconfigurar el planteamiento.
 
Y lo cierto es que los de John Thompson III, bien pudieran ser el mejor equipo de la nación o salir del top ten, todo en función de la resolución de dos incógnitas:
 
- ¿Como responderán Patrick Ewing Jr. y, sobre todo, Vernon Macklin, a la llamada de la oportunidad?.El primero parece un jugador limitado, valiosísimo como hombre de rotación, pero algo corto para ser titular de un powerhouse colegial. El segundo parece perdido, con grandes talentos latentes, pero con un desempeño en pista errático y decepcionante, algo que se venía anunciando los dos últimos años en High School, cuando fue descendiendo alarmantemente puestos en los rankings ( llegó a ser considerado un prospect mejor que Kevin Durant).
 
Por el momento, este aspecto del juego interior parece bastante oscuro.
 
- ¿Que aportarán los dos recruit estrella del backcourt?. Hasta ahora los Hoyas se habían mantenido arriba con exteriores sin pedigrí, pero este año llegan dos McDonalds All American : Austin Freeman, un escolta poderoso físicamente, producto de la prestigiosísima DeMatha H.S. y  Chris Wright, excelso tirador que fue considerado  jugador del año en las durísimas ligas colegiales de Washington.
 
El hecho que estos dos novatos de lujo no necesiten tirar del carro desde un inicio, pues en ela plantilla ya hay veteranos para ello,  puede ser un factor de estabilidad que favorezca su integración en el equipo, aunque habrá que ver como llevan el no ser protagonistas.
 
Al margen de estas cuestiones, G,Town cuenta con el mejor center universitario, Roy Hibbert, ejemplo de trabajo y superación, uno de los mejores bases en Jonathan Wallace, y un alero fuerte con potencial ilimitado como DaJuan Summers, amen de un conjunto bastante unido, en trayectoria ascendente y que tras el regreso a la Final Four el año pasado solo tiene un objetivo: llevarse el anillo de campeones.
4. Tennessee VOLS.
 
 
En Knoxville están acostumbrados a los éxitos en baloncesto, pero siempre de otro género. Desde los tiempos de Ernie & Bernie, no se respiraba un clima de expectación tan intenso como la que inspiran los chicos dirigidos por Bruce Pearl.
 
Y tal euforia no es baladí, si tenemos en cuenta que regresan los mejores jugadores de la temporada anterior, a los que se unen un par de transfer de primer nível.
 
En efecto, los sureños cuentan con una estrella legítima, el escolta Chris Lofton, un caso de sleeper colegial, jugador sin grandes antecedentes que se desarrolla en la Universidad, y que es a día de hoy, el mejor tirador de la Liga y un candidato más que serio a POY. Su afición por jugarse las bolas calientes es una de sus principales bazas.
 
Por dentro, también van servidos, con una pareja talentosa y jóven formada por Wayne Chism y Duke Crews, dos top 30 en High School hace dos años, que confirmnaron su potencial en su primer año en Tennessee. Si acaso se les puede acusar de alejarse demasiado del aro, de no pegarse, pero su versatilidad y buena mano está fuera de duda.
 
Lo dicho no es poco, pero como diría el cartoon, aún hay más. Y ese más tiene el mismo apellido: Smith, pues son ni más ni menos que 3 los jugadores con tal apellido que pueden ser decisivos para las aspiraciones de este programa.
 
Jajuan Smith es un escolta senior que ha  pasado de ser un suplente sin apenas brillo en su primer año, a anotar quince puntos por partido como junior; Ramar Smith es el mejor base puro de la plantilla, un soph que en su año de novato ya anotaba en dobles figuras; y finalmente, la joya de la corona, Tyler Smith, un transfer de postín, ni más ni menos que un jugador de gran prestigio en el Instituto que abandona Iowa siendo uno de sus mejores jugadores (catorce puntos de media), y que aportará ductilidad y fuerza al puesto de 3-4 en este equipo. Si rinde como se espera, los Vols son candidatos a todo.
 
No es de extrañar que en Knoxville anden locos por incordiar.
 
3. North Carolina TAR HEELS.
 
En principio, el retorno de una tripleta de la jerarquía de Tyler Hansbrough, Wayne Ellington y Ty Lawson debería segurar a los de Chapel Hill la condición de favoritos, pero hay algo que no acaba de convencer, que estuvo presente a lo largo de la temporada anterior y pudo percibirse con inusitada fuerza en la debacle de los últimos 15 minutos ante G,Town.
 
El equipo parece que no tiene química, que no ha encontrado a un lider sólido, una distribución armoniosa de roles, e incluso el otrora idolatrado Hansbrough- su año freshman fue impactante- se nos representa como un jugador vulnerable, como alguien con limitaciones.
 
En todo caso, los azules cuentan con una plantilla de ensueño, en el que un talentazo como Deon Thompson- acaso el mejor juego de pies del basket universitario-  puede llegar a pasar por jugador de rol, y en la que gente como Bobby Frasor, Danny Green , Marcus Ginyard o Alex Stepheson, que en la mayoría de programas serían estrellas, pueden dedicarse a tareas más oscuras.
 
Roy Williams tiene ante sí un reto que ya satisfaciera con los May, Felton, Mcants y cía, hacer que sus hombres, a pesar de su clase natural,  se pongan a laborar duro en defensa, que asuman que solo desde el trabajo y la intensidad se puede alcanzar el éxito en el basket colegial.
 
Al final nos encontramos ante otro equipo indescrifable, capaz de lo mejor o lo peor.
 
2. Memphis TIGERS.
Llega la hora de la verdad para John Calipari y sus chicos, tras dos años de partir como darkhorse oficioso, los de la Ciudad de la Música pasan a ser serios favoritos al título, y todo lo que no sea estar en la FF se reputará fracaso.
 
Curiosa evolución la de este equipo, que hace tres años, cuando se produjo la desbandada de los mejores programas de su conferencia hacia las majors- especialmente la Big East- se dijo quedaría reducido a la mediocridad.
 
No contaban dichos análisis con la proverbial energía del técnico italo americano, capaz de motivar a sus chicos por encima de tales vicisitudes.
 
El exigente calendario de los Tigers fuera de conferencia ( Coaches vs Cancer, Jimmy V Classic, G,Town, Arizona, Gonzaga, Tennessee.....) pondrá a prueba su capacidad de respuesta ante situaciones de presión, preparándoles para los momentos más calientes de The Big Dance.
El gran reto este año es conservar el "espíritu Laurinsburgh" recibiendo a uno de los 5 mejores jugadores de la camada del instítuto, un base de Chicago, con todo lo que ello comporta, que responde al nombre de Derrick Rose. Si en el presumiblemente único año que el chico pase en Memphis, sabe adaptarse a las necesidades del conjunto, sacrificando su exposición individual, todas las piezas pueden encajar.
 
Por lo demás , la plantilla está cerrada, con un núcleo de jugadores con tres años de experiencia juntos en el que el habilidoso Chris Douglas Roberts por fuera  y el tan poderoso como lenguaraz Joey Dorsey, en la pintura, se plantean como líderes, con gente de solvencia como Robert Dozier, Alan Anderson, Willie Kemp o André Allen, en labores de intendencia.
 
Solo el peso de ser favoritos puede romper sus sueños de grandeza.
 
 
1. Louisville CARDINALS.
 
Si alguien hubiera anunciado hace 20 años que un mismo técnico reflotaría los dos grandes programas del estado bluegrass, todos hubiéramos pensado que desvariaba, pero así y tanto ha cambiado el College Basketball, que Rick Pitino puede completar semejante hazaña.
 
Desde luego sería hermoso que lograra integrar tanto talento como tiene, y que consiguiera que la suma del mismo se expresara en forma de juego de conjunto.
 
A esos efectos, tres son los retos del técnico cardenal:
 
Empecemos con el sophomore Edgar Sosa, un neoyorkino sabrosón que el año pasado, en el último partido de Louisville, se comió a Acie Law, ni más ni menos. Más centrado de lo que se esperaba, el base te puede destrozar tanto en la penetración como desde la línea de 3. Debe mejorar sus decisiones, aunque ni mucho menos es ese jugador alocado que algunos anunciaban..
 
Continuemos con el pivot  Derrick Caracter, de quien ya hablamos en estas páginas, un tipo con clase para regalar pero con una mala cabeza que le lleva a meterse en faltas en muy poco tiempo. De la raza de ilustres gordos interiores con feeling for the game y mano de seda, seguimos esperando que explote como jugador.
 
Y terminamos con Earl Clark, uno de esos jugadores filiformes que parecen haberse quedado a medio camino de cualquiera parte, a lo Tayshaun Prince en sus inicios en Kentucky, pero que si se centran te dan una ductilidad en ataque, a la par que unas ventajas en defensa, de las que suelen valer títulos.
 
Tello Palacios y David Padgett, dos jugadores sobrevalorados aunque bastante aprovechables, serán los referentes en la pintura, mientras que Terrance Williams, un swingman que ha ido ganado en regularidad y liderazgo, y Jerry Smith, sophomore que el año pasado tuvo bastantes minutos, y que es el mejor tirador de la plantilla, completan una rotación que nada tiene que envidiar a las mejores de este año.
 
Serán intensos y ambiciosos, solo falta por comprobar si serán astutos y si sabrán jugar los unos con y para los otros.
 
Creo que Pitino los va a armar, (y la va a armar).
 
 
 
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LUNES, 11 DE JUNIO DE 2007

INOLVIDABLE DUELO OLVIDADO.


La NBA ha vivido casi siempre de duelos individuales que sintetizaban épocas, que permitían al potencial público entrar al juego del contrastes de estilos, personalidades y maneras de vivir que ofrecían sus protagonistas.

De tales duelos, dos sobresalen por encima de los demás:

Chamberlain contra Russell, el gigante anotador contra el oscuro stopper, el seductor contra el ganador, el talento contra el carisma.

Bird contra Magic, duelo racial, la solidez contra la brillantez, el chico del mundo rural contra el inner city player, la remilgada Boston contra la frívola L.A, en fin, un litigio eterno y perfecto, soñado por cualquier guionista cinematográfico.

Junto a estos periodos bipolares, ha habido otros donde el reinado estaba más equilibrado, o era de un solo monarca indiscutible, como ocurrió con  Air Jordan y antes con Kareem Abdul Jabbar.

Pero hete aquí que, como embrión del tardojordanismo, ha crecido una rivalidad silenciosa, un duelo de titanes que, extrañamente, no ha sido objeto del uso y abuso publicitario que históricamente explotaron tanto la NBA como las marcas comerciales.

Efectivamente, Shaquille O,Neal y Tim Duncan lo tienen todo para servir un feud inolvidable:

Época. O, Neal llega a los pros en el año 1992, Duncan en el 97, 5 años de diferencia, pero 9 compartiendo escenario

Anillos. El ex LSU tiene 4, con dos equipos, y el ex Wake Forest 3, pero va camino de ampliar.

Liderazgo. Nadie pone en duda que dichos anillos fueron obtenidos por equipos guiados por estos dos grandísimos jugadores, acaso el último anillo de O,Neal lo haya sido como escudero de lujo de un líder distinto: el fantástico Dwayne Wade.

Posición. Ambos son jugadores de pintura clásicos, con físicos poderosos que mueven con oficio en espacios cercanos a la canasta, sin apenas lanzar de distancias superiores a 5 metros del aro

Contraste de estilos. Ambos jugadores comparten un factor base, la inteligencia. A partir de ahí, todo es diferencia: Mientras O,Neal basa su dominio en el físico, en un surtido de movimientos bastante mecánicos en los que saca provecho a su inmarcesible combinación de agilidad y fortaleza, Duncan es el paradigma de finesse player, con un juego de pies excelso, dominio del cuerpo impresionante y registro de recursos inacabable, del bank shot a la penetración con bandeja, del trailer al medio gancho.

Contraste de personalidades. En este caso frente a la exhuberancia de O,Neal, que no solo juega al basket, sino participa en films, graba discos de rap y sueña con ser sheriff, encontramos la sobriedad de Duncan, jugador que separa con ahínco su faceta pública de la privada, envuelta en una cómoda opacidad.

Dominación. Si Duncan gana su cuarto anillo ante el aspirante King James, serán 8 los que aúnen, equitativamente repartidos, cuatro por mano. Toda una década, contando además con el embrujo y complicidad de lo remoto, lo diferente, desde la posición históricamente más admirada, la de center, esos hombres gigantescos que empequeñecen al espectador, separándolo del jugador como acaso ningún otro deporte consiga.

Sin embargo, concurriendo todos los elementos para provocar la fascinación del público, nunca ésta se ha planteado en términos absolutos.

De entre todas las razones que pudieran esgrimirse para justificar esta paradoja, una parece erigirse en la más poderosa: nunca se enfrentaron en unas NBA Finals.

Primero, porque compartían Conferencia, Duncan en San Antonio y O,Neal en Lakers. Se enfrentaron en cinco series de playoffs, con balance 3-2 para los angelinos, pero solo en una Final de Conferencia, con sweep púrpura.

Más tarde, cuando Shaq marchó a Miami, y ya nada impedía el gran duelo final, el azar de la competición impuso que no se encontraran en el trance definitivo.

Pudo ser el año pasado, pero el “panzerNowitzky impidió el ansiado evento.

Y así como Bird y Magic se jugaron tres títulos, frente a frente y hasta el límite; así como Wilt y Bill se vieron las caras en dos NBA finals, amén de en multitud de finales de conferencia con sabor a World Championships, la rivalidad Duncan - O,Neal parece condenada a expresarse en paralelo, emitiendo dos líneas que avanzan, pero nunca se encuentran.

No existen momentos definitivos, instantes límite, de la historia de este deporte en que ambos compartieran protagonismo, no hay espacio para la épica, para el litigio, para la leyenda.

Son como DeNiro y Pacino, pero no les queda ni siquiera la escena de la cafetería.

El albur no jugó esta vez a favor de los aficionados, condenando a estos dos grandes a una suerte de extrañamiento competitivo, en el que se observaban de lejos, estudiándose, presintiéndose, como en la escena de Heat en que Pacino y su equipo observan desde la distancia, con cámaras infrarrojos, como De Niro y el suyo preparan un golpe. En un momento determinado De Niro se da la vuelta, su instinto le susurra que le observan, pero la fría oscuridad le devuelve un silencio indescifrable.

Cuando ambos se retiren, las discusiones acerca de quien fue mejor serán inacabables, cada quien apostará por un estilo de juego, o de vida, cada cual intentará arrimar el ascua a su sardina, con pasión de aficionado.

Quizás no tengan ocasión nunca de enfrentarse mano a mano por el máximo trofeo, pero es seguro que compartirán mesa, barra o sofá con los millones de locos del basket que gustan de compartir charlas y discusiones tan cíclicas como inevitables.

O,Neal & Duncan, el inolvidable duelo olvidado, pertenecerán siempre a la categoría de mitos que residen eternamente en el paraíso del aficionado: la memoria.
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LUNES, 14 DE MAYO DE 2007

¿Llegó la hora verd i negre?

Los viejos seguidores de la Penya acaso hayan tenido un deja vu con el emparejamiento que los playoffs han deparado en esta temporada.


Quizás su memoria les haya llevado a la primavera de 1985, a una noche histórica que no acabó en celebración, en el viejo Pabellón Ausías March, aquella Scala tenebrosa del basket europeo, con sus elegantes gradas circulares, atestadas de aficionados sabios y con solera, con mucho basket vivido.


En aquella velada, la Penya se jugaba la segunda liga ACB ante el Real Madrid, tras una semana de éxitos que amenazaba con embriagar a toda Badalona.


Primero, en semifinales, cayó el Barcelona de Andoni Serra, con un palmeo en el último segundo del pivot canadienese Gerald Kazanowski en el Palau que, dió el pase a los verdinegros a la gran final.


Y ya en esa cita de tronío, la Penya expugnó el sancta sanctorum merengue, el Pabellón de la Ciudad Deportiva, con un baloncesto de otra época: moderno, atlético, intenso, una suerte de basket total o de naranja mecánica basketbolera.


Al final de aquel memorable encuentro, el viejo marcador del no menos venerable pabellón, que tanto buen basket había presenciado, reflejaba un 86-111 que muy pocos recordaban en citas de ese calado. La ovación de despedida a los Villacampa, Jiménez, Margall, Schultz, Montero y compañía es de las que nunca se olvidan.


Nada ví igual en la historia de la ACB, hasta los dos primeros partidos del Unicaja de Javier Imbroda en la gran final con el Barça diez años después.


Aito ofició de San Juan Bautista en la Anunciación de ese nuevo Concepto, y la Penya arrasó al Madrid del impertérrito Lolo Sainz, inerme ante tal aluvión de ideas y talento.


Con 0-1 en el parcial, los locales levantarían la Copa con una victoria en su cancha, pero para entonces el viejo zorro madridista ya tenía respuesta al laberíntico planteamiento de Aito, y aquel quinteto mágico, Corbalán- Iturriaga. Jackson- Fernando Martín y Robinson, con Romay de sexto hombre, tiró de veteranía y casta para devolver la moneda en Badalona y cerrar la serie en la "bella" de Madrid.


Fue un fogonazo de clase que a nadie pasó desapercibido, pero el oro futbolero impidió que se reprodujera en el Bressol y diera sus frutos, y en dos años consecutivos Aito García Reneses y Andres Jiménez, dos de los artífices de aquel metabasket total, acabaron en el Palau, para liderar un proyecto, preñado de éxitos nacionales, que cambió el decurso de nuestra competición.


Y ahora, pasados veintidós años, los creyentes en la naturaleza cíclica de la historia, tal vez avisten un signo, un anuncio de algo grande que está por venir.


Llegan los playoffs y lo hacen con una incertidumbre cuasi absoluta, pues los dos grandes futboleros no aparecen como favoritos indubitados, y el Baskonia, tras su fracaso en Atenas que dejó a Boza Maljkovic muy tocado, siembra dudas a pesar de contar con el factor cancha durante todo el playoff.


El actual campeón, parece descartado, fruto de un año de lesiones y malos fichajes.


Mientras tanto, si un equipo ha mantenido una línea de regularidad, con unos picos esplendentes, éste ha sido el Joventut..


No tiene la mejor plantilla, pero sí el mejor equipo. El mejor basket de este año lo han dado ellos, un basket de conceptos claros, de defensas multiformes, de transiciones frenéticas, alegre, intenso, por momentos inalcanzable.


Con muchos descartes de lujo ( Bennett, Archibald, Betts ), algunos veteranos que aportan (Vazquez, Laviña, Gaines, Barton) y un par de estrellas nacionales, Rudy & Ricky, la Penya es capaz de poner en juego dos rotaciones, aptas para mantener su endiablado ritmo de juego casi los 40 minutos de partido.


En casa , en la mejor tradición de su entrenador, crean un infierno de ritmo y defensa que nadie parece en grado de superar, pero resulta que los verdinegros acabaron terceros y para ganar esta Liga necesitarán voltear dos veces el factor cancha, en semis probablemente ante el propio Madrid y en una hipotética final, presumiblemente ante Barça o Baskonia.


La Penya ha de superar el test de madurez de ganar en cancha de un grande, pues. En liga regular cayeron en Málaga (por 18), Madrid ( 5), Vitoria ( 23) y Barcelona ( 5), y si esto se reitera en playoffs, no tendrán opciones de ser campeones.


Pero con una sola victoria a domicilio en cada serie , el fortín del Olimpìc puede llevar a Badalona la quinta liga.


Realmente, pienso que la Penya está frente a  una gran ocasión de ganar esta edición de la ACB, tras planificar una temporada con vistas a pasar primera ronda de euroliga, donde deslumbraron, y al gran objetivo de la Copa de Málaga, donde dejaron una mala impresión, venciendo de chiripa al Akasvayu y siendo vapuleados por el Barça en semis, cayeron en una minicrisis en la segunda ronda de la Euroliga.


Pero, a día de hoy, les veo recuperados, con el tono físico adecuado, sin bajas definitivas, con la plantilla casi al completo y con su líder Rudy Fernández más fino en el tiro que nunca. Posiblemente no vuelvan a alcanzar el punto álgido de enero y febrero, pero a lo mejor no hace falta que lo alcancen.


Solo necesitan motivarse fuera de su cancha, ser capaces de generar la misma intensidad, de meter los partidos y arrastrar a los contrarios a esa guerra sin cuartel,  ese sálvese quien pueda donde se mueven tan a gusto y que los árbitros, en ambiente desfavorable también, entren al juego maquiavélico propuesto por Aíto.


Si lo consiguen, puede haber fiesta en el Bressol, y una fiesta allí, es una fiesta de todo el basket español.

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MARTES, 08 DE MAYO DE 2007

Desde Filopappos.

Desde la ciudad de los Dioses y los Mitos , imbuído de la épica helénica -no quiero ni pensar si aquello acaba en tragedia-  me apresto a subir a la Colina de Filopappos, donde dicen que Sócrates bebió su cicuta, y observar, con la distancia de 48 horas, lo que aconteció en el OAKA.


Fueron 72 horas para recordar, y ahora trataremos de desentrañar algunas de las claves de una nueva Copa del Rey Midas del basket europeo, mientras los fanáticos verdes entonan el porompompero en su homenaje.


Oda a Scariolo.


No se gana un scudetto con 28 años, ni se derriba al "aitismo" en su cuartel general, siendo un hombre ordinario, y la leyenda del bresciano sigue alimentándose, su llama casa vez más intensa, tras la Final Four de Atenas.

Ya el estar fué un milagro, pero el aguantar al CSSKA hasta el minuto 37 y dejar la sensación de que si un par de triples más hubieran besado las redes contrarias, Málaga hubiera jugado la final, es para quitarse el sombrero.


Scariolo ganó la batalla táctica al egregio Ettore, ese guerrero de la neurona, mas no fué bastante para subvertir el orden establecido por los recursos de cada quien.


A pie de pista la defensa de Unicaja me pareció grandiosa, se podía ver en el taimado  y tenso rostro de los jugadores las sesiones de scouting que guiaban sus movimientos precisos en cancha, invitando a sus marcas a tomar el lado malo, excitando la decisión incorrecta de los rivales, cortocircuitando, en fin, la maquinaria ofensiva de los rusos.


En ataque, Carlos Cabezas estuvo en un tris de emular gestas pretéritas, pero el fatum no estaba de su parte y le mandó un rayo directo al lagrimal, mientras que el vulnerado MarcoTusek no pudo clavar sus dagas en el corazón de Moscú.


Un aplauso para Sergio, Málaga tiene una mina de oro que espero acabe dando aún más frutos.

Boza en la picota.


Conste que sus declaraciones post partido me perecen hasta razonables, las estrellas fallaron, pero lo que no tiene perdón es la cachaza táctica, el sopor intelectual, la impotencia que la abúlica actuación de los gazteitarras produjo en el aficionado.


A la salida, las hordas azulgrana clamaban contra el atildado serbio, y es que en ningún momento dieron la sensación los baskonistas de tener opciones, a pesar de que a 4 minutos se pusieron a 6 puntos y debieron recuperar posesión de no ser por una inexistente falta a Scola.


Precisamente Luis, siempre batallador, fue la gran decepción del partido, perdido en el espacio, sin alma, ni buscó el protagonismo que su jerarquía le confiere, ni pareció entender que los trenes al paraiso no pasan por tu puerta todos los años.


El año pasado Maccabi y su afición los borraron del mapa desde la presentación de los equipos- ¡ menudo monólogo amarillo!-, a base de talento e intensidad, pero lo de este año es distinto: se fueron ellos solitos.


Desde luego, Boza no supo motivar a los suyos, no aportó ese elemento de compostura en las grandes citas que supuestamente debía traer consigo cuando le ficharon.

Y de ello la única responsabilidad es la suya.


Papaloukas y la afición griega.


Durante la gran final, hubo un momento donde se mascó la tragedia, donde el villano amenazaba con secuestrar la gloria reservada a los héroes locales.


El villano de esta representación es Theodoros Papaloukas, un ciudadano ateniense vendido al oro bárbaro, que vestía de rojo, como su sangre de guerrero, y azul, como su nobleza de líder.


Anotando dos tiros libres, tras una técnica al Pao, el CSSKA se ponía uno arriba, ya entrado el tercer cuarto, y el partido tomaba una deriva rusa de consecuencias imprevisibles.


Theodoros, marchó a la linea del tiro libre mientras arreciaban los insultos- presumo- y los brazos amenazantes, como aspas de molino, segaban las inmediaciones de nuestras cabezas.


Se quedó solo durante un momento, con 15.000 almas, con sus respectivas gargantas, manifestándole su repulsa.


Theodoros, sin inmutarse un ápice, metió los dos libres y siguió jugando.


Acabaría con 9/10 en tiros de campo y 28 de valoración , pero unas tristes cifras no sirven para glosar la grandeza de un jugador que lo da todo, y lo da con gusto, elegancia y sagacidad.


Al final, Obradovic y su peculiar Deus ex Machina, Dimitris Diamantidis, preservaron la Copa, que no salió del Attica, pero tras recoger su medalla en medio de un tenue abucheo, algo cantaba la sección más animosa de la fanaticada local al derrotado villano.


Theodoros miró de frente a la masa verde, tranquilamente levantó sus brazos y aplaudió. 


El pueblo hubo de rendirse, ovación de gala y de Villano a Héroe ( sin corona) en unos instantes.


Cosas de griegos.

 

Continuará.....

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