Remembranzas

Llamando a las puertas del cielo (tres años después)


El 8 de mayo de 2005, tras la derrota del Tau ante la máquina hebrea de Pinas Gershon escribía lo siguiente en el foro ACB.COM:

Quisiera escribir que el TAU de VITORIA se acaba de proclamar Campeón de Europa de Baloncesto, en lo que sería, sin duda, el mayor logro del basquet de clubes de la historia de nuestro deporte. Pero los israelitas han sido demasiado y justo es reconocerlo, a la vez que ponderar, una vez más, el corazón de guerrero de este admirable grupo de hombres, que han conseguido concitar a media España ante la pantalla, esperando el milagro.

No olvido la acumulación de Copas de Europa del club merengue, ni la gesta otomana de la Penya de Zeljko Obradovic, pero es que aquellos logros se correspondían con equipos económicamente fuertes (en el caso de los verdinegros de manera eventual) y trayectorias dilatadas de permanencia en la élite.

En el caso de los de Gasteiz, la meteórica ascensión, partiendo de los estratos intermedios de la ACB, en que se movía aquel CAJA DE ALAVA de AÑUA y HOLLIS, a la cima del basket europeo se ha producido en apenas 10 años, desde aquella victoria fundacional sobre el PAOK, pasando por la liga perdida en Manresa, las 4 Copas del Rey, la heroica resistencia a una KINDER BOLOGNA sideral en aquellos solitarios, clandestinos y noctámbulos playoffs one and done, y ese doblete que permanecerá en las retinas de los aficionados por siempre jamás.

La S.A.D. SASKI BASKONIA ha conseguido todo eso sin caer en locuras económicas que pusieran en riesgo su inmediato futuro, con una política de adaptación al entorno social y legal cambiante ( verbi gratia asunto comunitarios donde su asesor jurídico JAVIER SEOANE ha sido un esforzado pionero) y una política de fichajes cuasi colombina, peinando paraísos desconocidos (Brasil y Argentina) de donde extraían gemas, más tarde por todos codiciadas. Un entramado económico y deportivo que se ha revelado, hasta el momento, no solo como una maquinaria perfecta de gestión, sino como un proyecto deportivo muy atractivo, que va ganando adeptos allende la ciudad de Vitoria, por su capacidad de responder, de manera tan inteligente como contundente, a las dos entidades futboleras que, desde la desigualdad económica y jurídica, compiten en ventaja con el resto.

Diríase que la entidad blaugrana ha desplazado a la mítica PENYA en las preferencias del aficionado al baloncesto, en un reflejo de la crisis de estos tiempos en que el romanticismo fou que siempre representó el Bressol, viene a ser suplido por un ligero pragmatismo, más matizado, propio de una sociedad industrial, más madura y mayoritariamente informada.

Así como, en el pasado, se identificaba al club verd i negre con el modelo de club de basket, cantera y talento, ahora corren tiempos en los que más se valora la astucia y el realismo de unos directivos que han sabido ver que lo que ocurre en la cancha, es solo el final de un largo proceso de importantes decisiones de índole financiera y estratégica (véase el proyecto de centro comercial) que aseguren una base social y patrimonial sobre la que empezar a construir el futuro.

Todo este patrón o concepto de club, no habría tenido el desenlace que hoy no hemos podido acabar de celebrar, sin la presencia de un hombre especial, un líder montenegrino que va camino de engrosar la larga lista de maestros del banquillo procedentes de la antigua Yugoslavia, los BORISLAV STANKOVIC, ASA NIKOLIC, RANKO ZERAVICA, MIRKO NOVOSEL, PETAR SKANSI y los más modernos MALJKOVIC, TANJEVIC, IVKOVIC y OBRADOVIC. DUSKO IVANOVIC es el aglutinador de toda esa tradición de excelencia en los banquillos, que ha sabido matizar con una filosofía propia, basada en el sacrificio de la individualidad, habitual divisa del basket yugoslavo, en beneficio del bloque, poniendo énfasis en la intensidad defensiva como referente técnico y hasta emocional a partir del que afrontar cada partido.

Esa doctrina espartana y grupal, ha sobrevivido a la pertinaz amenaza de circunstancias concomitantes ciertamente no fáciles de digerir, básicamente deserciones de jugadores acomodados y lesiones recurrentes, y un entorno local a veces no excesivamente comprensivo, pero la fe que la movía, el corazón que la animaba, se ha conservado, en gran parte por la inefable sinergia del gran técnico con su Presidente.

Y así llegamos a la figura cardinal del milagro baskonista, JOSEAN QUEREJETA, un hombre que ya en la cancha se manejaba con esa engañosa frialdad y cerebralidad ( así de memoria se le recuerda como fino alero tirador en el Madrid, en Zaragoza, la Penya y Baskonia) que son el distintivo de su mandato.

La dilatada experiencia como jugador de este hombre le da un sentido pleno a su función como directivo, y ello le permite ver más allá que el mandamás al uso, acostumbrado a gobernar a golpe de presión popular, interiorizando detalles que a otros escapan y sabiendo capear el temporal inmediato en busca del beneficio a largo plazo.

Ese conocimiento de lo que hay entre bambalinas, como hemos visto en el caso Pamesa, deviene, las más de las veces, en requisito sine qua non, para sobrevivir en el techo del baloncesto profesional. QUEREJETA, consciente de los cambios que se avecinaban, inició su andadura con fichajes estrella ( los SIBILIO, RIVAS, DE LA CRUZ, ESTELLER, ARLAUCKAS...) para en compañía de su cuerpo técnico, encarnado en la figura de ese moderno Magallanes de la canasta que responde al nombre de ALFREDO SALAZAR, ir enfocando su objetivo al mercado suramericano, donde florecían talentos que formar a un menor coste, ello sin renunciar a grandes nombres que la economía de club pudiera permitirse (BENNETT, STOMBERGAS, TOMASEVIC, RUSCONI, GREEN, etc).

En la elección de técnicos, con algunas excepciones, también ha obedecido a un patrón predeterminado, persiguiendo un líder en el vestuario que pusiera énfasis, antes que en la belleza estética, en la intensidad y el trabajo, y así, el exitoso tridente COMAS-SCARIOLO-DUSKO expresa una graduación de esa búsqueda del profesional duro y meticuloso, que supusiera un lógico corolario a la política social y económica del club.

Queda por hablar de la afición baskonista, bullanguera, pinturera, caliente y leal, que, cualquiera que haya frecuentado los pabellones españoles en los últimos años, no puede sino reconocer como otro punto de apoyo fundamental para la emergencia de los vitorianos. No solo llenan con asiduidad blazeriana el F. Buesa Arena, contagiando al equipo con su colorido y los ritmos de la interminable charanga, sino que se desplazan en masa allá donde juegue, haciéndole ver que su trabajo y entrega tendrán siempre la recompensa de su fidelidad. Y esa actitud abierta y paladina, ha tenido claro reflejo en la forma de entender este deporte por sus aficionados, a los que pocas veces hemos oído quejarse de arbitrajes o elementos extradeportivos, habiendo muchas veces más que suficientes razones para también dejarse mecer por los cálidos brazos del victimismo rediticio, del que se viene haciendo nefasta escuela los últimos veinte años en el baloncesto patrio.

He aquí, de nuevo, otra prueba de dureza mental de esta institución deportiva digna y gallarda, que solo gusta de ganar por Derecho, sin violencias ni mangoneos.

 Para alguien que tuvo siempre en gran estima los modelos canturino y varesino, pretéritos emporios de lo que debe ofrecer el basket como deporte alternativo al masificado y atosigante fútbol, escuadras con una directiva profesional, con un fuerte e implicado patrocinador, asentándose en ciudades pequeñas, pero entregadas a este bellísimo deporte, al que respetan y consideran como el primero, representa una gran dicha este sublime momento de cuasi gloria deportiva, esta oportuna reivindicación del deporte de provincias, de la imaginación, de los sagrados principios de mérito y capacidad, no siempre respetados en el mundo del deporte profesional.

Como baskonista superveniens , y eterno buscador de LA BELLEZA, permitid que mi humilde pluma os rinda, en esta agridulce jornada, un sincero y merecido homenaje.

Casi tres años más tarde, el mensaje sigue vigente, si bien han pasado algunas cosas por el camimo.

 La primera es que Dusko Ivanovic se marchó, y aunque por Vitoria se rumorea que Querejeta lo quiere de vuelta cuanto antes, hoy en día es un técnico en paro y con cierta tendencia decadente.

La segunda es que esa tarde rusa fué la vez que más cerca estuvo Baskonia de levantar la copa, y salvando el partidazo ante el Pana en el Oaka que valió la FF de Praga, esa tarde también representa el último jalón de gloria europea de los azulgrana.

En Praga el Baskonia no estuvo, 10.000 enfervorecidos macabeos, en un infierno dorado de letanías atronadoras, impidieron que el equipo vasco se personara en el partido, jamás viví un ambiente más impresionante e una cancha. Los jugadores salieron a la pista del magnífico Sazka Arena sin que sus nombres pudieran oirse, y esta metáfora sonora tuvo su ascendiente en el juego, ya que al descanso el partido estaba decidido, con un Maccabi omnisciente y un Tau impotente.

En Atenas la cosa fue aún peor, un Baskonia desangelado, en el que solamente Kaya Peker y Erdogan estuvieron a la altura, dejó morir un partido ante un Panathinaikos que no es que hiciera gran cosa- a falta de más o menos  5 minutos, Luis Scola cogió un rebote defensivo, con cinco abajo en el marcador, que fue pitado indebidamente como falta- pero no dejó pasar la ocasión. El fiasco Maljkovic ya se había apoderado de plantilla y aficionados, y Baskonia dio su peor cara en los últimos 10 años.

Pero en el deporte hay mucho de paradoja y cuando más arreciaba la crisis, con un entrenador que era la tercera o cuarta opción, con el lider del plantel que se marcha a la NBA y el jugador más importante tratando de forzar su marcha, una mezcla de esa determinación que conocemos como Carácter Baskonia y buena fortuna en sorteos y cruces, ha determinado que el Bakonia acabe dando con sus doloridos huesos en la Final Four de Madrid, por cuarta vez consecutiva.

En los últimos tiempos , a medida que se prefiguraba la gesta baskonista, charlando con buenos aficionados del club, he venido manteniendo que ESTA ES LA OCASION, y ello por dos factores:

a) La Final Four se juega en Madrid, en el backyard del Baskonia, con muchos vitorianos residentes y un sencillo viaje desde la ciudad vitoriana. Es casi seguero que no menos de 5.000 baskonistas asistirán al partido de semifinales ante el CSKA, con lo que el factor cancha, que en tres ocasiones se tuvo en contra, ahora estará claramente a favor, o igual si se pasa a la final y toca Maccabi. 

b) En contra de lo que parecía al iniciar la competición, que CSKA y Panathinaikos competían en otro nivel inaccesible para el resto, la competición ha estado presidida por la igualdad, y de hecho los griegos no estarán en Madrid y los rusos a punto han estado de quedarse en el camino.

Que nadie se llame a engaño, el club moscovita sigue siendo ultrafavorito, por técnico, plantilla y experiencia, y la exhibición que dio ante Olympiakos en el segundo y tercer partido de cuartos, cuando estaba contra las cuerdas, no hace sino refrendar esa sensación.

Pero las debilidades mostradas dejan  un pequeño hilo a la esperanza, recordemos que el año pasado un  Unicaja capitidisminuido  estuvo a un par de triples de Marco Tusek de meterse en la final, tuteando en semis a un CSKA mucho más solvente, y la sorpresa no es descartable.

Y si se gana a CSKA, que es mucho decir,  Maccabi o Montepaschi son equipos de nivel similar a Baskonia, que no debería dejar pasar la ocasión.

Así pues, volvemos al principio, tres años más tarde, y así como la Penya encontró en Estambul lo que perdió en Tel Aviv, así este Baskonia puede convertirse en Rey de Europa tras una década prodigiosa a la caza de ese galardón.

Esperemos que haya suerte y acierto, y si no, seguiremos llamando a las puertas del cielo.

 

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