I think for many players this League gives them the opportunity to chase a dream. And there is nothing wrong with chasing a dream.
Existe una teoría ancestral andina que divide la formación del universo en tres planos: el Hanaqpacha (el mundo de arriba, de los cielos), el Kaipacha (el mundo de aquí, sobre el suelo) y el Ukhupacha (el mundo de adentro, bajo el suelo).
El mundo celestial de lo dioses es representado por el cóndor, el de los pagos terrenales por el puma y el subterráneo mundo de los muertos, por la serpiente gigante amaru.
En el baloncesto de clubes que conocí, la NBA era ese cóndor de vuelo inalcanzable, mientras que la NCAA y principales ligas europeas serían el ágil puma que lo ve volar desde la tierra.
Pero pocos se acuerdan de la serpiente, casi nadie mira ya a ese subsuelo del que, a veces, improbables bellos frutos florecieron, e incluso llegaron a planear por los inaccesibles cañones y desfiladeros del basket profesional.
Ya todo cambió en esa armoniosa propiedad horizontal, mudaron sus vecinos y se remozaron los apartamentos, pero nunca está de más volver la mirada sobre aquella región oscura y pobre, donde perdurar era un suplicio y soñar, en ocasiones, estaba prohibido.
Esa zona gris que merece que la hagamos objeto de la sexta biografía de la serie.
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Muchos pensarán que la liga de basket más tradicional en América, es la NBA, en esa suerte de ombliguismo habitual que aqueja a todo lo que rodea a la- todavía- mejor liga del mundo.
Pero no, hay una liga, moribunda pero aún viva, que la supera en antigüedad, una liga que nunca dio mucho que hablar, pero que siempre estuvo ahí, para quien quisiera seguirla, una liga maldita que casi todo el mundo prefiere olvidar, como una mala pesadilla, la CONTINENTAL BASKETBALL ASSOCIATION (CBA), heredera de la Eastern Professional Basketball League (EPBL).
En 1946, con el contingente de soldados regresando de la Gran Guerra a suelo americano, entre ellos muchos jugadores de baloncesto, empiezan a florecer ligas menores por toda la geografía nacional, y en Abril, en Hazleton, Pennsylvania, se crea la EPBL, y apenas un mes después, nace la Basketball Association of America (BAA), que con los años pasaría a ser la actual NBA.
La EPBL se mantuvo, como liga menor que operaba en poblaciones rurales del este americano hasta 1978, en que pasó a llamarse CBA.
Durante esos años, casi siempre a la sombra de la NBA, fueron varias las batallas entre diversas organizaciones por hacerse con el monopolio de los bajos fondos del basket profesional; así en 1947, los equipos de Wilkes Barre y Lancaster, de la EPBL, se marchan a la American Pro Basketball League, otra liga menor que acabaría por cerrar cinco años más tarde.
En 1953, dos jugadores expulsados de la NBA por escándalos relacionados con redes de apuestas, Sherman White y Jack Molinas, fichan por la EPBL, resquebrajando las incipientes relaciones entre ambas ligas. Ambos jugadores dominarán la competición en años venideros.
No es hasta 1956 que la EPBL sale de Pennsylvania, abriendo franquicia en Trenton, New Jersey, que poco después pasa a New York Harleem.
En 1960, un nuevo conflicto, la EPBL draftea a Ray Scott, estrella de Portland, que abandona el college tras dos años. La NBA, que respeta la norma de agotar la elegibilidad universitaria antes de draftear, lo elegirá dos años después, cuando ficha por los Pistons, tras haber dominado en la EPBL, con Allentown Jets.
1967 es un año crucial en la historia de esta competición, pues se constituye la American Basketball Association, la mítica ABA, que saquea las plantillas de la EPBL llevándose a estrellas del calibre de Walt Simon, Art Heyman, Willie Sommerset o Levern Tart.
El suave declinar de la liga, ahora llamada EBL, parece encontrar su punto más bajo en 1975, cuando queda reducida a cuatro equipos: Hazleton, Scranton, Cherry Hill y Allentown, pero al año siguiente la fusión entre ABA y NBA revitaliza y salva la vida de la competición, al entrar nuevos talentos procedentes de las franquicias profesionales desaparecidas.
En 1977 se inicia un periodo de expansión hacia el Oeste- Mississippi- y el Norte- Anchorage, una vez superada una nueva amenaza de otra liga menor, en este caso la All American Basketball Aliance (AABA), que cierra tras apenas un solo mes de vida.
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Y así llegamos al momento más importante de la historia de esta competición, en 1978, cuando la liga cambia de nombre y retoma relaciones con la NBA, vía un acuerdo para el desarrollo de árbitros, en el que la gran liga pone dinero a cambio de poder echar mano de árbitros CBA si lo llega a necesitar.
Pero el maridaje no acaba ahí, ya que la NBA, a diferencia de otras ligas profesionales como la MLB, con su famosos farm system, las llamadas minors (Triple A, Doble A y A), históricamente no había tenido ligas de formación, ya que se suponía que esa tarea la representaban los programas universitarios, y la nueva relación con la CBA abría un camino para subsanar esa carencia.
En febrero de 1980, la NBA firma su primer acuerdo de colaboración con una liga menor para la formación de jugadores, y es la CBA la que recibe ese honor y 115.000 dólares, a sumar a los 80.000 $ que ya se abonan para el programa de árbitros.
Y en ese estado de la cuestión, surge el primer gran nombre de la moderna historia de esta competición: Billy Ray Bates, un alero explosivo que pasa de los Maine Lumberjacks a los Portland Trail Blazers, a quienes lidera en anotación durante los playoffs de 1980, convirtiéndose en ídolo local y noticia a nivel nacional.
Bates muestra el camino, la razón de ser de tantas maltrechas biografías que acabaron en la CBA: la búsqueda del gran sueño. Ocho jugadores más pasarán a la NBA ese año, pero el caso de Bates es el que pone a la CBA en el mapa del basket profesional americano.
Desde entonces, muchos han sido los jugadores que han recorrido aquel particular viaje de lo subterráneo a lo celestial: 21 en 1981, 26 en 1982 y así progresivamente hasta alcanzar el record de 72 en 1991.
Gran parte de ellos no dejaron de ser jornaleros de efímera presencia, pero algunos otros llegaron a tener un peso importante en la NBA, de hecho, en 1992 hasta 11 jugadores de pasado CBA estuvieron entre los 20 mejores en las categorías estadísticas individuales de la Gran Liga.
Nombres como Michael Adams, Rickey Green, Brad Davis, Rory Sparrow, Craig Ehlo, Mario Ellie, John Starks, Anthony Mason, Chris Childs, Tony Campbell, Sam Mitchell, Elliot Perry, Kevin Gamble, Kenny Gattison, Micheal Williams, Bobby Phils, Rod Higgins, Winston Garland o Vincent Askew, que tuvieron carreras NBA bastante estimables, son testimonio de ese vivero que la CBA fue para su liga matriz a partir del histórico acuerdo de colaboración entre ambas organizaciones.
Otros como Dewayne Scales, Claude Gregory, Byron Irvin, Keith Smart, Everette Stephens, Roy Marble, o Derrick Chievous, antiguas estrellas universitarias venidas a menos, se acabaron de estrellar, engullidos en el agujero negro que podía llegar a representar la CBA para quien no tuviera genuinos sueños de redención.
Incluso grandes dinosaurios como Petur Gudmundson, Chuck Nevitt, o Jawan Oldham o pequeños mastodontes como Ed Nealy o Jim Rowinsky, hicieron de la CBA ese motel al que acudir cada vez que la mujer, la novia o la familia se hartan de ti y te ponen de patitas en la calle, dando pleno sentido a la figura del journeyman.
Y si hablamos de entrenadores, no podemos olvidar que dos de los más grandes de los últimos años, George Karl, quien dijo que solo reconocía dos raíces en su vida profesional: North Carolina y la CBA, y el gran Phil Jackson, arquitecto de los grandes Bulls de los 90 y los Lakers del nuevo milenio, velaron armas en esta humilde competición nodriza.
Aunque fuera Bill Musselman, con Minnesota Wolves, el ex entrenador de la CBA que tuvo el honor de ser el primero en entrenar una franquicia NBA.
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También desde el Viejo Continente se tuvo fluida relación con la CBA, que ha ido evolucionando al compás del irresistible crecimiento del basket europeo, que reducía a pasos agigantados las distancias con la otrora inaprensible NBA.
A inicios de los 80, los equipos italianos menos pudientes y los españoles medios, miraban a los mejores jugadores de la CBA para formar sus parejas de americanos, teniendo en cuenta que los parámetros de adaptación eran más previsibles, dado que el salto de nivel era mucho menos abrupto.
Con el paso de los años, fascinados por el glamour de la NBA, la opción CBA quedó para parches de media temporada o economías gripadas; pudiendo elegir a alguien que venía de los Knicks o los Lakers, no estaba bien visto traer a un tipo de un equipo de Topeka, Kansas.
Pero, en el camino, son muchos, y muy grandes, los nombres de americanos que vinieron desde la CBA a Europa para empezar brillantes carreras: Ron Davis, Raymond Townsend, Lee Johnson, Brad Branson, Corny Thompson, Howard Wood, Mark Smith, Joe Kopicki, Clarence Kea, Rory White, Joe Binion, Chris McNealy, Ron Rowan, Pace Mannion, Michael Young, Cozell McQueen, Ken Bannister, Michael Ansley, Conner Henry, David Rivers, Michael Brooks, Mark Davis, Dan Godfread, Michael Anderson, Dyron Nix, Gerald Paddio, David Wood, Kenny Miller, Bobby Martin o Wayne Tinkle.
Curiosamente, el mejor jugador de la historia de la competición, nunca pisó los parquets de las grandes ligas europeas. Hablamos de Tico Brown, el Michael Jordan de la CBA, un alero de 1,96, fino y elegante, de gran tiro, que tras disputar tres buenos años en Georgia Tech, cuando este programa todavía jugaba en la Metro Conference, no acabó de encajar en los Jazz, que lo eligieron en un altísimo puesto, número 23, primera elección de segunda ronda, y lo querían hacer jugar de 3 contra natura.
El tipo llegó a la CBA sin saber que iba a quedarse para siempre, convirtiéndose en el máximo anotador histórico, algo que tratándose de lo que se trataba, una estación de paso de la que quieres salir escopetado, puede calificarse, sin duda, de dudoso honor.
Brown nunca fue un jugador excesivamente ambicioso, cruzó el charco para jugar en Bélgica y Suiza, pero no hizo gran cosa, siempre se sintió más a gusto en lugares como Detroit, Anchorage o Savannah, donde podía divertirse jugando y siendo cabeza de ratón.
A pesar de su regular excelencia en la competición nodriza, nunca llegaría a debutar en la NBA, hizo pruebas con Sixers- una inoportuna lesión de espalda impidió que llegara a debutar-, Lakers y Pistons, pero nunca superó su fama de atolondrado anotador de CBA, todos coincidían en señalar que le faltaban aptitudes y actitud defensiva.
Pero a él poco le importó estar atrapado en una recurrente pesadilla, tras acabar su carrera, que saldó con tres títulos de la CBA y dos trofeos de máximo anotador, se dedicó a vender seguros, y a cuidar de sus hijos: precisamente uno de ellos, Rion, es en estos momentos un top 50 en las listas de reclutaje de la clase de 2011.
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Más allá de nombres y datos, la esencia de la CBA viene informada de dos principios: austeridad y provisionalidad.
Ningún jugador estaba en la CBA por dinero, esto es claro si tenemos en cuenta que en 1980 una franquicia CBA costaba 8.000 $, y que el tope salarial por equipo era 38.700 $, mientras que la dieta por día era de 15 $.
En ese mismo momento, en la NBA había jugadores que cobraban 1 millón de dólares anuales y la dieta diaria, según convenio, era de 38 $.
En la NBA uno viajaba en primera en American Airlines y se alojaba en hoteles de la cadena Hyatt; en la CBA se viajaba preferentemente en furgoneta, a veces conducida por el propio entrenador en trayectos de hasta 11 horas, y uno se alojaba en el Howard Johnson o un Holiday Inn, si había suerte.
En la NBA uno visitaba New York, Chicago, Los Angeles, Seattle, San Francisco, Boston, Washington y otras grandes ciudades, en la CBA uno se enteraba que existían lugares llamados Fargo, en North Dakota, Wilkes Barre en Pennsylvania, Lacrosse en Wisconsin o Quad City en Illinois.
En Febrero de 1981, el periodista de Washington Post David Dupree, un ex jugador colegial de pobre nivel, quiso vivir la liga por dentro la competición y solicitó ser incluido en el roster del equipo más fuerte de la liga, los Rochester Zeniths.
Desde tan privilegiada posición, narró la realidad de estos jugadores que se hacían su propia colada, o que necesitaban que sus mujeres trabajaran para poder pagar las facturas. Eran currantes con la mirada fija en un sueño mientras sus pies se iban hundiendo poco a poco en el infierno.
Dupree se sorprendió del nivel de la liga, muy lejos del pachanguero que desde fuera se atribuía. Se lo tomaban muy en serio los chicos de la CBA, en ella estaban comprometidos sus últimos sueños y de ella dependía un poco probable futuro mejor.
Era como un training camp de cinco meses, todos a la espera de esa llamada para un tryout de 10 dias de una franquicia profesional, como ese camarero con ínfulas tespianas soñando con el casting de su vida.
Años más tarde, el periodista David Levine hizo algo parecido con la franquicia de los Albany Patroons, entrenada por George Karl, y en su famoso libro Life on the Rim: A Year in the Continental Basketball Association, llegó a parecidas conclusiones.
Se asombraba el narrador de ver a todo un Greg Ballard, a quien no se le caía el anillo, pasando la mopa por el parquet antes de disputar un partido.
Para entonces, la cosa económicamente pintaba mejor, aunque sin salir de pobres, una franquicia ya podía ascender a medio millón de dólares y el tope salarial ya estaba en 83.000 $, a 8.300 por cabeza durante toda la temporada, una miseria de cualquier manera.
Recordemos que a la sazón, en las mejores ligas de Europa cualquier americano medio ganaba sus 75.000-100.000 $ sin mayores esfuerzos.
La CBA seguía siendo, pues, una liga en la que uno no estaba por dinero y de la que quería salir tan pronto como pudiera.
La provisionalidad de la CBA me recuerda a esos taxistas que te insisten, sin que tú les preguntes, que están en el “taxis” para pasar una mala racha, pero que en seguida lo dejan. Cuando les oyes decirlo, puedes sentir que ni ellos mismos se lo creen, pero necesitan desahogarse, sentirse libres.
La contingencia era esencial en esta competición, nadie estaba en la CBA para quedarse, pues se ganaba poco y se vivía malamente. Los jugadores que pasaban por la CBA se encontraban, fundamentalmente, en uno de estos tres casos:
- Jugador que había sido preterido en el draft y quería demostrar el error de los scouters.
- Jugador que la había cagado en la NBA y quería demostrar su contricción.
- Jugador de vuelta de todo en la NBA que se resistía a asumir que ya no había gasolina en su tanque.
También sirvió la CBA como laboratorio de pruebas de la gran liga. Los aros retráctiles se estrenaron en la CBA como respuesta a las barrabasadas de Baby Gorilla en la Gran Liga, y alguna reglas que solo se aplicaba en la liga menor- como dar tres tiros libres al tirador que recibiera falta al intentar u tiro de 3- pasaron más tarde a la NBA.
No corrieron la misma suerte otras normas típicas de la liga:
- La regla del no foul out, que suponía que un jugador que cometiese más de seis faltas no era eliminado, pero a su equipo se le cargaba con una técnica en contra por cada falta que cometiera por encima de ese límite.
- La regla de la muerte súbita en la prórroga, según la cual al primer equipo que consiguiera 3 puntos en el tiempo suplementario se le adjudicaba la victoria, más tarde sustituida por otra parecida, en la que se premiaba al primer equipo que obtuviera una ventaja de 3 puntos.
- Y la regla de la puntuación, en virtud de la que se repartían 7 puntos por partido, uno por cada victoria parcial en los cuartos y 3 por la victoria final, una forma de asegurar la intensidad durante todos los cuartos.
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En 1999 Isiah Thomas compró la CBA por un puñado de dólares, y desencadenó un proceso de degradación que está punto de terminar con un cadáver ajado y maltrecho.
Las maniobras del ex base Piston, que quiso controlar la liga mientras entrenaba en la NBA, algo prohibido, y se negó a vender a la Gran Liga, lograron quebrar el pacto de colaboración de más 20 años con la NBA, que decidió crear su propia liga de desarrollo, la NBDL, condenado a la CBA a una travesía por el desierto con postreras alianzas funestas.
A día de hoy, solo dos equipos restan en la CBA y no es seguro que la competición se dispute este año.
La CBA podrá desaparecer, mas nunca lo hará ese afán de soñar, a medio camino entre la candidez y la psicopatía, de quienes siempre estuvieron dispuestos a viajar durante más de 10 horas en destartalados minibuses, en medio de aguaceros y tormentas, por las vastas llanuras de la nación americana, para disputar un partido ante apenas 200 personas en un frío y humilde gimnasio de instituto, siempre a la espera de la llamada sanadora, de ese último tren a la fama y los grandes contratos.
En cierto modo, esa forma de vivir, a la manera de los viejos cómicos, es un regreso a la edad de la inocencia, cuando jugábamos al basket por no otro estipendio que una botella de coca cola de 2 litros.
Persiguiendo sueños, a veces imposibles, acaso hicieron cierta esa idea de que la belleza se encuentra en el camino antes que en la meta.
4 - estoy contigo meej, yo habriajugado alli si hubiera podido. me apasiona el tema de las ligas menores, lei el "life on the rim"y me flipo. de hecho, incluso he pensado en ir a u try out de la nbdl o de otra liga solo por vivir el ambiente... espero ansioso mas articulos de este tipo, gracias, muy bueno
03/12/2009 - 22:32 - xavibomber
3 - No te olvides de la norma de que tenían 11 jugadores para los partidos de fuera pero sólo 10 para los partidos de casa. Técnicamente, la NBL es parte de la NBA (aunque la NBA lo niegue) y es más antigua que la Eastern League. Además, la CBA ya no es la misma liga, sólo lleva el mismo nombre. La CBA "de verdad" se disolvió después de lo de Isiah Thomas. Y fue una lástima, siempre he pensado que mi sitio habría estado en la CBA.
02/12/2009 - 19:13 - meej
2 - Estimado Mcarthur, aceptando el guante en tu excurso cinéfilo, buena peli la que citas, muy a propósito del tema CBA, pero si de perdedores deportivos hablamos, me quedo sin dudarlo con FAT CITY y el siempre genial John Huston.
02/12/2009 - 15:31 - RemembeR
1 - B-u-e-n-i-s-i-m-o. Gracias por el artículo, RemembeR. En los 80 recordamos a muchos jugadores américanos que prefirieron quedarse en la CBA antes de venirse a Europa por intentar cumplir su sueño NBA. No creo que el cine haya una peli que defina la vida de estos jornaleros como la de "los bufalos de Durham", sustituyendo el baseball por el Basket. La escena en la que el personaje de Kevin Costner cuenta como fué el mes que pasó jugando "en las grandes ligas" a sus compañeros de autobús mientras se dirigen a un destino probablemente desconocido para la mayoría de ellos es antológica y retrata la dureza de intentar llegar a lo más alto como deportista profesional. Es totalmente extrapolable a nuestro amado deporte de la canasta...
01/12/2009 - 22:38 - Mac Arthur
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