Como ya sabréis, la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto (AEEB) ha designado a Ettore Messina como el Mejor Entrenador ACB del Mes de Octubre por los buenos resultados obtenidos en las cinco primeras jornadas del campeonato. Por detrás han quedado Xavi Pascual (Regal Barça) y Dusko Ivanovic (Caja Laboral).
Si el criterio seguido es el de las victorias, me parece correcto. Pero, sinceramente, creo que deberían tenerse en cuenta otros factores a la hora de premiar el trabajo de los entrenadores. Por ejemplo, valorar el rendimiento del equipo que dirigen en relación a la plantilla o al presupuesto que manejan. Me parece que sería mucho más justo, aunque también más complicado, claro.
Lo digo porque me extraña que Luis Guil no aparezca entre los tres primeros. Ya sé que el Ayuda en Acción perdió su último partido de forma contundente, es verdad. Sin embargo, el técnico del Fuenlabrada ha logrado cuatro victorias con un equipo en el que sólo quedaban dos jugadores de la campaña anterior, Matías Sandes y Leo Mainoldi. ¿No tiene más mérito eso que ganar todos los encuentros con una plantilla como la del Real Madrid?
No es mi intención menospreciar el trabajo de Messina, ni mucho menos. El entrenador italiano ha obtenido grandes resultados con un grupo en construcción y, además, sin Felipe Reyes. Es posible que en su caso sea un galardón merecido, pero el año pasado ocurrió lo mismo durante muchos meses. Ojalá en el futuro se valoren otras circunstancias.
No, aunque pueda parecerlo, no estoy hablando de lo que dijo Joan Plaza al referirse a la raza de Felipe Reyes, eso de que tenía algo entre las piernas que le llegaba hasta el suelo. No, el tema no va por ahí. Claro que, puestos a comparar, no creo que Axel Hervelle tenga nada que envidiarle a su compañero en cuanto a la entrega sobre una cancha de baloncesto.
Pero, en este caso, ahora que el belga está atravesando una etapa difícil en el Real Madrid, me gustaría recordar una anécdota que viví en primera persona compartiendo un cocido madrileño con Axel.
Ocurrió en el tramo final de la pasada temporada. Desde “Planeta Basket” invitamos a Hervelle a probar el plato típico de la capital de España y, después de dar cuenta de la sopa, llegó el momento de los garbanzos, el chorizo, la carne y el tocino. Mientras charlábamos de varios asuntos relacionados con el equipo blanco, el pívot fue vaciando su fuente y, cuando apenas le quedaban legumbres, Axel pronunció aquella frase que nos hizo tanta gracia: “Ya no quiero más pelotitas”.
Por cierto, durante la entrevista le pregunté por la posibilidad de convertirse en el extranjero con más partidos en el Real Madrid y él me contestó que no le apetecía alcanzar esa marca, porque esa circunstancia llevaba implícita la salida del equipo de su compañero Louis Bullock. Así es Hervelle y por eso la afición de Vistalegre quiere seguir disfrutando de su garra por mucho tiempo.
Una cosa más, en aquella comida el jugador belga acompañó el cocido con una Coca-Cola. Ese fue el único defecto que advertí en él.
Llegados a este punto, justo antes de que empiece la temporada ACB y tras un nuevo éxito de la selección española, siempre me hago la misma pregunta: ¿El seguimiento televisivo que ha tenido el equipo de Scariolo se trasladará a las audiencias de la Liga ACB?
Por desgracia, mi predicción es que no. Más bien todo lo contrario. España lleva ya varios años conquistando medallas gracias al combinado nacional de baloncesto y, sin embargo, temporada tras temporada comprobamos que nuestra Liga no sólo no consigue enganchar al público a través de la televisión, sino que cada ejercicio registra peores datos de audiencia. En esta ocasión, mucho me temo que esas cifras seguirán cayendo.
¿Motivos? Dejando a un lado la oferta audiovisual, que cada vez es más variada, a priori no aprecio ningún elemento que pueda cambiar esa tendencia. Primero, el formato de la competición sigue siendo el mismo. Segundo, equipos importantes como el Real Madrid han cambiado a más de la mitad de su plantilla, una circunstancia que difumina las referencias de cara a la afición. Y, para colmo, clubes de peso en nuestra Liga como el TAU o el Pamesa han cambiado de nombre para despistar aún más a los que pululan alrededor del baloncesto, pero que no terminan de hacerse fieles al deporte de la canasta.
Y menos mal que Ricky se queda en España, porque ahora mismo, junto a la llegada de Ettore Messina, me parece uno de los pocos alicientes con los que cuenta la ACB para la temporada que comienza. Al menos, los más mediáticos, aunque yo estoy deseando ver cómo termina la reconstrucción del Caja Laboral o del Alta Gestión Fuenlabrada, qué aporta Jorge Garbajosa al nuevo Real Madrid o si el rendimiento del Cajasol mejorará bajo la dirección de Plaza (ojalá, mucha suerte Joan).
A mí me motiva todo eso, pero como he dicho antes, me parece que, otra temporada más, seguiremos perdiendo seguidores. Por lo que a mí me toca, lucharé porque no sea así.
Jamás olvidaré aquella mañana de domingo del año 2.000. Llevaba varios días pensando en esa cita del último fin de semana de septiembre y, cuando, a mediodía, contemplé su figura a unos diez metros de distancia, mis piernas empezaron a temblar al ritmo que les marcaba el corazón.
No estaba acostumbrado a emociones tan fuertes como la que tenía frente a mis ojos. Quizá por eso, durante las horas previas me había preparado a conciencia para estar a la altura. Así que, minutos antes de que empezara el partido, armado con recortes de prensa y entrevistas recientes del personaje, recorrí el espacio que me separaba del nuevo entrenador del Real Madrid para formularle dos ó tres preguntas.
Recuerdo que me había llamado la atención una frase suya que aparecía en el último número de la revista Gigantes y se la cité de forma textual para iniciar la conversación. Fue algo así como: “Decía usted durante la semana que el equipo necesita...”.
Yo pensaba que era mejor empezar de esa manera y no con el típico: “¿Cuáles son las claves del partido?”. Pero estaba equivocado, porque, lejos de enternecerse por las molestias que se había tomado el periodista que le entrevistaba, Sergio Scariolo clavó su mirada en mi orgullo y pronunció unas palabras que difícilmente podré olvidar: “Yo no he dicho eso en ningún medio de comunicación”.
Como podréis imaginar, aquella frase arruinó mi entrevista y ni siquiera recuerdo si continué con el resto de las preguntas. Podía haberle enseñado la fotocopia con sus palabras entrecomilladas, pero la inexperiencia me dejó sin capacidad de reacción frente a su contestación.
Sí, aquel fue mi primer revolcón como periodista y, al echar la vista atrás, estoy orgulloso de haber perdido la virginidad con el técnico que nos va a llevar hasta la medalla de oro en el Eurobasket de Polonia. Ahora más que nunca y a pesar de todo, voy a muerte con Scariolo.
Nunca he comprendido que un deportista anuncie su retirada leyendo un papel. Puedo entender que, frente a la amenaza de los nervios, tenga una pequeña chuleta para no olvidar cuestiones importantes, pero me parece antinatural que la interprete al pie de la letra.
En el caso de Ferrán López, el base del Fuenlabrada se enfrentó a su destino a pecho descubierto, sin papeles, sin apuntes, acompañado simplemente por sus emociones. Y lo soltó como pudo, con alguna interrupción espontánea motivada por su resistencia ante lo inevitable.
Por eso me gustó la despedida de Ferrán, porque sufrió, lloró y no utilizó ningún guión en la rueda de prensa más importante de su carrera como jugador de baloncesto. Ya tendrá tiempo de repasar sus mejores momentos en las entrevistas que concederá en el futuro. El domingo se trataba de enfrentarse a su realidad y lo hizo con la espontaneidad que le ha hecho grande sobre la pista.
Desde aquí mis respetos hacia él.
Justo antes de Semana Santa le propusimos al entrenador del Alta Gestión Fuenlabrada rodar un reportaje con él para nuestro programa de Telemadrid “Planeta Basket”. La idea era vivir una jornada de trabajo junto a Luis Guil, sus ayudantes y la primera plantilla del equipo madrileño. Así se lo planteamos y, lejos de poner reparos ante nuestra osadía por romper la intimidad del grupo, el técnico sevillano nos ofreció todas las facilidades para realizar la grabación.
Guil accedió sin problemas a colocarse un micrófono para que nuestra cámara registrase la charla del café con sus ayudantes, la preparación previa del entrenamiento con Chus Mateo y Sergio Jiménez, las instrucciones y gritos de la sesión matinal con sus jugadores y los comentarios de la reunión posterior en la que visionaron las jugadas más destacadas del conjunto rival.
Para un periodista no existe mayor satisfacción que tener acceso a la realidad de un grupo deportivo para compartirla después con sus espectadores y, más aún, cuando pocos entrenadores se prestan a este tipo de reportajes. En el fondo es una pena, porque el hecho de abrir las puertas a un medio de comunicación permite que los seguidores de ese equipo sean conscientes del trabajo que hay detrás de cada partido de baloncesto.
Supongo que en otros deportes sucederá algo parecido, pero en el mundo de la canasta a los entrenadores siempre les parece poco el tiempo que le dedican a su tarea, por eso se pasan el día pensando en baloncesto y también por esa razón se levantan en mitad de la noche para apuntar las ideas que les llegan casi en sueños. Así lo reconoció en el reportaje Luis Guil, aunque no es el único. Joan Plaza también tiene una pizarra en su casa donde anota las estrategias que se le ocurren en la cama.
Ojalá cunda el ejemplo y otros técnicos se decidan a hacer público su trabajo para acercar el baloncesto a la gente y que, de paso, cada vez más gente se acerque al baloncesto.
Le ha llegado con 27 años, aunque ya desde joven los técnicos de la Federación Española de Baloncesto se detuvieron en sus cualidades. De hecho, el jugador nacido en Santander, fue internacional cadete y sub-20. Doblas también pasó por la cantera del Baskonia y después inició un periplo por distintos equipos. Primero cedido por el TAU y, más tarde, traspasado.
Lo cierto es que, en las temporadas anteriores y pese a conseguir dos ascensos con el Bruesa, sus actuaciones no habían destacado tanto como en la campaña actual. Y es que el pívot del conjunto vasco promedia 10 puntos y 4 rebotes en 19 minutos de juego, con un 60% de acierto en tiros de dos. Pero, por encima de los números, como espectador, disfruto mucho viendo los movimientos ofensivos de este jugador de 2,06.
Ayer, por ejemplo, David Doblas logró 14 puntos y 8 rebotes frente al Cajasol y eclipsó al pívot español que había deslumbrado la temporada pasada en Murcia, Juanjo Triguero. Sin embargo, donde realmente demostró su clase fue en el Palacio de Vistalegre, midiendo sus fuerzas con el intratable Felipe Reyes. En ese partido, el pívot cántabro del Bruesa anotó 16 puntos en 17 minutos y sus defensores no supieron frenar su juego de espaldas al aro.
Por si fuera poco, Doblas posee un cuerpo tan ancho que sus bloqueos resultan infranqueables para los rivales y su actitud dentro de la pista recuerda mucho a la de otro guerrillero como Salva Guardia. En el lado negativo, eso sí, es cierto que comete demasiadas faltas personales. Tantas, que al término de la 20ª jornada, encabezaba esa lista en los registros de la ACB.
En definitiva, me parece un jugador capacitado para dar el salto a un equipo con otras aspiraciones, siempre que el entrenador de turno confíe en sus posibilidades, claro. Si su nombre impide que otros técnicos le valoren por su juego, mejor que siga en el Bruesa, donde Pablo Laso está ofreciéndole los minutos que se gana en la pista.
Madrileño de 34 años es licenciado en periodismo por la Universidad Complutense. Trabaja como redactor de deportes en Telemadrid desde 1997 y como narrador de la Liga ACB durante las cuatro últimas temporadas, además de presentar el programa 'Planeta Basket'. Es profesor de la asignatura de 'Periodismo Deportivo' en la Uiversidad Carlos III de Madrid. Tiene otra gran pasión, la narrativa infantil, campo en el que ha publicado 'Pedro y el invento del siglo' y donde está cerca de ver la luz su segundo trabajo: 'Operación Ozono'
2009 (7)
2008 (14)