De la India a Japón

VIERNES, 07 DE AGOSTO DE 2009

Un año y un día después llego a Tokyo. Fin del viaje y del blog.

Mi paso por Corea del Sur fue efímero, mas bien, diría que utilice este país como puente para mí llegada a Japón. Además, tras cruzar de norte a sur este pequeño país me dio la sensación de que visto algo visto todo, un país del que me voy con una clara conclusión. Es la perfección hecha país.

Llego la hora, llaman para embarcar (eso creo), simplemente sigo a toda la gente de la sala de espera. Me encuentro en la terminal internacional de ferrys de Busan, al sureste de Corea del Sur y en pocos minutos mi barco dirección a Japón zarpara para llevarme de una vez por todas a mi deseado Japón. En el momento que empiezo a recorrer el pasillo de la terminal que lleva a aduanas para pasar los rutinarios y habituales controles de seguridad, abandonar oficialmente Corea y todo eso que pone en tu pasaporte, es cuando empiezo a notar un cosquilleo que me dice que ya ha llegado. Ya ha llegado el momento de pisar mi ultimo país de esta larga travesía, el que me tiene que llevar a completar mi viaje en bici. Estoy que no entro en mí como es lógico, sólo falta el último granito de arena y el sueño estará completo.

Mi entrada en la cultura japonesa fue en pelota picada, si si, como suena. No es que de la emoción empezara a quitarme la ropa delante de mis amigos con eterna cara de sorprendidos, pero es que en el barco tenían esta especie de saunas-piscinas-duchas comunitarias tan habituales en Japón. Andaba buscando las duchas y lo único que vi como tal fue esto. Dos piscinas de agua caliente y en frente 8 duchas en la pared con un asiento delante de cada una (demasiado juntos para mi gusto), todo en una misma habitación. Pues... ¿¿Por qué no?? Vamos allá, hay que empezar a meterse en el lio japonés y si hay que hacerlo en bolas pues se hace. Pero la leche. ¡Cómo quema el agua! Luego se está bien, pero la piscina en cuestión esta hirviendo. Lógicamente para mis amigos nipones no pase desapercibido y continuamente los pillaba mirándome de reojo intentando disimular. "Si amigos, esto de aquí en el pecho es pelo, lo usamos mucho en mi país como decoración corporal, y esto otro de la cara lo llamamos barba, vosotros lo podéis llamar pelusilla, y el por qué de mis piernas a dos colores es una larga historia, algún día que otro que olvide quitarme los pantalones tomando el sol, será eso, no os preocupéis...", así fue el asunto. Eso si, lo de ducharme sentado en un taburete de cara a la pared como si estuviera castigado en el colegio lo deje para ellos. Prefiero el estilo tradicional aunque salpiques más al de al lado.

Y por fin, tras 12 horas navegando por mares asiáticos, el barco llega a Fukuoka, mi puerto de entrada al sur de Japón. Pero lo que menos pensaba es que se acercaba uno auténtica pesadilla. Como siempre, toca pasar aduanas, rellenar formularios, chequear equipaje, etc... Japón significa el decimocuarto país en mi viaje y como pura rutina rellene los papeles en cuestión. Llego mi turno, le doy el pasaporte, le entrego el formulario y me pregunta que a qué hotel voy y cuando tengo el vuelo de salida desde Japón. Lo primero no lo sé, tengo que mirarlo porqué no sé dónde dormiré esta noche y lo segundo pues tampoco, no lo tengo porqué no sé el día que llegaré a Tokio y abandonaré el país. Al tipo pareció que no le convencieron mis respuestas y me echa de la cola diciéndome que han de comprobar mi pasaporte mejor. En ese momento de monta un poco de alboroto en la terminal, al guiri entre 300 personas lo hacen fuera..., ¿Qué pasa? Mientras, a todo esto, la bici ya había cruzado por otro lugar porqué no me dejaban hacer la cola con ella. Yo no entiendo nada y me dicen que espere y me siente apartado de todo el mundo. No quiero sentarme, estoy inquieto. Van pasando los minutos y nadie me dice nada. Finalizan el control a todos. Sólo quedamos la gente de inmigración, mi bici y yo. Ellos están dentro comprobando mi pasaporte, pregunto y me dicen que espere. Finalmente, una mujer (que debe ser la jefa mayor del lugar) llama a una intérprete en español vía telefónica y empiezan a preguntarme de todo. "¿Señor Faure no? Sí, Iván Faure contesto. Ok, yo sólo puedo dirigirme a usted por su apellido, le haremos unas preguntas para aclarar la situación. Adelante les digo", estaba impaciente por solucionar el tema. "Vamos a ver Juare... ¿Juare?” No había manera de que dijera bien mi apellido. Aunque en estos momentos como si me tengo que llamar Ivamura Fauremoto, Son Goku o Chicho terremoto, era lo de menos creerme. ¿A dónde voy en Japón? ¿Cuánto llevo viajando? ¿De qué país vengo? ¿Cuánto dinero tengo en el banco? ¿Antes de Tailandia, en qué país estuve? (no entendí esta pregunta). ¿He dormido en hoteles regulares o buenos?, ¿Qué profesión tengo? (difícil responder esto, opte por fotógrafo que quedaba mejor) etc, etc, etc... Estas son algunas de las preguntas que me estuvieron haciendo. Yo simplemente estaba flipando y pensando para mi... "Un año, llevo un año para llegar a Japón y ahora no me dejan entrar...". Aunque mis pintas un poco tiradas no ayudan como siempre. La ropa ya tiene un año, todo esta envejecido, voy sin afeitar (pero limpio tras mi "sauna" en el barco) y no es lo más apropiado para mostrar que mi nivel económico es el adecuado y que no necesitaré trabajar o mendigar en su país, pero no puedo hacer nada al respecto ahora. Yo sigo a lo mío... "Un año esperando este momento y ahora no podré entrar al país", le voy dando vueltas y más vueltas al asunto. En un momento de lucidez le comento por teléfono a mi traductora que si quieren pueden comprobar en mi web todo lo que digo. Pueden mirar en el mapa que mi final es Tokyo, ver lo que llevo haciendo un año, que no les miento. La cosa les gusta y me llevan a un ordenador. Les enseño el recorrido, mi destino final, busco fotos mías viajando en bici, les muestro que el nombre de la web corresponde con el de mi pasaporte (o señor Juare como quieran) y aquí cambio todo. Su cara fue otra, su forma de hablar entre ellos fue otra, todo parecía ir a mejor. Hablaron unos minutos y finalmente me dijeron que Ok, que me dejan pasar y me ponen el sello para 90 días. En mi vida me habían cacheado tan exhaustivamente. Me palparon cada centímetro de mi cuerpo, me hicieron descalzar comprobando hasta mis bambas, y para colmo, era un tío. Pero bueno, ya estoy en la tierra del sol naciente y reluciente.

En la misma terminal encuentro un mapa y tras unos minutos mirándolo decido que ruta hacer para cruzar Japón hasta Tokyo y según pone en el, es saliendo del puerto a mano izquierda unos 1.200 kilómetros mas para allá. Me cambio a lo Superman en el lavabo, y salgo de la terminal disfrazado de ciclista y en esos momentos me niego a pedalear... bueno, esperar esperar... YA ESTOY EN JAPÓN!!!, Ok, sigo... me niego, no quiero prisas, quiero pasear y disfrutar de mis primeros minutos en tierras niponas y simplemente ando empujando la bici observando cada detalle de las calles de Fukuoka. Lo primero que me sorprende es ver más carteles en inglés que en japonés y también más McDonald's y 7eleven's que chiringuitos locales. Pero estoy contento, empiezo mi pedaleo y cada dos por tres voy cerrando el puño de rabia. Estoy aquí, ya estoy en mi anhelado Japón y estoy apunto de conseguirlo, sólo falta el último esfuerzo me voy repitiendo continuamente.

Mi pedaleo cruzando este país me lleva a pasar por ciudades míticas como Hiroshima (desgraciadamente conocido por la bomba atómica), Kyoto y sus famosas Geishas, Kobe, Osaka y otras muchas. A cruzarme una y otra vez con los trenes balas que son un visto y no visto y desmoralizan cuando ves a tus 15 por hora lo rápido que van ellos y a comprobar que Japón es único en muchas cosas y que da gusto estar en él. Me dediqué la semana a acampar donde podía al finalizar mi jornada ciclista y la última noche tuve la suerte de hacerlo a los pies del emblema nipón por excelencia que no es otro que el Monte Fuji, que asistió y me escoltó hasta mi llegada a Tokyo y…

SI, SI y SIIII!!!!! Finalmente, tras 367 días de viaje, mas de 12.000 kilómetros pedaleados y casi 900 horas encima de la bicicleta he puesto pies y ruedas en la ciudad de Tokyo, capital de Japón y destino final de mi travesía en bici. ¡Estoy que no me lo creo! No doy crédito a lo que acabo de conseguir. Miro atrás y me da vértigo de sólo ver y pensar todo lo que he hecho y pasado hasta llegar aquí. Para muchos esto será increíble, para otros insignificante, pero para mi era un sueño y lo he conseguido.
Ya lo puedo decir, el 26 de Mayo de 2009 tras pedalear la asfixiante India, el tranquilo Nepal, la fácil Malasia, la turística Tailandia, el mejor de todos Myanmar, la sencilla Camboya, el decepcionante Vietnam, el sonriente Laos, la sorpresiva China, la perfecta Corea del Sur y el deseado Japón, consigo completar mi travesía en bici por Asia. Un año y un día después de empezar mi viaje.

Aquí acaba esta aventura.... por ahora... ya veremos si sigue de alguna manera... Gracias a Solobasket por dejarme compartir esta experiencia con todos vosotros.

Iván Faure.
www.ivanfaure.com

 

 

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Por IVÁN FAURE a las 12:32 2 Comentarios
 
MARTES, 07 DE JULIO DE 2009

CHINA: Echando unos tiros con monjes budistas a 3.500 metros.

Podría hablar largo y tendido sobre esta etapa del viaje. Los últimos 300 kilómetros en el norte de Laos fueron tremendamente duros y ... Llegar a China ha sido realmente excitante y ... Últimamente parezco el Forrest Gump versión ciclista, no hago más que pedalear y pedalear día tras día sin parar y ... El país de mucha gente me esta sorprendiendo bastante y para bien... De hecho este es el "problema" de esta crónica. Hay muchas cosas diferentes de que hablar y entre lo mal escritor que soy, y lo difícil que sería juntarlas todas he decidido hacer un rápido resumen de cosas que pueden pasarte o ver cuando llegas a China y lo haces con una bici.

Así, que tras cumplir con mi obligación al pasar la frontera y dar los recuerdos que tenia encargados... "Oye, que vuestros primos, los de España, me han dado muchos recuerdos para vosotros”. Empiezo un sinfín de historietas por tierras lejanas tras autoconvencerme que estaba en China, porque los primeros días no me lo creía y mientras iba pedaleando me repetía una y otra vez... "¡¡¡Ei Iván, despierta, que estás en China y con una bici!!!"...

Pues puede pasarte que como en mi caso me viera desbordado por primera vez en el viaje, un poco esa sensación de indefenso entre esta civilización y preguntarme mil veces ¿QUÉ HAGO YO AQUÍ? Puede pasar que aparezcan los perros a escena con sus continuos ataques al ciclista no chino. Puede ser también que termines desquiciado cada vez que intentes hacerte entender con ellos y que den por supuesto que si no les entiendes cuando te hablan, si te lo escriben seguro que tú lo entenderás sin problemas. Simplemente agotador. Puede ser también que cuando vas a comprar en un super te vuelvas loco y tengas que retroceder a tus tiempos mozos y empezar a jugar a dibujos y colores para “adivinar” qué estás comprando y qué te vas a comer. También puede pasar que la policía para bien o para mal tenga demasiada presencia en mi visita a China. Que me sigan a veces por los pueblos los “secretas”, que aparezcan en mi hotel a medianoche para pedirme el pasaporte, que me paren en una autopista y me echen de ella, etc, etc… o puede pasar, que los cajeros no funcionen y un banco me regalo dinero para que pueda llegar hasta la siguiente ciudad y pruebe suerte allí (y suerte que me lo dejaron sino lo hubiera pasado algo mal). Estas son algunas de las cosas que pueden pasarte así por encima en el país de mucha gente. Y sí, he dicho que un banco me dejo dinero.

Pero vamos a lo que vamos. Primera gran sorpresa, me instalo en un hotel la primera noche, pongo la tele y…¡¡¡Sorpresa!!! Están dando la final de la liga china de baloncesto. Y puedo comprobar por mi mismo que la influencia yankee se deja notar. Reglamento NBA, con sus dolorosos pasos (si si, esos tan famosos de la final de Pekín 2008 en los que Navarro corrió con el balón sin problemas). Con los mismos videos montajes para los tiempos muertos (pero con jugadores chinos y sin tantos mates) y quedándome con una impresión, una opinión, en definitiva. Y no es otra que el factor Yao Ming, al que es difícil obviar en este país porque lo tienes a todas horas en la tele, en carteles, en la prensa... ¡Es alucinante! Nunca había visto tantos partidos de los Rockets, es a diario. El baloncesto se ha convertido en el deporte rey. Una locura. En todos lados hay canastas, niños con un balón, hombres vistiendo camisetas de los nombrados anteriormente Rockets o cualquier otro equipo americano. Una auténtica locura y mucho me da que en pocos años esto se reflejara y China (ahora que les esta dando por crecer a los niños) será una potencia baloncestística a tener muy en cuenta.

Estaba mirando la tele como cada noche en la habitación del hotel de turno. Es algo que siempre tienen los alojamientos en China. Lo malo es que todos los canales están en su lengua (yo solo veo deportes que no necesitan traducción o si quiero reírme pongo sus telenovelas y películas un rato) siendo el primer país que no tiene internacionales, cosas del gobierno. Pero esporádicamente en algún canal ponen alguna película o documental en inglés. Es cuestión de hacer zapping y tener suerte. Pues bien, me puse a ver un documental que hablaba de la ciudad tibetana de Shangri La y me entró un cosquilleo tremendo el solo hecho de pensar poder estar allí. No en vano, el mejor recuerdo que tengo hasta el momento en este viaje es mi paso por el Ladakh, esa zona al norte de la India, también llamada Tíbet indio o pequeño Tíbet, incrustada en medio de los Himalayas. No sabía dónde estaba esta ciudad. Me fui rápidamente a un Internet porqué me sonaba que caía por la misma provincia donde me encontraba en este momento y... ¡¡¡Bingo!!!. Está al norte de la región. Pues no hay dudas, son unos 400 kilómetros mas de montañas, la ciudad está a 3.400 metros de altura y todo será subida, pero cuando tienes un cosquilleo es por algo y me apetecía volver a sentir el aire tibetano.

Pero primero tocaba visita a dos ciudades muy conocidas como son Dali y Lijiang que estaban en mi ruta. En la primera duré un día y en la segunda duré 2 porqué estaba muy cansado pero al tercero me fui. ¿Por qué? Si que son bonitas, preciosas, pintorescas y todo eso, pero para mi son ciudades LEGO. Son tan artificiales y están tan preparadas para el turismo que pierden el interés. Llegas con tu bici recorriendo kilómetros y de golpe te encuentras en un cuadrado de calles como si de un oasis se tratara, totalmente aislado de la vida real china. Por lo que voy hablando con otros ciclistas locos, es el problema común en nosotros. Estás tan acostumbrado a ver lo verdadero de cada país y a parar y dormir en sitios perdidos en el mundo que cuando llegas a estos lugares te encuentras fuera de lugar. Y en mi caso, realmente cada día me sobran más, pero eso si, son ideales para descansar piernas y tener todo cómodo por unos días.

El momento esperado ya está aquí. La carretera empieza a subir y subir, aparecen las primeras vistas espectaculares, los primeros picos nevados, el cosquilleo va en aumento y aún crece más cuando veo las primeras banderitas y casas tibetanas. Emocionante sin más. El paisaje maravilloso, el paso por las aldeas indescriptible y el frío que entra en acción. Es la primera vez que tengo que rescatar el pantalón largo (sólo lo uso cuando lavo el corto cada dos o tres meses, si, lo sé, pero es lo que hay) y el abrigo del fondo de la mochila desde hace 10 meses. ¡Qué mal acostumbrado a estar de veranito siempre! Llego a Shangri La. La ciudad en si no tiene nada. Es muy moderna y se nota que se esta preparando a toda prisa para ser un lugar turístico en pocos años. Empiezas a ver esas vestimentas en los hombres con sus típicos sombreros que hacen de ellos una estampa muy particular. Las mujeres con su pañuelo rosa envuelto en la cabeza, llenando de colorido su presencia. Los jóvenes con sus melenas lisas y largas fumando como posesos en lo que en España calificaríamos como pintas de "quinquis". Los niños con esos mofletes sonrojados tan característicos y graciosos del Tíbet. Pieles muy morenas y todo, absolutamente todo decorado al estilo tibetano. Moderno, pero en el fondo tibetano. Paseas y ves a unos monjes por la calle central mirándose móviles en una prueba más de que la tecnología llega hasta en el cielo y los necesitan para comunicarse con sus dioses. Y la nota negativa de esta visita es ver que hay demasiada gente pidiendo en las calles, incluso algún turista oriental que por lo visto se ha quedado tirado. En definitiva, una mezcla de aire tibetano con modernidad, pero muy interesante de ver, sentir y vivir.


Llega el momento de trasnoches y echar unos tiros muy interesantes. Coincidió la Final Four con mis días de descanso en Shangri La y decidí irme a un Internet 24 horas para poder escuchar el partido a través de la radio en directo. Pero claro, aquí son 6 horas más y además del chasco de la eliminación en semifinales (que mal se pasa escuchando un partido de estos por la radio, no os lo aconsejo) me tocó con una vuelta a las dos de la madrugada nada recomendable por las calles de Shangri La, coincidiendo con días festivos además y con grupitos de los citados "quinquis" en las esquinas con borracheras como acompañantes.

Al día siguiente me fui de visita al monasterio de Shangri La, uno de los más importantes para el tibetismo y me llevé otra de estas sorpresas con el boom del baloncesto en este país. Paseaba por los alrededores de este monasterio y escuché el inconfundible bote de una pelota de baloncesto. Ese sonido que todo persona relacionada y loca por este deporte reconocería en cualquier lugar del mundo, sobretodo con mono de baloncesto. Me acerqué y… ¿Os imagináis a un monje budista con su tradicional traje rojo, su cabeza rapada, etc, etc, calzando unas Air Jordan? (falsas, lógicamente porque estamos en China y esta gente falsifica todo) La estampa era de lo más curiosa y más aún cuando se unieron otros jóvenes monjes a la fiesta y montaron un partido al que fui invitado. Lo probé, pero lo probé dos minutos y desistí de la idea. Más que nada por no hacer el ridículo tras probar tres tiros y no tocar aro en ninguno de los tres. Pero bueno, como excusa para quitarme el sonrojo diré en mi defensa que estábamos a 3.500 metros de altura y se nota, que mis piernas ciclistas si las pongo a saltar se me romperían por todos lados y que hacia mucho tiempo que no echaba unos tiros ¿Sirve como excusa no? Así que me dediqué a observar el partido monjil y estuvo muy interesante la verdad. Fue un gran final de viaje por China antes de emprender mi visita a Hong Kong y volar a Corea del Sur, pero eso ya será en la siguiente historia.


 

Por IVÁN FAURE a las 10:53 0 Comentarios
 
DOMINGO, 31 DE MAYO DE 2009

Gracias a Laos vuelven las buenas sensaciones.

Antes de poder entrar en Laos, nos quedaban 300 kilómetros por Vietnam ese país que nos había quitado la energia. Los hicimos lo más rápido que pudimos, sólo mirando lo que se nos presentaba delante.

Al llegar a Laos.... ¡¡¡50 grados!!! ¡Es de locos! Aunque los locos somos los tres ciclistas que pedaleamos a esa temperatura una mañana de marzo por tierras asiáticas. Eso es lo que indicaba el termómetro que llevamos. De hecho, los primeros dias en el centro de Laos la temperatura siempre superaba los 40 y muchas veces solo eran las 9-10 de la mañana. Ha sido asfixiante, beber y más beber, litros de agua, pepsis (no hay coca-colas), zumos naturales de caña de azúcar recién exprimidos a rebosar de hielo y sandias sí las encontrábamos (nos tirabamos de cabeza cada vez que veíamos algun chiringuito con algo fresco). Si alguna ventaja tiene ser españolito de a pie aparte de ser envidiados por nuestra siesta, comida y carácter fiestero, es tener más aguante a las altas temperaturas. Algo que a mis dos compañeeros centroeuropeos se les ha atragantado un poco más. A todo eso hay que sumar que en Laos se pasan el día quemando bosques y matojos y es inevitable tragar humo haciendo el ambiente más bochornoso si cabe.

Notamos muchísmo el cambio de Vietnam a Laos. Fue como el salir de una discoteca en la que no entra nadie más, con un agobio terrible, y todo el mundo busca algo y finge si es necesario para ligar o lo que le apetezca a una gran tranquilidad poco después de salir de ese agobio. También me recordo a algún torneo de baloncesto de formación (cadetes o juniors sobretodo) en los que suelen ir ex-jugadores que ahora son representantes o tienen sus agencias, más gente vinculada a las disitintas federaciones y el agobio que a veces sientes de darse la casualidad que te has sentado cerca y empiezas a ver como se acerca gente contándoles distintos cuentos para ver si les caen en gracia y consiguen un enchufe.... ¡Con lo que agobia eso a los que estamos viendo el partido! Lo que te ries también cuando puedes escuchar alguna del entrenador de turno al que te has enfrentado mil veces y que cuenta como le va la temporada de una forma muy peculiar (por no decir que cuenta una temporada imaginaria) y te tienes que aguantar la risa para que no se note que te llega la conversación, aunque personalmente... alguna vez no lo he podido evitar y me reído claramente.

Esto nos cambio el carácter. Venga a hacer bromas disfrutando nuevamente del contacto con la gente. Genial, sin mas. Porqué sí algo tiene Laos, es una gente maravillosa. Para nosotros, fue un alivio pasar de la mentalidad destructiva de los vietnamitas a la constructiva de los... ¿¿Como se llaman?? ¿Laosinos?, ¿Laosianos?... Bueno, la gente de Laos. Porque puede llegar a ser peligroso estar en un ambiente siempre negativo, te hace plantear seriamente si tiene sentido lo que haces aunque el sentido siempre lo encuentras en un minuto con algun detalle positivo como cuando cruzamos la frontera. Era para ver la cara que pusimos cuando nos pusieron el sello de Laos y no hicimos una butifarra (o corte de mangas como prefiriáis) mirando a Vietnam mientras nos alejabamos por si las moscas... eso sí, yo no me pude contener y les solte un... "¡¡Ahi os quedais con vuestra locura!!!".

No puedo dejar de comparar. Nunca habia tenido este bienestar pedaleando. Todo es relax, no hay tráfico, la carretera es para los ciclistas, nadie te pone travas, todo es fácil, los alojamientos son los mejores (no hay nada mejor que enormes habitaciones en primeras plantas y facilísimo para meter la bici dentro sin ni tan siquiera tener que desmontar las alforjas de mi parienta). Y la gente, es sin más, impresionante. Igual el paisaje no es el mejor de Asia, pero te da igual. A estas alturas de viaje encontrar esta paz por unos días-semanas es de agradecer y mucho.

El paisaje es algo monótono pero salteado con el siempre interesante paso por aldeas fuera de toda modernidad y donde la simpatía y espontaneidad de su gente y sobretodo de sus niños te ameniza el camino cruzando el centro de Laos hasta llegar a Vientiane, su capital. Este es un pais que aprovecha el paso del rio Mekong para tener una frontera natural bien definida. Resulta curioso estar cicleando en Laos, mirar a tu izquierda y siempre tener a 300-400 metros Tailandia. La de veces que ha venido la tentación de decirles a mis compañeros... "Esperarme que ahora vuelvo", pegarme unos largos, cruzar el rio, entrar en Tailandia, darme un festín de comida y regresar. Es de obsesión el tema alimenticio desde hace tiempo para todos y Tailandia es el mejor país para saciar ese deseo. Pero nada, lo miras con frustración y a seguir dándole a los pedales y comiendo las cuatro porquerias envueltas que encuentras en las chabolas que las buenas familias tienen a pie de carretera donde venden lo que pueden. Vientiane es la capital más atipica que he visto hasta ahora. No parece ni ciudad ni pueblo grande. Es muy rara. No hay grandes edificios, no hay tráfico, no hay movimiento, pero si hay embajadas y nuevamente toca visitarlas para rellenar el pasaporte con visas.

No me importo para nada cumplir años en Laos. Uno de los motivos de este viaje fue hacerme un regalo al cumplir los 30 en lugar de ponerme depre pensando en lo que se suponía que tendría que haber hecho según las normas sociales.... Aunque no pensé cumplir los 31 durante el viaje. Los cambios de ruta y algunas cosas más es lo que tienen. Por cierto, que vuelvo a cambiar la ruta para, en lugar de entrar en China por el norte de Vietnam y en su lugar entrar en China Por Yunnan, una provincia al sur que todos me han recomendado.

De vuelta a la carretera y con el cambio de ruta, paso por Vang Vieng un lugar excesivamente preparado para el turista y donde siempre tienen en las teles dvd's de Friends. Por primera vez puedo ver en la tele el Canal 24 Horas de TVE y puedo decir tranquilamente que la programación es bastante mejorable. Cada día películas de Paco Martínez Soria.....

Y llegan las temibles montañas. Toca apretar nalgas al sillín, tirar de riñones y poner un ritmillo para ir subiendo las famosas rampas de Laos. Siempre ayudado por un poquito de tecno que nunca viene mal para estimular en estas situaciones. Las baladas y el country lo dejo para otras ocasiones. Dice la leyenda ciclista que llegan al 18-19% (hablo de las rampas). Sin duda, una leyenda que va muy bien a los deportistas sobre las dos ruedas para sacar brillo a sus hazañas. ¡¡¡Mentira!!! Es duro de narices eso seguro, como comprobé un día que finalicé la etapa con mas de 2.000 metros de desnivel acumulados en mis piernas. Venga a subir y venga a bajar, pero como mucho hay rampas del 12-13%, no creo que más. Pero la parte buena es que como siempre, subir montañas tiene dos premios, las espectaculares vistas y esos increibles descensos... Pierna derecha, pierna izquierda, evito un bache, me trago otro, freno ahora, ahora no, la bici a 50 por hora y a disfrutar bajando... ¡¡¡Qué gozada!!!!

Asi han pasado estos dias, pedaleando por montañas escuchando los siempre agradables ... "Saibadee" (hola) procedentes de los ninyos cuando pasaba por las aldeas a la vez que salen a la carretera extendiendo su mano para chocarla con la tuya. El pasar por las aldeas es lo que de verdad da vida a este viaje. Todo lo que puedes observar en ellas es interesante ya que te puedes meter dentro de lo que es la vida de los aldeanos. Esos aldeanos que viven en unas aldeas que no sabes porqué están en el lugar que te las encuentras. Así, de esta forma, hasta llegar a Luangprabang. Posiblemente el lugar mas famoso de Laos, donde el rio Mekong y los verdes alrededores hacen de esta plaza un sitio interesante, sobretodo para descansar.

Y por cierto, si teneis algún interés en visitar Laos, no tardéis mucho. En pocos años, me atrevería a decir meses, todo el país estara en cenizas por su cruel e irracional quema de bosques y praderas. Y sinceramente es un país que recomiendo.

De aquí toca subir hasta el norte para entrar en China.
 

Por IVÁN FAURE a las 12:44 0 Comentarios
 
DOMINGO, 10 DE MAYO DE 2009

Vietnam, la parte más dura del viaje.

Mi compañera de viaje me fuerza a volver a cambiar mis planes. En esta zona sólo hay dos lugares donde poder comprar lo necesario para reparar un mountain bike, uno en Tailandia y otro en Vietnam. Esto me obliga a volver a los planes iniciales e ir primero a Vietnam antes que a Laos.

Cruzo la frontera y empiezo a ver por todos lados lo que ya me habían avisado: motos. Motos por todos lados. Mi objetivo primordial es llegar a Ho Chi Minh (Saigon) y allí poder reparar o sustituir el cambio de piñones. Metro que avanzo hacía mi destino también hace crecer mi tensión. ¡Qué forma de conducir! ¡Qué locura! ¡Aquí no existen normas de circulación! Prácticamente....¡no se paran ni en los semáforos! Eso sí, con milagros constantes. Motos en 10 direcciones diferentes pero no hay ningún tortazo. ¡Qué tensión! ¡Ni en los partidos más tensos que he jugado o dirigido estaba tan tenso!

Comiendo baguettes y descansando un poquito, visito las tiendas para poder hacer la reparación necesaria. Mientras, sigo encontrándome con ciclistas que me vuelven a confirmar que el viento es de norte a sur (yo tengo que ir de sur a norte) en todo Vietnam, y no solo eso, sino que es muy fuerte. Me llegan a poner los dientes largos diciéndome que ellos han podido ir a 40 por hora. Por si no lo sabéis, la media estándar en cuanto a velocidad de los cicloturistas es de 15 por hora, así que imaginar como tiene que ser el dichoso viento para ir el triple de rápido. Me tocará comprobarlo.

La mala suerte llama a mi puerta.

Todo empezó con los problemas mecánicos. Tras pasar 4 días en Ho Chi Minh para solucionar el problema que tenía con el cambio de marchas, empiezan 2 días terroríficos de mala suerte. La mala suerte se estrena por mi culpa. Una vez consigo salir de Ho Chi Minh, recuerdo que me he dejado algo encima de la cama y toca regresar al sprint. Entrar y salir de Ho Chi Minh soportando sus 5 millones de motos. Por suerte, llegué a tiempo de encontrar lo mio en la basura del hotel unos minutos antes que la sacaran a paseo. En dos días tengo 7 pinchazos, en ambas ruedas, eso es mucho tiempo perdido y más golpes a mi estado anímico. Bastante mosca, desmonto la rueda para ver que pasa. Demasiados pinchazos, quito cubierta, quito camara, me da por mirar en la llanta y en ese momento me desmorono del todo. Llanta rota. Tiene una grieta de 10 centímetros que me avisa que en cualquier momento se partirá en dos. Me desplomo dejandome caer en la cama y lo único que me apetece es ponerme a llorar de pura impotencia que siento con tanto contratiempo en la bici. Estoy aniquilado. Llevo dos semanas de problemas, todo sale al reves, me esta costando superar esto, la soledad empieza a notarse y mi energia para salir de estas situaciones cada día es menor como es lógico. Conozco por casualidad a una chica que habla ingles en este pueblo, algo casi impensable en Vietnam y lo único que se me ocurre es pedirle ayuda, pedirle que me ayude a buscar un bus o a alguien para volver a Ho Chi Minh y comprar una nueva llanta, pedirle si puedo dejar la bici y el equipaje en su casa y en definitiva intentar una solución rápida a esta tortura. Accede sin problemas y junto a su familia me ofrecen toda su ayuda. Dejo todo en su casa y esa misma tarde consiguen parar a una furgoneta que se dirige a Ho Chi Minh. Allí estoy metido, con mi rueda recorriendo los 200 kilómetros que tanto esfuerzo me habían costado, apelotonado con otras 26 personas, dolor de piernas, de culo, todo el cuerpo por no poder moverme, mirada perdida por la ventanilla y pensar... mucho pensar intentando digerir esto. En otro momento podria ser normal, pero cuando ya llevas mucho tiempo en ruta se hace muy cuesta arriba. La furgoneta tras 4 horas me deja en algun suburbio de Ho Chi Minh. No sé dónde estoy. Son las 10 de la noche y en la calle no me gusta el ambiente. Mucha prostituta, mucho movimiento sospechoso y consigo encontrar un hotel donde pasar la noche y esperar al dia siguiente. Fácil, rueda nueva y esta vez, bus para regresar.

Sinceramente en ese momento necesitaba desahogarme, poder estar con alguien querido, poder pasar este mal momento de otra forma que con la soledad de mis pensamientos en cutres habitaciones. ¡Y esa ilusión llegó! Llegó esa escapatoria, ese aire fresco que mi mente necesitaba, ese poder compartir con alguien este mal trago. Si en algun momento de mi viaje necesitaba estar acompañado era este. Nosotros seguíamos con nuestros mails para tenernos localizados, sabía dónde se encontraban ellos, sabía que me estaban esperando y todos estos infortunios no hacían más que retrasar el encuentro, pero finalmente se produjo. Con mi bici reparada llego a Mui Ne, lugar en la costa vietnamita donde se encuentran Jorg y Nicole, unos ciclistas amigos míos que me reciben con un sentido y emotivo abrazo. Nadie como otros amantes de las dos ruedas a pedales sabe lo que es pasar por cosas de estas y solo. Necesitaba esos abrazos, la complicidad de unos amigos. Uno no es de piedra y tras casi 10 meses de soledad conviviendo con mucha gente, pero en el fondo, conviviendo con la soledad de mis pensamientos que si no compartes pueden llegar a desviarse mucho de la realidad y más si son negativos, era el momento de un pequeño cambio. Nos conocimos en Malasia, nos reencontramos en Tailandia, dos veces en Camboya y en Vietnam por quinta vez y ahora si que teniamos claro que nuestro viaje seguiría juntos. No lo habíamos hecho antes por las supuestas diferentes velocidades de nuestra día a día. Ellos tenían pensado ir más despacio y entretenerse más tiempo en cada lugar, algo que han decidido no hacer para poder salir del sudeste asiático antes de lo previsto. Y yo, con tanto contratiempo he perdido muchísimos días y el destino ha hecho que coincidamos ahora de nuevo. Mi cara cambio, mi motivación subio, mi estado de ánimo positivo volvió y los tres estábamos ilusionados con este nuevo aliciente que deparaba nuestro viaje. Se nos notaba. Además de poder relajarme algo más. Poder descuidar mi bici por unos segundos sabiendo que ellos están con ella, ver habitaciones de hotel antes de quedármelas, tener a alguien con quien hablar en la carretera, en los descansos. Esos descansos en los que antes me quedaba embobado con mirada perdida esperando que pasaran los minutos para que mis piernas tomaran aire y que ahora se convierten en interesantes charlas. Para mi, ha sido muy bonito volver a sentir eso que tanto me gusta y defiendo, la fuerza del equipo y la amistad por encima de todas las cosas en la vida. Soy un solitario. Lo soy porqué soy dificil, porqué hago cosas que son complicadas compartir y porqué en este viaje busco unos objetivos personales que sólo puedo cumplir estando sólo. Pero este kit kat esta siendo muy bonito.

Pese a que muchos me decían que no fuera a Vietnam no puedo evitar tener que comprobar las cosas yo mismo. Por desgracia es verdad y lo que más me he encontrado, primero sólo y luego con Jorg y Nicole, ha sido a mala gente o gente mala, como prefiráis. Hasta tal punto que llegamos a intentar ni tan siquiera hablar con ellos. La falta de respeto es continua e inaguantable. Además va acompañada de falsedad, agresividad y descaro. No puedes aguantar que a cada segundo te intenten engañar y sonsacar. Pese a todo no tomamos la solución fácil que sería coger un bus hacia Laos y seguimos kilómetro a kilómetro sobre nuestras bicis.

Por suerte para los vietnamitas, sus paisajes son muy atractivos y diversos teniendo la sensación de estar en Grecia, Suiza o la Costa Brava.

Ahora sí, a Laos donde espero poder ser más positivo.

 

Por IVÁN FAURE a las 13:11 0 Comentarios
 
VIERNES, 10 DE ABRIL DE 2009

Camboya: Templos, templos y templos.

Después de volver a Tailandia y arreglar diferentes cosas, entre ellas un par de la bici que se habían roto en el vuelo desde Myanmar, en dos aburridos dias me planto en la frontera con Camboya.

Dos días amenizados por la nueva musica que mi secretaria en Barcelona (que no es otra que mi sobrina a la que llevo de cabeza), me ha hecho llegar a Bangkok. Y tambien, con los sobresaltos provocados por los ataques perrunos de nuevo, fenómeno este a estudiar. En Myanmar, hay muchísimos más perros y ni uno me atacó, es más, son tan perros los perros que ni por honor a su raza me ladraban. Es llegar a Tailandia y recibir muchísimos ataques al día en la carretera. Sorteo a unos timadores que hay en la frontera que me quieren cobrar más de la cuenta por la visa, a los que pille cuando les dije que me dieran su número de identificación, un recibo y un informe con ese precio que iba a llevarlo a su gobierno. Al ver su cara me lo dijeron todo, siendo clave ese cambio para darme cuenta a tiempo y que era más adelante la frontera de verdad. Paso la frontera en Poipet y el cambio es abismal. Paso de un país occidentalizado y moderno como es Tailandia, a uno pobre y viejo como es Camboya. Eso si, lleno de contrastes porque a los 5 metros de entrar al país te encuentras con casinos y hoteles de lujo al lado de chabolas y gente pidiendo limosna y unos coches como no había visto en todo el viaje. También me encuentro con un país con una mentalidad más abierta que en otros lugares, como demuestra que a los 10 kilómetros de entrar al país ya había sido invitado a una boda. Ofrecimiento este que rechacé porque vi rápido que iba a ser más protagonista yo que los propios novios.

Dos días más de pedales me llevan hasta Siem Reap, mi esperado destino, pasando un calor horrible. Estamos de lleno en la estación seca y todo está polvoriento y la temperatura por encima de los 30 a diario. Hecho este que me hace ir con la sensación de sequedad continua y algun día me llevo a beber hasta 8 litros de líquido. Dos de ellos fueron Coca-Cola y cometí la burrada (cuando vas muerto de sed no piensas, solo tragas) de bebermelos en 30 minutos mientras comía y luego, claro esta, iba dopado perdido, iba espitoso a mas no poder... "¡¡¡Ponerme más kilómetros, más kilómetros!!!". Ahora entiendo a los jugadores que en los partidos que jugábamos a primera hora de la tarde venían espitosos perdidos por las 2 latas de Coca-Cola que se habían bebido comiendo. Y yo pidiéndoles que se acordaran de los detalles del partido: a este se le puntea, a este se le deja tirar,.... ¡¡Ya me vale!!

A lo que iba, noto el cosquilleo, me acerco a Angkor Wat, unos templos que tenia muchas ganas de ver. De hecho, era el segundo lugar más esperado en mi viaje (el primero obviamente es Tokyo). Voy entrando en Siem Reap, el pueblo donde tienes que dormir para visitar los templos, y por sorpresa mia, voy observando la infinidad de grandes resorts de 5 estrellas, mucho turista, restaurantes de todos los colores, centros comerciales... "¡¡¡Pero si esto es como Disney!!!". Yo esperaba un pueblo camboyano pequeño y sencillo y el gran movimiento que genera este lugar lo ha convertido en un parque de atracciones, recibiendo cada dia miles y miles de turistas que vienen expresamente a Camboya para visitar este complejo. Con deciros que en una mañana ya me había encontrado a más de cien españoles...
 

Nada mas instalarme salgo a pasear, y como siempre, termino metiendome en callejones y sitios más aislados, en dirección contraria a los turistas en definitiva. Y me encuentro con la desagradable imagen de un pederasta en la puerta de un horfanato o centro de niños, no se muy bien lo que era porque estaba oscuro. Pero esta vez, los niños estuvieron de suerte porque al maldito bastardo (lo siento pero no lo puedo evitar) no le hizo gracia ninguno. Yo mismo desde la distancia vi su gesto al gancho camboyano, como diciendo con la cabeza... "No me gusta ninguno, vamos a otro sitio". Es uno de los grandes problemas de este país y me rebentó que la gente local haga de guias para estos hombres, a los que dicho sea de paso, ya se les ve en la cara que no estan muy bien de la cabeza.
 

Alquilo una bici ya que tengo que dejarla fuera de los templos y prefiero no dejar la mia y empiezo el esperado momento de visitar estos templos, siguiendo esa costumbre tan agotadora que nos da a todos cuando viajamos de querer ver el amanecer y el atardecer, haciendo que los días sean muyyyy largos. Angkor es un conjunto de templos repartidos en unos 20-30 kilómetros y se trata de ir de uno en otro y ver sus piedras, aguantando el agotador e insistente aluvión de vendedores (sobretodo son niños) que te esperan en la entrada de cada templo, que se las saben todas y en todos los idiomas. Si ya en Myanmar una niña de 10 años me sorprendió con un... "Más barato que el Corte Inglés", aquí otra más pequeña todavia me soltó un... "¡¡¡Tacaño!!!" ante mi negativa a comprarle nada, sin duda, legado de algun compatriota con buen humor que pasó por aquí antes. Supongo que sí lee esto alguno de los que haya hecho algo parecido se lo estará pasando en grande....

Yo empiezo a notar que no, que no me está llamando la atención.Intento autoconvencerme... "Venga Ivan collons, que llevas toda la vida soñando estar aquí, tiene que gustarte", pero no. Voy visitando con tal frialdad que hasta me asusto. Ademas, por si faltaba algo, en este parque de atracciones hay unos invitados que vienen en manada y te chafan más si cabe. Tu estás tranquilo, midiendo la luz, preparando la camara, poniendo el trípode y escuchas detrás tuyo un... "¡¡¡Ooooohh!!!" y a los dos segundos, como si estos templos que llevan siglos y siglos en el mismo sitio se fueran a escapar y sin respeto alguno, ya tienes a un turista de ojos rasgados procedente de Korea, China o Japón, haciendo la senyal de la victoria si es mujer y tieso como un palo si es hombre, para hacerse la foto delante del templo o rincón que sea. Pero lo peor, es que han formado una perfecta cola de 30 personas para ir pasando uno tras otro. Más de 10 minutos he tenido que esperar alguna vez para sacar una foto.

Finalizado mi decepcionante visita de tres días con la clara conclusión de que no me gustan los templos o que ya tengo saturacion de tanta piedra en este viaje, vuelvo a la carretera. ¡Por fin! Una vuelta que me lleva hasta la capital del país del pijama (curiosisimo y gracioso ver a todas las mujeres y niños, a todas horas y en todos sitios, con el pijama puesto, sea en ciudades, pueblos, las ves en la moto, te atienden asi en hoteles y tiendas, pasean por la calle al cualquier hora y todos tan tranquilos), Pnom Penh. La vuelta a la carretera también sirve para tranquilizarme a mi mismo al ver que me humanizo de nuevo y siento, me emociono. Llegando a otra conclusión, que no es otra que lo que realmente me gusta es pedalear entre la gente, esas casas llenas de vida al lado de la carretera, recibir miles de... "Hello" al día de unos niños que salen corriendo desgañitándose hasta llegar a tu altura para saludarte, de vivir en cada momento una experiencia que te alegra el día a día.

Decido un cambio importante de planes. Mi siguiente destino iba a ser Vietnam (al este), pero hace dos días decidí que cambiaba mi ruta y tiraria para el norte a buscar Laos. ¿Por qué? Pues muy claro, evitar el reencuentro con un viejo amigo. Me he ido cruzando con ciclistas que provenían de ese país y todos me confirman que el viento siempre es de norte a sur en la carretera que yo tengo que hacer pegada a la costa y además muy fuerte y la verdad, pedalear más de mil kilómetros que tenía previstos hacer antes de entrar a Laos, con un viento en la cara cada día es muy muy duro y no me apetece pudiendolo evitar. Asi que me voy a Laos ahora y luego entraré por el norte a Vietnam.

 

Por IVÁN FAURE a las 11:24 1 Comentario
 
MIéRCOLES, 04 DE MARZO DE 2009

Myanmar: baloncesto no, compañerismo sí y policías pisándome los talones también

Esos andares, hombres con pareo, ese modelo de bicicletas, ese continuo escupir, esos dientes enrojecidos, esas miradas directas y sin titubeos, esas paraditas de comida en el suelo... ¡¡¡Ostras!!! ¿A que me he equivocado de avion? ¿Estoy en la India?. Todo este va y viene de preguntas y deducciones me pasaban por la cabeza mientras esperaba a mi taxista que había ido en busca de gasolina ya que nos habíamos quedado sin ella al kilómetro de salir
del aeropuerto (solo disponen de 8 litros al día, si quieren más tienen que comprarla en el mercado negro mucho más cara) y si no fuera por un bien grande "Welcome to Myanmar, la tierra dorada" que había pasado muy cerca de un inmenso cartel de Penélope Cruz anunciando no se que shampoo (ya tiene miga que sea lo primero que vea en Myanmar), hubiera tenido dudas de donde me encontraba. Luego, por la noche, coincidi con 2 catalanes más en el hotel
y los tres afirmamos lo mismo. Esto es muy India... y es que hace unos años hubo una fuerte inmigración de ese país y por aquí siguen recreándose.

Primer país en el que conducen por la derecha (con el volante también a la derecha) con lo que me como se dice coloquialmente "me hice la picha un lio un lio me la hice" metiéndome un par de veces en contra dirección. El primer día por Yangon, ante los gritos de aviso de los locales yo respondía con un "Ok, Ok, perdón, es que soy nuevo en esto de conducir por la derecha, nunca lo habia hecho antes en mi vida" les decía esto en voz alta, sacándome de encima el sonrojo interno que esto me producía tras toda la vida en el mismo sentido, total, ellos no me entendían y yo me quedaba más tranquilo.

Me alejo de las ciudades y adentro en la zona rural del país, el "entresitios" llamado vulgarmente por mi parte y es cuando a mi se me pone una sonrisa de oreja a oreja. Me olvido de kilómetros, me olvido del cansancio, me olvido de las cosas negativas y empiezo a disfrutar el entorno que me rodea, porqué como es habitual en estos países, todo se concentra alrededor de la carretera y mires donde mires pasa algo. Saco la lengua a unos en respuesta a sus sorpresivas miradas, dejando tras de mi una hermosa sinfonía de carcajadas que me acompaña unos metros hasta que mi pedaleo me aleja de ellos. Choco la mano a otros, añorando mis tiempos basquetboleros sin duda (y eso que nunca tuve la opción de vivir una de esas presentaciones previas a los partidos en según que competiciones) y comprobando de paso lo que este gesto puede provocar en los mas pequeños, que se giran a los suyos con esa expresión de "¡¡¡Jo, que guay!!!" Feliz porqué el extraño le ha hecho un guiño de complicidad. Hago unos "piques" con otros, rompiendo su rutinario pedaleo de cada día... En definitiva, disfrutando y mucho con esta gente y estos lugares... pero siempre hay alguien dispuesto a estropear la felicidad de los demás y en este caso la mia. Aparecen en escena los militares o cuerpo policial (Myanmar es una dictadura en la que los militares hacen y deshacen), los que pegan tiros vaya y empiezan a complicarme bastante el pedalear por Myanmar, sobretodo lo que paso un día, una de las mayores aventuras forzadas que he vivido sin duda. Después de marearme y hacerme hacer muchos más kilómetros de los que esperaba, al llegar a un pueblo, un jefe local me dijo "Ok, ok yo te ayudo". Su ayuda consistió en hacerme pedalear unos cuántos kilómetros más y dejarme tirado y destrozado por el cansancio en medio de la noche, pero fuera de su zona. ¡Suerte tuve de los camioneros que me ayudaron!

Existen bastantes sitios donde los extranjeron no pueden dormir lo que me obliga a informarme bien de dónde puedo y dónde no puedo dormir. Esto me obliga a pedir clemencia en ocasiones, competir con el sol para no quedarme a oscuras y poder llegar a un sitio para poder descansar más o menos bien... Vamos a días siguiendo más de lo previsto encima de la bici y pasándolas canutas.

Me tomo un respiro y visito el lago Inle con sus casas construidas dentro del lago. A partir de ahí, decido cambiar mi destino y no ir a Mandalay y dirigirme a Bagan, donde cojo un autobus para llegar a la capital y regresar a Tailandia.

 

Por IVÁN FAURE a las 17:09 1 Comentario
 
LUNES, 19 DE ENERO DE 2009

Tailandia: ferrys, turismo, preservativos donde debería haber bombones y templos.

Llego a Tailandia, el país más abierto de los que por ahora he visitado. Algo de lo que me dí cuenta viendo la tele en el ferry que tome para cruzar la frontera entre Malasia y este pais, al observar una película en la que se daban un beso en la boca, algo impensable de ver en los otros países anteriormente visitados donde incluso codifican los cigarrillos en las imágenes en las que alguien fuma.

El primer día en bicicleta decidí buscar y no parar hasta encontrar unas cuevas que un belga con el que había compartido unas horas me había recomendado. ¡Qué auténtica maravilla de la naturaleza son la cuevas de Phu Pha Phet! La visita a esas cuevas más el pasar un par de días en una aldea cercana en la que incluso comí hojas de árbol para no hacerle un feo al hombre que me las ofreció con toda su buena fe (¡qué amargas eran!) fueron una experiencia maravillosa de entrada en el país.

Después de esta aldea seguí mi camino y utilizando mis grandes dotes mímicas (al final terminas haciendo dibujos como si jugaras al Pictionary para que así te entiendan un poquito), generadas por las largas conversaciones a través de gesticulaciones que se suelen tener con los árbitros que se encuentran en la banda contraria al banquillo cuando no entiendes que han pitado o algo por el estilo, seguí avanzando por Tailandia. Tercer día durmiendo en un templo budista, algo que de verdad quería experimentar, y cuarto en casa de un policia que también me llevo a un playa espléndida a ver la puesta de sol y me invitó a una mariscada típica de allí. Me llevaba en moto de un lado para el otro, sin respetar ninguna norma habitual de tráfico cunado precisamente él es policia de tráfico.... una experiencia más.

Con el cuerpo dolorido después de tanta inactividad anterior y de la vuelta a ella, decidí probar el famoso masaje tailandés. Costó hacer entender que sólo me interesaba el masaje y nada más.... pero al final lo conseguí, aunque los efectos no fueron tal y como yo esperaba.

Seguí avanzando hacia el destino previsto. Una charla con dos cicilistas holandeses que venían de la ruta que yo iba a seguir me hace cambiar de opinión y me dirijo hacia la isla de Koh Lanta, encontrándome multiud de turistas después de venir de pasar una semana sin ver ni un occidental. Aquí cierro la primera semana en Tailandia donde he podido pedalear con unas buenas vibraciones y una euforia que hasta ahora no había tenido en el viaje.

Siguiente parada la isla de Phi Phi en la que verdaderamente perdí el tiempo ya que no tuve otra que caer en la maraña turística de la isla, algo que verdaderamente detesto. Salí huyendo lo más rápido que pude para dirigirme a Tonsai donde me encontré un ambiente muy distinto: pase del cervecero, fiestero, tatuado y desmesurado al deportista y sano al tratarse esta pequeña playa de un paraiso para los escaladores, además de encontrarme con unos 20 españoles. Se acercan las fechas navideñas pero estaba decidido a pedalear si me tocaba fuera el día que fuera, y me tocó el 24 y 25. Debo decir que pensaba pasar la nochebuena en algún templo pero preguntando a la policia me informaron que no había en el pueblo en que me encontraba y me ofrecieron pasar la noche en unos bungalows que tenían. Por cierto, que donde se suelen poner los bombones de bienvenida había dos presevativos con lo que ya sabéis dónde me encontraba. Me daba igual yo iba a pasar la noche en un buen sitio y degustando el helado de un litro que me había comprado como cena de Navidad.

Me comienzo a cansar de la costa este y tanto ferry arriba y abajo y decido acelerar. Por fin llego a los 500 kilómetros de autopista que deben llevarme a la capital. No resulta fácil por el viento, los ataques caninos (unos 20 diarios) y esa costumbre tailandesa de ir en contra dirección ¡en medio de la autopista!

Pedaleando, pedaleando llego a nochevieja. La pase en Kui Buri y esa noche me tocó dormir en una especie de centro social dentro de un templo con unas 400 personas, 95% mujeres, vestidas de blanco. La noche transcurría dentro de la normalidad, durmiendo bien por el cansancio de los kilómetros pedaleados, hasta que a las 3 de la mañana los altavoces del templo empiezan a funcionar y mis acompañantes en la habitación se levantan para reunirse con sus compañeros y sentarse delante de un orador al que lógicamente también pude escuchar a través de los altavoces. A partir de ahí, no pude conciliar el sueño hasta (como suele pasar) que ya llega la hora de levantarse. ¡Cómo mosquea eso! Por pura casualidad, al final me levante a las 6 de la mañana, las 12 en España. Mientras unos entraban en ese momento en el 2009, yo ya llevaba 6 horas en el 2552 y iba a empezar mi jornada ciclista.

Por fin llego a Bangkok y me toca arreglar papeles, pasar la ITV a la bici y recoger información sobre lo que viene a continuación.

¡Feliz Año Nuevo a todos!

Ivan Faure
www.ivanfaure.com

 

Por IVÁN FAURE a las 08:11 0 Comentarios
 

IVÁN FAURE


Iván Faure es un entrenador de baloncesto que está realizando una ruta para hacer gran parte de Asia en bicicleta. Desde este blog nos hace llegar sus vivencias

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