Remembranzas

JUEVES, 02 DE FEBRERO DE 2012

Cuadernos de Basket.

(Permítaseme, siquiera una vez, este acto de obsceno autobombo.)


A los que nos gusta escribir de basket solo por el mero hecho de hacerlo, más allá incluso de si tenemos audiencia, o nuestros temas interesan a alguien, siempre nos acompañó una sensación de pérdida desde que hace muchos años se desvaneciera la mejor revista de basket que nunca pudimos soñar.


La llegada de internet, con su escaparate de foros, webs, blogs y demás pasarelas de la ilusión, supuso un impulso de concentración, de manera que todos aquellos anhelos, que se creían solitarios, encontraron reflejo en los de otros como nosotros, que nunca imaginamos existieran.


La calidez del encuentro, como la de un buen caldo, trajo consigo la excitación de la imaginación, la inhibición de los frenos, la sublimación de los sueños.


Y siempre acabábamos hablando de esa revista de basket prístina y pura, que fundaríamos y en la que escribiríamos nosotros y nuestros corresponsales en ese sentimiento de desamparo en la busca de la belleza que hay en este deporte.


Pero los años pasaban y nadie daba el primer paso.


Hasta que, lo mismo que, inopinadamente, hace más de 6 años, SOLOBASKET me dio la oportunidad de escribir libérrimamente- en temática y tono- sobre basket en este blog, algo que otras páginas no permitían, hace tres meses, de manera inesperada asaltó mi atención un correo rebotado en que una de las más afamadas plumas del periodismo deportivo español recomendaba mi nombre a un desconocido, en compañía de dos autores recientemente publicados, para un proyecto de revista de basket.


La temática era libre y además pagar por artículo era un principio básico del proyecto.


Y así nació CUADERNOS DE BASKET, una revista trimestral en la que diversas gentes de toda edad, condición y credo, escribiremos sobre los más "frikardos" temas de baloncesto, de la ABA a la Pallacanestro Clássica, del kosarka a la glaciación preacebiana, de la NBA setentera al basket sudamericano, de la FIBA a la EUROLIGA, pasando por la ACB y demás ligas europeas, siempre con un regusto por rastrear las historias que en la Historia no fueron suficientemente esclarecidas, sin perder de vista la actualidad, mas sin vivir presos por ella.
 

En esta excitante empresa de ir tirando del Hilo de Ariadna, acompañarán a quien suscribe, a modo de modernos Teseos, nombres del mundo periodístico y non, especializados y/o obsesionados en Basket como Gonzalo Vázquez, Antonio Rodríguez, Javier Gancedo, Juanan Hinojo, Máximo Tobías, Sergio García Ronrás, Iván Fernández, Matías Castañón, Roberto Arrillaga, Alberto de Roa, Alberto Escalante, Darío Ojeda y Alejandro Díaz Triguero.


Al listado anterior le falta un nombre, es el de ese desconocido al que fuera recomendado y del que hablaba más arriba.


Se llama Lartaun de Azumendi, es del mismo Bilbao y ejerce, un verdadero Hércules, aplicado a sus procelosos Trabajos para sacar adelante el proyecto, es quien concibió la Revista y el que nos despierta  diariamente de nuestra eventual ensoñación de humildes redactores con su repetitivo motto: “SEGUIMOS”.
 

La revista se podrá adquirir exclusivamente en la página web http://www.cuadernosdebasket.com, a partir del 4 de febrero, 33 euros la suscripción anual – 4 números- o 9,90 euros el número suelto, gastos de envío incluidos. Los madrileños la podrán adquirir también en el kiosko de la Plaza de la Independencia- margen derecha- según subes hacia la puerta de Alcalá desde Cibeles.


Se está preparando un sencillo acto de presentación con motivo y ocasión de la próxima Copa del Rey en Barcelona, en el hotel Husa Illa, recomendado por la organización para la prensa, y se tratará de distribuir algunos ejemplares gratuitos en el Palau Sant Jordi, con permiso de la ACB.


El primer número tendrá 240 páginas, en ellas van muchos sueños de algunos locos que algún día pensaron que una revista de basket, hecha por y para obsesos por el basket, era posible.


Esperamos que se hagan realidad.


SEGUIMOS.
 

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MARTES, 20 DE DICIEMBRE DE 2011

ANDY RAUTINS Y EL ECOSISTEMA ACB.

Parece que se confirma la llegada del escolta Andy Rautins a la liga ACB para sustituir a una estrella colegial del calibre de Kyle Singler en el sorpresivo Lucentum Alicante.

Y dos factores me animan a resucitar este algo abandonado blog, por un lado el recuerdo grato de sus días en Syracuse, cuando los Orange en la temporada 2009-2010 jugaron uno de los mejores baloncestos del panorama universitario, siendo así que no contaban a inicios de temporada para el top 25.

El equipo llegó a ocupar el nº 1 nacional y acabó 30-5, siendo campeón de liga regular en la Big East y obteniendo un nº 1 seed en el Torneo Final, donde cayeron ante la cenicienta Butler- con la letal tripleta Mack, Hayward y Howard- en los Sweet Sixteen, en un partido que se les fue de las manos en los últimos 3 minutos con varias acciones afortunadas – recuerdo varios rebotes largos y sobre todo, un triple lateral con golpeo en el aro, bola hacia arriba y caida dentro de Van Zant- de los Bulldogs, que llegarían a la final y quedarían a centímetros de destronar a la ultrafavorita Duke.

Rautins llegó al Carrier Dome como un jugador mediocre que no estaba ni entre los 150 mejores en los rankings de High School, algo habitual en los reclutajes naranjas. Su mentor fue el assistant coch Mike Hopkins, y el acierto de esta decisión seguro que pesó lo suyo- junto con otros factores recién alumbrados- a la hora de designarle sucesor de Jim Boeheim cuando este se retirara, pretiriendo al veterano Bernie Fine.

El canadiense desde el primer día puso todo su empeño en mejorar y para su año junior ya era un hombre clave en los sistemas de Jimbo, añadiendo a sus virtudes defensivas, un acierto en el tiro en momentos decisivos y una capacidad de pase que lo hacían un jugador completo, a falta de virtudes atléticas sobresalientes.

Fue hermoso ver crecer a Rautins en Cuse, seguir su carrera ascendente, encarnando todo lo bueno que tiene el baloncesto universitario en punto a la formación de los jugadores.

Ya en la temporada 2008-2009, Cuse hizo un gran baloncesto con un Rautins que, saliendo de sexto hombre, tenía tanto peso en el equipo como la estrella Johnny Flynn, y que había superado al más prestigioso Eric Devendorf.

Al año siguiente, en aquella prodigiosa temporada 2009-2010, Rautins era sin duda el líder del equipo, por encima de la estrella sobrevenida Wes Johnson o de Rich Jackson, jugadores de mayor talento natural pero de menor impacto en el juego.

Aquellos años Cuse jugaba un ataque fluido, con circulación de bola exterior a endiablada velocidad, con gente como Flynn, Devendorf, Johnson, Joseph o Triche constantemente percutiendo en la zona y Rautins casi siempre encontrando su posición en la linea de 3 para tirar con esa fracción de segundo necesaria para armar el brazo con ciertas garantías.

En la zona 3-2 de Boeheim, el canadiense destacaba arriba con sus largos brazos y su hiperactividad, desviando pases cuando no robándolos y sacando muchas faltas de ataque a los penetradores, merced a su buena velocidad de pies.

Verle jugar era un canto a la inteligencia táctica y a la ambición, a los intangibles, a ese plus inmaterial que solo algunos jugadores son capaces de dar y que a menudo hacen a sus equipos campeones.

Fue entonces cuando ya pensé que en el probable caso de que Andy no encontrara hueco en la NBA, con paciencia y confianza podría llegar a ser un gran jugador ACB.

Y esto me lleva al segundo motivo de resurrección, una pequeña reflexión sobre un factor aleatorio, el ecosistema al que llega la especie en extinción del “amigo americano”.

No cabe duda que un jugador de perfil medio como Rautins (blanco, no demasiado atlético) encontraría grandes dificultades para prosperar y asentarse si llegara un equipo con presión inmediata, ya fuera por el descenso- pongamos un Estudiantes o un Assignia- o por estar arriba en todas las competiciones- pongamos un Barça, Madrid o Baskonia-; sin embargo, su fichaje por Alicante, un club con una plantilla ya hecha y con una buena dinámica de éxitos, con el objetivo permanencia casi cumplido y la Copa al alcance de la mano, representa una magnífica oportunidad para tener continuidad y adaptarse a un basket distinto a lo previamente conocido- Cuse y NY Knicks- y así poder mostrar poco a poco los innegables talentos que su juego atesora.

Si eso ocurre, y con pasaporte lituano, no seria de extrañar ver a Rautins en un par de años en un grande de España, por no decir de Europa.

Dependerá también de si conserva aquel hambre que le llevó de las profundidades del banquillo orange a ser el líder de un equipo top 5 nacional en la exigente liga universitaria.

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JUEVES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2011

BIOGRAFÍAS IMPOSIBLES: XVI. LA DOBLE VIDA DE THOMAS PAYNE.

La historia de la integración de los deportistas de raza negra en el deporte americano está plagada de atractivas tramas, jugosas urdimbres trufadas de momentos crueles, injusticias sin reparación y, de vez en cuando, historias de superación con finales felices, de entre todos el más gozoso poder ver a Jackie Robinson grácilmente planeando por las bases de aquel santuario del baseball llamado Ebbets Field.
 

En el baloncesto universitario, fuertemente enraizado en la América Profunda, en estados rurales donde la vida era dura, seca e impía, los conflictos raciales se multiplicaban por diez en cuanto a virulencia, lastrando el lógico devenir de los acontecimientos, en términos de cordura y básica humanidad.

Y así, mientras CCNY ganaba el título de la NCAA en 1950 con un equipo plenamente integrado, marcando el sendero que permitió que Bill Russell y KC Jones levantaran el trofeo en 1955 y 1956 jugando en las filas de los Dons de San Francisco, o que Wilt Chamberlain perdiera con Kansas una final que nadie pensaba cedería, o que Cincinnati dominara los últimos 50 de la mano de un espectáculo todo terreno de color que respondía al nombre de The Big O, aires distintos, viciados de xenofobia y temor, camuflados bajo un manto de lucha por la supervivencia, corrían por el Estado de Kentucky, donde la universidad local, los celebérrimos Wildcats, había dominado el basket universitario durante los años 40 e inicios de los 50 con equipos compuestos de chicos puros, blancos como las sábanas que aventaba el aire en las granjas de donde provenían.

Kentucky estaba orgullosa de leyendas como  Cliff Hagan, Bill Spivey, Ralph Beard o Alex Groza, que habían llevado a su equipo al título nacional en 1948, 1949, 1951 y 1958.

Sus habitantes, casi todos ellos fanáticos de los Cats, miraban con resentimiento a los demás equipos, que había abierto la puerta de sus aulas y sus gimnasios, a aquellos infraseres morenos, indignos de acceder a la más alta instancia del sistema educativo americano.

Romper la barrera del color en Lexington, corazón del estado Bluegrass, religioso y racista hasta la médula, no era cualquiera cosa en aquellos atroces últimos años del apartheid oficial norteamericano.

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Mas tan histórica misión habría de recaer en un personaje frágil, dotado de un físico poderoso y un carácter temeroso y huidizo, acaso aquel con que todo racista sueña para un desgraciado negrata.

No sería hasta los albores de los 70 cuando un individuo de raza negra traspasaría las elegantes escalinatas que conducen a las amplias salas de blanco mármol que distinguen el campus de la Universidad de Kentucky.

Se trataba de un programa que hacía de la arrogancia un valor, que no disputaba encuentros con otras universidades del estado, que se sentía muy por encima de todo lo que le rodeaba.

La High School del estado había producido grandes jugadores de color como Clem Haskins en 1963- que para poder obtener una beca deportiva tuvo que emigrar a la más humilde Western Ky al no recibir oferta de los Wildcats - o como Westley Unseld en 1964, que fue admitido en la némesis Louisville, donde recalaría Butch Beard un año más tarde.

Adolph Rupp, el factotum de los Wildcats, quería ganar y no soportaba ver como, desde 1960, todos los campeones universitarios presentaban gente de color en sus quintetos, o como los mejores talentos locales negros fortalecían las plantillas de las universidades rivales en el estado.

La derrota histórica ante un equipo, todo negro, como Texas Western de los Pat Riley y cía en la final de 1966 había dolido, pero cuando en 1967 Jim McDaniels y tres estrellas más de la High School de Kentucky decidieron enrolarse en Western Kentucky, tras haber barrido a Indiana jugando con un combinado estatal, los Kentucky All Stars, el legendario coach creyó llegado el momento de dejar de lado sus más íntimas creencias y abrir la puerta de lleno a los jugadores de color, contando con el beneplácito de los Presidentes Oswald y Dickey, que hicieron declaraciones públicas a favor de la integración de los atletas de color.

El atleta Jim Green y el futbolista Nat Northington fueron los primeros en disfrutar de esa nueva política aperturista, pero el equipo de baloncesto, la joya de la corona, tardó más en sumarse a la misma, aunque existen bien documentados estudios que hablan de intentos fracasados del asistente del Barón, Joe B. Hall, para reclutar a Unseld, McDaniels y Beard.

Corría el año de gracia 1969 cuando Rupp puso sus ojos en dos jugadores de color que habían dominado la escuela de Kentucky. Uno de ellos era Ron King, un fornido escolta tirador que acabó acompañando a otro ilustre Kentuckian, Dave Cowens, en Florida State a las órdenes del entrenador Hugh Durham, nativo de Louisville.

El otro era un 2,15 ágil, rápido, coordinado, ligero, con un físico natural, que en junio de 1969 dio el sí a Kentucky, cayendo así una barrera que pocos años atrás parecía infranqueable.

THOMAS PAYNE , tras llevar a la modestísima Shawnee HS de Louisville a batir a la todopoderosa Male High en la final estatal, firmó por los de Rupp, y apenas duró un par de años en Lexington, suficientes para confirmar todo lo bueno que se esperaba de él, con 16 puntos y 10 rebotes de promedio, progresando día a día en la cancha.

Dominador desde el primer partido, acabó su único año en la cancha integrando el All SEC team, e invocando la hardship clause, se presentó al draft especial de septiembre de 1971, donde los Atlanta Hawks lo eligieron con el nº 2, por delante del futuro All Star Phil Chenier y del mito del playground Joe Hammond.

500.000 dólares por cinco años y 40.000 de anticipo fue el precio que pusieron los Hawks al talento de Payne, y con toda esa pasta en el bolsillo un futuro esplendoroso se abría de par en par ante los ojos del chaval y su familia.
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El 25 de marzo de 1972, en plena madrugada, 3,30, una camarera llamada Gladys Johnson, de raza blanca, llamó a la comisaría de policía de Marietta, Georgia, para denunciar una violación que había sufrido cuando regresaba de su trabajo en una Pizzeria, a las dos de la mañana. Un hombre negro, fuerte, de 1,90 y 85 kg. aproximadamente, pelo corto, dientes cariados y cicatrices en el cuello la había seguido en coche y la había forzado cerca de la puerta de su habitación. Dos meses más tarde, el caso se archivó ante la falta de indicios.

Pero Berlyn Compton, un investigador especializado en delitos contra la libertad sexual adscrito a la policía de Atlanta, que estaba iniciando un estudio sobre delitos de esta naturaleza en el estado de Georgia, registró el hecho en su mente y en el expediente que llevaba sobre hechos similares en el Estado.
 

31 de marzo de 1972, 2,30 horas, el detective J.D. Gibby recibe una llamada de un oficial de la policía de Atlanta; se ha producido una violación, y la víctima, una mujer blanca llamada Beverly Ettle, da una descripción similar del asaltante. Esta vez se supo que el chico negro con peinado afro, de 1,95 de estatura, conducía un Corvette blanco con listas rojas.

A las 3,45 de esa misma madrugada el detective R.M. Dale llega al apartamento de Diana Hayes, que ha denunciado una violación por un tipo negro de 1,98 y cerca de 100 kg. La mecánica es la misma, sorprendida al entrar en su apartamento, es introducida en un vehículo a la fuerza donde se consuma la agresión.

El detective Compton recibe copia de ambos expedientes y empieza a trazar el perfil de un agresor sexual en serie.

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La estancia de Payne en Kentucky estuvo plagada de amargos momentos:

- El primer año no alcanzó las notas mínimas requeridas por la Universidad y no obtuvo beca deportiva, por lo que se pasó la temporada jugando en un equipo de AAU, Marathon Oil Company, donde pudo curtirse en la dureza del juego.


- Una vez obtenida la cualificación académica, Payne debuta como titular y empieza a demostrar sus condiciones, ello junto con el color de su piel desata las iras en la mayoría de las aficiones rivales en las difíciles canchas de la SEC, la conferencia de los estados sudistas por excelencia. En Tennessee, al terminar un partido, Payne se encuentra en la pizarra del vestuario la siguiente leyenda “Payne, eres solo un sucio negrata”. Demostraciones de odio racista como ésta, enmascaradas bajo la rivalidad deportiva, serán comunes durante todo ese año.

Pero el chaval, con el apoyo de Rupp y su equipo, más el de sus compañeros, firma un año excelente y es considerado el mejor jugador de la Conferencia. El Barón no veía límites a su capacidad, pero el anuncio de su marcha a los pros le causa una gran decepción, pensando que el chico todavía estaba verde, sobre todo en el aspecto personal, era extremadamente tímido y reservado, lo que le venía de cuando con 11 años pegó el estirón y era objeto de burlas por los compañeros de clase, con una sensibilidad que mal casaba con las exigencias del mundo profesional, donde el gran dinero y sus consecuencias atraían a múltiples personajes sin escrúpulos, a la busca de sacar provecho de lábiles personalidades.

Payne en todo caso no era un pobre ignorante, venía de un hogar negro, con 9 hermanos, pero no se trataba del típico hogar roto, su padre era sargento del ejército y su madre tenía estudios de Biología, de hecho la mayoría de los hijos del matrimonio Payne obtuvo titulación académica superior.

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9 de abril de 1972, 2,30 de a mañana, L.W. Henslee, detective de Atlanta, recibe una denuncia de otra mujer blanca agredida al bajar de su coche por un hombre negro, muy alto y delgado, cabello corto, de unos 25 años, que había intentado atacarla, desistiendo cuando sus hermanos salieron de casa al oir sus gritos de socorro. En la huida se pudo identificar el vehículo como un Corvette de color claro, posiblemente marrón. Los datos coinciden con denuncias previas en la zona acerca de un merodeador sospechoso, una semana antes.

16 de abril de 1972, el investigador J.E. Henderson redacta un informe sobre unos confusos hechos acaecidos esa madrugada, sobre las 5,00 horas.

La víctima Sarah Barefield, una chica blanca, sufrió el ataque de un varón joven de color cuando trataba de salir se su vehículo. Pudo cerrar la puerta y accionar el bloqueo, por lo que el agresor, un hombre muy alto y fuerte, tras golpear las ventanas infructuosamente, salió huyendo en un vehículo, cuya matrícula pudo recordar: RNX-346.

Berlyn Compton sigue la pista del vehículo, y los resultados le dejan sin habla: hay un Corvette matrícula RNX-346 a nombre de un ciudadano de Atlanta, concretamente en Carriage House Court, en la zona residencial de East Point; su nombre Thomas R. Payne, jugador profesional de baloncesto.

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Circulan versiones contradictorias sobre la vida de Payne en el campus de Lexington.

Los más íntimos, como el Doctor Claude Vaugham, trainer del equipo y la persona que llegó a estar más cerca del jugador, hablan de una existencia amarga, debido a las constantes muestras de odio que recibía no solo de las aficiones rivales, sino de seguidores de la propia universidad que no lo querían en su equipo. Anónimos amenazantes, procedentes del propio campus, eran moneda común en la vida de Payne, quien además andaba preocupado por sus problemas económicos, acuciados por su precoz matrimonio y paternidad.

Incluso en sus trabajos universitarios, se filtra un resentimiento hacia la universidad, hacia el entorno blanco, un anhelo de justicia e igualdad, una frustración de un alma sensible, de una personalidad articulada, todo ello explicado con un lenguaje refinado y un estilo intenso, comprometido.

Otros, como el propio Rupp o su compañero Larry Steele, más tarde profesional con los Blazers, coinciden que era un poco reservado, que salía poco, pero que en el equipo fue bien recibido y se sentía a gusto. Extremadamente competitivo, quería ganar a toda costa y se dejaba la piel en la cancha, no dejándose intimidar por los insultos del público o losas provocaciones de los rivales ( fue expulsado tres veces en su único año en Kentucky). Fuera de ella, era un chico taciturno, pero no habían observado nada anormal en su conducta.

Incluso a raíz de los acontecimientos posteriores, hubo quien habló de extraños comportamientos del jugador, que lo habían visto rodeado de mujeres, ebrio, en conductas bastante inadecuadas, o que en la universidad le habían tapado un caso de exhibicionismo frente a una pareja.

La familia del jugador siempre atribuyó estos rumores a la atmósfera de odio racista que rodeaba al jugador en aquel campus.

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La pesquisa de Compton le llevó a conseguir fotos del titular del vehículo, cuya descripción encajaba con la de las víctimas, aunque en realidad su altura era muy superior a la reportada, inexactitud comprensible en ese tipo de delitos, más con las extraordinarias condiciones físicas del agresor.

De cinco posibles víctimas, cuatro no pudieron reconocer al agresor con la foto publicitaria de Payne que el detective pudo conseguir. Una quinta sí que reconoció, sin ningún género de dudas, al jugador de los Hawks como su agresor.

Con ese bagaje, Compton arrestó a Payne en su domicilio y lo llevó a comisaría para tomarle las huellas, que fueron contrastadas con las obtenidas en el vehículo de una de las víctimas. No coincidían.

Un mes después, el 18 mayo de 1972, a las tres de la mañana el investigador P.E. Beresford de Atlanta recibió un aviso del Grady Hospital, donde había ingresado una mujer de raza blanca, Elizabeth Marie Anderson, que había sido atacada por un varón negro, en su vehículo y posteriormente violada.

Acompañado por un miembro de la policía científica, se tomaron huellas del Camaro de la víctima. Toda una serie, tomada en la ventanilla anterior derecha, coincidía con las muestras dactilográficas de Thomas Payne.

El 19 de mayo el jugador era detenido y acusado de delito de violación, ingresando en prisión.

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El día en que los Hawks eligieron a Payne en el draft , el entrenador Richie Guerin y su director de personal, Irv Gack, viajaron a su casa de Louisville para llevárselo a Atlanta para la firma.

Cuando se disponían a salir, dos policías se presentaron en el domicilio de los Payne, en relación con una investigación de una agresión sexual ocurrida en la última semana de agosto. Payne demostró que en esos días se hallaba en Florida- aportó los billetes de avión, la factura del hotel y cargos de tarjeta de crédito- y los agentes se marcharon sin formular cargos.

Ya en Atlanta, el rendimiento del jugador fue bastante decepcionante, disputando solo 26 partidos con 5 puntos de media. Aun así, Guerin estaba convencido que el jugador, una vez que se retirara el center titular Walt Bellamy, sería una estrella del campeonato profesional en dos o tres años.

Aparte de eso, entre los jugadores veteranos le cogieron cariño al chaval, tanto por su intensidad en los entrenos, por su genuino amor por el juego, como por su carácter entusiasta y extrovertido, siempre haciendo chiste de hasta la más nimia de las situaciones.

En el plano personal, como tantos otros, Payne había sucumbido a un ritmo de vida desfasado (fiestas, coches, mansiones, ropas y joyas), que no podía sostener y frecuentemente se presentaba en las oficinas del club para solicitar adelantos de su ficha.

Empezó a frecuentar a gentes del show Business, como el presentador televisivo de color Jesse Harris, una celebridad en Atlanta entre la comunidad negra, con quien compartía apartamento, distinto al de su familia. Personas cercanas dicen que algunas noches vieron a Payne salir del inmueble a altas horas de la madrugada, con extrañas ropas, de menor calidad a las habituales, parecía otra persona, actuando como si fuera camuflado y con aspecto de sonámbulo.

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Una vez detenido, Payne, muy tranquilo en todo momento, llamó a Gack, quien a su vez se puso en contacto con uno de los ciudadanos de color más influyentes en el Estado, el ex Senador LeRoy Johnson, para que se ocupara personalmente de la defensa penal del pívot.

35.000 dólares, obtenidos del fondo de jugadores de los Hawks, fueron los honorarios del ex Senador, quien se entrevistó en el penal de Fulton con el jugador, que mantuvo firmemente su inocencia atribuyendo su detención a una conspiración racista.

Un grupo local de lucha por los Derechos Humanos, los Drum Majors, inició una campaña a favor de Payne, cuyo juicio por tres delitos de violación en el condado de Fulton fue señalado para septiembre de 1972.

Payne tenía graves problemas de memoria y no recordaba su paradero las noches de las agresiones que se le imputaban. Johnson decidió administrarle Sodium Amytal, y bajo sus efectos el jugador admitió haber tenido relaciones íntimas con una de las víctimas. Pero una vez pasado el efecto, el jugador se mantenía en sus trece: todo era una conspiración racista.

En el juicio, varios compañeros de los Hawks, Walt Bellamy, Pete Maravick, Herm Gilliam y Lou Hudson, testificaron sobre el buen carácter de Payne, así como Richie Guerin.

La defensa se basó en dos pilares: uno fáctico, consistente en una alambicada teoría en función de la cual las víctimas habrían confundido a Payne con su amigo Jesse Harris, un negro de 1,90 al que habitualmente prestaba su Corvette; y otro más técnico, la supuesta inimputabilidad de Payne sobre la base de sus trastornos psíquicos, que le impedían recordar sus actos y discernir el bien del mal.

Terminadas las sesiones, tomó la palabra el acusado, quien dirigió al Jurado, compuesto por cuatro mujeres blancas, cuatro negras y otros cuatro varones blancos, un emocionado discurso, con la voz quebrada, que reproducimos:

“ Me gustaría que todos ustedes recordaran una cosa: Tengo seis hermanas, adoro a mi madre, que ha sido la influencia más importante de mi vida, tengo mujer e hija, la estructura de mi vida está basada en el respeto a la mujeres, fueran negras o blancas, he vivido toda mi vida rodeado de ellas y siempre las he respetado. Los hechos de que me acusan no son ciertos, no conozco nada de ellos, por eso no puedo explicarlos, solo se que no los cometí, y cualquiera que sea su veredicto, siempre mantendré mi inocencia”

A pesar de que al terminar su exordio se vio a algún miembro emitir un prolongado suspiro y soltar alguna lágrima, el Jurado tras cinco horas de deliberación, encontró al acusado culpable de un delito de violación e inocente de los otros dos, imponiéndole una pena de dos años de prisión, sin duda la más leve de la historia del condado para un delito carnal y en relación con un acusado de color.

La huella del Camaro condenó a Payne pero las dudas sobre los problemas psiquiátricos del jugador pesaron a la hora de emitir tan lenitiva condena.

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Pero no acabaron ahí los problemas del jugador, pues quedaba todavía el juicio por la violación de Gladys Johnson en el condado de Cobb . El abogado Johnson preparó un acuerdo con la fiscalía por la misma pena, pero la familia se opuso, es más acusó al Letrado de participar en la conspiración contra Payne, conspiración que arrancaría de los benefactores de la Universidad de Kentucky, que querían vengar la ruptura de la barrera de color en el santuario supremacista de Lexington o incluso de los mismísimos Hawks, ávidos de desembarazarse de un jugador que representaba un grave problema con su público blanco así como de  aliviarse de una importante carga económica.

LeRoy Johnson se apartó del caso y fue sustituido por otro tótem en la lucha por los derechos civiles de los negros: Howard Moore.

El Fiscal de Cobb jugaba fuerte y pidió la pena capital.

La estrategia del nuevo equipo jurídico se encaminó a desacreditar al detective Beryl Compton, presentándolo como un policía racista y negligente, que había tratado de cargar el delito a Payne, cuando la descripción inicial de la víctima y su reconocimiento en rueda distaban mucho de ser precisos, y que había dejado de investigar otras vías, como la posible comisión de la violación por algún compañero de trabajo, como sospechaba la propia víctima.

Payne esquivó la Parca, pero a pesar de la hábil defensa de Moore, que desacreditó todo el proceso de identificación del agresor, el Jurado le condenó a diez años por violación y otros cinco por sodomía, a cumplir cumulativamente.

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Ante una perspectiva de muchos años a la sombra, la familia intensificó la lucha por la libertad del jugador.

Su padre moriría a inicios de 1974 de cáncer intestinal, gastando sus últimas energías y sus escasos recursos económicos en la lucha por la demostración de la inocencia de su hijo.

Tras su muerte, la madre y hermanas de Payne quedaron en la ruina, habiendo gastado más de 90.000 dólares en litisexpensas; por otro lado, su mujer e hija vivían en la indigencia, en el estado de Georgia nadie quería dar trabajo a la esposa de un violador negro de mujeres blancas.

Darrell, uno de los hermanos del jugador, abogado en Cincinnatti, no ha cejado desde entonces de trabajar en el caso de su vida: la libertad de su hermano.

Tom Payne, a quien quisiera escucharle, repetía la misma historia: él nada tenía que ver con las agresiones sexuales que le imputaban.

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 Más de 30 años han pasado desde aquellos aconteceres y la gran paranoia tejida por Thomas Payne ha sido delicadamente desvelada por el discurrir de los años; ya no se sostiene.

Tras seis años de prisión en Georgia, Tom marchó a California donde empezó una carrera como boxeador, pero poco tardarían en aparecer los fantasmas de su compleja psique. Sorprendido in fraganti por la policía en el acto de violar a una mujer blanca en pleno día de San Valentín, le cayeron 14 años.

Toda una vida entre rejas californianas, condena por participar en un motín y 15 años adicionales por violar la condicional.

Cuando terminó de cumplirlas, le esperaban los cargos en Kentucky, nuevas condenas y así hasta la actualidad; demasiadas casualidades.

En recientes entrevistas, Tom Payne reconoce por primera vez sus delitos sexuales, pide perdón, pero no abandona su autoindulgencia de víctima negra.

La xenofobia existe, seguramente era irrespirable en aquellas canchas de la SEC en los primeros 70, en estados como Mississippi, Tennessee, en canchas abarrotadas de monstruos preñados de ignorancia, donde todo lo que oía eran irreproducibles insultos.

Pero todo ello no justifica las agresiones sexuales y, por encima de todo, las mentiras a su familia y a la comunidad negra.

Mucho dolor podía haberse evitado.


 

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MARTES, 14 DE JUNIO DE 2011

DIRK, SABAS & LARRY.

A raíz del reciente triunfo de los Mavs y de Dirk Nowitzki en la NBA, se han recrudecido las cuestiones bizantinas en torno a su carrera y la dimensión europea y NBA de la misma, añadiéndose algunas nuevas.

Tres son las cuestiones que se plantean fundamentalmente:

PRIMERA CUESTIÓN. - ¿Es Dirk Nowitzki el mejor jugador europeo de la historia en la NBA?

Sin duda, un MVP de temporada, otro MVP de las finales, 11 temporadas liderando a su club a más de 50 victorias y 10 años integrando uno de los tres mejores quintetos de la liga- 3 de ellos el primero- le hacen acreedor a ser considerado uno de los 30-50 mejores jugadores de la historia de la NBA.

Pau Gasol, su principal contricante a efectos de ese galardón honorífico, tiene dos anillos, el año pasado mereció el MVP de las finales y ha sido instrumental para el doblete de los Lakers tras un periodo en el desierto de la histórica franquicia angelina, pero sus méritos no son equiparables a los del alemán, y aparte tampoco presenta características de genio absoluto que hicieran decaer el criterio de los títulos.

Arvydas Sabonis demostró que si hubiera llegado a la NBA en las mismas condiciones de edad y salud que Dirk podría haber dominado igual o más que el de Wurzburg, no olvidemos que cuando arriba a la mejor liga del mundo tiene más de 30 años y es un jugador físicamente destrozado, pero aún así es uno de los 5 mejores centros de la competición y lidera a los Blazers a las finales de conferencia, plantando cara a los Lakers de O,Neal en su mejor momento.

Pero eso no ocurrió, y su carrera NBA palidece al contrastarla con la del Maverick germánico.

SEGUNDA CUESTIÓN. - ¿Es Dirk Nowitzki el mejor jugador europeo de la historia?

No, ese puesto por genialidad, por dimensión, por palmarés y por potencial corresponde a Arvydas Sabonis.

El lituano ha dominado la escena FIBA con más intensidad que Dirk la NBA, Campeón olímpico, del mundo y de Europa con la URRS, extendió su liderazgo a una selección de menor potencial, Lituania, con la que consiguió dos bronces olímpicos y una plata europea.

En el nivel de clubes, tiranizó como nadie la ACB, segunda mejor competición del mundo, a principios de los 90, y, ya con graves limitaciones físicas, gano el máximo título continental con el mejor equipo de la historia, el Real Madrid, en una escuadra en el que era sin discusión el factor determinante. Antes, en los 80 llevó al Zalguiris Kaunas a la final de la Copa de Europa

Ha sido 6 veces mejor jugador europeo, en una carrera plagada de lesiones.

Por su parte, el alemán ha hecho competitiva a la selección alemana, demostrando su categoría, pero por ejemplo, no la ha hecho campeona de nada, como sí consiguieron años antes jugadores de menor calado.

En el mayor palcoscénico del basket FIBA, los Juegos Olímpicos, Alemania en la era Nowitzki solo ha disputado una edición, la de Pekín 2008, y con más pena que gloria.

Su carrera FIBA, pues, no resiste comparación alguna con la del lituano.

Pero no es el palmarés del lituano el elemento decisivo para considerarle el mejor jugador europeo de la historia, sino su dimensión y genialidad, cuando irrumpe en el basket FIBA el salto cualitativo es infinito, equiparable al de Abdul Jabbar en el basket americano, a finales de los 60, estamos ante un extraterrestre, alguien que avanza la vanguardia de los límites de este deporte dos o tres niveles, un par de décadas, que incita al espectador a ver más allá, a plantearse nuevos retos como degustador de basket, alguien que enamora, que seduce, que deja indeleble huella.

Nunca antes - ni siquiera el más pequeño  Kreso Cosic-  un jugador de 2,17 había botado, pasado, tirado y en general jugado al basket como Sabonis, sus límites eran inconcebibles, inefables, su dominio no de este mundo.

Me quedo con una frase que, aunque exagerada, describe el impacto de la llegada de Sabonis:

"Sabonis at the age of 23 was Shaq, Duncan, Kidd and Kobe in one person. In one tall person."

Él y Toni Kukoc son los dos grandes genios de la historia del basket europeo, pero el deslumbramiento del lituano aún hoy no ha sido igualado.

Nowitzki en mi opinión no es un genio, es un currante con gran talento que ha llegado, a base de trabajo, a optimizar su tiro, su mejor recurso, y una serie de movimientos accesorios que le permiten sacar esa mejor arma de todas las maneras posibles. Se puede decir que ha perfeccionado el arte del tiro en el hombre alto de manera exquisita.

Pero no atesora el talento natural de Sabas, ni se acerca a la visión de juego o a la dominación en la pintura que exhibía el lituano, no representa ese jalón renovador, ese relámpago devastador, ese hallazgo inquietante que para la historia del basket supuso Sabonis.

Y llegamos a los dos elementos más polémicos a la hora de comparar a alemán y lituano:

a) Es mucho más importante dominar la NBA, donde están los mejores, que el basket FIBA, dicen algunos

A esta afirmación hay que objetar, en primer lugar, que es mucho más fácil para un europeo triunfar ahora en la NBA que en los años 80, cuando Sabas estaba en sus heydays. No solo es que el nivel del basket europeo ha subido enormemente, cosa que nadie duda, sino que para muchos entendidos y aficionados el nivel de la NBA desde la marcha de Jordan se ha estancado, como ha podido verse en competiciones internacionales donde los mejores productos de la NBA han sufrido para vencer a combinados del basket FIBA, cuando no han perdido.

Una NBA en la que un jugador marginal de ACB al año siguiente pasa a ser el tercer mejor anotador del gran dominador de la liga regular, o en la que un bregador opaco como Joel Anthony es el pivot titular del gran favorito a ser campeón, por poner algún ejemplo, está muy lejos de aquella en la que jugadores de talla de Bob Morse, Chuck Jura,  Essie Hollis, Kevin Magee, Roosevelt Bouie, Joe Kopicki, Corny Thompson o Audie Norris no tenían sitio ni en el banquillo.

La segunda objeción es que por razón del azar, la carrera de uno se ha desarrollado principalmente en la NBA y la del otro en el basket FIBA, eso es lo que hay y eso es lo que podemos comparar, no hay más.

b) El potencial de Sabonis no es admisible como criterio comparativo.

Los partidarios del alemán se resienten enormemente cada vez que se saca ese factor, contrastado por la opinión de cientos de técnicos, empezando por Bobby Knight y terminando por Red Auerbach, y jugadores, de Magic Johnson a Bill Russell, y hasta periodistas americanos de la talla de Rick Telander o Alexander Wolff.

Solamente recordar lo que se opina de él en América, el respeto de lo que pudo ser, pone los pelos de punta, y hace comprensible la hostilidad que hacia a este argumento muestran los pro Nowitzki.

Veamos una muestra, recogida de foros de internet

"He's about winning. You can tell that without him saying much. He's not in awe of anybody. He knows he can play with anybody. He knows what he can do." -Rod Strickland, Washington Wizards.

"If big people don't come out and guard him, he'll kill people with the three-point line." -Bucky Buckwater, Portland VP

"He's the strongest player I have ever played against." -Shaquille O'Neal, LA Lakers

"That guy, without his injuries, would have been better than David Robinson. Believe me, he was that good. Know him long time. In 1985, he was a beast. He ran the floor like Ralph Sampson, could shoot the three, dunk. He would have been an NBA all-star 10 years in a row. It's true, I tell you." -Dino Radja, former Boston Celtic

"If he gets inside, he is so skilled-- he's got that hook shot and he's big." -Chris Dudley, New York Knicks

"...scoring down low, passing, and rebounding. He's a great ballplayer." -Kenny Anderson, Boston Celtics

"The toughest one is Sabonis. That dude must be 7-5 or 7-6, and he's leaning on you, so when you go to jump, you've got 300 pounds on your back." -Jayson Williams, on the most challenging center.

"Sabonis gives (the Blazers) a presence that most teams just don't have. When you got a guy as big as he is who can do the things that he does, it creates problems." -George Karl, Seattle coach

"He was my idol and he still is. He was the greatest basketball player in the world, and I just tried to copy all of his moves. I couldn't though, because he had too many." - Zydrunas Ilgauskas, Cleveland Cavs

"Sabonis makes it tough with the stuff he is able to do." - Kevin Garnett, Minnesota Timberwolves on matching up against Sabonis

"People who saw him play at a young age put (Sabonis) in the top five centers of all-time, when you watch him now and think about it, you can see it, he's got the 3-point shot, the sky hook, and he can beat people off the dribble. I wish I could have played with him when he was younger and even now. He has such a great feel for the game, and a lot of the guys could benefit more from his abilities if they had a little better feel. He can read plays before they happen. He's like Bird, Magic, and Jordan in that sense. They see it a couple of plays ahead." -Mike Dunleavy, former player/coach

"He's now 30 years old, but I remember him when I played against him when he was 21 or 22, he was the best center I ever saw in my life. I can say easy he was a better player than Shaq, Ewing, Hakeem. . . . I'm telling you, he was the best center I ever saw in my life. "He was passing the ball, dribbling, shooting three-pointers, jumping. He did everything. Now he's lost his speed because of injury, but still he's a smart player. He knows basketball." -Vlade Divac, Sacramento Kings.

"If you pass it to Arvydas, he will pass it back to you." - Sarunas Marciulionis, speaking on Sabonis' unselfishness.

"I don't know why a player like that didn't come into the league a long time ago... " - former Timberwolves coach Bill Blair after the game.

"Sabonis' surprises everybody in the league, I know they thought he could play, but I don't think they knew how well he can..." - Cliff Robinson, Phoenix Suns.

"Arvydas Sabonis... ? Fun." - Gary Payton and Damon Stoudamire during a Nike Fun Police Ad.

""He's an oversized Globetrotter from overseas... " - Rumeal Robinson, former teammate.

"When he has the ball, cut to the basket and whatever you do, keep your hands up, or he'll make you look bad." - Harvey Grant on Sabonis' passing.

"I thought he was as good a prospect as I had ever seen. He was stronger than Bill Walton. I couldn't get over what potential he had. Such a great raw talent." - Coach Bobby Knight

"I've watched him (Sabonis) for years, he's great. All you have to do is just move. He reads the defense so well." - Scottie Pippen on Sabonis' passing.

"I know a lot of people are going to look at that pick as something less than it is. Please do not. I remember back in Golden State or Milwaukee, there was a guy who came along named Sabonis. I wish I would have drafted him. I'm not saying (Wang) is a Sabonis, but I kicked myself for a long time." - Don Nelson, after drafting Wang ZhiZhi..

"I wasn't looking, and he threw me a pass... I don't get too many of those from (Atlanta Hawks center Dikembe) Mutombo" - Steve Smith, after getting hit by a Sabonis pass during one of his first practices with the Trailblazers.

"He has great awareness of what's going on the floor," Utah coach Jerry Sloan said. "The more experience he gets playing people in this league, the better he's going to be."

Said Utah's John Stockton: "He's a skilled big guy with wonderful hands. He's a talent, and he's an unknown talent because most guys haven't seen him yet."

"Give him credit," said Utah's Karl Malone, who took his turn guarding Portland's newest star. "He came out and stayed poised and did the things he had to do. He can play in this league, there's no question about that."


TERCERA CUESTIÓN. - ¿Es Dirk Nowitzki comparable a Larry Bird?

Ciertamente el de French Lick, hombre no dado al halago gratuito, ha dicho que es un honor que los comparen, pero más allá de la eventual galantería del pájaro, la marca que sobre la NBA, que aquí es el único marco comparable, ha dejado Bird y su equipo no puede medirse con la de Nowitzki y los Mavs.

Bird tiene mejor palmarés, era más competitivo, pasaba mejor, reboteaba mejor y tiraba al menos con igual capacidad que Dirk. Era un animal carismático y sostuvo con Magic Johnson una rivalidad mítica e imperecedera.

Si queremos bajar el marco comparativo, Nowitki FIBA versus Bird NCAA, el pájaro llevó por sí solo a Indiana State a la Final Four, cuando en la NCAA había 30 URSS y otras 30 YUGOSLAVIAS (véanse los resultados de las giras americanas de estas selecciones), cosa que Nowitzki no ha conseguido con su selección.

Realmente, la carrera ilustre del de Wurzburg no precisa de estos duelos imposibles para ser resaltada, Bird fue uno de los dos mejores de la mejor NBA que se recuerda, Dirk es uno de los 10 mejores de una NBA olvidable a la que los propios aficionados norteamericanos dan la espalda ante los televisores..

El resto, tratar de comparar estilos y épocas con elementos críticos no extrapolables, es querer jugar a demiurgo de la especulación inane.

No hay caso.
 

Por REMEMBER a las 11:22 6 Comentarios
 
LUNES, 30 DE MAYO DE 2011

BIOGRAFÍAS IMPOSIBLES. XV: LET US NOW PRAISE UNFAMOUS MEN.

Uno de los fenómenos más crueles que se haya manifestado en este deporte durante los últimos 30 años es el de los jugadores subrogados, jóvenes figuras que recuerdan a otra ya consagrada, preferiblemente retirada, y sobre los que se les coloca, como un pesado carnet de identidad, el prefijo “El Nuevo”.

Harold Miner fue el nuevo Michael Jordan, Baby Jordan le llamaban al escolta de los Trojans, que apenas llegó a ser un jugador marginal en NBA, algo parecido a lo que le ocurrió a Luis Felipe López, mito de la High School neoyorkina, que llegó a St John,s entre portadas de Sports Illustrated y exageradas loas, que acabaron por despeñarlo a las ligas menores de Europa, compitiendo por salarios mediocres.

Charles Barkley también gozó de muchos émulos, como Clarence Weatherspoon que llegó a fichar por los Sixers, siguiendo la estela de Sir Charles, pero tras un inicio esplendoroso, no pasó de buen jugador, o Byron Houston, figurón en Oklahoma State y hoy un recalcitrante exhibicionista con problemas legales, incluso James Forrest, recruit de lujo de Georgia Tech junto con Travis Best, era considerado el nuevo Barkley cuando arribó al campus de los Yellow Jackets.

Shaquille O,Neal, otra moderna megaestrella, no tardó en parir imaginarios hijos putativos, presuntamente herederos de su peculiar y hechizante mezcla de altura, potencia y agilidad, caldo de cultivo perfecto para el disparate y el estrambote.

Con tan solo 13 años, a Derrick Caracter ya lo llamaban Baby Shaq, aunque solo fuera por las casi 300 libras que a la sazón pesaba, y la fiebre emuladora llegó incluso a Europa, donde un enorme griego moreno, de origen africano, recibió el apelativo de Baby Shaq desde que con 17 años despuntara con la selección griega en los campeonatos de categorías inferiores.

En Gonzaga, cualquier base blanco que saliera era el nuevo Stockton (Matt Santangelo, Dan Dickau, Dereck Raivio, Blake Stepp….), por más que las diferencias fueran evidentes, nadie quería dejar pasar la oportunidad de rememorar aquellos tiempos felices.

Y en Duke se obró el milagro, pues el nuevo Ferry, el angoleño Christian Laettner, mejoró al genuino, levantando dos trofeos NCAA, aunque luego vinieron Cherokee Parks y Chris Burgess para arreglarlo.

Las más de las veces, esta suerte de reencarnación produce un efecto losa antes que acicate, el jugador afectado llega a interiorizar, para bien y para mal, que es, o al menos debe ser, la nueva versión del astro de turno, y la presión acaba por explotar cuando llegan los malos momentos que todos, inclusive las estrellas emuladas, han tenido en sus carreras.
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De todos esos casos de presuntos sosias, uno de los más curiosos acaeció en la Zona Este de los Estados Unidos, a finales de los 70, donde la omnisciente imagen de Lew Alcindor aún presidía la escena del basket de instituto.

Todos los aficionados conservaban vivo el recuerdo de aquel chaval espigado y tímido que con 15 años había tomado como rehén el basket neoyorkino, atesorando título tras título, record tras record, antes de empacar para Westwood, en las colinas de la remota Los Angeles, para iniciar una carrera universitaria y profesional que aún hoy no tiene parangón conocido.

3 campeonatos consecutivos con Power Memorial, 71 victorias seguidas y una marca global de 96-6, 2.067 puntos y capturando 2.002 rebotes, ambos records del estado de Nueva York, no dejan espacio para la duda de quien fue el mejor de todos los tiempos en la HS de New York.

Así que cuando, años más tarde, apareció un espigado chaval de West Virginia cercano a los siete pies, y con una extraña capacidad para botar la bola, asistir y anotar tanto desde dentro como por fuera de la zona, todos los ojos mediáticos se vuelven sobre él.

Corría el año 1977 y en la pequeña cancha del instituto de Mount Hope, pueblo minero enclavado en el extremo sureste de West Virginia, apareció un mozalbete encanijado, que dominaba sin aparente esfuerzo todas las suertes del juego, con esa mezcla de timidez y naturalidad que distingue a algunos de los elegidos; un tal EARL JONES, un genio, adelantado a su tiempo, precursor de jugadores que dos décadas más tarde, serían capaces de botar y subir la bola como un base, aún frisando los 7 pies, como Lamar Odom, Kevin Garnett o Kevin Durant.

Una institución modesta con unos 450 alumnos y un record de 3-18 el año anterior, Mt. Hope asistió al nacimiento de una leyenda en ciernes, sus topes de esa primera temporada en puntos (50) rebotes (25) y asistencias (12), y su media de tapones (6), hablan de esa naturaleza de jugador universal, de esa tendencia a hacer de todo y bien.

Del chiquillo, los gurús, que le seguían desde los 14 años, habían dicho que era mejor prospect que Moses Malone y con un juego más desarrollado que Jabbar en su primer año de Instituto- sabido es que el center del Harlem pegó un salto de calidad en su segundo año en Power cuando empezó a modelar su sky hook- por lo que la expectación estaba más que justificada, avalada por los 28 puntos y 21 rebotes de media que cosechó en su año frosh.

Con tan solo 16 años, Jim O,Brien, experto en recruiting en Street & Smith,s le dedica un artículo de dos páginas en el anuario 1977-78, foto incluida, en el que se refiere a la imagen del muchacho, que luce una intensa expresión de melancolía demacrada, una enjuta gravedad como salida de una de la fotos que Walker Evans hizo para el famoso libro de James Agee- el mismo que años más tarde guionizara la novela de Davis Grubb, The Night Of the Hunter, para Charles Laughton- "Elogiemos ahora a hombres famosos" (Let us now praise famous men), un retrato digno y humanista sobre varias familias de aparceros del algodón en la zona de la Dust Bowl a mitad de los años 30.

Al año siguiente, tras promediar 30 puntos y 17 rebotes por partido, es el único junior de una preselección de All American de High School que todos recuerdan por su calidad (James Worthy, Nique Wilkins, Isiah Thomas, Sam Bowie, Ralph Sampson por citar algunos). Con él, el modesto instituto Mt. Hope vive momentos de euforia, 24-2 esa temporada, para un fantástico record trienal de 63-9.

Su fama era tal, que en los mentideros baloncestísticos se rumoreó insistentemente sobre la posibilidad de que Usa Basketball se planteara invitar al chaval a las pruebas para la selección olímpica de Moscú, 80, palabras mayores que un jugador de instituto sea tenido en cuenta para acceder al mayor grado del escalafón nacional del llamado basket amateur.

Pero tanta excelencia técnica enmascaraba un grave problema de carácter: Jones era un chico introvertido hasta decir basta, tímido como él solo y la presión por ganar, en medio del escrutinio y asedio de la prensa, provoca que se resienta enormemente, como corresponde a alguien que rehuye la fama como alma que lleva el diablo.

Todo este proceso se manifiesta en constantes ausencias de clase, el chico no quería salir de la cama, agravadas por su precoz paternidad, lo que luego pesaría en su futuro, al no reunir los requisitos para ingresar en un programa universitario de Division 1.

Para poner fin a esta situación, la madre del jugador decide enviarle a Washington, donde viven sus tres hermanas. Allí, traba relación con Doc Robinson, un técnico de AAU Basketball, con el que ganará dos torneos nacionales en los veranos, que le recomienda se transfiera para su año senior a Spingarn High, un instituto mayoritariamente de raza negra a las afueras de la capital.

Su juego, sin embargo, sigue su evolución, y ya pocos dudan que será una estrella NBA en la posición de power forward, promediando 26 puntos, 17 rebotes y 8 tapones por partido.

La mayoría de los grandes programas universitarios, con West Virginia a la cabeza, se disputan su reclutaje, pero a última hora, solo dos powerhouses del Oeste emergen como favoritos: UCLA- nuevamente los reflejos de Alcindor- y UNLV, en la que Jerry Tarkanian llega a decir que si le traen a Jones puede garantizar el anillo para los de Sin City.

El chico se esmera en las aulas y sube su media a 2, pero su absentismo durante el curso anterior precluye el acceso a grandes programas y debe elegir entre esperar su oportunidad en un Junior College, uno o dos años, o ingresar en un programa de Division 2.
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Wil Jones era un base de los 60 famoso en DC por su carácter ganador, ciertamente se jactaba de no haber sido nunca batido en un playground por estrellas de NBA tales como Dave Bing, Elgin Baylor, Austin Carr o John Thompson Sr. Su mala cabeza le obligó a exiliarse en la división II de la NCAA donde estableció varios records.

Tras ser asistente de Lefty Driesell en Maryland, le llegó la oportunidad de ser primer entrenador en un equipo de la División II de la NCAA, District of Columbia una modesta universidad del noroeste de Washington DC, y empezó a reclutar gente de nivel superior. Michael Britt, un ala pivot poderoso con malas calificaciones, el primer recruit estrella, llegó en la temporada 79/80 y al año siguiente Earl Jones, la perla de la cosecha de freshmen, recién nombrado MVP en el McDonalds All American, amigo personal de Britt, llega al campus de los Firebirds. Para redondear el equipo, en la temporada 80/81 recluta a Kenny Payne, un chaval de DC que ocupa la posición de base, procedente de la universidad de Rutgers.

Con District of Columbia, Wil Jones revive un trasunto de su propia historia y con su carácter agresivo y ambicioso como estandarte, gana todo lo ganable, incluyendo dos torneos NCAA 2, incluso en partidos ante equipos de la División I como Wichita State, Pepperdine, Howard o Western Kentucky, el equipo demuestra jerarquía, a juicio de los entendidos, de top 25 en la máxima categoría del basket colegial.

De hecho, el anuario TSN 1982/83 les dedica un artículo llamado “The best show in town” lo que, teniendo en cuenta que Georgetown y Maryland juegan sus partidos a poco más de 10 millas, dice bastante del nivel que exhibían.

Nuestro hombre, liberado del corsé de una posición definida por su entrenador, se suma al espectáculo, y no era raro verle acabando un contraataque en mate, pasándose la bola por la cintura o entre las piernas en el aire, o dirigir al equipo en alguna jugada, rematando con alguna asistencia que discurría por senderos que solo a él le era dado divisar.

En el verano de 1982, con 21 años, es elegido para representar a los USA en los mundiales de Colombia, al lado de gente consagrada como Jon Sunvold, Mitchell Wiggins, Mark West, Fred Reynolds o Antoine Carr, liderados por un chaval de Marquette con 20 años y mucho talento llamado Glenn Doc Rivers

Allí asistiría a la debacle americana ante España y, sobre todo, en una final donde Jones se turnó con West y John Pinone, y tuvo sus minutos de imposible batalla ante el monstruo soviético Vladimir Tachenko, que le sacaba doce centímetros y cerca de 80 kilos.

Acabada su etapa universitaria, Jones continua siendo un enigma, apenas testado contra grandes equipos, con su eterna timidez como factor refractario, pero con sus centímetros y clase suprema como argumento definitivo.

Lo que parece evidente es la cada vez mayor querencia del jugador hacia los espacios lejanos al aro, ya desde muy joven manifestó que su referencia como jugador era Bob McAdoo, y al respecto, sus menguantes guarismos en la categoría de rebotes en District Of Columbia son esclarecedores: de 13.3 rechaces el primer año a 10.5 el segundo, 9.6 el tercero y 6.9 el último.

Aún así los Lakers, la sombra de Jabbar es alargada, pensando en él como relevo de Kareem a medio plazo, lo eligen con el nº 23 primera ronda, en la esperanza de ir modelando su carácter y su físico para cuando llegue el momento de asumir responsabilidades, mas pronto el mismo Pat Riley se da cuenta del craso error, y desiste de su particular pigmalión; el chico es ágil, fino y blandito y no puede jugar por dentro en la Liga, y así lo expresa con su particular gracejo:

“We,ll have to give him silicone shots and pump some air into him to get him up to 230”

(" Tendríamos que inyectarle silicona e inflarle de aire para que alcanzara las 230 libras")

Perdida la paciencia, solo disputó dos partidos de púrpura, la franquicia angelina lo traspasa a los Spurs donde a causa de una inoportuna lesión ni debuta, y al año siguiente es rescatado de la CBA por los Bucks, con quienes jugaría 12 partidos de temporero, sin mayor noticia.

“El nuevo Jabbar” acaba su experiencia en la NBA con apenas 14 partidos en dos temporadas, nunca más volvería a ser reclamado por la gran liga.
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A inicios de 1986, tras esos dos años perdidos en NBA, en medio de lesiones e incomprensiones, le viene una oferta procedente de segunda mejor liga del mundo, la pallacanestro classica.

En Trieste, Boscia Tanjevic buscaba un interior poderoso que sustituyera al recordado Ben Coleman en su Stefanel y parecía que Dave Feitl- un siete pies blanco bastante poderoso, procedente de New Mexico St.- iba a ser el elegido, de hecho en la pretemporada había agradado a técnicos y periodistas con su juego sobrio en la zona, algo muy apreciado en Il Bel Paese. Pero a última hora parece que diferencias entre el técnico serbio y el jugador precipitan la salida del tejano, que jugaría algunos años en NBA y más tarde regresaría a Italia para jugar en la Arimo Bologna.

La plaza estaba por cubrir y en esto a los julianos les ofrecen a Jones, jugador muy conocido en Italia y que mantenía vivo el cartel de wunderkind, incluso Superbasket saluda el fichaje con toda suerte de elogios, llegando a afirmar que potencialmente es el mejor siete pies que haya llegado a Italia (Joe Barry Carroll y Jim McDaniels seguramente no opinarían lo mismo)

Desde el principio todo rueda mal para el equipo y para el virginiano. Catalogado como la estrella del equipo, una vez más no puede con la presión, y especialmente en los partidos de casa naufraga entre los abucheos de los tiffosi, mientras que la prensa lo tilda de ballerina, un jugador sin sangre para hacer valer sus centímetros y clase en la cancha.

Tras perder los 5 primeros partidos, Tanjevic cambia al segundo americano, el semidesconocido George Wenzel, por Ken Johnson, una bestia de 2,03 y 130 kilos, reboteador compulsivo, que en España tuvimos ocasión de apreciar en las filas del Caja Canarias, donde dejó una magnífica impresión.

Con la presencia de Johnson patroneando la zona, Jones empieza a sentirse más cómodo y en la segunda mitad de la temporada lidera a la Stefanel hacia una racha de cuatro victorias en cinco partidos, que cimentan la ilusión de que finalmente el equipo triestino saldrá de las posiciones de descenso.

Jones realiza grandes partidos en la victoria en Gorizia (34 puntos y 17 rebotes) y, por fin en casa ante la Annabella Pavia (26 y 12) y la Jolly Colombani Forli (19 y 11). Pero el drama estaba servido y en la recta final los de Tanjevic pierden tres partidos consecutivos en los últimos instantes, los dos primeros en la prórroga, ante la Corsa Tris Rieti (Jones 17 puntos y 8 rebotes), la Alfa Sprint Napoli en casa (40 y 8) y la Liberti Firenze (22 y 11), lo que les aboca a una jornada final en la que necesitan que la Segafredo pierda y ellos ganen para al menos poder optar a un agónico partido desempate por la salvación ante la escuadra de Gorizia.

Trieste cumple, con otro partidazo de nuestro hombre ( 26 puntos y 14 rebotes) ante la Citrosil Verona y Segafredo Gorizia pierde ante la Alfa Sprint, ergo habrá desempate, a jugar en Bologna.

Hay mucho en juego en el derby- salir del circuito de la élite del basket italiano rumbo al abismo de la Serie B- y no se ve un gran espectáculo. Jones asume el rol que le corresponde y se va a los 25 puntos, pero en el recuerdo quedarán para siempre los dos triples fallados en el último minuto, buscando remontar una derrota que finalmente se confirma. A 22 segundos del final, en medio de una lluvia de monedas, los árbitros dan por terminado el partido, con 3.000 tifossi contentos y otros 3.000 furibundos.

Trieste pierde la categoría, es un fracaso sin paliativos para un equipo con un entrenador prestigioso, que viene de ser subcampeón con Caserta, y una plantilla- con gente como el abuelo Gianni Bortolotti, un alero anotador, ex estrella virtusina- más que apreciable.
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Tras su paso breve y traumático paso por la pallacanestro, el Olympique Antibes, uno de los grandes de Francia, en plena crisis de títulos, lo reclama a la temporada siguiente, en la que los de la Costa Azul naufragan y Jones no mejora su imagen de jugador blando, estilista pero sin corazón.

Por ello resulta extraño que la Penya, en la temporada 88/89 pusiera sus ojos en él, como pareja del astro Reggie Johnson, porque si bien es cierto que los verdinegros, tras los relativos fracasos de Winfred King y Joe Meriweather, empezaban a buscar un tipo de jugador más polivalente - ese año Greg Stokes, posteriormente Lemone Lampley - no lo es menos que Jones ya empezaba a arrastrar fama de jugador frágil, con sangre de horchata y carácter taciturno, de ilustre perdedor, y precisamente lo que el Bressol necesitaba de sus americanos eran líderes que aportaran experiencia y carisma, algo de lo que el de Oak Hill carecía por completo.

Su llegada a Badalona se produce a finales del año 1988, inicialmente a prueba para sustituir a un Stokes, que había decepcionado en la Copa del Rey disputada en La Coruña, pero una lesión de Reggie provoca que entre en su puesto, y, ya recuperado el ex Tennessee, un par de partidos después, sale Stokes del equipo, aunque queda para la Korac.

Su adaptación al equipo es buena, en los primeros partidos se limita a ser un jugador de apoyo, y conforme avanza la temporada, y va adquiriendo mejor forma y cogiendo confianza, se destapa con alguna gema, como la victoria de la Penya ante el Barça en la primera fase, en la que anota 9 de 10 en tiros de campo. Incluso en algunos partidos exhibe un tiro de 3 más que decente, sorprendiendo a prensa y aficionados.

Por momentos parece que, en un equipo donde el liderazgo está perfectamente definido con el eje Montero-Villacampa- Johnson, ha encontrado el lugar donde dar rienda suelta a toda su clase sin el peso de la responsabilidad acuciándole.

Pero por encima de todo permanece su irregularidad, sus desapariciones de la cancha, y esa sensación de abulia y desperdicio de talento que dejaba en sus peores partidos.

En primera ronda de playoffs firma uno de sus mejores actuaciones de verdinegro en el Ausías March, 22 puntos y 8 rebotes en una trabajada victoria ante la bestia negra, esa temporada, de los de Alfred Julbe, el Cacaolat Granollers.

La Penya finalmente cae de manera digna en semifinales ante un Madrid de Drazen Petrovic y Fernando Martín que está fuera de su alcance, aunque los catalanes luchan mano a mano el primer partido en el Palacio, donde caen en los últimos minutos por un punto, y vencen el el tercero en Badalona, para cerrar con un 1-3.

No fue tan mala la temporada española de Jones, pero la Penya no está convencida y no le ofrece la renovación. Su aventura europea toca a su fin con esa sempiterna sensación de que con un poco más de suerte y voluntad, podía haber hecho carrera en la ACB.
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Fuera ya del circuito europeo, Jones regresa a los USA, donde la mediocre pero tranquila CBA acaso sea su destino natural, a resguardo de los focos y las presiones anudadas a las exigencias deportivas de máximo nivel. Varios años de irregular rendimiento son el frío rescoldo a una carrera imperfecta.

Lo tenía todo para dominar, pero el chico nunca quiso destacar, y de él solo nos queda el recuerdo de alguien que pudo pero no quiso, los fulgores efímeros de un astro que se movía como pez en el agua en los tenebrosos territorios del anonimato, al calor de una opacidad necesaria, a despecho de los relampagueantes momentos de absurda genialidad que emanaban de sus innegables talentos.
 

Por REMEMBER a las 09:39 10 Comentarios
 
LUNES, 25 DE ABRIL DE 2011

BIOGRAFÍAS IMPOSIBLES: XIV. LA STRADA.

"Le dolía que los hechos pasasen con esa facilidad a ser recuerdos; notar la amarga sensación de que nada, nada de lo pasado, podía volver a repetirse."

Como sabrán todos los lectores que compartan generación con éste que suscribe, en nuestros planes de estudios, en la asignatura Literatura, se incluía la lectura de textos clásicos y modernos de las Letras españolas (El Lazarillo de Tormes, La Celestina, Rimas y Leyendas, Novelas Ejemplares, La Vida es Sueño, Luces de Bohemia, San Manuel Bueno Mártir, El Arbol de la Ciencia, Miau, Tiempo de Silencio, etc etc)

De entre todos ellos, el que más huella me dejó, no hablo de calidad, tan solo de emociones, acaso por la remota afinidad con mi peripecia personal, fue El Camino del maestro vallisoletano Miguel Delibes.

La historia de un chaval de 11 años, Daniel el Mochuelo, hijo de un panadero que quiere para él lo mejor, que es el progreso, y eso conlleva mandarle a estudiar a la capital, alejándolo de lo que hasta ese momento era su vida.

El niño, poco antes de partir, en la última noche, entre expectante y acongojado recuerda su leve existencia tratando de aferrarse a aquello que está en trance de perder para siempre: su infancia.

En el mundo del baloncesto, no podemos imaginar cuantos jugadores pasaron por igual experiencia, cuando guiados por su talento, hubieron de dejar prematuramente a sus familias y amigos para adentrarse en la excitante aventura de intentar ser jugadores de basket en lugares extraños, que devinieron en próximos, al punto de que los acabaron llamando su casa.

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Cualquier niño italiano del Sur que hubiera nacido a principios de los 60 tenía un sueño compartido: ser futbolista y triunfar vistiendo la camiseta de la Juve de Roberto Bettega, el Inter de Sandro Mazzola, el Milan de Gianni Rivera o, más que ninguno, el Cagliari del astro meridional Gigi Riva.

Pero nuestro niño, que también había oído en sueños aquellas atronadoras ovaciones tras marcar goles imposibles en los más bellos estadios de la bota italiana, creció demasiado y con aquellas largas piernas mal podía correr y driblar como exige el llamado deporte rey.

Mas cuando una puerta se cierra otras se abren, y cuando el profesor Cosimo Morfeo, conocido como Grease por su uso y abuso con la brillantina, entró en su clase buscando chavales que pudieran integrar su equipo de baloncesto, la fascinante carrera de un astro del deporte estaba por comenzar.

Por aquel entonces medía cerca de 1,72, con apenas 10 años, y sacaba la cabeza al resto de alumnos. Cinco años más tarde, ya con 1,90, el chaval empezaba a despuntar, conservando cierta coordinación de sus años de incipiente futbolista, y exhibiendo ya un físico atlético, no demasiado pesado, pero engañosamente duro.

Aún siendo poco más que una aldea en medio de inmensos campos de trigo, vides y olivos, San Severo di Foggia tenía cierta tradición baloncestística en la Cestística, siempre a la sombra de Brindisi, pero luchando por alcanzar la Serie C.

Con aquella escuálida pero animosa escuadra de San Severo, en el corazón de la Puglia, al sureste, en el tacón de la bota italiana, el chico que no paraba de crecer recorrió el camino desde la categorías inferiores a las puertas de la élite: la A2 del campeonato italiano.

Los inicios fueron desastrosos, le costaba aprender los rudimentos del juego y de muñeca tampoco iba sobrado, vamos, que no metía una canasta ni por equivocación, pero Grease Morfeo, que llevaba el basket en vena, supo que aquel espigado cuerpo escondía un futuro de estrella del deporte de la canasta, y continuó insistiendo.

Junto a la futura estrella jugaba su hermano mayor, Nino, pero ni aún así el padre de ambos, Don Angelo, asistía a los partidos de los chavales, que empezaban a desanimarse. Fue el el propio entrenador quien concibió la manera de sacar todo el talento que atesoraba aquel chico, y pidió expresamente al padre que siguiera más a sus hijos. Mano de santo, la presencia del cabeza de familia en las gradas, motivó enormemente a la joven promesa, que empezó a tomarse en serio aquello del basket, y a entrenar duro con objetivos ya definidos.

En aquellos entrenamientos, la cancha de suelo de linóleo y tableros de madera, a los machacones sones del tema discotequero de moda, Pop Corn (en España Palomitas de Maíz), asistió silente a la emergencia del que acabaría siendo uno de los mejores pivots de la selección italiana y del basket europeo de los 80 y 90.

En el torneo Coca Cola de Minibasket, junto a las escuadras regionales como Torremaggiore, Lucera o Apricena, San Severo domina con un descollante chaval en la pintura, que controla con esa extraña combinación de altura y atleticismo que suele adornar a las figuras de este deporte.

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El basket ya es su vida, y tras los entrenamientos regulares, donde piano piano aprende los fundamentos del juego, los dos hermanos se dejan caer por los playgrounds locales, canchas callejeras donde hallan otro basket más intenso, más caótico, más libre, un espacio en el que soltarse, en el que dar rienda suelta a la imaginación, el perfecto complemento a la rígida disciplina del maestro Cosimo.

Leyendo los Giganti de la época, con aquellas fotos recortadas de Art Kenney, Dino Meneghin, Kim Hugues, Bob Morse o Tojo Ferracini que iluminaban su habitación con la proteica luz de los sueños imposibles que uno no tiene más remedio que perseguir, empieza a ambicionar el llegar a ser una estrella. Bill Walton es su verdadero modelo, un talento puro y un espíritu libre, un hombre que marca el juego con su propia personalidad.

Con catorce años debuta en serie C ante el Libertas Monteroni y durante dos años alterna los juveniles con la primera escuadra de San Severo, con la que disputará en 1978 la serie B, el tope de la humilde institución pugliese. En el equipo de juveniles, dominados los torneos regionales, casi siempre acaban cayendo a las puertas de las finales nacionales ante poderes como la Brina Rieti- con Roberto Brunamonti y Luca Blasetti en sus filas-, la Scavolini Pesaro de los hermanos Terenzi, Rudy y Roberto, de Giorgio Ottaviani y el base biondo Mauro Procaccini o la Algida Roma del menudo Stefano Sbarra y el pivot Fabio Cecchetti, demasiada competencia para un equipo como san Severo que solo contaba con un jugador de verdadera dimensión nacional en sus filas.

Su clase no pasó inadvertida, y la mismísima selección italiana reclamó sus servicios, formando parte del equipo de cadetes que disputaría el europeo de Le Touquet, compitiendo por los puestos interiores con gente como el gigante napolitano Tonino Fuss o el corpulento Marco Ricci, aunque como paso previo a nuestro hombre le fue dado el privilegio de compartir cancha con uno de los más grandes de la historia de este deporte : el astro de East Lansing, un prodigioso base de casi 2,05 llamado Earvin Johnson, más tarde conocido como Magic.

Fue en Mannheim, localidad alemana que alberga una base militar americana y que desde 1956 organizaba un torneo de selecciones juveniles que había ido poco a poco creciendo en interés y calidad de sus participantes.

Allí, un 17 de abril de 1977, en la Carl-Diem Halle se enfrentaría en la pintura a jóvenes brillantes de la High School americana como Pete Budko (North Carolina), curiosamente un jugador que participaría años después, sin pena ni gloria, en la Liga Española, concretamente en el Canarias de La Laguna.

Aquel año Mannheim vivió una final apasionante entre un brillante equipo USA, plagado de McDonalds All American como el propio Magic, Eddie Johnson (Illinois), Jeff Lamp (Virginia), Tracy Jackson (Notre Dame ) o la futura estrella de Kansas Darnell Valentine, y la España de la primera gran generación, con los Epi, Romay, Iturriaga Indio Díaz y Llorente, partido que fue igualado hasta el segundo tiempo, donde la máquina USA, con un sorprendente Tommie Baker en plan estrellaza, 25 puntos 8 asistencias y 7 robos, resultó imparable para los españoles, en un encuentro aún recordado por los más viejos del lugar. Italia acabó en un discreto sexto puesto.

Pero no todo iban a ser alegrías, y en San Severo en la temporada 1978/79, la del debut en la Serie B, se toparía con la frustración de no conseguir ascender a la A2. El equipo se había reforzado con jugadores como Sergio Sarra, de la Fortitudo, Ignazio Di Noi, de Taranto y Marco Forcellini de Mestre, tipos con experiencia para intentar el casi imposible asalto a la A2; y gracias a ello se hacen fuertes en casa, ante una feroz competencia de equipos más potentes, la mayoría de los cuales acabarían arribando en pocos años a los paraísos del basket de élite, como Fabriano, Napoli, Brindisi, Ragusa o Reggio Calabria, y termina en quinta posición la liga regular, lo que les da derecho a disputar la Poule de ascenso a la A2.

Y ahí acabó la fascinante aventura de los “gialloneri”, nuestro protagonista jugará su último partido con el equipo de su tierra ante el Napoli, que acaba con graves incidentes a causa de las provocaciones constantes de la estrella visitante, Marco Dordei. Los partenopeos ganaban por 5 cuando, a dos minutos y medio del final, los árbitros han de suspender el juego por el masivo lanzamiento de objetos a la cancha.
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Todo el mundo en la Puglia sabía que ese chico, que ya medía 2,07, era manjar de otras mesas, material de otros escenarios, allí donde solo van los mejores. San Severo no ascenderá, pero su máxima estrella, con apenas 18 años, sí recorrerá el camino que conduce directamente a la élite del basket transalpino, todo estaba pactado un año antes.

Por la pequeña aldea pugliesa ya habían pasado algunos de los más grandes santones de la pallacanestro, para ver al prodigio que en su cancha jugaba. Valerio Bianchini, Il vate de la IBP Roma, el masivo Elio Pentassuglia, de la Brina Rieti, Sandro Gamba de la Mobil Girgi Varese y hasta el príncipe Rubini, de la todopoderosa Olimpia Milano, le habían visto en acción y estaban vívamente interesados en llevárselo para sus respectivos clubes. Sin embargo, las exigencias económicas del presidente Pistillo les habían echado para atrás, cerca de 60 millones de liras pedían por el cartel del chaval.

Finalmente sería la Fortitudo Bologna, targata Mercury, la que en la temporada 77/78 alcanzaría un acuerdo con la Cestística San Severo, ¡120 millones de liras! y cesión por un año para que el pivot se vaya rodando en serie B, de modo que al acabar la temporada, afrontará su primer gran viaje: de la pequeña y agrícola San Severo, donde todo el mundo se conoce, a la universitaria y roja Bologna, la ciudad del baloncesto, donde este deporte despierta mayor interés y pasión entre sus habitantes.

Fue un año provechoso, jugó poco, pero pudo entrenar con uno de los mejores pivots del campeonato italiano, y por ende de la historia del basket europeo, una fiera tranquila de inmensas posaderas, que sabía rebotear como pocos han hecho en la historia de nuestro basket.

Marcellus Starks, con sus 120 kilos en canal, hizo morder el polvo no pocas veces al chico durante los entrenamientos de la segunda escuadra de Bologna. Nunca antes había jugado con americanos y pasaba más tiempo recuperándose de algún topetazo en el parquet que de pie, pero aquella terapia de choque le vendría francamente bien para afrontar los altos retos que el futuro habría de depararle.

El otro moreno del equipo era el ala pivot Charles Jordan, una ex estrella de Canisius, veterano de la ABA con los Pacers, que hacía su trabajo ayudando al rebote y lanzando desde fuera con buenos porcentajes y medias bastante por encima de los 20 puntos.

Nunca olvidará su primera entrada en el Palasport de Piazza Azzarita, uno de los templos del basket europeo; acostumbrado a angostos gimnasios de escuela y canchas al aire libre, aquella catedral imponente, conmovedora y oscura, con sus interminables gradas y su lustroso parquet, le dejó una impresión honda, a pesar de que se notaba que era la casa del gran enemigo, la V Nere de los Driscoll, Villalta y Cosic, que dominaba el campeonato italiano por aquellos años.

En Bologna sufre la saudade endémica del sureño lejos de su tierra, su madre se ve obligada a viajar varias veces para pasar con él unos días. Además, todos los domingos, tras el partido, coge un tren a San Severo, ocho horas llegando al alba a su casa familiar, lo que sea con tal de recobrar sensaciones, aunque esa misma tarde deba volver a Bologna.

Para ocupar su tiempo y enervar la añoranza,, se matricula en la prestigiosa universidad local, en Economía y Comercio y, tímido como era, poco a poco va haciendo amistad con algunos jugadores jóvenes de la plantilla, como Maurizio Ferro, el escolta anotador ídolo de la Fossa y delirio de las muchachas boloñesas.

La temporada acaba con éxito de la Mercury, que asciende a la A1, y en el plano individual el joven pivot va madurando y ayudando al equipo desde el banquillo (7 minutos de media), confirmando las expectativas de que será una futura estrella de la pallacanestro, así que cuando llega el verano y toma sus vacaciones, lo hace lleno de esperanza ante la que puede ser la temporada de su definitiva eclosión, con solo 19 años.


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Pero la vida te da sorpresas, y una poco agradable le esperaba a la vuelta de la esquina: la Fortitudo lo traspasa a la Scavolini Pesaro y el protagonista se entera mediante una llamada a Francavilla al Mare, donde veraneaba con su familia, de Vito Amato, manager del club pesarese, reclamando su presencia inmediata para firmar el contrato.

Confirmada la noticia con el club boloñés, famoso por este tipo de operaciones con jóvenes promesas en que se obtenían jugosas plusvalías - el propio Ferro ese mismo verano es transferido a la Virtus Bologna ante la ira de los tiffosi- el chico reacciona con fiereza y envía un telegrama a las oficinas de la Scavolini rechazando el traspaso por problemas de estudios, una excusa que apenas esconde su deseo de continuar en Bologna, donde había empezado a sentirse a gusto y echar raíces, y su monumental enfado por la forma en que la operación se había cerrado a sus espaldas.

Lo cierto es que la primera opción del club adriático había sido el llamado “nuevo Meneghin”, el romano Marco Ricci, frecuente compañero en las selecciones de categoría inferiores, un centro clásico con un físico ya maduro, que finalmente fichó por Caserta y no realizaría todo su potencial, pero ante la imposibilidad de hacerse con sus servicios habían vuelto la mirada al pivot de la Fortitudo, poniendo casi quinientos millones de liras sobre la mesa.

Recibido el telegrama, el club decide poner toda la carne en el asador y envía a la casa familiar del jugador una delegación compuesta por el croata Pero Skansi, ex pivot plavi y nuevo entrenador de la Scavolini y Bebo Benelli, alto dirigente de la entidad. Allí le confirman la seriedad del proyecto, con una fuerte inversión para aspirar al scudetto en 2-3 años - el marine Mike Sylvester, el base Wilbur Holland y el pivot orangemen Roosevelt Bouie ya habían firmado por los bianchorossi - y tratan de disipar cualquier duda que vague por su mente.

Pesaro es una pequeña ciudad costera, más parecida a San Severo que la populosa Bologna, con una gran afición, caliente y animosa -ese mismo año más de 4.000 aficionados habían viajado a Milano para el spareggio salvezza ante Mestre- con la que sentirse arropado.

Y allí encontrará a Bouie, un escultural pivot de 2,11, longilíneo y con pelo afro, al que conocía por haber visto fotos suyas en artículos de Sports Illustrated, que bien puede ser su nuevo mentor, tras Starks, en el prolijo proceso de aprendizaje del complicado oficio de jugador interior. De hecho fue una agradable sorpresa que un jugador con claro marchamo NBA hubiera decidido hacer carrera en Italia, donde aprendería el idioma en apenas cinco meses y acabaría siendo una especie de hermano mayor de nuestro hombre.

Tras la charla, pidió una noche para reflexionar, y en aquellas horas muertas de silencio y penumbra, con el sedante arrullo del mar como sabio consejero, se armó de valor y tomó la decisión que más le angustiaba, aquella que amenazaba con descomponer la trabazón de su tiempo, de sus recuerdos y raíces, que con tanto ahínco atesoraba.

Finalmente WALTER MAGNIFICO marcharía a Pesaro, donde encontraría a Donatella, el amor de su vida, iniciando una carrera profesional que ya entonces se anunciaba plena de éxitos y alegrías, liderando a una escuadra que algún día habría de romper la hegemonía del famoso cuadrilátero padano sobre el basket italiano.
 

Por REMEMBER a las 10:23 23 Comentarios
 
LUNES, 11 DE ABRIL DE 2011

BIOGRAFÍAS IMPOSIBLES: XIII. LE SAMOURAÏ.

" La profunda soledad del samurai sólo es comparable a la de un tigre en la selva" 

Con esta frase extraida de The book of bushidō, comienza la considerada obra maestra del eximio cineasta francés Jean Pierre Melville, que trata de la vida de un sicario solitario, lacónico, un hombre incomprendido a quien poco o nada importa que el resto del mundo le comprenda, que hace de la economía de gestos y el linfatismo sentimental pilares de un proceso de íntimo compromiso con su oficio, por cuyo honor estará dispuesto a la asunción del último sacrificio.

Melville fue a su modo un samurai, un artista celoso de su independencia, de la pureza de su obra, que incluye varias joyas del séptimo arte (Le deuxième souffle, Le Doulos, Bob Le Flambeur, Le Cercle Rouge….) un profesional que abominaba de las subvenciones y las contaminaciones políticas en cualquier forma de arte, razón por la que detestaba al movimiento cinematográfico político conocido como nouvelle vague. Acaso por ello no recibió en vida la aclamación crítica y social que su obra merece.

El hombre del que trata esta entrega también tenía una personalidad especial, se trataba de un sicario de la canasta, le llamaban “le gâchette” (el gatillo), entregado de manera cuasi ascética al arte de anotar; en la cancha era un ermitaño inaccesible en su elegancia obsesiva, un frío tirador de otros mundos, incapaz de integrarse en los equipos que sobre el papel lideraba.

Estéticamente impecable, a muchos aficionados no acabó de convencer su aparente ausencia de espíritu en un basket europeo muy distinto del que vemos ahora en las canchas.


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Nos situamos en el año 1.974, concretamente un 24 de mayo, la selección francesa de basket disputa un partido contra la República Federal de Alemania en la localidad de Giessen, y en las filas de “les bleus” va a debutar, con premonitoria derrota, un chaval de 16 años y 9 meses, un escolta de impresionantes condiciones físicas y letal muñeca que un par de años antes, siendo todavía cadete, en las filas de SN Denain Voltaire había dominado a su antojo el campeonato francés junior, anotando 47 puntos en las semifinales y 40 en la final.

La gente empezaba ya a hablar de él como el nuevo Alain Gilles, un eléctrico escolta con pinta de faquir que fuera el dominador indiscutible del basket francés durante la década de los 70, cuya carrera ya empezaba a decaer, y tan fulgurante aparición mereció la atención del primer equipo del Denain, al que entra directamente en el quinteto inicial y con el que promediará más de 12 puntos en su primer año, recibiendo la llamada de la selección, lo que le convierte en el más joven debutante de la historia del basket gabacho.

La presión mediática no descentró al joven HERVÉ DUBUISSON, que cuatro años más tarde, con apenas 20, llevaba al Le Mans a su primer Championat, repitiendo al año siguiente, temporada 1978-79. Curiosamente serían esos dos los únicos títulos que levantaría como jugador el astro de Douai a lo largo de su extensa carrera.

Le Mans era un equipo con una estructura técnica y económica muy sólida, que se había formado con la llegada a inicios de la década de jugadores como Patrick Robin, el rocoso pivot Jacky Lamotte y el excepcional ala pivot Eric Beugnot, arquitrabe que se complementará en sucesivos años con sagaces movimientos de mercado.

Y así, en verano de 1973 tiene lugar el fichaje de un americano emblemático, Lloyd King, un base blanco de Virginia Tech, excelente manejador de bola, rápido y anotador, con experiencia profesional que se convertiría en el líder natural del equipo hasta su retirada en septiembre de 1978, para convertirse en entrenador en Auxerre.

En 1975, mientras cumple su servicio militar en el batallón de Joinville, arriba Dubuison a La Rotonde, la flamante cancha de juego del Le Mans sita a apenas unos metros del célebre circuito, pero sería la llegada del entrenador americano Bill Sweek y del americano James Lister, un centro tejano de 2,08, excelente defensor y que en ataque sabe asumir un rol de complemento, lo que acabaría por conformar un bloque dominador con el que asaltar el campeonato francés durante el trienio espectacular 1978-1980, que se salda con dos títulos y un subcampeonato, con una sonada derrota ante Tours.

Precisamente este trapiés que precluye el triplete marca la carrera del alero nordista, que sale del equipo envuelto en cierta polémica, tras promediar más de 26 puntos por partido pero recibir ya sus primeras acusaciones de excesivo individualismo.

Este dato, junto a la crisis económica del club, propician su salida para fichar por uno de los equipos fuertes del basket francés: el Olympique de Antibes.

Pero ni en Antibes ni posteriormente en su etapa parisina (con el Stade Francais primero y luego con el Racing PSG), ni finalmente en Gravelines, Sceaux o Nancy, encontrará el escolta los éxitos de equipo que marcaron el inicio de su carrera, lo que unido al nuevo título de Le Mans en 1982 hace que la figura de Dubuisson sea puesta en entredicho en relación con los logros de su ex club.

En una década dominada por los dos nuevos poderes del basket galo- CSP Limoges 6 títulos y Pau Orthez 2- el escolta ha de resignarse al lucimiento personal sin títulos.

Y así, mientras el viejo Gillou había amasado ocho títulos de Liga liderando al legendario Asvel Villeurbane, su presunto delfín,“la gachette”, solo sumaría dos ligas y en equipos en que no era el patrón reconocido; eso sí, a nivel individual fue el mejor anotador francés en los años 1980, 1981, 1982, 1983, 1984, 1985, 1987, 1989. Otra razón más para zaherirle.
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Dubuisson era un atleta natural, hijo de un futbolista que dejó su carrera para ingresar en el ejército, desde pequeño fue estimulado por la familia para la práctica del deporte y llegó a competir en lanzamiento de jabalina y salto de altura, disciplinas en las que refulgía su explosividad muscular, apoyada en unas piernas tremendamente poderosas.

Pero fue el basket el deporte que captó su interés desde que su abuela le instalara en la casa de campo una canasta hecha con el molde de un tonel de vino, frente al que el pequeño Hervé practicaba tiro horas y horas.

Cuando su entrenador de atletismo lo puso en contacto con el entrenador del Denain, el equipo más importante de basket de la región, una de las más brillantes carreras del deporte galo estaba por comenzar, y el chaval, con 14 años abandonaba su casa para trasladarse a 80 kilómetros. Allí, dos grandes jugadores en el otoño de sus carreras, Jean Pierre Staelens y Jean Degros, serían fundamentales, con sus consejos y tratamiento duro, para la eclosión del astro nordista que se manifestaría inmediatamente en forma de partido con 91 puntos, record absoluto en categoría cadete.

Explosividad y tiro eran las dos notas características de su juego, junto con una gran anarquía táctica.

Su tiro en estático era como una plegaria bella y siniestra; se cuadraba mientras botaba y de manera imprevista, a la vez que iniciaba una sutil levitación anisoptera, sacaba a la altura del pecho el lanzamiento, como si orase, y en un último impulso violento la bola fluía, exprimida entre sus manos, como un proyectil teledirigido a las redes del aro rival. De esta manera, al cargar tan rápido, el lanzamiento era prácticamente indefendible, si bien en caso de fallar dejaba cierto aire de precipitación egoísta, o sea, de tirarse hasta las zapatillas.

No acababa ahí su arsenal ofensivo, pues Dubuisson dominaba con igual brillantez la penetración a canasta, gracias a una elasticidad de funambulista y a su gran capacidad de salto, que le permitían acabar en estruendoso mate, elegante bandeja, o, si encontrara oposición bajo aro, acrobática suspensión en escorzo desde tres metros.

Mas tal prodigalidad en sede ofensiva no encontraba contrapunto en faenas defensivas, que Dub prefería delegar en sus compañeros, lo que le de inmediato le convertía en ese punto débil sobre el que capitalizaban las estrategias de ataque de los equipos rivales.

Para un aficionado español medio, la imagen de Francia y Dubuisson durante los ochenta evoca palizas de nuestra selección, casi siempre con altos tanteos. Frente a la férrea disciplina defensiva y de salida al contraataque de Diaz Miguel y sus muchachos, Francia habitualmente acaba mostrando usos y maneras de banda desorganizada, en la que cada uno hacía la guerra por su cuenta, y en eso nuestro protagonista era especialista, salvando casi siempre su casilla estadística aún a costa del juego de equipo.

Ante la algazara de los comentaristas televisivos, que no escatimaban denuesto y hasta befa, en cuanto los partidos se ponían tensos, los franceses se crispaban, llegaban los errores y empezaban a enfrentarse entre ellos, con argumentos, gesticulaciones y miradas asesinas o incrédulas, ante la impotencia del entrenador de turno, que bien podía recibir algún desplante de starlette si decidía ejercer su autoridad.

Salvo las agónicas victorias españolas en el Europeo de Francia y el Mundial de España, en el partido del debut en Zaragoza, durante los 80 el resto de triunfos ibéricos son ora claros (Preolímpico París 117-102, Olimpiada Los Angeles, 97-82, Euro Zagreb, 95-87) ora escandalosos (Euro Stuttgart 109-83, Euro Atenas 1987, 111-70 o Preolímpico Holanda 97-70)

Pierre Dao, su pupilo Jean Luent y el arquitecto del milagroso Berck bicampeón en los 70,  Jean Gilles, que mejoró la imagen de la tricolor  implementando sistemas defensivos más eficaces durante el Mundial de España pero acabó engullido en la francachela de los jugadores, pasan por el banquillo galo en los buenos años de Dub, sin conseguir gran cosa; En medio de polémicas - Richard Dacoury y los hermanos Beugnot fueron separados del equipo en Los Angeles por indisciplina y se negaron a ir a Stuttgart- y encadenando fracasos, el escolta supera el record de internacionalidades del gran Jacques Cachemire, y en una jornada triste en Cherburgo- partido clasificatorio para el Mundial de España en el que caen ante su bestia negra Grecia tras prórroga por 126-130- con 51 puntos registra un nuevo record de anotación de “les bleus”, todavía hoy imbatido. Tipical Dubuisson.
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Esas condiciones naturales que indudablemente adornaban a “le gâchette”, le sirvieron para atraer la atención de la NBA, donde, catalogado en Street & Smiths como el mejor saltador de raza blanca del planeta, llegó a probar en verano de 1984 por los Nets, un equipo que de la mano de su jefe de scouting, Al Menendez, fue pionero en la busca de jugadores más allá de los Estados Unidos (el nigeriano Yomi Sangodeyi, y el brasileiro Oscar Schdmit estuvieron probando por aquella época en el campus de verano de los Nets y Fernando Martín haría allí sus primeros pinitos en el basket yankee al año siguiente).

A pesar de la creencia popular, Dubuisson no fue el primer jugador francés cortejado por la NBA, de hecho este honor recae en Jean Claude Lefebvre, un gigante de 2,18 que jugó en la universidad de Gonzaga, con quien llegó a anotar 50 puntos en un partido, y que resultó elegido con el número 64 por los Lakers, entonces todavía en Minneapolis, aunque finalmente no llegó a debutar en la NBA e hizo una carrera meritoria en la Liga Francesa, alcanzando más de 50 entorchados internacionales.

Aquel año 1984 Dubuisson, MVP del campeonato francés, recibe cartas de invitación a los campus de bastantes franquicias profesionales (Rockets, Pacers, Jazz y Nets) y tras disputar las olimpiadas de Los Angeles decide probar suerte, mas en los campus de verano de América el escolta francés es un cordero en el degolladero, casi podemos imaginar que pasó por la mente de aquellos rudos jornaleros de la gloria, de ese grupo salvaje a la busca de un clavo ardiendo, cuando vieron aparecer por primera vez en cancha a un gabacho bello y atildado, con aquel peinado tan fashion y sus pantalones ajustados, que podía quitarles un potencial puesto en un equipo profesional.

En el campus de los Nets, Dub sufre, además del enorme gap que entonces existía entre la NBA y Europa, esa falta de presión que dictaban las distintas ambiciones de cada cual, mientras la mayoría de los jugadores que acudían se estaban jugando sus carreras profesionales y no tenían nada más que perder - si acaso un par de dientes, como le ocurrió al pívot siete píes Brett Vroman, o algunos centiilitros de sangre por la nariz, caso del ex Laker, Varese y Maccabi Frank Brickowski- Dubuisson era de los mejores pagados en Francia, jugando para un rico club de París. Esta falta de hambre y su ausencia de aptitud defensiva acaban por cercenar las vanas esperanzas de hacer carrera con los pross.

Sobre su impresión en aquel campus circulan dos versiones, la francesa según la que la franquicia neoyorquina, consciente del enorme potencial del francés, le ofrecía un contrato garantizado si llegaba a disputar 4 partidos con los Nets, que rechazó, y la internacional, que mantiene que la floja prestación ofrecida tanto por Dub como por Richard Dacoury en el campus de los Cavs fue la causa del inicial desinterés de los ojeadores americanos por los jugadores de aquella nacionalidad.

En todo caso, parece que fue el astro brasileño Oscar quien sí impresionó a los técnicos, al punto de ofrecerle un contrato garantizado por 100.000 $, algo poco habitual, aunque Mano Santa estaba acostumbrado a cantidades más jugosas, de hecho Caserta le pagaba ese año 180.000 machacantes para que horadara los aros de la Serie A de la pallacanestro. 

No fue este el único tren que Dub dejó escapar durante su carrera, pues ya en sus primeros años en Denain, llegó a tener ofertas de equipos universitarios que rechazó, como hizo más tarde en el verano de 1981, tras su primer año en Antibes, con uno de los más grandes clubes continentales, el Maccabi de Tel Aviv, que le presentó una oferta astronómica para que luciera la camiseta amarilla en el sacramental Yad Elihau, al lado de los míticos Aroesti, Bercowitz, Perry y Williams.

Sin embargo, fiel a su estilo, el escolta francés no tomará decisiones deportivas basadas en el aspecto crematístico, y encontrándose muy a gusto en el Sur, con su sol y sus playas- incluso llegó a abrir con su hermano de socio una discoteca en la Costa Azul- decide acabar su contrato con el Olympique.
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En la noche del 10 de mayo de 2001, poco después de disputar un partido contra el Gravelines, el entonces entrenador del Nancy, Hervé Dubuisson, sufría un gravísimo accidente de tráfico: conduciendo su moto cerca de su domicilio en el centro de Nancy, es arrollado por un vehículo- se habló de un Ford Fiesta de color rojo pero el conductor se dio a la fuga y nunca pudo ser localizado- que a punto estuvo de costarle la vida.

Atendido urgentemente por un cardiólogo que vivía frente al lugar del accidente, que seguramente le salvó la vida, es ingresado en coma cerebral, y tras mes y medio recobra la consciencia. Comienza aquí un proceso para reeducar su cuerpo y su mente, un tortuoso camino de más de dos años, rodeado de médicos, fisios y terapeutas, en el que contó con el apoyo de su hermano Alban, también jugador de baloncesto y que solía fichar por los equipos adonde iba el astro de Douai, que fue designado tutor legal del incapaz y de la jugadora internacional búlgara Madlena Staneva, con quien contrajo matrimonio

Recuperada la capacidad de obrar, Dub se plantea muchas cosas sobre su futuro en la vida y en el basket. Tras 22 años como jugador en la máxima categoría del basket francés- se retira en plena forma con 38 años, en abril de 1996, anotando 36 puntos- 8/16 triples- en su penúltimo partido en las filas del Gravelines en unos cuartos de final de los playoffs, sorprendentemente para alguien que fue martirio de entrenadores, había decidido convertirse en uno de ellos- en esto hay concomitancia clara con Johnny Neumann, vid. Biografías Imposibles nº 1- y el caso es que no se le daba mal.

Durante su longeva carrera había llegado a estar bajo las órdenes de hasta 25 distintos entrenadores, siendo Bill Sweek el que más profunda impronta le había dejado. Con una ética de reconocimiento a la individualidad pero siempre sometida al bien del equipo, debuta con éxito en Montpellier, donde llega a vestirse nuevamente de jugador y al que lleva a los playoffs, lo que le vale para fichar por el Antibes, una plaza golosa, desde donde, tras dos años, sale rumbo a Nancy.

Precisamente la noche de autos, el presidente del club loreno le acababa de ofrecer la renovación ante la gran campaña que estaba realizando, comprometiéndose a poner dinero para fichajes importantes con los que poder luchar por los primeros puestos de la liga francesa. Pero todo eso fue antes de que aquel maldito coche rojo se interpusiera en su camino, dando un giro funesto a su vida

El hombre de los records, el más precoz y prolífico, el mayor talento baloncestístico nacido en suelo francés, el tirador infalible, el que podía saltar por encima de los edificios- Giorgio Gandolfi dixit-.aquel que parecía no conocer la palabra fracaso, con su imagen de elegancia y clase innata, se encuentra ante un inesperado dilema, y esta vez no valen saltos estratosféricos, taimadas fintas o inesperados gambeteos, pero al menos está vivo para contarlo.

Y eso, para alguien que ha llegado a avistar esa luz mortecina que conduce a quien sabe donde, alguien a quien el mismísimo Caronte exigió su óbolo, no es cosa baladí.

 

 

 

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