Ficha técnica:
Grecia 78 (19+20+25+14): Diamantidis (2), Zizis (13), Chatzivrettas (8), Tsartsaris (9), Papadopoulos (-) –quinteto inicial- Papaloukas (22), Dikoudis (8), Kakiouzis (11), Spanoulis (1), Fotsis (-), Bouroussis (4) y Vassilopoulos (-).
Alemania 62 (12+20+16+14): Roller (4), Pesic (2), Greene (2), Nowtizki (23), Femerling (11) –quinteto inicial- Demirel (3), Garret (2), Schultze (5), Arigbabu (-), Nikagbatse (2, Wucherer (6) y Maras (2).
Gradska Arena de Belgrado, 20.000 espectadores.
Los dos equipos iniciaron la final con la
tensión lógica de este tipo de partidos, y la primera canasta en juego no llegó hasta tres minutos y medio después del salto inicial, un triple de Chatzivrettas, (3-2) inmediatamente contestado por
Dirk Nowitzki con un tiro en suspensión.
La salida de
Papaloukas a cuatro minutos del final del primer cuarto revolucionó el juego ofensivo griego. El base del CSKA formó una
pareja terrible junto a Dimitris Diamantidis, entre ambos endurecieron la defensa, robaron balones y lanzaron contraataques que obligaron al seleccionador a cortar el partido tras un parcial que dejó el marcador en un 10-4.
El partido llegó al segundo cuarto un 19-12 en el marcador y con problemas para una
Alemania que no encontraba a su líder natural de la manera que deseaba (4 puntos en los primeros diez minutos) y sobrevivía a duras penas gracias a los puntos de Schultze, el único que pudo romper en dos ocasiones la poderosa defensa helena.
Tras la reanudación, Alemania recortó la diferencia con un mate terrorífico de Greene que voló para capturar un rebote ofensivo y hundir la pelota. La defensa teutona mejoró, pero
Papaloukas y Kakiuozis seguían incrementando una diferencia que llegó a los 10 puntos a falta de cinco minutos para el descanso.
Nowitzki seguía sin estar acertado, y fallaba su cuarto triple consecutivo, mientras que Grecia dominaba el rebote ofensivo y Diamantidis robaba un balón que significaba la décima pérdida de una selección que tenía que apoyarse en Femerling para no dejar que los griegos se marcharan definitivamente en el marcador y que encontró la genialidad de Dirk en el último segundo del primer tiempo, cuando consiguió un triple in extremis que dejaba a su equipo a siete (39-32).
Nada más comenzar, el 14 alemán anotó dos tiros libres más, pero fueron contestados por un triple de Chatzivrettas y
ocho puntos consecutivos de un Papaloukas que estaba postulándose como candidato a MVP de la final (50-38). Entonces el partido entró en una fase en la que las defensas y las faltas se impusieron y la distancia en el marcador se mantuvo.
A falta de 1:53 para el final del tercer cuarto Papaloukas anotó un nuevo triple que colocó 17 puntos de ventaja en el marcador, pero no sólo la brillantez de este jugador era la clave, ya que
la eficaz defensa griega no pudo ser franqueada con canastas el juego en casi ningún momento del cuarto. El resultado a falta de un solo período era de 64 a 48.
En los últimos diez minutos
Alemania, salvo cuando la posesión se agotaba, no buscó otra opción diferente a Nowitzki en sus acciones ofensivas y confió en la presión a toda la cancha y en la zona 2-3 su estrategia en defensa, pero Grecia seguía mostrándose infranqueable en su campo y Papaloukas incisivo cuando se trataba de atacar.
A falta de algo más de cinco minutos para el final,
una falta personal sobre Dirk en acción de triple despertó la ira del genio alemán, que corrió toda la cancha para ponerle un soberano tapón a Kaziouis cuando éste intentaba culminar el contraataque. Fue la última llamarada de un Nowitzki que era retirado de la cancha dos jugadas después en señal de rendición.
Bauermann dio por perdido el partido a falta de tres minutos, víctima de la impotencia que le produjo el hecho de no poder anotar más de dos puntos en lo que se llevaba de cuarto.
Los minutos siguientes fueron irrelevantes en el desarrollo de la final y se convirtieron en una fiesta que permitieron la participación en el torneo de todos los seleccionados griegos.