No venía de hacer una buena Copa del Rey. Pero quizá lo más preocupante no era eso, sino que parecía que se había olvidado de anotar. Con prisas por remediar ese problema, que sin duda afecta y mucho a su equipo,
Raúl López no dudó en la noche de ayer en mirar al aro desde el principio. Resultado: los cuatro primeros lanzamientos de dos, agua. Como consecuencia de ello, el Madrid, todavía con las secuelas de su desastrosa final copera, se ponía siete abajo
(5-12).
Plaza pidió entonces un tiempo para serenar a sus pupilos, demasiado espesos en sus ataques y con cierta ansia por resolver por la vía rápida. El acierto inicial del Alba de Berlín hizo el resto.
Al descanso figuraba en el marcador un preocupante 33-36.
Y podía haber sido peor, si no llega a ser porque Marko Tomas y el propio Raúl López se echaron el equipo a las espaldas. En esa tarea ayudó también
Sekulic, que necesitaba un partido así para saber cuánto puede aportar a este equipo. Ocho puntos seguidos de Tomas redujeron la peligrosa ventaja alemana, que había subido alarmantemente (12-24) después de un 3+1. Un triple de
Raúl López acercaba a los blancos (28-29). El base de Vic suplió perfectamente a
Bullock y se ocupó no sólo de dirgir sino también de encestar, en un encuentro en el que el genial escolta norteamericano no estuvo nada inspirado. No así la grada de Vistalegre y especialmente los
Berserkers que, como siempre, animaron incansablemente a los suyos.
A la vuelta de los vestuarios,
Raúl volvía a clavar otro triple para empatar el partido y
Smith y Hervelle abrían hueco con canastas que devolvían la calma a la nerviosa plaza de Vistalegre.
En el último cuarto,
López completó su reencuentro con los puntos y elevó sus estadísticas hasta los quince , con 3/3 en triples. El Madrid, entonces, pasó por encima de un equipo alemán que veía como el sueño de eliminar a los blancos se difuminaba a medida que éstos se distanciaban cómodamente en el marcador. Tras esta victoria, los de
Plaza recupera ligeramente la sonrisa. Aunque quizá lo más importante es que uno de sus buques insignia ha roto su enemistad con el aro.