El partido de ayer en el Palacio de los Deportes José María Martín Carpena sirvió para dejar clara la patente superioridad baskonista sobre el vigente campeón de la Liga ACB, el Unicaja Málaga. La eliminatoria se decanta de forma muy favorable hacia el lado gasteiztarra, que tendrá ahora hasta tres oportunidades para sentenciar su paso a las semifinales. Pero más allá del plano deportivo, ayer pudimos ser testigos de ciertos comportamientos censurables por parte de algunos jugadores de ambos bandos, con un triste protagonista por encima del resto: Igor Rakocevic.
En la recta final del partido, y con el resultado completamente decidido en favor baskonista, Bozidar Maljkovic decidió sentar a Igor Rakocevic, cuya sensacional actuación había roto el partido. Rako, que ya había anotado 8 de 9 triples en el primer partido disputado en Vitoria, había vuelto a brillar con 7 de 10 lanzamientos desde 6'25, y una anotación global de 30 puntos. En ese instante, como ya había ocurrido al anotar su séptimo triple, la afición malagueña despidió al jugador serbio con una ovación, reconociendo su extraordinaria calidad y el fantástico partido realizado.
Pero, lejos de responder con dignidad a tal reconocimiento de la afición rival, Rakocevic se dirigió, con modos chulescos, a los espectadores situados tras el banquillo visitante, mostrándoles con sus dedos el hipotético marcador de 3-0 que podría producirse el viernes próximo si el Tau vence de nuevo a Unicaja en Vitoria. Ante estos gestos de su jugador, y la airada reacción de los espectadores, su técnico Boza Maljkovic se dirigió al jugador serbio para pedirle calma y reprenderle por su actitud. A pesar de la petición de Maljkovic, el escolta de Belgrado comenzó a tirar besitos de forma sarcástica a los espectadores que se encontraban tras él, e incluso, llegó a lanzarles agua. Todo ello no hizo sino alterar aún más a los espectadores, teniendo incluso que interponerse entre ellos y el banquillo visitante, algunos policías y el Director de Marketing del club malagueño, José Carlos Gaspar, lo que probablemente impidió que la situación se agravara.
Tras acabar el partido, algunos jugadores de Unicaja, con muy malas maneras, fueron corriendo hacia el banquillo baskonista para pedirle explicaciones a Rakocevic por su comportamiento. Los más alterados fueron Pepe Sánchez y Carlos Cabezas, que tuvieron que ser controlados por compañeros y rivales para evitar mayores consecuencias.
En la rueda de prensa, el entrenador baskonista Boza Maljkovic quiso pronunciarse sobre el asunto: "Esta gente es muy correcta. Ha aplaudido a mi equipo, y si alguien conoce la calidad de esta afición soy yo. El jugador va a pedir disculpas, y eso no se puede hacer porque no es deportivo y no puede pasar (aunque yo no he visto lo que ha pasado porque estaba mirando el partido). Yo pido perdón, pero estoy seguro de que el jugador va a pedir disculpas." Y así ha sido, ya que en la página web del club baskonista, se ha publicado una nota de prensa en la que Igor Rakocevic pide disculpas al público malagueño y confiesa haber perdido los nervios.
El affaire Welsch
Pero el enfrentamiento entre Rako y el público malagueño no fue el único incidente lamentable del partido de ayer, pues durante el primer cuarto, una parte de los aficionados de Unicaja comenzaron a silbar al alero de su equipo Jiri Welsch. Esos silbidos comenzaron cuando el jugador checo falló dos tiros libres (el segundo de ellos, lanzado de forma horrible, lo que parecía indicar la presión que lo atenazaba), y se acentuaron cada vez que Welsch recibía el balón. Hasta tal punto llegó la situación, que su entrenador, Sergio Scariolo, decidió sentarlo en el banquillo para no volver a sacarlo pues, como comentó en la rueda de prensa, "el jugador no ha vuelto a la pista porque lo he visto con inseguridad y con un estado de nervios muy afectado por la situación".
Resulta triste que una parte del público malagueño, llamado por muchos "La mejor afición de Europa", silbase de esta forma a un jugador de su equipo durante el desarrollo del partido y mientras éste estaba jugando. No está dentro de nuestro ánimo emitir juicios sobre el comportamiento de los espectadores, pues cada uno es libre de actuar de acuerdo a su voluntad. Pero sí que creemos que, como redactores, debemos hacer ver aquellos aspectos que, desde nuestra propia perspectiva, resulten perjudiciales o negativos para este deporte. Resulta lógico y comprensible que la mayoría de la afición de Unicaja esté descontenta por el resultado obtenido con el fichaje de Welsch, que no ha cubierto las expectativas albergadas al principio de la temporada, pero hay formas diferentes, menos lamentables, de mostrar ese descontento.
El propio Scariolo se mostraba sorprendido y decepcionado: "Me ha sorprendido mucho, y me parece un episodio francamente muy negativo, que tendrá que reflexionar todo el mundo, el que haya un jugador que no ha podido jugar por ser silbado al recibir el balón. No lo he visto nunca en muchos años en Málaga, y me ha resultado muy decepcionante. No entiendo que el público haya silbado a un jugador antes de acabar un partido. No sé qué se puede ganar hundiendo a un jugador de tu equipo aún más. Considero que al acabar un partido el público puede silbar si está en desacuerdo, pero silbar en juego a un jugador que viste la camiseta de Málaga es inaudito. Esto no es algo típico del público de Málaga. No lo ha hecho nunca con un jugador de su equipo que defiende sus colores."
Como titulamos esta crónica, hay que saber ganar y saber perder.